| Horacio Verzi |
Y
sé que vienen por mí, que me lo hacen saber cada mañana, me avisan que vendrán
más tarde, pero no mucho más tarde. Los cuervos. Pájaro o demonio, desde
jovencita me inculcaron que ha sido asociado al “tentador” o a la muerte o se
le ha visto como el encargado de llevar las almas al más allá, las lleva con
todas las cosas que puede tener el alma, sufrimientos, tristezas, sueños, y un
alma que no puede escapar a los sufrimientos, a la tristeza ni a los sueños es
un alma condenada, y por lo tanto, deduje ya en aquellos años, necesariamente
debe conducir aquellas almas que van a los infiernos. También cuentan confusas
leyendas que si un alma tiene la posibilidad de retornar al mundo de los vivos,
como lo hicieron Sísifo y Orfeo y Dionisos y Heracles y Odiseo, solo puede
hacerlo si la conduce un cuervo, de lo contrario vagará en un cielo sin color,
peor que el limbo, sin color el alma y sin color el cielo, y por lo tanto será
la nada misma. Pero si mal no recuerdo ni Sísifo ni Orfeo ni Dionisos ni
Heracles ni Odiseo fueron guiados por un cuervo de regreso al mundo de los
vivos. Recuerdo, en cambio vivamente, que el domingo pasado, sobre el cielo del
Vaticano unos cuervos atacaron a dos palomas que el Papa soltó como gesto
esperanzador a su nuevo llamado a la paz en el mundo. Miles de fieles,
atónitos, vieron a los dos cuervos que cayeron como rayos sobre las palomas,
que se defendieron a duras penas y se alejaron más allá de la cúpula y de las
que no se pudo saber el destino que corrieron. Los más optimistas quisieron
creer que se salvaron, otros, quizá los resentidos y pesimistas, que no
salieron bien paradas. Lo recuerdo no porque estuviera en la plaza, sino porque
lo vi en la televisión y me pregunto si esos que veo no serán los mismos.
Podrían serlo, pero al ver la manera en que la pareja da los saltitos, dados
con prudencia, no me parece que sean portadores de malos augurios, todo lo
contrario, aunque siento que vienen por mí. También recuerdo que fue
considerado como el ave que entregó el conocimiento al hombre, y que por lo
tanto es portador de ingenio, inteligencia y sabiduría, salvo que el
conocimiento conlleve en su esencia el mal augurio. Forzosamente, es lógico,
tengo que recordar que es el primer pájaro que se nombra en la Biblia, el que soltó
Noé para saber si las aguas habían bajado, y también recuerdo que los cuervos
llevaron carne y pan a Elías mientras estuvo escondido al este del Jordán, y
que Jesús los pone como ejemplo “porque el alma vale más que el alimento, y el
cuerpo que la ropa”, y les dice a gentes cubiertas de polvo y tierra y
encallecidas que se fijen en los cuervos, “que ni siembran ni siegan, y no
tienen bodega ni granero, y sin embargo Dios los alimenta”. Y si aparecen en la Biblia y si Jesús entendió que el cotejo
con el cuervo advierte el peso de la providencia, Jesús también me habló a mí,
me habló entonces, me habla hoy y no sé cómo ni cuándo, pero me seguirá
hablando. Pero sé que vienen por mí.