lunes, 16 de marzo de 2020

Octavio Paz: PIEDRA DE SOL





Octavio Paz (Ciudad de México,1914-1998)




















                                                 La  Treizième revient… C’est encor la première;
                                                 Et c’est toujours la seule, — ou c’est le seul moment:
                                                 Car es-tu reine, ô toi ! la première ou dernière?
                                                 Es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant ?

                                                                                             Gérard de Nerval, Arthémis



Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
                 un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,
busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,

escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,
mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:
frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
                yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
                 no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:

                         ¿hacía planes
para el verano — y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños? — “ya es muy tarde”
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
                             nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total…

                        cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo predilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombre de los hombres,
al hombre de sí mismo,
                                   se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;
amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
                                 el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
                               mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
                              el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas” (el sol nace,
morir es despertar: “Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida”),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el animal que muere y que lo sabe,
saber común, unútil, ruido obscuro
de la piedra que cae, el son monótono
de huesos machacados en la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima…
                                      son llamas
los ojos y son llamas lo que miran.
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima…
                                        ¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuando somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, ¿todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chofer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
                                  vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
                                    abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,
puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias . . .
quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.


México, 1957

martes, 10 de marzo de 2020

#02 GUERRILHA CULTURAL com EDSON CRUZ

Octavio Paz: Carta de Creencia, Cantata






Octavio Paz
























1

Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
                                es tiempo.

Hora, pausa precaria,
pagina que se obscurece,
pagina en la que escribo,
despacio, estas palabras.

                                  La tarde
es una brasa que se consume.
El día gira y se deshoja.
Lima los confines de las cosas
un rio obscuro.
                          Terco y suave
las arrastra, no se adonde.
La realidad se aleja.
                             Yo escribo:
hablo conmigo
                        -hablo contigo.
Quisiera hablarte
como hablan ahora,
casi borrados por las sombras
el arbolito y el aire;
como el agua corriente,
soliloquio sonámbulo;
como el charco callado,
reflector de instantáneos simulacros;
como el fuego:
lenguas de llama, baile de chispas,
cuentos de humo.
                                  Hablarte
con palabras visibles y palpables,
con peso, sabor y olor
como las cosas.
                              Mientras lo digo
las cosas, imperceptiblemente,
se desprenden de sí mismas
y se fugan hacia otras formas,
hacia otros nombres.
                                        Me quedan
estas palabras: con ellas te hablo.

Las palabras son puentes.
También son trampas, jaulas, pozos.
Yo te hablo: tú no me oyes.
No hablo contigo:
                          hablo con una palabra,
Esa palabra eres tú,
                                   esa palabra
te lleva de ti misma a ti misma.
La hicimos tu, yo, el destino.
La mujer que eres
es la mujer a la que hablo:
estas palabras son tu espejo,
eres tú misma y el eco de tu nombre.
Yo también,
                        al hablarte,
me vuelvo un murmullo,
aire y palabras, un soplo,
un fantasma que nace de estas letras.
Las palabras son puentes:
la sombra de las colinas de Meknes
sobre un campo de girasoles estáticos
es un golfo violeta.
Son las tres de la tarde,
tienes nueve años y te has adormecido
entre los brazos frescos de la rubia mimosa.
Enamorado de la geometría
un gavilán dibuja un circulo.
Tiembla en el horizonte
la mole cobriza de los cerros.
Entre peñascos vertiginosos
los cubos blancos de un poblado.
Una columna de humo sube del llano
y poco a poco se disipa, aire en el aire,
como el canto del muecín
que perfora el silencio, asciende y florece
en otro silencio.
                              Sol inmóvil,
inmenso espacio de alas abiertas;
sobre llanuras de reflejos
la sed levanta alminares transparentes.
Tú no estás dormida ni despierta:
tu flotas en un tiempo sin horas.
Un soplo apenas suscita
remotos países de menta y manantiales.
Déjate llevar por estas palabras
hacia ti misma.


2

Las palabras son inciertas
y dicen cosas inciertas.
Pero digan esto o aquello,
                                       nos dicen.
Amor es una palabra equívoca,
como todas.
                        No es palabra,
dijo el Fundador:
                                es visión,
comienzo y corona
de la escala de la contemplación
-y el florentino:
                          es un accidente
-y el otro:
                  no es la virtud
pero nace de aquello que es la perfección
-y los otros:
                    una fiebre, una dolencia,
un combate, un frenesí, un estupor,
una quimera.
                       El deseo lo inventa,
lo avivan ayunos y laceraciones,
los celos lo espolean,
la costumbre lo mata.
                                  Un don,
una condena.
                       Furia, beatitud.
Es un nudo: vida y muerte.
                               Una llaga
que es rosa de resurrección.
Es una palabra:
                  al decirla, nos dice.
El amor comienza en el cuerpo
¿donde termina?
                          Si es fantasma,
encarna en un cuerpo;
                                  si es cuerpo,
al tocarlo se disipa.
                                Fatal espejo:
la imagen deseada se desvanece,
tú te ahogas en tus propios reflejos.
Festín de espectros.
Aparición:
      el instante tiene cuerpo y ojos,
me mira.
          Al fin la vida tiene cara y nombre.
Amar:
           hacer de un alma un cuerpo,
hacer de un cuerpo un alma,
hacer un tú de una presencia.
                                            Amar:
abrir la puerta prohibida,
                                      pasaje
que nos lleva al otro lado del tiempo.
Instante:
                  reverso de la muerte,
nuestra frágil eternidad.
Amar es perderse en el tiempo,
ser espejo entre espejos.
                                Es idolatría:
endiosar una criatura
“y a lo que es temporal llamar eterno”.
Todas las formas de carne
son hijas del tiempo,
                                 simulacros.
El tiempo es el mal,
                                el instante
es la caída;
                  amar es despenarse:
caer interminablemente,
                                nuestra pareja
es nuestro abismo.
                                    El abrazo:
jeroglífico de la destrucción.
Lascivia: mascara de la muerte.

Amar: una variación,
                           apenas un momento
en la historia de la célula primigenia
y sus divisiones incontables.
                                              Eje
de la rotación de las generaciones.

Invención, transfiguración:
la muchacha convertida en fuente,
la cabellera en constelación,
en isla la mujer dormida.
                                  La sangre:
música en el ramaje de las venas;
                                           el tacto:
luz en la noche de los cuerpos.

                                        Trasgresión
de la fatalidad natural,
                                bisagra
que enlaza destino y libertad,
                                          pregunta
grabada en la frente del deseo:
¿accidente o predestinación?

Memoria, cicatriz:
-¿de dónde fuimos arrancados?
                                    cicatriz,

memoria: sed de presencia,
                                        querencia
de la mitad perdida.
                                   El Uno
es el prisionero de sí mismo,
                                           es,
solamente es,
                        no tiene memoria,
no tiene cicatriz:
                            amar es dos,
siempre dos,
                    abrazo y pelea,
dos es querer ser uno mismo
y ser el otro, la otra;
                               dos no reposa,
no está completo nunca,
                                     gira
en torno a su sombra,
                                   busca
lo que perdimos al nacer;
la cicatriz se abre:
                             fuente de visiones;
dos: arco sobre el vacío,
puente de vértigos;
                               dos:
Espejo de las mutaciones.

3

Amor, isla sin horas,
isla rodeada de tiempo,
                                   claridad
sitiada de noche.
                            Caer
es regresar,
                   caer es subir.

Amar es tener ojos en las yemas,
palpar el nudo en que se anudan
quietud y movimiento.
                                  El arte de amar
¿es arte de morir?
                            Amar
es morir y revivir y remorir:
es la vivacidad.
                        Te quiero
porque yo soy mortal
y tú lo eres.
                     El placer hiere,
la herida florece.
En el jardín de las caricias
corte la flor de sangre
para adornar tu pelo.
La flor se volvió palabra.
La palabra arde en mi memoria.

Amor:
          reconciliación con el Gran todo
y con los otros,
                        los diminutos todos
innumerables.
                       Volver al día del comienzo.
Al día de hoy.

La tarde se ha ido a pique.
Lámparas y reflectores
perforan la noche.
                              Yo escribo:
hablo contigo:
                       hablo conmigo.
Con palabras de agua, llama, aire y tierra
inventamos el jardín de las miradas.
Miranda y Ferdinand se miran,
interminablemente, en los ojos
-hasta petrificarse.
                               Una manera de morir
como las otras.
                           En la altura
las constelaciones escriben siempre
la misma palabra;
                             nosotros,
aquí abajo, escribimos
nuestros nombres mortales.
                                     La pareja
es pareja porque no tiene Edén.
Somos los expulsados del Jardín,
estamos condenados a inventarlo
y cultivar sus flores delirantes,
joyas vivas que cortamos
para adornar un cuello.
                          Estamos condenados
a dejar el Jardín:
                          delante de nosotros
está el mundo.


                      Coda

Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fabula.
Aprender a mirar.
Tú mirada es sembradora.
Plantó un árbol.
                         Yo hablo
porque tú meces los follajes.


Octavio Paz  (Ciudad de México, 1914-1998)

ROBERTO MASCARÓ: Tango del Apocaliptus Oriental



Roberto Mascaró






















                                           Para los lobos del Cabo Polonio


I                                                                                                              

Como a hermana bastarda te prestaré mi odio
y entraremos a saco en la negra ciudad;
patearemos las ratas y encenderemos fuegos
en todas las esquinas.
                                  
                                     Iremos esposados.

Detenida de mí. Cuerpo mismo del crimen.
Escena del delito. Ramera idolatrada.

A tu disposición.

Unidos para siempre, por siempre y como siempre.

Para que no te alejes de mi vera,
darling, tesoro, beib, mami, rubia
de Niu Shor.

Correrá el Miguelete con todos sus cadáveres
y de esa agua viscosa se engomará algún ángel
ahogado por el plástico, envenenado en miasmas,
negro como azabache, repicando en la mierda,
chas-chas al tamboril.

Reina de Nuevo París: esposados iremos.

Pasando el Pantanoso, como pa’  la Tablada,
por ashá, atrás del Cerro, más bien por Pajas Blancas,
allá suben fogatas que franelean las nubes
y cubren de hollín puro todo Pocitos Nuevo.
Son los recicladores empastados de restos,
en la mente los cascos delgados de un caballo
que algunos se comieron p´al casorio e´ la Juana.

Las gasas de hospital y la infección y el cáncer
tapizan las aceras de Carrasco y Malvín.

¡Qué cuadro, compañero!”, Negro Wilson uil sei.

Una guiñada al Cielo mentando el Manifiesto.


II

Te miraré de frente al cruzar el semáforo
de camino Corrales. Y tus ojos zancudos
se irán por algún techo, levitando en la brisa,
repitiendo en la tripa tu mente alucinada.

Y de los basurales se escuchará un embrujo,
un poste o eco lúgubre, como un grupo de esparto
o bien coro aterrado de agudos querubines
tragados por las grietas, resbalando en la pátina,
pegados en la grasa, aullando por el humo
acre de los suburbios.

Con un crujido de John Cage.

¿Te abrirás al paisaje?

El arrabal amargo
irá aprendiendo cosas.

La ausencia de veredas hará el paso liviano.

Nuestra facha será negroide o no será.

Y la mesa de truco, y  los gauchos y chinas
persignándose atónitos nos cederán el paso
por hoteles de mala muerte del Interior, pulgosos,
con hojas raídas de la Declaración de la Habana en sus piezas
y los piones caerán enredados en bombacha o bombacho rural paquistaní
y sombrero portugo de ala ancha.

Se despertará el áspero Chiripá de Acá,
El Culero Oriental, meid in Taiguán.

¿Te haré los calzones de lana pero te los terminaré de cuero?
¿O venderé productos de entreport, látex, uñas, diademas, pasamontañas?
¿Sangre de vaca en polvo?

Brillará el diente de oro en la noche de ciénaga.

Olímpicos bailaremos “El Pericón Nacional”
y comeremos mejillones provenzal
mirando un cielo de Mar de Bering, saboreando
guampa molida afrodisíaca,
sentados en bellas alforjas marroquíes del París del Sha,
en el Hotel Argentino de Piriápolis, ¡qué no ni no!
Rodeados de travestis, de melómanos, de yanquis, de
cabezas bien rapadas.

Somos versátiles”, dirán.
Más te vale, rapaz”, bramaremos
por las avenidas del Parque de los Aliados,
cubierto por las sombras de negros bujarrones
aliados del Imperio Genocida Occidental.

Defensor de menores, juzgado de otro turno,
legajos y vaginas, crótalos y azoteas
hacen la muerte un paso.

Todo terminará en una pelea a botellazos, as iusual.
Como un pastoso Peñarol que se embarra,
se empantana, se retrotrae, avanza reculando
y ataca defendiendo, vuelve loco al contrario,
lo calienta, lo alaba, lo deja llegar y
sobre la hora, gana.

Tendré que sacarte por la trastienda, drogada y borracha.
Dormiremos en una amueblada de mala muerte,
con yacuzi, cama redonda de agua y olor a lavandina.


III

Como te digo una cosa
te digo la otra.
                   Ahora, pará la oreja:

Soñarás con Verlaine y con la Pompa Yira.
Y un traveco morado zurcido en terciopelo.
Bello como una estampa de Changó.
(Palidez de vampiro en tierna juventud).
Cándido como un adolescente de Padua.

Como la Virgen de Guadalupe, protectora nuestra.

Y láminas de goma acariciando el heno.
Y un repique que llega agitando estandartes.
Y los gritos de fútbol que vienen por las calles.
Y los fuegos artificiales del gol.
Y la sordera del que
grita en el colmado Centenario.

Mentime que me gusta.

Levantaremos el Monumento a la Vaca, esa heroína única,
Animal Nacional Orgánico (ANO),
único amor de mis amores,
dama galante, meditativo agente,
dechado de humildad, paciencia soberana,
(“Stupid cow! es una expresión machista corriente
en territorios del Imperio Británico Genocida)
desjarretada siempre, siempre de ojos en blanco,
sacrificada al fin, le da el rojo a la Patria,
que cantó Zitarrosa, el delicado y triste
trovador oriental.

Junto a la Oveja térmica y estática, indigesta,
Madre del Cordero sagrado, no del Año Nuevo,
sino del Fin del Año.

¡Tánta vaca y oveja vendimos a las Guerras!
Morfaba Johnny cornebif uruguayo en Guadalcanal,
y tal vez también Jimmy come hoy asado en Kandahar.

Restauraremos la Melodía Nacional.
A cuerpeada limpia, a taco y punta, a rompe y raja,
a montonera y entrevero,
a pollerazo limpio y a taquito alfiler.

Y viviremos gracias al Ritmo Nacional.

Y moriremos a la sombra de la Tumba Nacional.

Bailando la cumbia nacional nacional.

Aunque la gloria sea con Peñarol Peñarol.

Sin chistar.

Zapatearemos sobre el Capital.

Alquilaremos un auto de ocasión.
Alguna lata eventual que transporte.
Un robot que haga lo que ordenemos
y agregue algo de banda ancha oriental.

Y enfilaremos por la Rambla, una y otra vez.
Los Accesos-Carrasco, Carrasco-Los Accesos.
75 km p/h.

Esto te gusta, ¿eh?
Le llaman la Paja Húngara:
se hiende sin anexos
por el vector que va cediendo
y por la tramontina que ocasiona
dentro mas dependiendo de la carcasa.

Pero, el cosquilleo es el paso final,
como decía el Gordo
en tanto la agarraba.

Sacarás tu pelo rojo por la escotilla
y gritarás como alelada y veré
una vez más las pecas de tu cuello,
oleré tu perfume de puta universal,
santa mía bendita, ardiente meretriz de mis noches charrúas,
ignorando a los curiosos de peluca
aunque repiquen con sus bastones por las veredas
regadas de tu ropa interior sin estrenar.

Mientras tanto devoraremos viandas locales,
jugosas y sangrientas como muslos de adonis
-húngaras, chimichurris, mollejitas, buñuelos, pan
con chicharrones, torturadores, muzarela, figaza,
asado ´e tira, corvina a la plancha, pascualina, asesinos, pastel de carne,
berberechos, almejas, pejerreyes, colchón de arvejas, violadores,
vino con gaseosa, pez espada, buseca, muzarela con orégano,
milanesa a caballo, mejillones, Patricia, medio y medio, flan con dulce,
budín de pan, Martín Fierro, pirón, buñuelos, tumba, patria, milicos,
pastaflora, cobardes, fainá: bajo el hollín eterno del Mercado Etílico.


 IV

En el verano rumbearemos al mar.
A ese mar  mentiroso que es un río,
el río camaleón que nos da nombre,
el que trae toninas, noctilucas;
ese río de pájaros con sabor a oceano,
que igual viene mojando nuestra mejor arena.

Todo será sencillo y tan charrúa,
tan chaná masacrado,
tan guaraní, arachán, tan Frutos genocidas,
aniquilado por aquel cruel Imperio
que difundiese la cocina española
hasta el Río de la Plata, edén muy bravo,
especialista en platos de la casa:
Restaurante Juan Díaz de Solís,
menú del día, menú de medianoche,
perdidos en la nieve y la ventisca
años después, y orgullosos
de ser parte de nuestra especie humana.

El país natural depredador,
el tigre en el flotante camalote
hace un guiño a la pastera Botnia,
entonces el fulano se distrae
y un golazo de Edinson Roberto
Cavani.

Ah pajas de la hora de la siesta,
el delicioso río tan ancho como mar
y las arenas blancas quemando nuestras plantas.
Ah, el Séptimo Círculo, ah las aventuras
de encantadores cowboys, de Marcial
Lafuente Estefanía.
Ah el clásico más célebre del mundo
que se llama Memorias de una princesa rusa
(y que se encuentra gratuitamente online).

Nos vamos para afuera esta semana.
(Todo aquello que no es Montevideo
es para nosotros el afuera).

Tu serás simplemente mi querida
novia, mi dulce prometida.
Yo seré un chico sano, izquierdoso y valiente.
Nuestro lecho será de sol y playa.
Siempre, siempre a tu lado. Chic to chic.

Olvidaremos todos los golpes de estado impunes.

¡Olvidaremos la maldita Ley de Caducidad, vergüenza planetaria!

¡Arena, arena, arena!
Nuestra arena es la más esplendorosa:
del color del cabello de la reina de las rubias taradas: Paris
Hilton, esta pobre muchacha, que es tan burra que olvida
que el oro es veneno: recuerden lo que le pasó a la chica
de Godfinger...

Merluza a la plancha comeremos,
empanadas de algas,
berberechos cogidos en la arena
y fainá de la orilla en el boliche
con velas y faroles a mantilla.

Jim Morrison va a estar rugiendo siempre
en las radios Espica de los goles.

Descalzos, naturales, espontáneos.

Ese rumor de océano, ese ritmo de oleaje
nos mecerá en el sueño
dulcísimo del sexo y del canabis.

¡Oh el inocente porro inmaculado!

Ya nunca más aquella falda blanca, “túnica”
con pajarita azul (la llaman moña:
al comenzar las clases es azul de bandera
y en el final del año violeta funeraria)
que me obligaban a llevar en la escuela
me harán sentir un bobo reverendo.
¡Niños del Uruguay, a quemar moña y túnica!

Oh la papa o la tumba, oh los asados.
¡Oh todos aferrados a la ubre!
¡Oh aroma de eucaliptus de Ramón Anador!
¡Oh gran cabeceador Alberto Spencer!
¡Oh el sagrado Inversor, oh el Capital!
¡Ay mi Punta del Este guerrillera!

Oh sol de Peñarol que se ha extraviado.
Oh bandera, oh bruma que la cubre.
(Mama, ganarle al cuadro afrancesado
que se esconde en la calle 8 de octubre).

Ganaremos de atrás con gol soñado.

Por eso nos llamamos los Campeones del Siglo.


V

Aunque te arrepientas de todo el horrible
Industrialismo y las vías férreas inútiles y las hortalizas y esos
señorones encopetados que en las fotos ésas marrones,
con trajes arrugados mas ensombrerados,
como escapados por la escotilla trasera, intactos, iluminados,
rodeados de zapallos en una chacra de Casupá:
ahora estamos en la era de Gaga o de Gagá
chupándole las tetas a George Sand.

Pero por ahí nomás nuestro elixir se truncará a costurones,
hélo aquí empercudido por la intemperie,
acicalado de ébano lujoso -esforzados atletas
que vienen de triunfar-
machacado en bengalas por un techo pasmado,
las cabezas colgando fuera del convertible,
con más vales de nafta (esos vales castrenses, carajo,
carne, verdura, arroz de chacras militares
entregado en la puerta de nuestros oficiales
por la tropa, esa anaconda muda,
aquí no hay corrución, señó)
y el humo de los porros que va hacia el Paccha Cielo.

No importa, nuestros hijos portarán la antorcha,
y también la alforja gitana sin duda,
se frotarán la mota por la noche,
tomando helados en costaneras antisépticas
con ventilador incorporado al bies
y  deslizadores áureos mas vibrátiles.

Nuestros hijos serán chinos,
chinos de La Teja o chinos de Bella Unión,
chinos de mierda,
de América y del mundo y de la Santa Impunidad,
engañados por un puñado de dólares,
por un puñado de carnes, un puñado de pelotas,
deportistas de corte continental, hinchando, hinchando,
intelectuales sin tacha, holgados
en su camisa blonda, en sus babuchas dodecafónicas.

Leerán Lolita en versión frenopática, filisteos
a mucha honra y dispuestos a todo
-shoot the lyon at the zoo-, ofídicos serán,
atrabiliarios, ¡Diantres!, hélas,
lo que el galano os demande ¿devotos?
Oh bien sure
Monsieur, é tudo bem, a fojas cero
descompaginarán los tropicalismos descalzos,
las esclavas de tobillo, las pequeñas gemas
que a mi amada engalanan, el pircin del malevo
clavado entre los huevos y el peroné.

Y además, vos y yo,
estaremos trabados para siempre.

¡Siempre andaré a tu vera!
Buscaré tu nombre en las placas sin fin
del Parque Posadas, en vano, ebrio
y rodeado de guardias armados que
Me iban a matar, como dijese Chávez.


VI

¿Habrá acaso blasón con más decoro
que el negro con el oro?

Hemos de volver al combate, en fija.
Ay, m’ hija, el combate nos llama,
siempre y siempre combate,
siempre fajar la faja y cruzar el facón.

Caras de los que te beben,
oh santo, alto licor que te ofrece la Patria,
¿combatiremos pues?

El Muñeco, la Chola, el Pardo, el Hétor,
la Patitas de Cerdo, el Zambo, el Cabecita Negra, Dienteleche,
la Tetona, el Chinchulín, la Chola, el Chongo, la Jazmina,
el Carozo, la Pocha, la Gatuperra, Batoví, el Manguera,
Catongo, Juana la China, el Querusa, el Pararí, el Chorizo,  Bujarrón,
el Macaco, la Caldera, el Corvina, el Menchaco, Pomelo, el Calato,
Frankenstein y el mambo:

¡Ellos también existen!

Hallamos un país desconchinflado
por lachos blancos y lachos colorados.
Y ahora la bandera de Otorgués, Señor,
se ha puesto en su lugar: hemos vencido.

La sangre vertida por los torturadores de la Matria
nos mira.

(Clemencia para los vencidos).

La Revolución ha empezado: ¡Vívela ya!

Todo el país charrúa avanza.

La Celeste es la gloria celestial.

Socialismo ya.

Legalais también.


VIII

¡Avanza, forajida, ramera mía, mi forra!
Toda en ropas de noche que son como un vapor.
Abrazame en las luces rosáceas de la Rambla.
Parate en las esquinas del barrio del Condón.
Que la blusa trasluzca tus pezones patente.
(De ahí el éxito de las jóvenes que lavan autos).
Besame en las arenas quemadas de Neptunia.
Llevame a la Coronilla, al Chuy.
Acelerá a fondo que quiero morir en el Este,
con un quegüis en mano, besando a una morocha
junto a la suimin pul.

Te garanto, en chancletas
iremos predicando
que todo, todo, todo se trataba de nada
y hay que empezar de nuevo por lo tanto:
bilingües, asociales,
zurdos, bien achinados,
descalzos,  retacones, vertebrados al paso,
en el pecho la brisa y en el alma la calma,
llevando picemeiquers o datos de Dou Yons,
memoriosos, anales, sublimes y pendejos,
sobre rancia llanura raspando nuevo mote,
cual si le cimentaran el coturno o palenque,
dándose unos masajes orientales
de aquellos, figurando en unas páginas arrancadas
al Contrato Social,
encontradas en el excusado de una estancia de
Ibiray (Paraguay),
-el ADN del excremento no
identificado hasta el momento-
como una piara de anormales hablando
cosas descabaladas,
una reunión de efebos compartiendo canabis
y jugando a las madres:
en doctas compañías se decidió el asunto,
Chupando zorra”, dijese Maribel
-y de todo lo dicho estampo sello y firmo
encamado en la mejor amueblada del Universo-
sin religión, sin dogma, sin martirio,
y por si alguno entre ellos realmente
le encontrara
(como lo hiciese el gran Julian
Assange)
algún día
el goyete a la Cosa.


(Montevideo, 2001- Malmö, 2019   




Roberto Mascaró (Peñarol, Montevideo, Uruguay, 1948). Poeta y traductor. Ha publicado: estacionario (1983); Chatarra/ Campos (1984); Asombros de la Nieve (1984); Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist, Fripress, Estocolmo, 1986); Mar, escobas (1987),  Cruz del Sur (1987); Gueto (1991); Campo Abierto-Öppet fält (1998); Campo de Fuego (2000); Montevideo cruel – tangos (2003), Un río de pájaros (Colombia, 2004); Asombros de la nieve, antología (Caracas, 2005), Viendo caer la lluvia de una ventana azul (Tegucigalpa, 2012), Nómade Apátrida (Catapulta, Bogotá, 2012). Ha publicado más de treinta volúmenes de traducciones, entre ellas obras de  Tomas Tranströmer, August Strindberg,  Öyvind Fahlström, Ulf Eriksson, Tomas Ekström, Jan Erik Vold, Edith Södergran, Henry Parland. Su poesía ha sido traducida al sueco.