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viernes, 3 de abril de 2015

Affonso Romano de Sant'Anna: LOCURA AL COMANDO
















Eran cientocincuenta
y no pensaban en la muerte.

Nada sabían que la locura
se instalaría en la cabina de comando.
Iban felices con planes y risas
entre  Barcelona y Dusseldorf.

De repente, cambió de mano el destino.
La locura desencadenó su lógica,
su mecánica negra tecnología.
Golpea y grita el comandante
delante de la puerta bloqueada
en tanto gritos y ruegos inútiles
anteceden al horrendo estruendo.

No hay como revertir la tragedia puesta en movimiento.
El loco embarcó con nosotros.
Adiós afectos, presentes e hijos,
la muerte es sorda y muda
y no oye súplicas humanas.
¿Cuántas veces el alucinado
en la cabina arquitectó el Apocalipsis?
¿Qué vidas escaparon de morir en el desierto, el océano, la selva
y en la ciudad enloquecida?
La muerte ya no es una hipótesis.
“! Abra esta maldita puerta!”
gritamos y nadie nos salva.
El loco embiste a la aeronave
contra las montañas
y sobre la nieve excesiva
es un algo que no se sabe
si es noticia
si es lamento
o apenas –tardía poesía.

(Affonso Romano de Sant'Anna, Río de Janeiro, 2015.)
Versión Washington Benavides, Montevideo, 2015.)

Luis Pereira, Affonso Romano Sant'Anna,EM,Marina Colasanti
Affonso Romano de Sant'Anna (Belo Horizonte,Brasil, 1937). Poeta, docente, periodista, cronista y crítico. Ha publicado más de cuarenta libros y dictado clases en universidades de Brasil,  Alemania, Francia y los Estados Unidos de América.
Desde mediados de la década de los 60 participó activamente en “pensamiento, palabra y obra” en los movimientos de renovación de la poesía brasileña, lo que lo ha llevado a ser reconocido como una de las voces más importantes de su país y del continente. Le han sido concedidos innumerables distinciones a su obra y en 2012 se hizo merecedor del Premio de Poesía Brasilia.  Le fueron otorgadas las becas de las fundaciones Ford, Guggenheim y Gulbelkian. 


Washington Benavides (Tacuarembó, Uruguay, 1930) Poeta, narrador, traductor,
Washington Benavides, Patricia Ogan, EM
letrista y docente. Por su obra poética y narrativa ha recibido los premios más importantes de su país.  
Sus letras y poemas han sido musicalizadas por: Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Héctor Numa Moraes y Abel García, entre otros.   
  

viernes, 27 de abril de 2012

Affonso Romano de Sant'Anna: Los hombres aman la guerra.




Affonso Romano de Sant'Anna


























Los hombres aman la guerra. Por eso
se arman alegres en coro y colores
para el dudoso deporte de la muerte.

Aman y no lo disfrazan.
Alardean ese amor en las plazas,
crean manuales y escuelas
alzando banderas y recogiendo cajones
entonando slogans y sepultando canciones.

Los hombres aman la guerra. Pero no la aman
sólo con el coraje del atleta
y el orgullo militar, sino con la piadosa
voz del sacerdote, que antes del combate
–sirve la Hostia de la Muerte.

Fue así en Crimea y Troya
en Eritrea y Angola
en Mongolia y Argelia
en Siberia y Ahora.

Los hombres aman la guerra
y mal soportan la paz.

Los hombres aman la guerra, profana
o santa, lo mismo da.

Los hombres tienen la guerra como amante
aunque desposen la paz.

Y qué arrobos, ¡Dios mío! En ese encuentro voraz,
qué placeres, qué gemidos, qué ayes!
qué sublimes perversiones urdidas
en la mortaja de las sábanas, agostando
la cama o campo de batalla.

Durante siglos pensé
que la guerra sería el desvío
y la paz la ruta. Me equivoqué. Son paralelas,
márgenes de un mismo río, la mano y el guante,
el pie y la bota. Más que gemelas,
son siamesas, par e impar, suerte y pesar
son el uróboro-serpiente circular
devorándonos eternamente.

La guerra no es un intervalo
es parte del espectáculo, y no sólo es tragedia,
es comedia, real o popular.
La guerra no es cruel imprevisto.
Es reincidente vicio. Es un rito
lleno de riesgos. Por eso
es mejor que el circo:
–es donde el alegre trapecista
vestido de kamikase
salta sin red ni soporte,
se quiebran todos los platos
y el contorsionista se parte
en el Kamasutra de la Muerte.

Pero la guerra no es el revés de la paz,
es su cuna, y seno complementarlo.
Y el horror no es el revés de lo  bello. El horror
no es oscuro, es la contrapartida de la luz,
Lucifer es Luzbel, brilla como Gabriel
y el terror seduce. Nada más seductor
que Cristo muerto en la cruz.
Por lo tanto, la guerra no es sólo misa
que oficia el padre, ciencia
que alucina al sabio, deporte
que fascina al fuerte. La guerra es arte.
Por eso con ardor de vanguardistas
frecuentamos la Bienal del Horror
e inauguramos la Bauhaus de la Muerte.

Pero sobre la carnicería no hay cuervos,
chacales, buitres, hienas.
Hay lindas garzas de aluminio, serenas
en un electrónico ballet.

Tal vez fuese la danza de la muerte, patética.
Pero no lo es. Apenas es otra lección de estética.
Por eso los soldados modernos
son como médicos e ingenieros
y ningún ministro de guerra
usa ropa de carnicero.

Guerra es guerra
–decía el invasor violento
violando la monja en el convento.
Guerra es guerra
–decía la estatua del almirante
con su boca de cemento.
Guerra es guerra
–decimos en el radar
degustando al enemigo
al norte del paladar.

Por lo tanto, no es preciso disfrazar
el amor a la guerra, con historias de amor a la Patria
y defensa del hogar. Amamos la guerra
y la paz, en bigamia ejemplar.
Yo, poeta moderno y el eterno Baudelaire,
yo y hasta vos, hypocrite lecteur
mon semblable, mon frère.

Queremos la batalla, aviones en llamas
navíos hundiéndose, el espectacular enfrentamiento
de mañana abrimos vísceras de peces
con la punta de las bayonetas,
y al son del culinario clarín
hundimos nuestras dagas en los chanchos
y adornamos de medallas
a los muertos sobre la mesa.

Si es posible, la carne limpia, sin sangre
que el misil, lanzado a la distancia,
en silencio, no salpique nuestra ropa.
Pero si fuera preciso un “baño de sangre”,
como decía Terencio: “Soy humano
y nada de lo que es humano me es extraño”.

La muerte y la guerra, por lo tanto
ya no me toman de sorpresa.
Inscribo su efigie en la piedra
como si el dado de mi suerte
ya no rodase al azar.
Como  si se pasase del blanco
al negro y al blanco retornase
sin ensombrecerme jamás.

Que venga la guerra. Cruel. Total.
El atómico clarín y la génesis del fin.
Cauto como conviene a los sabios,
primero gritaré contra ese hecho.
Pero voraz, como conviene a la especie,
al ver que invaden mis huertas
de las hojas del banano inventaré
la ideológica bandera
y haré estallar el cuerpo de mi enemigo
antes que ataque.

Y si él no tira ni viene, aprovecho
su descuido de hombre débil, invado su casa
saciando mi hambre de caníbal
rugiendo bajo mi máscara de hombre.

–Terrible es tu discurso, poeta!
Escucho a alguien decir.
Terrible fue elaborarlo,
ahora me siento libre.
La muerte y la guerra
Ya no me pueden alarmar.
Como Edipo perplejo
las descifré en mis vísceras
antes que la dudosa esfinge
me pudiese devorar.

Ni cínico ni triste. Animal
humano, voy en marcha, danzas, rezos
para el gran carnaval.
Soldado, penitente, poeta
–la paz y la guerra, la vida y la muerte
me aguardan
–en un atómico funeral.

–Se acabará la especie humana sobre la Tierra?
No. Han de sobrar un nuevo Adán y Eva
para rehacer el amor, y dos hermanos:
–Caín y Abel
–a reinventar la guerra.

(Traducción de Nahuel Santana)
Principio del formulario



Affonso Romano de Sant'Anna (Belo Horizonte,Brasil, 1937). Poeta, docente, periodista, cronista y crítico. Ha publicado más de cuarenta libros y dictado clases en universidades de Brasil,  Alemania, Francia y los Estados Unidos de América.
Desde mediados de la década de los 60 participó activamente en “pensamiento, palabra y obra” en los movimientos de renovación de la poesía brasileña, lo que lo ha llevado a ser reconocido como una de las voces más importantes de su país y del continente. Le han sido concedidos innumerables distinciones a su obra y en 2012 se hizo merecedor del Premio de Poesía Brasilia.  Le fueron otorgadas las becas de las fundaciones Ford, Guggenheim, Gulbelkian y DDAD. En 2007 la editorial L&PM de Porto Alegre comenzó a publicar su obra reunida de la que se han lanzado a la fecha dos volúmenes.  

 

Final del formulario

lunes, 6 de diciembre de 2010

Affonso Romano de Sant’Anna: Poemas.


Affonso Romano de Sant'Anna



















Una generación se va, otra generación viene


Cuando yo era niño
y mis padres y tíos contaban sobre la dictadura
que duró 15 años, dividió sus vidas en dos
entre censuras, policías y torturas
yo los miraba como un niñito mira el desamparo de un adulto.

Hoy, mis hijas me preguntan
sobre esos 15 años de otra dictadura
que me sobrevino en plena juventud
y yo las miro como un adulto mira el desamparo de un niñito.

Tengo 40 años. escapé
de ahogos y desastres antes y después de las fiestas
y atravieso ahora la zona negra del infarto.
En breve
             estaré sin cabellos y con más arrugas en la faz.
Cuando venga de nuevo una nueva dictadura
                                                          estaré viejo
y con tedio frente al espejo
contemplando el desamparo en que dejaré a mis nietos.

(traducción, Washington Benavídez)



Los hombres aman la guerra


Los hombres aman la guerra. Por eso
se arman alegres en coro y colores
para el dudoso deporte de la muerte.

Aman y no lo disfrazan.
Alardean de ese amor en las plazas,
crean manuales y escuelas
alzando banderas y recogiendo cajones
entonando slogans y sepultando canciones.

Los hombres aman la guerra. Pero no la aman
sólo con el coraje del atleta
y el orgullo militar, sino con la piados
voz del sacerdote, que antes del combate
-sirve la Hostia de la Muerte.

Fue así en Crimea y Troya
             en Eritrea y Angola
             en Mongolia y Argelia
             en Siberia y Ahora.

Los hombres aman la guerra
y mal soportan la paz.

Los hombres aman la guerra, profana
o santa, lo mismo da.

Los hombres tienen la guerra como amante
aunque se desposen con la paz.

Y qué arrobos ¡Dios mío! En ese encuentro voraz,
¡Qué placeres, qué gemidos, qué ayes!
Qué sublimes perversiones urdidas
en la mortaja de las sábanas, agostando
la cama o  el campo de batalla.

Durante siglos pensé
que la guerra sería el desvío
y la paz la ruta. Me equivoqué, son paralelas,
márgenes de un mismo río, la mano y el guante,
el pie y la bota. Más que gemelas,
son siamesas, par e impar, suerte y pesar
son el uróboro-serpiente circular
devorándonos eternamente.

La guerra no es un intervalo
es parte del espectáculo, y no sólo es tragedia,
es comedia, real o popular.
La guerra no es cruel imprevisto.
Es reincidente vicio. Es un rito
lleno de riesgos. Por eso
es mejor que el circo:

        -es donde el alegre trapecista
         vestido de kamikaze
         salta sin red ni soporte,

          se quiebran todos los platos
          y el contorsionista se parte
          en el Kamasutra de la Muerte.

Pero la guerra no es el revés de la paz,
es su cuna, y seno complementario.
Y el horror no es el revés de lo bello. El horror
no es oscuro, es la contrapartida de la luz,
Lucifer es Luzbel, brilla como Gabriel
y el terror seduce. Nada más seductor
-que Cristo muerto en la cruz.
Por lo tanto, la guerra no es sólo misa
que oficia el sacerdote, ciencia
que alucina al sabio, deporte
que fascina al fuerte. La guerra es arte.
Por eso con ardor de vanguardistas
frecuentamos la Bienal del Horror
e inauguramos la Bauhaus de la Muerte.

Pero sobre la carnicería no hay cuervos,
chacales, buitres, hienas.
Hay lindas garzas de aluminio, serenas
en un electrónico ballet.

Tal vez fuese la danza de la muerte, patética.
Pero no lo es. Apenas es otra lección de estética.
Por eso los soldados modernos
son como los médicos o los ingenieros
y ningún ministro de guerra
usa ropa de carnicero.

Guerra es guerra
           -decía el invasor violento
            violando a la monja en el convento.
Guerra es guerra
             -decía la estatua del almirante
               con su boca de cemento.
Guerra es guerra
               -decimos en el radar
                degustando al enemigo
                 al norte del paladar.

Por lo tanto no es preciso disfrazar
el amor a la guerra, con historias de amor a la Patria
y defensa del hogar. amamos la guerra
y la paz, en bigamia ejemplar.
Yo, poeta moderno y el eterno Baudelaire,
yo y hasta vos hipocrite lecteur
mon semblable, mon frère.

Queremos la batalla, aviones en llamas
navíos hundiéndose, el espectacular enfrentamiento.
De mañana abrimos  vísceras de peces
con la punta de las bayonetas,
y al son del culinario clarín
hundimos nuestras dagas en los chanchos
y adornamos con medallas
 -a los muertos sobre la mesa.

Si es posible, la carne limpia, sin sangre
que el misil, lanzado a la distancia
en silencio, no salpique nuestra ropa.
Pero si fuera preciso un “baño de sangre”,
como decía Terencio: “ Soy humano
y nada de lo que es humano me es extraño.”

La muerte y la guerra, por lo tanto
ya no me agarran de sorpresa.
Inscribo su efigie en la piedra
como si el dado de mi suerte
ya no rodase al azar.
Como si pasase del blanco
al negro y al blanco retornase
sin ensombrecerme jamás.

Que venga la guerra. Cruel. Total.
El atómico clarín y la génesis del fin.
Cauto como conviene a los sabios,
primero gritaré contra ese hecho
pero voraz, como conviene a la especie,
al ver que invaden mis huertas
de las hojas del banano inventaré
la ideológica bandera
y haré estallar el cuerpo de mi enemigo
antes de que ataque.

Y si él no tira, ni viene, aprovecho
su descuido de hombre débil, invado su casa
realizando mi hambre de caníbal
rugiendo bajo mío máscara de hombre.

-¡Terrible es tu discurso, poeta!
Escucho a alguien decir.
      Terrible fue elaborarlo,
      ahora me siento libre.
      La muerte y la guerra
      ya no me pueden alarmar.
      Como Edipo perplejo
       las descifré en mis vísceras
       antes de que la dudosa esfinge
       me pudiese devorar.


Ni cínico ni triste. Animal
Humano, voy en marcha, danzas, rezos
para el gran carnaval.
Soldado, penitente, poeta
-la paz y la guerra, la vida y la muerte
me aguardan
                       -en un atómico funeral.

-¿Se acabará la especie humana sobre la tierra?
No. Han de sobrar un nuevo Adán y Eva
para rehacer el amor, y dos hermanos:
-Caín y Abel –para reinventar la guerra.
   


(traducción Nahuel Santana)



E.M. y Affonso Romano de Sant'Anna, Punta del Este, 2010.




Affonso Romano de Sant'Anna (Belo Horizonte,Brasil, 1937). Poeta, docente, periodista, cronista y crítico. Ha publicado más de cuarenta libros y dictado clases en universidades de Brasil,  Alemania, Francia y los Estados Unidos de América.
Desde mediados de la década de los 60 participó activamente en “pensamiento, palabra y obra” en los movimientos de renovación de la poesía brasileña, lo que lo ha llevado a ser reconocido como una de las voces más importantes de su país y del continente. Le han sido concedidos innumerables distinciones a su obra y las becas de las fundaciones Ford, Guggenheim, Gulbelkian y DDAD.
En 2007 la editorial L&PM de Porto Alegre lanzó los primeros dos volúmenes de su Poesía reunida.
 



viernes, 25 de junio de 2010

Affonso Romano de Sant'Anna, Os Homes Aman a Guerra.



















“Não sei com que armas os homens lutarão na Terceira Guerra, mas na Quarta, será a pau e pedra” -Einstein



Os homens amam a guerra. Por isso
se armam festivos em coro e cores
para o dúbio esporte da morte.

Amam e não disfarçam.
Alardeiam esse amor nas praças,
criam manuais e escolas,
alçando bandeiras e recolhendo caixões,
entoando slogans e sepultando canções.

Os homens amam a guerra. Mas não a amam
só com a coragem do atleta
e a empáfia militar, mas com a piedosa
voz do sacerdote, que antes do combate
serve a hóstia da morte.

Foi assim na Coréia e Tróia,
na Eritréia e Angola,
na Mongólia e Argélia,
no Saara e agora.

Os homens amam a guerra
E mal suportam a paz.

Os homens amam a guerra,
portanto,
não há perigo de paz.

Os homens amam a guerra, profana
ou santa, tanto faz.

Os homens têm a guerra como amante,
embora esposem a paz.

E que arroubos, meu Deus! nesse encontro voraz!
que prazeres! que uivos! que ais!
que sublimes perversões urdidas
na mortalha dos lençóis, lambuzando
a cama ou campo de batalha.

Durante séculos pensei
que a guerra fosse o desvio
e a paz, a rota. Enganei-me. São paralelas,
margens de um mesmo rio, a mão e a luva,
o pé e a bota. Mais que gêmeas
são xifópagas, par e ímpar, sorte e azar
são o ouroboro- cobra circular
eternamente a nos devorar.

A guerra não é um entreato.
É parte do espetáculo. E não é tragédia apenas.
É comédia, real ou popular,
é algo melhor que circo:
-é onde o alegre trapezista
vestido de kamicaze
salta sem rede e suporte,
quebram-se todos os pratos
e o contorcionista se parte
no kamasutra da morte.

A guerra não é o avesso da paz.
É seu berço e seio complementar.
E o horror não é o inverso do belo
-é seu par. Os homens amam o belo
mas gostam do horror na arte. O horror
não é escuro, é a contraparte da luz.
Lúcifer é Lubel, brilha como Gabriel
e o terror seduz.
Nada mais sedutor
que Cristo morto na cruz.

Portanto, a guerra não é só missa
que oficia o padre, ciência
que alucina o sábio, esporte
que fascina o forte. A guerra é arte.
E com o ardor dos vanguardistas
frequentamos a Bienal do Horror
e inauguramos a Bauhaus da Morte.

Por isso, em cima da carniça não há urubus,
chacais, abutres, hienas.
Há lindas garças de alumínio, serenas,
num eletrônico balé.

Talvez fosse a dança da morte, patética.
Não é . É apenas outra lição de estética.
Daí que os soldados modernos
são como médico e engenheiro
e nenhum ministro da guerra
usa roupa de açougueiro.

Guerra é guerra!
dizia o invasor violento
violentando a freira no convento
Guerra é guerra!
dizia a estátua do almirante
com a boca de cimento.
Guerra é guerra!
dizemos no radar
desgustando o inimigo
ao norte do paladar.

Não é preciso disfarçar
o amor à guerra, com história de amor à pátria
e defesa do lar. Amamos a guerra
e a paz, em bigamia exemplar.
Eu, poeta moderno ou o eterno Baudelaire
eu e você, hypocrite lecteur,
mon semblable, mon frère.
Queremos a batalha, aviões em chamas
navios afundando, o espetacular confronto.

De manhã abrimos vísceras de peixes
com a ponta das baionetas
e ao som da culinária trombeta
enfiamos adagas em nossos porcos
e requintamos de medalha
-os mortos sobre a mesa.

Se possível, a carne limpa, sem sangue.
Que o míssil silente lançado à distância
não respingue em nossa roupa.
Mas se for preciso um “banho de sangue”
-como dizia Terêncio:-“sou humano
e nada do que é humano me é estranho”.

A morte e a guerra
não mais me pegam ao acaso.
Inscrevo sua dupla efígie na pedra
como se o dado de minha sorte
já não rolasse ao azar,
como se passasse do branco
ao preto e ao branco retornasse
sem nunca me sombrear.

Que venha a guerra! Cruel. Total.
O atômico clarim e a gênese do fim.
Cauto, como convém aos sábios,
primeiro bradarei contra esse fato.
Mas, voraz como convém à espécie,
ao ver que invadem meus quintais,
das folhas da bananeira inventarei
a ideológica bandeira e explodirei
o corpo do inimigo antes que ataque.
E se ele não atirar primeiro, aproveito
seu descuido de homem fraco, invado sua casa
realizando minha fome milenar de canibal
rugindo sob a máscara de homem.

-Terrível é o teu discurso, poeta!
Escuto alguém falar.
Terrível o foi elaborar.
Agora me sinto livre.
A morte e a guerra
já não podem me alarmar.
Como Édipo perplexo
decifrei-a em minhas vísceras
antes que a dúbia esfinge
pudesse me devorar.

Nem cínico nem triste. Animal
humano, vou em marcha, danças, preces
para o grande carnaval.
Soldado, penitente, poeta
-a paz e a guerra, a vida e a morte
me aguardam
num atômico funeral.

-Acabará a espécie humana sobre a Terra?
Não. Hão de sobrar um novo Adão e Eva
a refazer o amor, e dois irmão:
-Caim e Abel
-a reinventar a guerra.

***