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martes, 15 de septiembre de 2015

viernes, 24 de agosto de 2012

Novedad editorial: Andrés Nieva.










Un testigo a medias visible -dotado de un singular talento para la escucha- se desplaza por un territorio mediterráneo, donde sustrae historias mínimas y las reproduce a manera de diarios. Lejos de aislar en cada segmento la memoria de un día, Andrés Nieva propone llevar esa condensación al máximo: así, una jornada representa el diario de una vida.
Cada pasaje de Los diarios robados recupera para nuestros oídos la detonación de un suceso que el testigo funde con destreza inusual, al configurar un relato cuya transparencia sólo se ve alterada por voces o susurros que se gestan en los márgenes de lo extraordinario: por estos diarios circulan lo mismo un gaucho que se tiñe el pelo, cazadores de cactus y un travesti sordomudo que un habitante de un zoológico, un pitbull con ataques de furia y un empleado de una librería que sufre una inquietante transformación.
Nunca aprendí a usar correctamente las teclas y menos a pulsar las apropiadas en máquinas que las tenían borradas, nos confiesa el testigo desde su insólito campo de maniobras. Marcado por esta carencia iniciática que lo empujará a escuchar desde las sombras, cruzará al otro lado del espejo camuflado en los diarios de los otros para permitirse, desde allí, un último gesto que justifique su existencia: inventarse una voz para inventarlo todo.  
Carlos Ríos

martes, 10 de julio de 2012

Andrés Nieva: El diario de los árboles.




Andrés Nieva























(diario de un día)

Imaginar un paseo de un día y no escribirlo, es parecido a no haberlo realizado.
 No sé que grado de ética puede tener escribir un diario de un día. ¿Será algo fortuito o un acto premeditado?
 En el patio, el gallo tiene su competencia matutina con los gallos de las casas vecinas.
 La lluvia dejó pequeños charcos en el suelo, las plantas verde-fluor y es un acto poético las gotas de lluvia sostenidas en el alambre de la soga.
 El colectivo pasa por la puerta de la casa donde me hospedo. Lo espero como quien guarda una esperanza.
 No sé que hora es. No tengo reloj desde hace días. El tiempo se diluye junto a la brisa que corre.
 Tengo enfrente un árbol de moras que se eleva varios metros sobre lo que denominamos cielo. Sus ramas, brazos viejos le dan albergue a dos palomas que escriben su historia en un nido.
 Miro el camino de tierra  fijamente hasta chocar con un camión estacionado.
La calma se pierde cuando se acerca una moto y las palomas hacen su ruido tan particular.
 En el silencio todos los ruidos son cercanos.
 Viene el colectivo La Linda. Subo, pago y el chofer corta el boleto de una máquina antigua.
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Serie 005
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 El colectivo se adentra por un camino de curvas. A un costado hay una capilla. Miro un canal de riego lleno de árboles. También ranchos y hornos de ladrillos.
 Los semáforos y las casas indican que entramos a Villa Dolores.
El sol asoma y los árboles lo cubren a casi todo con sus ramas.
 No importan los días domingo. Bajo en la plaza, miro la fuente sin agua y las cruces de la iglesia que con el terremoto de Caucete, una fue a parar al suelo. Los gorriones y benteveos de mi infancia siguen cantando.
 Abandono la ciudad y voy en dirección al río. Miro dos caballos que comen yuyos. El agua corre, no se detiene, lleva el color del barro por la lluvia. Camino entre plantas silvestres. El sol muestra una luz, fuerte, blanca y la piel de mi cuerpo brilla.
 Desde el puente veo el río que busca su cauce. Hay animales y los sauces llorones cargados de tortolitas y reina moras le ponen imagen al diario de los árboles.
 Bajo las escaleras, voy por un senderito para caminantes. Camino rodeando los árboles y me quedo mirando peces y renacuajos.
 Las sierras azules son testigo fiel de cómo cruzo puentecitos añejos de madera debajo de álamos altos. El río es  atravesado por sauces muertos que se niegan a transformarse en nada luego de que tormentas de tierra los derribaran al río y éste logra que otras ramas salgan de su otra forma adoptada.
 Camino y mientras camino los árboles me enseñan su lenguaje de tiempo y sabiduría.
 Mirar árboles no marea, dan protección a los sentimientos. Una llanura verde de tonos con cantos de pájaros que vuelan. Hay un monolito de San Agustín con estampitas lavadas por el agua y amarillas por el sol. Las ramas de los árboles se agitan y dejan su mensaje al mundo.
 El cielo parece taparse con teros que gritan y forman un paisaje en movimiento.
 Descanso bajo una sombra, me pierdo en el remolino envolvente de aguas hipnóticas y turbias que dejan a mis palabras vacías de pensamiento.

Me siento en una piedra y miro como la creciente lleva basura, ramas y piedras. La música del río es salvaje.  
 Camino por el tubo que cruza el río. Al llegara a la mitad extiendo mis brazos como un pájaro, tomo aire como un Comechingón y alcanzo la altura de los árboles.
 Observo el monumento a La Oreja y las piedras gigantes del río tienen silencio y energía.
 El arroyo de Chuchiras pasa por arriba del puente. Voy a casa y espero que el agua baje.
 Pienso en cuevas de Comechingones,  árboles y pájaros que tienen sus nidos dentro del campo. El sendero a veces desaparece entre barro, yuyo y árboles espinosos. Las sierras parecen pintadas por un pintor local al caer la tarde.
 Mis pies llenos de barro. Los árboles por las lluvias recientes parecen impulsados hacia arriba. Entro en el río, miro plantas acuáticas y piedras nunca vistas por la masa. Me ayudo con una vara, me protejo de las espinas y sigo.
 En ésta parte del paisaje, hay árboles que se unen y tapan el cielo formando paraísos divinos. Piedras ancestrales forman parte del diario de un día.
 Llego a destino. Fin del principio. Un Nirvana en mis ojos. Los árboles más antiguos y altos del universo. Parece que me estuvieron esperando. Pienso que el diario de los árboles tiene sentido. Subo por otro camino de piedra y paso por el criadero de truchas. Feliz, miro lento y me quedo junto a un eucalipto lleno de pájaros.
 Llueve y pienso en los árboles de noche y el río que los alimenta.

Andrés Nieva, Moore, Bermani
Andrés Nieva (Villa Dolores, Córdoba, 1973). Poeta y editor. Publicó en poesía: Boca del Río (2004); Una colcha es muy poco para tapar este invierno (2005); La suerte del perdedor afortunado (2007); El tiempo es un perro que huele mal y golpea a tu puerta (2009); Poemas piedras (2009). En narrativa: Say Yes (cuento)  En Prensa: La casa de los tres patios (poesía) y  Los poetas se aburren (cuento).






domingo, 25 de julio de 2010

Andrés Nieva, poemas.




















1

Viajo en trenes que arden
En la soledad de carteles
Podridos de madera.
Peces muertos
Flotan en el río.
Los árboles secos,
Envenenados
Por serpientes blancas
Lentamente
Emanaban soledad
Y espanto.
Desde el balcón
Caen pianos
Antiguos
Que pierden sus teclas
En la maraña
De mi cansancio.

2

Los patos
Encerrados
En un lago artificial
Comen porquerías.
Los estudiantes
Abrazan libros
Patean polvo
Y hacen fila
En las paradas de los colectivos.
Una bicicleta
Atada a un poste de luz
Espera al ladrón
Con su corta-cadenas.
Otro día infinito
En el elixir
Del asfalto
Que no distingue
Autos viejos
0km
y leyendas
Escritas
Con dedos
En sus vidrios traseros.

3

Subo al colectivo "la linda"
pagó el boleto,
lo aprieto con la mano
y tomo asiento
observo por la ventanilla.
Cada vez más cerca
del pueblo más triste del mundo.
La gente conversa de alguien
que se mató en el campo
luego de ver pasar al patrullero
por su casa.
El pueblo a donde voy
está a medio camino del cementerio
y un puente donde en teoría
pasa un río.
Solo existe basura, restos de autos
y animales muertos.
Bajo donde termina el recorrido
el colectivo y camino.
Los pinos me asesinan
con sus ramas
y los bancos de la plaza
blancos
vacíos
me dejan ciego
con el reflejo del sol
Todo pueblo
tiene su iglesia
este no es la excepción.
No me molesta.
Entro en un bar
tres borrachos en el fondo
toman ginebra.
Pido una cerveza.
Vuelvo a la plaza,
pateo una naranja
que está en el suelo.
Nadie me conoce,
me saludan inclinando la cabeza.
La gente es amable
pero nadie
podrá hacerme cambiar
de opinión
SAN PEDRO
es el pueblo más triste del mundo.

4

El paisaje
Esta en la forma
Que nos paramos
A observar las nubes.
Y en la velocidad
Que impulsa el viento
Las hojas en invierno

5

La mujer más vieja del mundo
pasea con el perro
más viejo del mundo.
Lo lleva sin correa,
su nombre es Satanás
La mujer más vieja
sostiene su cuerpo
con un bastón de caña
y el perro más viejo del mundo
camina haciendo ruido
con sus uñas en las veredas.


6

Sin pensar
Invento
Una plaza
Con monumentos
Y miro muertos
Que caminan
Bajo la lluvia

7

Me siento
Sobre piedras
Al costado de un lago
Artificial
Igual que sus
Peces
Y sus paseos
Conmovidos
Por un falso Partenón.
Rompo el silencio
De una clara Sunday Morning
Con una piedra
Que hace zapitos
En agua dura
Y limpio mis manos
Raspando mi ropa
Junto al olor
De algodón dulce
Multicolor.

8

Todos los veranos
El asfalto de mi calle
Tiene las pisadas
De la comparsa del barrio.
El desfile diario de los vecinos
Con sus disfraces de apache
Made in USA
Y el sonido de silbatos
De cotillón.

Mientras las zapatillas
Cuelgan de los cables
Los pibes en la placita
De la esquina
Fuman un porro
Y escuchan a La Mona.

El carnaval encierra
La alegría cada noche,
Las ojeras
Y la tristeza
Junto al dolor de los cuerpos
Vencidos.

Al otro día
Las vecinas
Chusmas
Barren sus veredas
Juntando
Cajas de vino,
Puchos
Y
Sacan el cuero
Mientras
Los perros
Huelen
El culo
De las preventistas.

9

Estoy en el cine
Sin tener noción
De lo que pasa alrededor.
La vida
Es algo que estoy mirando
Desde una nebulosa.
El cansancio
Lo crean
Los químicos.
Camino como si flotara
En aguas marinas
Sin llegar a romper las primeras olas.
Miro las butacas
Que llevan
El reflejo.
El pochoclo
Con los vasos vacíos de gaseosa
En el suelo
Hacen crack
Cuando pasa la gente.
En la pantalla
Una película francesa.
La escena que presto atención:
Alguien experimenta
Con tubos de ensayo.
La actriz
Juega con plantas acuáticas.
Me pierdo
En un viaje
Abstracto.
Fin de la película.
Observo los títulos
Que nadie lee.
Las luces encendidas.
Bajar escaleras.
Un bar.
Tazas de café.

Un cospel
En el bolsillo
Y alguien
Sonríe.


10

Los años pasaron
Y pregunto
Como hubieran sido
Los días
Sin las flores del mal,
Baudelaire.
Una casa
Llena de extranjeros
Hablando su propia lengua.
Los tres patios
Un refugio personal.
En invierno
Sentado
En una reposera fluor
Miraba el sol
Sin importar
Quedar ciego.
Firulai
En cambio
El can
A veces
Tomaba vino
De los vasos de plástico
Que estaban en el suelo
En las fiestas
Y perseguía
A las chicas.
Pero lo que más disfrutaba
Era comer las plantas de marihuana
Y delirar por las siestas.


11

Durmieron
Desnudos
Tapados
Por un cubrecama
Con flores.

Antes de dormir
Pasearon el perro
Y vieron
Gente
Que vino a la marcha
De pueblos originarios.
Tomaron vino.
Luego cerveza.

Cuando despertaron
Ella
Le contó la historia
De cómo
Cambió
Su nombre.

Puso su diario
En la cartera
Y con dos amigas
Viajaron
A un pueblo alejado
Donde no había nadie.
Ella llevó palitas
Todas cavaron,
Hicieron un pozo
Y luego
La taparon con tierra.

Durante
El tiempo
Que estuvo enterrada.
Olvidó su nombre
Que tanto le molestaba
Le parecía seco.
Con su nuevo
Nombre
Sacudió
La tierra
Y luego
Bajó al pueblo
A beber
Cerveza.

12

Escribo
Para alejar
A los elefantes
Que crecen
Sobre
Mis zapatillas.

Ella
Sentada
En las sillas de jardín
Sonríe, fuma
Y habla
De comedias griegas.

Los limones
Que caen en el patio
Tiñen los mosaicos,
Los dejan amarillentos
Y de vez en cuando
Matan una hormiga.

Te acompaño
A tomar el colectivo.
Bromeamos.
Nos despedimos.
Después
Camino por el barrio,
Pateo hojas
Y miro
Los pasajeros erguidos
En los colectivos.

(De a La casa de los tres patios. Inédito)




Andrés Nieva, Villa Dolores 1973.
Publicó en poesía: Boca del Río (2004). Una colcha es muy poco para tapar este invierno (2005). La suerte del perdedor afortunado (2007). El tiempo es un perro que huele mal y golpea a tu puerta (2009). Poemas piedras (2009). En narrativa el libro de cuentos Say Yes. Prepara el libro de poemas La casa de los tres patios y el de cuentos Los poetas se aburren.