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martes, 8 de octubre de 2019

María del Carmen Colombo: Poemas






María del Carmen Colombo

























Si tuviera valor
abriría la puerta: algo acecha
del otro lado. Escucho un latir
contra las hojas y tanteo
mi corazón. Si tuviera
coraje, olvidaría
presentir. El peligro
su brillo que despierta más allá.
Para abrirme como una puerta
como una herida en dos mitades

*
Si fuera segura
como una montaña.
Si fuera calma, una
piedra de quietud, mi derrotero
culminaría –seguramente—
en la cima de cordura
y así colmada miraría
desde allí
un ojo de vértigo, el otro
abismo

*

Rubios velos de ninfa
aterradas corazas las morenas
vayan ellas al mundo
Pero a mí no me saquen del cajón
enterrada en mi dédalo casi
desnuda no me tiren
de la manga
para qué desovillar
una bota nos acecha
oculta
en la humedad yo mamo
de mi dedo propio
como una
monja en su destierro

*

Si mi deseo fuera perdurar
tomaría la forma
de tu especie. Pequeña
y húmeda desde el principio
de los tiempos
confundida con el charol
de la noche


Hasta en una mosca se mira
el humano, un ser fácil
de apartar. Pero hacia vos
el viaje es pesadilla.


El espanto nos une
compañera, no merezco
tu ofrenda, estoy enferma
de amor

*

Vuelvo al último
eslabón de la madre
naturaleza

resto mi cuerpo
en un gasto excesivo por
desaparecer

en mi larva de misterio

tu vistazo no podrá
lastimarme, una lástima
bárbara mi voz

se perderá
como un eco mezquino
: que los hay
los ay

*

Bovino
           cérvido
  rumiante
oh tú mi pariente
animal
           de sacrificio
sostienes la
inhumana
cabeza
con orgullo de
buey que acepta el peso
de una pasión inútil


Piccolo

Colombo viene de paloma
decía papá
y su mano callada
acariciaba mi cabeza

reíamos juntos
en el gran comedor de la casa

recuerdo el anillo
de una voz
                    luminoso
en su eterno retorno:

Oh mío babino caro

*

Las escrituras me sujetan
al orden de mi hermano,
pero yo, Magdalena, la descalza,
en sueños soplo
y con mi llanto deshago
las hojas cinceladas
de la gran catedral

Ah, mi querido Pedro
cuánto darían por llorar
sobre tu nombre seco
los hacedores de este mundo

Mejor mi pelo
emocionado en su caída
que tu acabado monumento
hacia el cielo

Precario el que padece tu perduración


Si es que estas ahí

Dame
la noche de las bestias    su oscuro descanso
derrumbarme entre unos pastizales
después de relincharle al viento
venirme abajo
como un techo podrido
sobre las olvidadas margaritas
el sueño de los justos, eso te pido:
apoyar mi cabeza
sobre un colchón de hojas
hasta que llegue el día y no despierte



María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950).  Poeta. Integró el Grupo de Poesía El Ladrillo. Ha publicado: La edad necesaria (1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas (1992, reedit. 1992 y 1998); La muda encarnación (1993, reedit. 2006), La familia china (1999, reedit. 2006, 2012) y Los sueños del agua (2010, poesía para niños); además publicó Santo y Seña (publicación conjunta, 1984) y Folletín (Plaquetas del Herrero, 1998). Ha recibido, en otros, el Primer Gran Premio de Poesía V Centenario (1992) y Mención Especial Premio Nacional de Poesía, 1996-1999 (2005). Integra antologías de poetas argentinos editadas en el país y en el extranjero, entre otras, Puentes/Pontes (Fondo de Cultura, 2003) y 200 años de poesía argentina (Alfaguara, 2010). Colabora en diarios y revistas. Integra el Consejo Editorial de Hilos Editora. Desde 1980 coordina talleres literarios.

















martes, 7 de junio de 2011

María del Carmen Colombo: de La Familia China.

.




María del Carmemn Colombo





 











Como un árbol este abanico tiene un solo pie, pero
de varillas, y un país de papel que se despliega, lento
con dos manos.
      Florece en cada varilla una escena, muy fija y
finita, pintada con pelo de pincel. Entre una escena y
otra  la distancia es inmensa, porque tarda en llegar
la próxima varilla.
      Cuando la escena por venir parece que no viene,
los ojos humean de ansiedad, nublando el cristal con
que se mira; en el fondo sus arpones de pez desean
pescar cada una de las miniaturas, que huidizas se
escurren entre el papel de agua.
      El pinchazo de un ojo podría ser fatal para un
teclado tan liviano. Por suerte, entre el comienzo
y el final de este despliegue sólo transcurre media hora.
Tiempo suficiente durante el cual un semicírculo puede
alcanzar su personalidad verdadera, y en el instante
hacerse aire, como este  abanico.


**

En espacios reducidos es propio menguar, como la
luna y las mareas: la dirección del movimiento obedece
a la necesidad. Es favorable decrecer con rectitud,
orientados por el mapa nocturno que dibujan las tablas
de planchar, cuando doblan sus hojas y culminan firmes
en una reverencia.
       Los biombos se someten al dictado de los tiempos y
ceden, dóciles, las teclas de sus abanicos. Una escalera
devora su propio caracol, peldaño por peldaño.
       Algunos pensamientos ensobran sus intimidades
y se apilan, al igual que las sábanas, en prolijos acordeones.
Las mentes más realistas se ajustan tanto al pan pan y al
vino vino, que después se desparraman en otras dimensiones,
como la gente que vive apiñada en una pieza y sueña con la
amplitud del paraíso.

**

Cuando el ideal baja a la tierra, con la fuerza que derriba
las barricadas metafísicas, sus pies de niebla pequeña
sienten la alegría del descenso. Desnudos, como vinieron
al mundo, se hunden en la línea desafinada de los baches
y felices chapotean en el barro junto a otras flores del arroyo.
      A veces parecen margaritas diamantinas sembradas por
el sol. Otras veces brillan en el lodo como el aura abandonada
de algunos santos.



María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950). Poeta. Ha publicado La edad necesaria (1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas (1992, 1998); La muda encarnación (1993) y La familia china  1999). En 1978, fue premiada por la Fundación Argentina de Poesía en el concurso "Mónica Garcerán" y, más tarde, en 1981, obtuvo el premio "Benito Lynch", otorgado por la Biblioteca Cornelio Saavedra y Union Carbide SAICS. En ese mismo año, logró el primer premio de poesía en el concurso provincial organizado por el Grupo Roberto Artl. En 1992 recibió el "Primer Gran Premio de Poesía V Centenario", organizado por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

Los textos de La familia china, fueron seleccionados para ser llevados a escena durante el I y II Festivales de Teatro del Centro Cultural Ricardo Rojas, realizados en noviembre de 1999 y julio de 2000.