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jueves, 28 de julio de 2016

GÖRAN SONNEVI: Ormöga; segundo poema



 GÖRAN SONNEVI


























Aquí es Ormöga Pasan las nubes grises por encima
del plano paisaje del páramo El horizonte gris marino
con una banda luminosa justo sobre la tierra
Llama el cuclillo Vuelan las becadas junto a la cantera de cal
Brillan las antorchas lilas de las orquídeas encarnadas La hierba es
gris verde ocre, cambiante Alrededor está el abismo
Está junto a la cama en la que duermo Noche
cayendo a pico Flotamos sobre la oscuridad, como sobre
el universo, en su abstracción Por la mañana estamos jun-
tos Escuchamos la música También oigo el sonido de la Nada

A lo lejos se ven las cabañas de pescadores, la capilla en ruinas
Entre ellos está la cruz celta, de piedra ca-
liza, como si fuese el propio crucificado con
los brazos extendidos Las manos La cabeza Pie
Crecido en lavas grises y amarillas Ahora cubre
la lluvia el paisaje Voló el halcón azul
frente al soto hacia el mar No tendré defensa alguna
Estoy en la vertiente oscuridá también en la noche clara
Dispuse como un signo
la pluma que recogí junto al mar del Oeste
Mi padre y mi madre están en el mar del Oeste, que también
toqué, con la mano Aquí hay otros muertos, otros
vivos Tocamos los rostros deformados el uno al otro
Conozco su geometría Veo los arcos del vuelo de las alondras
también aquí, cambiando el vuelo rápido, una adaptación constante
El halcón azul tiene su geometría, en su huída Es lo que
creemos que es, allá lejos, en lo remoto
El plumaje es en el interior gris, luego ocre, en el exterior casi blanco
También en el interior, junto en la raíz es blanco, velloso
Las alondras construyen aún su nido, en el exterior la arcilla es húmeda
¡Ay! ¡Ay! El rostro oscuro descansa bajo todo esto

El paisaje aquí se mueve en una aparente
economía antigua Las mismas granjas con cercos de piedra, los mismos campos
como de otro tiempo Los pájaros Las orquídeas Ayer
fuimos al mar; dentro del bosquecillo de pinos ha crecido
un ejemplar muy grande de Orquídea Soldado,
Orchis militaris, lila claro Fuerte espiga, tallo grueso
Bajando al mar fui hasta el puesto de la Orquídea Colorada,
hojas manchadas, pétalos de diseño enérgico, junto
a los Lirios del Valle, de lila más oscuro La aguja colinegra ascendió
Las vacas, terneras jóvenes, se formaron en línea a lo lejos
La agricultura se mantiene El olor del guano en la lluvia, bajo
las nieblas Por el mar van barcos con su carga En el tallo de la
armeria brilló la larva de la Oruga de Librea al sol nocturno, ocre rojiza
peluda, en las estrías celestes y ocres a lo largo del cuerpo
Estamos en la red de dependencias ¿Quién es asesinado?
¿A quién asesinó? Todo depende del modo en que nos tocamos

En Ormöga vive el ciego, solo, después de la muerte de su madre
hace un par de años Cuando recojo la correspondencia en su casa
él vuelve la vista de su oído hacia mí cuando hablamos
En su cara hay una especie de paz La granja está ahora en decadencia
Alquilamos a una de sus hermanas, en una de las casas de los
aledaños hacia el mar Casi todo está ahora arrendado Le conté a ella
sobre Gunnar y Verner en Färgaryd, de cómo se quedaron con un ternero
El idioma toca mi infancia Me pongo más y más infantil
Hoy es el último día del año después de la muerte de mi madre Encenderemos velas

Todos duermen Todos están como despiertos
en el alba ulterior El paisaje totalmente en calma
Mi madre está muerta hace un año Ahora estoy completamente solo
Mi niño duerme Tú duermes, querida Todos dormirán
Por la mañana encendemos velas en las ventanas y el sol
entre nosotros y el mar Aquí es Ormöga, donde deberíamos haber estado
hace un año Estamos aquí por la segunda vez

Qué veo con mirada de serpiente hacia el mar En mi
autosuficiencia, en mi falta de interés por la vida
ajena La geometría de lo indiferente Aquí está mi torre
enfrentada al mar, después que la anfitriona cerró las otras habitaciones
No invadiré habitaciones ajenas Solamente las mías
Nada puede repetirse La geometría de las alondras es continuamente nueva
Tal vez vayamos a mutuas habitaciones ¿Como en una cámara del Hades?
Estaremos en la indefensión mutua Allí nos encuentra el amor

Mi madre ha entrado en mi silencio, ahora es parte
de él Allí ya no puede molestarme Tampoco es
necesario ahora Ella me toca a través de todas las hojas
En la tarde gris camino hasta el mar
Las agujas colinegras ascienden, vuelan en círculos en torno a mí, llaman
También el zarapito real asciende Hasta el bosquecillo de pinos hacia
el mar una vaca ocre y roja se ha saltado la cerca de piedra Ella
me sigue con la mirada Yo la sigo Frente al mar toco el agua, sigo la costa Busco
manchas de alquitrán en el cabo hacia Kapelludden, mas no encuentro ninguna

El silencio de mi madre respira Estoy en mi aliento La voz
profunda se oye, dentro de mí, en silencio ¿De quién es el turno ahora?
¡Ay! ¡Ay! Los pichones de vencejo vuelan, ya soberbios Respiro
Sexos, animales, seres, sociedades, gentes Así respiran
también dentro de mí No aniquilo a nadie Las voces están en sus
reparticiones, infinitamente sutil No es para aplastar a nadie
Espero el oscuro dolor Que llegará
y penetrará como mi madre Ella llega también como
mujer, y yo descanso en su transparencia
Ella está furiosa de celos, no tolera que yo esté
con ningún otro No hay sueño Estoy con mi amada
Descansamos dentro de las alas desplegadas del sofá de madera
Sobre el prado y el bosque está la luna, algo mayor que una hoz,
creciente Ilumina con luz oro y plata en la noche clara
Todavía junio Más tarde en la noche oigo el canto de la aguja colinegra

Julio A través de la ventana abierta llega el aire del mar
Oigo las alondras, sus pequeños sonidos chillantes Lejos
se oye el zarapito real El duelo por mi madre llegó, sin tiempo, no le importa
al tiempo Vi el tamaño de su sonrisa, cuando no estaba ya
triste La enormidad sin reservas, sólo en existencia
Aquí es Ormöga El dolor no tiene tiempo Tampoco la alegría
El mar brilla a lo lejos En la línea costera se ve la abertura del arroyo

Espero aún la entrada del dolor en lo inmediato, en sus
formas oscuras Veo al ángel de la anunciación en la pila bautismal de Egby
piedra arenosa de Gotlandia, siglo XII Vuela como los pájaros de la muerte
en las imágenes de piedra algunos siglos antes Pero con aureola en torno
a la cabeza, sobre los animales salvajes que protegen a María
Ella descansa en otra escena vendada, a medias sentada
en una cama. José le da algo de beber Nos dirigimos hacia
la pequeña planicie rocosa más allá de Bockberget al Oeste Allí vemos ascender
las grullas
Florece el pampajarillo, blanco, a medias marchito Un pequeño
brote de tomillo lila brilla Sobre una laja de cal oscura una piedra blanca,
una especie de piedra arenosa, cubierta de musgo, hendida Un cráneo
Te estiras en la caliente laja, descansas allí A la distancia
te veo como un animal, verde-y-con-manchas-negras, que no existe
Por la noche volaron los vencejos frente a la luna, casi media llena Una
sola estrella apareció, apenas divisable, en la noche clara

El sonido de lluvia contra el techo También aquí en la torre de la Nada
Gösta Skyle Desde aquí nos iremos directamente a su entierro
Él es el último de los seres de mi infancia Hay en él la misma luminosidad, la misma amabilidad que en mi padre No su dolor
Así no lo había visto nunca antes, en el contraste, en la muerte
Entiendo que mi padre no deseaba ser el que era En Gösta vi
otra sociedad dibujarse En la que nada se vendía Nada se compraba
Veo que mi padre huía del dolor de su madre, su dureza, tiranía
Helgue contó cómo tenía que correr por las noches con la escupidera llena de sangre
Ella prohibió a Gunnar que se casase, luego de su fracaso en Norteamérica
cuando quebró el banco con su dinero ahorrado, y tuvo que volver
a sufrir como peón en su tierra El abuelo le escribió, cuando lo llamaron a servicio
en el verano de 1941, para la cosecha, y él esperaba poder eludir
la guerra Veo frente a mí a los padres de Gösta, August y Selma, Gösta se
parecía a ella, recuerdo el alboroto que armé cuando dije siendo niño:
el tío Svensson es un nazi ¿Quién ha dicho eso? ¿Dónde has oído eso?
Los adultos rodeándome, inquietos Yo no entendía nada de esto
No sé, pero no tengo ninguna razón para creer que era cierto
Era comerciante en especias en Vattugatan, Halmstad, una pequeña tienda
en el sótano de la gran casa de apartamentos, techo de lata curvo sobre la escalera
Sus hijos, Gösta y Helfrid, querían ser artistas; el uno fue profesor
de dibujo,
ella telefonista El otro hijo, Sture, se hizo químico; cuando tenía
nueve o diez años, tal vez once, lo visité en Chemicum en Lund
Todo esto vi ¡Ay! ¡Ay! Nada de todo Todo de nada

La torre de la Nada se vacía Allí está el halcón blanco
sacudiendo las alas sobre el arenal Salgo al sol
miro los heliantemos en la hierba, el tulostoma niveum y la
listera ovata Escucho las alondras, y lejos la aguja colinegra
Anoche, de visita en casa de amigos, escuché al chotacabras
Anduvimos sobre la Caliza bajo la luna Luego hacia el norte, bajo
nubes oscuras, en la lluvia Aquí duermen todos los pájaros
Los vencejos duermen bajo los aleros, con sus largos,
delgados cuerpos Nosotros dormimos el uno junto al otro He bebido vino
Tú no, porque conducías Se vacía esta torre Otras vendrán
Más finas, con sus raíces penetrando profundamente la tierra
El agua penetra las lajas de cal Allí encuentro la lluvia
Oí al chotacabras hace 16 años en el mismo lugar Somos más viejos

Veo un sexo de mujer, luminoso, erguido, un delgado mandala
Yo paso por él Penetro su oscuridad En violento vaciado
Veo el rostro de la Historia Los lobos se metían en París, por
la brecha en el muro ¡Ay! ¡Ay! Allí estaremos juntos
El mar me ve, con su mirada horizontal A la altura de los ojos
Ayer fui al mar maternal, también aquí Allí están ahora todos los seres

Todos los que se miran El zorro, el gato Las vacas a lo lejos
Al amanecer fluye la mosca como una gota de sudor sobre la frente No
duerme Los vencejos han pasado destellando Todos duermen

Aquí es Ormöga Aquí todo es extraño Aquí casi
no estamos Aquí está el horizonte marino verde oscuro Todas las plantas
Todos los pájaros Ayer vi el pichón de alondra en el nido justo encima
de la ventana del comedor En el prado costero está el pichón de zarapito real,
mientras el padre
volaba en círculos sobre él; más pequeño, pico más tierno, el mismo chillido, aunque
más tenue,
Caminé por última vez hasta el mar, solo Agua por todos lados, luego
de la lluvia El mar estaba en calma; oí su voz, calma
También esto es ahora el mar de mi madre Aunque ella no pudo nunca llegar hasta
aquí
Lo escuché Este es un regreso Aquí todo es extraño
Aquí está el halcón azul La agachona despierta
Por la noche veo la luna bajar, naranja entre las nubes Total
soledad; total silencio Mientras todos duermen Al alba nos despierta la mosca

¡Ay! ¡Ay! El dolor ausente por todos lados, en su más extrema presencia
Se oyó el cuclillo, lejano Los vencejos están en su geometría, dinámica
Nos despedimos de los amigos, hablamos en la penumbra, luego de una visita al
cabo Los primeros pájaros migratorios se reúnen, playeros dorso rojo, dice el
ornitólogo recién instalado en la casa de al lado
Mañana entierran a Gösta Skyle en Söndrum en las afueras de Halmstad Allí estaremos


(Tomado de DISPARATES, selección de OCEANEN (EL OCÉANO), poemas de Göran Sonnevi en versión española de Roberto Mascaró, Editorial del Gabo, El Salvador, 2014).



cleardot

El océano de los DISPARATES según Göran Sonnevi


DISPARATES -con una clara referencia a la obra de Goya- es el subtítulo, en español y en mayúsculas en el original, de este voluminoso libro de poemas de más de 400 páginas, OCEANEN, editado en Estocolmo en lengua sueca. De él hemos extraído la siguiente selección.

Göran Sonnevi (Lund, Suecia, 1939) vuelve en este libro a sus viejos temas y presenta otros nuevos, a manera de un noticiero global actualizado en el S XXI, pero que también incluye poemas de la década de los 70.

El destino humano en la sociedad sueca postindustrial, la Revolución socialista tantas veces frustrada y postergada, la búsqueda de la convivencia pacífica entre humanos, animales, minerales y plantas, todo ello frente all poder avasallador de un imperio ultracapitalista que ya resulta ubicuo e imprevisible y del que ha pasado a formar parte también Suecia, país que una vez fuera “neutral” y “pacífico” y que hoy ya es colaborador silencioso y voluntario de la OTAN y otros cuerpos policiales del mundo globalizado, cooperando activamente con el espionaje mundial que el ubicuo imperio ejerce sobre las personas y las cosas y enviando tropas mercenarias a ocupar distintos países.

He aquí el OCÉANO (el título del original sueco es OCEANEN), el mismo que cantasen Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé,Vicente Huidobro, St John-Perse, Michelet, Tranströmer e infinidad de poetas de nuestros Archipiélagos.

Todo esto pasa por la cabeza y se expresa en la pluma de Sonnevi, y en el trasfondo se suceden las visitas al archipiélago de Gotemburgo, donde el escritor plasma su diario veraniego. Él mismo, siempre escribiendo en primera persona, es uno de los personajes del drama. Allí brota el texto, poemas breves y poemas largos, poesía amorosa y poesía política, acompañada de un exquisito catálogo de la flora y la fauna de esa región. Allí Göran se presenta de cuerpo entero y cara a cara con la Aldea Global. Con lo fragmentario, con las esquirlas de los siglos, el poeta renueva su discurso.

Y el amor, siempre vivo en el texto de Sonnevi, que homenajea la presencia de sus amigos vivos y muertos. Ese amor que Karl Marx señalara como el protagonista del comunismo (primitivo) es para Sonnevi la misma clave de la solidaridad humana.

Esta selección, que reúne algunos poemas OCEANEN/ DISPARATES, pretende acercar al lector español y latinoamericano a esta poesía hasta hoy desconocida por nuestras latitudes.

Si algo del espíritu poético de Sonnevi se refleja en estas versiones, la misión del traductor/intérprete, que no es otra que la de recuperar y transmitir en nuestra lengua lo que ha sido escrito en otra, esa misión estará cumplida. (R.M.)

Roberto Mascaró (Montevideo, Uruguay, 1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.

lunes, 18 de enero de 2016

TOMAS TRANSTRÖMER: Diez poemas







TOMAS TRANSTRÖMER (Suecia, 1931-2015)























EL CIELO A MEDIO HACER



El desaliento interrumpe su curso.
La angustia interrumpe su curso.
El buitre interrumpe su vuelo.

Tenaz,  la luz se derrama;
hasta los fantasmas se toman un trago.

Y nuestros cuadros se hacen visibles,
animales rojos de ateliés de la Época Glaciar.

Todo comienza a girar.
Centenares los que andamos al sol.

Cada persona es una puerta entreabierta
que lleva a una habitación para todos.

La tierra infinita bajo nosotros.

El agua brilla entre los árboles.

La laguna es una ventana a la tierra.

                                                     

                                                         (de El cielo a medio hacer)


La casa del dolor de cabeza


Me desperté en el mismo centro del dolor de cabeza. El dolor de cabeza es el lugar donde debo permanecer y por esto me he quedado sin recursos para pagar alquiler en ningún otro lado. Me duele tanto el cabello que se me está volviendo canoso. Duele dentro del nudo gordiano, el cerebro, eso que desea tántas cosas, en diferentes direcciones. El dolor es una medialuna que cuelga medio dormida en el cielo celeste, el color desaparece del rostro, la nariz señala hacia abajo, toda la vara del zahorí se tuerce hacia abajo, hacia la corriente subterránea: el dolor. Me he mudado a una casa que fue construida en lugar erróneo, hay un polo magnético casi debajo de la cama, casi bajo la almohada y cuando el tiempo cambió, encima de la cama, hubo un corto circuito. Una vez tras otra intento imaginarme que un enorme cascanueces pellizca con un agarrón milagroso las vértebras del cuello, algo que de una vez para siempre enderezará la vida. A propósito, no sólo hay dolor en mi cabeza privada. El mal se relaciona, entre otras cosas, con las negociaciones de paz en París que se han “malogrado” y la expresión “malogrado” se proyecta en la pantalla de aquí dentro. También duele porque las cartas quedan sin responder, porque ayer estaba enojado, porque uno derriba la vieja y fea casa para construir una más fea aún. Pero la casa del Dolor de Cabeza no está madura para ser eliminada. Antes tendré que vivir allí una hora, dos horas, medio día. Antes dije que era un lugar, luego he cambiado diciendo que es una casa, pero la pregunta es si no será una ciudad entera. El tráfico se desliza implacablemente lento. Los diarios aparecen. Suena un teléfono .

                                                                                                                        (inédito en libro)


Epílogo


Diciembre. Suecia es una extenuada
barca en tierra. Sus ásperos mástiles,
contra el cielo de anochecer.
Y el anochecer dura más
que el día -el camino que conduce hasta aquí es pedregoso:
recién a la hora de la cena llega la luz
y el coliseo del invierno se levanta,
iluminado desde nubes irreales. Entonces sube
de pronto el humo blanco, vertiginoso
de los pueblos. Las nubes están infinitamente altas.
En las raíces del árbol del cielo hurga el mar,
distraído, como escuchando algo.
(Invisible pasa un pájaro sobre la parte oscura,
retraída del alma, despierta
a los durmientes con sus trinos. Así gira
el refractor, atrapa otra época
y ya es verano: muge la montaña, hinchada
de luz y el arroyo levanta el brillo del sol
en mano transparente… Luego, todo se esfuma
como en la oscuridad se corta película.)

Ahora la estrella de la tarde quema la nube.
Árboles, patios traseros y casas se amplían, crecen
en la avalancha silenciosa de la noche que cae.
Y bajo la estrella se revela más y más
el otro, el oculto paisaje que vive
como silueta en la placa radiográfica de la noche.
Una sombra lleva su trineo entre las casas.
Ellas esperan.



                 A las 18.00 llega el viento
y galopa ruidoso en la penumbra
de la calle del pueblo, como una caballería. ¡Cómo
la negra inquietud actúa y se desvanece!
En danza inmóvil están las casas presas,
en este zumbido que se parece al sueño. Uno y otro  
golpe de viento vagan sobre la bahía, lejos,
hacia el mar abierto que se arroja en la noche.
Flamean las estrellas desesperadas en el espacio.
Las encienden y apagan nubes que van volando;
sólo cuando anochece la luz elimina
su existencia, como las nubes del pasado
que andan cazando en las almas. Cuando paso frente
a la pared del establo, se oye el estruendo
de las coces del caballo enfermo que está adentro.
Y es la partida en la tormenta, junto        
a una reja que golpea y golpea, un farol
que surge de una mano, una animal que cacarea
de terror en el monte. La partida, cuando truena
como la tempestad sobre los techos de los establos, bordonea
en los hilos telefónicos, silba estridente
en las tejas del techo nocturno
y el árbol desamparado extiende sus ramas.
¡ Un tono de gaitas se libera!
Un tono de gaitas que avanzan desfilando,
liberadoras. Una procesión. ¡Un bosque en marcha!
Chorrean en torno a una proa y la oscuridad se mueve
y tierra y agua se transportan. Y los muertos,
los que se fueron bajo cubierta, van con nosotros,
con nosotros, en marcha: un viaje por mar, una travesía
que no es caza, sino amparo.

Y el mundo rasga todo el tiempo su carpa
de nuevo. Un día de verano el viento toma
la jarcia de la lancha y arroja la Tierra hacia delante.
Rema el nenúfar con su pata de rana oculta
en el vientre oscuro de la laguna que huye.
Rueda lejos un bólido en las salas del espacio.
En el anochecer de verano se ven las islas elevarse
en el horizonte. Viejos pueblos van
en camino, se internan en los bosques más y más,
en la rueda de las estaciones, con el rechinar de la urrraca.
Cuando el invierno arroja de sí sus botas,
y el sol tañe más alto, los árboles se cubren de hojas
y se llenan de viento y navegan en libertad.
Junto al pie del monte está el declive del bosque de pinos,
pero viene la ola larga y tibia del verano,
pasa lentamente entre los topes de los árboles, descansa
un instante y se hunde otra vez:
queda una costa deshojada. Y por fin:
el espíritu de Dios es como el Nilo: se desborda
y se hunde a un ritmo que ha sido calculado
en textos surgidos en distintas épocas.
Pero también él es inmutable
y por eso rara vez se lo ve por aquí.
Él cruza la procesión desde el costado.

Como el navío pasa entre la bruma
sin que la bruma nada perciba. Silencio.
La débil luz de la linterna es la señal.

                                                             (de 17 poemas)


El sueño de Balakirev
            (1905)


El piano de cola negro, la araña brillante,
temblorosa estaba en el medio de su red de música.


En la sala de conciertos fue tocado un país
donde las piedras eran livianas como rocío.


Pero Balakirev se durmió con esta música
y soñó con el carruaje del Zar.


Avanzaba rodando sobre los guijarros
derecho hacia la oscuridad graznando como cuervo.


Él mismo estaba solo, sentado, veía desde el carruaje
pero también corría por el mismo camino.


Sabía que el viaje había sido largo
y su reloj medía años, no horas.


Había un campo en que yacía el arado
y el arado era un pájaro caído.


Había una bahía donde estaba el barco
congelado, apagado, con gente en la cubierta.


El carruaje se deslizaba sobre el hielo y las ruedas
zumbaban y zumbaban con sonido de seda.


Un pequeño navío de guerra: “Sevastopol”.
Él estaba a bordo. Se acercó la tripulación.


Te salvarás de morir si es que sabes tocar.”
Le mostraron un extraño instrumento.


Parecía una tuba o un fonógrafo,
o parte de una desconocida maquinaria.


Paralizado y desamparado comprendió: era
el instrumento que dirigía el navío.


Se volvió hacia el marino más cercano,
ansioso, gesticulando, con la mano pidió:


¡Haced la señal de la cruz como yo, haced la señal!”
El marino lo miró triste como un ciego,


estiró los brazos, hundiendo la cabeza:
estaba como clavado en el aire.


Sonaron los tambores. Sonaron los tambores. ¡Aplausos!
Balakirev se despertó de su sueño.


Tableteaban las alas de los aplausos en la sala.
Vio levantarse al hombre del piano de cola.



Afuera, las calles oscurecidas por la huelga.
Rápidos pasaban los carruajes en la oscuridad.


(MILIJ BALAKIREV
COMPOSITOR RUSO, 1837-1910)


                                                                        
                                                              (de Secretos en el camino)



La ventana abierta


Parado frente a la ventana abierta,
en un primer piso,
me estaba afeitando una mañana.
Encendí la afeitadora.
Comenzó a zumbar.
Zumbaba más y más.
Creció hasta el estruendo.
Creció hasta ser un helicóptero
y una voz –la del piloto- penetró
a través del estruendo; gritaba:
¡Mantén la vista alerta!
Es la última vez que ves esto.”
Nos elevamos.
Volamos bajo sobre el verano.
¿Importa saber cómo me gustaba todo esto?
Docenas de dialectos en verde.
Y en especial el rojo de las casas de madera.
Los escarabajos brillaban en el barro, al sol.
Sótanos arrancados por las raíces
llegaban por el aire.
Actividad.
Las prensas se arrastraban.
En ese momento la gente
era lo único que estaba quieto.
Guardaban un minuto de silencio.
Y especialmente los muertos del cementerio rural
estaban quietos
como cuando posábamos para las fotos infantiles.
¡Vuela bajo!
No supe adónde volvía yo
mi cabeza:
con visión dividida
como un caballo.

                                            (de Ver en la oscuridad)



Para amigos tras una frontera
                                      

Fui tan parco en mi carta. Pero lo que no pude escribir
se hinchó e hinchó como un antiguo zepelín
y se perdió al fin por el cielo nocturno.


                                         II

Ahora el censor tiene la carta. Enciende su lámpara.
En el resplandor vuelan mis palabras como monos en una reja,
se sacuden, se aquietan y  ¡muestran los dientes!


                                         III

Leed entre líneas. Nos encontraremos en 200 años
cuando estén olvidados los micrófonos de hotel
y podamos dormir al fin, hacernos ortoceratitas.



                                                                                                    (de Senderos)


Boceto en octubre


El remolcador, pecoso de herrumbre. ¿Qué hace tierra adentro?
Es una pesada lámpara, apagada en el frío.
Pero los árboles tienen colores salvajes. ¡Señales hacia la otra costa!
Como si algunos pidieran que los recojan.



Camino a casa veo los hongos surgir en la gramilla.
Son dedos que piden ayuda, dedos de uno
que para sí mismo sollozó largo tiempo, en la oscuridad de abajo.
Pertenecemos a la Tierra.


                                                                                          (de Senderos)


La parroquia dispersa


                 I

Acordamos mostrar nuestras viviendas.
El visitante pensó: son buenas viviendas.
La villa miseria está dentro de ustedes.


                  II

Dentro de la iglesia: bóvedas y columnas
blancos como yeso, como venda de yeso
en torno a los brazos rotos del trono.


                  III

Dentro de la iglesia está el cuenco del mendigo
que se levanta a sí mismo del piso
y camina a lo largo de las hileras de bancos.


                  IV

Pero las campanas de la iglesia tienen que ocultarse bajo tierra.
Cuelgan en los túneles de las cloacas.
Repican bajo nuestros pasos.


                   V

El sonámbulo Nicodemus en camino
a la Dirección. ¿Quién tiene la dirección?
No sé. Pero hacia ella vamos.


                                                                                          (de Senderos)


Mayo tardío


Manzanos y cerezos en flor ayudan a los lugares a deslizarse
con salvavidas blanco; en la bella, sucia noche de mayo, los pensamientos se abren.
Hierba y malahierba dan silenciosos, tercos golpes de ala.
Brilla el buzón en calma; lo escrito no se puede retirar.



Viento algo frío pasa por la camisa y busca el corazón.
Manzanos y cerezos, de Salomón en silencio se ríen,
florecen en mi túnel. Los necesito
no para olvidar sino para recordar.


                                                                                (de Senderos)



Versiones de Roberto Mascaró