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lunes, 5 de diciembre de 2011

Víctor Manuel Pinto: Mecánica.

Víctor Manuel Pinto




























Desde una ventana del taller
las manos forjaban tiempos mejores

la ciudad
las calles crecen
y el trabajo se hace más
y menos a los hijos
que también saben hacer tamaño

ahora grita sin necesidad
patea las herramientas
fuma en el baño

sabe que llueve por dentro
y le será difícil aflojar esa tuerca

si se pasa mucho entre motores
y piezas de hierro
el corazón puede tomar esa forma



        ***



Bajo el motor
la boca de la lámpara
era la única luz en el barrio

yo bajaba su vianda
aquellos días en que se reparaba
y él comía con noche en los dedos
diciéndome que tuviera otro oficio

con el tiempo
no tuvo lo que añoró
carros que curaron sus manos
romance con alguna mujer
de los sucios afiches del baño

allí termina sus tardes
endureciendo los brazos
con giros de llaves

ya no le cura bar
ni pubis de esposa

de tanto darse vuelta
perdió la rosca que lo apretaba a la casa




Víctor Manuel Pinto (Valencia, Venezuela, 1982) Poeta, Licenciado en Educación, Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo, donde cursa un Doctorado en Ciencias Sociales, Mención Estudios Culturales. Trabaja en el Dpto. de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, donde dirige la revista POESÍA y es Coordinador del Encuentro Internacional POESÍA Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: Aldabadas (2005) Mecánica (2007) y Caravana (2010). Ha obtenidos varios premios nacionales e internacionales por su trabajo poético. Poemas suyos han sido traducidos al árabe, inglés, portugués, e italiano. 





viernes, 21 de enero de 2011

Víctor Manuel Pinto: Poemas.

Víctor Manuel Pinto (foto Lyerka Bonanno)




















ONÁN

Se reduce la vida de un hombre
al pasar de la luz sobre la tierra,
y no le avergüenza dormir,
y ocupar su tiempo bostezando.

Un pájaro que come las semillas
y lleva dentro de sí en el aire
la forma en movimiento de un árbol.
Es el goce de alma que padezco.

Andar entre los cerdos sin subir
la cabeza, saber que estoy vivo
a causa del hambre, la sed y el sueño.

Hombre, a esto se reduce tu vida;
y engordas con tu leche a la muerte
en los cuartos, los baños y las manos.


OFRENDA

Los peces de la multiplicación
no conocieron los mares,
bajaron de la mano de Dios a la muerte.

Quizás al fin soy un prodigio
y abro la boca en sueños
respirando el mundo que no conocí

y  hablo como los que hablan bajo el agua
y la noche es una placenta
y pienso en mis padres
sobar la cubierta de mi nado.

Un milagro no se huele los sudores,
ni abre y cierra todo el día la boca,
las puertas, bosteza y se va.

Sin embargo sé de mí la pureza de la carne.

Alimenta al Demonio conmigo Señor,
para que no engorde.


LA CARTA DE JUDAS

Amor, debo entregar la ternura
que calmó el estrago que sufrí.
El pan que mordían los hombres
y la muerte se iba a las esquinas. 

Juro que todo el amor estuvo
en mis besos ¿viste que temblaba?
Hoy seré la fruta, el refugio 
para las moscas, un olor duro

en el aire. Que sea el cumplimiento
en mí, y para mí, amor, te ruego
unjas mi cadáver con aceites

y quémalo; mírame alumbrar la
tierra, como si tu cruz viviera
en donde brillan los girasoles.


EXAMEN

Dejar el cuerpo al impulso de los músculos
es una grosería. La piedra
es otra forma del viento
y al golpe del agua brota la transparencia.

Entrar en la ley no es salir de la carne.

Los árboles que forjaron la piedra
escuchan su ajetreo en la espuma,
reflejándose quietos sobre el agua.


APRENDIZ

Quise ser un hombre,
un buen hombre
que entendiera a mi Padre
y su mezclar de tierra
con nuestra carne.

y con mis hermanos fui la obediencia,
serví a los ritos y sacrificios
hasta que vino eso…
¿Cómo era que olían sus escamas?

Y me estiró el cuello con una caricia,
y me convirtió en una garza,
una bella garza
con linaje de las aves del principio.

Y qué desespero hay en todo esto
Padre,
y qué lejos tengo ahora
la cabeza del corazón.


EL MARINERO

                                                 al tío ermitaño
                                                 Jesús María Peña

El brazo con el tatuaje del ancla
me cuelga de la camilla.

¿Quiénes son estos?
Miden la luz de mi orina contra la del sol.

¿Por qué meten tanta agua a mis brazos?
Quieren hacerme lluvia
y que me vaya gastando
hasta dejarlos sin mi sombra.

Hoy caminé mucho la montaña,
había un mundo bajo las piedras
y me llamaron:
Jesús

Cuando esté en el astillero
y busque el viento hacia mi nombre
pónganme un mástil de Cristo.

Dios no se quiebra
y así no vuelvo.


REVERENCIA

Dame, rey de las piedras,
sólo una para cantear mi casa.

Sólo una vena
señor de los ríos,
para arrugarnos de hacer presente
el verbo de la ley.

Dame, padre de la mansedumbre,
tres sogas para amarrar
a mis animales de cuerno.

Tú, soberano de todo,
dame tan sólo un árbol,
una mesa, pan y agua.

Ella es la fruta, la carne y el vino.


REFUGIO

Debo acompañar
la parte de mí que se acobarda.
Ajustar la columna
y que los nervios del cuerpo
se orienten hacia los árboles.

Me cubro con una manta
y sigo el camino de los miedosos.
Entre ellos despierto tranquilo.

No con la vergüenza
de haber danzado bajo la luna
al aplauso de los hombres


MADUREZ

Un árbol es sobre la tierra.

En su ir ni siquiera va
y la paciencia colorea
la redondez del fruto

y al viento
suelta lo suyo
que le nombra. 

Un árbol sabe que todo
vendrá a sí por la tierra

y cambiará su corteza
y el color en las hojas.



Víctor Manuel Pinto (Valencia, Venezuela, 1982) Poeta, Licenciado en Educación, Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo, donde cursa un Doctorado en Ciencias Sociales, Mención Estudios Culturales. Trabaja en el Dpto. de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, donde dirige la revista POESÍA y es Coordinador del Encuentro Internacional POESÍA Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: Aldabadas (2005) Mecánica (2007) y Caravana (2010). Ha obtenidos varios premios nacionales e internacionales por su trabajo poético. Poemas suyos han sido traducidos al árabe, inglés, portugués, e italiano.