sábado, 25 de septiembre de 2010

Günter Kunert: El viejo habla con el alma.


    
Günter Kunert. Traducción Jorge R. Sagastume- Michael Augustin

EL VIEJO[i]
recuerda:
una vez me senté
en un banco, al borde de un lago.
Crepúsculo. Una suave brisa
nocturna. Mi príncipe
atravesó estas aguas
alguna vez; el temido rey, el
caudillo, triste y
solitario. ¿Qué habrá sido de mis
galgos? ¿Y de mis cajas de rapé
y otras preciadas
pertenencias? ¿Y de Prusia?
¿Y de Silesia? Y de Potsdam?
Las olas retroceden, la historia
también se detiene, un silencio
circunda, como bien lo sabes. Sólo
las miradas de los cuerpos vivientes
saben más acerca de la historia
sin límites
de lo por venir.


DER ALTE MANN
erinnert sich: Auf einer Bank
gesessen. An einem See.
Sonnenuntergang. Leichte Brise
zur Nacht. Mein Prinz
glitt einst über das Wasser,
der fürchterliche König, der
Kriegsherr, unselig und
einsam. Was wurde aus meinen
Windspielen? Aus meinen
Schnupftabaksdosen und anderen
Preziosen? Aus Preußen?
Aus Schlesien? Aus Potsdam?
Die Wellen verebben, die Historie
steht ebenso still, ein Schweigen
rundum, wie du weißt. Nur
die Blicke aus lebenden Leibern
wissen mehr von einer
unabsehbaren Geschichte
fernerhin.


EL VIEJO
nota: tiene
un doble. Y
otro. Y muchos
más. Sólo tristes
imitaciones. Como
si un espíritu maligno quisiera engañarme.
Donde quiera que vaya, ellos siempre
van por delante de mí, rengueando
gimiendo y gruñendo,
obsesionados y
amargados. Copias del yo original,
defendiéndose con un enclenque
saludo, indefensos contra
el subterfugio del
desalmado calendario. 


DER ALTE MANN
bemerkt: Er hat
einen Doppelgänger. Und noch
einen zweiten. Und noch
andere. Lauter triste
Imitationen. Als wolle
ein böser Geist mich narren.
Wo ich auch hinkomme, immer
sind sie schon da, humpelnd
und hinkend, jammernd und
ächzend, verbittert
und verbohrt. Kopien des originalen
Ichs, abgewehrt mit einem matten
Gruß, hilflos gegenüber
der Verschwörung des
erbarmungslosen Kalendariums.


EL VIEJO
deja que el globo terráqueo rote.
El planeta está hecho de cartón,
lo he sabido desde siempre. Polvoriento
e infestado de alimañas; pero bonitamente
coloreado. El globo se detiene lentamente.
Allí – allí hay una mancha blanca, hacia ella
me siento atraído, hacia el domicilio de lo
desconocido, donde en contraste
con la inconsolable significancia
la insignificancia ofrece consuelo.  


DER ALTE MANN
läßt den Globus rotieren.
Der Planet ist aus Pappe, das
wußte ich längst. Verstaubt und
befallen von Ungeziefer, dennoch
hübsch bunt. Sacht endet die Drehung.
Da – da ist ein weißer Fleck, dorthin
zieht es mich. Ins Domizil
des Unbekannten, wo als Kontrast
zur trostlosen Wichtigkeit
die Nichtigkeit Trost offeriert.


EL VIEJO
se ha vuelto olvidadizo.
Y escribe en un papelito:
“¡A partir de mañana, práctica de memoria!”
sólo para buscar el papelito
en vano.


DER ALTE MANN
ist vergeßlich geworden.
Und schreibt auf einen Zettel:
“Ab morgen Gedächtnistraining!
um danach den Zettel
vergeblich zu suchen.


[i] Federico II “El Grande”, rey de Prusia (1712-1786)

Günter Kunert (Berlín, Alemania, 1929).  Poeta, novelista, guionista de televisión y crítico.Estudió en la Academia de Artes Aplicadas entre los años 1946 y 1949. En 1948 se une al Partido de Unidad Socialista (SED), Alemania Oriental, pero en 1976, al firmar una petición a favor de Wolf Biermann, a quien el gobierno le había quitado el derecho a la ciudadanía, fue expulsado del SED. En 1979 Kunert emigró a  la República Democrática Alemana. Es reconocido en la actualidad como uno de los escritores más representativos de la lengua germana.




Pearse Hutchinson: Distorsiones.




Pearse Hutchinson.Traducción Jorge R. Sagastume

  
 Look, No Hands

For Ernie Hughes
                       
                        Lengua sin manos, cuemo osas fablar?
                                                           - Poema del Cid

I blame old women for buying paper roses,
yet pluck a dandelion: by the time
it reaches my lapel it’s turned to paper.

I hate winter, and blame drinkers
for hiding in dark pubs when the sun shines outside,
and could be enjoyed at sidewalk tables;
yet every time I visit a crowded beach
I bring a sun-ray lamp along.

I praise trust above all,
yet cannot let a friend post a letter
in case he might stop on the way for a drink.

I admire a stone for its hardness,
resembling it only in barrenness;
admire a butterfly’s brightness,
resembling it only in brittleness.

I like speed, summer, the country roads,
but never could master a bike.
Believing in God because of the need to praise –
though fear alone, so far, makes me long to pray –
if granted another hundred years
I might learn
                        how to say prayers.


Mira, sin manos

Para Ernie Hughes
                       
                        Lengua sin manos, cuemo osas fablar?
                                                           - Poema del Cid

Me molesto con las ancianas porque compran rosas de papel,
sin embargo arranco un diente de león: para cuando
llega a mi solapa se ha vuelto de papel.

Odio el invierno, y me molesto con los bebedores
por esconderse en bares oscuros cuando el sol brilla afuera,
y podrían disfrutarlo en las mesas de la vereda;
sin embargo cada vez que voy a una playa abarrotada
llevo conmigo pantalla protectora contra los rayos solares.

Por sobre todo la confianza considero motivo de elogio,
pero no permito que un amigo despache una carta por mí
por si acaso se detenga en un bar de paso para beberse un trago.

Admiro la piedra por su rigidez,
pareciéndome a ella sólo en su esterilidad
admiro la mariposa por su brillantez,
pareciéndome a ella sólo en su fragilidad.

Me gusta la velocidad, el verano, los caminos rurales,
pero nunca pude lograr andar muy bien en bicicleta.
Me gusta creer en Dios por la necesidad de alabar –
no obstante tan sólo el temor, hasta ahora, hace que desee orar –
si se me permitiera vivir cien años más
quizá aprendería
                            a orar. 


Stephen’s Green

A man walked past me in Stephen’s Green,
amazing how like me he was:
just the same height, the same build,
wearing, like me, a grey-green gabardine,
wearing, like me, glasses,
bearing, like me, books,
his lower lip, like mine, large –
and there’s the difference:
I reckon his might be firm,
not loose like mine.
For he’s what is called black,
And I’m – take a look in that mirror –
what is often called white.
How long can he like this burg
where the glic may call you
‘pathological’
for challenging words like
‘nigger’?

Or should we wear yellow this winter? 


Stephen’s Green

Un hombre pasó a mi lado en Stephen’s Green,
sorprendente cuán parecido a mí era:
la misma estatura, la misma complexión,
llevaba, como yo, una gabardina verde grisácea,
llevaba, como yo, anteojos,
cargaba, como yo, libros,
su labio inferior, como el mío, era grueso –
y he aquí la diferencia:
estimo que su voluntad es firme,
no floja como la mía.
Porque él es lo que se denomina negro,
y yo soy – observa ese espejo –
lo que a menudo se denomina blanco.
¿Por cuánto tiempo podrá gustarle este término
donde el inteligente puede llamarte
‘patológico’
por desafiar palabras como
‘negro’ dichas en forma peyorativa?

¿O deberíamos llevar amarillo este invierno? 


Distortions

What a surprise you got –
ageing yourself and using
sexagenarians calmly
as mirrors
not really distorting
but merely prophetic
and so much more reliable
than the glass in the bathroom
that gets the sun in the morning
or the one in the hall
that never gets any at all –
What a surprise you got
when one reliable mirror,
who knew himself 60 not 40
so could not need you as a mirror,
thought you were flesh not glass
human not mineral
and therefore unbreakable,
and not recognizing
himself as a mirror
in your extravagant sense
proceeded to treat you
like a toy, like a brother,
and though you were flesh not glass
you broke, and bled,
not sand or calcium either
nor dull red lead –
so how surprised you felt
assembling yourself on the pavement
flesh not glass
watching his creased nape
moving away, calmly,
as if it had never seen
itself in a flower, a child,
or another old man.

Distorsiones

Qué sorpresa te llevaste –
mientras envejecías y usabas
tan tranquilamente a sexagenarios
como si fuesen espejos
que en realidad no distorsionan
sino que son simplemente proféticos
y tanto más confiables
que el vidrio del baño
que recibe el sol de la mañana
o el del vestíbulo
que no lo recibe jamás –
Qué sorpresa te llevaste
cuando un confiable espejo,
que se sabía 60 y no 40
de modo que no te necesitaba a ti
como espejo, pensó que eras carne
y no vidrio, humano y no mineral
y por tanto irrompible,
y sin verse a sí mismo como espejo,
a tu extravagante manera de ver las cosas
comenzó a tratarte
como un juguete, como a un hermano,
y aunque tú eras carne y no vidrio,
te rompiste, y sangraste,
no arena, tampoco calcio
tampoco pálido plomo rojo –
de modo que, cuán grande fue
tu sorpresa, al rearmarte sobre
el pavimento, carne y no vidrio
al observar cómo su erguida nuca
se desviaba, con calma,
como si jamás se hubiese visto
reflejado en una flor, en un niño,
o en otro anciano. 

 Slave-Chains

for Francis Devine

How many slaves ever begged the conqueror:
   make me less human –
though many after a time can learn to ask:
   make me less than human
and in the end oppressor and oppressed
   may come to screeching at each other
     dumbly beseeching one another:
   make me less human –
     scatophagous collaborators
rebel and hireling swap their quisling roles
   gunman and gunfodder swapping
trying to reach and breach one another
   retching at last the answer
     to this mad maiden’s prayer:
   my chains of evil office 
     are far too light:
       enslave me deeper still.

How many slaves or freemen ever begged:
   come and oppress me –
though might may beg the bodies it kneels on:
   make me less.

Cadenas de esclavitud

para Francis Devine

Cuántos esclavos alguna vez le habrán implorado al conquistador:
   haz que me sienta menos humano –
a pesar de que muchos después de un tiempo pueden aprender a pedir:
   haz que me sienta menos que humano
y al fin opresor y oprimido
   pueden llegar a gritarse el uno al otro
     mudamente implorándose el uno al otro:
   haz que me sienta menos humano –
     colaboradores escatófagos
rebelde y empleaducho intercambian sus papeles de traidores
   pistolero y conscripto intercambiándose entre sí
tratando de alcanzarse y violarse el uno al otro
   hasta vomitar al final la respuesta
     a la oración de la doncella demente:
   las cadenas de mi maléfico cargo
     son demasiado livianas:
        esclavízame más aún.

Cuántos esclavos u hombres libres alguna vez habrán implorado:
    ven y oprímeme –
pero el poder puede rogarle a los cuerpos que pisotea:
   hazme menos.

Pucherrima Paradigmata

¡The sopranos are hard men’:
proclaimed in large white
block letters
on a Harcourt St pavement
in the mid-forties:
it lasted for days

In certain dialects of Galician
the word for sister
is the word for brother

‘You know,’
said the Virgin Queen
to the Keeper of the Tower,
‘that I am Richard the Second’

The Irish
for stallion
is feminine

And as Florence Nightingale
wrote to her Queen,
‘I have slept
with some of the finest
women in England.’

Pulcherrima Paradigmata[i]

‘Los sopranos son hombres fuertes’:
se anunciaba en grandes letras blancas
de imprenta
sobre el pavimento en la calle Harcourt
a mediados de los años cuarenta:
permaneció allí durante varios días

En algunos dialectos del gallego
el vocablo que significa hermana
es el vocablo que significa hermano

‘Sabes’
le dijo La Reina Virgen
al Vigilante de la Torre
‘que soy Ricardo Segundo’

En irlandés
semental
es femenino

Y tal como Florence Nightingale
le dijo por escrito a su reina,
‘Yo me he acostado
con algunas de las más finas
mujeres de Inglaterra.’



Pearse Hutchinson. Nació en Glasgow, Escocia, en 1927, de padres irlandeses, se crió en Dublín a partir de 1932 y recibió su educación formal en Synge Street y University College Dublin. Hutchinson.  En 1963 su primer libro de poemas Tongue Without Hands (Lengua sin manos – título tomado de El mío Cid) fue editado por Dolmen Press, en Irlanda. En 1967, después haber vivido diez años en España, regresa a Irlanda, donde se desempeña como poeta y periodista, escribiendo en inglés y en irlandés.

Jorge R. Sagastume (Buenos Aires, Argentina, 1963)  Realizó sus estudios de doctorado en Vanderbilt University, EEUU, con especialización en literatura y filosofía. Es cuentista y crítico literario, y ha publicado tanto sobre autores argentinos como extranjeros, así como en el área de semiótica teatral y teorías de la traducción. En 2004 fundó la revista internacional y multilingüe Sirena: Poetry, Art and Criticism, publicada por la Johns Hopkins University Press. En la actualidad dicta clases de literatura hispanoamericana y estudios latinos en Dickinson College, Pensilvania, EEUU; universidad en la cual también cada año organiza el festival internacional de poesía Semana Poética.  


[i] Pulcherrima Paradigmata significa paradigmas resplandecientes; la frase proviene de Erigena.

Eduardo Cormick: John Daniel Evans pierde un hermano.

Eduardo Cormick



                                                     
  John Daniel Evans cabalga junto a su tío. Van a Carmen de Patagones, a comprar caballos. Es el mes de junio y hace mucho frío. Es el año 1888.
  John no recuerda cuánto frío hacía en Gales. Él tenía  tres años cuando llegó a la desembocadura del río Chubut, entre los más pequeños de los ciento cincuenta y tres  galeses corridos por el hambre, perseguidos por sus ideas, que se montaron en La Mimosa y se fueron a la Patagonia buscando la libertad.
  -- Acá no hay nada; nada más que frío en este desierto – piensa John.  Recuerda que eso es lo que dicen los del gobierno de Buenos Aires, y se siente incómodo con esa reflexión. Así también le llaman ellos en la Colonia, pero reconoce otro énfasis cuando unos y otros llaman desierto a esos campos.
  John aprendió a convivir con el clima, a caminar por los senderos, a descubrir el agua brotando detrás de una piedra, a aceptar los consejos de sus vecinos los tehuelches y a llamarlos hermanos del desierto.
  -- Allá no hace tanto frío – compara John en su pensamiento. – Allá, en el valle, no hace tanto frío.
  Están atravesando la estepa patagónica. Dejaron atrás el valle del río Chubut y cabalgan por la meseta de Somuncurá. Cuando  lleguen al valle del río Negro, Carmen de Patagones estará cerca.
  --Ahí tampoco hará tanto frío -- se consuela.
  John creció en este paisaje, y aprendió a convivir con él. Aprendió a reconocer las señales del clima, las nubes y los vientos, como aprendió a reconocer a los animales de la zona y sus costumbres. Aprendió a vivir y respetar a los hermanos del desierto. Los vio traer a la Colonia la carne de animales que habían cazado, maras, guanacos y choiques; los cueros y las plumas. Los vio agradecer el pan que sus mayores cocían en los hornos de barro.
  -- Bara, bara – los galeses ofrecían su pan recién horneado a los hermanos del desierto como compensación por la carne.
  John vio cuando una mujer de la Colonia  ponía su pequeño hijo en brazos de una mujer tehuelche, y cómo ella lo acunaba como al hijo de una amiga.
  John se hizo amigo de un niño de su edad, un hermano del desierto hijo de una de las mujeres del cacique Wisel. Con él caminó, aprendió cada cosa que había para conocer en este mundo, aprendió a cabalgar y querer a su caballo Malacara. Su hermano del desierto le hizo saber que en el oeste, donde se pone el sol, hay montañas, hay agua abundante y hay oro.
  Con esa enseñanza de su hermano del desierto, John comenzó a conocer cada vez un poco más de esa tierra atravesada por el río Chubut, y el valor de la libertad.
  --¿Dónde estará? – se pregunta John – Hace tanto que no lo veo.
  Pocos años atrás, con poco más de veinte años, John inició con unos amigos una travesía al oeste, el agua abundante y el oro. Pero ese no era el mejor momento. Fueron atacados por hombres del cacique Foyel, perseguidos y acorralados por el ejército de Argentina, enviado para ocupar los territorios que por entonces habitaban los mapuches y los tehuelches.
  Al ocurrir el avance del ejército en la Patagonia, las autoridades de la Colonia habían escrito al Gobierno para rogar por su clemencia y declarar que los tehuelches les dieron  mucha ayuda, que los galeses nunca sintieron temor por su seguridad.
  Pero Foyel y su gente sentían miedo, conocían  la inclemencia del ejército y confundieron al grupo de John con unos espías al servicio de los invasores. Los persiguieron y mataron a casi todos. John pudo escapar con la ayuda de Malacara, y volver a la Colonia.
  Los hermanos del desierto que no morían en combate o que no eran matados en sus poblaciones, eran llevados por el ejército a Valcheta, donde se montó un reformatorio.
  De eso se trata la construcción que John ve crecer a medida que avanza por el camino que está recorriendo con su tío, rumbo a Carmen de Patagones.
  Se trata de un campo cercado con alambre, donde están encerrados los hermanos del desierto, como podría encerrarse una majada.
  John está cada vez más cerca, ve que ellos también se acercan al alambre.    Caminan junto al  cerco de alambre y lo llaman. Presta atención a las palabras de los hombres; usan palabras en galés, y palabras en español; le piden ayuda,  le piden pan:
   -- Bara, chiñor – le dice uno de ellos, que puede tener su misma edad.
   Están cercados por el alambre, y lo llaman. Tienen hambre, y le piden pan. Los guardias están armados y alertas cuando John se aparta del camino que sigue su tío y se acerca a lo que podría ser la entrada de ese encierro.
  Cuando John se acerca todavía más, reconoce a su hermano del desierto, aquel que lo acompañó tantas veces a recorrer los campos, el que le enseñó a descubrir el agua, el que le contó que en el oeste hay oro.
  -- Oiga – le dice al guardia que está en la puerta.
  --Sí – dice el guardia, con desgano.
  -- ¿Por qué tienen a este hombre acá?
  -- ¿A quién? – pregunta el guardia mientras gira su cabeza tratando de hallar uno.
  -- A ese – John señala a su hermano.
  -- Es un indio.
  -- Es mi hermano.
  -- No joda.
  John quiere abrazar a su hermano, quiere llevarlo con él. Ofrece al guardia el dinero que su madre le regaló para que se compre un poncho. El guardia se echa el dinero a la bolsa y le permite entrar. Pero no lo deja salir con el hermano del desierto. John le deja pan a su hermano, un abrazo y la promesa de que volverá a buscarlo.
  John llega a Carmen de Patagones, consigue una orden escrita para liberar a su hermano, vuelve a Valcheta y espera escuchar, mientras cabalga ansioso, la voz de su hermano pidiendo pan.
  -- Bara, chiñor – escucha y busca a su hermano.
  Pero no es su hermano, es otro de ellos pero no quien él busca.
  John tiene el papel en la mano, tiene un caballo ladero para cabalgar, mira al guardia que lo mira y le dice:
 -- No. No está más. Se murió.

Eduardo Cormick  (Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1956).
En 1992 recibió el 2º Premio Iniciación de Novela de la Secretaría de Cultura de la Nación, por su novela “Almacén y Despacho de Bebidas El Alba”.
En 1996 fue premiado en el certamen Joven Literatura, de la Fundación Fortabat.
En 2004 recibió el Premio Edenor-El arte de la novela corta, otorgado por la Fundación El Libro por la novela  “Quema su memoria”, donde el protagonista es Guillermo Brown ya anciano.
En 2006 publicó “Entre gringos y criollos”, relatos ambientados en medio urbano y rural de la provincia de Buenos Aires.  En 2010 publicó “El primer viaje” (novela).