lunes, 3 de enero de 2011

Tatiana Oroño: Poemas.

Tatiana oroño
















***

No conozco el calado.
Ábrese el laberinto silba la entrada. Es aire hambriento.
Tú tienes tus extremos que se nombran “las manos”, “las pupilas”, por ejemplo,
pero asimismo tienes
una ciudad de calles góticas voraces como gárgolas


que te ahuecan los centros
del peñasco
que habitas
y no tocas.
No adivinas.


Y eso es la mujer. Lo que no. La ciudad de cornisas y canales
donde la noche cae como cae la tormenta y derrota
costillares de barcas y de remos y parte

astilla
la piedra sostenida el mentón de las calles que te horadaron túneles
en el zigurat fósil
de las células vivas.



Nada comprenderé.
Nunca seré ladera cima ni pie del monolito el bloque.
Tanto arrimar de todo. Tanta industria y tesón. Tanto apisonar suelo y
pendientes
siempre.

 Y todo para
esto.
Una noche de amor
te arroja a las arterias
desiertas
de la ciudad que pulsa y que tirita
como venecia hundida
con los ojos vendados.


Son vagidos
famélicos
los que arrojan papeles y residuos
a las calles
vacías
largamente empedradas
por sangre adoquinada
a pico
y  cadena perpetua permutada
por
la pena de dar
la forma de ladrillos
al deseo de que todo cantara como acequias o arroyos
en escondidas napas.


****

Piedra de la tarea. Liquidada
la cosa. Arrojada la flecha.
La cosa hecha.
                       
                        El ojo / parpadeo de la vida
encandilado.
Loco.

Los círculos concéntricos. Anillando. Embocando
en el orden: propagación de ondas. Intocable
invisible sorda orquesta de círculos
me abraza.
                        La musiquilla. El ritmo. Esferándome.
Redondeando
la masa
de algo que estaba por hacer. Y ya está hecho.
Rodeándome
adivino, pobrecitas, sus notas.


***

Tomé el último puesto. Quedate, ha dicho
la voz de la experiencia
u otra. Atrás
niños de niebla, a mis espaldas, ciegos    

mortíferos
ángeles. Las cosas

huelen mal.  Lo inerte huele.

Es rincón, percha, entrepaño, tenue película
de cadáveres
bajo el cajón movido. El intersticio el pliegue. Mi casa
de fantasmas, cubilete
que hago sonar. Sonaja. Último puesto. Cada uno

dejó atrás
cosas
que el desuso
violó. Que mancilló el resguardo, el celo de añorarlos.

Es brumoso dictamen. Custodiar despoblados distritos de familia
no es salvación. Es puesto
de frontera. Es tarea compulsiva, tara de poca monta
aliñar los confines
de su bóveda.

Al sonar de la hora
trocarán
en despojos las reliquias. En roedores
los caballos piafantes
sudorosos. Los cuadernos de escuela
en letra cenagosa.




Tatiana Oroño (San José, Uruguay, 1947). Poeta, ensayista, docente.  Obra poética publicada: El alfabeto verde, 1979; Poemas, 1982; Tajos, 1990; Bajamar, 1996; Tout fut ce qui ne fut pas, Ed. bilingüe, 2004 y La piedra nada sabe, Montevideo, 2008. Premio Bartolomé Hidalgo 2009)
Tatiana Oroño , sostiene Luis Bravo: “es una voz referencial en la poesía uruguaya actual. De contención formal, de sensitividad precisa y de intimidad pensante se nutre el cuerpo de su escritura.”



Juan Diego Velásquez: Poemas.


 
Juan Diego Velásquez


 

 

 

 

 

 



1

 El doctor Marx
después de regresar de la biblioteca
con numerosa hojas de anotaciones
saboreó un pedazo de pan con queso
y sé dispuso a la luz de una vela
a redactar la correspondencia al Licenciado Engels:

“Las ideas que se apoderan de nuestra
inteligencia, de nuestra alma, de nuestra
conciencia, son cadenas de las que no es
posible desprenderse sin desgarrarse el
corazón, demonios que sólo pueden vencerse
sometiéndose a ellos.”

Tales palabras han sido tema de polémicas
y algunos llegaron a hacer de ellas
una piedra que quiebra los cristales.
Tan sólo Jenny comprendía y su pezón
recordaba los leves mordiscos que Karl
le brindaba en aquellos momentos cuando los
 sentidos adquirían el valor de sus Teorías.


2.

Se podría decir que el Licenciado Friedrich Engels
era extraño en sus estilos literarios.
En uno de sus escritos abordó la poesía
en tono profético:

               “Un moreno muchachote de Tréveris,
                 un auténtico monstruo, avanza
                 lleno de ira, como si quisiera
                 asir la vasta Luz del cielo
                 y a puño traerla a Tierra. “

Sin embargo los ensayos condensan las fronteras de sus
pupilas:
“Los tejedores que trabajan en sus casas están doblados
 desde la mañana hasta muy tarde la noche, en tanto que
 el calor de la caldera les seca la médula.”

El Doctor Karl Marx
participaba de las opiniones de su entrañable amigo,
quien puntualmente le enviaba el correo
adjuntando una rosa fresca para su amada esposa
Jenny.

En una de las cartas del Doctor  Karl Marx
se lee la siguiente posdata:

“Mi querido Fred: He cogido tu rosa en la oscuridad
y la he esparcido por el cuerpo desnudo de Jenny;
después me he inclinado para identificar con mis labios
su piel entre los pétalos, a la espera de un cálido
gemido que aprueba mi acierto.”

3.
¿De quién heredó el maestro
Vladimir Ilich Lenin
la emoción del verso y qué lo llevó a escribir
el extenso poema,  “Desde el destierro”?

La Historia señala que muchos de sus lectores
luchaban entre la nieve por un pedazo de pan
y las tropas zaristas con sus sables manchaban
de púrpura carmín, púrpura escarlata y púrpura violeta
el blanco paisaje ruso.

De donde se deduce que cuando
Vladimir Ilich Lenin
-maestro del pueblo-
escribía:
             “La flor de la libertad quebrada y deshonrada
               ha sido pisoteada y muerta está por siempre.
                    Los oscuros se fascinan con el Mundo en Tinieblas,                   
               pero en la tierra natal el fruto de esta flor
               ya espera en el subsuelo.”

Lo hacía inspirado en sus lecturas de los grandes guías

proletarios.
Por tanto recurre a la metáfora e incita al pueblo
a tomar las armas y exterminar al Emperador con sus
verdugos.

Es de suponer además que Vladimir Ilich Lenin
líder del Movimiento Bolchevique
tenía en esos momentos poco tiempo para dedicarse
a la intimidad:
por eso su poesía encierra el testimonio
de su acción.

¿De quién heredó
Vladimir Ilich Lenin
la emoción del Verso?

Los soldados apoyados en las tesis del Camarada
Lenin
escribían desde sus trincheras:

  “Amada: La nieve se siente en los huesos, por eso me
    aferro más al fusil. Para derretir este frío y volver
    a tu vientre a recoger otro olor que no sea el de la
    pólvora.”

4.
Nadezha Krúpskaya
llevaba tres días consecutivos
bajo la mirada oficial del Camarada Lenin
Vladimir Ilich Lenin
llevaba tres días consecutivos
bajo la mirara oficial de la camarada Krúpskaya.

Los soldados del Ejército Rojo
llevaban más de tres días consecutivos
aniquilando al Ejército Blanco
bajo las órdenes del Comité Central.

Finalizada la reunión
Nadia en impecable dulzura
guiñó el ojo a Volodia.

Muchos soldados cedieron al cansancio y quedaron
para siempre soñando en futuras estatuas.

Volodia abrió con impaciencia la puerta
y Nadia preparó temblorosa la cama
los soldados Rojos hacían retroceder a los Blancos
las madres hermanas esposas los colmaron de besos
y cuando Nadia explotó en febril imploración
Volodia deseaba rescatar el aire
la ciudad toda parecía estremecer
en un coro colectivo entonando La Internacional.

(de  “En los límites del día”, inédito)




Juan Diego Velásquez (Medellín, 1958). Poeta y crítico de cine. Ha publicado sus
textos en diarios y revistas. Es el biógrafo de Julio Flórez Roa y dicta cursos y talleres
de escritura creativa en Medellín.

Carlos Spinedi: Manipulaciones y Certezas.






















Este libro es el resultado de toda una vida jugada a convertir la lectura
en naturaleza primordial del hombre. Manipulaciones y certezas está
escrito desde la literatura, la mitología, la historia, la filosofía, desde
todo conocimiento (incluso el científico) asentado en la gracia que da su
registro escrito, y luego leído, releído, juzgado, canonizado o sepultado
en los archivos polvorientos de la colosal  mnemosine, la biblioteca, la
multitud de bibliotecas que protegen el suceder interpretado de la vida.

Manipulaciones y certezas es un libro escrito para lectores obsesionados
en descubrir nuevas tramas de voluptuosidad intelectual en el enjambre
indeciso, múltiple, contradictorio y torrencial de la alta cultura de todos los
tiempos.

Su autor Carlos Spinedi, nos lo ofrece sin reverencias ni eufemismos de
soberbia conceptual, sino con el entusiasmo de quien cuenta sucesos
intensos ocurridos en cierto lugar del pasado colectivo; su pasión muchas
veces irónica, vuelve lúdica y familiar la majestad soberana de los hechos,
tan controvertida como los dispositivos teóricos que la paralizan.


Luis O. Tedesco, Buenos Aires, 2010.


Carlos Spinedi (Río Galllegos, Santa Cruz, 1928). Poeta, ensayista, traductor. Ha publicado una docena de títulos y son recordadas sus traducciones del griego y del portugués.

martes, 14 de diciembre de 2010

Hans Bender: Poesía.

Hans Bender, traducción Jorge R. sagastume



















Dichtendes Ehepaar

Beide schreiben schöne Gedichte.
Wie aber sprechen sie miteinander
in der Küche? Warum hat ihr Sohn
so schlechte Noten in Deutsch?


Matrimonio que rima

Ambos escriben hermosos poemas.
¿Pero cómo hablan el uno con el otro
en la cocina? ¿Por qué al hijo le va
tan mal en alemán en la escuela?


Freund in der Schweiz

Ihm ging es besser als mir.
Nie hörte man, er sei krank.
Er hat reich geheiratet
und ein Gewehr im Schrank.


Amigo en Suiza

A él le fue mejor que a mí.
De que se enfermara jamás oí.
Con una rica se casó
y en su ropero un rifle siempre guardó.


Zeitungslektüre
(20.August 2008)

Zwei Särge
kommen aus Afghanistan.
Der Verteidigungsminister
hat seinen Urlaub unterbrochen.


Leyendo el periódico
(20 de agosto de 2008)

Dos féretros
llegan de Afganistán.
El ministro de defensa
ha interrumpido sus vacaciones.


Junger Kellner in der Cafébar

Auch Männer sehen,
wie hübsch er ist.
Kavafis hätte er
zum Gedicht verleitet.


Joven camarero en el café

Los hombres también notan
cuán buen mozo es él.
Hubiese tentado a Cavafy
a que escribiera un poema.


Die Kunst der Wolken

Schau, was die Wolken, ehe
die Sonne sinkt, vollbringen:
Über den Dächern der Stadt
einen schimmernden Ararat!


El arte de las nubes

Mira lo que las nubes antes
de que el sol se ponga crean:
Sobre los techos de la ciudad
un tintineante Ararat.


Leichenschmaus

Die Enkel gehen zuerst. Sie
haben Termine. Die Alten bleiben
noch eine Weile. Später
hört man sie wieder lachen.


Fiesta de velorio

Los nietos son los primeros en irse. Tienen
citas. Los mayores se quedan
por un rato. Más luego
uno puede oírlos reír una vez más. 


Vorsatz

Ich protestiere.
Keiner stimmt mit ein.
Ich spreche zu leise.
Soll ich schrein?


Con intención

Protesto.
Nadie quiere oír mi hablar.
Mi voz es demasiado queda.
¿Debería gritar?


Halb so schlimm

Was ihr erlebt, was ihr jetzt
erleidet. Halb so schlimm.
In fünfundzwanzig Jahren machen
junge Leute daraus einen Film.


No tan malo

Lo que te toca vivir, de lo que
sufres ahora. No tan malo.
En veinticinco años la juventud
lo convertirá en una película.


Entkommen

Nicht die großen,
die kleinen Fische
entschlüpfen dem Netz.
Recht so.


Escapando

No son los grandes
sino los pequeños peces
los que se escapan de la red.
Lógicamente.


Hans Bender nació el 1 de julio de 1919 en Mühlhausen/Kraichgau y actualmente reside en Colonia, Alemania. Fue el cofundador de la legendaria revista literaria alemana Akzente. Ha publicado novelas, cuentos, ensayos, poemas y varios volúmenes de notas autobiográficas (“Aufzeichnungen”). Ha editado numerosas y reconocidas antologías poéticas y puede ser considerado uno de los escritores más influyentes del mundo literario de la posguerra alemana. Todos los poemas que aquí se publican son inéditos tanto en alemán como en castellano.
J.R. Sagastume

Jorge R. Sagastume (Buenos Aires, Argentina, 1963)  Realizó sus estudios de doctorado en Vanderbilt University, EEUU, con especialización en literatura y filosofía. Es cuentista y crítico literario, y ha publicado tanto sobre autores argentinos como extranjeros, así como en el área de semiótica teatral y teorías de la traducción. En 2004 fundó la revista internacional y multilingüe Sirena: Poetry, Art and Criticism, publicada por la Johns Hopkins University Press. En la actualidad dicta clases de literatura hispanoamericana y estudios latinos en Dickinson College, Pensilvania, EEUU; universidad en la cual también cada año organiza el festival internacional de poesía Semana Poética.   

lunes, 13 de diciembre de 2010

H.A. Murena: Retrato del Poeta.

Jose Hernández 1834-1886



















Imagínenselo:
tenía más de un metro ochenta de estatura,
cuerpo de león,
pero en el medio del pecho
un signo trémulo y fatal
como el amor y el fuego.

Nació en Perdriel, en San Isidro,
bajo la leche infinita de la noche austral.
Atónita se detendría su alma
ante la llanura perfumada e inmensa,
los ríos frutales,
el tierno silencio del mundo.
Y de improviso los oiría romperse
bajo el galope mortal de la anarquía,
aprendería el dogma implacable
de la ardiente tierra
que le habían destinado: imagínenselo.

Comprendan, se educó en los campos,
en jóvenes ciudades, vería
las libres caballadas del alba
surgiendo de lagunas brumosas,
cubiertas del misterio
con que empieza la vida, habrá tocado
criaturas humilladas, pobres
caídas, todo el dolor argentino
en su abierta llaga,
mientras en su centro puro
la poesía se alzaba
soñando las voces nuevas
para una belleza de rostro arrasado.

Peleó en Pavón, en la guerrilla litoral,
en Sauce, en Cepeda,
y en las noches absolutas del vivac
vislumbraría el reino de hermanos
que un día, con el poder de quien entra
a casa de su enemigo
con una flor en la mano,
irrumpirá,
dispersará eternamente  la tristeza,
el mal, la pena: comprendan.

Piensen que aún no se detuvo: dirigió
El Argentino, El Río de la Plata fundó
lo eligieron diputado, lo llamaron
senador y como un río que corre,
como el trigo que nace,
como un mar que golpea,
estuvo siempre de parte de los vencidos,
fue para ellos el ojo celeste,
el pan y el vino: piensen.

Pero imaginen sobre todo su boca,
moldeada para decir lo terrible,
su boca en la hora en que
bruscamente
el poema empezó a brotarle
igual que a un árbol las incesantes
hojas, pájaros, milagros, el peso
de la tierra ascendiendo así
hacía la luminosa cúpula del cielo.
Esa hora en que el amor
borraba sus rasgos, su íntima historia,
su cruz y su corona, su nombre mismo,
el José Hernández, esa hora de su nacimiento
y de su muerte, ese instante
en que no era nadie y era todos
en el canto: imagínenselo.

Imagínenselo ahora,
mercaderes, capitanes, políticos,
hombres eminentes y hombres oscuros,
almas enfermas de un tiempo
que perdió el futuro, imaginémoslo.
Su corazón late todavía
en el vivo viento de las tardes claras,
toquémoslo con el sentimiento y la mente:
será como si nos purificáramos. ….





H.A. Murena (Buenos Aires, 1923 - 1975) Narrador, poeta, ensayista y  traductor. Publicó los siguientes títulos: Primer testamento (cuentos, 1946), La vida nueva (poesía, 1951),  El pecado original de América (ensayo, 1954), La fatalidad de los cuerpos (novela, 1955),  El centro del infierno (cuentos, 1956), El círculo de los paraísos (poesía,1958), Las leyes de la noche (novela, 1958), El escándalo y el fuego (poesía,1959),  Homo atomicus (ensayo, Premio Municipal de Buenos Aires, 1961), Ensayos sobre la subversión (ensayo, 1962),  Relámpago de la duración (poesía,1962), El demonio de la armonía (poesía, 1964), Los herederos de la promesa (novela,1965), Epitalámica (novela,1969), El hombre secreto (ensayo,1969), Polipuercón (novela, 1970),  El coronel de caballería y otros cuentos (1971),Caín a muerte  (novela, 1972), La metáfora y lo sagrado (ensayo, 1973), El águila que desaparece (poesía, 1975) y  Folisofía (novela,1976). Fue colaborador de la revista Sur y del diario La Nación y tradujo al castellano a Walter Benjamin y Theodor Adorno.



sábado, 11 de diciembre de 2010

Fernando Butazzoni: Luces oscuras, Lautréamont y las artes plásticas.*

Fernando Butazzoni







 
          
“En el cine todo es luz”, escribió hace casi medio siglo el tan poco británico John Berger.[1] Y enseguida apuntaba, con esa rara vanidad que tanto agrada a los británicos: “en el caso de la pintura, el silencio es luz”.
La luz del silencio abarca en ocasiones algunos textos que, contrariando una opinión muy extendida, no pueden ser leídos en voz alta. Diríase, casi, que no pueden ser leídos. Se trata de textos que me abordan desde una premisa que, si la reflexiono con detenimiento, me resulta insoportable: son textos que no puedo leer porque son ellos los que me leen a mí.
Esta subversión, en tanto idea e imagen, aparece reiteradamente en Los Cantos de Maldoror. En la imagen del higo comiéndose a un asno, por ejemplo. Y de manera explícita en el Canto V, cuando el poeta se lamenta de no poder “mirar, a través de estas páginas seráficas, el rostro del que me lee”. (‘Que ne puis-je regarder à travers ces pages séraphiques le visage de celui qui me lit’).
Hay una conexión entre el fluir de algunos textos y esa entidad tan esquiva a la que de forma deliberada llamaré alma. Hay un fluir del texto al alma y del alma al texto que me sitúa en una frontera entre el intelecto y el arquetipo, entre lo individual y lo colectivo. Cuando eso ocurre y creo que ocurre de manera excepcionalísima yo, lector, me enfrento a un texto que me lee y me desborda porque es más que yo: es una representación de mí.
Eso asusta.
De ahí viene la protesta de Marcelin Pleynet sobre los críticos maldororianos. Escribía él: “No podemos hacerles decir [a Los Cantos] lo que no dicen”.[2] Pleynet señalaba así su convicción de que Los Cantos rechazan cualquier interpretación. Esta afirmación tan poco francesa tiene como justificativo y antecedente los ríos de tinta que corrieron a partir de los análisis psicoanalíticos o psiquiatrizantes en muchos casos sobre el creador de Maldoror. Sin embargo, si modifico el punto de vista del observador, y parto de la premisa nada absurda de que ese libro me está leyendo, entonces debería parafrasear a Pleynet y señalar: “No podemos hacerle decir lo que dice”.
Eso también asusta.
Pero hay algo más inquietante aún: todo texto que nos lee, además de leernos nos mira, nos observa, nos estudia. Digamos que nos juzga de una manera kantiana y también de una manera pre-kantiana o, para decirlo mejor, de una manera platónica.
Esas miradas, esa observación y ese estudio, son parte del texto y son, a la vez, parte de nosotros mismos. Aunque son más que nosotros mismos.
Cuando Gastón Bachelard describe en su libro sobre el conde lo que él categoriza como un “infierno del psiquismo”, lo hace con un sentido de la redundancia que no deja de tener humor negro pero humor al fin. El psiquismo siempre es infernal. Y el propio Bachelard lo explicita en su reflexión sobre la metamorfosis y la “representación animalizada de la vida” la “vie animalisée”  llamaba él a ese fenómeno.
El psiquismo es infernal porque es humano, y el infierno es humano porque es psíquico. Representaciones, arquetipos, fantasmagorías, deidades. No importa el nombre. La denominación depende de marcos culturales, referencias y textos de la historia. Aquí, a gusto del consumidor, podría citar con igual propiedad a Jung, a Einstein o a Santo Tomás. Pero voy a terminar este párrafo de forma menos grave, con una frase de esa especie de Groucho Marx de la ciencia que fue el gran Ernst Haeckel, quien afirmó: “Dios es un vertebrado gaseoso”.
***
En Los Cantos de Maldoror hay un sesgo inequívoco que pertenece al mundo visual. Podría decirse que hay un deslizamiento del texto a la imagen que resulta, en su esencia, contradictorio.[3] De la plástica rotunda de esas escrituras surge una apelación a nuestro psiquismo que es conceptualmente infernal, sí, pero que es sobre todo visualmente plástica: superficies rodeadas que a cada instante tienden a evadirse como figuras.
O sea: una percepción de las formas que se rebela contra esos “modos de ver” institucionalizados a los que se refirió Berger en su célebre libro el cual, por cierto, fue escrito un siglo después de la muerte de Ducasse.
Mucho se ha insistido sobre esa cuestión ducassiana y, más aún, mucho se han aprovechado los plásticos surrealistas (digo, los de la primera horneada) de esa construcción polar y prácticamente ignota: el infierno re-visitado y dibujado por el señor conde. En lo personal, he sostenido la idea de que la obra entera de Salvador Dalí tiene su base más sólida en Los Cantos de Maldoror. No solamente las ilustraciones específicas realizadas por él para la edición de 1934 aportan luz sobre el asunto, sino muchos trabajos previos y posteriores del catalán.[4] Muchas de sus declaraciones. Muchos de los desplantes de Dalí remiten a Lautréamont o, mejor dicho, a esa construcción que por conveniencia todos llamamos Lautréamont. Dalí utilizó en su arte y en su vida el método de Maldoror: mostró a los higos comiéndose a los asnos.
Dijo Dalí:
“Toda mi ambición en el terreno pictórico consiste en materializar, con la precisión más imperialista, imágenes de la irracionalidad concreta… que no se puede explicar provisoriamente ni deducir por los sistemas de la intuición lógica, ni por los mecanismos racionales. La actividad paranoico-crítica es un método espontáneo de conocimiento irracional, basado en la asociación interpretativo-crítica de los fenómenos delirantes.”[5]
Dejemos que le responda el propio Conde: “Déguisements supérieurs si je parle en artiste!”
***
En Los Cantos de Maldoror, aquí y allá se hace evidente la voluntad por capturar una representación visual que podríamos llamar plástica. Literalmente el libro está saturado de esa voluntad. Más aún, puede afirmarse que esa voluntad construye la escritura. Aunque, por supuesto, nadie podría señalar un afán consciente del autor. Esto de la voluntad y el inconsciente me remitiría según algunos a Schopenhauer, según otros a Freud, o quizá a Schopenhauer y a Freud a la vez…[6] Mejor vuelvo a Los Cantos de Maldoror.
Ya en la primera estrofa el libro se abre con un paisaje. Se muestra un sendero dibujado entre ciénagas desoladas. Y enseguida se esbozan el horizonte y unas aves. Son las famosas y tan esculcadas grullas del canto primero, las que están dirigidas, à l’avant garde, por una grulla vieja y sola, “la plus vieille” según el texto.
Detengámonos en las grullas. No en lo significado, no en lo connotado, sino en lo que allí se muestra: las grullas del canto primero son formas que, a cada palabra, tienden a ser figuras recortadas contra un cierto “fondo”, más fluido y desorganizado:
“un angle à perte de vue de grues frileuses méditant beaucoup, qui, pendant l'hiver, vole puissamment à travers le silence, toutes voiles tendues, vers un point déterminé de l'horizon, d'où tout à coup part un vent étrange et fort, précurseur de la tempête.”
Hay una notable escultura que parece ser la ilustre heredera de esa vieja grulla que comanda la bandada ducassiana. Es un animal metálico y pintarrajeado, algo maltrecho, maravilloso. En el esperpento de bronce se trasmite una cierta nobleza. Su autor es Pablo Picasso, y la obra es del año 1953. Se titula “La grue”.
En este objeto, con cierto modo de mirar o de ser mirados podemos encontrar varios detalles significativos: sus alas, desproporcionadamente pequeñas, “no parecen mayores que las de un gorrión”; su pescuezo, quizá por un efecto de la torsión de los materiales que sostienen el bronce, da la vívida impresión de agitarse en “ondulations irritées”; sus ojos, por último, fabricados con tuercas, diríase que “renferment l’expérience”. En cuanto al título de la obra, el mismo es lo suficientemente ambiguo como para ser incluido en el nomenclátor maldororiano: “La grue”. Palabra que en francés tiene varias acepciones, desde la fauna animal a la social, pasando por la industrial. En efecto, grue es grulla, es grúa y es, también, si nos atenemos al “Lexicón Lunfa” de Chiappara y a los trabajos académicos de Casadevall, algo bastante parecido a una percanta o aún a una yira.
El periplo de esa obra de Picasso también parece pertenecer al universo del Conde: en realidad Picasso realizó una serie de cuatro grullas, o cuatro yiras. ¡Toda una bandada! La serie, en general, permaneció olvidada, arrumbada entre materiales de desecho durante décadas. Finalmente una de ellas fue a parar a un museo de Berlín, otra quedó en poder de su nieta, otra nadie sabe bien dónde está. La última en rigor la primera, la plus vieille hace unos años fue rescatada para ir a un remate en el que se vendió por muchos millones de dólares. Aunque, por motivos que no he logrado entender, el monto exacto de la venta nunca aparece con exactitud en la gran prensa: el diario El País de Madrid, por ejemplo, informó que fueron 19 millones de dólares; Clarín, en Buenos Aires, habló de “unos 16 millones de dólares”, y así. Lo curioso es que el acto del remate está filmado y a disposición de todos en youtube. Ahí está la filmación: la grulla N° 1 de Picasso, el rematador de Sotheby, los tres señores que pujan, un señor morocho que hace de escolta del valioso objeto, el sonido ambiente, la puja millón a millón. El monto real, lo digo para no seguir sumando equívocos, fue de 17 millones cien mil dólares.
Podríamos agregar muchos otros ilustrísimos ejemplos a la lista plástica del Conde, desde Magritte a Julian Schnabel. Animales, paisajes, personajes, objetos, sucesos. La máquina de coser, el paraguas, los estorninos, las dos torres del Canto IV… La exposición de homenaje a Isidoro Ducasse realizada en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, en 1993, fue una cierta expresión del fenómeno. No es mi intención y estaría más allá de mis fuerzas relevar algún tipo de catálogo al respecto. Lo que deseo es señalar que ese vínculo, al parecer, tiende a fortalecerse con el transcurso del tiempo, como si fuera su destino. Un destino que, según Ángel Kalemberg, subraya en la escritura aquellos materiales “muy primitivos”, como las imágenes visuales.[7]
Acaso lo que se subraye sea también la apelación al psiquismo de quienes pretendemos, de forma vana, “leer” ese libro maldito. Y, por qué no, una cierta evolución de la sociedad humana hacia esas formas primitivas, visuales e infernales. Una mano sucia de carbón sobre la pared de una cueva, una línea que ondula y se curva hasta completar el dibujo de un bisonte. En fin, una historia en imágenes que, tras innumerables giros, tiene en el encandilamiento televisivo contemporáneo su más primitivo y eficaz relato.
Quizá importa menos lo que nos dice el texto que aquello que el texto muestra de nosotros y que, por lo tanto, nosotros mostramos. En esa revelación está el secreto de la incesante inspiración plástica que ha suscitado durante casi un siglo el señor conde de Lautréamont, alias Isidoro Ducasse, en cualquier caso nuestra sombra poética.
Hasta aquí llego por ahora con mi higuera y con mis asnos. Sé que no he sido claro. Espero, por lo menos, haber sido oscuro.





[1]J. Berger. Modos de verGilli, 2002.
[2] M. Pleynet. Lautréamont par lui- même. Seuil, 1967.
[3]K. Mikkonen. Theories of metamorphosis: from metatrope to textual revision. Style, U.N. Illinois, Summer, 1996.
[4] F. Butazzoni. Alabanza…  Seix Barral, 2004.
[5] S. Dalí. La conquista de lo irracional. Siruela, 1994.
[6] I. Barreira. Schopenhauer y Freud. Del Signo, 2009.
[7] A. Kalemberg. “L’autre/a/Mont/ ahora”. En L’autre à Montevideo. MNAV, 1993.

*Texto leído por su autor en el homenaje tributado  a Isidore Ducasse en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, al conmemorarse el 140 aniversario de su muerte. Montevideo, noviembre de 2010. 




Un recorrido por el castillo del conde de Lautréamont



Fernando Butazzoni (Montevideo, 1953). Narrador, ensayista, poeta, guionista y periodista.  A partir de 1972 por las condiciones políticas uruguayas comenzó su periplo por distintos países. Ha vivido en Chile, Cuba, Nicaragua y Suecia. En 1978 se trasladó a Nicaragua donde se  integró a las fuerzas del Frente Sandinista, siendo destinado al Frente Sur donde combatió como oficial de una unidad de artillería de montaña.  Luego de la liberación de Managua regresó a Cuba, donde ingresó  en Casa de las Américas  desempeñándose allí como investigador del Centro de Estudios Literarios y posteriormente como secretario de redacción de la revista CASA.
En 1983 regresaría a América Central como corresponsal de guerra, para cubrir los combates de la Contra,   viviría en ese período largas y agotadoras estadías en la selva. Finalmente en 1985, luego de las elecciones, puede retornar al Uruguay, donde desarrollaría una intensa actividad periodística y literaria. Fue encargado de páginas culturales del semanario “Brecha”, director de la Revista de la Universidad de la República, secretario de redacción del matutino “La República”, corresponsal del diario “Clarín” de Buenos Aires y director y conductor de programas de radio y TV.
En narrativa ha publicado: Los días de nuestra sangre (cuentos, Cuba, 1979),La noche abierta (novela, Costa Rica, 1982), El tigre y la nieve (novela, Montevideo, 1986),La danza de los perdidos (novela, Montevideo, 1988), La noche en que Gardel lloró en mi alcoba (novela, Montevideo, 1996), Príncipe de la muerte (novela, Montevideo 1997),Mendoza miente (nouvelle, Montevideo, 1998), Libro de brujas novela, (novela, Montevideo, 2002), El tigre y la nieve (novela, Montevideo, 2006),El profeta imperfecto (novela, Montevideo,2007), Un lugar lejano (novela, Montevideo, 2009). Asimismo ha dado a conocer en crónica Nicaragua: noticias de la guerra (Montevideo, 1986),  el volumen de reportajes Seregni-Rosencof Mano a mano (Montevideo, 2002) y los ensayos Los ensayos del Orobon (Montevideo, 1998) y Alabanza de los reinos imaginarios, un recorrido por el castillo del conde de Lautréamont (Montevideo 2004).
Por su obra ha recibido diversas distinciones entre ellas los premios Casa de las Américas (Cuba, 1979), EDUCA de narrativa (Costa Rica, 1981),  Bartolomé Hidalgo (Uruguay, 2008) y fue finalista del Planeta-Casa de América (2007) y el Rómulo Gallegos(2009)y ha recibido una mención especial en el premio de poesía Rubén Darío,(Nicaragua, 1980).