viernes, 12 de agosto de 2016

Pere Gimferrer: Poemas




Pere Gimferrer





















La muerte en Beverly Hills


En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol
         alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
         los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine — y a
         esta hora está muerta en el Depósito aquella cuyo cuerpo
         era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
         por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
         notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
         una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
         tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
         muy baja —se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
         plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
                                              y era como si oliera muy despacio
                                                   un perfume.



Canción para Billie Holiday


Y  la muerte
                        nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Con careta antigás daba un beso a los niños

Lady Day las gaviotas heridas vuelven a la luz del puerto
Extraña fruta en el aire el crepúsculo se ausenta
Con una espada con un guante con una bola de cristal
la pecera magnética la cueva del pasado el submarino bajo
       las mareas que fulgen
Lady Day cuánto amor en una juventud cuántos errores
       cuántas tardes hablando qué deseo qué eléctricos jazmines
cuántos cow-boys muertos como trovadores la sonrisa en los
       labios que se tiñen de sangre
los gritos en las calles las manifestaciones disueltas bajo el
        arco voltaico del poniente y los lóbregos edificios irreales
Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas
Lady Day qué despacio nos viene la experiencia todo cobra
        un sentido se ordena como el paisaje en los ojos cuando
        recién  despiertos corremos las persianas
o intentamos ordenar las palabras de un
                                                            poema
                                                                         Lady Day
Animales heridos en el bosque nuestros ojos qué piden qué desean
qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel o su presa
        disueltos en la fría oscuridad del tiempo
escamoteados  como naipes de una baraja los años de nuestra juventud
Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido


Pere Gimferrer (Barcelona, España, 1945) Poeta, ensayista y  editor.

                        
         

jueves, 11 de agosto de 2016

Horacio Verzi presenta novela en Montevideo


Juan Luis Panero: 2 Poemas





Juan Luis Panero (1942-2013)



















Constantinopla. Año 1453


Olor acre de axilas depiladas, de perfume pasado de rosas,
de estiércol pisoteado de caballos.

Sé, me lo han contado, que las murallas de la ciudad ya no
pueden resistir al infiel. Todas las defensas han fracasado.

El pobre emperador, nuestro bien amado Constantino XI,
intenta inútilmente salvar la ciudad de su nombre, pactar
con el enemigo, firmar desesperados tratados de paz. Pero
todo, lo sé, es completamente inútil.

Escucho griterío de mujeres, carreras enloquecidas, golpes
de puertas, aullidos de la soldadesca, mandobles y agonías,
eructos de borrachos.

Aún podría escapar, ocultarme en el húmedo sótano
disimulado, como aquella otra vez. Pero ahora todo
está perdido. Sé bien que esto es el fin.

Salgo a la calle, maldiciones, estruendo sollozos, humo
pestilente.

En la hoja, con gotas de sangre, de un alfanje afilado, miro,
tercamente, por última vez, el rostro de este pobre pecador
abandonado.



El poeta y la muerte


                                                                         Y aunque la vida murió,
                                                                          nos dejo harto consuelo
                                                                          su memoria.
                                                                                                      Jorge Manrique


Si como afirma Borges todos los hombres
son el mismo hombre, aurora y agonía,
y poco importan sus nombres y sus rasgos,
yo quisiera —olvidando la anécdota banal de mi destino—
buscar en otro rostro a ese único hombre,
otra sombra, otro sueño mejor, igualmente perdido.

Un caballero dispone sus armas,
sus escuderos ajustan la armadura,
se coloca el yelmo, sujeta con firmeza el escudo,
la luz de la mañana es un reflejo metálico del sol,
el tiempo se ha detenido en las gualdrapas del caballo.
Todo esto ocurre en 1479 y aún sigue ocurriendo
frente a las almenas del castillo de Garci-Muñoz.
El caballero blande su espada
en defensa de su lealtad y su reina,
aún no sabe que su destino termina allí,
en el campo de Calatrava, que no verá otro día.
Entre rasgar de flechas y cascos de caballos,
oliendo a tierra seca y sangre sucia,
quizá recuerde el nombre de Guiomar de Castañeda
y piense, con justicia o con odio, en su enemigo,
el marqués de Villena que le aguarda.
Estruendo de hierro, crujido de huesos, carne desgarrada,
las huestes innumerables, pendones y estandartes y banderas,
los castillos impunables, los muros, baluartes y barreras.
Ha caído la noche sobre el campo arrasado,
la mano que sujetó una lanza, una pluma, un cuerpo de mujer,
está quieta, su mundo se ha borrado,
mientras se escuchan maldiciones y lamentos.
Ahora la muerte le atierra y le deshace.
Si todos los hombres somos el mismo,
elijo, pues es igual uno que otro,
aquel rostro en un campo de batalla,
la máscara del último rictus de su agonía,
el eco de sus palabras que aún se escucha,
un reflejo más digno de la tierra y la nada.


Juan Luis Panero (Madrid, 1942- Gerona, 2013) Poeta. En 1997, Tusquets publico su Poesía Completa 1968-1996.






jueves, 28 de julio de 2016

José Emilio Tallarico: Reductos





José Emilio Tallarico

























                                                    a Vladimir Nabokov

I

Bien sabe el ajedrecista
del riesgo material de su intuición,
eso que para el poeta implica moneda de cambio.
(En el ajedrez se puede perder
con las ráfagas que necesitaba el poema.)
No obstante, el trozo de universo que ambos arrojan
sobre el paño no obstruye, no perturba:
administra razones (o indicios de que hubo allí
                                                            algo exultante).
Socios en las mudanzas del fuego y el cansancio,
los poetas y los ajedrecistas desvarían
por un amor inexplicable.

II

Poetas y ajedrecistas se yerguen en la noche
                                                        de la memoria.
Saco la testa del pantano y toco el fuego.
Un buey resopla tras una tranquera imaginaria.
La tristeza que nunca abandonó su musa
deambula por mí.

III

Hasta el patio de la memoria
(una cuadrícula infinita, una palabra despejada)
llegan Lolitas, Adas, Mariposas, Arlequines.
La repetición será confusa e infinita.
La muchedumbre se repite,
las aflicciones también se repiten.
Recuerdo el “índex”:
aquella lista de libros prohibidos
se exhibía en la vitrina del patio de la parroquia:
1°-“Lolita”
2°- “Trópico de Cáncer”
3°- “El Capital”
Las tías, las catequistas, los finados se repiten.
Giran purretes en torno a la higuera parroquial.
(Poesía: amor de mi vida; ajedrez: fetiche santo.)
Vuelan tus mariposas, Nabokov.
Yo las persigo para que queden atascadas
en las jaulas del sueño.

IV

Por aquel entonces Nabokov escribía:
“Las palabras reflejadas sólo pueden tiritar/
como alargadas luces que se contorsionan/
en el espejo negro de un río/ entre la ciudad y la bruma”.

VI

(Descubrí un corredor
entre el papel en blanco y el tablero.
Un pasadizo: ahí estuvo mi mano.)

VII

Nabokov escribía:
“Un destino envidiable he ansiado conocer: 
/Durante mucho tiempo anhelé,
cansado esclavo, volar hacia/
Un lugar remoto de trabajo y puro júbilo.”

VIII

(Hay un cruce entre lo posible y la derrota.
Eso me informa el cuerpo.)

IX

Temeroso, ahora voy con blancas.
Mi juego: 1P4R-…

José Emilio Tallarico (Bs.As.1950). Publicó  Huésped y testigo, 1986; Siglonía, 1988; Ese espacio
que tiembla, 1993; El arreo y la fuga, 2000; Andariveles, 2006 y Creés mirar lejos y otros poemas, 2011. Actualmente -y desde el año 2009-  forma parte del grupo de videoconferen-cias de poesía Agentina-Francia: Travesías poéticas,  y codirige el ciclo de lecturas y entrevistas: El Orate y la Musa.  Publicó artículos y poemas en varias revistas literarias del país. Fue traducido parcialmente al portugués, al catalán, al italiano, al francés y al neerlandés.



Tone Hødnebø: Poemas



Tone Hødnebø

















El cielo es una central energética
que estalla atravesando todo el día,
el cielo construye un sistema
que atrapa el más pequeño movimiento
de hojas, insectos y humanos
Una industria se expande, década
tras década, copiándose a sí misma

*

A través de la pared de luz ves
una pared de luz una pared gris con dibujos
de rosas a través de una pared gris
ves una pared blanca y un dibujo blanco
y uno nuevo y uno nuevo
que se dibuja en el cielo nocturno

*

Una ciruela cae del árbol
y las hojas del árbol
se insinúan a través de los rayos del sol
Se pudre desde la mitad hacia abajo,
se devora a sí mismo
En el aire gira el polvo hacia arriba,
ya es sombra en una extraña oscuridad
Las rosas se abren, sin embargo,
parecen vidrio, todo se agranda,
pero la luz y el brillo de alrededor
obliga a todo a volver sobre sí mismo
*
 
 Traducción del noruego de Roberto Mascaró

TONE HØDNEBØ (Tønsberg, Noruega, en1962). Vive en Oslo. Ha publicado
 seis libros de poesía y un volumen con traducciones de la obra de Emily Dickinson.
Ediciones encuentros imaginarios. Publicó en 2010 su poemario RUIDO(LARM) 
en 2010.
“Son perspectivas fantásticas las que Hødnebø nos presenta, con sus
excursiones en lo cósmico y con la tierra vista desde el aire. Como la
arquitectura más experimental, a menudo irrealizable, esta es una poesía
especulativa. Ella es como un absurdo Leonardo da Vinci. Es la ruptura
inclinada, es lo no planificado, es la lógica del sentimiento, la de la
investigación, la del experimento. Así como el niño crea todo el tiempo nuevas
cosas, libremente y sin censura, creo que esta poeta se ocupa de construir o
crear algo para comprobar que es posible, para comprobar que aquello puede
ser creado. El “¡Aire feliz!” de Dickinson se vuelve aquí un credo.
Janike Kampevold Larsen

Roberto Mascaró (Montevideo Uruguay, 1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.


 


GÖRAN SONNEVI: Ormöga; segundo poema



 GÖRAN SONNEVI


























Aquí es Ormöga Pasan las nubes grises por encima
del plano paisaje del páramo El horizonte gris marino
con una banda luminosa justo sobre la tierra
Llama el cuclillo Vuelan las becadas junto a la cantera de cal
Brillan las antorchas lilas de las orquídeas encarnadas La hierba es
gris verde ocre, cambiante Alrededor está el abismo
Está junto a la cama en la que duermo Noche
cayendo a pico Flotamos sobre la oscuridad, como sobre
el universo, en su abstracción Por la mañana estamos jun-
tos Escuchamos la música También oigo el sonido de la Nada

A lo lejos se ven las cabañas de pescadores, la capilla en ruinas
Entre ellos está la cruz celta, de piedra ca-
liza, como si fuese el propio crucificado con
los brazos extendidos Las manos La cabeza Pie
Crecido en lavas grises y amarillas Ahora cubre
la lluvia el paisaje Voló el halcón azul
frente al soto hacia el mar No tendré defensa alguna
Estoy en la vertiente oscuridá también en la noche clara
Dispuse como un signo
la pluma que recogí junto al mar del Oeste
Mi padre y mi madre están en el mar del Oeste, que también
toqué, con la mano Aquí hay otros muertos, otros
vivos Tocamos los rostros deformados el uno al otro
Conozco su geometría Veo los arcos del vuelo de las alondras
también aquí, cambiando el vuelo rápido, una adaptación constante
El halcón azul tiene su geometría, en su huída Es lo que
creemos que es, allá lejos, en lo remoto
El plumaje es en el interior gris, luego ocre, en el exterior casi blanco
También en el interior, junto en la raíz es blanco, velloso
Las alondras construyen aún su nido, en el exterior la arcilla es húmeda
¡Ay! ¡Ay! El rostro oscuro descansa bajo todo esto

El paisaje aquí se mueve en una aparente
economía antigua Las mismas granjas con cercos de piedra, los mismos campos
como de otro tiempo Los pájaros Las orquídeas Ayer
fuimos al mar; dentro del bosquecillo de pinos ha crecido
un ejemplar muy grande de Orquídea Soldado,
Orchis militaris, lila claro Fuerte espiga, tallo grueso
Bajando al mar fui hasta el puesto de la Orquídea Colorada,
hojas manchadas, pétalos de diseño enérgico, junto
a los Lirios del Valle, de lila más oscuro La aguja colinegra ascendió
Las vacas, terneras jóvenes, se formaron en línea a lo lejos
La agricultura se mantiene El olor del guano en la lluvia, bajo
las nieblas Por el mar van barcos con su carga En el tallo de la
armeria brilló la larva de la Oruga de Librea al sol nocturno, ocre rojiza
peluda, en las estrías celestes y ocres a lo largo del cuerpo
Estamos en la red de dependencias ¿Quién es asesinado?
¿A quién asesinó? Todo depende del modo en que nos tocamos

En Ormöga vive el ciego, solo, después de la muerte de su madre
hace un par de años Cuando recojo la correspondencia en su casa
él vuelve la vista de su oído hacia mí cuando hablamos
En su cara hay una especie de paz La granja está ahora en decadencia
Alquilamos a una de sus hermanas, en una de las casas de los
aledaños hacia el mar Casi todo está ahora arrendado Le conté a ella
sobre Gunnar y Verner en Färgaryd, de cómo se quedaron con un ternero
El idioma toca mi infancia Me pongo más y más infantil
Hoy es el último día del año después de la muerte de mi madre Encenderemos velas

Todos duermen Todos están como despiertos
en el alba ulterior El paisaje totalmente en calma
Mi madre está muerta hace un año Ahora estoy completamente solo
Mi niño duerme Tú duermes, querida Todos dormirán
Por la mañana encendemos velas en las ventanas y el sol
entre nosotros y el mar Aquí es Ormöga, donde deberíamos haber estado
hace un año Estamos aquí por la segunda vez

Qué veo con mirada de serpiente hacia el mar En mi
autosuficiencia, en mi falta de interés por la vida
ajena La geometría de lo indiferente Aquí está mi torre
enfrentada al mar, después que la anfitriona cerró las otras habitaciones
No invadiré habitaciones ajenas Solamente las mías
Nada puede repetirse La geometría de las alondras es continuamente nueva
Tal vez vayamos a mutuas habitaciones ¿Como en una cámara del Hades?
Estaremos en la indefensión mutua Allí nos encuentra el amor

Mi madre ha entrado en mi silencio, ahora es parte
de él Allí ya no puede molestarme Tampoco es
necesario ahora Ella me toca a través de todas las hojas
En la tarde gris camino hasta el mar
Las agujas colinegras ascienden, vuelan en círculos en torno a mí, llaman
También el zarapito real asciende Hasta el bosquecillo de pinos hacia
el mar una vaca ocre y roja se ha saltado la cerca de piedra Ella
me sigue con la mirada Yo la sigo Frente al mar toco el agua, sigo la costa Busco
manchas de alquitrán en el cabo hacia Kapelludden, mas no encuentro ninguna

El silencio de mi madre respira Estoy en mi aliento La voz
profunda se oye, dentro de mí, en silencio ¿De quién es el turno ahora?
¡Ay! ¡Ay! Los pichones de vencejo vuelan, ya soberbios Respiro
Sexos, animales, seres, sociedades, gentes Así respiran
también dentro de mí No aniquilo a nadie Las voces están en sus
reparticiones, infinitamente sutil No es para aplastar a nadie
Espero el oscuro dolor Que llegará
y penetrará como mi madre Ella llega también como
mujer, y yo descanso en su transparencia
Ella está furiosa de celos, no tolera que yo esté
con ningún otro No hay sueño Estoy con mi amada
Descansamos dentro de las alas desplegadas del sofá de madera
Sobre el prado y el bosque está la luna, algo mayor que una hoz,
creciente Ilumina con luz oro y plata en la noche clara
Todavía junio Más tarde en la noche oigo el canto de la aguja colinegra

Julio A través de la ventana abierta llega el aire del mar
Oigo las alondras, sus pequeños sonidos chillantes Lejos
se oye el zarapito real El duelo por mi madre llegó, sin tiempo, no le importa
al tiempo Vi el tamaño de su sonrisa, cuando no estaba ya
triste La enormidad sin reservas, sólo en existencia
Aquí es Ormöga El dolor no tiene tiempo Tampoco la alegría
El mar brilla a lo lejos En la línea costera se ve la abertura del arroyo

Espero aún la entrada del dolor en lo inmediato, en sus
formas oscuras Veo al ángel de la anunciación en la pila bautismal de Egby
piedra arenosa de Gotlandia, siglo XII Vuela como los pájaros de la muerte
en las imágenes de piedra algunos siglos antes Pero con aureola en torno
a la cabeza, sobre los animales salvajes que protegen a María
Ella descansa en otra escena vendada, a medias sentada
en una cama. José le da algo de beber Nos dirigimos hacia
la pequeña planicie rocosa más allá de Bockberget al Oeste Allí vemos ascender
las grullas
Florece el pampajarillo, blanco, a medias marchito Un pequeño
brote de tomillo lila brilla Sobre una laja de cal oscura una piedra blanca,
una especie de piedra arenosa, cubierta de musgo, hendida Un cráneo
Te estiras en la caliente laja, descansas allí A la distancia
te veo como un animal, verde-y-con-manchas-negras, que no existe
Por la noche volaron los vencejos frente a la luna, casi media llena Una
sola estrella apareció, apenas divisable, en la noche clara

El sonido de lluvia contra el techo También aquí en la torre de la Nada
Gösta Skyle Desde aquí nos iremos directamente a su entierro
Él es el último de los seres de mi infancia Hay en él la misma luminosidad, la misma amabilidad que en mi padre No su dolor
Así no lo había visto nunca antes, en el contraste, en la muerte
Entiendo que mi padre no deseaba ser el que era En Gösta vi
otra sociedad dibujarse En la que nada se vendía Nada se compraba
Veo que mi padre huía del dolor de su madre, su dureza, tiranía
Helgue contó cómo tenía que correr por las noches con la escupidera llena de sangre
Ella prohibió a Gunnar que se casase, luego de su fracaso en Norteamérica
cuando quebró el banco con su dinero ahorrado, y tuvo que volver
a sufrir como peón en su tierra El abuelo le escribió, cuando lo llamaron a servicio
en el verano de 1941, para la cosecha, y él esperaba poder eludir
la guerra Veo frente a mí a los padres de Gösta, August y Selma, Gösta se
parecía a ella, recuerdo el alboroto que armé cuando dije siendo niño:
el tío Svensson es un nazi ¿Quién ha dicho eso? ¿Dónde has oído eso?
Los adultos rodeándome, inquietos Yo no entendía nada de esto
No sé, pero no tengo ninguna razón para creer que era cierto
Era comerciante en especias en Vattugatan, Halmstad, una pequeña tienda
en el sótano de la gran casa de apartamentos, techo de lata curvo sobre la escalera
Sus hijos, Gösta y Helfrid, querían ser artistas; el uno fue profesor
de dibujo,
ella telefonista El otro hijo, Sture, se hizo químico; cuando tenía
nueve o diez años, tal vez once, lo visité en Chemicum en Lund
Todo esto vi ¡Ay! ¡Ay! Nada de todo Todo de nada

La torre de la Nada se vacía Allí está el halcón blanco
sacudiendo las alas sobre el arenal Salgo al sol
miro los heliantemos en la hierba, el tulostoma niveum y la
listera ovata Escucho las alondras, y lejos la aguja colinegra
Anoche, de visita en casa de amigos, escuché al chotacabras
Anduvimos sobre la Caliza bajo la luna Luego hacia el norte, bajo
nubes oscuras, en la lluvia Aquí duermen todos los pájaros
Los vencejos duermen bajo los aleros, con sus largos,
delgados cuerpos Nosotros dormimos el uno junto al otro He bebido vino
Tú no, porque conducías Se vacía esta torre Otras vendrán
Más finas, con sus raíces penetrando profundamente la tierra
El agua penetra las lajas de cal Allí encuentro la lluvia
Oí al chotacabras hace 16 años en el mismo lugar Somos más viejos

Veo un sexo de mujer, luminoso, erguido, un delgado mandala
Yo paso por él Penetro su oscuridad En violento vaciado
Veo el rostro de la Historia Los lobos se metían en París, por
la brecha en el muro ¡Ay! ¡Ay! Allí estaremos juntos
El mar me ve, con su mirada horizontal A la altura de los ojos
Ayer fui al mar maternal, también aquí Allí están ahora todos los seres

Todos los que se miran El zorro, el gato Las vacas a lo lejos
Al amanecer fluye la mosca como una gota de sudor sobre la frente No
duerme Los vencejos han pasado destellando Todos duermen

Aquí es Ormöga Aquí todo es extraño Aquí casi
no estamos Aquí está el horizonte marino verde oscuro Todas las plantas
Todos los pájaros Ayer vi el pichón de alondra en el nido justo encima
de la ventana del comedor En el prado costero está el pichón de zarapito real,
mientras el padre
volaba en círculos sobre él; más pequeño, pico más tierno, el mismo chillido, aunque
más tenue,
Caminé por última vez hasta el mar, solo Agua por todos lados, luego
de la lluvia El mar estaba en calma; oí su voz, calma
También esto es ahora el mar de mi madre Aunque ella no pudo nunca llegar hasta
aquí
Lo escuché Este es un regreso Aquí todo es extraño
Aquí está el halcón azul La agachona despierta
Por la noche veo la luna bajar, naranja entre las nubes Total
soledad; total silencio Mientras todos duermen Al alba nos despierta la mosca

¡Ay! ¡Ay! El dolor ausente por todos lados, en su más extrema presencia
Se oyó el cuclillo, lejano Los vencejos están en su geometría, dinámica
Nos despedimos de los amigos, hablamos en la penumbra, luego de una visita al
cabo Los primeros pájaros migratorios se reúnen, playeros dorso rojo, dice el
ornitólogo recién instalado en la casa de al lado
Mañana entierran a Gösta Skyle en Söndrum en las afueras de Halmstad Allí estaremos


(Tomado de DISPARATES, selección de OCEANEN (EL OCÉANO), poemas de Göran Sonnevi en versión española de Roberto Mascaró, Editorial del Gabo, El Salvador, 2014).



cleardot

El océano de los DISPARATES según Göran Sonnevi


DISPARATES -con una clara referencia a la obra de Goya- es el subtítulo, en español y en mayúsculas en el original, de este voluminoso libro de poemas de más de 400 páginas, OCEANEN, editado en Estocolmo en lengua sueca. De él hemos extraído la siguiente selección.

Göran Sonnevi (Lund, Suecia, 1939) vuelve en este libro a sus viejos temas y presenta otros nuevos, a manera de un noticiero global actualizado en el S XXI, pero que también incluye poemas de la década de los 70.

El destino humano en la sociedad sueca postindustrial, la Revolución socialista tantas veces frustrada y postergada, la búsqueda de la convivencia pacífica entre humanos, animales, minerales y plantas, todo ello frente all poder avasallador de un imperio ultracapitalista que ya resulta ubicuo e imprevisible y del que ha pasado a formar parte también Suecia, país que una vez fuera “neutral” y “pacífico” y que hoy ya es colaborador silencioso y voluntario de la OTAN y otros cuerpos policiales del mundo globalizado, cooperando activamente con el espionaje mundial que el ubicuo imperio ejerce sobre las personas y las cosas y enviando tropas mercenarias a ocupar distintos países.

He aquí el OCÉANO (el título del original sueco es OCEANEN), el mismo que cantasen Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé,Vicente Huidobro, St John-Perse, Michelet, Tranströmer e infinidad de poetas de nuestros Archipiélagos.

Todo esto pasa por la cabeza y se expresa en la pluma de Sonnevi, y en el trasfondo se suceden las visitas al archipiélago de Gotemburgo, donde el escritor plasma su diario veraniego. Él mismo, siempre escribiendo en primera persona, es uno de los personajes del drama. Allí brota el texto, poemas breves y poemas largos, poesía amorosa y poesía política, acompañada de un exquisito catálogo de la flora y la fauna de esa región. Allí Göran se presenta de cuerpo entero y cara a cara con la Aldea Global. Con lo fragmentario, con las esquirlas de los siglos, el poeta renueva su discurso.

Y el amor, siempre vivo en el texto de Sonnevi, que homenajea la presencia de sus amigos vivos y muertos. Ese amor que Karl Marx señalara como el protagonista del comunismo (primitivo) es para Sonnevi la misma clave de la solidaridad humana.

Esta selección, que reúne algunos poemas OCEANEN/ DISPARATES, pretende acercar al lector español y latinoamericano a esta poesía hasta hoy desconocida por nuestras latitudes.

Si algo del espíritu poético de Sonnevi se refleja en estas versiones, la misión del traductor/intérprete, que no es otra que la de recuperar y transmitir en nuestra lengua lo que ha sido escrito en otra, esa misión estará cumplida. (R.M.)

Roberto Mascaró (Montevideo, Uruguay, 1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.