miércoles, 19 de julio de 2017

Carlos Bègue: TRIPTICO DE LA AVARICIA y otros poemas




Carlos Bègue




















                              





                              "Si el avaro fuese sol,
                               a nadie daría calor" 
              
                                        (Refranero del sur bonaerense)

1

En el arte de ascender
-acredita la experiencia-
lo importante no es caerse
antes bien gritar ¡arriba!

Todo es cuestión de querer
y ubicar alta la mira.
Mucha fe debe tenerse
para no ir a la deriva.

Ningún bien perdura siempre,
al menos en esta vida.
A todos sopla la Muerte
frente a ella no hay huída.

Nublada tiene la mente
quien riquezas a porfía
junta un año y el siguiente
mas del reparto se olvida.

Cuando las obras nos cuenten
aquel Día de Justicia
entre fuegos los tridentes
castigarán la avaricia.

2

Cual perdiguero a su presa
busca la oferta el avaro
y para nada le pesa
husmearla por los mercados.

Aunque  vencida la fecha
lo hará feliz largo rato
plantar un pollo en su mesa
junto al clarete barato.

La salud no toma en cuenta
mucho menos el mal trago;
glotón, devora las presas
de sabor harto pasado.

Necio la compra celebra
de algo has de morir, hermano,
su otro yo lo melonea.
Él, a fondo, lame el plato.


3

Dama de muchos disfraces
en el carnaval mundano
Avaricia, sin gastarse,
halla pareja a la mano.

Vale igual sexo o pelaje
rija el invierno o el verano
a sus pies verá postrarse
al gigante y al enano.

Bajo filas del chetaje
hay fulanas y fulanos
decididos a negarle
cierto alivio al desamparo.

Para adentro es el rascarse
mero juego de villanos
¿ayudas o caridades?
no sueltan un pinche mango

Otra estofa el sabalaje;
al alegrar a un descalzo
es más cálido el mensaje:
Tomá , hermano, estos tamangos.

Qué distintos los paisajes
hacia uno u otro costado.
Entre los negros sin traje
ninguno escupe el asado



SONETOS DEL MALESTAR
                       
1
Infecta rata que al huir declinas
los restos de una honra que a los perros
tiraste sin sonrojo ni coleto
al cabo de una vida asaz mezquina.

Cómo pudiste rebajar tu hombría
tras ser educado con tanto esmero
aunque pronto olvidaras tu abolengo
enraizado en conspicuas hidalguías.

Ducho en las malas artes del despojo
cruel dejaste en la calle, al garete,
a decenas de huérfanos y viudas.

Oye: diste y quitaste a tu antojo,
para pocos miel, para muchos peste;
las ganancias, claro, siempre fueron tuyas.


2

Con garra fría la celosa envidia
tu pecho muerde, ricachón al pedo
cuando ves pasar, el fardo ligero,
al que en cualquier plaza deja ir el día.

Si el dólar o las bolsas son tu guía
y por codicia doblas tus empeños
más repele tu abominable credo
que al vacío vivir falto de miras.

Los números astillan tu cabeza
y hora a hora te sabes estreñido
sin que amengüen los yuyos tal acoso.

A pasos de tu bulo, en la vereda,
 a pata suelta ronca con silbidos
un borrado del círculo virtuoso.


3

Aderezadas con medias verdades
las grandes mentiras, a fuego lento
cocinadas, son el mejor potaje
para fruición de paladares negros.

Estos repúblicos son raras aves,
a todos les sienta obrar como el tero
que afina tres veces en un paraje
y en otro, alejado, pone los huevos.

Que a nadie extrañe la comparanza:
guita por huevos ¡Dios, cuánto se afanan!
en pleno festival de la alegría.

A muchos miles el poder descarta
-miseria más olvido los hermana-
nunca falta el gato que sonría.


4

Promesas de candidato en campaña
apenas levantarse viento vuelan,
volverán a mentirlas con más ganas
cuando mariden poder con veleta.

Lo de un futuro mejor son patrañas
y a cuántos de miras cortas desvelan,
pero aquellos caretas se dan maña
para que no les soplemos las velas.

Del sufrimiento ajeno siempre ausentes
de esperar en vano también se muere
y el que venga detrás cargue al finado.

En asuntos del mandar hay conductas
resabidas: llegando a las alturas
los de a pie siempre quedamos colgados.


5

Camino entre muros de sombra lisa
los cuales rozo al extender mis brazos
en tanto respiro hondo y doy cien pasos
cuando dejo un rato esta celda fría.

Media hora clavada una vez al día
es el tiempo de mi andar cansado
que me permite ver del cielo un tajo
pero jamás el sol al mediodía.


Mis dedos se demoran, carne viva
sobre tosca piedra rugosa al tacto,
costumbre regresada del pasado
a manos que ahora no son las mismas.

¿Qué demonio ¡ay! enajenó mi juicio
y guió mis garras al cuello frágil
de aquel pobre inocente sorprendido?

Noche a noche regresa el bosque umbrío,
también el niño vuelto un ángel lábil.
Nunca oigo lo que dice. Es mi castigo.



CANTO DEL MARINERO


Ladrón de atardeceres
dócil al zaino convite ginebrino
¿Qué ves, marinero, en el fondo del vaso
cuando encendida la noche
el estaño navega mar afuera
ya al garete tu cordura?
Rompe el oleaje por estribor, anuncio de vientos
                                                              rugidores.
¡Vergas en alto!, faroleaste al anclar
en este fondeadero de ninfas empolvadas
-ochava de Pedro de Mendoza y Olavarría-
que bracearon a tu encuentro, viejo fauno,
para ceñirte, risas van, pellizcos vienen,
una guirnalda de pámpanos...morochas, rubias teñidas
más otra natural, la piel lechosa con su galaxia de pecas.
Cuélanse los cantos de sirena
entre sones de cumbia merdoliosos
mientras sorbo a sorbo van pasando las horas fumadas                                                         
         a precio de orofino.
Prolijos bostezos marcan tu laxante cháchara astral:
los equinoccios y los solsticios
-entienden aquestas papusas-
vendrían a ser dos tribus selváticas
que yendo de rama en rama sobre follajes esponjosos,
a duras penas copulann arriba de los árboles
en remotas islas guardadas por barreras de coral
más el dosel de las palmeras sobre la costa
         allende los Mares del Sur,
teatro de tus hazañas a bordo de un frágil bergantín.
Por cuestiones de momento
(acaso una santa madrecita malmentada
¿o le sostuviste la mirada al rufián de reflejos
                                                   ponzoñosos?)                    
hacia los primeros gallos perdiste el rumbo
ganándote encima esa patada servicial del trompa,
tu pasaporte a la intemperie
                                                  en ascuas el culo.
A paso de cangrejo caminás hasta el borde del Riachuelo
para vaciar el caño, ahora en posición viril,
venteando el hediondo tufo de la podredumbre
pero, ¡araca!, de espaldas a peores males.
La luna arroja los últimos pétalos de luz.
Sigiloso, estaciona un patrullero:
a través del vidrio te fichan dos cabezacuadradas,
el garrote celoso engarfiado bajo los dedos gordos como           
                                                                            chorizos
 Desde la embestida de los caretas de colmillos color maíz
(Mr. Yellow al frente, próvido caporal de la jauría),
manos en la nuca y la ñata contra el paredón
volvieron al código urbano, sí señor,
             a gusto de paladares negros.
¿Será éste otro texto contaminado?
Eterno retorno, la noria feroz de la violencia,
                      los rescoldos del odio.
Es tiempo de gatos paseanderos;
oblicua la llovizna, cruza un remero de sueños olímpicos
suda que te suda la celeste y blanca.
Tajea las aguas lodosas con unísonas paladas
derecho al gran osario del Plata
en su retina golpe a golpe más ancho, menos lóbrego.
El mar devuelve a sus muertos, el río los encofra.
Una plegaria por quienes chupó el vacío,
                       sin alas para volar.
Dales Señor el reposo eterno y brille ante sus ojos
                      la luz perpetua.
“Memoria”, nombre que le damos
a las grietas del olvido.
¡Pobre marinero!
En tierra, todo final es incierto.
Siempre.


Carlos Bègue (Buenos Aires, Argentina, 1935). Narrador y poeta. Ha publicado Oscuro tesoro de la muerte (cuentos, Premio  Municipal de Literatura de la ciudad de Buenos Aires, 1984), El paseo del Centauro (cuentos, 1983), Buitre de pesares la memoria (novela, fue finalista en 1999 del  XVII Premio Herralde, Premio Osvaldo Soriano, Mar del Plata, 2001 y Primer Premio del Fondo Nacional de la Artes, 2003). En poesía es autor de Los Cardales (1986). Le decían cabezón  (cuentos, obtuvo una mención en el premio Casa de las América (Cuba, 1987) y en Uruguay el primer premio del concurso Cuentos de Inmigrantes.

Poesía actual, Venezuela: José Delpino





José Delpino























I

la mímica muda del jardín agitado,
tras los vidrios,
cabelleras danzantes de bambúes ocultando el viento,
la vena incipiente de la calma,
y el mediodía, de pie,
con su joroba sorda y con su locura

algún secreto guarda la mirada del hombre,
la última foto de la casa vacía,
la mesa donde los codos se cansan,
el rictus de daga que queda en el cuello;
el recuerdo;
el vacío en el estómago y en el puesto

algún secreto guarda la mirada del hombre,
la fiebre de las cosas,
la cena amarga,
la ira del deseo y la euforia confusa
que se va como un eco

máscaras desconchadas puestas bocabajo,
muertos paraguas fríos como lagartos en la boca,
la brizna de paja en el jarrón de rosas, lleno de arena,
como si se creyese que la arena es como el agua

*

IV

has enjugado tu ojo sediento
su vértigo enorme entre el lleno del mundo
y donde el árbol, certero ante la lluvia,
has enjugado el cielo bajo el peso de tu techo

tus pájaros de piedra has emplumado
en esa ventana abierta alguna tarde,
has deshecho ceniza entre tus dedos como un pan escrito,
y ahora tu lengua está,
seca,
atenta al silencio de tus párpados,
al peso del agua,
alzada sobre el aire

has deshojado insistente entre tu dedo
la pluma de la piedra en la clausura,
has emplumado tus pájaros
bajo el cielo de tu techo,
y al encierro de tu lengua,
rodeado de paredes y postigos,
has alzado en la memoria del instante
la escama blanca
de la cal,
la sed del ojo que adentro se despeña,
el tacto impenetrable de la altura,
has extendido, como una piel ante tus ojos,
tus arduas, silenciosas,
vecindades, de distancia

*

VIII

la saliva,
amarga laguna en el labio
cuerpo del derrame;
la grieta roja en la lengua,
jaspe de sangre contra el cielo;

el plexo,
respirando
jadeando
elevando costillas,
manojo blanco de la muerte
enterrado siempre en carne
siempre en tierra,
hincado desde arriba
fósil blanco
elevando
con su fuelle de tiempo;

torso hincado,
torso escrito moldeado de la tierra,
por su cauce,
aire hervido,
jaspe rojo,
fuelle hincado,
largo cielo,
de la boca

*

XVI

cae el monte
se desgrana como pan humedecido por una gran boca
y su altura escupe su caída
el monte
en su vertical de ramillete seco
el monte
que desgrana como una torta de trigo oscuro
y en la vena hincada, entre los bloques de piedra,
la saliva inyecta haciendo barro

la tierra cuece
la falda gira
la cinta del pelo se ciega en el piso
la pendiente hincha el pie
la pendiente del monte que rueda

cunde noche
la fronda verde abre su sello
el agua suelta voces
la cortada sonora de un hada inmensa

cunde fronda
un cuerpo dormido yergue su herida
esta tierra se hace boca
promulga otra boca en otra tierra
esta tierra traga pies
esta tierra lame torsos

come la luna el sexo en el barro
come la baba negra en la greda
la luna carne
la luna tierra
piedra del cielo oscura

cae el monte
la noche que cunde
la fronda verde abriendo
el ojo de soslayo tras la reja de hojas
el ojo de soslayo tras la reja de hojas

cuece distancia
cuece piedra el torso
cuece el brazo y hala
viene
baja
del monte crece el ruido
una turba de pies mostrando el carbón de planta
al tiempo
al monte
una turba de cuerpo inmenso

cae el monte
gira la falda y suelta la herida
suelta el pie tras el pie la carrera
suelta cinta
suelta hogueras de pelo
hace boca
pronuncia su borde rojo
inmenso
mínimo

cielo
cielo vientre tu sordera blanca
la hiedra que turba
que se tumba en el barro
el ojo de soslayo tras la reja de hojas
el ojo de soslayo tras la reja de hojas

muda
muda recoges tu pelo
bajando el monte con tu saya henchida,
con tu turba de piernas erguida sobre la vertiente honda
erguida sobre la mordiente allá
bajando
pies desnudos
hiedras torvas
retumban los pilares batientes sonriendo con sus plantas negras
al monte
al tiempo

caen pasos
caen pasos
la sangre coagula en flores
el frío, la lengua, coagulan,
encienden abismos de pétalos

cae
cae tu seno al viento y lo empoza de carne
cae roja enredadera la lengua y se entorna por la nada
entre las hogueras
entre las lejanías

suena
suena penitente llamada tu grupa animal
suena tu cadera penitente huida
tromba embestida agua

cae el monte
cae el monte
cierras el paso con tu fronda de plata
con tu agria bebida negra en mi boca
con tu muñeca rota
frágil
quebrada

caen
reptan pétalos sobre la entraña oscura
cae
late víscera tu pecho
late aire y pulsa
la mole verde
la mole viento
quiebran círculos las hojas rojas
crece el aire su lengua y gira
hincha de ramaje el muro

late
late víscera tu pecho
late aire y pulsa
un labio musita su partida
pronuncia su borde rojo
cae en el envés del aire
inmenso
mínimo

cielo
es cielo vientre tu sordera blanca
una cruz en el desierto de los cielos
un abismo de ojos que ciñen tras la fronda

negra
santa oscura de manos encendidas
roja
santa de abismo
fruto de tu vientre la tarde
fruto de tu vientre caída
fruto de tu vientre  mi semen de plata
fruto de tu vientre mi lengua
fruto de tu vientre la nada
fruto de tu vientre María rota
fruto de tu vientre María ciega

Santa madre de los dedos que miran
mordida es fruta nuestros pechos
nuestros pechos en hondas verticales
Santa madre de los dedos que miran
Santa madre de los dedos que miran

torre de marfil la punta de tu lengua
rosa de mirra
cuece tu sexo roto su labio
come fruto tu sexo
come sexo roto
come labio
come sexo erguido
come santa
come caminante
traga tiempo
lame brisa con su boca negra
con su oro rojo
con su carroña de hálito dulce
y traga tiempo
traga tiempo
traga tiempo

cae el monte
cae el monte a tu paso
y a tu paso se desatan las trancas de la lluvia

cae el monte de gente
cae el monte dormido

cae el monte

cae el monte

cae el monte y suena un río de entraña

de tu pie

que se yergue

alto

sobre la mordida

***


José Delpino (Maracaibo, Venezuela, 1981). Poeta, investigador y ensayista. Es melómano y entre sus intereses más acendrados están la poesía, el cine, la tecnología, la divulgación del conocimiento, el teatro y la teoría crítica y cultural. Su primer libro, Fanes, ganó el III Premio Nacional Universitario de Literatura (2009) y fue publicado por Editorial Equinoccio en 2010. Textos han aparecido en diversas revistas y blogs como Quimera, Las Malas Juntas, El Cautivo, Poesía, Arepa, El Salmón, Afinidades Electivas y Los Poetas del 5.

lunes, 12 de junio de 2017

Washington Cucurto: 2 Poemas



Washington Cucurto






















McDonald’s


¡Gracias, Macsito de Pueyrredón y Juan Perón,
por bancarme las mañanitas a cambio de un café !

¡Gracias, bushísima cafetería del mundo moderno,
por atar mis pensamientos en el vidrio sucio de los locales del Once!

¡Sin ti, gran Macsito de chicas criollas y argentinas
(no todo es del Imperio) ¿Dónde estaría yo ahora?!

¡Gracias, Macsito, amigo del alma y de las circunstancias,
qué pena me da cuando la multitud con banderas del Che
vienen a romperte los vidrios y las persianas !


¡Macsito de la Empresa Bushista, viva tu imperialismo
de McCombo, medialuna y café.!



El motivo


No al dinero, en el fondo.
No a las propiedades y a las torres de las corporaciones.
No al deseo de navegar en un dique sin salida.
No a las calles con nombres de mujeres y el falo
en el centro de la ciudad.
La jovencita puso naranjas en un carrito de supermercado
y vende jugos exprimidos.
La mujer que limpia un auto.
La mujer que pide con sus hijos en brazos.
La mujer que envía un mail en un idioma desconocido.
La mujer que abusó de su maternidad.
La mujer que le quita los piojos a su hijita
con un peine fino y religioso.
La mujer que camina.
La mujer que estudia en la universidad
una carrera que no puede terminar.
La mujer que colgó los juguetes de su hijita
de una soga con broches de colores.
La mujer que consulta los mails.
La mujer que se enoja por pavadas,
la que exige sexo cuando quiere
y siempre aspira a lo mejor.
La mujer que nunca se arrepiente.
La mujer que dobla el cartón.
La mujer que encola el cartón.
La mujer de cada día.
La mujer que, en vísperas de su tiempo
(absolutamente femenina, absolutamente mujer)
lee un poema de Drummond de Andrade a la multitud feliz .
La mujer que lee un poema.
La mujer morocha, caderona,
maternal mía,
mal y canal
la mujer.


Wáshington Cucurto, (Quilmes, provincia de Buenos Aires, 1971). Poeta, narrador,  editor, artista plástico y gestor cultural. Dirige la editorial  Eloísa Cartonera. Ha publicado: Zelarayán, 1996, (poesía), La máquina de hacer paraguayitos, 1997, (poesía), Veinte pungas contra un pasajero, 2003, (poesía), Hatuchay, 2005, (poesía),Como un paraguayo ebrio y celoso de su hermana, poesía (2005,) Upepeté. Noticias del Paraguay, poesía, (2009), El tractor, poesía, (2009), Poeta en Nueva York, poesía, (2010), M, poesía, (2010), Cosa de negros, novela (2003), Noches vacías, cumbiela (2003), Panambí, cumbiela (2003), Fer, cumbiela (2004), La luna en tus manos, relato (2004),Las aventuras del Sr. Maíz, relato (2005), Hasta quitarle Panamá a los yanquis, novela (2005), El amor es mucho más que una novela de 500 páginas , novela breve (2008), El curandero del amor, novela (2006), 1810. La revolución vivida por los negros, novela histórica (2008), Idalina, historia de una mujer sudamericana, novela breve (2009),  El Rey de la cumbia contra los fucking Estados Unidos de América, relato (2010), Pulgas y cucarachas, relato (2010), Sexibondi, novela (2011), La culpa es de Francia, novela (2012).
Fue traducido al portugués, alemán, francés e inglés.