lunes, 21 de agosto de 2017

Abel Robino: Poemas




Abel Robino
























 
Sobre el estilo del emperador Lucio Séptimo Severo


Admiro el estilo desprolijo y justo, Séptimo Severo,
con que desmantelaste tu corte y construiste un corral de gallinas.
Soy ése al que se le pega la envidia de tu ocurrencia
por bautizar a tus plumíferas criaturas con el nombre de unos malos gobernantes.
Reverencio esa técnica de traqueotomía a la retórica asmática
en semejante suspiro de parodia.
Me pregunto cómo hacer para copiarte esas largas  
meditaciones desengañadas, haciendo siesta sobre tus laureles.
Juro que he intentado parodiar aquel discurso que te achacan cuando la invasión
de los bárbaros era un hecho. 
Si los bárbaros admiran tanto nuestros automóviles, tanto desean a nuestras
mujeres siliconadas y tanto babean por nuestro confort,
¿hasta dónde puede decirse que sean  bárbaros?
(Les hemos inoculado la peste más exquisita: la civilización.)
Celebro tu desvergüenza, Séptimo Severo,
cuando calmaste a tu séquito chillón con un ademán hueco en el aire, ofreciendo
un banquete en un puñado de maíz 
y, sobre todo,  porque nunca negaste los orígenes:
un recogimiento desencantado entre la lucidez y la vagancia. 


Simulación de paisaje con flores  
In memoriam Delfina Gil Soria    

Hay momentos en los cuales se debería contener la respiración                        
para saber de qué aguante valedero estamos hechos ante un sacrificio.
Supe de una mujer que dominaba el acto visceral     
de engullirse el aire de su jardín y con esa atmósfera
enrarecida de flores, lo soportaba todo, consumiendo gran parte
de sus reservas sentimentales.
(También se respira cuando no se respira, dice el deseo.)
Trababa el diafragma y a fuerza de pura gimnasia inhaladora
se atascaba de tallos, brotes y de los fofos verdines de las plantas.
Me enteré de su muerte porque aquella mañana desperté
con el cuerpo encorsetado de ronchas.
Desde una gelatinosa imaginación de mal dormido
comprobé que las almas suelen mugir a su manera
y, a falta de un mayor emblema,
la mía acercaba esta urticante y cómica ofrenda
para que ella no dejase de reír desde la otra orilla
viendo algo semejante a anémonas silvestres
sobre una carne casual.


 


Abel Robino nació en Pergamino, Provincia de Buenos Aires, el 7 de octubre de 1952. Es poeta y artista plástico. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de La Plata. En esta ciudad fundó en 1977 el Grupo Literario Latencia. Es Master en Artes Plásticas. Desde 1982 reside en Francia. Publicó los siguientes libros de poesía: Obsesión (1978); Las especies de la noche (l982); El estado de la quietud (1986); Hiel por hiel (1997); Poemas (2004) y Burundanga (2013). Como artista plástico ha expuesto en varios países de América, Europa y Asia, entre ellos: Argentina, Brasil, Cuba, Francia, Bélgica, Alemania, Suecia y China (Beijing y Shangai). Su poesía es reveladora de la más cruda realidad y se halla atravesada por el doble exilio que implica estar en el mundo y vivir lejos de la propia tierra. El desarraigo y la orfandad, derivados de esa situación, constituyen el trasfondo de su creación más reciente. Robino mira el mundo y se mira a sí mismo de manera irónica y descarnada, sin piedad ni autoconmiseración, pero también sin reproches. Para Osvaldo Picardo, la suya es “una voz bestial que se sabe traicionada por su propia sombra proyectada sobre la hoja de la poesía”.












Jorge Arbeleche: Cuaderno de las conjugaciones



Jorge Arbeleche








                                                 



                                                   Postales de Ansedonia

                                                      A Martha Canfield y David Antoniucci


Conjugación del agua

Así,
sin prisa ni ansiedad
sin muro vertical sin base
sin límite de altura, sin vidrio
astillado —alabastro, tal vez—,
donde contorno y perfil se difuminan,
entonces,
percibo entre el jardín de piedra y sombra
el liquen asombrado y alegre ante mi paso
donde paso revista a todo lo que fue
a lo que pudo ser sin haber sido
al vestigio aún ardoroso de la llama
—la que fraguó al carbón
en infinitos instantes de vértigo y asombro—
hasta tornarlo canto, mano, diamante,
llaga encendida por la ausencia
que solo en el sueño se mitiga.
Porque ardió la ceniza, el eco de la llama
aún quema. Y la ausencia desborda
su lava lacerante.

En el vergel de herrumbre, así como el gusano
se torna mariposa, una bahía nace. Respira. Serena como el aire.
Un velero blanco —tan lejos como cerca—
surca una mar perfecta. Para siempre.
Desterrados los puntos cardinales.
Sin más rumbo
que el aliento de Dios sobre sus ondas.

Ansedonia, 18/08/2016



Conjugación del poniente

Es el mismo y es otro.
Nunca un milagro se asemeja al mismo.
Sabemos que cada atardecer retorna
se esconde y en sosegada espera
lo aguardamos. Nos descifra la noche
a los insomnes. Nos traduce la luz
y nos descubre el pentagrama sonoro del coral.
Respeta el contumaz encierro de la perla.
Todo parece cerrarse bajo el agua.
En tanto, abre la espuma
el ritmo
único y primero del canto
y su silencio.


Conjugación del sueño

Enfermo el mar, exhausto el aire,
el viento trae aliento fétido de culpa,
sobre la piel del agua se escucha
la sigilosa cifra de la máscara.
Expande sus alas la traición
bajo cada perfil de sus disfraces.
En un racimo de uvas húmedas
urdió su trama la mentira.
La gloria de luz de la manzana
oculta el alerta silbido de la sierpe.
Su agudo cascabel se enciende y apaga intermitente.

Cuando la noche escale y suba al día
y en su cumbre se unan
la vertical escarpada del engaño
con la serena horizontal de la piedad,
el ángulo exacto del perdón
abolirá sus llaves y serán uno
perdón y perdonado.

Una orden vendrá de la Armonía.
Podrá volar el pez, nadar el ave,
nacer la flor por tallos y raíces
guardiana la corola será
de semen y semilla.

(A fuerza de soñar un sueño
tras el otro, a fuerza de golpear
un sueño contra otro, a veces,
los sueños se vuelven realidad,
a fuerza de soñarlos).
Conjugación de la fe

De tanto bien lo que no entiendo creo.
Garcilaso de la Vega

La copa del jardín más alta oculta
el lacio palpitar de la bahía.
El peso de su fruto anuncia
el abono futuro del follaje
y en paralelo fiel,
la vocación de altura de la rama
enlazada al enigma circular de su corola.

Velero o pájaro, bajel o trino,
sin ancla ni velamen sin ala
ni la pluma, el río de la luz navega
el aire, surca las fogatas, descubre
la gruta de las algas,
se oculta
detrás del infranqueable muro de madréporas.

Entonces
se cree en lo que se ignora.
Conjugación de la sal

anoche Martha preguntó
si estaban demasiado salados
los tomates

¿Cuándo —si acaso lo sabemos—
estaremos seguros del perfecto sabor
de cada cosa? ellas están
en el exacto ritmo del respiro
de cada una en su sitio
desde la cascada de luz de su esplendor.

A veces son avaros los granos de la sal.
La llaga abierta se consume pero no se cierra.

“En un perfecto acuerdo de la balanza”
en la nueva ensalada se compensan.

Anoche los tomates colmaron
de roja delicia la cena y el reposo.

En un perfecto acuerdo de balanza
Juana de Ibarbourou, Azor
Conjugación sonora

El bosque del coral entona a veces
su turbia melodía, alguna vez es roja
como relámpago de furia, crespo el aire,
otras, semeja blanca como un hilo de nube
o grave, como la sombra aleve de máscara
y mentira o límpida, como clave o señal
de manantial. Se entreveran se mezclan
se confunden los acordes de una música
con otra y el oído no distingue
los compases oblicuos de agudo claroscuro.

Porque es bifronte la Belleza y ciego
es el ojo que la mira pero no la ve.


Conjugación del Mare Nostrum

Aquí vieron su inicio el mar y los marinos.
Paralelos, nadaron por vez primera y única
la sirena y el pez. Aquí nació la luz.
El reposo de la sombra equilibró con el sueño
la vigilia. Los hombres de la orilla bautizaron
el Agua. Descubrieron la llama detrás
de las Fogatas. Supieron del diamante
en la palpitante ceniza del carbón.
Cultivaron la oliva, el vino, el trigo,
el alevoso puñal de la traición la espada
criminal y la conquista. La ruina
el apogeo la historia y la memoria.

Galope y vuelo. Centauro con paloma
en nupcias de alta cumbre.

Gota por gota modelaron sus ondas
la perfección de Venus. Fundaron
la Casa del Amor. El Templo.
Guardián de las plegarias.

Mañana tras mañana echa su red
al mar un pescador. Se oficia
ese ritual en gesto fiel
de asombro y gratitud. Perpetuas.
Conjugación del canto

Se despereza temprano la mañana.
Sosiego entre la niebla, detrás
el monte, lejos el bosque, siempre
el mar en empapado ecuador que los rodea.

Deshojada la Rosa de los Vientos.

El zafiro de Oriente se engarzó
en el Oeste, el Norte respira
como el Sur y el Sur respira
con el Norte, los ríos retornan
a ser dioses y los jóvenes vuelven
a ser ríos. Estrenan la hermosura.
La fundan. Vuelve a nacer el mar.

Abierta queda la morada del canto.
Conjugación de un hombre

Una rosa.
La aurora y el poniente.
Un gesto de coraje
un acto heroico.

Sin pausa ni sosiego
la aurora va al poniente
y el poniente retorna hacia la aurora
en el preciso ritmo que el círculo
dispone en el orden exacto de las cosas.

Adentro del círculo
galopa el mediodía.
La rosa exhala
la plenitud circular de su fragancia.

Se huele su perfume
se presiente el húmedo temblor de cada pétalo.

Fuera o dentro del círculo
la cifra exacta de la Rosa
se anuncia. Pero no se ve.

A David Antoniucci, con gratitud y en préstamo


Conjugación del mirlo

el mirlo canta
la rama donde se posa, canta
—su horizontal perfecta es eje del color y la forma—
a veces
pasa del agudo al grave
a veces
pasa del agudo al silbo
pájaro
canto
abajo suena
sonido de pisadas de ruedas o pezuñas
ni canto ni pájaro lo escuchan
se eleva con las alas, allí se posa
ya dueño de la rama del follaje
del árbol entero, sombra y fruto
el canto se desprende de la rama
es nube brisa murmullo de la sombra
pluma más allá del ala
pistilo y estambre en combustión
pezón estremecido ovillo de la luz
juguetón cachorro mañanero
estrenando color de madrugada


Conjugación del trasluz


Alejado del sueño, distante de las horas, miro la ausencia en acecho constante, estudio y calculo cómo crece su sombra detrás de su carcaza, milímetro a milímetro en progresión geométrica, arrastra el eco del barullo procaz de la rapiña, aturde su zumbido incesante, acribilla los bordes de la noche descose el hilado de la luz y se derrumba el día sobre las ruinas del tábano en el barro.

Cerca, o atrás, tal vez a la derecha o a la izquierda fulgura cierta luz —a veces alta— me sigue me persigue me envuelve me quema o ilumina me enciende el día me conduce en lo oscuro alcanzo a ver las cosas al trasluz traduzco su derecho y su revés me colma la sed o me ahoga de arena la garganta, desata la voz encadenada, tartamuda, no conoce camino de salida, se atraganta escupe piedra, no percibo si es latido o estertor lo que me tiembla. Escarpado el terreno y la ruta. Sin señales. Oculta el punto de llegada.

El Aire fluye. Por delante, alegre, triste por detrás.
Refresca a veces. También a veces quema. Pero siempre salva.



Jorge Arbeleche (Montevideo, Uruguay, en 1943) Poeta y ensayista . En poesía ha publicado:  Sangre de la luz (1968),Los instantes (1970),Las Vísperas (1974),Los ángeles oscuros (1976),Alta noche (1979)La casa de la piedra negra (1983),El aire sosegado (1989),Ejercicio de Amar (1991),Ágape (1993), Alfa y Omega (1996), El guerrero (2005).En 1993, se edita  Ágape, una antología que, conmemorando 25 años de una incesante tarea poética, restituye escritos de los ocho libros editados hasta ese momento. Es miembro de número de la Academia Nacional de Letras del Uruguay y Premio Nacional de Literatura (1999).

Cecilia E. Collazo: Lonja de real





Cecilia E. Collazo



























Escribo
con garras de tigre
que marcan la tierra.

A veces soy sutil
Otras descarnada.

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La rima
que empalaga
el verso.

La regla
que lo azuza.

Y si la poesía
volara
libre
como el pájaro.
………………………………………………………………………

Del poema velado zen,
prefiero
la encarnadura de tu cuerpo
en la palabra.
…………………………………………………………………….

Pretende
las manos sin sangre,
mientras recoge
sus cristales rotos.
……………………………………………………………………….

Te acaricia
el sol del otoño,
y si un día
descubrieras
que es veneno.
………………………………………………………….........

Baja la mirada
al verla.

Y ella, se da
una media vuelta.

…………………………………………………………………………

Luciérnaga:

Pequeña
luz intermitente
brilla en la oscuridad
por propia fuerza.

……………………………………………………………………….

Pasa el otoño,
la grulla
se hará vieja.
……………………………………………………………………………….

Puso las flores
en la taza
como en un florero.

Y dio vida a la casa.
……………………………………………………………………………

Una mujer:

Esa gaviota
que cruza
 el océano
sin mirar.
…………………………………………………………………………….

Vuela
tu luz
que un pájaro
 lleva.

……………………………………………………………………………...

Prestame
 tu río
para navegarlo.

………………………………………………………………………………………


Movimiento

El agua del estanque
no tiene vida.
En el río
nadan los peces.
………………………………………………………………………

En el Bosque de las letras
descubre que no hay
un Guardián de las palabras.
……………………………………………………………………….

Apenas
 asoma el hocico,
 se congela.

………………………………………………………………………….

Su pensamiento
es tormenta
ó claridad de nube blanca.
…………………………………………………………………………..

El poema
se torna mirlo:
 canta al vacío
 y se hace eco.

…………………………………………………………………………

Mariposas

Vuelan
en su regazo
 anuncian
su llegada.

……………………………………………………………………………….

Pava

Cómo puede al ocaso del día
calentar el agua
y regalarnos su encuentro.
……………………………………………………………………………


Flor

Quizá porque está sola.

Parada allí en el agua,
con su tallo
esculpida.

Cabellos rojos como pétalos,
acompañan su estatura.

Firme en el agua
la gerbera.
…………………………………………………………………………

No sabe hacer con el lenguaje
Ni lo pretende.
Sólo escribe poemas.
………………………………………………………………………….

Cae el sol de la tarde
dejando su luz
como un resto.
……………………………………………………………………………

No le gusta lo que tiene.
Tampoco sabe lo que quiere.

…………………………………………………………………………
Mide, cuenta, guarda…y
se le rompe la regla.

…………………………………………………………………………

Olvidándose de sí
perdió la memoria.

Recogió las amarras
 que anclaban
 lo vivo.

…………………………………………………………………………


Trepa, trepa…
para ser olvidado.
………………………………………………………………………….

Ay la luna
que con su lana blanca
le teje al niño una manta
para cubrir
su sueño.
…………………………………………………………………………

El hombre
simple como la flor,
huele a rosas.
…………………………………………………………………………

El aura violeta
cubre el suelo
que pisa su paso.

Los pies sin ruido
colorean la tarde,
como un regalo.

………………………………………………………………………….

Arrogante la margarita
cree por simple,
ser la más bella.

La mariposa,
lo certifica,
con su certeza
de bailarina.

………………………………………………………………………….

Colibrí

Con táctica
mete su fino pico
en la campanilla
y bebe el néctar.

Cuida el aire,
no se lo robe.
…………………………………………………………………………

Ayer tenía un vestido.
Hoy nada tiene.

Se levanta
con un vacío en la garganta.
…………………………………………………………………………….

La tijereta
defiende
con énfasis
su nido.

Pobre de aquel
que camine
cerca.

…………………………………………………………………………….

Luz oída
en el desierto.



Cecilia Elsa Collazo. Nació en La Plata. Buenos aires en 1962. Poeta.Ha publicado los libros de Poesía. Poética Despiadada (2013) y Éxtimos de Imaginante Editorial (2013). Dueloinvento. Obra de autor/editor (2016). La Rosa de Cobre. Letra Viva Editorial (2014). Lonja de Real. Modesto Rimba. (2017)¿Qué escucha un analista? Grama Ediciones. (2007) Psicosis y autismo infantil. Letra Viva Editorial. (2013)
Sus poemas han sido publicados en varias antologías y en páginas web; así como en Perú, México, Brasil, Argentina, España y Portugal.