domingo, 14 de octubre de 2018

Renato Sandoval Bacigalupo: Poemas



Renato Sandoval Bacigalupo























Alba

Ahora duermo de pie como los heliotropos bajo un
chubasco; sus pétalos son mis brazos abiertos al sol
oculto desde el amanecer y mis piernas esas raíces que
les impide irse, correr, fugarse de esta horrenda tierra
que hace imposible cada uno de los sueños, abonando
el rencor fulminante y un miedo ancestral.

¿Hacia dónde deben mirar ahora esos girasoles,
agostados como están por la luz seca de siglos y obuses,
mientras en otras fosas florecen el musgo que adorna
sus sienes y unas zarzas comparten con ellas su hoguera?
¡Tan fácilmente distingo entre un pistilo amputado
y un pene que bebe sangre por ausencias o desamores
impacientes! La lluvia será el escudo de los crédulos y
mantendrá indemnes la locura y la indolencia.

Pero ahora ya no duermo de cabeza ni de a saltos
entre las briznas de ese amanecer que tarda como nunca;
me revuelco en mí mismo y los pasos en falso son lo
único que reptan y brincan en mi sonambulismo. Sol
de soles, altivo celo que te niegas y reniegas porque esa
es tu tarea, de día en día, solo siempre, solo jamás.

Réquiem

Asediado por los acordeones de un pasado preterido;
culpado de sueños y pesadillas que yo criaba libremente
desde la infancia; abolidos el respiro, la riada de sangre
entre mis pensamientos, ahora alienados por el odio
y la náusea ajena como propia, heme aquí, recostado
contra un espejo de piedra donde se proyecta la pipa
de maíz que me cuida y me calienta el corazón yerto
desde los doce años. También en ese espejo altivo se ilumina
la copa de titanio donde reposa otra copa por el
que mi verdadero rostro se asoma, rojo como el parto,
sombrío por la inquina que desde un inicio profetizó
mi desgracia.

Tan tempranero el ocaso de los minutos desperdigados,
mientras las lluvias de otro mundo riegan la
muerte y el ansia de tantos que también quieren morir,
si bien de otra manera: acaso atravesado el corazón por
una aguja supurante que aún no rezuma; despellejado
a cuentagotas la culpa incesante de nuestros padres y de
nuestros futuros difuntos a los que desde ahora desprecio;
violado una y otra vez por las lúbricas hiedras que
fustigan sádicamente la mente, el rubor, un vaga inocencia
dormida indefensa, ínsita, al fondo de aquellos
que aún no nacen.

Pavor, afrenta, vergüenza insigne y vituperio listo
para ofrecerse generosamente por doquier a quien pase
por delante de ese persistente espejo, de esa lápida erigida
entre rumores y escarnios, regalos por llegar; esa
roca pútrida donde reza nuestros nombres, solo nombres
y más nombres, sin coraje, sin excepción.

Bluefields 2

En el dintel, no sé por qué veo eso que rechazo a puntapiés.
No hay sombras que yo proyecte o imagine, salvo
un sueño impuro o una ola rabiosa golpeando y haciendo
añicos cualquier esperanza.

Me lo dije anoche cuando todo era un nuevo fin,
una casi certeza de la nada cierta, de esas nadas encumbradas
entre las dunas que pueblan mi mente, de esas
que viajan con los pensamientos no dichos o de otros
más aún no pensados, ni siquiera sospechados en estas
aguas sin sal y de púdico engaño.

Si al menos ahí estuviese lo no previsto ni olvidado
como debería haber sido, porque las palabras no
favorecen las buenas maneras, las olas de convicción o
clarividencia, o simplemente porque ya no hablan ni
murmuran ni acezan, pues viven, vastas, en mí como
en ella muero.

Odio cordial

Pesa mucho el odio en los bolsillos y más cuando el
calor se venga de las criadas, aplastando a perros y mendigos
con el mentón que pende entre árboles y autos
sin copas ni medidas.

En la frente no hay ripio de bendiciones; el padre
persigna a su cachorro antes de mandarlo al parque armado
por completo de púas y repugnantes fauces. Arriba,
en las alambradas, relumbran balas de rabia en las
torres de vigilancia y en una pira se ofrende la lágrima
de la inocencia.

Pero, en verdad, ¿las esquinas se preguntan dónde
están los hombres tambaleantes? Nunca los he visto
cara a ojo, aunque sí he oído sus pisadas de coyote bajo
el mal aliento de la luna. También hay lobos por doquier,
cobras, coyotes, hienas y una que otra esfinge.

Pesa como nunca la oración a la noche impura, sabiendo
que en la aurora, puntualmente, me despertará
un aullido.


Renato Sandoval Bacigalupo (Lima, 1957). Estudió Lingüística y Literaturas Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica del Perú y completó estudios doctorales en Filología Románica en la Universidad de Helsinki de Finlandia. Ha publicado una docena de libros, entre poesía y ensayo, y muchos otros de traducciones de autores como Kafka, Rilke, Tieck,Trakl. Pavese, Quasimodo, Tabucchi, Arnaut Daniel,  Södergran, Ågren, Haavikko, Saarikoski, Dinesen, Boberg, Drummond de Andrade, Lêdo Ivo, Paulo Leminski, Sylvia Plath, etc. En 1988 obtuvo el primer premio de “El cuento de las mil palabras”, del semanario Caretas,y el 2015 el Premio de Bronce de Copé. Dirige la editorial Nido de Cuervosy ha sido el director del Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLIMA). Vive en Guangzhou (Cantón, China)

jueves, 11 de octubre de 2018

Rafael Felipe Oteriño: Poemas





Rafael Felipe Oteriño












































Esa vez, Platón

Esa vez, Platón se equivocó: los  poetas
no devuelven imágenes repetidas,
no conspiran contra la fidelidad de los espejos.
Hacen que el árbol de la razón
parezca enano. Que los espejos
devuelvan nuestro verdadero rostro
deformado. Tal como es: con ojos hundidos
y una luna que lo baña y lo enmudece.
Los poetas rescatan la moneda
que se perdió en el fondo del lago,
la gota que sin cesar perfora la piedra,
y eso también concierne a la República.



Todos, alguna vez, estuvimos en el paraíso

El que observó a medianoche la espuma blanca del cielo,
el que oyó un galope prolongado en la estepa de la mañana,
los que presintieron la lluvia y se refugiaron en ella,
el pescador que aguarda el próximo pez que prenderá esa tarde,
el que recuerda el olor a café detrás de una puerta que no existe,
el que siente en la boca la primera palabra de un verso,

Todos, alguna vez, estuvimos en el paraíso,
las manos lo tocaron y el  pecho aspiró su aroma,
el Paraíso cedió por un instante —se detuvo allí—
alzó un vivac en el que cada fragmento coincidió con su parte:
las sombras  con el árbol, el árbol con  el camino,
el río de Heráclito con el río a secas.



Los grandes Maestros


Los grandes Maestros
sintieron predilección por los grandes temas:
Papas, Anunciaciones, Madonnas y Desnudos.
Se detuvieron en abrigos, collares,
rostros de mirada fija y escenas de martirio,
que luego la obra inmortalizó.

Algunos deslizaron en un ángulo de la tela
su cabeza de intrusos, entre calaveras;
o dibujaron tenazas juntos a los pies del anciano,
y a  su lado, un poliedro excedido de escala.
En ello, los discípulos vieron muestras
de patético humor.

Lo que no vieron los discípulos
es lo que los Maestros habían dibujado con horror:
su propia carne desgranándose de a poco,
como  los frutos de caza que también solían pintar,
mientras el pincel introducía bellotas,
granadas de pulpa roja y porcelana celeste.

Sabían, mejor que nadie,
por eso eran grandes y eran Maestros,
que Papas, Anunciaciones y Madonnas
eran estaciones, no arribos.

Un derrumbe de espejos: eso pintaban.
Rostros que, en el trajín de los cuerpos, serían sombras;
sombras que escaparían de los cuerpos
para sobrevivir.



Rafael Felipe Oteriño (La Plata, Buenos Aires, 1945) Poeta, ensayista, crítico y  docente universitario. En poesía sus últimos títulos son: Cármenes (2003);  Ágora (2005); En la mesa desnuda (2008; Viento extranjero (2014) y una amplia selección de su obra,  Eolo y otros poemas, 1966-2016 (2016). En 2016 reunió una serie de ensayos sobre poesía: Una conversación infinita (2016).

Entre otras distinciones a su obra poética se cuentan: Premio Fondo Nacional de las Artes (1966); Primer Premio Regional de Poesía de la Secretaría de la Nación (1988);  Premio Konex de Poesía (1993); Consagración, Legislatura de la provincia de Buenos Aires (1996);  Premio Nacional Esteban Echeverría (2007); Gran Premio de Honor, Fundación Argentina para la Poesía (2014); Premio Rosa de Cobre, Biblioteca Nacional (2014).  Es miembro de número de la Academia Argentina de Letras.


Álvaro Ojeda: Poemas





Álvaro Ojeda


















  







 
1

Dios ya no nos sabe
y las cosas se mueven
galaxias
derechos
economía
separados del mar y haciendo agua
dios ya no nos habla
reza un grafiti pintado por Manrique
en el lomo de Moby Dick.


En el límite está la complicación
pasado y presente
en un desayuno demasiado sustancioso
regado con cierta fragancia de café rancio
ya llegamos al mediodía
casi pariendo la noche
el género también vive en el límite.


Desde 1789
se balancea el poema
no cae todavía
se balancea
en el toque de la esgrima
de youtube
desde 1789
la elegía del porvenir dichoso
se balancea.


2

Ovidio entre los dacios
observa el negro Ponto
supone por él los vastos océanos
en la palabra océano
la mar de Ovidio
dice del arte la palabra justa
la palabra exilio.


También dice el estuario
ese marrón relincho
la palabra incompletos
aluvión debajo de los pies
la ictericia inconcebible
el dorado hundimiento
de todas las palabras.


La palabra final es eterna
el muro borroneado de signos
estrellas crismones medialunas
el viejo edificio de la sorna final.


3

Ahora la luz derivará en invierno
el perro se enroscará en sí mismo
y el punto más lejano
será la primavera
o su recuerdo
la luz tendrá una duración infantil
y habrá un ciclo fugado en alguna parte
o en todas
el perro me observa se incorpora
gruñe hacia un cielo impávido
ni uno ni otro dicen la verdad.


En un cuarto las cinco
serán recuerdo visto
la lengua que busca los restos del placer
en el esquivo zigzag de todo acopio
enciende sus cirios mentolados
en la oquedad de un templo sibilino.


Un anuncio a tiempo
y el ridículo será un poco más leve
aunque el pensamiento permanezca
soldado de imaginaria
obsesión alimentada a desconsuelo
Ovidio entre los dacios.


4

Se sabe cansado:
el débil zumbido del trompo
la púa en ángulo de muerte
la húmeda voracidad de la memoria
las rudas sinestesias del olvido
las inútiles amnesias provocadas.


Se supo cansado
y trató de tramar
siervo de la gleba
la penúltima sublevación.


Se sabe cansado
su perro lo comprende
desde la tibia morosidad de sus ojos
sin embargo lo espera
ambos se esperan
en una tensa
amable
ecuanimidad.


5

Uno no está aquí
para tener esperanzas
dice un periodista
hasta mayo el calor
hará estragos
dice un meteorólogo
hay que cuidar el déficit fiscal
dice el ministro de turno
la expresión económica del orbe
pesa tanto y tan poco
como el estertor sincronizado
de Esther Williams rozando el borde de la pileta
mucho antes se sumergió luego nadó y flotó
todos la vimos en el cine
y fue muy divertido y sonoro el silencio general.


Pero quien emerge de la pileta
ni es una sirena
ni deja de cantar.


Coloco la voz mientras camino
una plaza
unos niños
dos mujeres que charlan
describen la impostura
sin conocerla.


6

La mano del artista dibuja los significados
el albur de la vida
sucede
acontece
desvive
y en el espacio del sinsentido
cabe otro negocio
que otorga las regalías de la idiotez.


Por eso no sabrás de mí
sino lo que se pierde
la encerrona de la calle Chubut
que cierta noche
crujió en un aguacero
y crudo cayó sobre mi infancia.


Desde la evocación
la sangre de mis muertos
es la tinta.


7

En York un antiguo refectorio
ha devenido en cafetería
el espíritu de los monjes tragones
convertido en comida al paso
snakcs para turistas ansiosos
los mismos siguen comiendo
viandas novedosas.


El emperador Septimio Severo
gobernó durante dos años
el orbe desde York
por aquel tiempo York se llamaba Eboracum
o algo así
y filtró simiente imperial
las poleas del mundo futuro
comenzaron a moverse desde la espada
al cielo
desde el cielo a los hombres
y desde los hombres
al estómago.


El orbe de la piedra caliza de Auden
-que nacido en York cruzó el Atlántico-
fue un sueño abolido y terrible
y también fue y volvió
como los monjes tragones
que ahora son operarios de una cafetería
para turistas conversos
todo se ha mezclado indebidamente
salvo el poeta
todo se ha mezclado debidamente
salvo el poeta.


8

Miércoles de señoritas
reza el cartel corroído
en un teatro abandonado en pleno centro
entonces había señoritas
y eran notorias y públicas
bellas: no se sabe
aunque el acto de concurrir los miércoles
indique alguna cosa
sobre la belleza insular
abandonada a la evidencia.


No es que Saturno se ensañe
con las señoritas de los miércoles
ni que el poeta replique la admonición divina
es que los desposeídos
añoran la utopía que comprenden
irremediable.


Las señoritas de los miércoles
rondan un teatro sempiterno
desde entonces
parcialmente bellas
ríspidamente utópicas
circunstancialmente solas:
en los adverbios habita toda su esperanza.


9

Busqué a mi padre en google
sus dos nombres
uno lo comparto con él
mi padre es mi tocayo
y sus cuatro apellidos
el oscuro linaje
el modesto areté
en improbable lance de coraje
podré enunciar un trayecto
apoyado en su ausencia.


Google es un cementerio inadecuado
-muertos vivos casi muertos-
una biblioteca sin código ni catálogo
una lujosa clasificación dirigida
Elbio Gerardo no posee ninguna trazabilidad
sus genes se han desdibujado
como la línea de agua
en una estampilla victoriana.


Quedan los gestos
una forma mayor de la sabiduría
y cierta memoria obsesiva y persistente
el roce desparejo de sus pasos
los olores del sobretodo
las camisas celestes.


10

La palabra geoide redunda
alude a un más allá soñado
a una forma sin comprobación cuando enunciada
aunque atractiva
casi como el Edén
como las partes del Edén
con sus etapas de formación
y de abandono
la palabra geoide es la impresión
que remite a sí misma
un idiota masturbándose
delante de un informativo.


Luego llegaron los astronautas
los cosmonautas
los satélites
y el geoide se reencontró
con su actividad de enunciado
insobornable
descriptivo
poderoso
como los vaticinios de una tarotista
que descubre lo que nunca estuvo cubierto.


Aquí
gobernados por cierto achatamiento
podemos sobrellevar toda esperanza
toda descripción que nos afinque en la duda
derivando en un objeto redundante
balbuceando certidumbres infantiles:
la Tierra tiene la forma de la Tierra.


11

Busco la incomodidad de la imaginación
sin que se note
no busco el manco o el tullido
busco el hombre del sueño atrapado y abolido
sentado junto a mí en el ómnibus
del lado del pasillo
le pido permiso
y desciendo.


No hay lloronas en la escena
nada parecido al velatorio de la vieja cortesana
en Zorba el griego
la mano es garbosa en su ocultamiento
cuando escribe.


Ya en la vereda
un viento magno vaga desde el puerto:
soy un habitante del amparo y del viaje
también oculto mis desgracias.


12

Libera nos domine
de la euforia etimológica
no soy vigoroso
ni robusto

y de ciertos instantes:
rebrillos de la lluvia
con sus mendaces diamantes
fraguando el eco superlativo
de la euforia.


Un espejo estallado
el instante del estallido
y el olvido de los siete años de ruina
postrera.


El deseo es euforia
la puerta de vaivén
muestra circunstancialmente
lo que pudo ser
o lo que fue:
vanguardia de un ejército perdido.


 Álvaro Ojeda (Montevideo-Uruguay, 1958). Poeta, periodista, narrador, crítico y letrista. En poesía entre otros títulos ha publicado:  Ofrecidos al mago sueño (1987), Alzheimer (1992), Substancias de Calcedonia (2002), Luz de cualquiera de los doce meses (2003), Toda sombra me es grata (2006), Aceptación de la tristeza (2011), Desnudo (2012), Criaturas abandonadas (2012) y Esta mano podría condenar a Marat (2017).


María del Mar Estrella: Poemas




María del Mar Estrella









 

*

los herederos de la historia
saben
que antes del fin se cumplirán los signos
cuando fugacidad y permanencia
acoplen sus antiguas discrepancias en un
mutuo respeto
y de la entraña de la vida brote
la gracia perdurable
porque nadie será cordero o lobo
mientras gire la noche clandestina
y haya un ala de fe que se remonte contra  el cielo vacío

*

vuelve la noche impar sobre nosotros
pastores sin rebaño
en una exaltación de paradoja
que fuerza desencuentros

palpitaciones de luz aún no nacida

vuelve  la noche –impar- hacia nosotros
alquimistas de ultrajes que rastrean
la fábula perdida del heroísmo

una reliquia de osadía
cierta lluvia de maná compasivo
que confirme

que en cada voz clama un desierto

*

porque de las entrañas de la sombra
nacerá la mañana

el débil fósforo
que alumbrará el aliento del pasado

y otra vez brotarán las simientes
en tímido aleteo bajo un sol sin edad y nuevamente

regresarán los pájaros del sueño a la eterna montaña
y el alma brotará de la penumbra
junto al sonoro cascabel de la vida

porque de nuevo manará la sangre
su lenguaje primero
el mantra victorioso del origen


María del Mar Estrella Poeta, dirige talleres literarios. Entre otros libros de poesía ha dado a conocer: Al filo de los párpados (2016); Camelot (2017)  y Ese grito callado del silencio (2018). Ha sido distinguida con el Gran Premio de Honor de las Fundación Argentina para la Poesía (2013).