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domingo, 31 de marzo de 2013

Rubén Darío: Año Nuevo.


Rubén Darío



















A las doce de la noche por las puertas de  la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria
        San silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes  Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para
          Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
          Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente ¿va a encontrar el áureo barco,
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey de Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
           del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío polo, lo corona el blanco Invierno,
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas, cada año, para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
           del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
          inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
         y el arquero.
                       

Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 1867- León, Nicaragua, 1916).