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jueves, 13 de marzo de 2014

Guadalupe Grande: Bodegón.






Guadalupe Grande





























Las nueve y la cocina está en penumbra:
estoy sentada ante una mesa tan grande como el desierto,
ante unos alimentos que no sé cómo mirar,
y si les preguntara, ¿qué me contestarían?
Son naranjas de una cosecha a destiempo,
     mandarinas sin imperio,
     acelgas verde luto,
     lechugas verde olvido,
     apios sin cabeza,
               verde nada,
                              verde luego,
                                        verde en fin.
      (Bandejas de promisión
     en el condado del desamparo.)
La tarde se dilata en la cocina
y aquí no llega el sonido del mar.
La soledad de las naranjas se multiplica:
no hay pregunta para tanta opulencia,
aquí, en la serenidad de esta banqueta de tres patas,
rodeada por una muralla de mandarinas huérfanas,
una legión de plátanos sin mácula,
un bosque de perejil más frondoso
que la selva tropical.
Alimentos mudos y sin perfume:
os miro y sólo veo una caravana de mercancías,
el sueño de los conductores,
una urgencia de frigoríficos
y un rastro de agua sucia atravesando la ciudad.
Es tiempo de la cosecha del humo
     Ha llegado el momento de trasegar con la ceniza      hacer pan con las pavesas y repartir esta ausencia que nos queda entre las manos Es un epitafio el rostro de los días
                         Y también mi rostro es un epitafio
unas pálidas palabras    que una vez estuvieron llenas de furor   y ardieron con más tenacidad   que tu rencor    Padre
      Era necesario quemarse    era necesario dejar que ardiera mi rostro de boca en boca hasta llegar al hueso y luego calcinarlo hasta llegar al humo y su desolación
      Vino antes el vuelo de las polillas    y mi nombre se preñó de oscuridad. Dicen que he engendrado la estirpe de la furia pero no lo creo así
      No toda oscuridad es alimaña    ni toda     luz arcángel
      Mi rostro es un epitafio    mis palabras se han deslizado en el desierto dejando unas huellas que son harapos de fugacidad unas huellas más temblorosas que el diminuto rastro del escarabajo sobre la arena
      Inauguré un páramo en el que impera el aliento del desahucio
      Lo que una vez fue irreverencia es hoy amargo cansancio



Guadalupe Grande ( Madrid, España, 1965. Poeta, narradora, crítica literaria y editora.  Ha publicado los libros de poesía El libro de Lilith, Premio Rafael Alberti, 1995; Renacimiento, 1996 y La llave de niebla, 2003; el relato Fábula del murciélago, fue accésit del Premio Barcarola 1996. Sus poemas figuran en diversas antologías españolas e iberoamericanas.