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viernes, 9 de julio de 2021

Ricardo Lísias: “La generación que despreció a los viejos” (Brasil, 2020)

 

Ricardo Lísias























[fragmentos]
Los lectores no nativos de lengua portuguesa se comprometen a no divulgar públicamente ningún fragmento de este libro en el idioma original (portugués). Traducciones pueden ser divulgadas, con la debida autorización del autor, mientras no sea en editoriales, sitios web o vehículos de asedio en Brasil o direccionados primariamente al público brasileño. Los lectores no nativos adhieren también a este compromiso.


INVOCACIÓN

El poeta, exnovelista,
no se siente bien y
entonces avisa: aquí tendrán
de todo, inclusive abuso,
menos poesía lírica.
No hay necesidad
de contar con redondilla.
Mi género es la dis-
topía: el mundo sin
ningún viejo más.
No es teatro griego y
tampoco acepto que
sea un poema épico.
Si fuese a pedir alguna
cosa para la musa, le iría
a hablar de remembranza. Sólo
que no olvido el auto
de un lado, y del otro
el niño yendo para el
orfanato. Que ella me
permita una breve y
fuerte imagen: yo soy
esclavo de la necesidad
de vivir para la muerte.
No pido a la musa que me
inspire ni que me dé el buen
verso. Aviso: yo quiero rever
al niño. Es apenas eso.


EN BRASIL,

no hay lugar para Homero:
mataron a todos los viejos.
Fue eso mismo lo que yo dije:
para nosotros, jamás un Ulises.
Ni tampoco pudimos antes
ser el propio Infierno de Dante.
Un país con tanto alocado
no tiene por regla un Bocaccio.
Si no tuvimos una epopeya
(nunca aprendemos a resistir)
ahora no tendremos ni la vieja
forma de balada. El Brasil siempre
fue esa enorme valla. El mundo
se volvió alérgico a nuestro país
antiépico. El cínico imperio
latinoamericano viró
un amontonamiento de sádicos.

Con la poesía no me meto.
A veces, sólo un soneto,
más bien rápido lo olvido
y escondo el enorme tropiezo.

¿Estás con vergüenza? Cuenta.
No, ya me protejo de tanta
energía destructiva. ¿Espanta
eso que mi verso planta?

No, para quien argumenta
que el arte es siempre violento
y tiene el gusto de la muerte.

Si usted la busca, joven
o viejo, sepa que jode
la vida en nombre de la leyenda.


CANTO UNO

Consigo demarcar el
año 2020, sin embargo
no arriesgo la fecha
de hoy. Puede ser un
mes o bien después.
Fue todo muy rápido,
sólo demoró un detalle:
el pánico que tal vez nos
despierta fue sustituido
por un grito aquí, un
repudio allí y nada de
concreto. Comienzo la
narrativa de nuestro en-
tierro con el presidente
sádico. Todos con miedo.

Luego vivimos la primera
crisis: el presidente dice
que todo era una gripe.
Por lo demás, si usted es
Atlético (como él es,
afirmó el sádico) no
tiene problema. Inteligente,
pasó la culpa hacia los
gobernadores, que parti-
eron para la lucha. A aquella
altura, 3 o 4 mil muertos.
Allí después de un mes no
había más camas en la UTI
pública. ¡Uso al convenio,
tengo dinero! Pero era
necesario no correr el
riesgo de los riesgos no tener
dónde tratarse. Comenzaron
las invasiones, recuerdo bien.
Quien ataca un hospital
para salvar a la propia madre,
queda enfermo también. El
sádico mandó la policía,
que en inicio reacciona. Que
el soldado acaricie al rico es
normal, el empleado
se agarra la gripe del patrón
amado, que sólo repetía:
es necesario salvar la
economía (el presidente de
Argentina avisó que
éramos un problema)
Hasta la Corte Suprema
el sádico hizo un paseo con
empresarios. Un ministro,
que era rico, atravesó la
frontera, otro fue
cancelado en el Estado de
Mato Grosso. Una parte
del ganado giró el rostro a los
pocos para el mito. Era
necesario recuperar la popula-
ridad. Alguien mandó un
meme en el whatsapp: ¿sabe cuál
es la solución? Los viejos están
ocupando todas las camas,
hechos hormigas en la tierra. Si es
guerra, ellos van primero,
y no los jóvenes. Al cruzarse
con un viejo ustedes pueden
abrir una vacante de UTI.
Hacer así: darle una patada.
El Congreso hizo un repudio,
el sádico dice que no tenía
nada que ver y el Supremo, bien
ameno, abrió una investigación.

[...]

Francisco es viejo, pero no
brasileño. El mundo entero
espera la misa. Él reza,
por ahora solitario y
escondido. Es argentino.
Un técnico arregla la trans-
misión. Otro cuida de la luz.
Son apenas tres y un padre
auxiliar. Ya cayó la tarde y
el cielo está claro. Francisco
llora: sabe lo que el mundo
vive. Siquiera sueña que el
Brasil, su vecino, se va a aca-
bar. Por eso, no hace un
pedido especial. Para nada
más. Francisco no es un
avaro, rezaría hasta por la familia
del presidente ordinario.
Las palomas habían vuelto
a cubrir el piso azul de la plaza.
Francisco las adoraba, incluso
al tipo más arisco: el que
corría el maíz que el Papa
guardaba para los días de
paseo. Francisco vino
lentamente hacia la nave de la iglesia
improvisada. Es la modernidad:
el live sagrado necesita comenzar.
Francisco es católico. Incluso
así tiene odio, entonces pide al
Cristo que le disculpe el pecado.
“No pude ser más fuerte, Señor,
soy Papa, pero antes hombre.” La
rabia desaparece así que la plaza le
aparece, inmensa, vacía en el medio
de la lluvia. ¡Oiga! La fe ocupa todos
los espacios. Su cuerpo viejo, los
pájaros que se abrigan en lo bajo
de la columna, la plaza, cada piso
resbaladizo, la guardia, los fieles
que corren frente a la TV.
Y las travestis que adoran a ese
hombre: según el papa lindo,
somos hijas de Dios. Francisco
para un instante. La misión le
parece pesada: el tiempo de
confinamiento es duro. Aquí la fe se
desparrama, (¡ese tipo!), y va de la plaza
al mundo. Todo. El Papa está cansado,
pero sabe que llegó el momento.
Helada, la plaza San Pedro recibe
a ese tipo: el Papa siente miedo y el
mundo, mucho respeto. Oremos.
Francisco nunca tuvo tanta
dificultad con una oración.
[...]


CANTO DOS

La gente llama general
de piyama a los que se jubilan
pero intentan mantener el poder
de cualquier manera: temo que
cambien las armas por las
charlas desastradas y el com-
portamiento estridente que
sirve para proteger al
presidente. Sólo que de repente
comenzó el motín y en fin
se hizo obvio: si es viejo,
aunque militar, es tóxico.

Mi 6° sentido insiste: ella
no murió de COVID. Los
ojos están quietos, entonces
no tenía nietos. Peinó los
cabellos, tenemos la respuesta:
cerró la puerta con gestos
tranquilos y contó los
comprimidos. Sin dolor,
tiró de las mantas y terminó
con toda la trágica fiesta.

Intenté crear para ella una
Historia. Encontré algunas
fotos viejas y un porta-
-retrato al lado de una
mesa con un crucifijo.
De ella debe ser la hija que
está con el marido. En la
computadora, no encontré
nada. En el resto de la sala,
algunas revistas. Pocas
ropas, todas ordenadas.
Tal vez fuese alguien que
pretendiese viajar. Todavía
faltan las bolsas y un
cuarto con las cajas de
zapatos. Pero el olor
es fuerte. Incluso con el
predio vacío (insisto en que
no oigo nada), luego me
descubren. Entonces salgo
afuera sin saber siquiera
cuál era su nombre.

Cuando supo que la Argentina
sería la primera en cerrar la
frontera, el sádico rio: qué
disparate, allá el gobierno es de
izquierda. Olvida, nunca
fuimos hermanos. No ne-
cesitamos de peronistas. Fue
el comienzo de la lista: el Paraguay
vino después. ¿Ellos también?
pregunta el mito para el ganado
y asegura: ¡no suelto la mano de
mi amigo Donald Trump!

El mundo tiene razón:
cierren bien la puerta
para el Brasil infecto.
Si el pueblo vota a ese
tipo de político, no
importa el país que se
protege: es ridículo si
expone por cualquier
cosa, aún más
por causa de ese bestia
de asesino que
festeja la muerte riendo.

¿La señora duerme hasta esta hora?
No, yo estoy muerta.

Y yo tengo miedo.
¿Por eso te levantas tan temprano?

Ni siquiera dormí bien, casi nada.
En otra época yo diría bien hecho.

¿La señora tiene rabia?
Ahora no siento más nada.
[...]


CANTO TRES

No tenemos más espacio
para la jubilación
pero el Brasil continúa
cansado. Este país
que devino un orfanato.

Duerma niño
porque aquello
un día pasará.
Su abuelo era
lindo, usted no
recuerda. Cierra
los ojos incluso
llorosos e
imagina los abra-
zos de los viejos.
Duerma ahora
quién sabe vendrá
el día de rever
a toda la familia.

No funciona y
el más viejo
queda nervioso. 
Los ojos del hermano
abiertos, quien
sabe ciegos.
[...]


CANTO CUATRO

Quien tenía doce
estaba dejando
la infancia. Ahora,
es como si fuese
adulto. Para esa
gente los viejos
tienen dieciséis.
Agarran al adoles-
cente de las espaldas.
Comenzó con una
gripecita, acabó
con el Brasil, un
país de cobras, de
Niños asesinos.
En la frontera, ni
salida: parece vieja,
acaba su vida. El
adolescente grita y
alguien lo oye
Él no es más nue-
vo. Muere, estorbo.

siempre fue importante
ahora bien más que antes

la literatura no vale nada
(a decir verdad, todo arte)

es apenas una forma de barbarie
que acumula siglos de daños

estamos ahora delante de otro
y aún así sólo muero

después del último libro pronto.
el problema no es de hecho ese

y si el encadenar de exclusiones sin
límite, el fingimiento, la gente insiste

en todo tipo de dolor falso y lo que
pasa es sobre todo el genio de autor.

CORO: con usted es lo mismo, o peor,
porque sabe bien el guion...
LÍSIAS: no merezco ningún reconocimiento
pues adelanto: soy cobarde, desgraciado y violento.
CORO: de nuevo, vas a ser adulado por haber dicho eso.
Es algo inevitable.
LÍSIAS: yo sé, coro desgraciado, pero voy a intentar
estropear este poema.
CORO: ¡Inténtalo! Y si lo consigues, irá también para la
historia.
LÍSIAS: ¡¿El único modo es salir afuera?!
CORO: parece que usted entendió que la literatura
es joda.
LÍSIAS: hallé su rima una bosta. Voy a economizarlas
y quedar sólo con un conjunto sonoro.
CORO: no sea bobo, todo lo que haces acabará
componiendo la obra.
LÍSIAS: ¿es un círculo sin salida?
CORO: eso, y usted aún jode con la vida
de mucha gente.
LÍSIAS: el coro es siempre un exagerado,
pero explíqueme.
CORO: no sea falso, la explicación es suya.
LÍSIAS: Te doy voz y espacio.
CORO: ¡Payaso! Eres tú quien me crea y  escribe
sólo lo que quiere.
LÍSIAS: pero pongo otro punto de vista.
CORO: ahí viene el artista y sus artificios gramaticales.
LÍSIAS: es mucho más que eso. Wittgenstein.
CORO: correcto, vamos a hablar de filosofía.
LÍSIAS: pongo la voz de otro en mi trabajo.
CORO: ¡qué bastardo! ¿Usted engaña a quién con
esa fórmula vieja?
LÍSIAS: voy a representar en el arte a algún niño
de la favela.
CORO: Allá viene ella, la literatura: una construcción
cualquiera, una voz invertida, palabras medio ausentes
del mundo de los lectores.
LÍSIAS: ¿cuál es el otro modo, dígame?
CORO: es usted, el artista...
LÍSIAS: yo sé y sé que no tengo salida.
CORO: finja control y háganos
callar la boca, pucha.
LÍSIAS: correcto, aprovecho mi poca
vergüenza.
CORO: y usted no se exponga tanto.
LÍSIAS: ¿qué lindo, dándome consejo?
CORO: ¡no tenga miedo!
LÍSIAS: no tengo, viraré un santo,
el papa cojo del primer canto.
CORO: eso no tiene chance. Y la rima
quedó pésima.
LÍSIAS: avisé que iba a estropear la pieza.
CORO: no es pieza, es poema.
LÍSIAS: tiene la misma intención: la sonoridad.
CORO: mire Lísias, muy poca...
LÍSIAS: ¡es hueso! ¿aún no callarán la boca?
CORO: típico vanidoso: quedó nervioso. Sólo
depende de usted, nuestro poeta.
LÍSIAS: espera, una última cosa.
CORO: con esa súplica, está correcto. Diga,
si te anima.
LÍSIAS:

Por una o dos veces
llegué a pensar que
todo eso no pasa de
una fiebre. Olvida,
esos niños ahora
están así para siempre
solos. ¿Quién irá
a recibirlos? Tenemos los
vecinos que volvieron la
frontera un precipicio.
Eso cuando no colocaron
minas terrestres en el piso.
A poco el mundo va
olvidándose que un día
el Brasil existió. ¿Quién
sabe el fútbol, turismo
sexual, el sol de las playas?
Así eso es sustituido.
No vivo más tan lejos,
es verdad. Digo que sólo abren
el foso cuando este país
de mierda deviene un desierto.
Ahí tal vez lleguen a un
puerto lindo en busca, de
nuevo, de nuestro oro. Y
esta vez sin un indio.
[...]


Versión: Demian Paredes, Buenos Aires, 2021.
Ricardo Lísias (1975) es escritor y doctor en Literatura Brasileira en la USP, autor de las novelas O céu dos suicidas, Divórcio y A vista particular, entre otros libros. En 2020 publicó Diário da catástrofe brasileira: ano I – o inimaginável foi eleito, y ya apareció el segundo volumen que lo continúa.
En Argentina fueron traducidas al castellano y publicadas El libro de los mandarines (por Adriana Hidalgo) y Divorcio (por Corregidor). Y su cuento “De los nervios”, en Cuentos en tránsito. Antología de narrativa brasileña (Alfaguara).
Una entrevista reciente, y un fragmento del Diário da catástrofe... traducido, en el suplemento “Radar libros” del diario Página/12: https://www.pagina12.com.ar/298922-la-catastrofe-de-brasil-entre-la-pandemia-y-bolsonaro