miércoles, 19 de enero de 2022

Leandro Calle: Poemas

 

Leandro Calle

























Laura Nelson

Y la verdad que no me importa
si robaste una vaca o una oveja

Ay, Oklahoma
cuánto vale una vaca
cuánto una oveja

Dicen que Laura fue violada
dicen que llevaba un bebé en su vientre
dicen tantas cosas
pero cuando llegaron a la casa de los Nelson
parece que había rastros del animal robado

¿Era una vaca o una oveja?
Ay, Oklahoma
cuánto vale una vaca
cuánto una oveja

Hubo un tiroteo
un herido
un muerto
y hubo presos
todo por una vaca o una oveja
Después se organizaron
llegaron a la prisión 
los sacaron
y los lincharon

Ay, Oklahoma
cuánto vale una vaca
cuánto una oveja

Lo cierto es
que los fotógrafos de 1911
pudieron retratar a Laura Nelson
Está como dormida
y un cabo suelto de la soga
le acaricia la cara
En su mano izquierda 
hay un anillo 
que contrasta con el negro
color de su piel
y el vestidito
parece un vestidito alegre
que le llega más abajo
de los tobillos
Los pies de Laura
asoman por la punta final del vestido,
quién tendrá los zapatos de Laura Nelson
quién

Ay, Oklahoma
cuánto vale una vaca
cuánto una oveja

Bajo el puente
que cruza 
el North Canadian River
Laura Nelson
está colgada
parece una santita
suspendida arriba de las aguas
y sobre su cabeza
el puente repleto de mirones
y mironas
algunos saludan con la mano
(esto se ve en la fotografía)
A la derecha de Laura
también está colgado
su marido 
o su hijo
qué importa
qué importa si fue una vaca o una oveja
si fue su marido o su hijo
lo cierto 
es que Laura Nelson
está ahorcada
y se hamaca bajo el puente
que cruza
el North Canadian River
La naturaleza es frondosa
el agua clara
y los cuerpos se reflejan en el agua
casi como el registro de una performance
o una instalación de arte moderno

Estás hermosa, Laura Nelson,
colgada de ese puente
estás hermosa
pero la idea es que no hables
que no respires
que no cantes
eso, 
que no cantes
Si hubieras escuchado
el canto liberado de los negros
el canto liberado de los blancos
This land was made for you and me
si hubieras escuchado 
la voz desatada de la negritud

Ay, Oklahoma
cuánto vale una vaca
cuánto una oveja

Estás hermosa
Laura Nelson
colgada de ese puente
estás hermosa

Y nadie puede decirme
en Oklahoma
de qué color era la vaca
de qué color era la oveja

(de “Algo que arde” Antología poética 1999-2020, Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2020).

4

El río crece cuando crece el río
y en el medio del río hay una vaca
país a la deriva su mugido
donde las patas buscan equilibrio.
Las ubres se entrechocan, se molestan
y las piedras golpean en el vientre
mientras la vaca afirma sus pezuñas.
Llueve y las gotas que en el agua caen
se transforman en piedras navegantes
que ruedan sin cesar por la corriente.
Algunas piedras chocan en el pecho
de la vaca que muge en la crecida
y el río crece más y cuando crece
la vaca es un país que se va hundiendo.
El granizo y la lluvia han despejado
todo el paisaje de la serranía.
El agua llega al cuello de la vaca
y no hay nadie que acuda en su defensa
porque todo el paisaje es un país
de lluvia, de granizo y de dolor.
La vaca se atraganta con el agua
y de repente flota por un rato
las patas que se elevan desde el lecho
son el arrobamiento de una santa
que vaciada de dios busca inundarse
o inundada de sol busca el vacío.
Sigue creciendo el río. El río crece
y la vaca que no hacía nada
ahora nada, la patas parecen
que caminan y son fantasmas de agua.
Nada la vaca, nada, crece el río
y el agua la atraganta y la supera
y cuando la da vuelta con un golpe
el mugido es lustral, se vuelve hielo.
Cabeza abajo fluye en la creciente
mientras los miedos se le llenan de agua
y en el fuerte lavaje de la muerte
turbias se vuelven las aguas del río.
Nada la vaca sobre la existencia
que ya pasó que ya se fue y no vuelve
hundida nada como si nadara
como si nada, nada en la corriente.
La lluvia se detiene y el granizo
dejó de repicar hace ya tiempo
amaina el viento y el caudal del río
comienza su camino de bajada.
Por allá en un recodo, está la vaca
atascada en las piedras y en la muerte
cuando el agua le lame las rodillas
es el río que empieza a despedirse.
El río vuelve a su caudal sereno
y el sol extiende su mantel sagrado
un puñado de moscas sobrevuela
el hocico y las cuencas de los ojos.
Calienta el mediodía hasta secar
las ubres, que antes fueron manantial
de leche. Son ahora un guante sucio
blanquecino y seco. Sal y desierto. 
Esta hinchada la vaca y está muerta
y las aves rapaces van girando
por encima del cuero negro y blanco.
Es la danza del hambre en las alturas.
Pasaron varios días, los gusanos
trabajaron hasta llegar al hueso
el costillar parece una escalera
por donde el viento silba su lamento.
Nos queda la osamenta de la vaca
y algo de cuero seco abandonado.
El río crece cuando crece el río
y en las noches de luna en el verano
muge una vaca solitaria y triste
que nada por el aire. Invisible
se dirige a lo hondo del torrente
y comienza a nadar y mientras nada
no nos sucede nada, todo pasa
como el río que crece cuando crece
como nada la vaca cuando nada. 

(de País, Alción editora, 2018)


Leandro Calle (Zárate, 1969) Poeta y traductor. Reside en Córdoba.  Docente universitario. Sus últimos libros de poesía son: entonces (Alción Editora, 2010). Blasfemo (Alción Editora, 2013), animalia urbana (Dínamo poético, 2014), elijo (Alción Editora, 2017) y país (Alción Editora, 2018); Algo que arde. Antología poética 1999-2020, Universidad nacional de Córdoba (UNC), Córdoba, 2020.
Cuatro de sus libros fueron traducidos al francés por Yves Roullière bajo el título: Une lumière venue du fleuve et autres poèmes (Ediciones Atopia, 2016 y Recours au poème, 2015)
Como traductor ha traducido a Guy de Maupassant, y a los poetas marroquíes Abdellatif Laâbi, Siham Bouhlal y Miloud Gharrafi. También a los poetas francófonos Anissa Mohammedi de Argelia, Véronique Tadjo de Costa de Marfil y Gabriel Okoundji del Congo (Brazaville)

martes, 14 de diciembre de 2021

Maurice Maeterlinck: tres poemas

 

Maurice Maeterlinck















Invernaderos 

¡Oh, invernadero en medio de los bosques,
Con tus puertas por siempre cerradas!
¡Y todo lo que hay bajo tu bóveda
Y bajo mi alma en tus analogías!

Los pensamientos de una princesa con hambre,
El hastío de un marinero en el desierto,
Una música de cobre en las ventanas de enfermos terminales.

¡Elijan los rincones más tibios!
Creo ver una mujer desvanecida en un día de cosecha.
Hay escupitajos en el patio del hospicio,
A lo lejos, pasa un cazador de impulsos, convertido en enfermero.

¡Miren con atención bajo el claro de luna!
(¡Oh! Nada está en su lugar)
Parece que hay una mujer demente delante de un juez,
Y un barco de guerra con velas izadas sobre el canal,
Pájaros nocturnos sobre lirios
Un tañido fúnebre a mediodía,
(¡Allá, bajo las campanas!)
Un refugio de enfermos en la pradera,
Un aroma de éter en un día de sol.

¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Vendrán la lluvia 
Y la nieve y el viento a nuestro invernadero!     
Campanas de vidrio

¡Campanas de vidrio!
¡Extrañas plantas por siempre al resguardo!
¡Mientras el viento agita afuera mis sentidos!
¡Valle interior por siempre inmóvil!
¡Y la calidez brotando al mediodía!
¡Y las imágenes entrevistas a flor de vidrio!

¡No las arranquen!
¡Muchas fueron plantadas bajo antiguos claros de luna!

Vean a través de sus hojas:
Quizá un vagabundo esté ocupando el trono,
Corsarios esperan en un estanque,
Y parece que seres antediluvianos están por invadir la ciudad.

Las plantaron sobre antiguas nieves. Las plantaron sobre antiguas lluvias.
(¡Piedad, piedad de la atmósfera florecida!)
Escucho que celebran una fiesta un domingo de carestía.
Hay un puesto de atención de enfermos en el lugar de la cosecha,
Y todas las hijas del rey corren, en un día de ayuno, a través de la pradera.   

¡Miren, miren sobre todo las que destacan al horizonte!
¡Nos protegen con esmero de las más antiguas tormentas!
¡Oh, debe haber en alguna parte una enorme flota sobre un pantano!
¡Creo que los cisnes han incubado cuervos!
(Apenas se puede ver a través de la humedad)

¡Una virgen riega los helechos con agua tibia!
¡Un grupo de niñas contempla al eremita en su celda!
¡Y mis hermanas se durmieron al fondo de una gruta venenosa!

¡Aguarden la luna y el invierno
Sobre estas campanas dispersas sobre el hielo!
 
Hospital

¡Hospital! ¡Hospital al borde del canal! 
¡Hospital en el mes de Julio!
¡Encienden un fuego en la sala!
¡Y los transatlánticos silban sobre el canal!

(¡Oh, no se acerquen a las ventanas!)
¡Emigrantes atraviesan un palacio!
¡Veo un yate bajo la tormenta!
¡Veo rebaños en todos los barcos!

(¡Sería mejor que las ventanas permanecieran cerradas!
¡Ya estamos casi al abrigo del afuera!)
Pensamos en un invernadero sobre la nieve,
Celebran curas de enfermos durante un día de tormenta
Vemos plantas dispersas sobre una manta de lana
Hay un incendio en un día de sol,
¡Y yo atravieso un bosque repleto de heridos!

¡Oh! ¡Por fin el claro de luna!

¡El agua de una fuente se eleva en una sala!
¡Una tropa de niñas entreabre la puerta!
¡Y yo veo corderos en una isla con praderas! 
¡Y plantas hermosas sobre un glaciar!
¡Y lirios en un vestíbulo de mármol!
¡Hay un festín en un bosque virgen!
¡Y una vegetación oriental en una gruta de hielo!

¡Escuchen! ¡Están abriendo los postigos!

¡Y los transatlánticos agitan el agua del canal!
¡Pero la hermana de la caridad atiza el fuego!
¡Los hermosos y verdes juncos del pastor arden bajo las llamas!
¡Un barco de heridos se agita bajo el claro de luna!
¡Las hijas del rey están en una barca entregada a la tormenta!
¡Y las princesas van a morir en un campo de cicuta!
¡Oh! ¡No abran las ventanas!
¡Los transatlánticos todavía silban sobre el horizonte!  
¡Alguien fue envenenado en el jardín!
¡Una gran fiesta es celebrada en casa del enemigo!
¡Hay ciervos dentro de una ciudad asediada!
¡Y un zoológico en medio de un campo de lirios!
¡Y una vegetación tropical al fondo de una mina de carbón!
¡Un rebaño de ovejas atraviesa un puente de hierro!

¡Y los corderos de la pradera vuelven tristemente a la sala!
Ahora la hermana de la caridad está encendiendo las lámparas,
Sirve la cena a los enfermos,
Cierra las ventanas sobre el canal
Y todas las puertas bajo el claro de luna.

Extraído de Maurice Maeterlinck,  Serres chaudes - Quinze Chansons - La Princesse Maleine, Gallimard, 1983 | Traducción de Adrián Bollini.  

   Maurice Maeterlinck (Gante, 29 de agosto de 1862 - Niza, 5 de mayo de 1949), dramaturgo, ensayista y poeta. Considerado, junto a Georges Rodenbach y Émile Verhaeren, una de las figuras predominantes del simbolismo belga en lengua francesa. Sus primeros trabajos aparecieron en la revista La Jeune Belgique. Tradujo a Shakespeare, a Ruysbroeck y a Novalis. Entre sus incursiones en el teatro destacan L'intruse (1890), Les Aveugles (1890), Pelléas et Mélisande (1892), que inspiró la ópera homónima de Debussy y un poema sinfónico de Schönberg, y  L’Oiseau bleu (1908); en el terreno del ensayo,  Le Trésor des humbles (1896) y L’intelligence des fleurs (1907). 
   Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1911. Si bien es mayormente conocido como dramaturgo y ensayista, es también autor de los libros de poesía Serres chaudes (1889) y Quinze Chansons (1900).

Adrián Bollini (Bragado, Buenos Aires, 1988). Poeta y traductor. Publicó por Alción editora (Córdoba) los libros de poesía Escritos de Dédalo, Sísifo y Pandora (2009) y Ascética de Heuzek (2015).



martes, 23 de noviembre de 2021

#Poesía: lectura de Esteban Moore (2021)

Paul Valéry: cuatro poemas

 

PAUL VALÉRY













Orfeo


…Compongo espiritualmente bajo los mirtos, ¡Orfeo,

El admirable!...de espirales puras el fuego desciende,

Cambiando el monte calvo en augusto trofeo

Donde se exhala de un dios el gran acto sonoro.


Si el dios canta, sucumbe el sitio omnipotente,

El sol ve el horror del movimiento de las piedras

Y deslumbrantes nacen de un lamento inaudito

Los altos muros de oro armonioso de un santuario.


¡Canta, al borde del cielo espléndido, Orfeo!

¡La roca avanza, tropieza; y cada piedra encantada

Siente una fuerza nueva que hacia el azur delira!


De un Templo inacabado la tarde baña el auge,

¡Y él mismo se ordena y ensambla en el oro

En torno al alma inmensa del himno sobre la lira!



Oda secreta


¡Soberbia caída, fin tan dulce,

Olvido de las luchas, qué delicia

Poder recostar sobre el musgo,

Luego de la danza, el cuerpo suave!


¡Nunca otro resplandor 

Como el de estas chispas de verano,

Sobre una frente sembrada de sudor,

Había celebrado su victoria!


Pero tocado por el Crepúsculo

Ese gran cuerpo que tantas cosas hizo,

Que danzaba, que Hércules destruyó,

¡Hoy no es más que un cúmulo de rosas! 


Descansá, bajo pasos siderales,

Oh, vencedor lentamente desunido,

Pues la Hidra inherente al héroe

Se ha desplegado al infinito…


¡Oh!¡Qué Toro, qué Osa, qué Can

Qué objetos de enorme victoria

Impone el alma al espacio informe

Cuando logra elevarse al tiempo sin recursos!


¡Fin supremo, destello

Que a través de monstruos y dioses

Universalmente proclama 

Los grandes actos que moran en el Cielo!


El vino perdido


Arrojé, un día, al Océano,

(No recuerdo ya bajo qué cielos)

Como una ofrenda a la nada,

Unas gotas de vino precioso…


¡Oh, licor! ¿Quién quiso tu pérdida?

¿Obedezco tal vez a un designio?

¿Quizá al afán de mi alma

Que, pensando en la sangre, derrama el vino?


Su habitual transparencia,

Después de un rosado vapor,

Puro recobró el mar…


¡Perdido ese vino, ebrias las olas!...

Vi agitarse en el aire amargo

Las figuras más profundas…


Los pasos


Tus pasos, hijos de mi silencio

Santamente, lentamente situados,

Hacia el lecho de mi vigilancia

Avanzan mudos y helados.


Persona pura, sombra divina,

¡Cuán dulces son tus pasos retenidos!

¡Dioses!... ¡Todos los dones que adivino

Llegan a mí sobre esos pies desnudos!


Si, de tus labios que se adelantan,

Preparás para apaciguar

Al habitante de mis pensamientos

El alimento de un beso,


No adelantes ese acto tierno,

Dulzura de ser y de no ser,

Porque he vivido solo de esperarlos,

Y era mi alma el sonido de tus pasos.


Extraído de Paul Valéry, Œuvres, I, Bibliothèque de la Pléiade, 1957 | Versión de Adrián Bollini.

Paul Valéry nació en Sète el 30 de octubre de 1871. Comenzó sus estudios de Derecho en 1889. Publicó sus primeros poemas en revistas de provincia entre 1890 y 1892. En 1984 se instaló en París, donde se desempeñó como redactor en el Ministerio de Guerra, como secretario y como conferencista. En 1925 fue elegido miembro de la Académie française. Como premio a su labor poética e intelectual le fue otorgada en 1937 la cátedra de Poética en el Collège de France. Murió en París el 20 de julio de 1945. Sus restos descansan en Sète, en el Cementerio marino al que cantó en su célebre poema.

Obras fundamentales. Poesía: La jeune Parque (1917), Charmes (1922). Ensayo: Introduction à la méthode de Léonard de Vinci (1895), Variété I-V (1924-1944), Tel quel (1941). Ficción: La Soirée avec monsieur Teste (1896), Eupalinos ou l'Architecte (1921), L'Âme et la danse (1923),  Dialogue de l'arbre (1943).


Adrián Bollini (Bragado, Buenos Aires, 1988). Poeta y traductor. Publicó por Alción editora (Córdoba) los libros de poesía Escritos de Dédalo, Sísifo y Pandora (2009) y Ascética de Heuzek (2015).


 


miércoles, 3 de noviembre de 2021

Francisco “Chico” Alvim: poemas

 
Francisco “Chico” Alvim

























LOS DÍAS PASAN

¿Recordás aquella agua verde
donde los dos buceaban
y todos miraban?

Tu piel sudaba
en el agua
Tu mirar negro
ahogaba

La vida era tanta –
olvidaba



DOS CARABELAS

Mi amor, besame
con la ternura de este día azul

Allá fuera
hilos de nubes ruedan
y el arbusto del lote de al lado
está verde, creciendo

Casi no soplan
los vientos



RISA

Entre planos sonrientes
arcos convexos
anfractuosidades cóncavas
ríe en la claridad
mi sombra oblonga



SOMBRA

Llueve en los edificios
y en la yerma galería
de marcos de vidrio
sucio

Llueve en los edificios
y también en tu sombra
de bípedo que camina
esta y además otra vereda

Aquel edificio negro
en la sombra amarilla, inmensa
asombra a toda la ciudad

A ti, no



ARCHIVO

no puede ser de recuerdos



ABIERTO (para Cacaso)

A veces el mirar camina
en la trama de la luz
sin curiosidad alguna
cualquier devaneo
Va en busca del tiempo
y el tiempo, como siempre,
vacío de todo
no está lejos
está aquí, ahora
El mirar sin memoria –
sin destino
se detiene
en el aire del aire
en la luz de la luz –
¿lugar?



MENTE

Casi más allá de la sensación
de estar vivo
pura luminosidad dentro
de la retina inexistente –
la que todo ve
todo siente
(el todo que es la vida
y será muerte) –
la palabra (¿palabra?) amor

amor



ELEFANTE

El aire de tu carne, aire oscuro
anochece piedra y viento.
Corre lo enorme dentro de tu cuerpo
el aire externo
de cielos atropellados. El firmamento,
incendio de pilares
no está afuera – derruido por dentro.
Reverbera en el escudo el brillo bazo
de túrgido ariete
con el que la distancia y el tiempo enfureces.

Tu pisar macizo, danzarín,
ennoblece los vientres fríos,
femeninos.

A tu vuelta todo canta.
Todo se desconoce.



POEMA (a Carlos Drummond de Andrade)

Hay muchas sombras en el mundo
Ellas avientan en las nubes
y en el aire
brillan solitarias como topacios –
gotas de luz apagadas

Los astros soplan
La sombra es el viento de los astros

En el fondo de las aguas prisioneras
de lagos y vertederos
hay un viento de aguas –
sombras

En el mar
se refractan sumergidas
viajeras
en medio las florestas de algas –
sombra de las sombras emergidas

Son hechas – las sombras – de aire
oscuro
Recuerdan el todo y la nada

El vuelo de las sombras
gira en torno de una columna
sonora, el poema –
luz de adentro

Fuera



CANCIÓN

En las islas de Cabo Verde

Cuando miré para Heloisa
y vi el rostro de Heloisa
su boca sus ojos
sentí la noche de cerca
sentí la noche tan íntima
tan dentro de mi mirar
Un querer bien, una herida
un dolor tan doloroso
tan sin razón, tan perdida
tan de ella, de Heloisa
Heloisa es hecha de oscuro
Heloisa es hecha de aire
Heloisa es el abrazo de la isla
Yo – soy el mar
sólo el mar


Todas las piezas pertenecen a Elefante (2000), en Poemas [1968-2000], 7 Letras/CosacNaify, 2004.

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2021.

Francisco Alvim (Araxá, Mina Gerais, 1938) es poeta. Diplomático de carrera, fue integrante de la llamada “generación mimeógrafo” y de la “poesía marginal”. Participó con el texto “Consciência marginal” en la Revista Malasartes (1975). Integró la antología 26 poetas hoje (1976), organizada por Heloisa Buarque de Hollanda.
Entre sus libros se encuentran Sol dos cegos (1968), Passatempo (1974), Festa y Lago, Montanha (1981), O corpo fora (1988) O metro nehum (2011) y la plaqueta Francisco Alvim – 80 Anos (2018).

jueves, 14 de octubre de 2021

Juan Sasturain: TINTAS CARGADAS de Horacio Spinetto






 
Spinetto no miente. Probablemente ensaya, prueba, intenta y tira –de apuntar y de desechar- tantas veces como sea necesario hasta que (lo que hace, lo que queda) sea cierto. Es que esos chinos traidores –el papel y la tinta, digo- no te dejan mentir. Y no hay pacto que valga con ellos: es así o no es. Te lo ponen siempre en blanco sobre negro. Que de eso se trata. Spinetto lo sabe y se la banca. Pero cabe borronear algunas salvedades.  

En una secuencia de El estado de las cosas de Win Wenders -larga conversación en la barra de un bar de Lisboa- el veterano Sam Fuller, que hace de sí mismo devenido personaje, le explica a alguien que a pesar de que en el mundo real las cosas tienen colores, a la hora de hacer cine, el blanco y negro es más verdadero. La cita vale, salvo error u omisión. Y el viejo artesano salvaje lo dice en blanco y negro, claro.
Otra de película: Alberto Breccia solía contar que había aprendido el valor plástico del blanco y negro mirando cómo componía Eisenstein. No recuerdo si era Iván el Terrible o La conspiración de los boyardos, una de esas históricas. El encuadre del ejemplo era la puerta de un castillo con dos guardias armados a los lados. Una luz lateral partía la imagen en dos: sol y sombra. El soldado de guardia al sol tenía uniforme oscuro; el del lado de la sombra, blanco. Sergei lo hizo, y el Viejo lo aprendió.

En los dos casos, la negación del realismo especular y la evidencia del artificio necesario, construcción de un verosímil expresivo a través del simulacro. Cómo conseguir un efecto estético de verdad que remita / evoque / cite pero no copie el referente “real”, que funciona sólo como disparador o memoria subyacente compartida. Digo: una calle de Sitges apuntada en ojotas, Puente Alsina visto por el Flaco Morán con Pugliese, las siluetas de Bouvard & Pécuchet contadas por Flaubert.

Salvadas las salvedades, decanta lo que sabe y hace saber Spinetto: en la representación de imágenes, el uso del blanco y negro no es una limitación sino una elección u opción expresiva de pleno derecho que suele conllevar, por la economía de medios que supone, una feroz exigencia, un desafío. Una tortura china, se podría decir, calzada a veces de gloriosas Medias negras, en su caso.

Y un borrón conceptual para apuntar: cierta perspectiva equívocamente “enriquecedora” suele llevar al absurdo y a gestos de flagrante estupidez. Así, ahí está Turner -no William, el inglés que imaginaba tormentosos cielos marinos sino Ted, el impune cosmetólogo yanqui que “maquilló” el cine clásico para la pantalla chica- poniéndole color a The Big Sleep de Howard Hawks, entre muchas otras joyas del cine negro; y ahí se republica hoy el Ernie Pike de Pratt y Oesterheld coloreado por manos anónimas que Spinetto –retratista de un Pratt en modo hurón con permiso y sentido- amputaría sin vacilación con metafórico serrucho. Burradas, Sancho: no saben lo que hacen.

Para final, sólo cabe borronear otra persistente nebulosa de prejuicio a disipar: los materiales en juego –consabidos chinos traidores: la tinta y el papel- no son medios “menores” con respecto a –supongamos, seamos viejos- el óleo y la tela. Tampoco los instrumentos mediadores. Cuando la pluma o el pincel se mojan, como el dedo impregnado de sangre derramada que deja en el inicio de los tiempos con piel y uña la marca en la pared, saben que no hay vuelta atrás y caen con gesto irreversible (puro pulso y pulsión) a dejar marca imborrable en el papel fiel, ávido e ingrato ante la duda.
Escribir, firmar y dar formas en el mismo gesto –caligrafía y dibujo, escritura y representación- son avatares de un solo salto al vacío lleno de sentidos presentidos pero desconocidos todavía. Como dados, como marcas de lluvia en la tierra seca, como yemas sobre la piel que tatúan sin horadar, el pincel y la pluma de Spinetto encuentran lo que acaso no sabían que buscaban.  
Ni vista previa, ni ensayo o bosquejo, ni apunte privado. Nada de eso. La tinta sobre el papel es el primer ademán irreductible, el gesto sin vuelta atrás que sólo cabe asumir como señal de entrega abierta. Sólo la marca más pura, arriesgada y poderosa. La que vale.
Que un paisaje encuentre su forma y expresión en el despliegue libre de una caligrafía que figura la marca de identidad, como acá sucede, es prueba –si cabe- o al menos gesto elocuente de que Spinetto es –simple y difícilmente- un artista. No miente, vuelvo a decir.
Gracias por eso.

  Buenos Aires, 2021.


 

miércoles, 13 de octubre de 2021

T.S. Eliot: LOS HOMBRES HUECOS (traducción Roberto Mascaró)

 

T.S. Eliot




 













 

                                         


                                          Un poema para el Viejo

I

Somos los hombres huecos
Somos los hombres disecados
Apoyándonos los unos en los otros
Cabezas rellenas de paja ¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
Susurramos juntos
Calmas y sin sentido son
Cual viento en hierba seca
O patas de rata sobre vidrio roto
En nuestro seco sótano

Forma informe, sombra incolora,
Fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

Aquellos que han cruzado
Con los ojos abiertos hasta el otro Reino de la muerte
Recuérdennos –si lo hacen- no como perdidas
Almas violentas, sino tan sólo
Como los hombres huecos
Los hombres rellenos.


II

Ojos que no me atrevo a encontrar en sueños
En el reino del sueño de la muerte
Esos no aparecen:
Allí, los ojos son
Luz solar sobre columna rota
Allí hay un árbol meciéndose
Y voces hay
En el canto del viento
Más distantes, solemnes
Que una estrella menguante.

No me dejen adentrarme
En el reino del sueño de la muerte
Déjenme además llevar
Esos disfraces deliberados
Saco de ratón, piel de cuervo, maderas cruzadas
En un campo
Comportándonos como el viento se comporta
-sin acercarse-

No ese encuentro final
En el reino del crepúsculo.


III

Esta es la tierra muerta
Esta es tierra del cactus
Aquí las imágenes de piedra
Están alzadas, aquí reciben
La súplica de la mano de un muerto
Bajo el parpadeo de una estrella menguante.

Es como esto
En el otro reino de la muerte
Caminando solo
A la hora en que estamos
Temblando de ternura
Labios que besarían
Forman plegarias a piedra rota.


IV

Los ojos no están aquí
No hay ojos aquí
En este valle de estrellas agonizantes 
En este valle hueco
Esta rota mandíbula de nuestros reinos perdidos

En este último lugar de encuentro
Tanteamos juntos
Y eludimos hablar
Juntos en esta playa de río tumefacto

Sin visión, a no ser
Que los ojos reaparezcan
Como la estrella eterna
Rosa multifoliada
Del reino crepuscular de la muerte
Sólo esperanza
De hombres vacíos.


V

Aquí vamos en torno a la higuera
Higuera higuera
Aquí vamos en torno a la higuera
A las cinco de la mañana.

Entre la idea
Y la realidad
Entre el movimiento
Y el acto
Cae la sombra
                                         Porque Tuyo es el reino

Entre la concepción
Y la creación
Entre la emoción
Y la respuesta
Cae la sombra
                                           La vida es muy larga

Entre el deseo
Y el espasmo
Entre la potencia
Y la existencia
Entre la esencia
Y el descenso
Cae la sombra

                                          Porque Tuyo es el reino

Porque Tuyo es
La vida es
Porque Tuyo es el

Este es el modo en que el mundo acaba
Este es el modo en que el mundo acaba
Este es el modo en que el mundo acaba
No con un estallido sino con un sollozo.


Roberto Mascaró (Peñarol, Montevideo, Uruguay, 1948). Poeta y traductor. Ha publicado: estacionario (1983); Chatarra/ Campos (1984); Asombros de la Nieve (1984); Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist, Fripress, Estocolmo, 1986); Mar, escobas (1987),  Cruz del Sur (1987); Gueto (1991); Campo Abierto-Öppet fält (1998); Campo de Fuego (2000); Montevideo cruel – tangos (2003), Un río de pájaros (Colombia, 2004); Asombros de la nieve, antología (Caracas, 2005), Viendo caer la lluvia de una ventana azul (Tegucigalpa, 2012), Nómade Apátrida (Catapulta, Bogotá, 2012). Ha publicado más de treinta volúmenes de traducciones, entre ellas obras de  Tomas Tranströmer, August Strindberg,  Öyvind Fahlström, Ulf Eriksson, Tomas Ekström, Jan Erik Vold, Edith Södergran, Henry Parland. Su poesía ha sido traducida al sueco.




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