domingo, 2 de agosto de 2015

Washington Benavídes: Poemas del Siglo XXI



Washington Benavídes


















 SEÑORA MUERTE…

                                                        “y lo que quiero saber es
                                                          Cuánto le gusta su muchacho de los
                                                          Ojos azules
                                                          Señora Muerte”
                                                                                     (e.e.cummings)


Si alemán serías El Muerte. Pero
Como te escribo en castellano,
Sos la señora Muerte.
La Ñata del lunfardo y algún
Tango, “La que te dije” –elusión
 a nombrarte- del lenguaje urbano.
En realidad, estamos frente a frente
Desde el nacimiento (y aún antes).
Y esto lo reveló el estoico y lo hizo poema Francisco de Quevedo.
Te han relacionado con el sueño.
Cosa que no comparto.
Aunque a veces nos llega de pesadilla
El sueño es la única visión que tendremos
Del Paraíso que no existe.
Por lo tanto, Señora, me importa poco
Que Usted desmonte a Búfalo Hill.
 A Napoleón o Benito
o cualquier maestro de la usura,
Rostchild o Banco Ambrosiano,
O pequeño usurero de provincia
Con las manos mugrosas de robarle
A los pobres y necesitados.
Otras desapariciones le objetarían
Poetas como Esenin o Maicovski
Que buscaron sus fríos pechos
“para morir abrasaos” no solamente
Artistas, gente común, laburantes
Que se mataron con sus copas de grapa antes
 De la oficina para poder teclear inmundos
 Formularios o parejas juveniles
Que, abrazados, se dejaron caer desde un bote a las aguas
donde los esperaba Perséfone.
Porque sus ciegos padres no midieron
La pasión de sus hijos.
Ni que decir de los niños que recolectas
Por todo el mundo. Esos
No besarán tus huesos desmedidos.
Y esto te lo digo en la cara sin desenfundar
 El revólver con cachas de nácar
Que heredé  de Billy The  Kid,
Ni la vieja pistola lafouchette de dos cañones
 De mi amigo Josecito Jiménez,
El carrero.


CUERPO HERMOSO…


                                   1

Es casi un ángel de Fra Filipo Lippi.
Aunque algunos le encuentran
Facciones de la abuela (por cierto,
 Muy hermosa, agregan, como
Cuidándose de la réplica jocosa).

El sexo oculto en un liviano pliegue
Está diciendo que se llamará:
                        ¿Estefanía, Margaretta,
                                   Helena?
Cuando le bañan (ella gustosa accede)
Es como una llama
Como una lámpara de siete brazos
Como una madreperla , una madrépora
                        O una niña hermosa.
                                  
                                 2

Si se lastima las rodillas
Al saltar del columpio
El mundo todo queda en suspenso.
Como en Santiago cuando está “temblando”.

En cumpleaños propio o ajeno
Parece advenediza
Como si un hada despertara
En una galería de carbón profunda.

Si mira un niño, ese niño
Ya sabe que será un Figari si pinta
Un Vaz Ferreira entre la Lógica y la Música
Un Santos Dumont en aeroplano
Un Julio Herrera que anda
 Suelto por Los Parques Abandonados
Soñando la Desolación Absurda,
 O un almacenero de ultramarinos
Con chalet liberty para el verano.

El niño que no es mirado (como yo)
Tendrá que irse a París
A competir en el Parque de Los
Príncipes en bicicleta o escribir un poema
Que le de vuelta al mundo como a una media
Y que se llame los Cantos de Maldoror.

                                   3

La adolescente que soñarían todos los publicitarios
Dalianegragivenchiversacelacabana
Pasea por el Prado y el rosedal desea que la niña
 Lo atienda y furiosamente estalla en rosas
                                    Amarillas
                                   Rosas-té
                                   Sangrientas
                                   Desesperanzadas
Al fin sólo aspiran a que la adolescente
Entre sus dedos prerrafaelistas
Transforme en juego cruel contarlas
Mientras las deshoja
                        En un “quiero,
                                   No quiero,
                                   Pero quiero,
                                   Y no te quiero…”

                                   4

Un muchacho atildado
La mira sin contemplaciones
De oferente,
La mira como un macho mira
A la hembra
Como un ciervo de altiva arboladura
Clava sus ojos en la cierva virgen
Y se prepara para la contienda.

Ella (que lo ha mirado disimuladamente)
Ahora se extasía en una telaraña
Que aspira –nada menos- que atrapar
                        Al sol.

                                   5

Cortinados amarillos que abrumaran
                        A Lucrecio
Pero no son amarillos ni cortinados.
Son un velo de novia, son un velamen
                        De esponsales.
Son otra tela de araña que no tejieron
                                   Los arácnidos
Pero que probablemente operen
                        De igual manera.

No es el novio el fino adolescente.
Es un señor de propiedad burguesa
Una cadena de oro cruza su vientre
Y en su chaleco de pana blanca
Oculta el Tiempo.
Bigotes a lo Humberto Primo
Levita de embajador francés y el cuello
De palomita y de charoles donde el cielo
Se refleja en  sus botines.
El cabello detenido en dos crenchas.
En el rostro sin sorpresas, una sonrisa
De satisfacción, y a la par un aire
 Grave
De pausados giros…

                                   5
No fue el ciervo y la cierva
En la majestuosidad del bosque de abedules.
Fue casi un estupro, con gruñidos y grititos,
Un revuelo de vestiduras de dormir
Y blancos muslos asediados.

                                   6

Junto a la madre que teje imperturbablemente
La joven mujer grávida
Mira por la ventana el Prado del otoño
Una niebla que es como un mitin de fantasmas
Va borrándolo todo…
También el pensamiento de la joven grávida
Que estaba lejos, muy lejos,
Tal vez en Buenos Aires, a la que ahora llaman
                        “La Reina del Plata”.
Imperceptiblemente, cava y cava una arruga
Advenediza, en su frente de Dama
De Dante Gabriel Rossetti.
Un señor, que le es ajeno, aunque sea su marido
Acaba de regresar de su bufete.
Su sombra, a contraluz, se vuelve enorme,
Un leve clic advierte que la puerta
Cancel con sus cristales de Murano,
Dejó fuera el otoño.


DEVOLUCIONES  IMPOSTERGABLES

El “manto de Gotemburgo”, una maravilla textil
Creada por los indios paracas del Perú,
Vuelve a su origen. El gobierno de Suecia
Cumple con un requisito fundamental:
La vuelta de maravillas del arte, la arquitectura de pueblos arrasados
Por los conquistadores. Desde las creaciones admirables egipcias o más antiguas
Que “adornan” ciudades de los invasores, como si fueran propias.
Como ostentaban (y ostentan) escudos patrios con
Las banderas de los vencidos, como triunfos
 Romanos. Ni que decir de la rapiña nazi
Con Goering a la cabeza, de los logros artísticos de los países invadidos.
¿Cuántas joyas, pinturas, artesanías mágicas,
Debieran restituirse a su origen?
Hoy, en una hermosa revista peruana “Chasqui” nº 23, octubre de 2014,del Ministerio de RREE .Una arqueóloga, Carmen Thays, historia la joya de la textilería paraca.
Y bien, ello nos movió, a la reflexión anterior.
Cómo una ráfaga, como un turbión
De pesadilla: circularon por nuestros ojos
Los robos manifiestos de los detentadores
Del poder, sobre las obras únicas
De los vencidos.
¿Cuántos museos del mundo se alimentan
Con estos saqueos?
Cuántos turistas de Grecia vuelven con pedazos
 De mármol de esculturas o templos
Que les venden al mejor postor?
Y ya no gobiernos depredadores, sino
Sencillos hombres y mujeres
Que retornan con su pedacito del Acrópolis?
(Sé que miras la vasija, el plato, la ñañaca
O manto chico o las bandas cefálicas del
Rey difunto, que amañaste, el pectoral de oro,
La esmeralda del cuello de la princesa,”La Barca de Oro”, corazón del Museo de Bogotá, que se escapó por unos dólares…)…)
En el Brooklyn Museum yace el “Manto Calendario” saqueado en 1902 del cementerio de Arena Blanca, en la península de Paracas,
Por Domingo Cánepa y su pandilla,
De los núcleos funerarios descubiertos.
¿Volverán las oscuras golondrinas
De tu balcón sus nidos a colgar?
Me viene un gesto escéptico. Perdona.


 INVENTARIO-PESADILLA
                        ECOCATASTROPHE.

Dejemos los “40 días y 40 noches”
De Las Sagradas.
Un emperador chino ordenó la quema
De la gran biblioteca, porque la Historia
Debía comenzar en él y con él.
Tu Fu, en un poema, hablando al emperador
De turno,
Le señaló que, junto a la Gran Muralla,
Coexistía una gran muralla de osamentas,
De los esclavos y extranjeros que costó
Una de las Maravillas del Mundo.
¿Sabes cuantos obreros y familias de obreros
Abatió entre la malaria y la miseria
La construcción del Canal de Panamá
(Y ahora sobrevendría el de Nicaragua).
¿Cuántos la Gran Esfinge, cuántos
Las Pirámides y los Colosos de Menmon?
¿Sabes que con Chico Carlos fueron muchos
 Los mártires defendiendo la Amazonía
De la avidez de los Latifundistas y Empresarios? Defendiendo nuestros pulmones?
Olvidaste las catástrofes nucleares:
En 1979 en Three Mile Island (Pensilvania,
EEUU) O en Chernobil (Soviética) 1986,
O en Fukushima (Japón) en 2011?
¿Sabes que las pruebas atómicas marítimas modificaron
la Corriente del Niño y otras mas, desviando
La que aportaba la anchoeta al Perú, para  gaviotas y petreles y su guano, y la pesca, alimento  imprescindible?
Sabes que el clima mediterráneo de Montevideo se fue al carajo,
Y vivimos alterados por las “alertas naranjas o amarillas” que significan tornados, granizo,
Lluvias que desbordan río y arroyos,
Obligando a miles a refugiarse, viendo sus precarias
Viviendas destruidas. ¿Sabes cómo la
Administración se desvive por extraerlos del lodo y de los excrementos?
¿Te has enterado del volumen polucionado de río y arroyos,
Por las vertientes químicas de empresas y fábricas, transformando en canales de la muerte
Todo lo acuífero?
            Si todavía te queda voz, hazla  oír,
                        Que aún vive la protesta.


SEIS VARIACIONES PARA UN ARMONIO 
            DE CRISTAL (ELECTRÓNICO)
                        Por xoan zorro.

                                                           “La muerte no es el final
                                                           Es sólo zona de parking.”
                                                                       Jack Spicer.

                                   1

La máquina alterada.
La gran nuez de la cima
Parece no soportar una avalancha
Ni una modesta ardilla.
El cordaje del cuello desafina
Como un arpa
Tocada por secretas carcomas
Y en su ropero
El viejo corazón como dijera
Jean Cocteau:
                                   “Hoy, no se lleva”.
Y para abajo mejor es no meneallo.
Sin embargo, mi amigo –viejo amigo-:
            La muerte no es el final
            Es sólo zona de parking.

                                   2

Corriendo por el césped
Maravillosas piernas de muchacha
Acompasadas por las fuertes piernas
Del mozo que la cuida
Como a la niña de sus ojos
Que eso es para él

Esa muchacha de piernas admirables
Corriendo por el césped
Ascendiendo entre tilos
Va la pareja por el Parque de Los Aliados
Corriendo tras el arco
De la Alianza
Ella con piernas dignas de Artemisa
Él, con algún calambre,
Sin perderle pisada. Desesperadamente,
            Tras la niña de sus ojos.

                                   3

El hombre arrolló la bandera
Que en ese instante comenzaba a ser
Candidata a los trastos polvorientos
                        Del altillo.
Iba a encender un cigarrillo. Lo pensó
Mejor, y sus dedos volvieron
A depositarlo en la cajilla.
En ese acto (casi reflejo) saltó
De su bolsillo aquella vieja desteñida foto
            (quien la viera, de paso, arriesgaría
                        A decir: es una foto
            De un niño o de una niña).
El hombre la miró. Respiró hondo
                        Y volvió a desplegar
                                   La bandera.

                                                           A Juan Gelman.

                                   4

No era un templo era una sala
                        De cinematógrafo
Por lo tanto era un templo además
            De una sala de cinematógrafo
Y en esa sala/templo, el muchacho veía
                        Por undécima vez
                        “La General” de Búster Keaton.
Sabía perfectamente cuándo saltaba
            Como una liebre la imagen
            De los viejos rollos
Esperaba con unción el instante
            De la deshonra del maquinista
                        Ante su novia
Seguro que iba a reconquistarla y liberarla
            Del laberinto de rieles
            Y ejércitos enfrentados
Del Norte contra el Sur.
Además, sonreía, con la seguridad secreta
                        Que desde la próxima
                        Exhibición él sería el maquinista
            Él sería Búster Keaton
            Y alcanzaría los créditos
            Que la vida se empeñaba en negarle.

                                               5
El pobre Mozart
Alcanzó su gramo de felicidad
Ya acosado por la muerte cuando escuchó
            Al mozo de la carnicería
            Cantar un aria de Papageno.
Con esta anécdota se alentó el desconocido
                        Autor de canciones.
¿Quién dice?. A lo mejor…

                                    6
                                               “El mirlo canta y la bebé ríe,
                                               A medio camino en el siglo del
                                                           Horror.”
                                                           Kenneth Rexroth.

Dulce Camila
Fuerte Natalie:
Maravillosas hijas de mi hijo
Nietas de la alegría
Poseedoras de un coraje casi borrado
De los escritos de este mundo.
Al borde del Milenio, Camila:
Cédeme un poco de tu ternura honda
Que me sabrá a un trago de agua
            En el corazón del verano.
Préstame tu energía, dorada Natalie,
Dibújame constante, como de niña
Fundabas árboles, casas, padres gatos
Bigotudos.
Ustedes caminarán
Por tiempos que han alarmado
            La imaginación o la conciencia
Y sé que vuestros pasos llevarán
            Nuevas luces, dínamo                  
Ustedes caminarán
Por tiempos que han alarmado
            La imaginación o la conciencia
                        De los hombres
Y sé que vuestros pasos llevarán
            Nuevas luces, dínamos
                        De pureza
Para mañanas que no serán ojos
De ciego/ muletas
Abandonadas entre las ruinas de la guerra.
Ustedes llevaran como un nuevo testamento
                        El deseo de todos nosotros
            (los conocidos, los desconocidos)
                         
UNPOCO MÁS SÓLIDO QUE EL AIRE


Casi desparramado,
Bajo el quincho solidario
Pasan “músicos” que hace tanto
No venían a estos árboles,
Los músicos son unos pajaritos
De mediano tamaño, el dorso de color marrón oscuro,
Casi acanelado el pecho.
Siempre en bando. Rápidos y fugaces
Sobre la avena estéril, sobre los pastos
Recién cortados por un operario.
Cantan. Una música que huele a pasto,
A reflejo de las nubes en la acequia,
A urgencias de apareo.
A dulce clima.
Ya se fueron. Volaron hacia otros campos.
Las desafinadas langostas verdes tratan
De mejorar sus arreglos
(No sea que Nicolo –el gran violinista
Iracundo- les quiebre sus arcos).
Sigo despatarrado. Increíblemente, una
Perdiz chica pasa junto a mi, sin empacho
Ni miedo. En otros tiempos…
Al fin veo a una viudita blanca.
(Desolado ante los desmanes de los
Fundamentalismos, fustigan mi visión:
Garrote vil, torres con horcas,
hachas fulmíneas, lapidaciones, Rocas Tarpeyas,
“la solución final” con cámaras de gas,
Piras humanas de la Santa Fe, cruces romanas,
Venenos socráticos, elixires borgianos,
Inyecciones letales, sillas eléctricas,
Fusilamientos, la “refalosa” de federales
Y unitarios, los despenadores oficiales
De los ejércitos, la espada isabelina,
El puñal tribunicio, el sicario de trece
Apuntando y acertando. Los degolladores
De Barranca Yaco, la cabeza del Chacho
Peñaloza, los niños del último ejército
Guaraní ante el sádico Conde D´eu;
Los N N de cualquier territorio…)
Salto, como mordido por crucera.
El tiempo está cambiante y de la Cuchilla
De Haedo  baja en carretón siniestro una tormenta.
También asoma en la dulzura de este
Mundo, una Tercera Guerra nada fría.
¿A los señores de la guerra no enfrentarán
Los hijos de la patria grande?


Washington Benavides (Tacuarembó, Uruguay, 1930) Poeta, traductor y músico. Maestro quien hace décadas me supo indicar, en una noche cargada de humedad rioplatense, en la “valiant” Montevideo qué leer.

Entre sus últimos títulos se hallan: "El mirlo y la misa" (2000);"Los pies clavados" (2000); Un viejo trovador" (antología) 2004;"Dracmas" (2005);"Diario del Iporá (2006);"Sonetos del Batoví dorado al gabinete del Dr Caligari" (2008);"El frasco azul" (2011); "Tata Vizcacha" (reedición.2012);"Como un comanche" -seis libros inéditos- ( Ed. homenaje del Ministerio de RREE del Uruguay, 2012).

LIBROS de heterónimos:"Amarili y otros poemas" Pedro Agudo(2007); Doce canciones amorosas (bilingüe) Juglar Xoan Zorro (2010);" Asuntos del falsificador" John Filiberto (2012).

Entre  los autores que ha traducido se cuentan: Guimarães Rosa, Oswald de Andrade, Carlos Drummond de Andrade y Affonso Romano de Sant’Anna.

Sus poemas y canciones han sido musicalizados y grabadas por: Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Eduardo Darnauchans, Héctor Numa Moraes, Carlos Benavídes, Los Olimareños y Los Zucará.









                                                          






lunes, 27 de julio de 2015

Humberto Díaz Casanueva: Los veredictos



Humberto Díaz Casanueva






































                                                          Pero en sombría caverna
                                                      sangra tranquila una humanidad muda
                                                      y construye con duros metales
                                                      la cabeza redentora”
                                                                           Trakl


a veces no obstante digo
en mi mano relampaguea un pan

habiendo observado el triste
milagro

metidas en el agua fangosa
tumbas de transfigurados seres
brotan
qué brotan?

grotescas llamas enlutadas

se oyen crujidos del más sagrado
silencio

hay avideces en mujeres
extáticas
hay augurios de una apariencia
de hombre
hombre diario seguido por su
espectro

en mí resuena un piano
de cuatro pezuñas derramadas
es horrible mi estado remoto

mi corazón está triste
triste

he rescatado un tembloroso
insecto
metido en una gota de miel
he meditado en ello

yo no digo sino  lo incierto
de lo que en mí se manifiesta
yo rumio un rayo que me mantiene
vivo

pero escuchen
mis oídos están llenos de campanas
vesperales

siento la fruición de formas
terrenas
que expande mi desvarío
vibran facciones un poco
 embotadas

viene la rigidez de la cera

el hombre diluye en hipos
murmullos
roces

alguien ha muerto
muerto

la mano crispada sobre un
 puñal de alabastro
una niña
castañetea los dientes

TAL VEZ UN MUERTO SEA UN
HOMBRE DESMESURADO
UN FAKIR

pero los tiempos son otros
hay manadas de muertos
pastando en el
vientre
los abismales andan por la calle

me acusan de referirlo todo
a  la purificación de la tiniebla

me acusan de ser presuntuoso
extrañado por lo inmanente

cierto
hay una distinción profética
en lo que percibo diariamente
no sabemos enlazar todas las
señales

yo digo
pero tal vez no digo digo
la presencia me ha desamparado
yo clavo mi vuelo
en un espejo d e s c a r n a d o   y
sepulto

me causa una angustia tan grande
mi obstinación en vivir
mirando de reojo
lo chamuscado

yergo la cabeza ungida

estoy expuesto
en lo mágico absoluto

la nada es una magnitud dentro de
lo existente
la no-nada ha mordido a veces mi
nada



(Fragmento- de Los Veredictos, 1981).

Humberto Díaz Casanueva (Santiago, Chile, 1906-1992).

Lucio Madariaga: Poemas



Lucio Madariaga
























el manto

el peor sonido del mundo

bombazos de tierra
negra húmeda muerta
golpean madera y tierra bronce

contra esa omnipotencia
                    la última imagen
no puede la imagen del mundo

genealogía de la mar

una pelota blanca tejía enlace de aire y arena
verano de 1999 en la Costa Azul oriental
entre el hotel abandonado y el canal que venía del clú
era la primera vez que jugaba al fútbol con mi padre
hombre de aguas dulces nadador de mar con técnica de horizonte
ducho con el pie en el estribo nulo en la pelota
esa mañana de playa vacía él invitó jugar a pasarla
y me puse en plan de técnico y de bromista
se la tiraba fuerte y de cuando en cuando caía
sobre su pelo gris ondulado una lluvia de arena fina
de reflejos todavía andaba bien nunca lo dejé ciego
parecía no darse cuenta de la intención
el pequeño picado poco a poco se diluía hasta que
cansado del gaste mi padre retó a cruzar la ruta
se venía el desafío al billar disciplina en la que había sido mi maestro
en ese mismo lugar de paredes empachadas de adornos marítimos
donde parroquianos y peones de la estancia del fondo tomaban caña
el pulpero era un flaco bigotudo oriundo de Minas
ambos en cuero pedí una coca él extrañamente una cerveza
comenzó lo imborrable
anotábamos las carambolas en un tablero de fichitas circulares de madera
hasta que terminábamos las líneas y como en una máquina de escribir
las volvíamos al inicio
los parroquianos gritaban al son del espectáculo genealógico
Brujita Blanca rondaba el paño
felicidad para siempre
dos en juego, una sensación

baraiba es mi celo

 
veo al jacarandá en medio de la plaza raleada
por moscas hambrientas
en la arena las ratas festejan ausencia
y la estatua está presa
extraña meadas colores letras

pasó una chica envuelta en voces
huelen voces penetran
ahora no hay nadie
sólo la vergüenza

me siento atado a este banco de la plaza
frescura es el viento en su cauce fantasmal
el viento pediatra del río

la expresión es un chamán degenerado

jugar no es parte del problema

baraiba

después

tierra

en tu cara el aire puso la sangre
del aguará guazú

viste natural la muerte
de la cacería
y te fuiste a jugar

poco te importó la sangre

una mirada estratégica

 YAGUARETÉ

si no he logrado el tiempo justo
qué voy a hacer
para conocer al yaguareté
qué será de lo que venga por verse
si no pudimos
si no verán mi infancia
los que vengan
a ver qué
digamos
a ver
otra cosa

pasto mojado

quién interpreta los músculos
cuál de esos engendros mueve los hilos
preguntabas mientras tus manos se enroscaban
como si esperaras el tren

quise verte a través de la tela
no parecías de este barrio
había algo demasiado brillante
el algodón olía a quema
se dilataban mis pupilas

qué esa intensidad qué
es viento fuerte que gana un rincón

dame la mano te dije vamos al borde
detrás un hueco
              adelante un abismo
los pies raspaban la tierra

era de mañana en Baraiba

jugamos a vaciar el tanque australiano
nos suspendimos en el pasto mojado


cerramos los ojos

una gota

cuidate talento de tanto ingenio
de todas las cosas graciosas
en el límite de lo ínfimo
le dijo dios a san pedro
a punto estaba de explotar
el sol

estalla la patria comprendida

san pedro el coimero vaga desierto
intenta encontrar un consumidor
entre las partículas suspendidas
en el vacío
desespera porque no hay fila
¿vacío?
para saciar su impunidad


la sed ahora se aloja en los ositos de agua
sin agua
irrompibles no tienen fe en el lenguaje
los días continuarán sin conceptos
¿los días?

dios ha muerto
el cosmos metió la cola

EL HORIZONTE ES FICCIÓN

en la meseta donde se acurrucan
los meridianos 74 y 25
hay un oso polar que me espera
en la cueva de hielo negro

no lo conozco no sé por qué llama
es intenso el goce su soledad
residente en la tierra lejana
atrapa especies con los ojos

quiero creer en el gesto suave
la sabiduría de frío y ausencia

qué es la desconfianza
sino el temor a ejercitar la trama
eso que intenta frenar el alud
no se pueden borrar las huellas
algo se congela en el rastro

es diáfano el dispositivo
cuando resbala la ficción

el oso es una bestia
que araña las llamas y juega
con el fuego entre las uñas

espiral f.

“la dominación de las mujeres no ha sido, ni es solamente producto de la subordinación a los hombres colonizadores, sino también a los hombres colonizados”
Claudia Korol

un soplo es una vertiente abierta al mundo
una bailarina decapitada
que exhala con la fuerza de las venas mientras
construye escenas
para el gozo del morbo

la cabeza seca con los pelos sedosos
rebota contra las vías abandonadas
y conjura fantasmas
que beben al vuelo
hazañas de la desgracia

la fiesta sigue y la gente escupe sangre,
sin ojos sin carajo,
nadie persigue, los muertos bailan
y la noche se persigna ante la realidad de la danza

k397

¿en qué pensás cuando te desordenás por dentro?,
preguntó por WhatsApp después de un te quiero
tuve que salir al balcón para ensayar la respuesta
respirar, regar los jazmines, oler las flores y la tierra húmeda,
sentir la vibración de los colectivos en la baranda. Era como
un subwoofer disonante, no lograba amalgamarse
con la Fantasía para piano K397 de Mozart
que huía
desde el interior del departamento
  
caminar en círculos, observar, carpir la tierra
de tres macetones fue el siguiente paso:
una siembra se acercaba en la primavera precoz
buscaba las palabras
  
ella es sinuosa y transparente
nunca habíamos experimentado una primavera juntos
en los años que llevábamos de conocernos siempre algo se rompía
cuando todo comenzaba a ser más exuberante a nuestro alrededor
nos nublábamos, dos fuerzas internas desparejas
que no podían encontrarse
hasta ese momento, una y otra vez, la estación de las flores nos conducía
en una procesión hacia un choque calmo, desequilibrante

y el silencio

esta vez algo pulsaba diferente
se sentía un despliegue
un encuentro
una tentativa de romper la repetición

jugué un rato con mi gata, nos corrimos como solemos hacer
y me sentí preparado para responder:

en mí cuando estoy en paz en un lugar hermoso, eso me calma, escribí

al fin de cuentas es todo lo que había sucedido desde que lanzó la pregunta
pero en esta primavera yo no estaba desordenado,

pensaba en abrazarla

y viajar

 
fuera de empatía

voy a cruzar el puente apenas zurcido
hay una bandera a cuadros a la espera
de alguienes con sed
dudo de la aventura

en la meta reparten botellas vacías
y bajo del puente
el barro es una fiesta de gusanos

son carnadas a salvo que comparten abandono
buscaban esa paz
               esa húmeda comodidad
cuando saltaron clavado perfecto
e hicieron suyas las palabras
más repetidas

antes de cruzar el puente hay un bosque dunícula
allí un pájaro de sal me dijo:

la huella de arena es una trampa del tiempo

ahora que estoy llegando a las botellas
recuerdo pájaro

elijo volver a conquistarme en las dunas
entre espinas
y los bichos más despiadados
de mi corazón

aguja sobre el pajar

somos especie del tiempo
una migración
de futuro



Lucio Madariaga. Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 15 de agosto de 1985. Estudió la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires, que dejó inconclusa. Recibido de la carrera de Periodismo General en TEA (Taller Escuela Agencia). Trabaja en el Fondo Nacional de las Artes. Escribe colaboraciones para publicaciones nacionales y del exterior, y ha trabajado en radio y televisión. En 2014 fue uno de los ganadores del Concurso Binacional ArBol (Argentina-Bolivia) organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación de Argentina y por el Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba del Estado Plurinacional de Bolivia. En el mismo año seleccionó y prologó el libro “El hueco de un relámpago” de la poeta Élida Manselli, editado por El Suri Porfiado. En 2015 compiló y prologó el libro de ensayos, crónicas periodísticas y ponencias “No soy ni la sombra de un crítico” del poeta Francisco Madariaga, que pubicará Ediciones Espacio Hudson. En 2015 publicará su primer libro de poemas titulado “Materia Oscura” en la editorial La Pulga Renga de Rosario. Se encuentra trabajando en “BARAIBA”, su segundo libros de poemas.