jueves, 11 de diciembre de 2014

Mario Pera: Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente


Mario Pera















Pesa. Pesa bastante y suele abrumar a no pocos el saber que, de algún modo, eres heredero de las palabras de algunas de las más grandes figuras de la poesía en lengua hispana. Tener entre esos “ascendientes poéticos” a escritores de la talla de Eguren, Westphalen, Adán, Moro, Churata, Eielson, Varela, Hinostroza, Cisneros o Watanabe, quienes conforman un concierto bien afinado de voces, es una piedra muy pesada en el bagaje de cualquier poeta. Y no hablo aquí de Vallejo por un olvido involuntario, sino porque, por el altísimo nivel de su poesía, considero que este ha pasado a formar parte de la tradición poética mundial, y no sólo de la peruana. Todos estos poetas mencionados, y varios más, han elevado una valla tan inexpugnable como espléndida para quienes apuestan en estos días por escribir poesía en el Perú y publicarla. Siempre con la intención de estar a la altura de una de las tradiciones líricas más sólidas e importantes en el siglo XX, como lo es la peruana.
Sin embargo, llegados al nuevo siglo y luego de un par de décadas en las que hubo un ensimismamiento de la poesía peruana contemporánea (creo producto del conflicto social interno y de la política represiva que gobernó el país en esos años), han saltado a la arena nuevos autores quienes se encuentran en la ardua tarea de redefinir y configurar un norte para la poesía escrita en un país que, valgan verdades, poco o nada valora y aprecia la trascendental función que para su cultura, identidad y desarrollo ostenta la poesía. Estos noveles poetas, quienes iniciaron su obra en los primeros años de la década del 2000, y otros a partir de la década del 2010, continúan en un caso condensando su propuesta y, en otro, en plena indagación y estructuración de un proyecto poético personal.
Es en este panorama, quizá no tan alentador, que han surgido las voces de poetas los que no tienen nada en común pero que, de tenerlo, ese único punto es, a mi juicio, la responsabilidad y voluntad férrea con la que abordan su labor creativa para acercarse (o alejarse) del hecho poético y transitar por el centro y los límites, nunca bien definidos, de la poesía.
En Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente, mi intención es el ofrecer una mirada a la poesía de autores peruanos nuevos, cuyo trabajo me parece atendible y serio. Poetas a los que de manera arbitraria califico como “jóvenes”, pese a que para muchos, sea por edad o por los méritos logrados por su obra, ya no lo son. Como bien sabemos el criterio de juventud siempre tendrá sus reparos, más aún en la poesía que es un terreno en el que aquel es un concepto aleatorio, siendo que esta vez me decidí por fijar el límite de selección para poetas que a la fecha (diciembre de 2014) han cumplido, máximo, los 35 años de edad.
Se trata de poetas que han iniciado su camino con la venida del nuevo siglo y quienes han nacido en distintas zonas geográficas del país, por lo que proceden de entornos sociales y culturales disímiles entre sí. Doce poetas peruanos, ocho de la capital y cuatro de provincia, repitiendo estos mismos números en cuanto a género. Lo que espero proporcione una visión general, jamás total, de lo que los poetas recientes vienen creando por este lado del mundo.
Por supuesto, la presente muestra en ningún momento pretende ser restrictiva o excluyente, y menos aún del tipo canónico, pues ello sería un completo absurdo y, más, una necedad. Mi propósito se centra aquí en dar a conocer parte de la obra lírica de jóvenes poetas nacidos en Perú que, en mi criterio, merecen ser leídos con atención. 




MARIO PERA (Lima, Perú, 1981). Escritor y diseñador gráfico. Ha publicado en poesía Preparaciones anatómicas (2009) y Ruido Blanco (2011) y, en ensayo, Fare l’America or learn to live in it? Italian immigration in Peru (2012). Ha sido editor del sello Magreb.



Mario Pera: Poesía peruana reciente Benggi Bedoya Rosales




Benggi Bedoya Rosales






















  

Sin nombre

A mitad de lo implacable,
¿Cómo ocupar el ánfora, el recuerdo,
O contemplar un cuerpo orillado por el tiempo,
Si he heredado los brazos de las sombras?
Y el ombligo ya no es más sosiego,
Sino el osario de las flamas
Que mueren lentamente.
A mitad de lo implacable
Y de ti desterrada.

¿Y ahora cómo pinto si todo es tan reciente?
Cómo lograr palabras que te alcancen
Y no sean simples hijas del momento.

Desde un monte canto.
Es de noche/ lugar santo/ donde nace
Naturaleza extinta,
Donde nace este intento de volver a ser rama.


Origen

Con los viejos rumores ha llegado
Vestido por el polvo de las ruedas.
Ha llegado con el Adviento
De la primera decepción.

Cuando fui niño armé cada una de las piezas
Con la licencia
Del primer aprendizaje.

Más tarde crecí, y mis manos
Moldearon todo el barro de mi reino.
Y edifiqué la casa de los pájaros.

A los veinte, conoció mi corazón
El antiguo mar de los espejos
Que aprendimos a mirar
Como dos lobos marinos
Tendidos bajo el cielo de sus vientres.

A los sesenta y dos
Mi última alegría
Fueron las cartas en letra de molde
Envueltas en un cuadro impresionista.

Ahora, me quedan sus huesos
Que he adorado con un fuego
Que mi lengua va apagando.

Ha llegado con las luciérnagas
Amancebando el filo de las cuerdas a mi cuello.
Para ocultar la perla que habita desde siempre
En el origen o en mi casa o en mis huesos.

Para llevársela.


Dédalo

Dicen que el hombre más inteligente
Conoció, también, la envidia.
Del revés de su mano nació
El ave que anida en setos y evita las alturas.
Dicen que edificó un antiguo y colosal
Laberinto del cual nadie podía salir.
Para escapar de la isla batió
Sus alas y sus pies se elevaron.
Pero, desde el principio,
Estuvo condenado.

Artesano, ocultaste también
Su corazón en ese mismo dédalo.


Ícaro

La caída del sol iba encendiendo una
Fundición gigantesca entre las nubes del poniente.
Ernesto Sábato


Tapar el sol con un dedo
Para que tus alas no sean incendio,
Acaso viento fundiéndose en el viento.
Pero una antigua imprudencia
Hizo memoria hasta dar con tu muerte,
Ascendencia con prótesis de ave,
Ungüento adherido para el conocimiento
De huesos cansados. Uno a uno, fueron uniendo
Las plumas con cabellos, y cera para el armazón.
Prolongación del padre fueron tus alas,
El lento sol suavizó tus mejillas
Lustró, también, tu corazón,
Descendencia,
Precipitación, caída,
Ícaro, 21 gramos,
El silencio se hundió en tu libertad.


Mito

Cuando la noche cubra tu sombra,
Ahora que hallamos el tiempo
De los dioses cual tibia naturaleza humana.
Reescribiremos la antigua lengua
Para llegar al interior de la fuente,
Olvidar a Narciso  y nacer
No de ceniza, no de viento, no de fuego
Ni de aire, ni de agua.
Nacer de la prolongación del último fruto
Que cae de tu boca.


(De Lumbra)



Benggi Bedoya Rosales (Chimbote, 1986)
Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Organizó el Segundo Concurso de cuento y poesía “Manuel Scorza”, realizado por el CELIT. Ha participado en diversos eventos culturales, académicos y artísticos tanto en Lima como en provincias. Como ponente centra su interés en los estudios de poesía peruana: Francisco Bendezú, Enrique Peña, José Watanabe. Sus trabajos han sido publicados en revistas físicas y virtuales del medio. Ha sido antologada en La orgía inmóvil 15 poetas. Muestra de la poesía joven en Ancash. Coordinó el ciclo de Recitales Ese puerto existe desde abril de 2010. En el 2012 publicó el poemario Lumbra y es coautora de la muestra poética del libro Recitales Ese puerto existe (2013). Obtuvo una Mención Honrosa en el VI Concurso “Ten en cuento a La Victoria” en el 2013.


Sobre la poesía de Benggi Bedoya Rosales:
Benggi Bedoya ha sumado a su labor como promotora cultural poética, a través de la codirección de los recitales Ese Puerto Existe, una nueva faceta como poeta y narradora. Se trata de una voz muy joven en la poesía peruana del siglo XXI. Es una escritora que ejecuta una obra que logra alzar un singular vuelo lírico en el que el mito es uno de los temas que prevalece, y que retorna en un movimiento cuasi elíptico para amalgamarse, de manera particular, con disquisiciones en tono de reflexión íntima, sin vinculaciones a una trillada identidad de género.

Mario Pera: Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente

Pesa. Pesa bastante y suele abrumar a no pocos el saber que, de algún modo, eres heredero de las palabras de algunas de las más grandes figuras de la poesía en lengua hispana. Tener entre esos “ascendientes poéticos” a escritores de la talla de Eguren, Westphalen, Adán, Moro, Churata, Eielson, Varela, Hinostroza, Cisneros o Watanabe, quienes conforman un concierto bien afinado de voces, es una piedra muy pesada en el bagaje de cualquier poeta. Y no hablo aquí de Vallejo por un olvido involuntario, sino porque, por el altísimo nivel de su poesía, considero que este ha pasado a formar parte de la tradición poética mundial, y no sólo de la peruana. Todos estos poetas mencionados, y varios más, han elevado una valla tan inexpugnable como espléndida para quienes apuestan en estos días por escribir poesía en el Perú y publicarla. Siempre con la intención de estar a la altura de una de las tradiciones líricas más sólidas e importantes en el siglo XX, como lo es la peruana.
Sin embargo, llegados al nuevo siglo y luego de un par de décadas en las que hubo un ensimismamiento de la poesía peruana contemporánea (creo producto del conflicto social interno y de la política represiva que gobernó el país en esos años), han saltado a la arena nuevos autores quienes se encuentran en la ardua tarea de redefinir y configurar un norte para la poesía escrita en un país que, valgan verdades, poco o nada valora y aprecia la trascendental función que para su cultura, identidad y desarrollo ostenta la poesía. Estos noveles poetas, quienes iniciaron su obra en los primeros años de la década del 2000, y otros a partir de la década del 2010, continúan en un caso condensando su propuesta y, en otro, en plena indagación y estructuración de un proyecto poético personal.
Es en este panorama, quizá no tan alentador, que han surgido las voces de poetas los que no tienen nada en común pero que, de tenerlo, ese único punto es, a mi juicio, la responsabilidad y voluntad férrea con la que abordan su labor creativa para acercarse (o alejarse) del hecho poético y transitar por el centro y los límites, nunca bien definidos, de la poesía.
En Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente, mi intención es el ofrecer una mirada a la poesía de autores peruanos nuevos, cuyo trabajo me parece atendible y serio. Poetas a los que de manera arbitraria califico como “jóvenes”, pese a que para muchos, sea por edad o por los méritos logrados por su obra, ya no lo son. Como bien sabemos el criterio de juventud siempre tendrá sus reparos, más aún en la poesía que es un terreno en el que aquel es un concepto aleatorio, siendo que esta vez me decidí por fijar el límite de selección para poetas que a la fecha (diciembre de 2014) han cumplido, máximo, los 35 años de edad.
Se trata de poetas que han iniciado su camino con la venida del nuevo siglo y quienes han nacido en distintas zonas geográficas del país, por lo que proceden de entornos sociales y culturales disímiles entre sí. Doce poetas peruanos, ocho de la capital y cuatro de provincia, repitiendo estos mismos números en cuanto a género. Lo que espero proporcione una visión general, jamás total, de lo que los poetas recientes vienen creando por este lado del mundo.
Por supuesto, la presente muestra en ningún momento pretende ser restrictiva o excluyente, y menos aún del tipo canónico, pues ello sería un completo absurdo y, más, una necedad. Mi propósito se centra aquí en dar a conocer parte de la obra lírica de jóvenes poetas nacidos en Perú que, en mi criterio, merecen ser leídos con atención. 















Mario Pera: Poesía peruana reciente, Luis Cruz Álvarez



Luis Cruz Álvarez























“all the christian soldiers behind to you”
                                                                                         (Lou Reed & La prudencia)

1501

Warsaw\Warsava\Varsovia: “que la Gestalt, muera en todo lo que un mendigo
Pueda comer en setenta y dos horas”.
Así fue el rumor de quinientos payasos que proclamaban el
derrumbe del paradigma.

Las teorías volaban de un cuarto a otro, fue todo perfectamente parametrado
para que ninguna tecla caminara por la simple voluntad de su instinto;
Hasta que luego llegó la infamia vestida de azul, desordenando
cada cuadrado hasta la profundidad, metiendo en la puertas de cada
lado el libro que contenía la mecánica de las rosas.

Los sonidos venían empaquetados en sinusoides nunca comentadas
por las ideas que al mismo tiempo venían en cápsulas de plomo,
y así un círculo vicioso se formaba para poder dar con un porqué
que contuviera el azul, negro y gris por explicación.

“Berlín, patio de la razón, que se sostenga las columnas
 en canicas de vidrio mientras el mendigo busca la forma de arrimar un pedazo
de tierra en las nubes”,
se leía en alguna pared que desde lo lejos gritaba que los municipios nunca supieron
qué hacer con ella, en tanto unos lagartos discutían las mil y una formas de cómo
las gotas caen y se forman en demiurgos.

(De El retorno del barón von Heisen
en Tetrameron. Cuatro poetas del último día)


London Boy conoce la realidad

He seguido con todas mis orbitas esa pequeña luz grisácea;
a veces se desvanecía en un espacio de negrura incomprensible,
otras reaparecía encendiendo un fuego a su alrededor.

Danzaba con seres de faunas remotas
y antidiluvianas,
ella era amable y derramaba
su anhelado destello en la boca de los minotauros.

A penetrado en la mitad de mi cerebro
y tendido un puente entre dos cortinas;
inexistentes la una para la otra.

Después de destrozar mis ilusas maquinarias,
se ha divertido creando androides en mis ojos
y sembrando árboles en mis manos.

La luz sin embargo sigue volando
con irrefutable libertad,
muchos dioses, como el gran Odin,
trataron de atraparla,
pero esta se desvanece apenas es tocada,
ella es sin duda pura entelequia.


(De Radio Futura)


Tres estudios para la crucifixión

Sigue pasando los dientes sobre el hierro,
raspa las costras y la herrumbre,
deja que caiga el último cerezo de junio,
que se claven las espinas en tus pies,
y que grites hasta que los dientes se revienten.
¿Por qué volteas y no miras ese vacío?
mira el vendaje que le hiciste
y cómo tu cuerpo se dobla en el equilibrio de la semi rueda.
Alguien recogerá las pequeñas hojas que se desprenden,
de tu arco, invencible como siempre.
 Tripartito es el dolor.


El Rodaballo

Enrejado,
son mis límites al acecho.
Mis bordes definen el cuerpo,
no se expande lo que no ves,
y el ojo unido al suelo
que hasta la palabra se vuelve estrecha

Alguien sentado en la estepa,
es una prótesis de mi cuerpo:
por él canto, por él pienso,
y su mente la tengo enterrada en el fango.

Algún día, me lanzarán un guijarro,
en su caer desgarrará la noche que conozco,
y al herir mi costado,
la herida será el vacío entre la luz del sol y este diminuto contorno,
y sabré que todo fue en vano.
Esperar y callar es lo que queda.
¿Acaso supurará la penumbra en mis vertebras?

(De Osario de criaturas perplejas)


Elsinore

2.

¿Qué le hicimos a la juventud?
nos pasamos construyendo barcos,
arrojando leños a la caldera
y cuando la madre nos esperaba con su
segundo vestido de novia,
nosotros nos hicimos a la mar
buscamos ciudades,
calles,
plazas,
lo que sea.

Nos ensuciamos como corsarios
ladrones, piratas, amantes.
nos ensuciamos con las migajas
de las leyes de Moises,
(Pequeños recordatorios de nuestras formas reptiles)
nos permitimos encallar en lechos,
repletos de voluptuosas flores,
llegamos al del fin del mundo.

Y al día siguiente:
Las constelaciones se volvieron hogares seguros
por ahí se metió la madurez,
con sus ríos de sangre tibia
   sus sonidos de huesos humillados,
la cama hecha y las banderas siempre a media asta.
La madurez trajo el sonido de la cocina
y del agua hirviendo al calor del último témpano.
La ventana del cuarto siempre abierta en la noche para ventilar los ojos:
La Osa Mayor fue un recuerdo fecundo y feliz
Un estigma viviente


(De Regreso a Elsinore, inédito)


Luis Cruz Álvarez (Lima, 1981) Ingeniero Industrial de la Universidad de Lima, con maestría en Gestión del Conocimiento por la Universidad de León, España. Publicó el libro coautoral Tetrameron. Cuatro poetas del último día (2003), y luego los libros Lumen. Trilogía del Espíritu (2007), Radio Futura, dentro de la Colección “Piedra y Sangre” (2008) y el poemario objeto Osario de Criaturas Perplejas (2014). Poemas suyos aparecen en la recopilación Versolibrismo, poesía y arte contemporáneos (2013) en el número 12 de Fórnix (2013), en la muestra poética Cuatro Poetas Peruanos (2013) y Plexo-Perú (2014). Ha incursionando en  relatos coautorales de ciencia ficción presentados en el Programa Radial Rutas de Letras (2013).

Sobre la poesía de Luis Cruz Álvarez:

Al iniciarse, la temática de su obra giró en gran medida en el desarrollo lírico de dos temas, la Historia europea del siglo XX (especialmente la Guerra Fría) y el misticismo cristiano y precristiano, en los que predominaba la ironía y una visión descreída de la Historia oficial, temas que fusionó bajo los acordes de un sountrack con hits del New Wave y del rock inglés de los ochenta y noventa. Dicho sountrack aún continúa sonando pero, en la actualidad, su poesía ha dado un vuelco temático interesante, pasando a una búsqueda introspectiva que le ha valido el alcanzar algunas de sus composiciones más logradas.

Mario Pera: Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente

Pesa. Pesa bastante y suele abrumar a no pocos el saber que, de algún modo, eres heredero de las palabras de algunas de las más grandes figuras de la poesía en lengua hispana. Tener entre esos “ascendientes poéticos” a escritores de la talla de Eguren, Westphalen, Adán, Moro, Churata, Eielson, Varela, Hinostroza, Cisneros o Watanabe, quienes conforman un concierto bien afinado de voces, es una piedra muy pesada en el bagaje de cualquier poeta. Y no hablo aquí de Vallejo por un olvido involuntario, sino porque, por el altísimo nivel de su poesía, considero que este ha pasado a formar parte de la tradición poética mundial, y no sólo de la peruana. Todos estos poetas mencionados, y varios más, han elevado una valla tan inexpugnable como espléndida para quienes apuestan en estos días por escribir poesía en el Perú y publicarla. Siempre con la intención de estar a la altura de una de las tradiciones líricas más sólidas e importantes en el siglo XX, como lo es la peruana.
Sin embargo, llegados al nuevo siglo y luego de un par de décadas en las que hubo un ensimismamiento de la poesía peruana contemporánea (creo producto del conflicto social interno y de la política represiva que gobernó el país en esos años), han saltado a la arena nuevos autores quienes se encuentran en la ardua tarea de redefinir y configurar un norte para la poesía escrita en un país que, valgan verdades, poco o nada valora y aprecia la trascendental función que para su cultura, identidad y desarrollo ostenta la poesía. Estos noveles poetas, quienes iniciaron su obra en los primeros años de la década del 2000, y otros a partir de la década del 2010, continúan en un caso condensando su propuesta y, en otro, en plena indagación y estructuración de un proyecto poético personal.
Es en este panorama, quizá no tan alentador, que han surgido las voces de poetas los que no tienen nada en común pero que, de tenerlo, ese único punto es, a mi juicio, la responsabilidad y voluntad férrea con la que abordan su labor creativa para acercarse (o alejarse) del hecho poético y transitar por el centro y los límites, nunca bien definidos, de la poesía.
En Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente, mi intención es el ofrecer una mirada a la poesía de autores peruanos nuevos, cuyo trabajo me parece atendible y serio. Poetas a los que de manera arbitraria califico como “jóvenes”, pese a que para muchos, sea por edad o por los méritos logrados por su obra, ya no lo son. Como bien sabemos el criterio de juventud siempre tendrá sus reparos, más aún en la poesía que es un terreno en el que aquel es un concepto aleatorio, siendo que esta vez me decidí por fijar el límite de selección para poetas que a la fecha (diciembre de 2014) han cumplido, máximo, los 35 años de edad.
Se trata de poetas que han iniciado su camino con la venida del nuevo siglo y quienes han nacido en distintas zonas geográficas del país, por lo que proceden de entornos sociales y culturales disímiles entre sí. Doce poetas peruanos, ocho de la capital y cuatro de provincia, repitiendo estos mismos números en cuanto a género. Lo que espero proporcione una visión general, jamás total, de lo que los poetas recientes vienen creando por este lado del mundo.
Por supuesto, la presente muestra en ningún momento pretende ser restrictiva o excluyente, y menos aún del tipo canónico, pues ello sería un completo absurdo y, más, una necedad. Mi propósito se centra aquí en dar a conocer parte de la obra lírica de jóvenes poetas nacidos en Perú que, en mi criterio, merecen ser leídos con atención.