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Blog de la palabra poética, traducción, crítica literaria, Charles Bukowski, Raymond Carver, Sam Hamill, Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, cultura,costumbres y el buen asado criollo.
martes 14 de febrero de 2012
christian ide hintze, 2009: mujo
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Ide Hintze (1953-2012)link love (guitar) i love you in many languages
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sábado 11 de febrero de 2012
Ed Sanders: Creeley como terapia.
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| Ed Sanders |
Publicó un aviso en la sección Salud
del periódico local:
“Cure sus crisis mentales con Creeley”
Y sabés qué
doce personas pagaron c/u 175 dólares
para asistir a un taller durante ocho semanas
Suma suficiente para hacer algunos arreglos en la casa!!
Los hacía sentarse cómodamente
las sillas en un círculo
cada uno de ellos sosteniendo en su manos
la Poesía Completa de Robert Creeley 1975-2005
luego los hacía abrir el volumen
/ en una página cualquiera
leer en voz alta
y discutir
la sensación curativa
de las palabras
y cómo éstas se relacionaban
con la crisis personal del lector
Y funcionó!
Las sonrisas resquebrajaban el círculo
y algunas veces las lágrimas!
Le rogaron que repitiera el taller
especialmente en esas fechas en que el año
se arrastra hacia
una triste Navidad
Ed Sanders (Kansas, Missouri, EEUU,1939). Poeta, narrador, músico, ensayista, crítico, periodista, inventor de instrumentos musicales, ecologista. Ha dado a conocer entre otros títulos: Poem from Jail (1963; Peace Eye (1966); Investigative Poetry (1976); 20,OOO A.D. (1976); Hymn to Maple Syrup & Other Poems (1985);Thirsting for Peace in a Raging Century: Selected Poems 1961-1985 (1987); Poems for Robin (1987); America, A History in Verse, Vol. 1 1900-1939(2000); The Poetry and Life of Allen Ginsberg (2000); America, A History in Verse, Vol. 2 1940-1962 (2001); A History in Verse, Vol. 3 (1962-1970) 2004. La crítica lo ha considerado el nexo entre la Generación Beat y los hippies.
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Miguel Márquez: Poemas.
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| Miguel Márquez |
El pájaro del árbol canta claro, escribe
Unos versos con ramas en el pico, nos salpica
Cada vez que raya el cielo, y a su manera
Hace lo suyo para que el mal no se lo lleve todo.
***
Las aves que nos distraen cruzan el aire
Con regalos que no podemos soportar,
Crepúsculos otoñales de la infancia,
Amaneceres que no veremos jamás.
***
Crudeza del rostro que de las islas viene con sal
En la memoria, con lámparas, con historias,
Barcos serios que navegan en el océano, y gentes,
Que aún se oyen, entre el ojo y la boca.
***
La vida transcurre entre la casa
Y el péndulo que en suspenso mantiene
Una aproximación sin sustento,
Un laberinto sin promesas.
***
El cuerpo de mi amada tiene
Todos los sustantivos del mundo: hierbabuena,
Cacao, maíz, avena, azúcar, nuez moscada,
Junto a ella, es difícil pensar en el Apocalipsis.
***
La belleza es cruel
Como la venganza,
Física y química,
Siempre la exactitud.
(Textos pertenecientes a Reserva y Esplendor
gentileza de Unión Libre- Enrique Hernández D’Jesús)
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jueves 2 de febrero de 2012
John F. Deane: Poemas.
Fugitivo
El viejo, en su bata bordada, de color ciruela madura,
está sentado en silencio, en su propio mundo; más allá
/de las altas ventanas
hay tulipanes de un encendido rojo sangre, narcisos
fúnebres, desordenados por el viento. El amor llega
tambaleándose a su alrededor; él permanece ausente,
/resuelto a partir,
me abandona a mitad de la oración, mis palabras
cada una de ellas, como pétalos, cayendo alrededor de mis pies.
Los emigrantes
Me desperté a una oscuridad
recargada y poco familiar; intuí
el rumor de la lluvia pasando a la deriva,
las brisas previas al amanecer en los pinos;
mientras dormía ya todo había comenzado;
los crujidos de un carro,
el ritmo, lento, apagado, firme,
del golpe de cascos de un caballo;
soñé a través de esos tristes ruidos.
Y entonces los oí, estaban frente a nuestra puerta,
sus voces urgentes, susurrantes,
movimientos nerviosos contra la oscuridad;
el llanto de una mujer elevándose
en su dolor, como un animal herido
que se paraliza repentinamente y yo
estaba consciente del sonido del ómnibus
aproximándose, del trabajo de la caja de velocidades
para detenerse. Allí permaneció. Ronroneando.
Imaginé el baúl, voluminoso y nuevo,
atado con sogas de pesca,
cómo lo alzaban sobre el techo del ómnibus
y lo cubrían con lona;
luego esos gestos y voces torpes,
avergonzados besos y palabras desbastadas
como terraplenes de arena batidos por la marea creciente,
y cómo el dolor era contenido, del mismo modo
en que aprietas la palma de la mano sobre tu costado
para aliviar el sufrimiento. El ómnibus
arrancó, ruidosamente, moviéndose sobre el camino
hacia el silencio. Silencio. Luego los crujidos
de un carro y el mismo, lento, cansino ritmo
del golpe de cascos de un caballo.
Hermanos
Estamos muy cerca de que comience la tristeza.
Nacidos hermanos y mellizos. De los dos, uno
es agua
el otro cielo. La necesidad de orden. El amor
por el desorden. La música natural
de Abraham, Isaac y Esaú se transforman
en una cacofonía: Abraham, Isaac, Jacob.
Yo estaba trepado en las altas ramas de un pino
el día que él llego; mi tío, salido de esa fotografía
en el norte de África, 1942; seis hombres jóvenes en línea,
perfectos, los pies separados, las manos tomadas detrás
de sus espaldas, sus gorras de piloto
cuidadosamente ladeadas. Detrás y encima de ellos,
las negras formas curvas del motor, la elegante hélice,
tan ancha como dos hombres, las alas letales—
un avión de caza, y hombres en guerra. Yo le temía
a él, que descendiendo desde las alturas
con un rugido poco natural; había distribuido la muerte,
un sofisticado de la matanza, con ocultas
memorias que nunca habrán de cicatrizar,
en perpetua búsqueda del olvido.
El otro: marinero y amante. Yo estaba
parado en el muelle de Westport, cercano a la insistente
cima de la montaña sagrada —bajo la música sutil,
mecánica, producida por aparejos, grúas y la lluvia suave
golpeando las aguas —cuando él salió del bar
con un vaso grande de jugo en su puño para mí—
puso en mi palma unas monedas pidiéndome que fuera paciente;
hombre de alta mar, viajero, trotamundos —lo veo en el álbum familiar,
envejeciendo, el traje azul claro, una molestia, su camisa
y corbata, el triángulo del pañuelo en el bolsillo superior, una florcilla
en el ojal —presentándose para casarse nuevamente, un hombre
desconcertado que se ríe de sí mismo, arrepentido y desmoronándose,
buscando ansioso sólo la comprensión, y el apagón total en el alcohol.
Hermanos. Todos somos tan livianos de alma que deseamos intensamente la piedad,
imaginando que Dios podrá ser engañado
por nuestras posturas políticas. Éstos son los oscuros orígenes,
míticos e inseguros, las tierras fangosas sobre las cuales caminamos
donde crecen las cautivadoras orquídeas. Entierro a uno en agua,
puesto a reposar sobre un océano tranquilo; y el otro,
destruido y fatigado, descansará tendido sobre el aire ascendente
donde las mañanas surgirán para él, finalmente, libres de toda amenaza.
(Traducción Esteban Moore, Lejano país y otros poemas, Alción, Córdoba, 2011, 150 páginas)
John F. Deane nació en 1943, en Achill, una isla ubicada sobre la costa oeste de Irlanda, bañadas sus playas, por las allí, frías aguas del Océano Atlántico y batida por los crudos vientos que soplan, en distintas épocas del año, desde el mar Ártico.
Elementos presentes en su poesía y también, no podemos dejar de señalar ‘la lluvia’, factor climático éste, que como sostiene Bryan MacMahon, refiriéndose a la tradición poética irlandesa: “... siempre ha existido una constante, la lluvia irlandesa, perforando, latigueando, lastimando con sus gruesos chaparrones; o que a través de sus caprichosos cambios permanece siempre en movimiento, en el semi silencio de la bruma...” 1 La lluvia para MacMahon integra lo que el denomina “las constantes de lugar en Irlanda” y habrá de subsistir junto a la constante del paisaje, aventura, “inalterable en los siglos por venir”.
Las características ambientales combinadas con una prolongada, dramática y cruel historia; invasiones extranjeras; el despotismo político practicado durante siglos por los conquistadores; las hambrunas; el exilio y la emigración masiva, transfieren un sentido de pérdida. Un tono, en muchos casos taciturno, a la tradición literaria irlandesa.
La derrota en el siglo XVII, del conde de Tyrone, Hugh O’Neill, quién combatió a los ejércitos ingleses durante nueve años y, su posterior decisión de partir al exilio en 1607, puede ser visualizado como el punto de inflexión que anuncia el definitivo ocaso de la aristocracia gaélica, la paulatina, progresiva pérdida de su lengua nacional, el ‘gaélico irlandés’ y la forzosa adopción de una nueva lengua.
Esta circunstancia, entre otras cosas, condena a una vigorosa poesía en lengua vernácula, de la que sobreviven ejemplos ya desde el siglo VI, a un remotísimo segundo plano.
No obstante y, a pesar de las condiciones políticas negativas, existieron varios intentos para preservar la lengua originaria. Sin embargo, no sería hasta bien entrado el siglo XIX, en que aquellos esfuerzos toman un rumbo y una forma cierta. Esto sucedería en 1842, cuando los escritores Thomas Osborne Davis, John Blake Dillon y Charles Gavan Duffy fundan un periódico, The Nation (La Nación), una de las herramientas esenciales en el proceso de recuperación de la tradición originaria. H. Halliday Sparling 2 en el prólogo a la antología Arte de la trova irlandesa, considera que en este medio, en el que el pasado irlandés sería releído y resignificado, sus colaboradores tendrían la oportunidad de explorar nuevas orientaciones y que en muchos casos, éstas hallarían su sustancia “en el renacer de una literatura nacional, en la que las canciones y baladas de sus poetas y de quienes habrían de sucederlos, de ninguna manera fueron el aspecto menos importante.”
En las fases sucesivas del desarrollo de la poesía irlandesa a través del tiempo, existieron fuertes tensiones y conflictos entre ambas lenguas, sin embargo, la ruptura nunca fue absoluta.Thomas Kinsella, sin duda uno de los más importantes poetas irlandeses contemporáneos en lengua inglesa y destacadísimo traductor de la literatura gaélica al inglés, escribe en Una mente dividida 3: “Ambas lenguas y sus respectivas poesías, quizás nunca tuvieron mucho en común —incluso en muchas ocasiones se ignoraron mutuamente, no tuvieron conciencia de su mutua existencia [...] No obstante, la separación entre ambas lenguas nunca fue completa, tampoco lo fue la conexión entre estas dos literaturas.”
En la mente del poeta moderno irlándes, escribiendo en inglés, nunca dejaron de resonar las inflexiones, el acento y el corpus temático de la “vieja lengua dorada” que lograron sobrevivir en la voz de los campesinos que alrededor del fuego del hogar familiar, supieron transmitirlos de generación en generación, trazando el sendero para regresar a ‘lo irlandés’, factor que definirá una sensibilidad diferente. Pero, para darle continuidad a este fulgor histórico-cultural en la memoria popular, necesariamente, habrían de implementarse, necesariamente, otras iniciativas. Y, es aquí donde el traductor, a partir del siglo XVIII, se transforma en una figura fundamental. Samuel Lover en la introducción a su antología Poemas irlandeses, 4 que rescata varios poetas tradicionales, solicita vehementemente que se les rinda el merecido homenaje, pues ellos son en gran medida los artífices de la literatura moderna irlandesa.
En el Renacimiento irlandés es determinante la tarea de los traductores, pues esencialmente este fenómeno consistió en “un ejercicio de traducción, en el traslado de diferentes aspectos de la cultura gaélica a la lengua inglesa, un idioma muchas veces considerado ajeno y extraño” 5
El traslado de la historia oral, el folklore, la mitología y la poesía de la tradición irlandesa gaélica al inglés, es también un modo de apropiarse de la lengua impuesta. Ante las dificultades y obstáculos que presentaba la recuperación de la lengua original, comprendieron la necesidad de llevar adelante una estrategia inversa, se propusieron entonces, dotar al inglés de un conjunto de valores simbólicos extraños y ajenos a su tradición; colonizarlo, transformándolo de este modo en un instrumento idóneo para relatar su visión del universo y de su propio pasado histórico.
Seamus Heaney en su ensayo La recuperación de la poesía de los desposeidos (The Poems of the Dispossed Repossesed ) 6 refiriéndose a la antología de poesía irlandesa compilada por Seán Ó Tuama 7 y sus textos traducidos por Thomas Kinsella, destaca que este último (como muchos otros traductores de la literatura gaélica): “está sumamente interesado en el tono, en su intención de llevar el tono del gaélico irlandés a través de la divisoria lingüística. El tono es la vida interior de una lengua, un espíritu secreto jugando detrás o enfrentándose con aquello que está siendo dicho y como esto se estructura en la sintáxis y en las figuras retóricas y las formas de expresión. Sutilmente tiene que ver con el más profundo sistema de valores que rigen a esa comunidad de hablantes.” Los resultados de este largo proceso pueden observarse finalmente en la consolidación de una voz propia y distintiva.
Es en el ámbito de esta voz, que aún le susurra al poeta desde el fondo de la historia, donde John F. Deane halla la materia a partir de la cual formula, con un timbre personal, su poética. Esta elección pareciera derivar de una intima necesidad por darle forma cierta a su experiencia en un territorio en el que lo rural y lo urbano aún se entrecruzan. Una pequeña isla, frente a otra isla, cuyo centro cultural y capital política, Dublín, permaneció durante décadas apartada, de espaldas al continente europeo, un territorio, por lo tanto, doblemente insular.
Esta circunstancia, infiero, es la que impulsa a Deane a llevar adelante una intensa actividad como gestor cultural, funda la sociedad de poesía irlandesa, la revista Poetry Ireland y la editorial Dedallus Press desde la cual promueve la poesía irlandesa contemporánea en el mundo y difunde en Irlanda a distintos poetas extranjeros. Él mismo tradujo a Martin Sorescu, Tomas Transtormer y Jacques Rancourt. Esta tarea de doble vía, dar y recibir, no sólo apuntala la apertura al mundo ya iniciada en la década de los 50, también afianza la autoestima de una tradición poética sojuzgada durante siglos, la cual no necesita apelar a Grecia y Roma, ella posee su propia y milenaria mitología.
Los poetas irlandeses podrán entonces resignificar su contexto cultural, en el que los diosas y dioses celta gaélicos, como refiere Sean O’Faolain en La muerte de los grandes dioses 8 aún: “... silban en el aire, aparecen y se desvanecen, revolotean, resplandecen tenuemente a través de un velo, el Otro Mundo siempre está detrás tuyo y el sentido de la poesía en todas partes..”
En el caso particular de John F. Deane, existe asimismo un profundo proceso sincrético, pues su imaginación se nutre también de una estricta educación católica, cuyas huellas son perceptibles en su obra. No obstante, su catolicismo inicial, a través de la relectura de los textos sagrados, evolucionará dotando a su yo poético de una conciencia culturalmente cristiana, en la que Dios, en tanto representación de lo trascendente, no siempre es, una presencia consoladora. Al respecto el autor
consultado acerca de los objetivos de su poética responde: “ Escribo como una ayuda para recuperar lo que he perdido en el transcurso de mi experiencia personal y de las dudas y vacilaciones producto de las filosofías modernas y los eventos mundiales, en el campo de la fe. En mi obra me propongo relocalizar, renombrar y reevaluar la experiencia cristiana y sus valores, sin ninguna atadura a ningún credo en particular.”
La suya es una obra en la que se mezclan sus agudas observaciones de la naturaleza con el dolor y el temor de todo ser sensible. Para ello se vale de una prosodia cadenciosa, un lenguaje rico en imágenes y una mirada atenta que observa curiosa
los sucesos en el mundo.
Denise Levertov, refiriéndose a Deane expresó: “Cuando el fusiona la música del pensamiento y el sentimiento con la propia del lenguaje, crece en mí ese ¡Sí! interno que inconscientemente todos deseamos experimentar intensamente cuando nos acercamos a un poema o cualquier obra de arte.”
1 Bryan MacMahon, Place and People into Poetry, Irish Poets in English, Seán Lucy, ed. -The Thomas
Davis Lectures, , Mercier Press, Cork, Ireland, 1972.
2 H. Halliday Sparlin, Irish Minstrelsy, Walter Scott, Ltd., Londres, 1888.
3 Bryan MacMahon, Place and People into Poetry, Irish Poets in English, Seán Lucy, ed. -The Thomas Davis Lectures, Mercier Press, Cork, Ireland, 1972.
4 Samuel Lover, Irish Poems, The People’s Standard Library, Ward, Lock & Co., London-New York, 1859.
5 Declan Kiberd, Inventing Ireland: The Literature of the Modern Nation, Vintage, New York, 1996.
6 Seamus Heaney, The Government of the Tongue, Faber & Faber, Londres, 1988.
7 An Duanaire 1600-1900: Poems of the Dispossesed, Séan Ó Tuama ed., Dolmen Prees, 1981
8 Sean O’Faolain, The Irish, Pelikan Books, Londres, 1947.
Esteban Moore
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Mauricio -Chiro- Pérez Ruz: Yo digo que la muerte es una piedrita en el zapato...
| Mauricio -Chiro- Pérez Ruz |
cuantas veces mis amigos
…
zarpamos sin preguntarnos por qué
sabiendo que nos mentían el mar
presintiendo el matadero
una página en blanco me invita a otro naufragio
después de tanta búsqueda
estamos solos con la noche
yo
y mi otra parte de mí
en este monstruo
esta creación
sensatez
se olvidó de mí el tren de la infancia
pasó
y me justifico diciendo que se olvidó de mí
se supone que debía estar atento
el silbato suena una sola vez para todos
entonces
¿por qué decir que no lo oí?
caigo a la noche
como otros tantos objetos caen
sitúo mis despojos en la nada
después de todo
un rayo reparador de sol
va desvirtuando el humo de estos cigarrillos
de esta infamia
como el barco fantasma no quiso puerto
no quiso luz la hoja
por nueva
por muerta
temiéndole al otoño
al vendaval
esto hay
esto somos
sin presentimientos que valgan
procesión de engranajes afligidos
en el filo de la navaja
en el filo del abismo
al filo de la noche
Mauricio -Chiro- Pérez Ruz ( San Juan, 1969) Publicó: Milagro / Miseria (1997) y
Fiebre, poemas incoherentes ( para algunos...) (2011). Aministra el blog: http:// chirocidades.blogspot.com/
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jueves 26 de enero de 2012
Theo Angelopoulos: Olvidadme en el mar.
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| Theo Angelopoulos (1935-2012) |
Os deseo salud y felicidad pero no puedo hacer vuestro viaje
Soy un visitante
Cada cosa que rozo me duele de verdad
y además no me pertenece
Aparece alguien para decir «es mía»
Nada mío tengo había dicho en otro tiempo con fatuidad
Ahora entiendo que la nada es nada
Que ni siquiera nombre tengo
Y que he de buscar uno de cuando en cuando
Dadme un sitio que mirar
Olvidadme en el mar
Os deseo salud y felicidad.
(poema inédito de Theo Angelopoulos)
Traducción Mario Domínguez Parra.
Theo Angelopoulos (Zódoros Anguelópulos, 1935-2012) Periodista, crítico cinematográfico, guionista y director de cine. Falleció la noche del 24 de enero, en Atenas, luego de ser atropellado por una motocicleta de la policía. Tenía 76 años y era el director de cine griego más laureado en el extranjero. Autor de hitos de la cinematografía europea como Alejandro Magno (1980), La mirada de Ulises (1995) o su reciente Eleni (2003), era una de las figuras clave del cine de autor de los últimos años.
La indagación en la memoria y en la historia, el gusto por la abstracción, son los ejes conceptuales de su trabajo. Su distintivo estilo se caracterizaba por el carácter pausado y ambiguo de la narración, así como por unas cuidadas composiciones formales. Una cita del poeta griego, Giorgos Seferis empleada por Angelopoulos en Alejandro Magno, reflejaba, en opinión del director, el espíritu de su cine: “Desperté con esta cabeza de mármol en mis manos, que agota mis brazos y no sé dónde dejar”.
Fuente:Yannis Zubulakis: http://www.tovima.gr/culture/
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martes 24 de enero de 2012
Eduardo D’Anna: Diario.
25 de marzo
Pero los pájaros vienen de algún lado.
¿Vienen del sur, o del oeste?
A veces parecen venir del sur,
pero pueden haber doblado antes,
¿Quién lo sabe? ¿Quién se atreve
a saber algo a través de los pájaros?
Ellos no saben nada del poder,
toda la tierra es su reino;
viven tan poco que pueden creerse
reyes, antes que el desengaño
los conmueva. ¡Qué se puede
hacer con los pájaros éstos!
No dan información, sólo despiertan
esta curiosidad angustiosa, este
deseo de volver, para ver, para saber
cómo funciona el mundo.
7 de abril
Pero cavar tampoco. Cavar
hasta el otoño, tampoco:
porque el Infierno se entromete
en este vertical itinerario, y
no se sabe de atajos, ni de
desvíos, para dejarlo
al costado. Está claro.
Para llegar al otoño
no queda otra salida más
que esperarlo. Y entonces,
vendrá aquí. Y no estaré
de regreso. No volveré
al modo particular en que
la estación a mí se me
presentaba. Hay que irse.
30 de agosto
Ahora resulta que hace un rato
me toca ver pasar a dos viejos
riéndose. Un viejo
y una vieja, quiero decir.
Y se reían.
Me pareció obsceno.
Me pareció, en realidad,
imposible.
¿Qué peligros me acechan
Antes de conocer la verdad?
(del Diario Secreto de Marco Polo, Alción Editora, Córdoba, 2011)
Eduardo D'anna. (Rosario 1948). Poeta, ensayista, docente. Ha publicado en poesía más de doce libros, entre ellos: Carne de la flaca, La montañita, La máquina del tiempo, Historia moral, Zoológicos y 2491; una novela La jueza muerta, 2001) y los ensayos Nadie cerca o lejos y Capital de nada, que exploran la cultura de su ciudad en relación a la cultura nacional. Actualmente dirige la revista literaria Facundo.
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jueves 12 de enero de 2012
Juan García Gayo: Poemas.
| Juan García Gayo |
El Himno Nacional
El himno nacional apagó las velas y salió por la puerta de servicio,
bordeó el parque Lezama, entró en el bar Británico
y esperó su café cortado con medialunas de manteca.
Los cartoneros, tirados en el pasto como cueros al sol,
se preguntaron sin palabras:
Ey, ¿no será ése el himno nacional?
El himno no sabía que su vestido había pasado de moda
y que lo llaman túnica, pero en cambio advirtió
que su túnica estaba manchada y desflecada.
Al bajar por la calle Brasil
tocó la campanilla de la iglesia ortodoxa
interrumpiendo la lenta combustión de un salmo.
Los celebrantes envolvieron al himno y, como caridad,
lo adornaron con lentejuelas bizantinas.
Uno de ellos le retocó las cejas y le tiñó los pelos de la barba
con una crema que se extrae del petróleo, importada de Rusia.
Sin dar las gracias, el himno bajó por las escaleras de dos en dos,
cruzó Paseo Colón, alucinado y enfiló hacia la costa.
Nadie le cortó el paso. El himno nacional es mudo cuando quiere,
también es invisible. Al divisar el río
descubrió que las aguas se abrían invitándolo
pero aumentó el olor, la pestilencia y no quizo y no pudo bañarse,
prefirió descansar a la sombra de un ceibo
y recordar detalles de su vida: dos padres, la ausencia de una madre,
cómo se fracturó las costillas en un festejo patrio
y cómo perdió el brazo que sostenía una antorcha
y cómo le injertaron otro brazo.
Lo engañaron al himno, lo convidaron con vinagre,
lo obligaron a contar chistes en una cervecería del Bajo.
Hizo de arco de triunfo, funcionario, milico,
maestro y estudiante al mismo tiempo.
Él, que nunca se tuvo por sublime, se cansó de ser todos.
Desorientado y huérfano, la marejada se lo entregó a la noche
y la noche sin que él se diera cuenta,
lo tomó de los pliegues traseros de la túnica
y cuando amanecía lo devolvió al museo.
¡Qué pena, qué alegría reconocer los muebles portugueses,
las condecoraciones, las cartas, el silencio!
Y el himno entonces recuperó la voz.
King Kong
No hay música de fondo ni es Navidad.
Las balas dieron en el blanco.
La última mirada fue para la tonta secretaria rubia
nacida y criada en Nueva York.
El rascacielos destrabó sus raíces
y comenzó a subir, subir rumbo a una vida diferente.
La tragedia, compuesta de piedad y algo de medicina,
se entregó a la locura
y el mono finalmente cayó
como un peñasco vivo y blando.
El director de la película llegó tarde a la cita.
El productor hizo cambiar, sin aviso, el guión.
Un piano se deshizo en el agua.
Los bares bajan las cortinas.
Juan García Gayo (Buenos Aires, 1932) Poeta, traductor y periodista. Publicó entre otros títulos De emblemas y Viajeros (1966); Jardín Botánico (1968, Premio Fondo Nacional de las Artes); Blue Lines (2000, Premio Municipal de Poesía). Como traductor ha vertido al castellano a Emily Dickinson, Stephen Spender, Edwin Muir, Fernando Pessoa y Adelia Prado, entre otras voces de la poesía universal.
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Alción Editora: Poemas Completos, W.B. Yeats.
Alción Editora, 570 páginas, Córdoba, octubre, 2011
Prólogo y traducción, Eduardo D'Anna.
Eduardo D'anna. (Rosario 1948). Poeta, ensayista, docente. Ha publicado en poesía más de doce libros, entre ellos: Carne de la flaca, La montañita, La máquina del tiempo, Historia moral, Zoológicos y 2491; una novela La jueza muerta, 2001) y los ensayos Nadie cerca o lejos y Capital de nada, que exploran la cultura de su ciudad en relación a la cultura nacional. Actualmente dirige la revista literaria Facundo.
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W.B. Yeats
martes 10 de enero de 2012
Joseph Mulligan: Cinco poemas.
![]() |
| Joseph Mulligan |
En esta panera
de preguntas,
se pide
la mano
de la hija
más joven
de la eternidad.
La presión in-
corpora este glaucoma,
amoroso
y servil
en el dominio
de la preferencia.
Ah, cómo las horas
hacen mártires
de finitos gestos
de carencia y esperanza
y OPOSICIÓN.
2.
Si algo
ocurriese
a tiempo
estas presentes
horas
estallarían;
pero la duda zumba,
como las moscas
esta noche mueren
enfrente, y presiona
esto que
acomete.
3.
Lo que todo eso quiere
ser ahora mismo
antes que un ojo
pueda ver es este
dulce esto que conoce
los labios del tiempo
este devorado ex-ser
en exceso se vierte poco a poco
desde la nada
este mundo
meramente
extinto en.
4.
De repente la tarde
se ha rebelado contra el Sol
y los cielos sin paraíso
galopan allá a lo lejos.
Un viajero a pie
sin una bestia
que azotar, sin lomos
que espolear
ha empezado a patearse
la costa
del colgante día.
Hoy para estar demasiado lejos
los dos tan próximos
enfrente se postran
ante la puerta que cierran
y pierden su mar
por bahías apenas abiertas.
5.
Las calles esta noche
de espacio están despojadas
y borrachos que se desvanecen
canturrean el nombre que
la niebla borra en la luz.
El tuétano adentro
niebla calcárea
enriquece las existencias
en mayor extensión
que la esencia embozada en hueso.
Los ojos sobre un rostro
que esa visión podría perforar
¡si de una vez perforaran la piel
sí, si entraran de forma pura
hacia el ímpetu de su mirada!
Traducción y nota bio-bibliográfica: Mario Domínguez Parra
Joseph Mulligan (Nueva York, EEUU, 1981). Poeta, traductor, narrador y ensayista. Ha traducido al inglés obras de Oliverio Girondo (Persuasion of the Days), César Vallejo (Trilce, Escalas y Contra el secreto profesional, éste último publicado por Roof Books en abril de 2011 con el título Against Professional Secrets, en edición bilingüe), Alejandra Pizarnik (Árbol de Diana, Extracción de la piedra de la locura y El infierno musical) y Jorge Eduardo Eielson (Mutatis Mutandis, Noche oscura del cuerpo, De Matera Verbalis, Celebraciones, Ceremonias solitarias, PTYX y Sin título).
En la actualidad trabaja en la traducción al inglés del El anticuario, de Gustavo Faverón y, junto con Domínguez Parra, en la traducción al español de una selección de poesía y prosa de Pierre Joris.
Su primer libro de poemas, Lo: Poems and Translations (Jhire Grafel, Lima), se publicó en 2005. La sección final contiene su traducción de quince poemas de Trilce. Su libro de poemas, The Geometry of Leisure, está pendiente de publicación. Escribió, junto con Renzo Roncagliolo, la novela corta Am I falling? Publica ensayos, reseñas y traducciones en su blog, The Smelting Process: http://jwmulligan.wordpress.com/. También publica artículos sobre política y sociedad en Daily Kos: http://dailykos.com.
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