viernes, 5 de junio de 2020

Rafael Felipe Oteriño: Desideratum






Rafael Felipe Oteriño














Ah, los que caminan por el campo de golf
detrás de una centella que el sol baña,

los  que tienen proyectos y deseos de proyectar
y no se preguntan si habrá buen tiempo para realizarlos,

los que se internan en un pasaje oscuro
convencidos que hallarán la puerta y el número,

los que profetizan sentados,

los que no tienen que escribir una sola línea
para medir los grados de su fiebre,

los que llegan a destino y sienten satisfacción,

los que en libretas de bolsillo anotan su sueño,
los que llevan a cabo su sueño,

los que se saben protegidos y los confiados,
los que tienen credo y exigen señales,

los que en su lecho de enfermo
piensan en la resurrección y el premio,

para unos y otros hay kilómetros por delante
y días enteros para que todo se cumpla,

también los irónicos y amables,

porque la centella continúa su vuelo en el aire.


Rafael Felipe Oteriño (La Plata, Buenos Aires, 1945) Poeta, ensayista, crítico y  docente universitario. En poesía ha publicado: Altas lluvias, 1966; Campo visual, 1976; Rara materia, 1980; El príncipe de la fiesta, 1983; El invierno lúcido, 1987; La colina, 1992; Lengua madre, 1995; El orden de las olas, 2000; Ágora, 2005; Todas las mañanas, 2010; Viento extranjero, 2014; Y el mundo está ahí, 2019. En 2016 reunió una serie de ensayos sobre poesía: Una conversación infinita (2016).
Entre otras distinciones a su obra poética se cuentan: Premio Fondo Nacional de las Artes (1966); Primer Premio Regional de Poesía de la Secretaría de la Nación (1988);  Premio Konex de Poesía (1993); Consagración, Legislatura de la provincia de Buenos Aires (1996);  Premio Nacional Esteban Echeverría (2007); Gran Premio de Honor, Fundación Argentina para la Poesía (2014); Premio Rosa de Cobre, Biblioteca Nacional (2014).  Es miembro de número de la Academia Argentina de Letras.








lunes, 1 de junio de 2020

Santiago Kovadloff: Poemas



Santiago Kovadloff

















PALOMA

La definen
su apego a la mugre,
a huecos y ángulos
sombríos,
los hijos que acumula,
nutridos con el fruto
de cloacas e insinuaciones
que desde el cielo estrecho
que habita
cree reconocer en la piedra,
el polvo
o una mano:
                    pan, paja,
                    desechos de la carne.

Sólo la lucidez de un cínico
o una imaginación pérfida
pudieron vislumbrar
en este pájaro inmundo
de las ciudades,
los atributos simbólicos
de la paz.


FLOR DE VERANO, FIN DEL PAÍS

Inquietante lección de los jazmines:
cuanto más agonizan más perfuman.

Doblados sobre el tallo,
yendo del blanco luz al blanco macilento,
caen y se pudren
mientras perfuman sin tregua
el cuarto en que aún resisto.

Las calles ordenadas por el miedo están sembradas
    de jazmines,
los errores, los encierros, la deriva ciudadana,
poblados de jazmines.

En el país nadie sabe terminar como esas flores.
Imposible hacer que la vergüenza exhale
    suavidades
o que brote más que sombra del engaño.

Los jazmines acusan,
su aroma muerde las migajas del honor.

O cambiamos el país o abolimos el verano.


DE NOCHE EN EL CAMPO

Estalló un madero en la oscuridad.
Fue un quejido seco, claro.
Vino de una pared del ropero
o vino del respaldo de una silla.
No fue un ruido venido de afuera.
No fue el paso de un intruso.
No fue el eco desvelado
de un animal que deambulaba.
Fue un madero.

Crujió y se hizo oír
quizá al cabo de muchas horas
días acaso, meses soportando
la presión de lo indecible.

No hay lugar a confusión: oí un madero.
Un madero que gime como un alma.
Estalló en la oscuridad.


AMANECE

Es curioso: oigo llover y a la vez cantan los pájaros.
Podría ser que el agua recién comience a caer
y que los pájaros aún no lo hayan advertido.
O podría ser que los pájaros lo hayan advertido
y estén, en realidad, dejando de cantar.
Pero podría ser también que haya empezado a llover
y que los pájaros lo sepan
y aun así se larguen a cantar,
y que por fin haya nacido el día inesperado.


Santiago Kovadloff (Buenos Aires, 1942) Poeta, ensayista, traductor y periodista.  Es miembro de número de la Academia Argentina de Letras, miembro correspondiente de la Real Academia Española y vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Desde el año 2016 preside el capítulo argentino del Club de Roma.
En poesía ha dado a conocer:  Zonas e indagaciones, 1978; Canto abierto, 1979; Ciertos Hechos, 1985; Ben David, 1988; El fondo de los días, 1992; Hombre en la tarde, 1997; Ruinas de lo diáfano, 2009; Líneas de una mano, 2012 y Hecho de cosas pequeñas, 2015.








Lyerka Bonnano: Poemas




Lyerka Bonnano


























La mirada no puede delatar la miseria
soy parte de la anécdota de vidas
y la mía un fracaso de oficio
llevo el cabello limpio
uñas postizas
habla postiza
vida postiza
y soy una superposición
de posturas postizas
que me convierte
en abono reciclable

*

Las mujeres también vamos al bar
 a ver qué canción nos recuerda al pasado
 a conversar con nosotras mismas
 también
 deambulamos en la calle oscura
 como el zigzag de la máquina de coser
 a veces
 se nos antoja el licor
 para abandonarnos a una sola idea
 frente a las botellas
 las servilletas
 y las miradas de los hombres
 que no saben si acercarse
 o seguir en sus rincones 

 *

Despertar ante los espasmos
y reconocer tanta falta
estoy harta de mí
aún así no me abandona la idea
de que algo ha estado bien
ya sea por mis manos
o mi boca

*


Chicle

Con el chicle que masticaba de niña
inflaba un mundo entero en la boca
ahora desinflamo la vida en aretes
que hacen los labios
y escupo al acabarse lo dulce

*


Flor

Una flor que se corta muere
así el hombre acaba al perder su raíz
aunque tenga el abono prefiere deslucirse
y nada lo apega de nuevo a la tierra
vive con la torcedura
y la mujer con la culpa
de preferir un ramo en la sala

*


Pájaro

Sufres pájaro porque se te agotan las alas
los vientos ya no te llevan
a cambio te tumban los nidos
al ras de tu paso
el cielo se ve ahora más grande
tantas nubes traspasadas
para quedar ahora
sobre el polvo de los caminos

 *


Tonta

Nunca supe hasta hoy que fui tonta
y me alegra saberme así
porque sigo siendo alguien
sigo siendo rezo
porque no soy tierra sino barro cocido
y de mi saldrán tinajas



LYERKA BONANNO. Valencia, Venezuela 1981. Poeta, Licenciada en Educación, Mención Lengua y Literatura en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. Docente y Directora de Cultura de la Universidad Arturo Michelena, UAM. Fue Directora de la revista “La Tuna de Oro”. Perteneció a la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo (2004-2011). Ha sido merecedora de la Mención Honorífica  del Concurso de Poesía “Simón Rodríguez” del CUAM- Valencia  por Cartas de Guerra (2001); y con 33 Poemas (2012) la  mención honorífica en el XIX Concurso de Poesía Fernando Paz Castillo, del CELARG. Ha publicado: Cartas de Guerra 2005, El Zigzag de la Máquina de Coser 2007, 33 Poemas 2016, Antología breve 2016. Ha participado en las antologías: Amanecieron de Bala, (Antología Poética la de la actual poesía joven venezolana), (2007); Deleite Literario III, (antología poética para jóvenes), (2008). 



sábado, 30 de mayo de 2020

José Antonio Ramos Sucre: La Ensenada



José Antonio Ramos Sucre



















En aquella redonda, defendida por un anfiteatro de montañas y con salida
    a un mar lisonjero, se había refugiado la inocencia del mundo primitivo.

    El cielo se hermoseaba siempre con los tintes suaves y mustios del otoño.

    Los nativos eran ligeros y frugales y se holgaban en el tributo de las encinas
y de las vides agradecidas.

    Las vides arrastraban por el suelo sus sarmientos perezosos y reproducían en 
sus racimos el color de la perla y del ámbar, tesoros del puerto vecino.

    Las encinas reposaban y arrullaban el sueño de los bardos augustos, remozados 
por el vino y seguros de una dichosa longevidad. No se atrevían
 a la proeza de los jóvenes en el mar lejano, lleno de peces móviles.

    Las mujeres se decían hermanas de los árboles y adoptaban al hijo del oso y al
lobezno huérfano. Reinaban por el don maravilloso del acierto y de la previsión.

    Aquellos hombres estaban persuadidos de su felicidad inviolable y sin término.

    En sus brazos había Muerto Homero.


 José Antonio Ramos Sucre (Cumaná, Sucre, Venezuela, 1890-Ginebra, Suiza, 1930).  Obra Completa, Biblioteca de Ayacucho, Caracas, 1980 y Obra poética, Colección Archivos, Sudamericana, Buenos Aires, 2001.
“En la obra de José Antonio Ramos Sucre el yo lírico estalla en una multitud de ‘personas’. Subrayado a menudo con el insistente uso del pronombre; este yo es  héroe de las más diversas aventuras de la imaginación.” (Américo Ferrari)





Novedad editorial: Los 1001 rostros de Alberto Olmedo

Rubén Tizziani nació en Vera, Provincia de Santa Fe, Argentina en el año 1937. Es escritor, guionista y periodista. Publicó las novelas Las Galerías (Editorial Sudamericana); Los borrachos en el cementerio (Siglo XXI),Noches sin lunas ni soles (Siglo XXI), El Desquite (Emecé), Todo es triste al volver (Poniente), Mar de olvido (Emecé), que acaba de traducirse al italiano, y Un tiburón de ojos tristes (Catálogo) y una biografía de Alberto Olmedo, Un poco menos tristes (Beas). Dos de las novelas fueron llevadas al cine: El desquite, dirigida por Juan Carlos Desanzo, con Rodolfo Ranni, Ricardo Darín, Claudia Motanari y Héctor Bidonde, y Noches sin lunas ni soles, dirigida por José Martínez Suárez, con Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murua, Guillermo Bataglia y Boy Olmi. Es autor de una adaptación para televisión de El túnel, de Ernesto Sábato, que dirigió Mario Sábato. Además escribió el guión de la película Seguridad Personal, dirigida por Aníbal de Salvo. 

jueves, 28 de mayo de 2020

María Teresa Andruetto: 2 poemas



María Teresa Andruetto


























Genealogía

Tengo una foto del casamiento de mis padres,
él con traje oscuro y el pelo peinado a la gomina. Ella 
 de trajecito claro y una boina (con un moño grande, a cuadros),
la sonrisa perfecta, los ojos bajos, una cartera pequeña                            
en una mano (la otra mano enlazada a la mano de mi padre).          
 Con los ojos renegridos y las cejas grandes, a él parecen                        
 molestarle los reflejos del sol en esa tarde. Sé que es abril,
que están frente a la plaza, la sombra de sus cuerpos                             
 se estira en el mosaico, hacia la tapia.

Ella lleva debajo una blusa blanca. Antes                                                    
 de esa tarde, vendió una cadena de oro de su abuela                               
 para hacerse el anillo de bodas. Si te gusta el oro,
no soy hombre para vos, dijo mi padre.

Antes, mi padre le dio un echarpe de su madre, de color azul                   
 y grana. Si nos dejamos lo quiero de regreso, es un recuerdo                
 de la madre de mi madre.

Antes, un hombre golpeó la puerta de la casa de mi abuela,
allá en el pueblo, buscando a una amiga de su madre                              
y se encontró con mi madre.

Antes, ese hombre que venía de otro mundo,
le pidió a mi madre que fuera a la ciudad para conocerla                      
pero mi madre le dijo que una buena chica no se movía
de su casa.

Antes mi madre juró y juró que no se casaría con nadie.
Era hermosa como una potranca en la llanura y enseñaba                       
  a leer con un peinado de trenzas recogidas.

Antes su madre se inclinó a fregar junto al arroyo                                
 para alimentar a los hijos y al marido, y antes de eso                              
 se le enfermó el marido. Era un hombre flaco como un pájaro             
que no podía oler la sopa de porotos, ni la flor del paraíso,
ni el heno que enfardaba ni las hojas satinadas                                          
de los plátanos. Íbamos a verlos los domingos, mi madre                    
nos llevaba; hablaban piamontés en una casa oscura,                            
con piso de ladrillos y un patio con glicinas.

Antes los padres de mi madre emparvaban alfa                                        
 en Campo Yucat  y antes la madre de mi madre                                      
tuvo a su primer hijo cuando era apenas una niña.

Antes, su madre casó a la hija casi niña con un hombre                         
 bueno, el más bueno que encontré, decía,
sin preguntarle  a esa niña nada.

Antes la madre de la madre de mi madre viajó con su hija                
 pequeña en la bodega de un barco y después atravesó los campos                    
 como una peregrina, detrás de una máquina de trilla;
y antes escapó de su pueblo con su hija, para que no la casaran               
con un hermano del marido.

Antes, en un lugar llamado Casas Viejas, se le murió el marido             
  y ella se ató un cilicio en la cintura. Cuando yo era niña,
aún vivía, aferrada a un misal y un relicario con pelos                             
de Santa Cecilia. Era poco agraciada la madre de mi abuela,
la cara angulosa, los ojos hundidos, la boca, pero alguna vez                 
 fue joven y robusta, un animal para el trabajo                                                  
 cuando conoció al marido.

Antes ella no tuvo padre y juró que, si tenía hijos,
los hijos tendrían otra vida. Y antes fregó los suelos
de una iglesia y fregando conoció los libros. Los evangelios,
La Filotea, La vida de Santa Cecilia (y se escondió en el pecho,
tal vez robada, esa reliquia, unos pelos de la santa
en una cajita)

Antes fue campesina y ayudó a su madre a cuidar dos vacas                
 que tenían y antes su madre arrancó raíces                                                 
 de entre las piedras, para alimentarla.


Encontré una foto de esa mujer, una foto borrosa,
amarillenta. Dijo mi madre que le dijeron                                                    
 que la sacó el cura de Casas Viejas. Es la foto de una campesina             
 joven, ya con la espalda curva, una mujer muy flaca,                            
 con la quijada hacia adelante, husmeando como un perro                     
 y los ojos, ay los ojos,  tan despiertos, como una rata                               
 o una ardilla, ojos alertas como los de una perdiz
o los de un tero.


Rosa

                                                     Rose is a rose is a rose is a rose
                                                     Gertrude Stein

1.

Una mujer pequeña/ una buena esposa/una voz ahogada en la boca/ que da vueltas
Por si alguien manda.
Olvidarlo todo / encontrar a la niña guarra / a su corazón desnudo /
maldita suerte de nadie/como un mundo perdido/el temor/el temblor/ la estúpida risa/ dócil la cerviz
Por si alguien manda.

2.

Ayúdame rosa blanca/ que no se atrevan/rosa del huerto/ ayúdame a ponerme de pie
Desde el suelo
Árboles/ piedras/ ayuden a este corazón/ ayúdalo madre mía/ que no hay agujero donde esconder el miedo
En los torrentes del cielo
Como una mujer que soporta/ las cosas ancladas / el asilo en la noche sin puerta/ la luz que empezó a hacerse tierna
Olvidada de todo, durmiendo
Reza/la buena niña de los cuentos/ su terror/ su temblor/ su piel de loza/su lirio de agua
Dígalo todo mi niña
Que yo robaré  las cañas/ le inventaré un son/ niña guarra / Vuelve la vida a temblar/ como un barco / una mujer baja del pedestal/ no se vuelve/ a mirar nada / era una flor de abismo
Y nos animamos
Saltemos juntas /ahora/ por la puerta o la ventana/ con ardor en la frente/y en la boca una granada.

3.

Que nadie se atreva a decirle nada/
a mi rosa sola/rosa del huerto donde esconder el miedo/
Ella soporta la lluvia/los árboles/las piedras/
y los tormentos del suelo.
Rosa mía del huerto/ no hay agujero donde esconder el miedo/
ni hay alegría para seguir viviendo /Yo quisiera estar de pie/
como una mujer que se levanta del tedio/
pero esta casa no tiene aleros/ni tiene torrentes el cielo/
están las cosas ancladas y todo llueve hacia adentro/
la cicatriz en la boca/ último asilo en la noche/
y el corazón dando vueltas/ como un perro.
Cómo olvidar/el cuerpo y la vergüenza/ cómo rezarle a la niña/
hasta que la luz se haga tierna/ Era una flor de abismo y la encerraron/ saltemos juntas/ ahora/ rosa de nadie/ con los dormidos del suelo/
y los de estómago lleno/No debieras hacer nada/ nada que no hayas hecho/ nada madre de espuma/ niña de piedra y agua/
toda de carne o de barro.
Vuélvase a su sitio/ dicen en la calle/ pero ya no se vuelve/hija/
Una mujer que baja del pedestal/no mira atrás/ anda sobre la tierra/
y eso da miedo/ su piel como un cuchillo/
o como un barco.

4.

Rosa/
Rosa Rosina/Rosa Josefa/ Rosa de Lorca/ madre soltera/ Rosa primera
Roja rosa de Stein
Como blanca diosa/como flor hermosa/ su lluvia de pétalos/sus ojos oscuros/su nombre de pobre
América y rosas
Ay Rosa rosina/ ay Rosa Josefa/ ay rosa de sangre/ ay rosa de Siena/ el rojo en las venas/Que viva la rosa/espinosa/mugrosa/ la delicada
rosa/ la aparatosa
Rosa la Roja
Vieja/puerca/coja/nuestra Rosa/en la quebrada/ desolada/ pisoteada rosa/ que desbroza/ a todas las rosas
Rosario
Perfuma espinosa/la rosa mística/ la torre ebúrnea/el ronroneo/ la rosquita de pan/rodocrosita/ toda reina/ toda renga/ rosa sola/ torrentosa/ de Lima/ de Susques/ de Lorca

5.

Dejá de cantarle a la Rosa/
che/
hacé que florezca.






María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba,1954)  Poeta, narradora y docente. Publicó libros de poemas, novelas, cuentos, ensayos y libros para niños y jóvenes lectores. Traducida a varias lenguas, obtuvo, entre otros, Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes 2002, Finalista Rómulo Gallegos 2010, Premio Trayectoria en Literatura Infantil SM (Guadalajara, 2009), Premio Cultura de la Universidad Nacional de Córdoba 2012, Premio Hans Christian Andersen 2012 y Konex de Platino 2014. Sus últimos libros, Poesía reunida (Ediciones en danza, 2019), Poesía a la carta (Tinkuy, 2019), Ecos de la lengua (Ediciones de la terraza, 2020), Selene (Sudamericana, 2020) y el libro de crónicas Extraño oficio (Literaturas Random House, 2020).

Fotografía: Francisco Marcantonelli