lunes, 6 de julio de 2015

Presentacíon Revista Poesía








El pasado sábado 20 de junio en el marco del Festival Mundial de Poesía de Venezuela,
se realizó la presentación, en la Galería de Arte Nacional de Caracas, del número 159 de   Poesía, revista de poesía y teoría poética  fundada y editada por el Departamento de Literatura de la Universidad  de Carabobo, Valencia, Venezuela.
Esta publicación fundada en 1971 fue dirigida en distintos períodos por los poetas Alejandro Oliveros, Eugenio Montejo,  Reynaldo Pérez Só y Adhely Rivero. Actualmente su director es el poeta Víctor Manuel pinto, acompañado desde la subdirección por el poeta Carlos Osorio.
Ha cumplido con este número 44 años de vida, algo inusual en la América Hispana, donde la mayoría de las publicaciones periódicas desaparecen antes de llegar a una decena de números.
Poesía, en sus diferentes épocas abrió sus páginas a la nueva poesía del continente, a la traducciones de textos Orientales y Occidentales. Cumpliendo significativamente su tarea de apropiación de voces trascendentes de tradiciones diversas enriqueciendo el panorama poético en lengua castellana.
Es de esperar que en 2016 la rectoría de la  Universidad de Carabobo se sume a las celebraciones  dedicadas al 45 aniversario de  Poesía que coincidirá con el Festival de Poesía de la Universidad de Carabobo, al que asistirán poetas de los cinco continentes, deseosos de rendirle homenaje  a esta publicación que ha trascendido las fronteras.
Víctor M. Pinto, E.M., Carlos Osorio, Diego Cerquera


miércoles, 1 de julio de 2015

Giovanni Quessep:Poemas





Giovanni Quessep



















La rama del jazmín
 
La rama de jazmín
florece entre doradas salamandras,
y da su aroma al tiempo y a la luna.
Después de que en el alba
cortes sus flores, cesará la rueda
de los días, su encanto
vencido en el color será abismo perpetuo.
La rama de jazmín
transcurre en tu mano hacia el vacío.


Las horas olvidadas

¿Quién guarda la memoria
de este río que pasa,
de esta flor que sucede en gris y polvo?
¿Quién guarda del silencio
de este cielo nocturno, solo, hondísimo,
los cuentos que nos hablan de horas ya olvidadas?
¿Quién los hará más puros más allá de la muerte?


Un vino triste

                                                                      l’aere sanza stelle
                                                                            Inferno, III, 23

Si la noche que cae
sobre el polvo y las flores
fuese extremada como el vino
y tejiera otro cántico en su duelo,

saldríamos todos a danzar
a los claros del bosque,
y cada uno te diría: Señor,
dame a beber por siempre de este cáliz.

Pero no somos dioses, no podemos
vencer nuestra miseria;
nos vamos sin retorno, y a embriagarnos
de un vino triste al aire sin estrellas.

Giovanni Quessep (San Onofre, Colombia, 1939) Poeta y docente. Entre otros títulos ha dado a conocer Canto del extranjero (1976); Un jardín y un desierto (1993), Carta imaginaria (1998); Las hojas de la sibila (2006); El artista del silencio (2012) y Antología personal (2013, Premio Mundial de Poesía René Char, Festival de Poesía de Medellin, 2015). Su obra  entre otras distinciones ha sido reconocida con el Premio Nacional  de Poesía de Colombia.

viernes, 26 de junio de 2015

Julián Malatesta: Manual de castigo (Para Harold Alvarado Tenorio)


Julián Malatesta


























Si tienes el infortunio de encontrarlo en tu camino,
hallarlo en el barrio, en la esquina, en la taberna,
no le hables, evita su saludo, ignora su presencia,
con mucha rapidez desprende tu correa
y sobre su robusto lomo descarga el cuero.
Hazlo con fuerza, sin murmurar su nombre,
sin musitar palabra.
A este animal sólo lo seduce la palabra
y el lenguaje brusco lo conduce a la dicha,
no le permitas ese gozo, continúa con tu faena,
fuertes correazos a la bestia, sin fatiga, sin pausa.
Y si su ropa se hace jirones, impide su desnudo,
la brisa, la intemperie, lo erotizan,
anhela que en su carne dancen los demonios,
no le permitas ese júbilo,
no admitas que el castigo beneficie su lascivia.
Por lealtad con el sufrido muéstrale tú cara,
que sepa quien propina el golpe,
dale duro, muy duro y en silencio,
recuerda, no le hables, mezquínale el idioma,
que sienta su orfandad, ponlo fuera de su refugio.
El castigo no lo ejerces por salud,
no es vencer la enfermedad lo que tú buscas.
El canalla es una especie sin cura, sin remedio,
no hay galeno, ni juez, ni carcelero
que pueda afligirle y hundirle en la contrición.
Condúcelo sólo a latigazos
Como a un cerdo que ha roto la cerca
Regrésalo al atavismo de su propia porqueriza.





Julián Malatesta (Cauca, Colombia, 1955) Poeta, crítico literario, ensayista, profesor de la Universidad del Valle. “Su obra poética y ensayística abre una perspectiva de vanguardia y renovación profunda en el contexto de la moderna literatura colombiana, desde la lucidez conceptual y la riqueza imaginativa del lenguaje”. Ha sido recogido en diferentes antologías nacionales y del exterior, traducido al inglés y francés. Algunas publicaciones: Hojas de trébol (1985), Alguien habita la memoria (Universidad del Valle, 1995), Presencia de la poesía china y japonesa en algunos poetas latinoamericanos (Ensayo, 1997), La cárcel de Babel (Univalle, 2002), Cenizas en el cielo (2004), Selección poética (Poetry International, 2006), El mecanógrafo del parque (2007), La imagen poética (Ensayo, Escuela de estudios literarios, Univalle, 2007).
Malatesta participó en el 12 Festival Mundial de Poesía de Venezuela.
 

lunes, 8 de junio de 2015

VICTORIA GUERRERO PEIRANO: Poemas*



Victoria Guerrero Peirano





















Vivimos en una época de rivalidades ridículas
Nadie nos dijo qué debíamos hacer después de la guerra
Pero entre los poetas se cuecen habas
Nadie sabe bien por qué
(pero se sospecha)
se mueven entre el cortejo y el asesinato
Y asistimos a sus funerales sin pedirlo

Estos días dan ganas de no ser de este siglo
No asistir a su muerte mediática
Sino ir y escupir sobre su tumba
como antiguamente
Darles duro con el puño cerrado
Y quemar sus versos como flores marchitas

Poetas del Tercer Mundo: pobres poetas
A veces se estremecen ante un verso inusitado
Y dan ganas de abrazarlos
Pero los poetas del Tercer Mundo somos así:
Regurgitamos nuestros poemas o los retenemos como papel muerto
Entre las encías rojizas
Y tenemos miedo al llegar a casa
De recordar lo dicho
De releer lo escrito

Pobres poetas
Yo no les pido nada
Algún día sus versos dejarán de existir
Como ellos


DEJO LA PALABRA  LA OLVIDO

Ensarto hilos rojos negros azules fucsias verdes


Harta ya de los Concursos Públicos para Plazas docentes

Empecé a bordar cada prenda de mi ropero

Arreglé mis títulos doctorales y los guardé junto a la estantería de libros
Para que no se sintieran menos

CV a foja “0”

Lo archivo

lo fondeo

El mercado quiere profesionales en tiempo récord
Títulos y másters,
etc. a granel
Pero las costureras somos para siempre
Muchas veces he pensado en lanzarme por la ventana
Pero me pongo a escribir o a cortar papel
y se me olvida


1-02

Hoy le corté el pelo a mi hermana
Su cabello caía como grandes lágrimas sobre el zócalo frío
Lo barrí y lo tiré a la basura
Tanto pelo muerto cubría mis sueños
Soñé un día con el pelo muerto               Otra vez unía sus hebras
Cada una se juntaba y me demandaba respuestas a mi triste hazaña
Yo permanecía muda-quieta       
El pelo muerto insistía: ¿Estás allí? ¿Por qué me mutilaste?
Recogía el cabello y el rostro de mi hermana aparecía flotando a la distancia
¿Por qué arrojaste mis cabellos a la bolsa de basura?

La cabellera me exigía alimento también agua abundante agua

Pero mis manos estaban cosidas             No podía dar de beber
Mis piernas no daban un brinco              No podía buscar
Y mis senos estaban secos                         No podía dar de lactar
Yo estaba más tiesa que aquel pelo muerto que corté
O yo estaba más muerta o quizá ya había muerto y no lo sabía

Mi hermana sintió piedad de mí de mi silencio
Calmó a la cabellera
Le habló con voz dulce como si fuera una hija pequeña
Le exigió que descansara que durmiera en mi sueño
En suma        que no jodiera
Después de todo qué es una madre si no dice estas cosas

Yo he de aprender por ella lo que hace una madre
Yo he de imitar a mi hermana para poder ser su madre

¿Soy la madre o imito a la madre?
Quizá solo ejerzo la maternidad como un remedo casi un chiste
Pues no tengo ningún hijo que legitime mi condición de parturienta

¿Qué hacer?
Todo lo que escribo se reduce a dos o tres palabras
Madre Hija Hermana
Es una trilogía no prevista por el Psicoanálisis

Mi hermana-hija
Mi hija-hermana
Aparece en mis sueños
Es real y me mira con ojos lastimeros:

¿Por qué botaste mis cabellos al tacho de basura?


EL CICLISTA

                                                                                  para el que sueña
                                                                                  para  los ciclistas de corazón

Para el que cierra los ojos a través de la mañana
Solo un sueño  una magnífica luz
ha sido dispuesta para él  el soñador  el juntaalmas
Aquel que se sumerge en la locura bienhechora y se eleva pedaleando
en su hermosa bicicleta
           roja

Yo soy una ciclista mediocre
–he de reconocerlo–
Me angustia pensar en la soledad de los traseúntes
En el oblicuo resplandor de la mañana
Y en los miles de automóviles que apenas rozan el pavimento

Ah mi vieja bicicleta roja
comprada un domingo en la Feria del Mauer Park
Hace más de quince años podría haber pedaleado
por uno u otro lado del Muro
y mi sueño se soñaría distinto

Para mi guía berlinés soy un permanente fastidio
Él va siempre delante mío como un Príncipe indiferente
manejando su enorme bicicleta azul
–azul como los ojos de mi abuela–
No puede entender mi extraña ensoñación ni mi angustia
Ha adquirido la confianza del que lleva kilómetros de pedaleo constante

Hoy que voy montada en bicicleta
Recuerdo el color de sus ojos
Su ingreso en la locura   Su permanente exilio

Cierro los ojos como cuando era niña
Suelto el timón        Lo dejo a la deriva
Caer a tierra es siempre una posibilidad del ridículo o la Muerte
Quizá cierta locura materna
me humaniza entre tanto cadáver que junté en mi adolescencia

Mi centro: La pequeña Lu se ríe de mí
Sabe que tengo miedo
Y goza y hace fiesta cuando ve la fotografía
“Es una bicicleta para niños”—dice

Y nos reímos juntas
Y berlín ya no es más Berlin ni sus perfectas ciclovías
Ni sus cientos de museos en honor a la Muerte
Hoy es Lima y en Lima no se montan bicicletas tan seguido
porque te las roban o te atropellan en cualquier esquina
Y no existen museos para honrar a los cadáveres
de mis diez, de mis quince, de mis veinte años

Mas este poema lo escribí para el que todavía sueña
Para el que atraviesa las fronteras feliz e indocumentado
Para todo aquel que se rebela contra los asesinos del mundo

Para el ciclista que escribe un poema en cada vuelta de pedal


LA CIUDAD DEL RECICLAJE
(por estos días)

con el corazón hecho trizas atravieso un puente
una superficie metálica incapaz de corromperse
abajo
se asoma un río inmenso
gélido
un hermoso espejo azul que cobija a sus muertos:
tres punks
un profesor universitario
una mujer desconocida (siempre lo somos)
                                  
flotan sobre sus aguas
yo les llamo mis ofelias postmodernas en la ciudad del reciclaje
(do not recycling is illegal –dijo la dueña de casa
y enseguida me puse a separar las astillas de mi corazón)

nadie diría que esos cuerpos me atraen
y sin embargo
una parte de mí se inclina hacia ese lado
desde donde se mira el vacío como recuerdo de una infancia feliz
las aguas me esperan
   y me acobardo

tiro del otro lado
no menos incierto
por donde las luces de los autos se devoran
unas tras otras
unas tras otras
y mi cuerpo quedaría engullido tragado por ellas
     una desnudez de espanto
―me digo
y otra vez
                     me acobardo

al otro lado del puente (el principio o el fin poco importa)
un río menos brillante cruza bajo mis pies
el rímac se eleva sobre mi memoria como lo que es:
un lecho oscuro que opaca nuestra miseria
y sin embargo
ese lecho de barro hostil tal vez alguna vez fue bueno
y meció entre sus garras tiernas
a mis abuelos
a mi padre
a mi madre
a mi hermana
a la pequeña luz maría
o a mí
sudaca cuya sombra se refleja en un hermoso río pálido      
dispuesto a quebrarse a la primera bocanada de luz
o  al chillido de otro cuerpo (el splash de la muerte)
─como todos estos─
heridos de inocencia
en la ciudad del reciclaje
cuyos puentes jamás se quiebran


contemplación

el ojo de una rata me observa
su único ojo rojo me mira
y yo miro la oquedad de su ojo izquierdo
por ese hoyo tal vez se pudiesen entrever
otros mares de arena          otras orillas
como la primera orilla de la que partí:
en el ojo de fuego de mi madre
entonces todo volvería a arder
el agua                      el ojo             el fuego
y mi cuerpo se diluiría en arroyuelos y ríos sin fin
pero esa oquedad no existe
sólo mi miedo y el ojo solitario de la rata
que ejerce su dominio sobre mis ojos
que son dos ojos pequeños y miopes
por los cuales ella me observa:
ahogar los abrazos en una parada de autobús
reposar la cabeza sobre el ombligo de mi esposo

ahora el viento es suave
y las hojas suben al cielo
desde donde una pequeña ave de rapiña
desafía al sol
y nos contempla


Victoria Guerrero Peirano (Lima, 1971)
Poeta e investigadora. Acaba de publicar su novela corta “Un golpe de dados (novelita sentimental pequeño burguesa)” (Tijuana, 2014) que será editada próximamente en Perú. Ha publicado recientemente, y a dúo con el poeta chileno Raúl Zurita, “Zurita +Guerrero” (Guayaquil, 2014) y el compilatorio de su poesía bajo el título de “Documentos de Barbarie (poesía 2002-2012)” (Lima, 2013) que comprende los libros: El mar ese oscuro porvenir, Ya nadie incendia el mundo, Berlin y Cuadernos de quimioterapia. Sus poemas han aparecido en diversas revistas y antologías nacionales e internacionales, y traducidos al alemán, inglés, francés, portugués y finés. Ha sido invitada, entre otros, al World Village Festival de Helsinski, la Feria del Libro de Bogotá, el Parnassus Festival de Londres y el Latinale de Berlin. Es doctora en Literatura por la Universidad de Boston y diplomada en Estudios de Género. Actualmente cuida de su gato y ejerce la docencia en la Universidad Católica.

*Selección de Martín Zúñiga


Roberto Mascaró: Poemas


Roberto Mascaró

















Muchacha de Málaga                                             

No es otra esta sino la chica prístina
que tendida en las leves arenas de Málaga
ocupa casi entera la península.

Allí está, como bello juguete mecánico
junto a las restallantes aguas del piélago
posando como un ícono.

Sus ojos: dos indianos ídolos
que nada tienen de mirar hierático.

Sus sentimientos son a veces nítidos;
casi nunca traslúcidos.
Por eso dejan esperanza sólida
cada vez que la veo y el monólogo
merecerla debiese para un día ser diálogo
y deseo magnífico.

Siempre he admirado a esta muchacha sólida
de manos grandes y rubóricas
que un día quisiera que llegasen beatíficas
para brindarse impávidas
como dos pavorreales que se abriesen benéficos
y se cerrasen como células ópticas
despertando al estímulo.

Con ella se apaga el sol de Málaga
y las estrellas se vuelven puntos cómicos
y me llega de pronto un terror cósmico
que me obliga a dormir.

Esto todo es, de acuerdo, esdrújulo
elemento, de a ratos feliz y a veces básico
ciclo que ha de cursar infante pálido
pero duro y salvaje como indígena
que poblar pudiese esta república
que la chica de Málaga
a formar va con mítica
indumentaria, con su alma que lúcida
es sin duda, porque fulge sin mácula
en la clara penumbra de mi cuarto poético.


Soliloquio  sado-masoca  de nosotros

.
En la soledad hablo solo, o conmigo mismo, en silencio o voz alta,
y no sé si otros hablan consigo mismo o solos
porque nunca lo cuentan, como yo no lo digo.

A menudo me aburro de mis propias manías,
me peleo conmigo mismo, me ataco y me defiendo
y me condeno y me hundo en el olvido
de mí mismo, me abandono, abro mi corazón
a mi propio corazón, lo cierro,
me muestro cara a cara, me comprendo,
me enfrento con mi propia sombra,
me pongo los tacones altos frente al tocador,
apoyo mis acciones, severo me condeno,
me malentiendo acaso,
me engaño y me oculto hasta ya no encontrarme,
me miento en las propias narices de mí mismo,
me resigno a ser mi  yo falso frente a mi falso yo,
me exalto y glorifico,
me arrepiento de todo y de nada,
me chongueo a una morocha junto a la rambla Sur,
elaboro mi complicada emblemática,
mi toponimia,
mi pacotilla,
mi mineral ordeno sobre mesas rituales,
me encomiendo a los más altos mandos imaginables,
y termino precipitado en la angustia y la alegría
de la vida, el amor y la muerte.

Y yo conmigo, yo y yo, en la soledad
(como en la soledad de otros)
somos dos, mano a mano,
rostro frente a rostro,
como en el Gran Masturbador de Salvador Dalí
(que no es obra freudiana mas monumento místico).

Somos dos, la pareja
(que sombra ya te has vuelto, pareja,
monstruo prehistórico
tal vez nacido en húmedas cavernas)
inseparable.

Discutimos punto por punto cada tema,
desde distintos ángulos, profundizamos
y confrontamos toda verdad con lo real, es decir,
sometiendo toda prueba ante el juez implacable
que es cada Otro y también el Los Otros y también el Nosotros.


Historia de Pat Garret y Billy the Kid según Marcial Lafuente Estefanía

Pat Garret y Billy the Kid eran dos malandrines del lejano Este uruguayo,
más exactamente, de Valizas.
Juntos robaron bancos, violaron y mataron a gusto
-aunque Billy no necesitaba el dinero, ya veremos por qué
por toda la comarca.

Muchos años después
Garret llegó a un  pueblo de mala muerte y se enfrentó a Billy.
Matearon.
                 Pat dijo: “Billy, hemos sido compinches.
Ahora ya no lo somos. Para la ley trabajo.
Si antes era malandro y parte de tu banda,
ahora soy madero y creo que si te agarro
a culo descubierto, ¡yo te tumbo, chaval!
Hay una recompesa seria por tu cabeza.
Acéptalo: los tiempos han cambiado”.

Billy tenía éxito con las rubias
cuando hacía relucir las hileras perfectas
de sus dientes blanquísimos como perlas
o mostraba la hilera perfecta de sus dientes blanquísimos.
Por esto, hasta los rochenses decían que era bello.

Billy dió vuelta el mate, chupó con ruido el último,
se paró, sonrió y le dijo a Pat:
“Los tiempos podrán haber cambiado
pero yo no he cambiado. Pat, vamos,
¡recuerda viejos tiempos, chico!,
una morena bajo cada brazo,
como aquella primavera en Progreso, ¿eh?”.


Al final de esta historia Pat liquida a Billy
y el status quo  vence, y el mundo
se equilibra otra vez, y otros Billy
the Kid y Pat Garret forman bandas
de crueles forajidos que deambulan
por el Lejano Este uruguasho y otros sitios del planeta.


Casualmente, en la sala del dentista leo las declaraciones
que al fin Marlon concedió

He aquí la entrevista que se negó a conceder.

Rotundamente se negó. Su argumento:
“No veo el punto de interés. Todos, como yo, son actores”.

Dedicado a la vida meditativa, observa en calma las hormigas
que suben por el fregadero de su casa en Tahiti.

“Actuamos cuando, por ejemplo, alguien nos interesa
y volteamos la vista para aparentar lo contrario”.

Ya ue cualquiera, como su perro
actúa en consecuencia cuando quiere comer;
ya que todos, de una manera u otra fingimos;
ya que todos somos estrellas de algún firmamento
que se curva únicamente sobre nosotros,
sobre cada uno y sobre todos nosotros;
ya que el mundo es un escenario y un set de filmación,
no, más bien cada segundo de la historia es una escenografía,
cada lugar del universo es un estudio de cine,
ya que un espot nos cubre en cada acción que emprendemos,
cada vez que elevamos la taza de café,
cada vez que prometemos amor a nuestro amor,
cada vez que juramos un odio irreconciliable
a nuestros enemigos, cada vez,
ya que cada uno, cada vez,
en cada instante, a cada sílaba, en todo momento,
ya que cada uno de los elementos del universo
(sin olvidar los planetas los asteroide los agujeros negros
las enanas blancas las células los átomos)
es un actor en acto actuando,
¿para qué una entrevista?

Él medita. Sabe que los millones
de dólares que se negó a ganar
podrían haberse invertido en su más grande sueño:
una película sobre la masacre que los blancos de América
cometieron contra los indígenas de América.

En la entrevista (que él se negaba a conceder)
él mismo, gordo, calvo, blanco, se reclina en su silla de jardín.
Mueve la boca, que es el instrumento de un actor muy famoso.
Sus ojos giran en este aire de verano, miran hacia adentro.

¿Decepcionado de los productores?
Jamás le interesó el cinematógrafo.
En una escena de El Padrino, reconoce, incluso,
que se equivocó en todo. La crítica encuentra en esa parte
el mejor momento de su carrera.
Dice: “La vaca que tajan de un machetazo
en una escena de Apocalypse now valía más que toda
la historia del cine americano. “Yo soy, en realidad, esa vaca”.
Nadie lo ha entendido. “Como nadie entendió
que fue mío el deseo de que María Schneider
metiera en mí sus dedos untados en mantequilla.
¿Entiende usted que todo fue un gran malentendido?”

Sopla una leve brisa de atardecer.

Las sombras no han caído, pero ya van a caer.

La entrevista que nunca concedió,
que jamás concederá, que ningún hábil periodista conseguirá jamás,
está por concluir.

Y agrega, sarcástico:
“En realidad mi sueño más preciado, la película
de la que le hablé, sobre la masacre, ésa
ya se filmó (estoy en paz): si no me cree,
léalo en las crónicas, allí están registrados absolutamente
todos los nombres de los actores”.

“Claro, también quisiera ser el inventor de una milagrosa terapia”.

“No es nada fácil”.

“Pero ¿a quién conforma lo fácil? Mire,
mis matrimonios fueron felices mientras eran difíciles,
una sarta de puteríos agresiones alegrías maldiciones y milagros.
Cuando se volvieron panza entraron en declinación y el odio
-como el vapor se hace agua-
sustituyó al amor”.

“Otra solución posible es, claro, olvidarse del amor,
de la fraternidad universal y de todas las pamplinas
que todas las religiones (malentendidas) enseñan”.

“Claro que hacerse budista como G, quizá sea el gran salto.
O cristiano, como E.C. y T.S.E.
Católico ferviente como José. Allí habría un camino.
Pero ¿quién sabe? ¿Bajar de peso? Andar todo el día en movimiento,
comer pescado y legumbres hasta hartarse”.

“Es mejor que se olvide de todo esto.
Sobre todo lo último, no lo publique nunca.
Es claro, digo nunca, ¿y qué sentido tiene?
Porque yo ya lo he dicho:
no soy actor, no soy artista, no soy futbolista ni boxeador,
no soy cantante de moda, no soy escultor ni diplomático,
no soy político ni soy etc.
Tampoco digo nunca, tampoco diré nunca. Bien”.

“Vea usted, por un lado,
yo sé que la locura es un estado congénito del hombre
Recuerde las palabras del sacerdote: Dios nos ama con locura,
lo que significa ni más ni menos: los hombres han perdido a Dios
que es lo mismo que creerse, de manera soberbia, ser capaces
de estar locos como Él. Ahora bien,
poe otro lado, Dios no es par mí ni más ni menos
que la más primigenia y la más refinada de las invenciones”.

“Yo he sido, en suma, el más grande de los actores de sí mismo,
no mientras actuaba, sino mientrs me veía en la sala de proyección
luego de las primeras tomas hechas dentro de mi templo
en aquella selva maldita: la masa gorda de mi cuerpo oculto
en la penumbra, las gotas de agua rodando por mi calva,
la mirada perdida y el gesto casi humano de mis labios fruncidos
y fláccidos que pronunciaban unas pocas palabras: todo eso no era yo,
era algo extraño a mí, era un dios lejano enfrentado a los más ínfimos temblores
del Apocalipsis de la selva implacable”.

Unas nubes metálicas, estivales, amenazan
o no amenazan lluvia.

La tarde de verano hormiguea en la clorofila
y los abejorros nos despiertan del ensueño.

“Hay, no obstante mi palabrería y mis atajos,
un par de cosas que me gustaría hacer:
una, estar abandonado en la selva,
ver la luz transgrediendo las láminas del agua,
tocar con los dedos de mis pies las arañas,
rozar las lianas con mis párpados, olerlas,
oír el mar de insectos que vibra en las noches absolutas,
perderme para siempre en ese espacio sin fin”.

“Otro deseo mío que siempre acaricié
aunque nunca con la suficiente fruición
es caminar desnuudo por la Puna de Atacama
(eso está en la América del Sur, como usted ya sabrá),
leer en la piedra y la arena y el metal
el indescifrable mensaje allí impreso”.

“Hay un tercer deseo que creo, está más cerca:
escribir un poema metafísico
en base a materiales que son fragmentos de memoria
de prodigios de trazos en el agua gestos olvidados cópulas
cortas caminatas de sueños incompletos de una
arquitectura desalmada que habité de unas hormigas que suben
lenta pero decididamente por el fregadero de mi casa.


Apocalipsis en Malmö

Soñé con una lluvia
implacable y tenaz:
dolía sobre el rostro,
cortaba el pasto al ras.

Y soñé con un viento
ardiente como sal,
que barría la vida
y la hundía en el mar.

Después soñé con tierra,
polvareda voraz
que azoraba los cuerpos
con látigo total.

Al final vino el fuego
con su lenga letal;
dejó solo el planeta
rotando en el azar.


X FILE

(bolero)

parquearemos el cuerpo
en sideral espacio
y Mulder & Scully
nos buscarán perplejos
y su amor será siempre
incorpóreo aunque no
digital ni electrónico

nacer no es digital
amar no es digital

parquearemos los cuerpos
en órbitas vecinas
y ya no morirá
nuestro querido amor
todo nuestro futuro
nuestros hijos comunes
y nuestros bellos viajes

morir no es digital
pero escribir todo esto
leer no es digital?

tu cuerpo junto al mío
y tu mano en mi mano
en el silencio cósmico
por los anchos espacios
seremos como dioses
en el puro silencio
en el silencio puro
de tan sólo existir


Después

Después de todas las palabras
que llegan en ondas arenosas,
en fricción de olas ásperas
trituradas por el mar de febrero;
después de todas las gritadas
en los callejones o senderos
o avenidas manchadas de consignas
o malecones rengos;
de las garabateadas y fumadas
en papel arrugado de envoltorio;
después, después, después
llegarán más, escritas, electrónicas
memorizadas
en el disco duro del corazón: después
de todo el bullshit, todo el resto
de naufragio, después
de la resaca de los días, después
del viento, el aguacero, después
de la pasión reseca;

después llega la vida,
corrección:
el arcoiris de la lagartija,
el alcatraz con su rasante vuelo,
la rueda de dorado,
la sandía madura,
el corazón alegre,
el sol reinando al centro,
las muchachas salvajes,
un niño en su misterio,
la esperanza,
el mundo que quisimos:
lo posible.



(Choroní, Venezuela, 2007)



Roberto Mascaró es poeta y traductor, nacido en 1948 en Peñarol, Montevideo, Uruguay. 

Llega a Suecia –donde reside desde  1978- como refugiado político de la dictadura militar que asoló a su país (1973-1984) con desapariciones, torturas y otros crímenes de lesa humanidad, cuyos responsables están, hasta el día de hoy sin juicio, protegidos por la llamada “ley de impunidad”.

En Suecia, en 1980, junto a un grupo de intelectuales en el exilio funda y dirige la editorial Siesta y la revista Saltomortal. Durante los años 80 y 90 realiza distintas performances y videos en torno al texto poético. Realizó estudios en las áreas de Literaturas Nórdicas, Ciencias de la Literatura y Estética.

Recibe el Premio de la Ciudad de Estocolmo en 1986 (por sus poemas en versión sueca reunidos en el volumen Fält). En 2002 recibe el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Medellín (por el libro Campo de fuego) y es invitado al Festival  de Medellín ese mismo año.

Ha participado en distintos eventos y festivales en Suecia, Noruega, Canadá, Chile, Argentina, Venezuela, Colombia y Uruguay. Colaborador de la revista Posdata (Uruguay), las revistas suecas BLM, Pequod, del diario  Sydsvenska Dagbladet  y de Radio Suecia. Ha desarrollado taller literario y de traducción en Suecia, Chile, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Actualmente se dedica a la escritura de poesía, a la traducción de literatura en lenguas nórdicas y dirige el programa radial Taller de Letras en la ciudad de Malmö, Suecia.

Autor de los libros estacionario (1983); Chatarra/ Campos (1984); Asombros de la Nieve (1984); Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist, Fripress, Estocolmo, 1986); Mar, escobas (1987),  Cruz del Sur (1987); Gueto (1991); Campo Abierto-Öppet fält (1998); Campo de Fuego (2000); Montevideo cruel – tangos (2003), Un río de pájaros (Colombia, 2004); Asombros de la nieve, antología (Caracas, 2005), Viendo caer la lluvia de una ventana azul (Tegucigalpa, 2012), Nómade Apátrida (Catapulta, Bogotá, 2012). Ha publicado más de treinta volúmenes de traducciones, entre ellas obras de  Tomas Tranströmer, August Strindberg,  Öyvind Fahlström, Ulf Eriksson, Tomas Ekström, Jan Erik Vold, Edith Södergran, Henry Parland. Su poesía ha sido traducida al sueco.

Traductor del Premio Nobel de Literatura 2011,  el suecoTomas Transtromer (tres tomos editados en España, Nórdica Libros, Madrid, 2012)