miércoles, 17 de agosto de 2016

Esteban Moore: Declan Kiberd, Inventando a Irlanda, La literatura de la nación moderna.[1]










En un breve ensayo, 'Nueva York: sonidos y voces',[2] dedicado al escritor norteamericano Louis Wolfson, Paul Auster nos recuerda que en el prólogo a su novela Le bleu du ciel, Georges Bataille realiza una importante distinción entre los libros escritos por el placer de la experimentación y, aquellos, cuya génesis está determinada por una profunda  necesidad. Si la comparación de Bataille respecto de la creación fuera trasladada al campo de la lectura, se podría establecer dos categorías de textos, aquellos cuya función no excede el entretenimiento (o las pulsiones de la industria editorial) y los que nos son verdaderamente imprescindibles.
En el caso de Inventando a Irlanda: la literatura de la nación moderna de Declan Kiberd, muchos comparten la opinión de Edward Said: “este estudio crítico de la cultura irlandesa durante el siglo XX resulta indispensable para comprender el creciente desarrollo social y económico alcanzado por la joven República en las últimas décadas del siglo XX”.  
 Es este un libro que puede ser considerado de necesaria lectura para nosotros y, en particular, para aquellos que han olvidado la ley de la causa y el efecto. Aristóteles, algo más sabio que el viejo Vizcacha,  afirma "que todo lo que sucede tiene lugar a partir de algo". En los últimos tiempos, políticos, empresarios,  intelectuales y periodistas sorprendidos por el crecimiento económico de Irlanda, se han referido a ella como un ejemplo a seguir o, al menos, un modelo para tener en cuenta. Su entusiasmo por las estadísticas parece apartarlos de cuestiones fundamentales: la construcción cultural que realizó Irlanda en los siglos XVIII y XIX, cuyos resultados están a la vista.
Este trabajo de Kiberd, documentado hasta la obsesión,  propone una serie de nuevas lecturas, y nos será de suma utilidad para corregir lo distorsivo de ciertos puntos de vista sostenidos por algunos sectores de nuestra sociedad que se sienten atraídos por diversos aspectos y arquetipos de la cultura irlandesa. En ocasiones guiados por un espíritu folklórico-turístico y mitos de factura casera,  en otras, por razones equivocadas.
La moda celta  que hizo pie en la Argentina en década de los 80 del siglo pasado, produjo una conducta imitativa entre los más jóvenes, quienes  los  17 de marzo, como viene sucediendo hace años, fecha en que se celebra el día de San Patricio, santo patrono de la isla esmeralda, se congregan masivamente en el barrio de Retiro. Allí, en las inmediaciones de  varias tabernas  -pubs- de dudosa procedencia irlandesa, beben cerveza y escuchan música celta hasta altas horas de la madrugada. Una mayoría luce distintivos y prendedores con el trébol -la flor nacional de Irlanda-, otros, cubren sus cabezas con grandes  sombreros verdes, similares a los que la leyenda les adjudica a los duendes. Este fenómeno de índole festiva no es relevante. Lo que sí debería llamarnos a la reflexión son algunos preconceptos acerca de la cultura irlandesa que se originan en una interpretación autoritaria de la vida.   
Debemos recordar que durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, las facciones del nacionalismo argentino que deseaban y creían en la victoria de Hitler, la conquista de Europa y el establecimiento de un nuevo orden en Occidente, vieron en la República de Irlanda, enfrentada históricamente con Inglaterra, una posible aliada. Rápidamente la pusieron en la lista de sus simpatías. Los nazis criollos infirieron que la neutralidad asumida en el conflicto significaba que Irlanda tomaba partido por Alemania. No se puede negar en aquella época la existencia de nazis en Irlanda, como tampoco en Inglaterra, sin embargo, Éamonn de Valera, cuyo espíritu democrático no puede ser obviado, tomó esta decisión debido a una compleja situación política y económica interna. No obstante los irlandeses colaboraron efectivamente con los aliados, proveyeron a Inglaterra de alimentos,  esenciales para el esfuerzo bélico, y muchos  de sus jóvenes se alistaron voluntariamente en el ejército británico. Asimismo, los incendios provocados por los bombardeos de la fuerza aérea alemana en Belfast, ciudad ubicada en el norte y, bajo control británico, eran combatidos por los bomberos neutrales del sur. En esos días los irlandeses hicieron popular la frase: ¿Neutrales? ¿Contra quién?
En el campo institucional, la iglesia católica argentina, que entre sus seguidores cuenta con un importante núcleo de descendientes de irlandeses, tiene grandes responsabilidades en la difusión de una imagen distorsionada del caso irlandés. No pocos sacerdotes y fieles se empeñan en considerar los problemas de aquel país y el proceso de descolonización como una cuestión religiosa: el enfrentamiento entre católicos y protestantes, entre los seguidores de Roma y aquellos que niegan la autoridad papal. Esta visión nunca se ha ajustado a la realidad. Irlanda fue una colonia y el parlamento británico ejerció, a partir de 1719, el derecho de legislar en todo su territorio.  No conformes con esta situación una minoría de irlandeses y anglo-irlandeses, católicos y no católicos, comenzaron una larga lucha por sus derechos y libertad. En 1938, amparado en la constitución de 1937, que reconoció a las iglesias anglicana, presbiteriana, metodista y a la comunidad judía, Éamonn de Valera, hizo uso de sus influencias para que Douglas Hyde, un ardiente nacionalista de confesión protestante, fuera elegido el primer presidente de la nueva República.
En Inventando a Irlanda: la literatura de la nación moderna, el autor nos introducirá en la complejidad cultural de este pueblo, proporcionándonos nuevos elementos que nos permitirán, si así lo decidimos, admirar a ese país por las razones adecuadas y a su vez poner en contexto su éxito económico, más allá de las crisis  circunstanciales,  que está estrechamente ligado al proceso cultural.
La lenta conquista de Irlanda, a partir del desembarco de Enrique II de Inglaterra en 1171, extendió los significados de 'cruel' y 'ruin'.  La ocupación militar del territorio fue  acompañada por la destrucción del orden gaélico y culmina en 1607 con el exilio de los nobles de origen celta en el continente. A partir  de entonces fueron despojados a sangre y fuego de su lengua.
Los invasores no previeron la resistencia cultural de este pueblo abnegado y decidido. En el siglo XVIII,  las ondas expansivas del iluminismo y la Revolución Francesa llegarían a estas tierras, entonces un grupo de presbiterianos y protestantes crearon un movimiento dedicado a unir a todos los ciudadanos de diferentes credos religiosos en la causa de la libertad. El movimiento por la independencia nacional que se generaría más tarde, influenciado por el ideal republicano,  imaginaba al pueblo irlandés  como una comunidad histórica, cuya imagen se constituyó mucho antes  de la era del nacionalismo moderno y de la concepción del estado-nación. Esto fue posible, pues  el pueblo irlandés ha demostrado a través del tiempo, una capacidad fuera de lo común para asimilar nuevos elementos, étnicos y culturales. Asimismo, sienten cierto placer en  pensar la identidad como una cualidad que rara vez es inmutable. Ésta, según Kiberd, no se recibe o  hereda, es una cuestión de negociación e intercambio constante que admite la  integración del otro, rechazando las doctrinas de pureza racial. 
Hacia mediados del siglo XIX se perdieron varias cosechas de papa, el alimento principal de la isla, debido a la  Phytophthora Infestans: tizón tardío. Se produjo entonces la denominada Gran Hambruna que afectó a una de cada cuatro familias, casi el 30% por ciento de la población se vió obligada a emigrar. En ese período la mente irlandesa estaba confundida, habían perdido su lengua nacional y aún no podían expresarse cómodamente en la lengua inglesa.
Hacia fines del siglo algunos protestantes, entre ellos, Standish James O' Grady y Douglas Hyde, inician lo que posteriormente se denominó el Renacimiento Gaélico, que se caracterizó  por el intento de recuperar la vieja lengua y en traducir el conjunto de los mitos y  leyendas de origen gaélico a la lengua inglesa. La primera de estas proposiciones fracasó, en la actualidad, la mayoría de los irlandeses habla la lengua inglesa. Pero, se lograron salvar la memoria y las tradiciones de la  antigua cultura celta, las que trasladadas a la nueva lengua alcanzaron una difusión nunca imaginada.
Walter Benjamin pensaba que la falla de la mayoría de las traducciones del siglo XIX, se debía al excesivo respeto del traductor por las convenciones de la lengua de destino y, el temor,  de que la lengua de origen perturbara su sintaxis. En el caso de los traductores irlandeses no existió ni respeto, mucho menos temor en el proceso de traslación. De esta manera no solo renovaron el inglés sino que ejercieron sobre él, al convertirlo en un mediador con su propia cultura,  un claro ejercicio de apropiación. No obstante, durante mucho tiempo persistieron ciertas dudas acerca de la efectividad de la lengua adquirida para expresar a la mente irlandesa.
Stephen Dedallus en A Portrait of the Artist as a Young Man (Retrato del artista adolescente) de James Joyce, luego de entrevistarse con el director del colegio jesuita en Dublín, un inglés converso, dice: “El lenguaje que hablamos le pertenece antes a él que a nosotros. Qué diferentes suenan las palabras, hogar, Cristo, cerveza, amo, en sus labios y en los míos. Su lengua, tan familiar y tan extranjera, es siempre para mí una lengua adquirida. Yo no he fabricado ni aceptado sus palabras. Mi voz las mantiene a distancia. Mi alma  se inquieta en la sombra de su lenguaje.”  
Esto quizás se debe en buena medida al temor que produce la actitud, tan extendida en la metrópoli, de considerar simplemente a la nación emergente y su cultura como un efecto de sus propios deseos. Los países centrales se constituyen en  guardianes celosos de su tradición y vigilan los usos que se les da. Ante cualquier atisbo de insurrección lingüística,  están preparados a lanzarle a la mente del rebelde  la biblioteca de sus clásicos, junto con las instrucciones acerca de cómo éstos deben ser interpretados. Durante siglos Londres se burló del modo de hablar de los irlandeses. Su dicción, su vocabulario extravagante y una sintaxis no apropiada, decían, les causaba gracia. A pesar de ello, los irlandeses continuaban ensimismados en su propia vida cotidiana, dados a la tarea de recuperar sus propias raíces, haciendo de la lengua inglesa algo propio. Este esfuerzo titánico, el de darse una nueva lengua y, al mismo tiempo, transferir a ella su herencia cultural, renovó el espíritu nacional. La reescritura  de las hazañas de los héroes épicos del lejano universo gaélico encendió la imaginación dormida y produjo una poderosa tradición literaria que ha sido reconocida con cuatro premios Nobel de literatura: W.B. Yeats, George B. Shaw, Samuel Beckett y Seamus Heaney.  
Uno de los aspectos relevantes del trabajo de Kiberd es que analiza, un hecho poco frecuente, el modo en que los líderes políticos de la independencia, entre ellos, Pearse, Connolly, de Valera y Collins, se inspiraron en las ideas de poetas y dramaturgos. El renacimiento cultural irlandés es fascinante en este aspecto, pues a  partir de él, se produce la revolución política posterior que culmina en la república democrática independiente del presente. Éste podría caracterizarse como la búsqueda  y reinstalación de las tradiciones ancestrales que los conquistadores pretendieron borrar de su memoria.  La reapropiación de una visión de la vida y las cosas, de un conjunto de bienes simbólicos que a partir de ese momento  serían compartidos por todos, sin distinción de clases.
Este es un punto de inflexión en sus vidas, no sólo habían recuperado su orgullo nacional, sino que a  partir de esta instancia, la recreación de "lo irlandés", los validaría internacionalmente, ya estaban en condiciones de exportar su cultura.  
La década de los 60 trajo profundos cambios en la sociedad irlandesa. En 1962, la televisión nacional inició sus transmisiones, las imágenes del mundo exterior, llegaban por primera vez a los hogares de una población  influenciada en gran medida por una cultura rural. Los sectores más conservadores vieron en esta apertura una amenaza, la que sería neutralizada con la creación de agencias gubernamentales, cuyo fin era promocionar la cultura irlandesa en el extranjero. Simultáneamente, las nuevas reformas fiscales establecían exenciones de impuestos a todos los artistas extranjeros (escritores, pensadores,  artistas plásticos, actores, directores de cine y teatro) que se domiciliaran en la isla y pasaran, al menos, sus vacaciones en ella.  Esta decisión pretendía abrir la mente irlandesa a las ideas que circulaban en el mundo. La apertura iniciada en los 60 fue el paso inicial del desarrollo científico e industrial de este país de escasos 70.273 km2, con  alrededor de cuatro millones y medio de habitantes,  cuyas exportaciones superan ampliamente a las de nuestro país.
Los escritores irlandeses que dieron comienzo a este proceso, estaban motivados por el deseo de que sus conciudadanos pudieran verse a sí mismos. Ellos comparten el mismo sentimiento que atormentó a Sarmiento respecto de nuestro continente, expuesto con claridad en  su introducción al Facundo: “En la Enciclopedia Nueva, he leído un brillante trabajo sobre el general Bolívar, en que se hace a aquel caudillo americano toda la justicia que merece por sus talentos, por su genio; pero en esta biografía, como en todas las otras que de él se han escrito, he visto al general europeo, los mariscales del Imperio, un Napoleón menos colosal; pero no he visto al caudillo americano, al jefe de un levantamiento de las masas; veo el remedo de la Europa y nada que me revele  la América.”
Es la inversión de la mirada a la que nos insta H.A. Murena,  observar la periferia desde la periferia misma, anular el centro imaginado.  Mirarnos en nuestro propio espejo y no a través de uno ajeno, en apariencia más elaborado, que invariablemente nos devolverá una imagen doblemente deformada de nuestra  realidad. Pero, nos hace la advertencia de que esta no puede ser protagonizada por una mente dividida. Una cuyos hemisferios se enfrentan constantemente en una danza macabra,  autodestructiva, augurando la cíclica  reinstalación del fracaso.  









[1] Declan Kiberd, Inventing Ireland: the Literature of the Modern Nation, Vintage ,719 pgs. Londres, 1996.     

[2] Paul Auster, Ground Work, Faber and Faber, London, 1990.

viernes, 12 de agosto de 2016

Pere Gimferrer: Poemas




Pere Gimferrer





















La muerte en Beverly Hills


En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol
         alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
         los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine — y a
         esta hora está muerta en el Depósito aquella cuyo cuerpo
         era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
         por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
         notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
         una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
         tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
         muy baja —se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
         plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
                                              y era como si oliera muy despacio
                                                   un perfume.



Canción para Billie Holiday


Y  la muerte
                        nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Con careta antigás daba un beso a los niños

Lady Day las gaviotas heridas vuelven a la luz del puerto
Extraña fruta en el aire el crepúsculo se ausenta
Con una espada con un guante con una bola de cristal
la pecera magnética la cueva del pasado el submarino bajo
       las mareas que fulgen
Lady Day cuánto amor en una juventud cuántos errores
       cuántas tardes hablando qué deseo qué eléctricos jazmines
cuántos cow-boys muertos como trovadores la sonrisa en los
       labios que se tiñen de sangre
los gritos en las calles las manifestaciones disueltas bajo el
        arco voltaico del poniente y los lóbregos edificios irreales
Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas
Lady Day qué despacio nos viene la experiencia todo cobra
        un sentido se ordena como el paisaje en los ojos cuando
        recién  despiertos corremos las persianas
o intentamos ordenar las palabras de un
                                                            poema
                                                                         Lady Day
Animales heridos en el bosque nuestros ojos qué piden qué desean
qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel o su presa
        disueltos en la fría oscuridad del tiempo
escamoteados  como naipes de una baraja los años de nuestra juventud
Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido


Pere Gimferrer (Barcelona, España, 1945) Poeta, ensayista y  editor.

                        
         

jueves, 11 de agosto de 2016

Horacio Verzi presenta novela en Montevideo


Juan Luis Panero: 2 Poemas





Juan Luis Panero (1942-2013)



















Constantinopla. Año 1453


Olor acre de axilas depiladas, de perfume pasado de rosas,
de estiércol pisoteado de caballos.

Sé, me lo han contado, que las murallas de la ciudad ya no
pueden resistir al infiel. Todas las defensas han fracasado.

El pobre emperador, nuestro bien amado Constantino XI,
intenta inútilmente salvar la ciudad de su nombre, pactar
con el enemigo, firmar desesperados tratados de paz. Pero
todo, lo sé, es completamente inútil.

Escucho griterío de mujeres, carreras enloquecidas, golpes
de puertas, aullidos de la soldadesca, mandobles y agonías,
eructos de borrachos.

Aún podría escapar, ocultarme en el húmedo sótano
disimulado, como aquella otra vez. Pero ahora todo
está perdido. Sé bien que esto es el fin.

Salgo a la calle, maldiciones, estruendo sollozos, humo
pestilente.

En la hoja, con gotas de sangre, de un alfanje afilado, miro,
tercamente, por última vez, el rostro de este pobre pecador
abandonado.



El poeta y la muerte


                                                                         Y aunque la vida murió,
                                                                          nos dejo harto consuelo
                                                                          su memoria.
                                                                                                      Jorge Manrique


Si como afirma Borges todos los hombres
son el mismo hombre, aurora y agonía,
y poco importan sus nombres y sus rasgos,
yo quisiera —olvidando la anécdota banal de mi destino—
buscar en otro rostro a ese único hombre,
otra sombra, otro sueño mejor, igualmente perdido.

Un caballero dispone sus armas,
sus escuderos ajustan la armadura,
se coloca el yelmo, sujeta con firmeza el escudo,
la luz de la mañana es un reflejo metálico del sol,
el tiempo se ha detenido en las gualdrapas del caballo.
Todo esto ocurre en 1479 y aún sigue ocurriendo
frente a las almenas del castillo de Garci-Muñoz.
El caballero blande su espada
en defensa de su lealtad y su reina,
aún no sabe que su destino termina allí,
en el campo de Calatrava, que no verá otro día.
Entre rasgar de flechas y cascos de caballos,
oliendo a tierra seca y sangre sucia,
quizá recuerde el nombre de Guiomar de Castañeda
y piense, con justicia o con odio, en su enemigo,
el marqués de Villena que le aguarda.
Estruendo de hierro, crujido de huesos, carne desgarrada,
las huestes innumerables, pendones y estandartes y banderas,
los castillos impunables, los muros, baluartes y barreras.
Ha caído la noche sobre el campo arrasado,
la mano que sujetó una lanza, una pluma, un cuerpo de mujer,
está quieta, su mundo se ha borrado,
mientras se escuchan maldiciones y lamentos.
Ahora la muerte le atierra y le deshace.
Si todos los hombres somos el mismo,
elijo, pues es igual uno que otro,
aquel rostro en un campo de batalla,
la máscara del último rictus de su agonía,
el eco de sus palabras que aún se escucha,
un reflejo más digno de la tierra y la nada.


Juan Luis Panero (Madrid, 1942- Gerona, 2013) Poeta. En 1997, Tusquets publico su Poesía Completa 1968-1996.






jueves, 28 de julio de 2016

José Emilio Tallarico: Reductos





José Emilio Tallarico

























                                                    a Vladimir Nabokov

I

Bien sabe el ajedrecista
del riesgo material de su intuición,
eso que para el poeta implica moneda de cambio.
(En el ajedrez se puede perder
con las ráfagas que necesitaba el poema.)
No obstante, el trozo de universo que ambos arrojan
sobre el paño no obstruye, no perturba:
administra razones (o indicios de que hubo allí
                                                            algo exultante).
Socios en las mudanzas del fuego y el cansancio,
los poetas y los ajedrecistas desvarían
por un amor inexplicable.

II

Poetas y ajedrecistas se yerguen en la noche
                                                        de la memoria.
Saco la testa del pantano y toco el fuego.
Un buey resopla tras una tranquera imaginaria.
La tristeza que nunca abandonó su musa
deambula por mí.

III

Hasta el patio de la memoria
(una cuadrícula infinita, una palabra despejada)
llegan Lolitas, Adas, Mariposas, Arlequines.
La repetición será confusa e infinita.
La muchedumbre se repite,
las aflicciones también se repiten.
Recuerdo el “índex”:
aquella lista de libros prohibidos
se exhibía en la vitrina del patio de la parroquia:
1°-“Lolita”
2°- “Trópico de Cáncer”
3°- “El Capital”
Las tías, las catequistas, los finados se repiten.
Giran purretes en torno a la higuera parroquial.
(Poesía: amor de mi vida; ajedrez: fetiche santo.)
Vuelan tus mariposas, Nabokov.
Yo las persigo para que queden atascadas
en las jaulas del sueño.

IV

Por aquel entonces Nabokov escribía:
“Las palabras reflejadas sólo pueden tiritar/
como alargadas luces que se contorsionan/
en el espejo negro de un río/ entre la ciudad y la bruma”.

VI

(Descubrí un corredor
entre el papel en blanco y el tablero.
Un pasadizo: ahí estuvo mi mano.)

VII

Nabokov escribía:
“Un destino envidiable he ansiado conocer: 
/Durante mucho tiempo anhelé,
cansado esclavo, volar hacia/
Un lugar remoto de trabajo y puro júbilo.”

VIII

(Hay un cruce entre lo posible y la derrota.
Eso me informa el cuerpo.)

IX

Temeroso, ahora voy con blancas.
Mi juego: 1P4R-…

José Emilio Tallarico (Bs.As.1950). Publicó  Huésped y testigo, 1986; Siglonía, 1988; Ese espacio
que tiembla, 1993; El arreo y la fuga, 2000; Andariveles, 2006 y Creés mirar lejos y otros poemas, 2011. Actualmente -y desde el año 2009-  forma parte del grupo de videoconferen-cias de poesía Agentina-Francia: Travesías poéticas,  y codirige el ciclo de lecturas y entrevistas: El Orate y la Musa.  Publicó artículos y poemas en varias revistas literarias del país. Fue traducido parcialmente al portugués, al catalán, al italiano, al francés y al neerlandés.



Tone Hødnebø: Poemas



Tone Hødnebø

















El cielo es una central energética
que estalla atravesando todo el día,
el cielo construye un sistema
que atrapa el más pequeño movimiento
de hojas, insectos y humanos
Una industria se expande, década
tras década, copiándose a sí misma

*

A través de la pared de luz ves
una pared de luz una pared gris con dibujos
de rosas a través de una pared gris
ves una pared blanca y un dibujo blanco
y uno nuevo y uno nuevo
que se dibuja en el cielo nocturno

*

Una ciruela cae del árbol
y las hojas del árbol
se insinúan a través de los rayos del sol
Se pudre desde la mitad hacia abajo,
se devora a sí mismo
En el aire gira el polvo hacia arriba,
ya es sombra en una extraña oscuridad
Las rosas se abren, sin embargo,
parecen vidrio, todo se agranda,
pero la luz y el brillo de alrededor
obliga a todo a volver sobre sí mismo
*
 
 Traducción del noruego de Roberto Mascaró

TONE HØDNEBØ (Tønsberg, Noruega, en1962). Vive en Oslo. Ha publicado
 seis libros de poesía y un volumen con traducciones de la obra de Emily Dickinson.
Ediciones encuentros imaginarios. Publicó en 2010 su poemario RUIDO(LARM) 
en 2010.
“Son perspectivas fantásticas las que Hødnebø nos presenta, con sus
excursiones en lo cósmico y con la tierra vista desde el aire. Como la
arquitectura más experimental, a menudo irrealizable, esta es una poesía
especulativa. Ella es como un absurdo Leonardo da Vinci. Es la ruptura
inclinada, es lo no planificado, es la lógica del sentimiento, la de la
investigación, la del experimento. Así como el niño crea todo el tiempo nuevas
cosas, libremente y sin censura, creo que esta poeta se ocupa de construir o
crear algo para comprobar que es posible, para comprobar que aquello puede
ser creado. El “¡Aire feliz!” de Dickinson se vuelve aquí un credo.
Janike Kampevold Larsen

Roberto Mascaró (Montevideo Uruguay, 1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.


 


GÖRAN SONNEVI: Ormöga; segundo poema



 GÖRAN SONNEVI


























Aquí es Ormöga Pasan las nubes grises por encima
del plano paisaje del páramo El horizonte gris marino
con una banda luminosa justo sobre la tierra
Llama el cuclillo Vuelan las becadas junto a la cantera de cal
Brillan las antorchas lilas de las orquídeas encarnadas La hierba es
gris verde ocre, cambiante Alrededor está el abismo
Está junto a la cama en la que duermo Noche
cayendo a pico Flotamos sobre la oscuridad, como sobre
el universo, en su abstracción Por la mañana estamos jun-
tos Escuchamos la música También oigo el sonido de la Nada

A lo lejos se ven las cabañas de pescadores, la capilla en ruinas
Entre ellos está la cruz celta, de piedra ca-
liza, como si fuese el propio crucificado con
los brazos extendidos Las manos La cabeza Pie
Crecido en lavas grises y amarillas Ahora cubre
la lluvia el paisaje Voló el halcón azul
frente al soto hacia el mar No tendré defensa alguna
Estoy en la vertiente oscuridá también en la noche clara
Dispuse como un signo
la pluma que recogí junto al mar del Oeste
Mi padre y mi madre están en el mar del Oeste, que también
toqué, con la mano Aquí hay otros muertos, otros
vivos Tocamos los rostros deformados el uno al otro
Conozco su geometría Veo los arcos del vuelo de las alondras
también aquí, cambiando el vuelo rápido, una adaptación constante
El halcón azul tiene su geometría, en su huída Es lo que
creemos que es, allá lejos, en lo remoto
El plumaje es en el interior gris, luego ocre, en el exterior casi blanco
También en el interior, junto en la raíz es blanco, velloso
Las alondras construyen aún su nido, en el exterior la arcilla es húmeda
¡Ay! ¡Ay! El rostro oscuro descansa bajo todo esto

El paisaje aquí se mueve en una aparente
economía antigua Las mismas granjas con cercos de piedra, los mismos campos
como de otro tiempo Los pájaros Las orquídeas Ayer
fuimos al mar; dentro del bosquecillo de pinos ha crecido
un ejemplar muy grande de Orquídea Soldado,
Orchis militaris, lila claro Fuerte espiga, tallo grueso
Bajando al mar fui hasta el puesto de la Orquídea Colorada,
hojas manchadas, pétalos de diseño enérgico, junto
a los Lirios del Valle, de lila más oscuro La aguja colinegra ascendió
Las vacas, terneras jóvenes, se formaron en línea a lo lejos
La agricultura se mantiene El olor del guano en la lluvia, bajo
las nieblas Por el mar van barcos con su carga En el tallo de la
armeria brilló la larva de la Oruga de Librea al sol nocturno, ocre rojiza
peluda, en las estrías celestes y ocres a lo largo del cuerpo
Estamos en la red de dependencias ¿Quién es asesinado?
¿A quién asesinó? Todo depende del modo en que nos tocamos

En Ormöga vive el ciego, solo, después de la muerte de su madre
hace un par de años Cuando recojo la correspondencia en su casa
él vuelve la vista de su oído hacia mí cuando hablamos
En su cara hay una especie de paz La granja está ahora en decadencia
Alquilamos a una de sus hermanas, en una de las casas de los
aledaños hacia el mar Casi todo está ahora arrendado Le conté a ella
sobre Gunnar y Verner en Färgaryd, de cómo se quedaron con un ternero
El idioma toca mi infancia Me pongo más y más infantil
Hoy es el último día del año después de la muerte de mi madre Encenderemos velas

Todos duermen Todos están como despiertos
en el alba ulterior El paisaje totalmente en calma
Mi madre está muerta hace un año Ahora estoy completamente solo
Mi niño duerme Tú duermes, querida Todos dormirán
Por la mañana encendemos velas en las ventanas y el sol
entre nosotros y el mar Aquí es Ormöga, donde deberíamos haber estado
hace un año Estamos aquí por la segunda vez

Qué veo con mirada de serpiente hacia el mar En mi
autosuficiencia, en mi falta de interés por la vida
ajena La geometría de lo indiferente Aquí está mi torre
enfrentada al mar, después que la anfitriona cerró las otras habitaciones
No invadiré habitaciones ajenas Solamente las mías
Nada puede repetirse La geometría de las alondras es continuamente nueva
Tal vez vayamos a mutuas habitaciones ¿Como en una cámara del Hades?
Estaremos en la indefensión mutua Allí nos encuentra el amor

Mi madre ha entrado en mi silencio, ahora es parte
de él Allí ya no puede molestarme Tampoco es
necesario ahora Ella me toca a través de todas las hojas
En la tarde gris camino hasta el mar
Las agujas colinegras ascienden, vuelan en círculos en torno a mí, llaman
También el zarapito real asciende Hasta el bosquecillo de pinos hacia
el mar una vaca ocre y roja se ha saltado la cerca de piedra Ella
me sigue con la mirada Yo la sigo Frente al mar toco el agua, sigo la costa Busco
manchas de alquitrán en el cabo hacia Kapelludden, mas no encuentro ninguna

El silencio de mi madre respira Estoy en mi aliento La voz
profunda se oye, dentro de mí, en silencio ¿De quién es el turno ahora?
¡Ay! ¡Ay! Los pichones de vencejo vuelan, ya soberbios Respiro
Sexos, animales, seres, sociedades, gentes Así respiran
también dentro de mí No aniquilo a nadie Las voces están en sus
reparticiones, infinitamente sutil No es para aplastar a nadie
Espero el oscuro dolor Que llegará
y penetrará como mi madre Ella llega también como
mujer, y yo descanso en su transparencia
Ella está furiosa de celos, no tolera que yo esté
con ningún otro No hay sueño Estoy con mi amada
Descansamos dentro de las alas desplegadas del sofá de madera
Sobre el prado y el bosque está la luna, algo mayor que una hoz,
creciente Ilumina con luz oro y plata en la noche clara
Todavía junio Más tarde en la noche oigo el canto de la aguja colinegra

Julio A través de la ventana abierta llega el aire del mar
Oigo las alondras, sus pequeños sonidos chillantes Lejos
se oye el zarapito real El duelo por mi madre llegó, sin tiempo, no le importa
al tiempo Vi el tamaño de su sonrisa, cuando no estaba ya
triste La enormidad sin reservas, sólo en existencia
Aquí es Ormöga El dolor no tiene tiempo Tampoco la alegría
El mar brilla a lo lejos En la línea costera se ve la abertura del arroyo

Espero aún la entrada del dolor en lo inmediato, en sus
formas oscuras Veo al ángel de la anunciación en la pila bautismal de Egby
piedra arenosa de Gotlandia, siglo XII Vuela como los pájaros de la muerte
en las imágenes de piedra algunos siglos antes Pero con aureola en torno
a la cabeza, sobre los animales salvajes que protegen a María
Ella descansa en otra escena vendada, a medias sentada
en una cama. José le da algo de beber Nos dirigimos hacia
la pequeña planicie rocosa más allá de Bockberget al Oeste Allí vemos ascender
las grullas
Florece el pampajarillo, blanco, a medias marchito Un pequeño
brote de tomillo lila brilla Sobre una laja de cal oscura una piedra blanca,
una especie de piedra arenosa, cubierta de musgo, hendida Un cráneo
Te estiras en la caliente laja, descansas allí A la distancia
te veo como un animal, verde-y-con-manchas-negras, que no existe
Por la noche volaron los vencejos frente a la luna, casi media llena Una
sola estrella apareció, apenas divisable, en la noche clara

El sonido de lluvia contra el techo También aquí en la torre de la Nada
Gösta Skyle Desde aquí nos iremos directamente a su entierro
Él es el último de los seres de mi infancia Hay en él la misma luminosidad, la misma amabilidad que en mi padre No su dolor
Así no lo había visto nunca antes, en el contraste, en la muerte
Entiendo que mi padre no deseaba ser el que era En Gösta vi
otra sociedad dibujarse En la que nada se vendía Nada se compraba
Veo que mi padre huía del dolor de su madre, su dureza, tiranía
Helgue contó cómo tenía que correr por las noches con la escupidera llena de sangre
Ella prohibió a Gunnar que se casase, luego de su fracaso en Norteamérica
cuando quebró el banco con su dinero ahorrado, y tuvo que volver
a sufrir como peón en su tierra El abuelo le escribió, cuando lo llamaron a servicio
en el verano de 1941, para la cosecha, y él esperaba poder eludir
la guerra Veo frente a mí a los padres de Gösta, August y Selma, Gösta se
parecía a ella, recuerdo el alboroto que armé cuando dije siendo niño:
el tío Svensson es un nazi ¿Quién ha dicho eso? ¿Dónde has oído eso?
Los adultos rodeándome, inquietos Yo no entendía nada de esto
No sé, pero no tengo ninguna razón para creer que era cierto
Era comerciante en especias en Vattugatan, Halmstad, una pequeña tienda
en el sótano de la gran casa de apartamentos, techo de lata curvo sobre la escalera
Sus hijos, Gösta y Helfrid, querían ser artistas; el uno fue profesor
de dibujo,
ella telefonista El otro hijo, Sture, se hizo químico; cuando tenía
nueve o diez años, tal vez once, lo visité en Chemicum en Lund
Todo esto vi ¡Ay! ¡Ay! Nada de todo Todo de nada

La torre de la Nada se vacía Allí está el halcón blanco
sacudiendo las alas sobre el arenal Salgo al sol
miro los heliantemos en la hierba, el tulostoma niveum y la
listera ovata Escucho las alondras, y lejos la aguja colinegra
Anoche, de visita en casa de amigos, escuché al chotacabras
Anduvimos sobre la Caliza bajo la luna Luego hacia el norte, bajo
nubes oscuras, en la lluvia Aquí duermen todos los pájaros
Los vencejos duermen bajo los aleros, con sus largos,
delgados cuerpos Nosotros dormimos el uno junto al otro He bebido vino
Tú no, porque conducías Se vacía esta torre Otras vendrán
Más finas, con sus raíces penetrando profundamente la tierra
El agua penetra las lajas de cal Allí encuentro la lluvia
Oí al chotacabras hace 16 años en el mismo lugar Somos más viejos

Veo un sexo de mujer, luminoso, erguido, un delgado mandala
Yo paso por él Penetro su oscuridad En violento vaciado
Veo el rostro de la Historia Los lobos se metían en París, por
la brecha en el muro ¡Ay! ¡Ay! Allí estaremos juntos
El mar me ve, con su mirada horizontal A la altura de los ojos
Ayer fui al mar maternal, también aquí Allí están ahora todos los seres

Todos los que se miran El zorro, el gato Las vacas a lo lejos
Al amanecer fluye la mosca como una gota de sudor sobre la frente No
duerme Los vencejos han pasado destellando Todos duermen

Aquí es Ormöga Aquí todo es extraño Aquí casi
no estamos Aquí está el horizonte marino verde oscuro Todas las plantas
Todos los pájaros Ayer vi el pichón de alondra en el nido justo encima
de la ventana del comedor En el prado costero está el pichón de zarapito real,
mientras el padre
volaba en círculos sobre él; más pequeño, pico más tierno, el mismo chillido, aunque
más tenue,
Caminé por última vez hasta el mar, solo Agua por todos lados, luego
de la lluvia El mar estaba en calma; oí su voz, calma
También esto es ahora el mar de mi madre Aunque ella no pudo nunca llegar hasta
aquí
Lo escuché Este es un regreso Aquí todo es extraño
Aquí está el halcón azul La agachona despierta
Por la noche veo la luna bajar, naranja entre las nubes Total
soledad; total silencio Mientras todos duermen Al alba nos despierta la mosca

¡Ay! ¡Ay! El dolor ausente por todos lados, en su más extrema presencia
Se oyó el cuclillo, lejano Los vencejos están en su geometría, dinámica
Nos despedimos de los amigos, hablamos en la penumbra, luego de una visita al
cabo Los primeros pájaros migratorios se reúnen, playeros dorso rojo, dice el
ornitólogo recién instalado en la casa de al lado
Mañana entierran a Gösta Skyle en Söndrum en las afueras de Halmstad Allí estaremos


(Tomado de DISPARATES, selección de OCEANEN (EL OCÉANO), poemas de Göran Sonnevi en versión española de Roberto Mascaró, Editorial del Gabo, El Salvador, 2014).



cleardot

El océano de los DISPARATES según Göran Sonnevi


DISPARATES -con una clara referencia a la obra de Goya- es el subtítulo, en español y en mayúsculas en el original, de este voluminoso libro de poemas de más de 400 páginas, OCEANEN, editado en Estocolmo en lengua sueca. De él hemos extraído la siguiente selección.

Göran Sonnevi (Lund, Suecia, 1939) vuelve en este libro a sus viejos temas y presenta otros nuevos, a manera de un noticiero global actualizado en el S XXI, pero que también incluye poemas de la década de los 70.

El destino humano en la sociedad sueca postindustrial, la Revolución socialista tantas veces frustrada y postergada, la búsqueda de la convivencia pacífica entre humanos, animales, minerales y plantas, todo ello frente all poder avasallador de un imperio ultracapitalista que ya resulta ubicuo e imprevisible y del que ha pasado a formar parte también Suecia, país que una vez fuera “neutral” y “pacífico” y que hoy ya es colaborador silencioso y voluntario de la OTAN y otros cuerpos policiales del mundo globalizado, cooperando activamente con el espionaje mundial que el ubicuo imperio ejerce sobre las personas y las cosas y enviando tropas mercenarias a ocupar distintos países.

He aquí el OCÉANO (el título del original sueco es OCEANEN), el mismo que cantasen Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé,Vicente Huidobro, St John-Perse, Michelet, Tranströmer e infinidad de poetas de nuestros Archipiélagos.

Todo esto pasa por la cabeza y se expresa en la pluma de Sonnevi, y en el trasfondo se suceden las visitas al archipiélago de Gotemburgo, donde el escritor plasma su diario veraniego. Él mismo, siempre escribiendo en primera persona, es uno de los personajes del drama. Allí brota el texto, poemas breves y poemas largos, poesía amorosa y poesía política, acompañada de un exquisito catálogo de la flora y la fauna de esa región. Allí Göran se presenta de cuerpo entero y cara a cara con la Aldea Global. Con lo fragmentario, con las esquirlas de los siglos, el poeta renueva su discurso.

Y el amor, siempre vivo en el texto de Sonnevi, que homenajea la presencia de sus amigos vivos y muertos. Ese amor que Karl Marx señalara como el protagonista del comunismo (primitivo) es para Sonnevi la misma clave de la solidaridad humana.

Esta selección, que reúne algunos poemas OCEANEN/ DISPARATES, pretende acercar al lector español y latinoamericano a esta poesía hasta hoy desconocida por nuestras latitudes.

Si algo del espíritu poético de Sonnevi se refleja en estas versiones, la misión del traductor/intérprete, que no es otra que la de recuperar y transmitir en nuestra lengua lo que ha sido escrito en otra, esa misión estará cumplida. (R.M.)

Roberto Mascaró (Montevideo, Uruguay, 1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.