miércoles, 18 de septiembre de 2019

Demian Paredes: Canton lleno. Ensayos sobre la obra literaria de Darío Canton

















Entre los meses de marzo y abril del año 2017, al aparecer el último tomo, con dos volúmenes, con el que finalizaba el trabajo llamado De la misma llama (La yapa II) desarrollado a lo largo de cuatro décadas, Darío Canton tuvo un pequeño diálogo con Beatriz Sarlo y luego asistió a dos presentaciones –accesibles sus filmaciones en la página web del autor: www.daricanton.com–. Una fue en el Instituto Germani, y la otra en el Centro Cultural de la Cooperación. A esta última asistí, invitado como panelista. Dada mi relación de larga data con quien es ahora editor en El cuenco de plata, y luego de haber conversado con Canton propuse la iniciativa de reunir un conjunto de artículos sobre su obra, ahora que había llegado a su fin. Las personas a las que, en diálogo con Canton, decidimos convocar, habían sido ya señaladas por el mismo autor en el último de sus volúmenes, cuando ofreció una larga lista de quienes habían opinado sobre tomos anteriores (La yapa II, volumen 1, página 309). Se seleccionaron entre doce y quince de esas personas y a ellas se les envió un cuestionario proponiendo distintas posibilidades de abordaje. Las alternativas que se sugirieron en ese momento fueron:
Alternativa 1. Análisis de uno o más de los libros de poesía de Canton:
1964 – La saga del peronismo
1968 – Corrupción de la naranja
1969 – Poamorio
1972 – La mesa
1975 – Poemas familiares
1977 – Abecedario médico Canton
2017 – Fuero íntimo
Alternativa 2. La poesía de la revista Asemal (1975-1979)
Alternativa 3. La poesía desperdigada en los tomos de De la misma llama (2004-2017)
Alternativa 4. Visión de los conjuntos anteriores
Alternativa 5. Los “cuentos” de poemas
Alternativa 6. Opiniones del autor sobre la poesía en general
Alternativa 7. La obra De la misma llama y/o alguno de sus tomos

Tratamiento del tema
Cualquiera que sea la alternativa que se elija, se espera que el estudio sobre la obra del autor se conecte, relacione, inscriba, distinga, precise, dentro de uno o más de los siguientes ámbitos literarios: argentino, latinoamericano, de habla castellana, contemporáneo (de La saga del peronismo, 1964, hasta Fuero íntimo, 2017).[1]

Hubo respuestas favorables de todas esas personas. Luego, como suele suceder, con el paso del tiempo algunas tuvieron inconvenientes que las llevaron a bajarse del proyecto. Quedaron, finalmente, los escritores y escritoras que aparecen recogidos en este volumen. Algo digno de señalar, antes de entrar en el detalle de lo que a mi juicio cada uno de ellos y ellas aporta –algunos destaques, que no pretenden agotar la riqueza y variedad que posee cada trabajo–, es el hecho de que las ocho personas que participan son todos escritores/as con obra propia que se dividen, además, azarosamente, en dos grupos. Están quienes son periodistas culturales: Osvaldo Aguirre, Ezequiel Alemian, Elvio E. Gandolfo y Pablo Gianera, y, por otra parte, quienes pertenecen al mundo universitario-académico: Cristian Molina, de la Universidad Nacional de Rosario, Delfina Muschietti y Guadalupe Salomón de la Universidad de Buenos Aires, y Ana Porrúa, que pertenece a la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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Los dos primeros trabajos generalizan en torno a la poesía.
Osvaldo Aguirre centra su trabajo en la poética de Darío Canton, en su peculiar combinatoria, donde hay influencia, consejos y experiencias “externas” con Alberto Girri, especialmente, con Héctor A. Murena, e incluso con Victoria Ocampo (en una suerte de “psicoanálisis de la familia de la literatura” donde hay quienes cumplen un rol o representan figuras de “madre”, “padre”, “hermano”…), y al mismo tiempo la propia búsqueda voluntariosa y consciente de la necesidad (por su arte) de recorrer un camino propio, mediante el estudio, la autoeducación, y el constante y permanente trabajo poético (en las mejores condiciones que se puedan conseguir). Cómo los “usos del lenguaje” provienen, en el caso de Canton, de su familia y de la lectura del diccionario; cómo se entrecruzan las relaciones entre poesía y sociología; y posa su atención en el libro La mesa (1972),[2] que a un año de su publicación, tras una reseña de Josefina Ludmer, comenzará “un recorrido lento pero sostenido de lecturas que termina de cristalizar con Asemal, justamente la mesa al revés, donde Canton reúne a su comunidad organizada de lectores”.
Cristian Molina trabaja especialmente desde Poamorio (1969), buscando “no detenerse sólo en la potencia poética, en la energía meramente poética de la escritura de Canton, sino, además, interrogarse cómo esta abre posibilidades inespecíficas de lectura a partir de diversos umbrales con saberes de la física, filosóficos, psicoanalíticos y hasta sociológicos que involucra”. Aparecen nombres, Wallace Stevens, Hugo Gola, Joaquín Gianuzzi, entre otros; la temática sensual y sexual, polimorfa y fluida; y el enfoque, que bordea el tema científico –lo incursiona incluso–, destaca la energía poética de Canton como una intervención sobre la materialidad, lo que le da su potencia específica; “una energía que no cesa”, dice Molina, quien lee el paso del libro de poemas al “archivo autobiográfico”, pasando por el suplemento Asemal, como “un modo de trabajar y movilizar las potencias energéticas del poema en tanto escritura no clausurada ni en un género ni en un formato”.
En la siguiente sección, dos trabajos se ocupan de la “Summa autobiográfica” (Juan Andralis dixit), y un tercero, en particular, de un tomo.
Elvio Gandolfo leyó todos los tomos, y ahí radica la esencia de su trabajo: su memoria, sus impresiones y reflexiones se ponen en juego tras haber recorrido varios miles de páginas. El resultado: un texto tornasolado, dinámico, que exalta su humor como lector, su ingenio, y sus cambios de ánimo y perspectiva(s). Escribe Gandolfo sobre los efectos de “la magnitud” de toda la obra cantoniana –más de 5.000 páginas–, y en particular sobre De la misma llama: “Parte de la irradiación lograda tiene mucho que ver con la tozudez del propio Canton, instalado en departamentos de la ciudad de Buenos Aires con sus familias sucesivas y después en ‘oficinas’ que exhiben en las fotografías el carácter transitorio, un poco caótico, de verdaderos campamentos de un guerrero o caminante ya legendario (aunque en parte secreto) de la autobiografía y la microhistoria de la cultura argentina”. Y destaca la “voracidad investigadora y documentalista” del poeta, quien en La yapa –dos tomos, tres volúmenes– recorre las últimas décadas de historia y cultura argentinas, entre 1990 y 2017.
Guadalupe Salomón se adentró también en De la misma llama, y desarrolla, explica en su trabajo, las características que encuentra: “el rigor del registro cronológico impone un encadenamiento que no permite que temas como la enfermedad del hijo o la vida en dictadura, por ejemplo, se impongan sobre las pesquisas ‘menores’ o sobre los avatares del escritor en busca de editores y lectores. Los temas se hacen un lugar destacado por su recurrencia en la secuencia de la vida, por acumulación, nunca por un valor intrínseco, narrativo o vital”. Interpretando la saga autobiográfica como una “novela”, no encuentra en ella “cumbres dramáticas” ni un “narrador encargado estilísticamente de destacar elementos”. En Canton, Salomón destaca “básicamente dos horizontes procedimentales y éticos: la acumulación y el impudor”. Y más: “Su indagación y técnicas de búsqueda y ordenamiento de material, su producción de hipótesis, sus encuestas no distinguen jerárquicamente asunto o problema. La biografía de un niño ahogado en GEBA hace más de medio siglo, un corresponsal perdido de ASEMAL no merecen menos atención ni creatividad en los métodos de recolección de información que los padrones para refutar la hipótesis del maestro [Gino Germani]”.[3]
Por su parte, Pablo Gianera llama a Canton “arqueólogo de sí mismo”, y se refiere especialmente al “tomo verde” de la saga autobiográfica, Nue-Car-Bue (1928-1960), como una “episódica obra de arte visual”. Asocia y recupera trabajos previos de Nora Avaro y Sergio Chejfec sobre el poeta y su obra, y destaca la preeminencia de lo visual, tanto en quien compone como en quien lee (autor y lector), y cómo las imágenes, también, potencian lo escrito –y no sólo al revés, como cabría esperar/suponer–. Se analizan las dimensiones de tiempo y espacio en la materialidad del montaje en esta obra, y se afirma: “Canton no confía ni en la memoria ni en el sueño, pero en las reliquias que nos presenta –neutras y, sin embargo, cargadas de la melancolía de lo ido, de lo sido– habita la huella material de lo recordado: el tiempo no se ofrece como narración sino como objeto de mirada”. Para Gianera “De la misma llama, la serie entera, será siempre una pieza voyeurística, que demanda ser espiada más que vista, como si el espectador fuera el tercero excluido”. También la llama “obra abierta”, recordando a Umberto Eco, y menciona el carácter “inusitado” que esta posee, en donde Canton “dejó dicho todo lo que debía decirse”.
La siguiente sección trata de dos libros en particular.
Delfina Muschietti suma dos libros, La mesa y Abecedario médico Canton, y los analiza como “dupla poeti-lógica” desde la teoría (Tinianov, Bajtin, Derrida, Deleuze) y también desde la poesía (Vallejo, Girondo). Filia estos libros a una larga línea creativa –humor y fantasía, non-sense, la experimentación y el absurdo– que puede comenzar en Lewis Carroll y llegar al inclasificable Tarántula, libro de Bob Dylan, a la novela El mármol, de César Aira, y a La Table, de Francis Ponge, y puntualiza conexiones internas en La mesa: humor y verdad, ficción y realidad, lo erudito y lo familiar, la cita de Marx y la dedicatoria del libro (a su madre), y todo esto relacionado con gran parte de la obra de Canton. Y también, la relación entre delirio y sueño, y entre inconsciente y psicoanálisis (infancia, enmascaramiento/s, simulación), y hace, con los recursos del Abecedario..., una pormenorizada y refinada lectura, un sutil análisis de su humor, el despliegue de un “comparatismo” poético. Para Muschietti “el que firma como autor, uno de los poetas que podía ser encasillado como objetivista o con tendencias prosaicas, se vuelve en la escritura de estos dos libros un eximio barroco de la invención y el juego lingüístico en un espejismo laberíntico de simulaciones y mise en abyme poético”.
Ezequiel Alemian, en su “merodeo” en torno al Abecedario..., parte de afirmar que “La obra de Canton es una obra sobre la clasificación”, y suma y comenta otros trabajos, como los diccionarios de Flaubert y Bioy Casares (y otros proyectos humorísticos), y la “panlengua” de Xul Solar. Recupera la historia del nacimiento del “vademécum” de Canton y explica: “Asociación libre, lunfardo y tecnologías de laboratorio quedan así entrelazadas en una primera etapa de constitución de este libro, que rápidamente Canton decide [que] adoptará la forma de un diccionario, con ilustraciones para algunas de sus entradas”. Y, también, establece su relación con la autobiografía, donde es reproducido íntegramente en uno de los tomos: “Si en De la misma llama Canton se pregunta cómo se hace una vida, y en Asemal cómo se hace un poema, en el Abecedario... la pregunta es cómo se hace una palabra. No ya cómo hacer cosas con palabras, sino cómo hacer una palabra. El Abecedario... es un libro sobre el hacerse del texto en lo más molecular que este tiene, que son los términos. Un artefacto sobre la artefactualidad de los términos”.
Finalmente, Ana Porrúa toma “Corrupción de la naranja”, poema del libro homónimo publicado en 1968, y se propone releer, explorar, e incluso desmontar, versiones y análisis previos que se han hecho de la obra de Canton. Con un punto de partida que aprovecha las teorizaciones de Didi-Huberman en torno a la imagen (y los “cruces temporales” que concentra y suscita), Porrúa recupera el mote de “objetivista” que se le diera muchas veces a la poesía de Canton, y replantea –matiza, complejiza– el asunto: “Mirar la naranja, escribir su proceso de ‘corrupción’ nos situaría frente a la muerte; lo que se ve en ese proceso sería algo relacionado con la vida toda. Lo supuestamente objetivo, se subjetiviza”. También repasa lo dicho en varios valiosos trabajos y análisis de Julio Schvartzman, y recuerda que, entre las famosas odas de Neruda de la década de 1950 hubo una “Oda a la naranja”. Porrúa ubica la poesía de Canton como parte de la evolución de la poesía argentina de las décadas de 1950 y 1960: César Fernández Moreno, Juan Gelman, Paco Urondo, Roberto Santoro y Juana Bignozzi entre otros y otras. Y su proyección: como experiencia y experimento se puede relacionar con la “performance”, relacionada al “arte experimental de los 60 en general, y sobre todo, [al] arte experimental argentino que reunía el Di Tella y sus cruces con las teorías sobre el arte, los medios masivos y la sociedad, verificables en ciertos estudios de Oscar Massota o Eliseo Verón, en ciertos experimentos de Jacoby o Marta Minujín que ellos leían”.
Luego de estos ocho trabajos, se presenta un texto del propio Canton, “El primer medio siglo de La mesa”. Allí comenta la aparición original del libro, algunas de sus particularidades, fuentes e “inspiraciones”, y una característica que, en su momento, llamó la atención: el anonimato; la aparición del libro publicado en aquel entonces por la editorial Siglo XXI de Argentina sin firma ni mención de su autor en sitio alguno. Se recupera para ello, además, el fragmento de una carta al poeta mexicano Jaime Sabines sobre el tema.
El volumen se completa con una bibliografía básica de Darío Canton, y el sumario de quienes participan.

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Como se puede ver por el breve y rápido repaso hecho arriba de lo que vendrá a continuación, hay una riquísima y variada crítica en torno a Darío Canton, a su obra literaria inmensa y heteróclita. La multiplicidad de enfoques, el rigor teórico, la imaginación creativa que posee cada uno de los trabajos que aquí se publican permiten apreciar cómo se puede ir construyendo una vasta “red semiótica” en torno a una de las más originales obras en el campo de la poesía (rioplatense y latinoamericana)[4] y también la autobiografía. Se espera, así –“superando” de algún modo la “dispersión” previa en cuanto a la recepción crítica y periodística, que se fue dando a lo largo de varias décadas–, que la presente colección de ensayos contribuya a una mejor y mayor comprensión, conocimiento y difusión del autor y de su obra en los terrenos de la crítica y la academia, del periodismo y la cultura, y especialmente entre los lectores y lectoras. Que favorezca, promueva, incentive, el ingreso a la poesía de Darío Canton.
Ha explicado Paul Valéry: “el poema no muere por haber vivido, está hecho expresamente para renacer de sus cenizas y volver a ser infinitamente lo que acaba de ser”.[5] Darío Canton escribió: “Vos y yo / lector / encerrados en este pedazo / de papel / (en este soporte) / tu lectura haciendo / de cenizas brasas / leño que fui / la vida un río”.[6]
Con cada una de las incursiones (lecturas) que hagamos, encendiendo las brasas de la poesía, la obra de este autor –él mismo– renacerá en nosotros, vivirá con nosotros. Que así sea.


Ciudad de Buenos Aires, junio de 2019


[1] Fragmento del e-mail enviado en 2017.
[2] El libro, cumpliendo medio siglo de vida desde que terminara de ser escrito (1969), ahora fue reeditado: Darío Canton, La mesa, Buenos Aires, Zindo & Gafuri, 2019.
[3] En referencia al libro Una hipótesis rechazada. El rol de los migrantes internos según Gino Germani en los orígenes del peronismo (Buenos Aires, Hernández, 2013), de Darío Canton y Luis Acosta.
[4] Véase Alvaro Miranda, Conversaciones / versaciones con (Jorge Luis Borges, Darío Canton, Roberto Cossa, José Donoso, Eduardo Gudiño Kieffer, Roberto Juarroz), Montevideo, Ediciones del Mirador, 2001. Allí Miranda destaca de Canton “su humor irónico, su tono paródico, su síntesis y su sintaxis, los virajes sorprendentes del pensamiento, su ludismo que no desdeña la hondura”. Todo eso brinda, “en suma, un aporte singular a la poesía hispanoamericana” (p. 53).
[5] Paul Valéry, “Poesía y pensamiento abstracto”, en De Poe a Mallarmé. Ensayos de poética y estética, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2010, p. 248.
[6] Darío Canton, poema sin título, publicado en la sección “Vida cotidiana” de Asemal nº 15 (1977), reproducido en La historia de Asemal y sus lectores (Buenos Aires, Mondadori, 2000), y publicado nuevamente (con un verso extra) para el cierre de De la misma llama, tomo VIII, La yapa II, vol. II (Buenos Aires, Hernández, 2017), p. 939.