martes, 7 de julio de 2020

Fabián Domínguez: La mosca de Virgilio –Jorge Rivelli-




Jorge Rivelli (1954-2020) Tinta Horacio Spinetto




Jorge Rivelli, el escritor que vive en estado de poesía, violó la cuarentena, escupió en la cara al Covid 19, salió del hospital, se subió a su bicicleta y se fue pedaleando por una calle que termina en bar. La huesuda lo buscó el domingo 14 de junio, un día después del Día del Escritor. Ahora sé que si el teléfono de casa suena a la medianoche, no será él.
Lo conocí hace dos décadas, cuando él vivía en Del Viso y, junto con Alejandra Mendé, su pareja, pedaleaban por Lisandro de la Torre llevando casa por casa las dos revistas que editaban: La Juntaluz, sobre cultura local, y Omero poesía, sobre los poetas de aquí, allá y todas partes. Nunca pasó por Puán. Su poesía estaba entre Borges y los bomberos voluntarios de La Boca, entre Mozart y Pity Álvarez, entre Picasso y el pintor de paredes de Manuel Alberti. En 1954, pisó Vicente López por primera vez y se dedicó a vivir cuatro décadas, hasta que descubrió la poesía. Militó en el PC algún tiempo y no enloqueció ni con Marx, ni con Lenin, sino con Maiakovsky y los poetas soviéticos, no solo leyendo sino también escribiendo. Cuando ya tenía más de cuarenta años, varios hijos y se había bebido la vida, publicó sus primeros poemas. La década menemista lo provocó y sus textos tenían ritmo de videoclip, sintetizándolo en 2004 en Matambre, tal vez su Álbum Blanco. Pero también dejó Baila Baco baila, Manhattan Gandhi, Barfly, Venus viagra & violetas y su poemario de largo aliento donde visita el infierno y a Dante: Madrigal del diablo. Bukowsky, Waits, Ferlinghetti, Ginsberg fueron sus primos lejanos, y acá César Fernández Moreno fue la voz de su generación. Si, Rivelli era un hippie viejo.
–Además de escribir, ¿de qué trabajas? –fue mi pregunta idiota, pequeñoburguesa, el día que lo conocí.
–El capitalismo siempre te reclama un trabajo como para justificar tu presencia en el sistema –se mató de risa, mientras besaba una copa con uvas fermentadas.
Cuando fue a la Feria del Libro de Junín, un grupo de chicos compraron sus libros, y al tiempo se enteró con alegría que a sus poesías le pusieron música de murga. En la Feria del Libro de Buenos Aires, a cargo de un stand, llegó a vender más de cien libros propios, convenciendo a los compradores dudosos.
–Este libro molestó a muchos políticos, y su autor murió de tristeza. ¿Recuerda la gran quema de libros en la plaza de Anillaco? –mentía convencido, mientras la mujer se conmovía y abría su cartera.
Cuando cerró la revista Omero, abrió el blog cainabella, y los días pares de la semana, a las 10 de la mañana, subía un poema y una escueta biografía del autor, sin repetir ninguno de los dos, superando mil poetas. El tipo se fue, quedaron una decena de libros, y otros por venir, por lo menos tres libros más, entre ellos La metáfora o una ficción en la ciudad de los pájaros, escrita a dos manos con Alejandra Mendé en homenaje a Del Viso. En ese pueblo lo vieron entrar a un bar, pedir un vino, leer un poema en voz alta, recitar un segundo parado en la silla, y después el tercero, arriba de la mesa y a viva voz, con el aplauso de los parroquianos y el vino derramándose entre los labios.
¡Salud, compañero! Recién te fuiste y ya te extrañamos…

El apogeo, periódico : Derqui, Del Viso, Morón y Pilar, 16 de junio, 2020.



Fabián Domínguez Historiador, ensayista, docente y periodista.

Mariano Rolando Andrade: Rivelli en Ajaccio

Jorge Rivelli (1954-2020) Tinta Horacio Spinetto



Lo veo a Jorge Rivelli en un vagón del subte de la línea B en la estación Alem. Lo veo en la puerta de Tano Cabrón la noche de la presentación de El madrigal del diablo. Entre los dos imágenes, no más de dos años. No éramos amigos, llegué tarde en su vida y lo conocí demasiado poco. Además me volví a ir de Buenos Aires. Aún así, ese poco me bastó. El domingo acababa de llegar a Ajaccio, Córcega, cuando me enteré de su muerte. No sé si decir que me sorprendió el dolor, pero sí, así fue de intenso. Volví al lugar donde me hospedaba y me senté a escribir. Surgieron unos versos que no bastan pero que brotaron genuinamente de algún lugar que intuyo profundo.

En el ocaso ignorado de Ajaccio
muere el poeta Jorge Rivelli.
En la calle desierta y apestada del viejo Ajaccio
este domingo de junio
muere de muerte incierta el poeta Jorge Rivelli.
Nadie lo reconoce
en la plateada explanada junto al puerto.
Nadie pronuncia su nombre
en la burguesa plaza del Mariscal Foch.
Pero no por ello
es menos poeta el poeta Jorge Rivelli
ni es menor muerte su muerte.
Acaba de morir antes de la noche,
cuando las gaviotas gigantes
rapiñan voraces bolsas de basura.
Cuando el chico sentado en el umbral 
alarga el cigarrillo por puro tedio.
Cuando los barcos se mecen solos
y los capitanes en casa piensan en el mar.
Es en este momento que el poeta Jorge Rivelli
viene a morir a Ajaccio, a mi lado.

Ajaccio, 14 de junio de 2020.
Mariano Rolando Andrade Poeta y traductor.




Santiago Espel: Recuerdo de Jorge Rivelli


Jorge Rivelli (1954-2020) Tinta Horacio Spinetto






Siempre hay algo que es lo primero que se extraña. En el caso de Rivelli, de Jorge, es la voz, sin duda. Porque quien le entendía la voz, lo sabía, lo llegaba. Y el que no, no. Voy a decirlo aunque sea una redundancia, porque el recuerdo está hecho de fragmentos, de redundancias, de repeticiones, de imágenes que empiezan a modificarse, a ser inopinadamente otra cosa, distinta materia, sustancia. Tiempo. Hay que decirlo: la voz de Rivelli era el relieve de su poesía, la misma cosa. Sus movimientos ampulosos y en extremo vitales, eran su letra dibujada con la cross sobre libretas que apretaban el verso en prolija y obsesiva imprenta. Sobre las hojas el sello violeta y circular del ángel y del diablo rector. El membrete clandestino del bar. Rivelli era un grandísimo lector, cosa no muy sabida, o mencionada. Su poesía, que era como una gacela fusilada sobre terciopelo, tenía una reverberancia de sólida cultura, de lectura muy amplia. Su iceberg, que fue el grito, el aullido, deja ver hoy el monumento sumergido, el cuerpo de los abrevaderos prolijos de su pulcra biblioteca. Como pocos poetas, vivió y murió como un poeta. Fue una llaga en vida: la llama de su amado Dante. Llenó los casilleros con proyectos, acróbata, jugador al fin. Hizo de la amistad un patrimonio, una ceremonia íntima, una fiesta de kermese sin horario de cierre ni de apertura. Tuve el privilegio de ser su amigo, de compartir proyectos y charlas interminables. Vimos la niebla juntos y pudimos reírnos. Hasta el final, seguimos hablando de poesía, metidos con pasión en la cosa. Tenía un nuevo libro en la cabeza y me lo contaba. Lo acompañó de manera ejemplar la familia, sus amigos, su mujer, Alejandra, como se acompaña a alguien único. Lo primero que se extraña es la voz, que decía su poesía, no por boca de los dioses, sino por boca del poeta.
Santiago Espel Poeta, traductor y editor.
Santiago Espel-Jorge Rivelli

Gerardo Gambolini: Jorge Rivelli, Dylan Thomas





Jorge Rivelli (1954-2020) Tinta Horacio Spinetto




Mi recuerdo es en parte nebuloso, pero sólo en la precisión de algunos detalles menores. Por lo demás, el grueso de lo que aquí relato es, como solía decir un entrañable editor, rigurosamemte cierto.
Conocí a Jorge Rivelli y a Esteban Moore en 2003, en ocasión del XI Festival Internacional de Poesía de Rosario, al que yo había ido en calidad de simple invitado. Esteban Moore fue con el poeta estadounidense Craig Czury, de quien era traductor, y con ellos estaba Rivelli.
Como es sabido, lo mejor que acostumbran tener los festivales es lo que rodea o puede rodear en términos gastronómico-sociales al festival propiamente dicho. El festival en cuestión se extendía por tres días, y la organización había dispuesto el alojamiento en diversos hoteles para todos los invitados. Aquí mi primera brecha en la memoria, que salta directamente a la imagen de estar compartiendo almuerzos, cenas y tragos con Moore, Czury y Rivelli, en grata camaradería. De qué modo entablamos contacto, no lo recuerdo bien. O quizás sí.
Las raíces familiares de Moore y el interés común en la poesía irlandesa debieron favorecer el diálogo y la afinidad, seguramente. Por su parte, la simpatía y la calidez de Czury, que sedujeron a todos los asistentes el día de su lectura, eran tan grandes como su tamaño corporal.
En cuanto a Jorge, todo el que lo haya conocido coincidirá en que la primera impresión producida por Rivelli podía ser, por decirlo de algún modo, desconcertante. La exorbitancia de su discurso es sabida, sin duda, como es sabida también la generosa naturalidad –­o la natural generosidad– con que iniciaba una amistad, como si en realidad estuviera continuando algo ya preexistente o determinado. En mi caso, la respuesta afectiva que generó su actitud fue instantánea. Desde aquel año hasta el presente, aún sin tener un trato asiduo en los hechos, mantuvimos contacto de manera regular. Y debo decir que casi siempre a instancias de él. Difícilmente pasara mucho más de un mes sin que llamase por teléfono para saber de mí, y para charlar de libros, autores, ideas, etc., sin olvidar, claro está, el necesario y reconfortante chusmerío de ambos lados de la línea.
En lo personal, mi cultura alcohólica es menos que pobre. Y mi resistencia a la bebida se mide en goteros. Evidentemente, no era el caso de Moore, Czury y Rivelli. Fue entonces que ocurrió. Creo que era en la mañana del segundo día del festival, cuando estábamos en el bar pegado al Centro Bernardino Rivadavia. Sobre qué era la charla, imposible decirlo. Pero sí recuerdo que un par de ojos se iban enturbiando de a poco, y que un habla se hacía gradualmente más pastosa. Entonces, en un momento, vimos a Jorge absoluta, profundamente dormido con la cabeza sobre la mesa. En este punto, Esteban sostiene que Jorge quiso remedar a Dylan Thomas, no sé si expresamente o no, sustituyendo 18 whiskies por ginebra. Tampoco sé si fueron dieciocho. Pues bien, el punto era, ¿y ahora qué hacemos?
La solución, con dos finales no necesariamente incompatibles, vino de la mano de Craig Czury. Dicho esto de modo casi literal: de las dos manos, habría que decir, y del hombro derecho. Mencioné que Czury era corpulento. También era forzudo. Sin el menor prurito, se levantó de su silla, se cargó a Rivelli al hombro y lo llevó así una media cuadra, en pleno día, caminando tranquilamente hasta una parada de taxis. Rosario es populosa, y no faltaba gente para mirar la escena. Aquí viene la discrepancia respecto del final. Según Esteban, lo subió a un taxi y lo llevó hasta el hotel (que estaba a unas cuatro cuadras), donde lo dejó desplomado en su habitación. Yo creo que no fue así. Porque tengo la imagen de haberlo seguido una o dos cuadras, así que debió hacer seguramente el trayecto entero.
Hacia el atardecer lo vimos aparecer. Jorge Rivelli. Sólo preguntó qué había pasado, que no era de noche y se despertó en la cama.
La amistad quedó sellada.

Gerardo Gambolini Poeta y traductor.

domingo, 5 de julio de 2020

Claudio Portiglia: Jorge Rivelli




 
Jorge Rivelli (1954-2020) Tinta Horacio Spinetto



Se murió Jorge Rivelli. Y nada de lo que se diga o se escriba en este domingo frío de una cuarentena interminable importa demasiado. Se murió Jorge. Uno de los grandes poetas de nuestra generación, un tipo encantador y un personaje extraordinario. Todas las palabras le quedan chicas. Duele hondo en el medio del pecho y dan ganas de putear.
No fuimos amigos en el estricto sentido del término. Nos veíamos cada tanto, cuando algún evento nos convocaba. Pero gozamos de un respeto, un aprecio y un cariño mutuos. Era difícil no quererlo a Jorge y él era generoso a la hora de querer.
Leo con alguna regularidad su último libro, "Madrigal del Diablo", que me regaló la última vez que lo vi, en el Encuentro de San Nicolás de los Arroyos que organiza Piero de Vicari. Comenté por Facebook ese libro que me fascinó. Acababa de salir y, si no recuerdo mal, todavía no lo había presentado. No voy a reproducir ninguno de los textos porque son largos, porque tienen una gráfica difícil y porque ya lo hizo, participándome, la querida Leonor Mauvecin. Pero tengo delante de mí el poema que comienza en la página 17 "el barco del amor se estrelló contra la vida cotidiana". Y tiemblo. "..................una moneda en el aire...una vela despeinada...una flor...un reino...una luna con las piernas abiertas........................"
La foto que acompaño es una selfie que él mismo sacó en uno de los breaks. Me contó, mientras caminábamos durante un rato libre, que había estado muy enfermo, al borde de la muerte. Y que desde entonces se cuidaba. Mucho no se cuidó si vamos a ser sinceros. Vino, cerveza o tequila venían igual de bien. Y se lo veía espléndido, sin rastros que pudieran advertirse de enfermedad alguna y con esa vitalidad y esa fuerza que conformaron su identidad. Cuando leyó, levantó al auditorio. Cuando fue espectador filmó y fotografió a todos los amigos.
Entre mis mejores y más agradecidos recuerdos menciono dos:
Uno, cuando pasó por el Encuentro de Poetas de Junín que convocaba el 'Movimiento Poesía'. Tuvo una lectura memorable en 'La Fábrica', lugar que le caía a medida, donde exhibió toda la potencia de su voz, todo su histrionismo, al servicio de una poesía de hondo contenido humano. Al día siguiente perdió el tren, a pesar de que la estación estaba enfrente del hotel donde se hospedaba.
El otro, cuando me convocó para participar de su prestigioso blog, 'Caína bella', generosidad que me distingue y agradezco.
Nos habíamos conocido en tiempos anteriores. El dirigía 'Omero'; nosotros, con Liggera, hacíamos 'Horizonte de Cultura'; e intercambiábamos ediciones.
Termino estas líneas y me cuesta entender que Jorge esté muerto. Queda flotando el abrazo que no recibirá.
Te estamos extrañando, compañero.

Claudio Portiglia Poeta, docente, gestor cultural.
Jorge Rivelli, Claudio Portiglia

Reynaldo Sietecase: Jorge Rivelli (Poeta en disenso)



Jorge Rivelli (1954-2020) Tinta Horacio Spinetto


Un poeta es un ser en disenso. Así andaba Jorge Rivelli por la vida. Indómito y sonriente. Difundiendo poesía, no su poesía. Y así se marchó. Sin pedir clemencia para sus maneras salvajes. Danzando con Baco. Enamorado de su amor de siempre. Amigo de sus amigos. Atento a sus compañeros de aventuras. Así se marcha. Burlándose de la formalidad. Hecho un matambre de espíritu y palabras. Mezcla de Lennon y Trosky,  con sus mismos lentes e idéntica honestidad. Nos quedaron botellas y conversaciones por terminar. Tal vez en otro lugar, donde el tiempo no se mida por el reloj de los oficinistas. Un infierno amable como un bar en una esquina. Hasta entonces. 

Reynaldo Sietecase Poeta, narrador, periodista.

Esteban Moore, Jorge Rivelli, Reynaldo Sietecase. Presentación Las calles terminan en los bares(2004)

Eduardo D’Anna: RECUERDOS DE JORGE RIVELLI


Jorge Rivelli, tinta Horacio Spinetto




Conocí a Jorge en el Festival de Poesía de Rosario. Ahí, en aquellos tiempos, había siempre un clima de joda connatural, y su presencia en los grupos que nos íbamos a chupar algo a Pasaporte después de las lecturas no me sorprendió. Lo que sí me sorprendió es que la primera noche, cuando emprendíamos el regreso a nuestras casas y hoteles, había desaparecido. Y me sorprendió mucho más cuando, camino al hotel donde él se hospedaba, nos lo encontráramos sentado en un umbral, un poco enajenado por la bebida, un poco también esperándonos.
Jorge amaba una bohemia desmedida, bien distinta a la controlada onda dicharachera de otros poetas, medidos en su conducta y en su imaginación. Él concebía el acto creador a lo Rimbaud, como desorden de los sentidos, y no macaneaba. Necesitaba rearmar el mundo a su alrededor, sobre bases distintas a la mera conveniencia de las circunstancias que casi todo el mundo toma por lógicas.
Yo ya conocía la revista que dirigía, de desafiante título (“Omero”, sin hache), porque un día Javier Adúriz apareció en mi casa, junto a Carlos Pereiro, a hacerme una nota para ella, y a comerse las milanesas que preparó mi mujer para la ocasión. Cuando apareció ese reportaje, me la mandaron.
La revista y él. Me daban la impresión de haber salido del mismo corazón de mi adolescencia, con la misma pasión irresponsable que sirve de abono a la belleza. Ya harto de tanto intelectual razonable, me devolvían la confianza en las cosas que no se compran: la amistad, la crítica sincera, los proyectos absurdos con los que, sin embargo, había que animarse a soñar. Y eso que esos razonables fueron ocupando los lugares del poder, llenándolos con sus transgresiones rigurosamente calculadas para conseguir becas y prebendas.
Como antídoto contra ellos, también, Jorge me llamaba a casa, intentando tener largas conversaciones telefónicas que yo, alérgico a ellas, pretendía acotar. A mí me gustaba más ir a verlo personalmente a Buenos Aires, salir a tomar algo con él, con Alejandra y con mi mujer, y dejarme empapar por la porteña atmósfera que ellos generaban, que parecía salida de otra Buenos Aires, una anterior, sin autopistas y llena de poetas.
Y hubiera ido a verlo, si la pandemia de mierda no me lo hubiera impedido. Seguíamos su enfermedad por las noticias que nos daba Alejandra. Suponíamos que todo iba terminar bien, y así lo pensé una vez más cuando lo llamé, unos tres días antes de su partida. Sé que se alegró. Prometimos vernos en cuanto pasara la peste, acá en Rosario, donde siempre me prometía venir, pero donde nunca llegó a volver.
Hoy están, por supuesto, sus libros. Que irán más allá de nosotros, los que compartimos sus ideas y su pasión. Para enseñarle a la gente que la poesía no es para la cómoda lectura en una playa donde uno no puede ahogarse, sino para el azaroso deambular de un tipo que vuelve del boliche, y se instala a esperar a sus amigos en el umbral de la casa de una ciudad desconocida.


Eduardo D’Anna (poeta, narrador, ensayista, traductor y docente.
Jorge Rivelli, Eduardo D'Anna


domingo, 28 de junio de 2020

Osvaldo Ballina: Selección poética




Osvaldo Ballina 


















JOSÉ HERNÁNDEZ
“En esta tierra sin coherencia 
solo espero no ser juzgado por mis contradicciones.
Quien ame esta tierra
en  la que debemos día a día
inventar  nuestra propia realidad
sentirá laberintos en el corazón voluntarioso
para estar y ser y explicarse
ya que todo se contradice por ley natural.
Es como si la niebla
situara su reino de vastedad
y esparciera sus venenos
para condenarnos a la inacción,
para sospecharnos los unos a los otros.
Como cada argentino he sido mil hombres.
Todos tenemos infinitos rostros
para ser solo uno a la hora de la muerte
Todo es inexorablemente  relativo
y no hay tiempo ni piedad para el error.
Pero en algo somos únicos:
nunca nos descorazonamos demasiado
como para no volver a creer y seguir creyendo
ante la más mínima e incierta luz que llegue a alcanzarnos.
He sido siempre alguien:
militar, político, periodista, legislador, patriota.
Sin embargo, tengo mis dudas
que alguno de estos rostros baste
para dejar en claro algo de lo que he sido.
Es ley de esta tierra. Y a ella me someto con amor.
Pero en este país de cosas efímeras y discutibles
dejo tras de mí una única victoria
que tendrán que negarla con otra victoria,
si así fuera voluntad.
Deberán traer algo perdurable en las manos,
algo que permita herir de muerte a las tinieblas
para sentar entonces principios de fundación.
Y para esto, no bastarán  las anécdotas.
Quien he sido,
despojado al fin de hechos subalternos
comunes a mis contemporáneos y a los que vendrán,
escrito está. El poema hablará por mí.”

FRANZ KAFKA
“Con un poco de amor, todo hubiera sido más fácil.
Mi vida hubiera transcurrido con luz exterior
y se me hubiera visto con cierta luminosidad en el corazón,
hubiera podido , por ejemplo, dejarme suceder,
después de un dolor inevitable, en los ojos de un hijo,
en la boca de alguien que me quisiera empecinadamente cerca o
-por qué no- en un simple día de sol;
Y el verano no hubiera sido  una dura imposición, una inevitable
humillación en este mundo difícil habitado por gente pequeña.
Tal vez no hubiera tartamudeado
al decir padre, cuerpo, mujer, alegría
y hubiera creado un transitorio refugio entre las ruinas desesperadas
de mis contemporáneos y los contemporáneos por venir.
Y escribir, ese grito inútil y ahogado, no hubiera sido conspiración
un pozo en el alma que estrangulaba minuto a minuto mi poca voluntad
por encontrar un lugar que me aceptara para ordenar
las cosas que alguna vez me persiguieron como lobos.
Mi delito fue haber sospechado la ternura,
creer que era deber del corazón para los otros
y que un hombre podía disponer de sí mismo
en armonía con el mundo en comunión con los demás.
¿De qué sirvió? Me transformé en un condenado,
nada ayudó a excomulgar este sentimiento de culpa,
mi grave y honesta inutilidad para acercarme a lo que amé;
y cada vez  estoy más seguro que un solo gesto
una sola expresión de desnuda ternura hubiera cambiado todo
aunque mis fuerzas fueran insuficientes, tan diferente a mamá.
Todo se volvió inconmensurable y frágil.
El resto, como la fiebre pulmonar, era de prever, llenar páginas y páginas,
hundirme en la oscurísima luz de una palabra,
el fraternal entusiasmo de Max por mis cosas
y la tranquilidad de saber que todo quedaría entre nosotros dos
para siempre, ignorado, inconcluso, resuelto en amistad.
Pero en mi corazón sé que todo fue una larga expiación,
una oscura victoria sobre las celdas finales y crueles de cada día
las infinitas máscaras que me cubrieron  como un único traje durante
cuarenta años. Quizá simplifique todo ahora.
Quizá, sí. Quizá no. Nada altera la miseria humana
y mucho menos un relato, un poema o la confesión de hombre aterrado.
¿A quién importa? Moriremos como perro, me acusé un día
y quizá  no sea cierto. Pero todo, felizmente
ha terminado, irreparable, ridículamente trágico.
A riesgo de repetirme, de algo creo estar ahora seguro:
con un poco de amor, todo hubiera sido más fácil.
Quiero creerlo así”


CORTE DE LUZ
Al atardecer, fue el corte de luz.
Las horas pasaron sin más noticias
que las que uno tiene para consigo.
Sin velas, por imprevisión, caminé
por los cuartos a tientas
como hasta ahora en otra luz.
El ojo de la mente recorrió
asuntos difíciles para el corazón.
Fue un largo momento del alma.
También es esto la vida: beber
lo oscuro, pesar las cosas en sombras,
la negra respiración universal,
el aire compulsivo del olvido.


ÚLTIMOS DIÁLOGOS EN LA BUHARDILLA
  
Cuando papá enfermó eligió  la buhardilla.
Pocas las cosas a su alrededor: la vieja  foto de Einstein
los libros de medicina, la cama, un anotador
y la intrusa luz del otoño en la ventana

Subí a la buhardilla y bajé a la infancia.
Había ya ausencias que se volvían presencias.
Nos miramos fijo después de mucho tiempo difícil.
Pidió limones de mi casa para quitar el sabor
que los rayos de cobalto le dejaban la boca.

A nuestro modo, como siempre, pudimos entendernos.
Él escupía la muerte bajo protesta.
Yo le mostré cómo era mi cara con lágrimas.
Después, discurriendo sobre el futuro que nos unía y separaba
comenzamos en paz
los últimos diálogos en la buhardilla.


OTRA VIDA

La vida es real sólo en ciudades que sueñan.


EL FUEGO

El fuego: un chico: la madrugada. Un  hombre que parece sostener en el brazo derecho a los tres, además de sus propias preguntas. Apantalla el carbón y manojos de chispas vuelan en el silencio de la cocina. Lo sagrado se materializa en los ojos del chico. Esas mismas chispas siguen  vivas en esos ojos que después de mucho mundo y tantos mitos y tanta historia, nada encontró más seguro que ubicarse siempre en el centro de sus días, para no confundirse en nombrar las cosas cuando el desprecio abre sus brechas en el cansancio humano. El fuego.


EL VIAJE

rompí el hielo con el hacha
hasta dar con el agua.
hundí la cabeza en el pozo
y abrí bien los ojos.
tampoco allí estaba
el buen dios.
solo lo eterno y la espera.


CONJUROS

Lo exterior exuda estupidez. En ascensión, por invisible, transmuta: es mundo que aguaescribe, me verdescribe, me olvidaescribe, de boca en muerte, de muerte en sol y,sin rozar la nada, abdica en vos.
                                                    
La desesperación ,  sin escándalo, se desprende hacia dentro. Pesa el cuerpo, ahora disforme de imagen. No es un dolor fatuo. Más bien, el vacío necesario para unir el mundo al habla. Más largo, siempre más largo, el buen día que ganas al acecho de un apocalipsis personal..
                                                     
La masa de hielo, como una infancia, navega en el sueño. Se desplaza bajo un aire quieto de
silencio  natal. El sol mira al que duerme en los ojos. Delira desolada la agonía humana

Hiberna la serpiente y suelta imágenes: gritos congelados, estalactitas en la conciencia. Las cosas crecen en la sinrazón. El paisaje es mental, como todos los paisajes, y el aire lleva violencia de parición. La piedra habla, marca la distancia y el sentido. ¿Purga de lo externo? ¿Doble  cara del yo?                                                      

Dice: Las velas están henchidas y vibra el cordaje. Llevo corales y miel a la ciudad de los muertos. No hay mar alrededor. Solo destino. Saldré vivo de este mundo.


NI EL GUARDIÁN DE MI HERMANO NI EL HIJO PRÓDIGO

ni el guardián de mi hermano ni el hijo pródigo
donde no hay puertas ni ventanas
ni norte ni sur ni este ni oeste
cada paso arranca la vida
donde cesó la vida
lavo mis vísceras con el habla a tientas
casi luz y otro


BAILA, EN LA HORA SECA, A ESPALDAS DEL ABISMO

baila, en la hora seca, a espaldas del abismo,
ante la luz embrutecida, solo,
y salva la razón

el agua esparce ojos y manos, sube,
habla despierta a cielo suelo

el agua que trae más agua
arrastra lo una vez humano


LA HIENA

me cebo de transparencia
un lastre para los míos
confieso, con estupor voluntario,
tan fuerte es la vida
que hasta la mugre humana
canta y es regocijo


EL FALSO CIEGO

viene hacia mi un cielo bajo de mezquindad
el tiempo se vació y pocos cosas iluminadas
intenta un  paisaje en la pupila abstracta
solo por ceguera tuve luz


LO ETERNO

a tiempo deriva el silencio
polen que cae fuera de control


BRUJERÍAS

quién si no, a tu lado,
plegó  lo real imagen  tras imagen
descreyó de la boca de la mentira
extirpó la carne al sueño
abrió los ojos a lo no terreno}
sí, semen de un diablo o un dios
ella, la inexorable forma.


EN LA NOCHE ARCA DE DELIRIOS

en la noche arca de delirios
goce y dolor, candor y malicia
la música se enrosca en las almerías
alrededor del libro sagrado
cuatro vueltas dan los amantes
día de oblación a los perros negros
nadie duda todos veneran
credo talismán de alma enmudecida
¿olvido de lo real, despojo de la mente?
una paz tangible, una matriz de mundo
sin halago al  dolor
que basta al encaminado


DESDE LA  CAVIDAD DEL DÍA

desde la cavidad del día
la suma solar
el primer signo donado
por la hierbapiel nacida
la efímera saciedad
de reverencia a oros pálidos


BUITRES DE PICO PUÑAL, CORAZÓN EUNUCO

buitres de pico puñal, corazón  eunuco
miserias de dioses visibles
néctar convulso, silencio del indigno
ni lágrimas por el muerto
ni lágrimas por el vivo


PAN DE INVIERNO

el pan de invierno es un ángel aparecido
que espanta el pánico
ciencia de lo natural absoluto
que  da dicha
a los sonámbulos sensato
y a los plácidos locos
untados todos de tinieblas


EL OTRO SOL

¿sabe que aquí comen los dioses al atardecer?

no había flores con nombres inusuales,
no volaba ningún pájaro de colores deslumbrantes
solo el verde sudaba  verano

cuando quise hablar, un destello tapó mi boca
y fue sol en el otro el otro sol


LA BÚSQUEDA

vicio redentor, ávido pero grave,
confió mi suerte humana a la luz que cierra los párpados

¿para desbrozar sujeción
 terrestre fue necesario
tanto arte de palabra? pregunta la sibila

tu pregunta llega muy tarde
a este alboroto, a este hervidero de criaturas

que buscan  padre y madre
en la médula de sus huesos

De “Refugio de altura”, 2014


EL  PERDIÓ SU LENGUA

eL que perdió su lengua dejó atrás
el sabor de cosas aun las más condenatorios
pero su silencio lo ponía a salvo de hacedores frases
ninguna religión le imponía su yugo
la indiferencia le daba un futuro que no quería
era su don  la iluminación interna
don sin afecciones subalternas


DESTINOS DUALES

madre de reptiles y mangostas
atisbas y cuentas tus víctimas
ahondas la desobediencia de tu caudal
y calma tu ansiedad
la conciencia del cazador
es tu fallida nota en la humedad
de tus ojos que se extinguen sin virtud
no hay dos ecos iguales, lo sabes,
tu vientre cristaliza la disolución
de la madera de toda cruz
y paz


UNO EN UNO

él que es él y él que no es él han cruzado sus caminos
uniendo identidades y cuerpos
sienten que no hay derivas
ni paraderos borrascosos ni angustias solitarias
es como si los lobos hambrientos hubieran desaparecido
los de adentro, no los de afuera
son la misma ola que lleva un dios la cresta
sin el habla bastarda de sórdidos oficios


REPOSO DEL MARGINAL

animal hermano a mis pies sin nostalgias de  selva
hecha de paz esta nada
un tumulto en los oídos mañana
con usurpación de cielo
después de la noche haré oir mi voz
esta espera de un nuevo nacimiento
sin alientos extraños
savia de mujer


HAY OTROS MUNDOS SE DICE

la  tierra compensa  alegrías a su debido tiempo
¿somos capaces de la paciencia necesaria?
¿recurrir a algún antepasado?
¿confiar en descendientes?
él nosotros vivió vivimos veranos de intensas nevadas
lo real es la mente el resto es espejismo
hay otros mundos, se dice, con otras sensaciones
y no hay una última muerte
somos lo que soñamos
dijo el que era él y el que no era él
    

EL ABANDONO

bajo naranja sol testigo
lo humano dejó su casa se hizo al desierto
huyeron ojos y memoria
solo las víboras permanecieron
y crearon el código de
un reino y una nueva era


CELAN

cuando celan decidió
tirarse al sena desde un puente
no midió las consecuencias hacia el futuro
como inexistente carta de despedida

nos advirtió la presencia de monstruos en la tierra
su lengua no enmudeció dejando impotente al prójimo
siempre que éste no acepte esa condición

por palabra y vida en un estilo muy personal
                                       
                                                              Para Abel  Robino, artista.


EL CUERPO ESTA DORMIDO COMO LAS HOJAS

el  cuerpo está  dormido como las hojas
la madera deja pasar ilusiones y tragedias
el mundo está lleno de palabras marchitas
los frutos del huerto miran la noche
felices de todo olvido como esa
estrella que cae a la nada de alguien o de todo ¿será la contemplación de la esencia de las cosas
la verdadera paz?


EL SANO FUEGO

flaco de vaticinios
ahogado de sol
con la desobediencia intacta
dicha acumulada
a expensas de la soledad
y los yuyos bárbaros
el sano fuego
de la saludable penitencia
lejos del carnero ilustre
ciencia que a nadie mancille
solo un pie eremita que aplasta la náusea
de no saber
qué  es verdad
qué es realidad´´





Osvaldo Ballina (La Plata, Buenos Aires, 1942)  Poeta y traductor. Autor de una vasta obra ha publicado: El día mayor, 1971; Esta única esperanza contra todo, 1973; Es temprano, 1973; Aún tengo la vida, 1975; En tierra de uno, 1977; Caminante en Italia, 1979; Diario veneciano, 1982; Ceremonia  diurna, 1984; La poesía no es necesaria, 1986; La vida, la más bella, 1988; Sol que ocupa el corazón, 1991;Sondas, 1992; Estamos vivos y vamos a vivir (Antología), 1993; Final del estante, 1994; Verano del incurable, 1996; Confines, 1998; El viaje, 2000; Apuntes del natural, 2001; El caos luminoso, 2002; Conjuros, 2003; Oráculo para dones fatuos, 2006;El pajar en la aguja, 2007; Prodigios residuales, 2009; Lejos de la costa, 2010; Profanaciones ínfimas, 2011; Memoria de la India, 2012; Refugio de altura, 2014; Oficio de extraño, 2015; La mirada/Identidades, 2016.

Su obra ha recibido diversas distinciones, entre ellas: Faja de Honor de la SADE (1976) a nivel nacional. Premio Consagración de la Legislatura de la Pcia. de Buenos Aires (1996). En 2017 la Secretaría de Cultura y Educación le otorgó el reconocimiento a su vasta trayectoria.

Se ha desempeñado como jurado en la Secretaria de Cultura Provincial y en diversas provincias.
Ha traducido autores contemporáneos europeos y sus propios poemas han sido difundidos en antologías nacionales, latinoamericanas y europeas. Actualmente trabaja en dos libros inéditos del presente año y participará invitado en lecturas y mesas redondas en Italia.