jueves, 3 de febrero de 2011

Ricardo Zelarayán: Posfacio con deudas.

Ricardo Zelarayán (1922-2010)




















No sé cómo empezar pero empiezo nomás. Hoy estaba almorzando en una pizzería y oí una conversación telefónica del cajero que estaba detrás del mostrador. “Escúcheme don Juan –decía el cajero-, la verdad es que cuando hablo con usted salen cositas...” Se hablaba de comprar muy barato un hotel alojamiento por parte del cajero y de su invisible interlocutor. Hotel alojamiento aparte, lo importante era el cajero hablado.
No existen los poetas, existen los hablados por la poesía.
Cuando uno llama por teléfono al médico que se fue a Mar del Plata, una cinta magnética responde: “Esto es una grabación.”
Pues bien, así como eso es una grabación, lo que estoy escribiendo no es una justificación, un agradecimiento, un hablar de deudas.
En realidad no es obligatorio leer lo que estoy escribiendo. Nadie espere una explicación de este libro. Simplemente quiero agradecer y de paso... Pero por’ai, y ese es el riesgo, lo que está adelante puede ser interpretado como el prólogo de esto, es decir que este es el fondo de la cosa, el fondo de la casa de mi infancia en Paraná entre durazneros, mandarinos, yuyos, ortigas y gatos vagos, negros, barcinos y atigrados.
Mi agradecimiento es para la gente que habla, para la gente que se mueve, mira, ríe, gesticula... para la gente que constantemente me está enviando esos mensajes fuera de contexto, esos mensajes que escapan de la convención de la vida lineal y alienada.
Las conversaciones de borrachos son a veces obras maestras del sinsentido, del puro juego de los significantes. Mi agradecimiento también.
La música es un lenguaje de puros significantes, es el gran arte. Y yo me muero de envidia, porque en realidad soy un músico fracasado. Pero la música, en especial el Jazz moderno en permanente evolución, ha sido y es lo único que me ha enseñado la verdadera estética operativa.
Macedonio Fernández me ayudó a redescubrir ese mundo que yo quería olvidar tal vez para poder trepar mejor... Un buen día me encontré en Buenos Aires con que quería irme a Europa... Evidentemente estaba a un pelo de ser porteño. Pero no me fui a Europa, ni creo que vaya nunca. No señor, ni beca, ni vaca, me quedo aquí:
Macedonio Fernández me hizo comprender que las reuniones de argentinos; incluso en Buenos Aires, son largas ruedas de mate, donde uno charla, se ríe y se pone triste... Que esas reuniones son verdaderas fiestas del lenguaje.
Yo me he reído con estos (¿mis?) poemas, y por momentos dejé de reír. Pero eso es cosa mía. No sé si pasa algo. Gracias Macedonio, de todos modos, por atajarme y explicar, es decir por hablar de lo que se es hablado.
Todo lo que digo puede parecer muy racionalista, pero en realidad soy entrerriano primero, después tucumano y salteño. Mis amigos de acá me acusan de franchute. Realmente no sé qué decir.
La verdad, y eso no lo discute nadie, es que nací en la década del veinte mitad más o menos, es decir que estoy más lejos del nacimiento que de su antípoda.
No tengo nada que ver con el populismo ni con la filosofía derrotista del tango. “Soy entrerriano, medio tucumano y salteño, en Buenos Aires. Una especie de “entrerriano, etc., etc., hasta la muerte” que vive en Buenos Aires, así como hay “argentinos hasta la muerte” que viven en París. En fin, ¡no hay belga que valga!
Hablar de la humanidad en abstracto me parece el colmo de pedantería, paternalismo y solemnidad (las cosas que odio más). El hombre es para mí mis amigos y amigas, presentes, pasados y futuros, y también mis enemigos. No soy místico, no quiero salvar a nadie, sólo quiero.
Soy ateo, como Dorotea y Timoteo. Prefiero el Libro de los Muertos, egipcio, y el Gilgamesh, asirio, llenos de palabras que evocan hombres como mis amigas y amigos, y no el libro de cabecera de los poetas y los capitalistas norteamericanos.
No creo en la poesía cantada ni recitada. (No creo en el café concert para desculpabilizar empresarios izquierdistas.)
La poesía debe leerse. La única poesía que no se lee es la de los actos y palabras que no se proponen ser poéticas.
En fin, el lenguaje es para mí la única realidad. esto no es ninguna novedad, es una simple afirmación. Si la realidad está en alguna parte, está en el lenguaje.
La primera tarea del hablado por la poesía ha sido nombrar las cosas, las cosas que no son las cosas sin las palabras. Pienso que el realmente hablado por la poesía es el que sigue y seguirá nombrando las cosas, es decir cambiándolas, transformándolas continuamente. La poesía es renovación, subversión permanente.
Insisto en que no hay poetas, hay simples vectores de poesía.
En un verano de cuarenta y cuatro grados en un pueblo de Santiago del Estero me acordé de los que se dicen poetas cuando vi en una canilla reseca unas moscas que hubieran dado todo por una gota de  agua. Así es, los llamados poetas se disputan las canillas, pero el agua no les pertenece... ni la tierra, ni el aire ni nada. ¡ Hay que conformarse nada menos que con las palabras!
No creo en los géneros literarios. Cada persona tiene su propio discurso permanente, un río perenne y subterráneo que constantemente amenaza desbordarse. La mayoría de la gente le pone diques, pero así y todo a veces su rumor se escucha. La prosa es poesía o nada. Entre la escritura que llena toda la página y la que no la llena hay sólo una diferencia de escandido, de tempo, de períodos. es un poco, pero muy a grandes rasgos, la diferencia entre la música sinfónica y la de cámara.
En suma, las fuentes de la poesía están en la infracción constante de la convención que nos vendieron como realidad. En todo lo gratuito, en el amor, en el lenguaje de los chicos, en las conversaciones sin límite de tiempo (...¡tómese otro mate!), en las actuaciones límite en que los discursos de los otros movilizan enérgicamente el discurso de uno y viceversa.


de La Obsesión del Espacio, Buenos Aires. 1972.



Nathalie Handal: 2 poemas.

Nathalie Handal
























Desencordado laúd


Jugás con el dobladillo de mi vestido,
cerrás las ventanas,
te parás frente a una fila de zapatos
y contás aquellos rostros que ya nunca verás:
un cuerpo de agujeros
pequeños santos ,
un río de cintas de moño rojas.

¿ De qué nos sirve el amor ahora ?
En vez de eso dejame sacarte una fotografía.



Esta noche, escuchá


el murmullo de las hojas
en los campos amarillos
los gemidos de un campesino
el dolor de un niño abandonado
mirá a Tiberias enmascarada en las sombras
y los minúsculos pasos de las estrellas
sentí el roce de la mano del mendigo


y contestame por qué  fingimos
cuando medimos  la tierra


y no había espacio para ambos


(versiones Merceditas Lennon)


Nathalie Handal.  (Haití,1969)Poeta, dramaturga, narradora y periodista.  De familia  palestina y libanesa, ha vivido en diversos países, reside en EEUU.  Es autora de los libros The Neverfield y Las Vidas de la Lluvia y de los CDs de poesía, Habitaciones Viajeras (finalista del Premio Agnes Lynch y ganador del Premio Menada) y Hechizo. Es editora de La Poesía de Mujeres Arabes: Una Antología Contemporánea y coeditora de Lenguaje Para Un Nuevo Siglo: Poesía Contemporánea del Medio Oriente, Asia y Más Allá (2008). Su trabajo fue traducido a quince idiomas y  como escritora, directora y productora ha participado en más de veinte producciones de teatro y cine.





Michael Augustin: Murmullos para Remco Campert.

Michael Augustin
























1.

La luna de Indonesia:
tanto más cálida
que el sol de aquí.

2.

Pero ¿cómo habremos
de entender a las ranas
si hacen tanto ruido?

3.

Isla de Samalona:
rodeada de agua
como una laguna de tierra.

4.

Los arbolitos que crecen
entre las vías férreas
siguen su propia vía.

5.

En Coñac para siempre,
así no se rompe:
el corazón de Chopin.

6.

Los vivos:
fácil deshacerse de ellos.
Pero con los muertos
tienes que vivir.

7.

A la mesa:
alguien muerto
pretende estar vivo.
8.

Durante toda su vida
la tortuga de Darwin creyó
que había sido dios
el que la hizo de arcilla.

9.

Aún en blanco y negro
permanece colorido:
el arco iris irlandés.

10.

En la estela
de caracoles que hacia delante corren.

11.

Un alto funcionario
de las Naciones Unidas
culpable de humor.

12.

Sin embargo ¿qué es
un poema sobre Burdeos
comparado a una botella de Burdeos?

13.

Sólo los borrachos saben
que los mellizos
son cuatro personas.

14.

No soy yo el malo,
es mi conciencia.

15.

¿Eres escritor
 y se te ha quedado la mente en blanco?
¡Pues deberías escribir sobre ello!

16.

En el refrigerador hay
dos latas de cerveza
y un zumbido.
El zumbido aún continúa.

17.

¿Preferirías
un poco de libertad
o un poco de mazapán?

18.

Una primavera
todo me fue revelado:
¡El otoño
de mi vida ha llegado!

19.

El hombre:
un saco lleno
de agua y calcio
haciendo la guerra
y escribiendo poemas.

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Escritos para una antología poética titulada POESIE IS EEN DAAD, en honor al poeta holandés Remco Campert, publicada en Ámsterdam en 2009 por De Bezige Bij
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***

Solo consigo mismo

Siempre, cuando está solo consigo mismo, disfruta; al final, también, para ser el centro de atención.

Resucitados

Cuando el campanazo da la medianoche, las esperanzas muertas dejan sus lugares de reposo para perseguir a todos durante más o menos una hora.

Uno puede

De un escritor uno puede esperar que deje suficiente espacio entre líneas para que sus lectores escriban sus propias notas.

El cuentista

El por qué el cuentista no quiere, por nada del mundo, contar más cuentos es un cuento en sí mismo. Desafortunadamente, no quiere contar ese cuento tampoco.

Blanco y Negro

Dos artículos en el periódico local esta semana: Un aparato de televisión hizo implosión en una institución estatal para ciegos. Y un gran incendio se produjo en la estación de bomberos.



( traducciones Jorge R. Sagastume)

Michael Augustin (Lübeck, Alemania, 1953) Poeta, traductor y locutor de radio, trabaja en Radio Bremen, donde conduce un programa radial de poesía y sirve como editor de los documentales radiales semanales. Es autor de varios libros de poemas, drama y cuentos, entre ellos: Kleines Brimborium y Das perfekte Glück. Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés, italiano, polaco, gaélico y holandés. Ha traducido obras de Roger McGough, Adrian Mitchell y Raymond Carver, entre otros. Ha recibido los premios Friedrich-Hebbel y Kurt-Magnus. En 1984 formó parte del programa internacional de escritura de la Universidad de Iowa, y durante el 2003 fue escritor en residencia Max-Kade, en Dickinson College (EEUU).
http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/img/spacer.gif

lunes, 24 de enero de 2011

James Laughlin: Poemas

James Laughlin (1914-1997) Versiones E.M.-P.O.R




















El hombre


que escribe el poema
vive en otro planeta

lugar de donde envía
el poema a través de

el espacio y siempre
que él lo desee éste

llegará completo con
título y verso final

me limito a copiarlo
nada más y preguntar

quién es este hombre
que relación tenemos

imagino muchas cosas
nunca las respuestas




Algunos  venimos a vivir


dentro de sus cantos como en un
palacio diez veces más grande que Ver

sailles tantas habitaciones tantos
corredores la falange de per

sonajes y esas largas ga
lerías con sus interminables vis

tas de un  pasado que nadie más
ha visto tan bien o comprendido

inimaginables los espejos que se re
flejan unos en otros construyendo

las rimas entre las ideas sí
es la casa del padre de

muchas mansiones con su lugar para
cada uno de nosotros lugares para todos




James Laughlin (Octubre 30, 1914–Noviembre12, 1997) Poeta, traductor y editor, fundador de la mítica editorial  New Directions. Ha publicado: Another Country (1979); Selected Poems (1986); The House of Light (1986); Tabellae (1986); The Owl of Minerva (1987); Collemata and Pound As Wuz (1988); The Bird of Endless Time (1989); Collected Poems of James Laughlin (1992); Angelica (1992); The Man in the Wall (1993); The Country Road (1995); The Secret Room (1997) y A Commonplace Book of Pentastichs (1998).
Laughlin publicó su trabajo en pequeñas ediciones limitadas de autor que distribuía entre sus amigos. A partir de 1979 este conocedor de las lenguas clásicas fue rescatado por las generaciones más jóvenes y su obra entonces cobró inmediata popularidad en su país.





Esteban Moore: Patricio Lóizaga, la traducción de la mirada.

Patricio Lóizaga (1954-1995)







En Código secreto 1 y New York y otros poemas 2, los dos volúmenes de poesía que ha dado a conocer Patricio Lóizaga, el lector  enfrentará o podrá compartir, todo es cuestión de actitud, la voz del poeta; una que recurre al discurso poético para expresar aquello, que estima, no puede ser comunicado a través de otros géneros.
En su  Notas sobre  la experiencia poética 3, que sirve de introducción a su segundo libro, el autor manifiesta, no sin un dejo de humildad: “ Me atrevería a decir que mi género por definición es el ensayo y que no deja de sorprenderme la escritura poética.”
Entonces una pregunta queda flotando en el ambiente: ¿Por qué recurrir a la poesía como instrumento? Lóizaga, paulatinamente, bajo el haz de una luz incierta, “...donde cabrían el silencio/ el rumor de la vida, la rebelión invisible y todos los ríos...”4 contestará a este interrogante a través de sus textos poéticos. 
Su universo poético se rige por algunos pareceres explícitos: “Gozar,/ de la pobreza de las palabras, / Gozar,/ de los mínimos sonidos/  Gozar,/ de la inexpresividad de las palabras [...] “Hay otra belleza./ Hay otra sensualidad. / Hay otra libertad.” La puesta en escena de estos enunciados desafían “lo establecido por la tradición, la  que se funda en un supuesto consenso  de valores, valores que carecen de cualidades proféticas, pero que a pesar de ello,  logran imponer limitaciones a  la libertad creativa contemporánea” 5. Lóizaga está plenamente convencido que la tradición debe ser releída desde el presente, retraducida, y que las mejores traducciones, en este caso, son “aquellas que toman más distancia del original.”6    
Este fenómeno no es nuevo, se lo puede ubicar a finales de los cincuenta o comienzos de la década de los 60,  en pleno auge de la Guerra Fría; coincide con el desarrollo embrionario  de otro de los cambios que modificarán nuestra percepción del mundo, la transformación del ciudadano, portador de derechos inalienables, en un mero consumidor.
En ese período, un presentimiento comienza a apoderarse del espíritu de Occidente, la noción de Fin, personificándose en la muerte de los grandes relatos 7, la precariedad del arte y el agotamiento del estado de bienestar. La frontera existente entre la alta cultura y la cultura de masas es erosionada, pulverizada. En los días finales de 1965 Jorge Luis Borges afirmaría: “Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos, ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero...” 9
La belleza como ideal “enfrenta nuevas dificultades, es analizada desde una nueva óptica, la de los estudios culturales; un amplio campo interdisciplinario que involucra a la crítica literaria, la filosofía y las ciencias sociales”. 10  Esta disciplina no se preguntará de que manera el arte invoca lo trascendental o si un objeto en particular es bello. Se centrará en las circunstancias históricas en las cuales nació la idea de la belleza como valor trascendente y cuáles han sido las consecuencias de las  formas de pensamiento que guiaron este proceso. Este ideal  será puesto en duda pues existe la sospecha de que éste puede ser el vehículo adecuado para imponer identidad, absolutos o soluciones finales.
El campo de la poesía no permanece ajeno a estos problemas. Desde los lejanos días en que Ezra Pound comenzó a redactar sus Cantos, según su autor, una larga conversación: “ de los tiempos antiguos y los actuales, ambos a la vez, en síntesis  ,/ de los temas usuales  de conversación entre hombres de inteligencia...”11, un largo monólogo a varias voces en el que la antigüedad, el renacimiento y el mundo moderno son combinados bajo ningún principio en particular, provocándonos una  constante incertidumbre acerca de las nociones de tiempo y espacio; han sucedido muchas cosas.
La publicación de Aullido (Howl, 1955) de Allen Ginsberg, sin duda una de las personalidades del siglo XX,  es una de ellas. En él poeta apela, como lo solicitaba William Carlos Williams, a la imaginación del arte, uno de cuyos compromisos sería el de plasmar una nueva sensibilidad que dé cuenta de nuestra realidad. Esta búsqueda no tiene fin y constituye  “..la misión sin precedentes de nuestra cultura” afirma Daniel Bell. 13 El contexto en el que se realiza esta operación es móvil, cambiante, pleno de incertidumbre. Desde la década de los sesenta se han sucedido una serie episodios de intensidad variable que han  afectado definitivamente nuestra percepción del mundo y de las cosas.
El enfrentamiento que estructuró en buena medida el siglo XX, la contradicción fundamental, el conflicto del capital y el  trabajo, parece diluirse. El mundo en esta nueva instancia es denominado ‘un mundo unipolar’. “La imagen unipolar hace vacilar nuestra comprensión de la polaridad. Intentemos configurar lo que nombra esa imagen. Tenemos un centro dinámico, un centro aglutinante, que es el flujo del capital financiero. Del otro lado no hay un polo que organice: lo otro respecto del núcleo activo no es un polo; es una dispersión.” 14 
Es en este hábitat o geografía, paisaje o panorama,  o como quiera llamárselo, Loízaga quien intenta disolver su creciente perplejidad escribe de corrido: “ Las cosas son./Ontológicamente./ Más allá de lo que/ se diga sobre ellas. / Y sin embargo/ tanto gesto inútil / tanto ruido.” Luego encolumna sus palabras, las compone gráficamente sobre la página en blanco, descubre que puede diagramar el sentido. Se sorprende, como ya lo ha confesado, pero la sorpresa no es producto del hecho de estar escribiendo un poema. Todo lo contrario, ésta proviene de la propia escritura poética, de las posibilidades que le brinda el género: incorporar la pausa, el silencio. “La incorporación del silencio en el interior del lenguaje es una conquista de la poesía, una conquista trascendental que hace de la poesía un género único, el único para el cual el no decir puede alcanzar un valor incluso más alto  que el decir, el único donde el callar encuentra el modo de expresarse, un modo que tiene que ver con el misterio, con la angustia, con la desgarradora aventura de situarse del otro lado de la palabra.” 15
La poesía, por otra parte, no es para Lóizaga sólo otro medio de expresión, es la herramienta que él considera reúne las condiciones  para intentar la nominación de los cambiantes rostros de la realidad. La cual, desde su salvaje multiplicidad, establece cierto grado de pluralismo exigiendo necesariamente la atención del observador. Esta mirada percibirá las cosas y el mundo en sus distintas dimensiones, éstas tienen para él  un “anverso y reverso”, son “Uno y otro” simultáneamente, ni afirman ni niegan su contrario, o su diferencia.
La aceptación de la diversidad, su necesidad de representarla, las dificultades inherentes a este procedimiento, lo llevan a reconocer  los límites del lenguaje: "Palabras. / Le debo / ese severo respeto/ por la música / abstracción / imperfectible / a la que aspiramos / secretamente / casi todos quienes / con signos y símbolos/ siempre insuficientes/  conjeturamos sobre papel."  Esta desconfianza en el lenguaje y sus alcances, cuestión que obsesiona a buena parte de la poesía contemporánea, atraviesa el núcleo del pensamiento poético de poetas tan diversos como Octavio Paz y Alberto Girri y lo colocan notoriamente en la vecindad de Roberto Juarroz, quizás el más escéptico en este aspecto de los poetas latinoamericanos.  El escepticismo  en el caso de  Lóizaga es la resultante de un yo poético "...con pocas certezas / con muchos interrogantes [...] sin afirmaciones contundentes."  que infiere  la labilidad de los saberes, su falta de firmeza, que nuestro destino estaría signado por una eterna búsqueda de sentido; de allí su intento de ordenar el caos del mundo, hallar el "sentido del sinsentido", crear su propio orden arbitrario, establecer el reino de la palabra, constituir cierta subjetividad, traducir su propia mirada, indudablemente el impulso vital  que alimenta a la poesía contemporánea. 


 .  

1- Código secreto, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires 1991.
2-  New York y otros poemas, Emecé, Buenos Aires, 1999.
3-  New York y otros poemas, Emecé, Buenos Aires, 1999.
4- Paulina Vinderman, El Muelle, poema XVIII, Alción editora, Córdoba, 2003.
5- Donald Kuspit, The New Subjectivism, Art in the 80’s, Da Capo Press,  New York, 1993.
6- Edmund Wilson,  The New Yorker, June 2, 1962.
 7-La   Modernidad y su desencanto, Felipe Arocena, Vintén Editor,  
       Montevideo,     1991.        
8- Jorge Luis Borges, Sobre los clásicos, Otras Inquisiciones, Emecé, Buenos Aires, 1975.
10- Steven Taylor, Beauty Trouble: Identity and Difference in the Tradition of the Aesthetic, Civil Disobediences, Poetics and Politics in Action, editado por Anne Waldman  y Lisa Birman, Coffee House Press, Minnesota, 2004.
11- Ezra Pound, Canto XI,  The Cantos, Faber and Faber, Londres, 1986.
12- Paul Hoover, Postmodern American Poetry, Norton, New York, 1994.
13- Daniel Bell, The Cultural Contradictions of Capitalism, The 
           Public Interest, septiembre   de  1970.
14- Ignacio Lewkowicz, Instituciones perplejas; Pensar sin estado, Paidós, Buenos Aires,  2004.
15- Raúl Dorra, ¿Para qué poemas?, Crítica, N°90
           Universidad Autónoma de Puebla, México, 2002.









viernes, 21 de enero de 2011

Víctor Manuel Pinto: Poemas.

Víctor Manuel Pinto (foto Lyerka Bonanno)




















ONÁN

Se reduce la vida de un hombre
al pasar de la luz sobre la tierra,
y no le avergüenza dormir,
y ocupar su tiempo bostezando.

Un pájaro que come las semillas
y lleva dentro de sí en el aire
la forma en movimiento de un árbol.
Es el goce de alma que padezco.

Andar entre los cerdos sin subir
la cabeza, saber que estoy vivo
a causa del hambre, la sed y el sueño.

Hombre, a esto se reduce tu vida;
y engordas con tu leche a la muerte
en los cuartos, los baños y las manos.


OFRENDA

Los peces de la multiplicación
no conocieron los mares,
bajaron de la mano de Dios a la muerte.

Quizás al fin soy un prodigio
y abro la boca en sueños
respirando el mundo que no conocí

y  hablo como los que hablan bajo el agua
y la noche es una placenta
y pienso en mis padres
sobar la cubierta de mi nado.

Un milagro no se huele los sudores,
ni abre y cierra todo el día la boca,
las puertas, bosteza y se va.

Sin embargo sé de mí la pureza de la carne.

Alimenta al Demonio conmigo Señor,
para que no engorde.


LA CARTA DE JUDAS

Amor, debo entregar la ternura
que calmó el estrago que sufrí.
El pan que mordían los hombres
y la muerte se iba a las esquinas. 

Juro que todo el amor estuvo
en mis besos ¿viste que temblaba?
Hoy seré la fruta, el refugio 
para las moscas, un olor duro

en el aire. Que sea el cumplimiento
en mí, y para mí, amor, te ruego
unjas mi cadáver con aceites

y quémalo; mírame alumbrar la
tierra, como si tu cruz viviera
en donde brillan los girasoles.


EXAMEN

Dejar el cuerpo al impulso de los músculos
es una grosería. La piedra
es otra forma del viento
y al golpe del agua brota la transparencia.

Entrar en la ley no es salir de la carne.

Los árboles que forjaron la piedra
escuchan su ajetreo en la espuma,
reflejándose quietos sobre el agua.


APRENDIZ

Quise ser un hombre,
un buen hombre
que entendiera a mi Padre
y su mezclar de tierra
con nuestra carne.

y con mis hermanos fui la obediencia,
serví a los ritos y sacrificios
hasta que vino eso…
¿Cómo era que olían sus escamas?

Y me estiró el cuello con una caricia,
y me convirtió en una garza,
una bella garza
con linaje de las aves del principio.

Y qué desespero hay en todo esto
Padre,
y qué lejos tengo ahora
la cabeza del corazón.


EL MARINERO

                                                 al tío ermitaño
                                                 Jesús María Peña

El brazo con el tatuaje del ancla
me cuelga de la camilla.

¿Quiénes son estos?
Miden la luz de mi orina contra la del sol.

¿Por qué meten tanta agua a mis brazos?
Quieren hacerme lluvia
y que me vaya gastando
hasta dejarlos sin mi sombra.

Hoy caminé mucho la montaña,
había un mundo bajo las piedras
y me llamaron:
Jesús

Cuando esté en el astillero
y busque el viento hacia mi nombre
pónganme un mástil de Cristo.

Dios no se quiebra
y así no vuelvo.


REVERENCIA

Dame, rey de las piedras,
sólo una para cantear mi casa.

Sólo una vena
señor de los ríos,
para arrugarnos de hacer presente
el verbo de la ley.

Dame, padre de la mansedumbre,
tres sogas para amarrar
a mis animales de cuerno.

Tú, soberano de todo,
dame tan sólo un árbol,
una mesa, pan y agua.

Ella es la fruta, la carne y el vino.


REFUGIO

Debo acompañar
la parte de mí que se acobarda.
Ajustar la columna
y que los nervios del cuerpo
se orienten hacia los árboles.

Me cubro con una manta
y sigo el camino de los miedosos.
Entre ellos despierto tranquilo.

No con la vergüenza
de haber danzado bajo la luna
al aplauso de los hombres


MADUREZ

Un árbol es sobre la tierra.

En su ir ni siquiera va
y la paciencia colorea
la redondez del fruto

y al viento
suelta lo suyo
que le nombra. 

Un árbol sabe que todo
vendrá a sí por la tierra

y cambiará su corteza
y el color en las hojas.



Víctor Manuel Pinto (Valencia, Venezuela, 1982) Poeta, Licenciado en Educación, Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo, donde cursa un Doctorado en Ciencias Sociales, Mención Estudios Culturales. Trabaja en el Dpto. de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, donde dirige la revista POESÍA y es Coordinador del Encuentro Internacional POESÍA Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: Aldabadas (2005) Mecánica (2007) y Caravana (2010). Ha obtenidos varios premios nacionales e internacionales por su trabajo poético. Poemas suyos han sido traducidos al árabe, inglés, portugués, e italiano.