* Textos de Tununa Mercado y Noé Jitrik para la contratapa de “La nieta de Trotsky”, de Jeanne Molinier / Juana Droeven (Buenos Aires, Voria Stefanovsky Editores).
La familia es el significante en torno al cual se organiza esta historia y tiene siempre una implantación geográfica y un asentamiento físico, una casa, que, paradójicamente, es el reducto simbólico más fuerte en el que se refugia un desterrado. Parece destinado a errar y, de pronto, se encuentra bajo techo, ha depositado su valija y siente que hay un respiro, que hay enfrente de él una ventana abierta. Así debió ser la llegada a la primera casa del exilio. Desterrados de Rusia, los Trotsky, llegaron a la Isla de Prinkipo, Turquía, y se instalaron en una casa que había encontrado Raymond Molinier. Esa casa junto al mar se convirtió en una verdadera usina de resistencia y de producción revolucionaria. Raymond Molinier fue un sostenedor imprescindible de esa estructura.
El libro de Jeanne Molinier, La nieta de Trotsky, dice que Molinier establece con naturalidad para los suyos una prodigiosa construcción, fantasía o delirio, es un fantasma a familia. El libro está lleno de peripecias, las de una joven que se yergue cada vez más sobre sus pasos, siempre libertarios, nunca medrosos. Tiene madre, pero ésta la abandona. El padre está siempre lejos pero provee, encauza, respalda. Su herencia es la vida que vivió: indeclinable trotskista, militante hasta el final de sus días.
El saber literario está sin que se vea, en el arreglo de las personas del relato, que brota incontenible, es la escritura. Una escritura concisa, fina, con destellos poéticos.
La nieta de Trotsky ya no es Trotsky, es Jeanne Molinier.
Tununa Mercado
Relato, novela, no voluntad testimonial, pero fuertemente ligado a una de las líneas decisivas de la forma que tomó el mundo en el siglo XX y cuyo significado todavía nos persigue y asedia. Indispensable.
Noé Jitrik