lunes, 16 de mayo de 2011

Florencia Gargiulo: Travesti.

Florencia Gargiulo
















Travesti


Te vistes, desvistes, avestruz de luces punzantes
Y agria es la aceptación de tu derivado
Eres la mala ecuación del mundo desconcentrado,
Que te conoce y prefiere ignorarte
Para luego acusarte, de perversión y enfermedad
Y...Acaso, en este mundo de sombras enmascaradas
¿Nosotros, no nos travestimos?

¡Ja!

Y ay pucha que es fácil mirar con bata, café y faso
Ese carnicero, chorizo regalado
Que el dólar aumentó, la papa esta cara, huelgas, 
Y Ernesto mató a 3 hombres.
Todas las noches te desnudan con los faroles
Agazapados te miran, babeados por la publicidad,
De tus pechos, no madre, leche no dan.

Cuan filosa es tu lengua y cuan firmes tus piernas
Caballo salvaje, para soportar tanta podrida huerta
Que la noche es fría, y esos tacones rojos,
OH, guerrera mía, hacen eco en tu soledad marchita
Que tiene sueños como yo, que fue un bebe como vos
¿Quiénes somos nosotros para juzgar?
Y bueno, si ese tatuaje en tu pecho hablara mujer.


Rompe- cabezas


Desde que mamá murió,
En todas las madres veo a mi madre,
Como si se proyectara claramente hacía mí,
Un holograma de su sonrisa en otro cuerpo;
Sutiles movimientos,
Miradas, formas, palabras, tonalidades.

Pequeños destellos de oro,
Que se me pegan como un imán al metal en mi piel,
Y yo solo me enternezco, y me dejo caer,
En aquellas pestañas ajenas, que no puedo tener

Desde que ella murió,
Desde que la reina no irrumpe en mis palabras,
Yo solo poseo las piezas imaginarias,
De cada madre que no es la mía,
Y con todas las piezas posiblemente infinitas,
Formo mi rompecabezas del olvido

Auque no es mi cabeza la que ha roto,
Y el olvido no sea la respuesta
Me enamoro de cada palabra,
Como un buzo usado que, alguien tejió y yo compré.


Florencia Mayra Gargiulo (Buenos Aires, 1991) Poeta.


domingo, 15 de mayo de 2011

Rafael del Castillo: Palabras escuchadas en un café de barrio.

Rafael del Castillo
























Palabras escuchadas en un café de barrio

                                        El que es pasajero y nunca emprendió viajes
                                       a esos lugares de donde llama su alma
                                      viaja ahora en este poema

                                                                                             R. Quintero
                                                          Para Adriana, para Robinson
                                                          pasajeros de estos versos

I

¿Quién me podría haber dicho que alguien iba a llorar por mí
recorriendo las calles de Berlín Oriental?
Por mí
que
sin lamentarlo mucho
soy sólo un hombre de este barrio
y nada sé de viajes
de países lejanos
o aeropuertos
Por mí
que apenas si he sido pasajero
de este viejo café…

II

Tarde a tarde
en medio de la lluvia
o iluminados por el sol del ocaso,
mis amigos y yo
escuchamos
con una extraña nostalgia
tristes cantos que hablan
sólo de despedidas
cantos de viajes
con los cuales mojamos como con una lágrima
la reseca piel del tedio
cantos hechos quizás tan sólo
para entonar sentados a una mesa…
Cuando llega la noche
y nuestro barco iluminado empieza a oscilar dulcemente sobre el barrio
los viejos marineros de la quietud
viendo brillar el faro de la alegría
brindamos
con los desconocidos
mientras les pedimos que nos cuenten
la historia de sus viajes…

III

¿Quién me podría haber dicho que alguien iba a llorar por mí
recorriendo las calles de Berlín Oriental?
Por mí
que nunca he conjugado versos como partir o
como retornar
Por mí
que ahora celebro
con este torpe canto
el ser tan sólo un hombre de su barrio
aunque a estas alturas de la noche
ya no recuerde quién…
un carpintero en su rincón
tal vez
un zapatero
o un mecánico
o quizás aquel sastre
que ve pasar los años y los años
arrullado por la ronca voz de un viejo aparato de radio…

IV

¿Quién me podría haber dicho que alguien iba a llorar por mí
recorriendo las calles de Berlín Oriental?
Por mí
que a duras penas mascullo el idioma de los viejos
y acaso sólo sea
este puñado de versos
esta conversación en español con los últimos pasajeros del café…

Otra despedida
                                                     La mitad de mis amigos ha muerto.
                                                   Te haré unos nuevos, dijo la tierra.
                                                   No, grité. Devuélvemelos tal y como eran,
                                                  con sus fallas y todo…

                                                                                                             Derek Walcott


Dije dos
tres palabras
mías, parecidas a mí
y acusaron de ellas a mi amigo.
Tropecé contra el mundo, caí
y en mi caída
eché abajo
unas figuras votivas
ciertos objetos sagrados para la religión de los días que corren
fue mi tropiezo,
propio de mí, grotesco, a mi medida y
sin embargo
los sacerdotes señalaron a mi amigo.
Mi amigo está cansado a estas alturas
No quiere que lo nombre ya en mis versos
Quiere que calle, que me quede quieto
Quiere que muera
pero como es mi amigo no lo dice
ni se atreve siquiera a pensarlo
y sin embargo cuánto no daría
por tomar otra vez
el sol del equilibrio
por abrazar hoy
nuevamente
a todos
así a los que me quieren
como a los que odian…

Profesión de fe 

Palafrenero del extravío
doy pasto a las palabras
abro de par en par las puertas al artero dolor
bebo vacío de la página en blanco
le doy la mano a La Que Calla
muerdo el anzuelo
y pido que me escuchen:
La noche
triste
me mira de reojo
Un libro de poemas


***

I

Un libro de poemas
se fragua como un crimen
en las tabernas
con las manos iluminadas por la luz amarilla
que destila a contraluz
una botella de cerveza
junto a muchachas ebrias
a quienes ya nada importa el lucir sin recato
la desnudez del corazón…
Un libro de poemas
te lleva hasta la última callejuela de la ciudad
en un taxi cargado de borrachos
sin un nombre
sin una dirección precisa
(a no ser
la del alba)

II

Un libro de poemas
suda tinta
como un aprendiz de linotipia
y como éste
luce cenizas de cigarro barato en las solapas
Un libro de poemas
de cuando en cuando también se desafina
y no es extraño entonces
que haya quien le vea dando tumbos
abrazado a una vieja canción
la voz enronquecida
y el corazón volcado en las palabras
Un libro de poemas
es exacto a ti mismo:
llévalo con orgullo en la mirada.

Harakiri
 
I
Llueva
a pesar de mis palabras
A pesar de mis palabras
hay sangre sobre los bancos de los parques
en las ventanas de los grandes edificios
en el llanto monótono de la ciudad
hay sangre
a pesar de mis palabras
Corro
diciendo adiós con un pañuelo
tras de los trenes de la muerte
a pesar de mis palabras

II

A pesar de mis palabras
paso las horas con la cabeza entre las manos
pensando seriamente en lanzar un fósforo encendido
en medio de mi santabárbara de versos
aunque de esta manera me vaya a pique
con todo y mi navío de papeles…




Rafael del Castillo (Tunja, Colombia, en 1962.) Poeta,  editor. Fundador y director de la revista de poesía Ulrika y de los Cuadernos Literarios de dicha publicación. Fundador y coordinador del Encuentro Internacional de Escritores: Presencia Viva de la Poesía que se realiza todos los años, desde 1992, en Bogotá y otras ciudades colombianas. A partir de 1988 dicta talleres de poesía (tanto virtuales como presénciales) para la Casa  de Poesía Silva, entidad donde también ha impartido cursos de actualización sobre la lírica colombiana e iberoamericana contemporáneas para educadores. Libros de poesía publicados: Canción Desnuda (Fundación Simón y Lola Guberek, 1985), El ojo del silencio (Cuadernos de Poesía Ulrika, 1985), Entre la oscuridad y la palabra (Cooperativa Editorial Magisterio, 1991), Animal de Baldío (Cooperativa Editorial Magisterio, 1999).. Del Castillo ha publicado también las antologías de poesía latinoamericana recogidas bajo el nombre de Presencia viva de la poesía (Vols. 1, 2 y 3), Rostros de la palabra – Poesía colombiana (Cooperativa Editorial Magisterio, 1990, 1995, 1999), Colombia, antología poética (Editorial Tierra Firme - Cooperativa Editorial Magisterio, 1998). Coordinador general de la antología de poesía en CD rom  que bajo el título de Poesía Colombiana publicó la Casa Silva en el 2.000. Actualmente prepara, también en CD rom, una antología de la poesía iberoamericana contemporánea y otra de narradores colombianos.   

Thomas Merton: Antipoema I

Thomas Merton

















Ohh....
el tonto gentil,
se enamoró
de la luz eléctrica

¿ Acaso no sabés
tontito
que el amor
es dinamita pura?

Dedicate a tus cosas
no interfieras con la ley establecida.

Si ves a las victimas
las mareadas
victimas del amor,
tendrás ante tus ojos
polillas infelices.

Tenés que  analizar
tu enferma fidelidad.

Todas las autoridades
en el mundo y... en silencio
dirán bajo juramento
que aquel que contraiga
matrimonio con un alambre caliente
sólo se ama a sí mismo.

Tonto obstinado
podrás imaginar
que futuro nos espera
si la humanidad
sigue
los dictados
de tu teología.

Sí
tonto obstinado
la raza humana
espera
tu despreciable disculpa.

Versión Merceditas Lennon



Thomas Merton (Prades, Francia 1915- Bangkok,  Tailandia, 1968), monje trapense  poeta y pensador.  Residió la mayor parte de su vida en EEUU. Realizó sus estudios en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y en la de Columbia, Nueva York, EEUU, donde   escribió “La naturaleza y el arte en  William Blake, su tesis de doctorado.  Luego ingresaría en la orden Trapense Entre otros títulos dio a conocer: La montaña de los siete círculos (1948), su autobiografía, traducida a veintiocho lenguas. También escribió Las aguas de Siloé (1949) y El signo de Jonás (1953), dos volúmenes sobre la vida de los trapenses; Semillas de contemplación (1949) y La vida silenciosa (1957), libros de meditación, así como varios libros de poesía Figuras para un Apocalipsis (1947), Las lágrimas de los leones ciegos (1949) y Las islas extranjeras (1957). James Laughlin fundador de New Directions publicó su obra poética completa en 1977. 








jueves, 21 de abril de 2011

Víctor Toledo: Retrato de mi madre con meningioma.

Víctor Toledo
















 RETRATO DE MI MADRE CON MENINGIOMA
        
(((( Me dijo Rodrigo Rojas, neurofisiólogo expatriado ((mientras su padre
Gonzalo Rojas hablaba del silabeo angustiante de la A: asma, angustia, Angst
(Auténtica aspiración, inspiración, las piedras expiran las nubes
espiran el mundo respiran el cosmos))): 
“sólo tumores malignos resultan de alteraciones sicosomáticas”.
(No estuve de acuerdo) el meningioma
(álter ego del sueño de mi madre       alteridad rosácea       nube de piedra
caracola sin mares náufragos     sin fragatas sirgando voces fragantes
sirenadas       hilaridad de risas óseas
de neuronas) lo provocó su sufrimiento, un neuroma
aspiración moral profunda -aroma del no- que estrelló un gigantesco meteorito
contra la pulida vidriera de su sacralidad
entraba arrasando el mundo la noche con su caos, el intimor, el tornillo sin fin
sin centro ni sentido.
El sufrimiento físico, rizófago profundamente vacío, el sueño mentía,
no dormía (por trabajar) la noche desplegaba una expansiva loza
crecía como tumor indoloro en su cerebro agudo y estrellado
El neurocirujano, sonámbulo amante de la Cábala, Fausto A.
Otra vez la angustia de la A-
decía “el origen de esta indetenible crecida celular no tiene explicación”
((di que es mar de neuronas sin dique que se fosiliza para seguir creciendo
salto de puma es el oleaje, alto de espuma, lava blanca lavada y fría.
Calderón que se detiene (sin detenerse)
para seguir su avance (de punto puente)
justo entre la entropía y su caldera opuesta: espesos trópicos del aire))
Y Rodrigo: “no es peligroso si se detecta a tiempo”
Mas el  nocturno tumor rotundo de la moritur medicina del estado tardó años
para oír al doctor en letras: tenía algo en la cabeza devorando su personalidad
Vampiro-gorgona que atacaba a la Duramadre, seducía a mi Piamadre
y reventaba las tornasoladas sedas de Aracnoides
posesión más del alma que del cuerpo
no era solo el rizoma que crecía, era lo enraizado a nuestras fallas.
Doctor Fausto conectó los filamentos de la pestilente institución con la raíz
para hundir su trabajo, el corte  rizo del soma.
Terapia intensiva, infarto cerebral  (se ahoga el español: renace entre la nube
rosa el didxazá) aporisma lingual  (deletrea deleitosas letras deletéreas
etéreas heteras) oscura explosión brillante
en algún punto de la galaxia.
((Coma,        pausa de sintaxis cósmica, oración particular (participio)
disolviéndose        -sol del Yo viéndose, comiéndose, lloviéndose-
(reflexivo        diluvio diluyéndose)
en la cláusula genérica del infinito, en su parte del precipicio)).
La noche se rompió: una cascada con el limo de todas sus estrellas
cáscara de algas -su verdad- se  reventó.
Madre ya no tenía sentido para ti la vida, sin centro.
El caos con el vértigo de su cerrada noche entraba por la ventana del brillo de tus iris 
viento que brotaba (manantial limpio de luz) de la última rotación de la tierra

cuando aún briznaba el destello de la mirada de dios.
Débil llama de la esperanza, te apagó de un coletazo el dragón de la corriente marina
último sentido que se sostenía en el verdeante borde de sus ojos.
Tus hijos peleaban entre sí, botellas de mar rotas sus contradicciones,
te dejaron sola en la casa abandonada ((ocupada por sombras
(visitas lacónicas, lejanas) respiraba preocupada,
por las esporas de sus hongos, por el pasillo angosto
 el pulso escandaloso de tu piedra))
con su frío retenía los gases que tu cerebro no podía controlar
escapaban y le daban repulsión al asco, olías a flor podrida, y el pulsar
de la estrella se doblaba, en pliegues oscuros amarillos
esto te avergonzaba, angustiaba, “angst, angst”  -tosías nerviosa-
pero ninguno regaló ternura para tu abundante calvicie de sesos
ni encendía tu color
con oxígeno sedoso
((para prender tu día en las etéreas cuerdas áureas del código genético
(punto de oro del ojo de la Nada, infinito palíndromo
aeródromo de Moebius) de la luz del humo (palimpsesto)
de tu  incendiada noche -empalizada de incestos: ingentes lagos andantes indigentes logos alegres de memoria, sinapsis sin lugre que morían
un pájaro diciendo me moría, un sátiro cantando su amoría))      
ni sostenía tu aliento
reventar tu íntimo temor, el ancestral tumor del miedo:
tu obsesivo amor interno a la muerte (apoplejía de la luz, tierno maná).
Era sencillo pero no los enseñaste, siempre trabajando 
odiaron las faenas, las orillas irregulares de las genuflexiones
y extrañaron doblemente el paraíso (en la arista del recuerdo
el sílice del viento zampoña su armonía con un vilano largo y seco).
¿Tiene sentido escribir después de esto?
De nadie cayó una gota dulce - hubiera detenido el mar eterno de lo informe
(( la piedra de la locura multiplica alegremente (reflejando el menor acre
de olor, espacio y movimiento) la obsena  cópula de la Creación
piedra calcárea  (espeso espejo       calca el área de  la Infinita Nada ))).
¿Escribir?  Calaca cálida.  ¿Veneno hinchado       curar nostálgicas neurosis
cobra(r)  al día su cobardía?
Pero no puedo detener la mano que se mueve acariciando tu tumor, hoja blanca
que crece geométrica, desplegándose sin control.
Te torturamos, dejamos sola, y cómo te queríamos.
Nuestro ser ((sintaxista sin auto verbal (sólo sentido del sin sentido))) no es cósmico, no es humano, sin carne trashuma, no tiene templo del tiempo
es rizomático cristal, amorfo morfema (Morfeo sin amor: Paréntesis vacío
del  Meningioma que fosiliza porosamente   el Vacío).
Tiró diez dados la Sincronicidad (la nada es el dedo de Dios)
un día de abril  -medio día (se adelantó furiosamente el verano), madrugada
(cuatro bajo cero, noche oscura del alma,  catástrofe del clima)
al quemarse (a qué amarse) la casa de cartón de la muchacha que te cuidaba
 -mientras corría
para encontrar a sus hijos- se fulminaba tu cerebro:
con el esperma viscoso y helado de la muerte:  meningitis.
Viciosas y aladas las meninges, antientrópicas falanges , las mininas meninas
los reumas, los neumas, las mínimas vendas protectoras contra el caos
terminaron por ceder su resistencia y entró el terror de lleno, el  Abandono
el hilo negro (gordo gusano rojo saliendo amarillento de tu boca
agua espesa que al fin tomó color) de tu soledad.
Al quemarse (amarse para qué) el cubo de cartón corrugado bajo del horizonte
Arrastra el terror (avalancha cósmica de tierra) y cada tarde vuelve su voz
“la puerta de la noche estaba abierta” -dice-, el miedo no perdona
enciende la pira más alta del insomnio -estrella la luz-
yo a quién con facilidad la nao del ser la nausea, rapta, y me aleja de ti
me deprimía, me arqueabas debilitando mi entusiasmo
que sólo ilusión se sabe para pasar la vida
alegoreaba en mi apetito, algoritmos de baba, alejabas mi alegría
(asqueada), se gastaba el dinero destinado a viajes y  libros
en cajas vacías de medicinas, pero te aferraba a la llama
(zalamera salamandra -sale de la sala de la sal oxidada) del oxígeno.
((Me angustia decir amé (amor, asma del espíritu, balbuceo del alma, buceo
de alvéolos en el  aire)), todo esto son solo las negras palabras, velos de olas
en el alba, que no pudieron salir de mis ojos cuando llegó la Presencia
de la Nada.
Gonzalo Rojas habla con entusiasmo de sus dificultades para respirar la A
((nada: No y A de angustia) (y D angosta de dios))  y yo
no lo puedo seguir con atención (converso con su hijo)  pues oigo cómo
la piedra precisa de la Araña estrella el aire, meninge transparente ))))

 

 

Víctor Toledo (Córdoba, Veracruz, México, 1957) Poeta, traductor, investigador,   

docente y doctor en filología rusa por la Universidad Lomonosov de Moscú.  

 Ha publicado en poesía. Poemas del  Didxazá  (ilustraciones de Francisco Toledo, 

epílogo de Andrés Henestrosa. 1985); Gusilayú: La Casa, 1989; La casa de la nube, 

1996; La zorra azul, 1996; Del mínimo infinito (poemas 1977-1998),1998; Retrato

de familia con algunas hojas (Antología Mítica); 1999; Abla o nadA, 2002;  

 (D)elfos, 2005 y Ronda de hadas en la noche de San Juan, Nueva York, 2007. 

En ensayo, traducción e investigación: Las ideas estéticas de Barís Pasternak y

su época, Moscú, 1992; El águila en las venas (Neruda en México, México en Neruda), 

1994 y 2005; A la memoria del demonio, Itinerario de poesía rusa, 1999;  

Borís Pasternak, Poemas, 1999; Poética mexicana contemporánea, 2000;

Tres poetas rusos (Pushkin, Pasternak, Brodsky), 2000; La mariposa en la 

estrella, Pushkin, Mandelshtam, Pasternak, Brodsky, Buenos Aires, Argentina, 

2001; Piedra, Tristia y otros poemas, Osip Mandelshtam,  2005; Autor de:

Poética de la Sincronicidad. La lengua de Adán y Eva, 2006; EL Retorno órfico. 

Aportaciones al análisis métrico-musical , 2008; La Mariposa En La Estrella. 

 Recuento de poesía rusa. Ensayos y traducciones,2008; Des-varios. 

Ensayos de un diario Cultural , 2009.

Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven. INBA, 1983, es becario en poesía 
del Centro Mexicano de Escritores, de Bellas Artees y del CONCULTA, es miembro
del Sistema Nacional  de Investigadores. En 2001 fue nombrado Veracruzano 
Distinguido por el estado de Veracruz y en 2004 el gobierno de Chile le otorgó
la Medalla de Honor Presidencial Pablo Neruda.   









jueves, 14 de abril de 2011

Fernando Butazzoni: Horacio Verzi, escritor y gestor cultural.

Fernando Butazzoni





















El capitán Horacio
por Fernando Butazzoni

No pretendo con estas líneas realizar un estudio (que a estas alturas, por otra parte, me parece más que necesario) sobre el incesante trabajo cultural de Horacio Verzi durante las últimas cuatro décadas. Se trata más bien de esbozar algunas imágenes de quien ha sido mi amigo, mi hermano, y con quien he discutido y reflexionado a lo largo de los años y en distintas partes del mundo acerca de ideas, ocurrencias, dislates, infamias propias y ajenas.
 
Lo primero que debo señalar es la variedad, vastedad y complejidad de la obra de Horacio Verzi. Para ello, es necesario delimitar lo que se entiende por “obra”. Más allá de algunas definiciones canónicas habituales en nuestro panorama teórico actual ─definiciones ya perimidas en mi opinión─, esa obra está constituida por novelas, cuentos, relatos, artículos, críticas y recensiones, clases, charlas y conferencias, ediciones y publicaciones, ausencias y presencias. Se trata de un aparataje complejo, poco visible y de gran solidez. Tan poco visible que su accionar no ha sido suficientemente reconocido en el Uruguay ─como sí lo ha sido en otras partes del mundo.

Horacio es un artista. Definición que desborda los límites preconcebidos de las diversas disciplinas para integrar en un todo su manera de entender la cultura y la sociedad. Verzi ha ejercido el criterio (ha hecho crítica) con implacable certeza, y lo novedoso de su aporte consiste en las formas múltiples de hacerlo. 

Graffiti fue una instancia de enorme brillantez, digamos que un punto de inflexión. Tanto la revista de ese nombre como el sello editorial que la acompañaba, marcaron una época en el panorama cultural uruguayo. Se trató de una enorme apertura, tanto gráfica como conceptual, literaria y social. La revista Graffiti incorporó nombres, temas y disciplinas que estaban ausentes desde hacía décadas en el obnubilado panorama local. Ese aire provinciano que a todos nos sofocaba a la salida de la dictadura, allá por fines de los años 80 del siglo pasado, era un estanque lleno de bacterias proclives a la putrefacción de los corpus cultuales. Graffiti renovó ese aire, le metió oxígeno, algo de azufre, ozono, vaya a saber qué.

No diré mucho de la  editorial, porque me comprenden las generales de la ley: yo publiqué la primera edición de “Príncipe de la muerte” en 1993, gracias a la generosidad de Horacio. Era una empresa arriesgada, pues se trataba de un ladrillo de 400 páginas sobre un cuchillero del siglo XIX. Sin embargo, con buen tino Horacio supo cómo hacerlo sin empeñar el futuro de la empresa. También hubo una edición de “El tigre y la nieve”, cuando aún no se habían desenterrado a los muertos de La Perla, en Córdoba, lo que habla también de un cierto sentido histórico que recorre toda la obra de Horacio: está presente en sus libros (en sus novelas, en sus relatos), está presente en sus análisis críticos y está presente en su labor editorial. Sólo así puede entenderse la avispada y temprana publicación (tapa negra, ilustración helénica) de “El ojo dyndimenio”, de Daniel Chavarría, quizá una de las cumbres narrativas del siglo XX.

Al mismo tiempo que dirigía la revista y la editorial, Horacio escribía con la misma pasión y honestidad de siempre. Ya había obtenido reconocimiento internacional, en especial con su novela “El mismo invisible pecho del cielo”, pero él consideraba (y lo considera hoy, tantos años después) que la escritura es una forma de existir: explorar el mundo, el alma humana, las relaciones sociales, las pasiones. De modo que no se daba tregua. Esos procesos de escritura, dolorosos de por sí, tienen en Horacio Verzi una palabra que los distingue y que rara vez es aplicada a la literatura: decencia. Puedo decir con toda propiedad que es un escritor decente, es decir alguien que considera la dignidad de lo que escribe y la dignidad de lo que será leído (autor y lector) como parte sustancial de su tarea. Esta decencia también lo ha construido como lector de saberes enciclopédicos.

Esta noción (mía) de decencia en el trabajo literario, que a todas luces se contrapone con las doctrinas imperantes respecto al asunto, está relacionada estrechamente con la noción (de Horacio) respecto a la necesaria problematización de la vida cultural en general y de la escritura en particular. En efecto, Verzi considera que el mercado, las modas, los caprichos y los negocios han convertido el ámbito de la literatura en general en una simplificación absurda y ─agrego yo─ dañosa.
 
Durante años (en especial durante los años 90 del siglo XX, en el apogeo del llamado “neoliberalismo”) se establecieron algunas consignas que terminaron por convertirse en dogmas culturales: la linealidad, la economía verbal, la comprensión directa, la vulgaridad. Esto ocurrió en la literatura ─y muy especialmente en la narrativa hispanoamericana─, pero también en la dramaturgia, en el cine, en la pintura, en la crítica. Hubo un divorcio entre la elaboración compleja del arte y sus discursos, por una parte, y el mercado y los mercaderes por el otro. La poesía virtualmente desapareció de las librerías, las vanguardias plásticas quedaron acorraladas en las muestras under, el teatro buscó la taquilla con el ingrediente facilongo de los artistas de la televisión… Y así. O sea, hubo un proceso de desproblematización de la cultura, que nos llevó como sociedad al borde del precipicio (y ahí estamos).

Jamás olvidaré la santa indignación de Horacio tras ver una pieza publicitaria televisiva que promocionaba el sorteo de un automóvil cero kilómetro: un meritorio trabajador acaba de comprarse su auto tras muchos esfuerzos. El tipo lo está lavando en la puerta de su casa y reflexiona sobre los valores que le inculcó su papá ya fallecido (el trabajo, el ahorro, la constancia). El hombre mira hacia lo alto, hacia un cielo azul perfecto, en señal de agradecimiento. En eso llegan los bullangueros vecinos con un auto igualito, del mismo color, que se lo acaban de ganar en un sorteo. El meritorio laburante no entiende por qué unos deben trabajar para conseguir lo que desean y otros simplemente tienen suerte. No entiende y alza sus ojos al cielo, esperando una iluminación paternal de algún tipo, pero entonces lo que ocurre (y así, brutalmente, cerraba la pieza publicitaria) es que una cagada de pájaro le golpea el parabrisas recién lavado.

Horacio consideraba que esa pieza publicitaria (magistral en su relato, implacable en la transmisión de ciertos valores) era un síntoma social de un deterioro creciente. Hay que señalar, para entender del todo el episodio, que esa pieza publicitaria se emitió en el Uruguay de finales de los años 80. Disneylandia ya asomaba sus garras.

Horacio Verzi, convencido de que la complejidad de la vida excede con mucho a esas desproblematizaciones banales, recorrió un camino de auto repliegue que provocó la desaparición de Graffiti, la publicación esporádica de algunas obras suyas (casi siempre gracias a premios y distinciones internacionales) y una labor incesante como docente e investigador que ha desplegado con humildad y seriedad impar durante los últimos  treinta años.  
 
Él, que perpetró aventuras de gran calibre en varios momentos de su vida, que combatió a dictadores y chantas con el mismo entusiasmo, ahora vive con una serenidad un tanto irónica en La Barra de Maldonado, en un sitio que hasta hace unos años era una especie de paraíso perdido, pero que ya ha comenzado a sufrir los embates civilizatorios. Allí, Horacio y su mujer Isabel Romero pasan sus días, contemplan la naturaleza, estudian el comportamiento de los animales y las plantas, leen, miran películas y reciben amigos, conocidos y hasta extraños que cada tanto peregrinan en busca de la isla del tesoro y lo que hay en ella.

Es que en la isla robinsoniana de Horacio e Isabel puede haber muchos tesoros, lo que confunde a los peregrinos: los bosques, los libros, el bosque de libros en la gran sala presidida por una impresionante estufa a leña; o puede ser la familia de perros que desde hace décadas los acompaña a ambos (cómo olvidar al difunto Archibaldo, cómo no temerle al levantisco Sánchez, cómo no congeniar con el prescindente Cascarilla); o el tesoro isabelino de Horacio, esa mujer que me recuerda por su talante y modales a la Cora Munro de Fenimore Cooper.
 
En más de una ocasión me he preguntado a qué personaje de La isla del tesoro corresponde Horacio. Con él muchas veces recordamos el acertijo (“¿Cuántos hombres hay sobre el cofre del muerto?”). Por momentos se me asemeja a Ben Gunn, con su empeño en volver a la lucha. O al caballero Trelawney, siempre dispuesto a un lance honorable, algo distante en el trato pero de buen corazón. Sin embargo, me parece que Horacio es el capitán Smollett. Si hasta puedo verlo en una noche de tormenta, junto a la rugiente desembocadura del Maldonado, dispuesto a zarpar de nuevo por los mares del tiempo y de la vida.


Fernando Butazzoni (Montevideo, 1953). Narrador, ensayista, poeta, guionista y periodista.  Entre 1972 y 1985, vivió en Chile, Cuba, Nicaragua y Suecia. Luego del proceso electoral puede retornar al Uruguay, donde desarrollaría una intensa actividad periodística y literaria. Fue encargado de páginas culturales del semanario Brecha, director de la Revista de la Universidad de la República, secretario de redacción del matutino La República, corresponsal del diario Clarín de Buenos Aires y director y conductor de programas de radio y TV.
En narrativa ha publicado: Los días de nuestra sangre (cuentos, Cuba, 1979); La noche abierta (novela, Costa Rica, 1982); El tigre y la nieve (novela, Montevideo, 1986); La danza de los perdidos (novela, Montevideo, 1988); La noche en que Gardel lloró en mi alcoba (novela, Montevideo, 1996); Príncipe de la muerte (novela, Montevideo 1997); Mendoza miente (nouvelle, Montevideo, 1998); Libro de brujas novela, (novela, Montevideo, 2002); El tigre y la nieve (novela, Montevideo, 2006); El profeta imperfecto (novela, Montevideo,2007); Un lugar lejano (novela, Montevideo, 2009).
Asimismo ha dado a conocer en crónica  y ensayo Nicaragua: noticias de la guerra (Montevideo, 1986); el volumen de reportajes Seregni-Rosencof Mano a mano (Montevideo, 2002); Los ensayos del Orobon (Montevideo, 1998) y Alabanza de los reinos imaginarios, un recorrido por el castillo del conde de Lautréamont (Montevideo 2004).
Su obra ha recibido diversas distinciones, entre ellas,  los premios Casa de las Américas (Cuba, 1979), EDUCA de narrativa (Costa Rica, 1981),  Bartolomé Hidalgo (Uruguay, 2008) y fue finalista del Planeta-Casa de América (2007) y del Rómulo Gallegos(2009).


Isabel Romero-Horacio Verzi




Horacio Verzi (Montevideo, Uruguay, 1947). Narrador, ensayista,  periodista y docente .  En 1983 obtuvo el Primer Premio de Narrativa del Certamen Anual Latinoamericano EDUCA  en Costa Rica por la novela “El mismo invisible pecho del cielo”.  Ha publicado las novelas “La otra orilla” (Montevideo, 1987), “Los caballos lunares” (Montevideo, 1991)  y “Toda la muerte” (Montevideo,1999;  mención en la categoría de novela inédita en el concurso anual 1998 del Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay). Su relato “Reliquia familiar” obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar (Cuba, 2004). En ensayo dio a conocer parcialmente el aún inédito: ENTRE LA EXPECTACIÓN Y EL DESENCANTO.  Construcción y autorreconocimiento de la identidad personal en la poesía y la narrativa de Jorge Luis Borges (2010).  
Horacio Verzi ejerció la  docencia en  La Habana, Cuba (1977-1982)  y trabajó como   investigador en el Centro de investigaciones literarias de Casa de las Américas (1981-1985).  Asimismo se desempeñó como redactor, corresponsal y editor de noticias en distintos medios periodísticos en países de América Central y el Caribe.
A su regreso al Uruguay, fundó y dirigió la revista Graffiti y la editorial  homónima (1989-1999). En la actualidad dicta clases en el Centro Regional de Profesores (CERP) de Punta del Este, Uruguay. 

Horacio Verzi-Esteban Moore