2/Deambulo por la orilla
del Río Negro,
en lo más austral de la provincia.
Aguardo el horario del próximo trasbordo.
Sobre el cauce, las imponentes vigas
del puente viejo
unen
las dos ciudades:
la que soñó con ser
importante y brillar;
y la que nunca brillará tanto
como quisiera.
En el paredón, enfrente de la terminal,
Karen sonríe con el corazón en la mano.
Sobre las márgenes del río, las historias
se graban a fuego:
que mueran a hierro los que matan.
3/En la cafetería de arriba
la madre sirve café,
pasa el trapo en el piso y atiende la caja;
el niño conduce sus autitos
sobre una mesa vacía.
La tarde languidece pero el viento
ejerce mandatos extremos.
Afuera, algún taxi espera lo imposible;
en los cuatro puntos cardinales
se condensa, imperceptible,
la tormenta.
8/Pasan los kilómetros como las horas.
El ruido del motor,
la radio que escuchan los choferes,
afuera el frío y adentro este calor.
Si pudiéramos abrir las ventanillas
se escucharía el sonido del viento,
su silbido de basalto entre las rocas.
Afuera, otros procesos
erosionan el entorno.
Salir de la zona de confort a la meseta
tiene este ritmo,
un microclima que envuelve
lo que puede llamarse aceptación.
9/Nueve horas transitando la tierra
de las piedras que suenan;
cada tanto, algunas pocas luces,
un camino de entrada,
un cartel anunciando vida humana,
celebrando el espíritu gregario,
la necesidad de pertenencia.
Unos pocos miles repartidos cada tanto,
en la infinita extensión que va
del mar a la montaña.
10/Mancha Blanca, Valcheta, Musters,
Nahuel Niyeu y es, apenas,
la mitad del camino.
En las distancias de este país
el futuro
es un boleto ilegible;
apenas se ve la meta,
apenas se sobrevive
en el trayecto que nos toca.
14/Espero estés muy bien, -dice el amigo-
en medio de la gran ola tóxica de Hokusai.
Sí, estoy muy bien-le digo-.
Aquí, tan lejos, no llegan las esquirlas
de los noticieros.
Sólo el viento habla conmigo
cuando camino por estas calles
despejadas de toda influencia.
Kosten es el gran compañero aquí,
y es sabio,
nos habla sólo de aquello
que vale la pena escuchar:
18/Los muebles de pinotea
alardean
su esplendor en la cocina de la estancia.
En temporada de deshielo baja el arroyo,
los lugareños sacan truchas de sus aguas.
El boliche de ramos generales
es la única parada de las tropas
que transportan
toneladas de lana.
Esa es la escuela rural, hasta
hace poco ahí se votaba.
Ruca Luan,
Ruca Luan…
Sólo los guanacos ahora.
Sólo los guanacos.
NORMA ETCHEVERRY nació en la provincia de Buenos Aires, en 1963. Publicó, en poesía, Máscaras del tiempo (1998), Aspaldiko (2002), La ojera de las vanidades y otros poemas (2009), Lo manifiesto y lo latente (2011), La vida leve (2014), Un corazón eslavo (bilingüe, con traducción al checo, 2023) y Línea Sur, (2026). De 2015 es La isla escrita. 35 poetas cubanos, selección propia de poetas cubanos contemporáneos, XXV Feria del Libro de La Habana (2016). Beca Fondo Nacional de las Artes, 2019. Co-editora en Proyecto Hybris Ediciones. Estudió Periodismo y Letras en la Universidad Nacional de La Plata, ciudad donde reside.

