sábado, 12 de mayo de 2012

Joaquín Valenzuela: Poemas.




Joaquín Valenzuela



























qué van a decir de nosotros los puentes

¿y qué van a decir de nosotros los puentes? ¿que pasábamos?
¿nos veían pasar? 

con sus ojos miles de remaches. Un reflejo
en la última gota de acero antes del sello del óxido en los párpados.
¿Que nos cubrían?

con su capa agujereada su cúbito radio al aire
pelados
huesos cables
tendones donde se posaban siempre pájaros en
negro que cuando pasábamos 

se abrían por fin de frío sentían el aire en los
canales de las alas y  nos llovían
en punto
termómetros?


caballo comedido

Caballo comedido venido del  
sueño a pastar como en el sueño 

Segadora constante Mi diente
nuevo en porcelana es una joya 

y en el terreno 
pasta un caballo la helada capa
de arpillera entre los humos y puede 
triturar  madera Es un diamante
en verde mandibular 

desde su boca un
postizo tordillo se ríe por mí que 
a seguirlo relincho 


viejas que lavan 

viejas que lavan con jabón blanco en pan
entre las ramas en los patios
debajo de las parras
en tanques de cemento o piedra
en las bombas de agua o en
lavaderos de chapa
de los bañitos del fondo

con palanganas de aluminio
con un balde al lado
verde

en todos lados remojando camisones
enaguas de cintura algún conjunto claro
las cortinas de los comedores

de a poco y sin fuerza
prendas finas

con las manos en el agua
recién levantadas

viejas muertas con aretes de colgar
como cúpulas de iglesia o
como pasas de uvas

remojando una sábana en
leche de jabón donde por ahí
se cae un palito de una planta
o una mosca chica que se mantiene
haciendo pie en la nata de los bordes


Joaquín Valenzuela (Dolores, Buenos Aires,1971) Actor, poeta, artista plástico. Libros publicados: Actividad Física (2007) doméstico (2009) y Varamientos pampa (2011)

domingo, 6 de mayo de 2012

Rodolfo Hinostroza: Imitación de Propercio.








Rodolfo Hinostroza






















Para arrasar el Poder
se precisa el Poder: yo buscaré el Tao & Utopía.
                                                                                                      Oh César
no me sueltes a tus perros de presa
la otra margen quizás no he de alcanzar
                                                                             quizás me turbe
la contemplación de la belleza
y quede detenido otra vez detenido por un cuerpo
sensible a la virtud de un río
                                              qué fueron sino rocío de los prados
qué fueron sino verdura de las eras
y pasaron miserablemente sus días en la tierra
                                                                         Mi amada me espera
en la Puerta de Lilas
iremos en auto-stop a Salzburgo
                                                              Mozart prende las estrellas
nos revolcaremos sobre campos de avena
una vez más hacer el amor será un milagro
                                                                              entre dos o tres
y las suecas de largas piernas
                                           el invierno nórdico
                                                                                 cantando cosas
lúbricas forever
                               descubriendo la dulzura del Oro de Acapulco
nuestra propia dulzura
la naturaleza bienamada
                                             robando frutas
vendiendo baratijas hechas por nuestras manos
viajando hacia el verano
o el otoño
los desiertos alquímicos
                                        bellas palabras en idiomas extraños
y acamparemos bajo las estrellas
                                                              ritos órficos / sueños
espuma de mares jóvenes y mortales
                             donde no  lleguen tus gerifaltes
                                                                                                  Oh César
a intentar que cantemos al Poder.                    



Rodolfo Hinostroza (Lima, Perú, 1941) Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo. En poesía ha publicado, entre otros títulos: Consejero del Lobo (1965); Contranatura (1971); Poemas Reunidos (1986); Memorial de Casa Grande (2005); Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados (2008). Su obra ha sido distinguida con importantes premios nacionales e internacionales.


jueves, 3 de mayo de 2012

Roberto Raschella: Poemas.





Roberto Raschella

















                                     

                                                                             …e dove non ho potuto trovar variationi
                                                                             nelli affetti ho cercato di variare il modo di
                                                                             concertarli…*
                                                                             Claudio Monteverdi





Sí, otra vez el pensamiento de ti,
otra vez el pensamiento del mundo.
Fue en la noche vulnerable,
cuando en el sueño oscuramente turbado
por tu presencia, a la altura
de mis ojos apareció ligera
la vida nueva, y de ella floreciste,
como si fueras la grama de las nupcias
en los pueblos de montaña.
Lejos, muy lejos, algún pisador
destrozaba los granos en el justo tiempo.


* […y donde no he podido encontrar variaciones en los afectos he tratado
de variar los modos de concertarlas…]


****

Era bogador de arenas.
Te encontré echada, verdeabierta, acecho
que se rompió como una queja blanca.
No este jardín. No germinaba el esqueleto,
en el suelo febrilmente frío, bajo mis restos
de blandas glicinas que desaparecen. Éramos,
compañeros de nadie. Las palabras no gozaban.
Nuestras manos crecían la malía de deslumbradas cuestas.
No, no sabes todavía. Era ausencia el bajel de conventos
voladores y mezcladas naves. Subir al árbol,
formar un valle infame donde la pértiga muere,
en oscuras voces todavía agrarias.
[y un hombre, un bastón curvos te amenazan]
Iamunindi. Inmaduros, odiando.

Fábula del hato. Huso luminoso. Epitafi o de aceite.
Sonrisa de paja. Malla de iguales y antiguas quietudes;
y el haba que reluce por el hambre de mayo.
Casa desventurada y negra.
Dura ciudad. La mujer renga se quedó en el pueblo.
Iamunindi.

Dinastía de cítricos costeros. Tierra bailarina
de algodón y madera. Bandada, sin aire.
Iamunindi: sólo el cielo no parte.

Y un hombre
se me revuelve por las calles. Delirio de conocer,
y no ser conocido. Feroz, en las colinas, vendimia helada.
Austral espiga. Marcha con el fémur, marcha con la tibia.
Polifemo por dos ojos. Madrigal borracho. Gris luz sarracena.
Horda de cachorros ante los padres transparentes.
Lleno de rojo, y envuelto, y rojo. Con las cabras
del alma, negra alma. Trepaba buscando
la fl or sudada, los palacios
de mármoles sin ojos. La mujer, en navajas.
Pasión de ella, pasión de ti.
El vino, el alba gregoriana, el cuerpo hambriento,
el iris que no se quiebra, la tos desolando muros,
nos llevan, todo sueño matinal.
Y corren sobre los agujeros negros.
Las mujeres eran azules. Las mujeres son negras.
Poesía, vienes de lo negro,
Los nudos se aceleran. Cedo ante el pasado.
Cada cosa es,
fija imagen. Aplasto la entraña,
de nácar, de asco. Desciendes.
Si debes enlutarte,
enluta.
No mueras.
No vuelvas.

****
Y fuera del tiempo, hay fiesta.
Ellos buscan sus cadáveres, ese tiempo.
La mujer en clausura
baja a los blancos patios.
Los espantajos no quieren levantarse, y se levantan.
En la brisa, en la líquida quietud,
un texto eterno el orden de la luz,
el grado de tristeza sobre la pestada sangre.
¿Por qué ocultaste hoy el temor al lamento?
Bulto de fabulosa Límina, bulto pleno
de un hombre solo. El hueso regresa al borboteo perdido.
Necesito la claridad de la sinovia estéril,
sus infi nitas variaciones, el arcano
de bisabuelos, que ya no tienen nombres.
Y rueda el sonido, la sanguina lenta.
Los coloquios mudos, las caricias de mente.
Atados, atados. Mi espejo carnal,
una desnuda paz de abandono.
El naranjo es hondo, la alegría ha muerto.
Ángeles arruinados se acuestan y arrastran
a siglos malados, a un rubio cafarnaum de pasiones,
a una ceguera violenta. El riacho corre,
el común telar está deshecho, yemas de ocaso
amenazante. Regular, asidua, entre ruinas,
la exhalación de las madres. Sentir frío, ser cubierto.
La duda que empieza y es silencio.
[Nos reconocemos. Ni siquiera entiendes la extrañeza
–¿pero no es así más extraño?–:
el pez nuevo y claro de la feria ignota. En los hornos,
junto al espíritu de las semillas]
Resplandecían las mañanas caprinas,
los ópalos de silbidos en las campañas.
La malva no envejece sobre los muros,
sobre los pálidos oráculos. El espectro se hunde por el
                                                                              catarrato.
Un mismo silencio, de desesperados; el círculo se interrumpe.
Las plantas despilfarran vida:
suelo de octubre es, madre. Tus gufos llegan
a la ciudad destruida. Persiguen trópicos marinos y carnados.
Hilan tejidos secretos y un hastiado escribir,
resurrecciones, lejanas. [Sonaba el gloria en el harmonio,
y voces de campesinos oscurecidos, piedras lanzadas que
ensordecen de odio. Después granaba la tarde, la plaza,
los hombres, y saturados olivares desangraban]
Roen graves.
Descubrimos la verdad, la nada
de siempre por siempre. Apenas he vivido las leyendas.
Y alguien confi nado recoge la obstinada pobreza.
Meditar no es hacer.

Hay un trigo batido, y un ocre,
y la niebla que cierra. La consangre.
Piénsanos, madre, hasta el alba final.

(de  La casa encontrada, poesía reunida, 1979-2010, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2010.)

Roberto Raschella, Esteban Moore; foto Alejandra Correa.
Roberto  Raschella  (Buenos Aires, 1930). Poeta, novelista, ensayista, guionista,   crítico de cine y traductor.  Ejerció la docencia como maestro de grado durante treinta años. Ha publicado en poesía: Malditos  los gallos,  Buenos Aires, 1978; Poemas del exterminio,  Buenos Aires, 1988;  Tímida hierba de agosto, Córdoba, 2001 y La casa encontrada, poesía reunida, 1979-2010, publicada por el Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2010.  En novela: dio a conocer: Diálogos en los patios rojos, Buenos Aires, 1994; Si hubiéramos vivido aquí, 1998 y La historia que nunca les conté (con Mariano Fiszman), Buenos Aires, 2005.
Colaboró como guionista en varios filmes de corto-metraje y como ensayista y crítico, colaboró en la revistas  Cuadernos de Cultura, Tiempo de Cine, Cinecrítica y  Cinema Nuovo de Milán, dirigida por Guido Aristarco.  Colabora en una decena de cortometrajes, especialmente con el grupo "Taller de Cine", integrado por Jorge Macario, Félix Monti,  Jorge Tabashnik, Arsenio Pica y Nemesio Juárez.  En 1969 se estrena en Buenos Aires El ejército, cortometraje dirigido por Nemesio Juárez con guión de Raschella. Su obra ha sido distinguida con el premio Boris Vian, Buenos Aires, 1999 y  el segundo Premio Nacional de Literatura, Buenos Aires, 2004. En 2005 obtuvo la Beca Guggenheim. 


Javier Naranjo: Poemas.





Javier Naranjo
















 





Destierro del día


                                         Un mono

                                       El pequeño mono me mira…
                                     ¡quisiera decirme
                                     algo que se le olvida!

                                                                   José Juan Tablada.


Entro a la nata espesa del día, levanto la cabeza y
miro con otra atención. La luna desde temprano
está puesta en el cielo, la cabeza se eleva desde
todo eso y siento que de la grisalla se alza una
vida más espléndida, que afuera hay una vida
 más alta.

Respiro el mismo día que los demás, voy
como ellos, vivo vano triste. Pero hay algo más,
casi lo puedo tocar…pero no… lo olvido y
sigo caminando con el rostro del que ha sido
expulsado.



Reunión de trabajo


Toda la tarde me acompañó un poema. Me recogí  
en él mientras hablábamos de enseñar a leer y a
escribir…Qué patetico empeño.

Y en el grupo era unánime la sensación de no  
estar del todo mientras conversábamos de cosas
ajenas a nosotros con una verdad que se revolcaba
bajo la mesa. Un animal de discordia que
nos lamió y enroscó la cola. Torció los argumentos
 y nos dejó arrimados a la intemperie.



¿Cuerpo o palabra?


Untarnos para siempre de esa cosa que tienen
las palabras.

Los animales que lamieron de sí, ahora reposan
y se olvidan, porque es menester abandonar lo sólido,
entrar en aire.




Irse del animal


Tu mano en despedida
tu boca

tu espalda
que se alza de tu grupa

tu largo dorso
yegua




Hender el aire


Es difícil hender el aire, tocar el día,
cuando en la noche giramos esperando
en zozobra el milagro de la luz.


Es tan difícil salir erguidos,
compuestos, afeitados, si no hay
sosiego y sólo islas y sólo náufragos
 y mar abisal.
 


Javier Naranjo (Medellín, Colombia, 1956) Poeta, gestor cultural, promotor de lectura y docente. Dirige la Biblioteca y Centro Comunitario Rural Laboratorio del Espíritu, en El Retiro, Antioquia. En poesía a dada a conocer: Silabario (1994), Lugar de cuerpo ciego (2006),  y A la sombra animal (2011).  Ha participado en Ferias y Festivales internacionales. Artículos y poemas suyos han aparecido en diversas revistas, periódicos y antologías.