martes, 10 de julio de 2012

Jorge Ariel Madrazo: Cantiga para Ella.






Jorge Ariel Madrazo























Si se extravía una bala,
si alguien me escupe en la cara,
como ayer, no me guardo pensamientos
contra el amor que me ha sido dado.

Ingeborg Bachmann



LAS jibias (las de Montale),
extrañísimos calamares, ámanse
   luego de que el macho persuade a la hembra
   mediante obsesivos frotes  sexuales y
   fingiendo un inédito tono añil.
Surcan los espermios la íntima frontera.
Líricamente se adoran,
procrean.

Así los animales,
su sabio frenesí.

Sólo el humano ama
y le estalla el planeta.



OJOS tuyos que me miran
            no son
riente o cándido mirar, ojos son
            para ser
religiosamente, en sí, mirados:
iris de Afrodita de Fidias
mar que en el mar se enmarina.
Egeo que un paralelo Egeo
enciela
entes u ojos libando
tu vigilia interior.

Sobre la batea
ojos de mujer
procrean
en solitaria aldea
la idea
Mujer.


Y si esa foto se animara, te hablase
¿qué haría la tu alma?
Imagen de mujer cuyos labios
acaricias cada mañana al irte y
en la noche, tan quedo.
¿Y si en un tris te respondiera,
te dijese: «te amo»
y buscaras en torno a la que habló
y vieras sólo aquella
foto que te sonríe?

Esa foto ¿será sólo una foto, acaso
no será Ella mismita
que ante tu desconcierto
se habrá echado a ser carne,
se habrá echado a cantar
y su canto resuene
entre los astros mudos?

A Patricia
           


LA callada algarabía
del amor
se tendió con nosotros
en el lecho de la dicha hilada 
con inusual delicadeza,
la dicha con senos
sexuales
de otoño.

Y fluye un manantial en la gruta
donde tu claridad llama a los colores
donde canta
y torna a cantar
la callada algarabía del amor.

           
Para Alicia


CUANDO las manos del universo
se atreven a mecer
tu cabello con tal irreal
desatino,
una luz única, intensísima, se
enciende en el vino 
en la casa del poeta, al borde
del acantilado.
 
Una luz única, intensísima, y
el viento recién nacido
impulsa al navío violeta
contra el muelle y el albatros chillón.
Todo esto sucede cuando
el universo mece tu cabello.

Y cuando atas tu cabello con
una delgada cinta de seda
como quien pretende contener
una tormenta en un dedal
las nubes caen sobre Tongoy
y yo pastoreo palabras
en el cosmos, en la luna,
y es mi única ambición
que tu cabello crezca en mi pecho
que tu cielo quepa en mis pupilas
que tus llantos empapen mi voz.



LA morbidez, la seda.
Lisuras de la noche mojan tu cabello.
El mar escurre desde tus ojos
Se incendia el parasol de la aurora.

La inteligencia dicta el turno de las gacelas
y electriza tus sueños con dedos de lluvia.
(Haces nacer la música que nadie oirá).

Una garza desangra el horizonte, sólo
para que tu sangre insurrecta
dé vida a cuanto inerte parecía.

Cuando enciendas tu luz, todas las estrellas
preferirán morir.



JURAN los malpensados
que ella flamea
alas y no brazos,
nada ortodoxas alas
es verdad,
pero de tal levísima sustancia
que al correr a estrechar
con dulzura a mi amiga y
rogarle: “Ven, fiel mensajera
de la delicadeza”,
tintineó ella sus manitas
-¿sus alas, acaso?- y
                                    se elevó
hasta disolverse más luego en
la lluvia.

Jamás diré cuánto la extraño.
Desorientado
en la alta noche
ya no sé
qué es peor:
si oír que no me ama
o saber que ahora
pertenece al aire.




Y Ella dijo, esquivando mi mirada, con pupilas
bajas me dijo: “el amor,
lo he comprobado, sólo es bello si acata
postulados de matemática pasión”.
Es verdad: las isobaras que en sus pliegues
nos congregan, la escala hidrométrica
y aquella puestita de sol
tan exactos son como tu cuello
que deletreo a un millar de kilómetros
con delectación.

Los estados de tu alma, más el diámetro lunar
te acurrucan junto a mí para escuchar
a Thelonius Monk. Y qué decir
de las grandes culpas del abandono.
Del miedo que tiende sus alas de estopa
Del deseo con sus arterias de ají.
Por favor,
cuando necesites calcular
dos más dos
ven a mí. Hagamos el amor.





INTIMIDAD del goce: vos y yo.
Navegar el planeta, la intemperie.

Esta noche será todas las noches.
Nuestras vidas anúdanse mañana.

Dos copas que se entibian; ojos, manos.
Fluir de las miradas (y algún tren).

Dos copas que se encienden. Ojos. Manos.
Intimidad del goce. Vos y yo.

La ciruela se encela sobre el plato.
Y un pasional jolgorio pese a todo.

Soñar tu boca (suspender la muerte).
Intimidad del goce. Y algún tren.

Dos copas que se incendian. Ojos. Manos
Un pasional jolgorio pese a todo.
Nuestras vidas anúdanse mañana.
La ciruela se encela sobre el plato.
Intimidad del goce, y algún tren.



EL rayo azul en el teléfono
seré     las fauces seré de la sed
el cántaro con los oros de tu leche seré   
el jadeo seré de los soldados
que agonizan  en la estepa    en Rusia   
el frenesí seré   la mano descarnada por
la oscuridad.   
Seré el malamparado que las madres temen
el que te amará un invierno    como   
nadie jamás el que no dormirá por inventarte
en la brusca noche    seré los ojos
que te harán sollozar.

No me hallarás en el sótano    en  el alcanfor
Temblaré en el pórtico    de las desapariciones.
Viviré en tu sueño     Y cuando no me sueñes   
quizás sea que Aire no moje ya mi boca.
Pero igual cantaré    todos los siglos por morir
la sorda música invisible de tu nombre.

*
(Cantiga para Ella, obtuvo el XII Premio Internacional Sexto Continente de Poesía Amorosa)

Jorge Ariel Madrazo (Buenos Aires, 1931) Poeta, narrador, traductor. Exiliado en Venezuela entre 1976/83. Más de una docena de poemarios, entre ellos Blues de Muertevida (1984, Premio Nacional-Regional), Cuerpo textual (1987, Premio Municipal Ciudad de Bs.As.),  Cantiga del Otro (1992, Premio-publicación Edic. Del Dock), Para amar a una deidad y De vos, 2008. En prensa en julio 2012: Ayer decías mañana (Edit. Ruinas Circulares) y la antología personal Algunas escenas del mundo (La Cabra Ediciones, México).
Obtuvo la Beca para creación del Fondo Nacional de las Artes, con el aval de Enrique Molina, Olga Orozco y Francisco Madariaga. Miembro del Consejo de la Revista de Poesía «Trilce», de Concepción, Chile, que dirige el poeta Omar Lara.
En narrativa: Quarks – Microficciones.  Ventana con Ornella y La mujer equivocada, cuentos. Ensayo: Breve historia del bolero (Caracas, 1980) y El Anticristo (Edic.Círculo latino, Madrid).
Su novela Gardel se fue a la guerra (Edic. Desde la Gente, CCC, 2011) obtuvo el Primer Premio Eduardo Mallea de Literatura 2003/2005 de la Ciudad de Buenos Aires. Recibió en 2005 el Primer Premio internacional Ibby (International Board on Books for Young People) por sus traducciones de libros de Jack London. Invitado a Festivales poéticos en USA, Brasil, Colombia, España, Francia, Irlanda, México, Perú y ex Yugoslavia. Miembro honorario de la Unión de Escritores Brasileños y de la Academia de Letras del Nordeste del Brasil.






































Andrés Nieva: El diario de los árboles.




Andrés Nieva























(diario de un día)

Imaginar un paseo de un día y no escribirlo, es parecido a no haberlo realizado.
 No sé que grado de ética puede tener escribir un diario de un día. ¿Será algo fortuito o un acto premeditado?
 En el patio, el gallo tiene su competencia matutina con los gallos de las casas vecinas.
 La lluvia dejó pequeños charcos en el suelo, las plantas verde-fluor y es un acto poético las gotas de lluvia sostenidas en el alambre de la soga.
 El colectivo pasa por la puerta de la casa donde me hospedo. Lo espero como quien guarda una esperanza.
 No sé que hora es. No tengo reloj desde hace días. El tiempo se diluye junto a la brisa que corre.
 Tengo enfrente un árbol de moras que se eleva varios metros sobre lo que denominamos cielo. Sus ramas, brazos viejos le dan albergue a dos palomas que escriben su historia en un nido.
 Miro el camino de tierra  fijamente hasta chocar con un camión estacionado.
La calma se pierde cuando se acerca una moto y las palomas hacen su ruido tan particular.
 En el silencio todos los ruidos son cercanos.
 Viene el colectivo La Linda. Subo, pago y el chofer corta el boleto de una máquina antigua.
 54321
Serie 005
15892
 El colectivo se adentra por un camino de curvas. A un costado hay una capilla. Miro un canal de riego lleno de árboles. También ranchos y hornos de ladrillos.
 Los semáforos y las casas indican que entramos a Villa Dolores.
El sol asoma y los árboles lo cubren a casi todo con sus ramas.
 No importan los días domingo. Bajo en la plaza, miro la fuente sin agua y las cruces de la iglesia que con el terremoto de Caucete, una fue a parar al suelo. Los gorriones y benteveos de mi infancia siguen cantando.
 Abandono la ciudad y voy en dirección al río. Miro dos caballos que comen yuyos. El agua corre, no se detiene, lleva el color del barro por la lluvia. Camino entre plantas silvestres. El sol muestra una luz, fuerte, blanca y la piel de mi cuerpo brilla.
 Desde el puente veo el río que busca su cauce. Hay animales y los sauces llorones cargados de tortolitas y reina moras le ponen imagen al diario de los árboles.
 Bajo las escaleras, voy por un senderito para caminantes. Camino rodeando los árboles y me quedo mirando peces y renacuajos.
 Las sierras azules son testigo fiel de cómo cruzo puentecitos añejos de madera debajo de álamos altos. El río es  atravesado por sauces muertos que se niegan a transformarse en nada luego de que tormentas de tierra los derribaran al río y éste logra que otras ramas salgan de su otra forma adoptada.
 Camino y mientras camino los árboles me enseñan su lenguaje de tiempo y sabiduría.
 Mirar árboles no marea, dan protección a los sentimientos. Una llanura verde de tonos con cantos de pájaros que vuelan. Hay un monolito de San Agustín con estampitas lavadas por el agua y amarillas por el sol. Las ramas de los árboles se agitan y dejan su mensaje al mundo.
 El cielo parece taparse con teros que gritan y forman un paisaje en movimiento.
 Descanso bajo una sombra, me pierdo en el remolino envolvente de aguas hipnóticas y turbias que dejan a mis palabras vacías de pensamiento.

Me siento en una piedra y miro como la creciente lleva basura, ramas y piedras. La música del río es salvaje.  
 Camino por el tubo que cruza el río. Al llegara a la mitad extiendo mis brazos como un pájaro, tomo aire como un Comechingón y alcanzo la altura de los árboles.
 Observo el monumento a La Oreja y las piedras gigantes del río tienen silencio y energía.
 El arroyo de Chuchiras pasa por arriba del puente. Voy a casa y espero que el agua baje.
 Pienso en cuevas de Comechingones,  árboles y pájaros que tienen sus nidos dentro del campo. El sendero a veces desaparece entre barro, yuyo y árboles espinosos. Las sierras parecen pintadas por un pintor local al caer la tarde.
 Mis pies llenos de barro. Los árboles por las lluvias recientes parecen impulsados hacia arriba. Entro en el río, miro plantas acuáticas y piedras nunca vistas por la masa. Me ayudo con una vara, me protejo de las espinas y sigo.
 En ésta parte del paisaje, hay árboles que se unen y tapan el cielo formando paraísos divinos. Piedras ancestrales forman parte del diario de un día.
 Llego a destino. Fin del principio. Un Nirvana en mis ojos. Los árboles más antiguos y altos del universo. Parece que me estuvieron esperando. Pienso que el diario de los árboles tiene sentido. Subo por otro camino de piedra y paso por el criadero de truchas. Feliz, miro lento y me quedo junto a un eucalipto lleno de pájaros.
 Llueve y pienso en los árboles de noche y el río que los alimenta.

Andrés Nieva, Moore, Bermani
Andrés Nieva (Villa Dolores, Córdoba, 1973). Poeta y editor. Publicó en poesía: Boca del Río (2004); Una colcha es muy poco para tapar este invierno (2005); La suerte del perdedor afortunado (2007); El tiempo es un perro que huele mal y golpea a tu puerta (2009); Poemas piedras (2009). En narrativa: Say Yes (cuento)  En Prensa: La casa de los tres patios (poesía) y  Los poetas se aburren (cuento).






viernes, 6 de julio de 2012

Alberto Hernández: La Antología Presunta de Eduardo Llanos Melussa.


 

Eduardo Llanos Melussa











1.-
Una palabra se afilia a la conversación con el poeta chileno Eduardo Llanos Melussa: ironía, la que hace más evidente una inteligencia sutil. Podríamos afirmar que se trata de una ironía expresamente pedagógica cuando se entabla relación directa con el poeta.
Es un poeta casi inédito para los lectores del resto del continente, “descubierto” a través de Antología presunta (1976-2002), publicada en 2003 por  el Fondo de Cultura Económica, en la Colección Poetas chilenos/ Tierra firme. Libro donde aparece (aunque incompleto) el poemario Contradiccionario (1983), muy celebrado por los poetas Gonzalo Rojas y Enrique Lihn.
El lector se preguntará por qué una antología “presunta”. La respuesta nos la ofrece Niall Binns, quien abre el tomo con un prólogo enjundioso donde destaca el carácter de inéditos de los poemarios, excepto, precisamente, el ya mencionado Contradiccionario. Por supuesto, el trabajo de armar el libro fue labor del mismo autor, lo que hace más presunta la antología, toda vez que los libros permanecían guardados en un secreto tránsito de acomodo al mundo.  Pero también porque se trata, como señala en un texto inicial, del fondo contradictorio de su autor. De allí la inteligencia sutil (la sutileza es fina revelación en muy pocos autores) de Llanos Melussa que, gracias al X Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo 2012, nos permitió conocerlo personalmente. Y también nos dotara de un ejemplar de su trabajo.
En efecto, Binns ha afirmado: “La contradicción aquí es claramente una dicción en contra, un rechazo racional, barbado de ironía, a determinados comportamientos sociales de los poetas”.  Para demostrar esta tesis aborda el poema “Aclaración preliminar”, primer texto del libro en el que deja sentada una poética que se advierte en toda su obra: “Si ser poeta significa poner cara de ensueño,/perpetrar recitales a vista y paciencia del público/ indefenso,/ infligirle poemas al crepúsculo y a los ojos de una amiga/ de quien deseamos no precisamente sus ojos;/ si ser poeta significa allegarse a mecenas de conducta/ sexual dudosa,/ tomar té con galletas junto a señoras relativamente/ deseables todavía/ y pontificar ante ellas sobre el amor y la paz (…) / entonces, entonces, no quisiera ser poeta”. 
2.-                                    
Los libros que contiene este periplo, mencionado ya Contradiccionario (1976-1983), son Disidencia en la tierra (1976-1988), La brasa y la brisa (1986-2000), Paisaje histórico (1984-1989), Prohibido estacionar (1992) y Cofre de Haikus (1988-2002).
La tradición poética chilena es de largo trayecto.  Versos que conversan entre ellos, hacen de Llanos  Melussa un representante que no deja dudas sobre su agilidad y esmero por  asentar que las palabras deben usarse para decir, para encantar, para doler  y hasta para desechar. Llano Melussa es un poeta cercano a Nicanor Parra. Heredero de una cultura donde la irreverencia asoma siempre su cuerpo, nuestro autor destaca porque, como afirma el prologuista, “la esencia de la humanidad son las contradicciones”.  Valga el ejemplo de “Clausura”:
“Bueno, bueno, lo reconozco: / como tantísimos adolescentes,/ yo también incurrí en imperdonables poemas/ para que la amada de turno suspirara en sus tardes/ de gripe/ (amada que era apenas un rostro ardiendo al fondo/ de un sueño). // Pero hoy que mis horizontes van ampliándose/ -limpiándose diría si hubiera suficientes micrófonos/ en torno-, / quisiera rehabilitarme como un hombre de buena/ voluntad/ y hacerme digno de mi propio lenguaje, / dignidad en cuyo honor clausuro este poema”.
Tono en el que el autor se somete al escrutinio del tiempo. Desdice y dice: va al pasado y retorna al presente con la carga de una humorada que se convierte luego en oficio. He allí el carácter indoblegable de quien no teme arrancarse los verbos de la piel y hacerlos parte de un texto donde viven y sobreviven la “gripe” y el poema. Porque el resfriado de una novia de la adolescencia jamás se olvida y hasta se convierte en leyenda urbana cotidiana, como todos los textos que en esta antología presuntamente existen. Y vuelvo a lo de presunta porque, en efecto, somos lectores presuntos dado el grado de peligrosidad de estos trabajos en los que Llanos Melussa provoca, conspira y se hace el loco a la hora de los cargos de conciencia. Es decir, el autor nos crea, nos inventa en la medida de su recreación (y re-creación): una suerte de mirada a un paisaje que se instala en el imaginario de quien abre estas páginas. Sí, es un libro donde el ser social y el ser político se confunden con el ser poético, con el gracejo de quien siempre se tropieza con el mundo y lo analiza con cabeza fría y muchas veces ahogada con una risita de medio lado. Existe una ética del decir. Existe una ética/ poética a la que somos sometidos, voluntaria o involuntariamente, los que osamos acercarnos a él, al poemario, a su presunción.  
3.-
Digamos de Disidencia en la tierra, juego donde Llanos Melussa contradice el título de Pablo Neruda, lo revisa y le da otra dimensión. La residencia se extravía y se confirma exilio, tortura, voz contraria, destierro, pérdida y hasta extravío. Muerte. En este espacio verbal el poeta habla desde el adentro y el afuera de una realidad que conmovió al mundo entero. La dictadura chilena sigue siendo un largo poema donde el dolor, el reclamo y la ironía produjeron textos como “Aviso clasificado”:
“Centro de inteligencia y prisión preventiva/ en vías de expansión a todo el territorio/ necesita contratar personal de apoyo/ en jornadas nocturnas, diurnas o vespertinas.// Se exige dinamismo, reserva, sangre fría, / olfato, patriotismo, buen oído y buen ojo./ Deseable posesión de vehículo propio,/ estudios de kárate y buena puntería.// Se ofrece buen sueldo, comisiones y viático. / Labor no rutinaria –con viajes de confianza/ dentro y fuera del país-. Carrera funcionaria.// Postular solamente los más interesados. / Enviar nombre completo, sin datos ni currículo: / de eso ya tenemos un registro exhaustivo”.  Queda en la lengua -y allá en el fondo de la memoria- una carga tan humana que deshace el oficio del soneto. El poema es –precisamente- el oficiante, el que advierte de todo lo que podría ocurrir y no ocurrir. El dolor es un largo y afilado poema como el mapa de Chile. Y así como es largo el territorio austral, así este poemario que deja un extraño sabor en la boca. Con estas palabras cierra el libro el poeta santiaguino: “Pero es cierto también que ahora, al balbucear/ y bucear en mis propias lagunas mentales,/ me sorprendo in fraganti a mí mismo proclamando/ ideales libertarios en un tono impositivo, igual/ que un almirante jubilado que se desgañita/ arengando a una tripulación inexistente,/ poniéndome y sacándome y poniéndome de nuevo/ la máscara del desenmascarador./ Así que ya no sé quién soy ni quien no soy/ y prefiero interrumpir aquí este verdadero-falso/ testimonio”. He aquí entonces una forma de desdecir o afirmar una sociedad que aún navega en la incertidumbre, que una vez hizo decir a Neruda: “Cadáveres dormidos que a menudo/ danzan  asidos al peso de mi corazón…”.
4.-
Entramos en el paisaje nacional con el primer texto de La brasa y la brisa. Justificación para volver a sus andanzas: el poeta reflexiona y juega. Al derecho y al revés. Dice: “Serenidad del cielo/ al atardecer, / como si Dios meditara/ bajando los párpados”, luego de esta hermosa tarjeta de presentación (“Chiloé”), en la que no cabe ironía alguna, Llanos  Melussa nos revuelve el agua verbal con “Pantano nocturno”: “Cierto: aquel pantano hedía/ insoportablemente. / Pero, suspendiendo un instante la respiración, / uno descubría que en su superficie/ también se reflejaban las estrellas” (y coloca el próximo verso al revés, como si lo viésemos en un espejo). ¿Cabe este pantano en Chiloé? Podría ser en la superficie. En el fondo, donde no caben todas las cosas, la belleza: la contradicción, elegante y provocadora, desnuda a quien se maquilla y por dentro está lleno de espinas. Para burlarse de él mismo (como debe ser), dispara: “Una larga experiencia/ me ha mostrado/ que una larga experiencia/ no sirve para nada”. O: “Luego de intentar/ una atenta reflexión/ veo que jamás he hecho/ una atenta reflexión”. Estas paradojas, esta suerte de trote aforístico, confirman la búsqueda de quien se cree perdido, extraviado en medio de un desierto. Para redondear, se larga con éste: “Después de observarme detenidamente/ sé que no puedo observarme detenidamente, / menos observar si me observo o no me observo/ y mucho menos hacerlo detenidamente”. Tesis, una vez más, puesta en evidencia: el poeta usa la contracción como una manera de deshacerse de la abulia reinante, de la oquedad de ciertas reflexiones. Para hacernos más fácil el atajo, el poeta chileno nos hace entrar en la poesía dibujada que en México Juan José Tablada practicó a su antojo, y que hoy Llano usa para enmarcar su talento poético y su ocio existencial, que en el fondo son lo mismo. Palíndromo y caligramas, haikus y demás experimentos se pasean felizmente por estas páginas que, para casi clausurarlas, terminan así: “Siempre y en cualquier parte/ escribir ha sido nadar/ contra la corriente. / Sólo que aquí se incluía/ la corriente eléctrica”. Si hacer poesía es lo más contradictorio del mundo, también –como decía Hölderlin- es el oficio más peligroso, tanto que la picana es una metáfora.
4.-
Paisaje histórico: cruces de palabras: “Miré s muertos de la patria mía”. Cruces y más cruces. Caligramas. Cruces, muertos, agonía, tortura. Cruces, hasta llegar a Prohibido estacionar, donde la descarga es la de un sujeto que habla de la poesía, de la ciudad, de las muchachas, de una taza de café y muchas miradas. Textos donde el país sigue siendo una borradura, un paisaje fresco, una cálida estación de voces. Y luego, Cofre de haikus donde el poeta muestra su capacidad lúdica. Poemas donde un niño juega con las palabras. Donde un adulto se hace esas mismas palabras.
 Así, al cierre, me atrevo a afirmar que este libro es un inmenso ars poética donde la misma poesía (¿y su más allá?), los afectos y la gente constituyen una atmósfera cuya densidad se condensa en un silencio que nos ahoga al leer el último verso.

Alberto Hernández, Sam Hamill, Esteban Moore.
Alberto Hernández (Calabozo, Guárico, Venezuela, 1952) Poeta, narrador y periodista v escribe la crónica de la literatura contemporánea a través de la reseña de los libros que hoy por hoy nos salvan del olvido. Egresado del Pedagógico de Maracay, Hernández realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar, en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio Juan Beroes por toda su obra literaria. Ha representado a su país en diferentes eventos literarios: Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, y Universidad de Pamplona, Colombia. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios.
Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Se desempeña como secretario de redacción del diario El Periodiquito, de la ciudad de Maracay, estado Aragua. Mantiene el blog Puertas de Galina.







Daniel Oliveros: Bestias.





Daniel Oliveros














Hay un punto
exacto
entre el viento
y la guacamaya
que ella usa
para sostenerse
sobre el paisaje
hay algunos
que las han visto
entre edificios
iluminando las ventanas
de los carros estáticos
sé que vuelan
a no sé dónde
llevando su color
a cada punto blanco
que pueda iluminarse
sobre las aceras

Lanza el anzuelo
y éste se hunde
con el peso del plomo

ya habrán peces que
caigan
bajo la tentación
del color   forma   perfume

y cuando el sol
quema las escamas
y cuando el aire
enfría los ojos

el pescador
juez del apocalipsis
decide
qué pez pasará
por el umbral
del hambre
o cuál volverá
con las aletas
maltrechas
a seguir nadando

Cuando un oso
deja de hibernar
sale y hace cosas
de oso
pesca con las patas
duerme sobre hojas
cuida sus cachorros
como un oso
sin necesidad
de gallo
caña de pescar
colchón
o niñera
cuando un hombre
despierta
jamás será oso

Sin necesidad de vértebras
se retuerce sobre la cama
buscando escabullirse
sabe que quiere huir
y por vez primera
el crujir de una espalda
no delata la partida de una mujer
al contrario de la mantis
me ignoras aunque
esté tendido en la cama
te retiras un poco más
y con cansancio te arrodillas
a suspirar plegarias entre la noche

Sigue habiendo un color en la montaña
y los párpados se caen
los animales buscan refugiarse
pero los árboles son menos
tú pajarito continúa el canto
yo sigo estando dormido
por favor advierte a las otras aves
que sigo estando sin remedio
o vuela a otro lado a ver si escampó
cualquier cosa que decidas
estará bien pero vuela a algún lugar
no te quedes en este sitio
pon tu canto en los árboles y calla

Sé que todo hombre necesita un
zoológico para domar sus bestias
que toda persona tiene un lince
aguardando al momento del escape
y que una mujer es una garza que
lamenta su encierro cada semana
he escuchado las historias de los
niños que brincan cual monos
por entre ramas de árbol de mango
y los patriarcas aullando en desaprobación
también sé de los becerrillos que con
tanta calma pastan el campo
y de otros que más caballos persiguen
sus estrellas apagadas durante el día

Al mundo lo sostienen
huesos antepasados
sacrificio de la
misma tierra que los vio
nacer entre ratas
que nada más de pan y
agua viven   en nidos
así como en la tierra
entre costillas y cráneos
de lo que pudo haber
sido un héroe más del
silogismo patriota

Un tordito baja
para tomar agua
se posa callado
en el barro
lava sus plumas
con cuidado de no
dañar los detalles
picotea la tierra
buscando comida
el tordito mira el sol
ya es hora de irse


Aquél perro me mira
su calma aquieta mi
alma extranjera
él estuvo primero
que yo sentado en la
calle frente al cují
se lame sus partes
lava su pelaje
qué cuidadoso ese perro
mi piel   en cambio
la restriego
con culpas que
hago mías
y se quedan conmigo

En tanto caiga
el elemento
seré corcel
de tus victorias
pisando el polvo
con el hierro de
los cascos
seré caballo
en llanuras   montañas
cruzando ríos
y tempestad
serás jinete
ambos nos mereceremos
pero sólo seré
tu bestia
en tanto caiga
sobre tus pies
el elemento
o las lluvias
torrentes imaginarios
que deslíen de
la serenidad

Me dijo que tuviera
cuidado con el tigre
pero no sé
cómo es un tigre
no sé si ruge
                       o pía
si es carnívoro
aunque quizá coma fruta
cuidado del tigre
me dijeron a mí
sin saber siquiera
si es un animal
o una mala persona

Una ardilla se sienta
en las raíces
de un árbol anónimo
y roe los despojos
de un paquete de
frutos secos
esa misma ardilla
se mueve haciendo
ondas de polvo en
el camino
bebe agua del riachuelo
y vuelve a la copa del árbol
con su botín en la boca
                              Para Alexandra

Caballo   caballo
trota   trota
mejor no olvidar la yegua
caballo   yegua
trotan   trotan
estepas   sabanas
da lo mismo
el trote será igual
con la yegua de crines blancas
galopar   trotar
es similar aunque el tiempo
a la distancia sea
más corto
caballo   caballo
la yegua se fue al
otro lado del valle
a pastar sola
caballo   caballo
mejor detenerse y no seguir
unos dicen que el pasto
es más fresco por acá
                                     a Reynaldo




Se vuelve plata el monte
y la liebre se resguarda
nunca el bramido del león
había sido tan furioso
un destello delata su lugar
en seguida me agacho
hay otras bestias
guardándose de la lluvia
sigo mirando al animal
otro rugido después del
estallido plateado
ahora siento la grama
en el cuello
y la valentía en la garganta

Dios no es un ser
inmisericorde
de ser así
no fuera el gallo
que me despierta
para gastar mis manos
contra tierra y piedras
no fuera perro
comiendo sobras del suelo
para que mi madre
no me regañe
no fuera guacamaya
acompañando una anciana
tampoco fuera buey
para trabajar el campo
es la leña
para cocinar
es la carne desgarrada
por los colmillos
de sus animales
Dios son las costillas
que me rompo
castigándome
por no amar a las bestias
él es el caballo que uso
cuando no doy para más


Daniel Oliveros  (Valencia, Venezuela, 1991)  Colabora con revistas literarias y es miembro del consejo de redacción de  La tuna de oro, publicación del Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo.