martes, 9 de julio de 2013

El ataque a Esclavo de Dios LA INTOLERANCIA Y EL DOLOR, respuesta de Fernando Butazzoni.










Sectores muy reaccionarios han cuestionado el film de Joel Novoa Schneider por su visión crítica al terrorismo y el odio.
Alguna lectura francamente aviesa de la película Esclavo de Dios, de la que soy guionista, me impulsan a intentar algunas reflexiones acerca de ciertas formas de hacer política. En primer lugar deseo dejar establecido que no tengo ninguna intención de explicar, defender o analizar dicha película. Creo que las obras artísticas se explican, se defienden y se analizan por parte del público y la crítica, y nunca, en ningún caso, por aquellos que somos autores de las mismas. Sin embargo, la intención de provocar polémica con el filme tiene otras connotaciones que me implican, y no soy de los que acostumbran a callar.
Esclavo de Dios es una ficción que está basada en dolorosos episodios reales ocurridos a comienzos de la década del 90: el atentado a la AMIA en Buenos Aires es uno de ellos; el terrorismo de los servicios secretos es otro. Durante la investigación que realicé para escribir la historia, me encontré con una enorme cantidad de información. Es más: dos días después del atentado, un ex agente de los servicios secretos argentinos dijo que un grupo de iraníes estaban detrás del hecho. Esto fue publicado en su momento, o sea que se hizo público y notorio casi de inmediato. No es ningún secreto y sólo la ignorancia puede explicar la duda.
Mientras investigaba el caso (sin apoyo ni financiación de nadie, aclaro), de esa gran cantidad de información se destilaban elementos que delineaban con claridad una historia. El primer elemento era que el atentado en la AMIA no había sido contra el estado de Israel (ya habían volado la embajada en Buenos Aires), sino contra la comunidad judía de Buenos Aires y contra los judíos en general. El atentado a la AMIA fue un pogromo de nuevo tipo, con el mismo objetivo de todos los pogromos: aterrorizar a los judíos, despojarlos de todo, expulsarlos. El segundo elemento que surgía con claridad era que ese bombazo había sido planificado y llevado adelante con directrices claras establecidas en el extranjero, pues todos los expertos coincidieron en que una operación de esa magnitud necesitaba de mucho tiempo para planificarla, mucho dinero para financiarla y, sobre todo, un nutrido contingente de personas capacitadas para llevarla a cabo. Y el tercer elemento que redondeaba el panorama era que ningún servicio secreto había sido capaz de prevenir ese ataque: ni el Mossad, ni la CIA, ni la SIDE argentina, ni los otros (muchos) servicios de inteligencia que operaban en Buenos Aires en la época, entre ellos la DISIP venezolana.
Todo este relato previo tiene un objetivo concreto: establecer que la historia que se narra en Esclavo de Dios es una ficción basada en hechos que de verdad acontecieron. Todavía los familiares de los muertos en la AMIA reclaman justicia. Y aún hoy la investigación va y viene por laberintos parlamentarios, despachos judiciales, negociaciones diplomáticas y amenazas. En aquella época (1994), la DISIP venezolana era casi una sucursal de la CIA, estaba dedicada a conspirar contra Cuba y no se ocupaba de algunos asuntos. Por sus narices pasaban muchas cosas: terroristas internacionales que encontraban refugio, documentos y dinero para operar desde Caracas. En eso, la DISIP y los gobiernos corruptos de Venezuela tenían sobrada experiencia, como lo demuestra su participación en el Plan Cóndor, o en el atentado contra el vuelo de Cubana en 1976, y en otros muchos episodios de la época. Ese era el terrorismo internacional que medraba a la sombra de los petrodólares venezolanos.
No parece razonable diferenciar a un ciudadano italiano autor de numerosos atentados y asesinatos en Europa y América, mimado por los servicios secretos de Venezuela, de un ciudadano egipcio con chapa de empresario que también fue autor de numerosos atentados y asesinatos en Europa y América. En todo caso, a mí me resulta profundamente inmoral y contrarrevolucionario establecer diferencias en ambos casos. No creo, por ejemplo, que Ilich Ramírez haya sido un revolucionario, sino apenas un criminal que manejó con igual astucia la pistola y sus cuentas bancarias (por cierto, alimentadas de forma sistemática por Kadafi). No creo que los diecinueve ejecutores de los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono (todos ellos árabes musulmanes) fueran revolucionarios. Ellos fueron tan criminales como los pilotos norteamericanos que lanzaron miles de toneladas de bombas sobre Vietnam primero, sobre Irak después, sobre Afganistán y tantos otros lugares. No creo que sea moralmente aceptable valorar los atentados del 11 S de distinta manera que el atentado contra el avión de Cubana, que por cierto contó con amplias complicidades en Venezuela. Y el que no sepa eso, que se desasne.
Opino que sólo una grave debilidad moral e ideológica puede llevar a alguien a justificar episodios terribles y desgraciados como el atentado a la AMIA. Los revolucionarios deben ser, ante todo, personas de bien y gente de paz. Sólo quien no conoce el hedor de la guerra puede alentarla. Para ser sincero, estoy bastante cansado de los revolucionarios de pacotilla que desean a toda costa, más que un lugar en la historia, un sillón en alguna oficina gubernamental. Estoy harto de los que confunden la justa rebeldía de los pueblos con el bajo negocio político de entrecasa, de los que medran con dolores ajenos y lejanos. Estoy cansado de quienes creen que ponerse una boina ya es suficiente para dictar cátedra revolucionaria, de los que hablan sin pensar y hacen sin sentir. En América Latina la lucha por la justicia social ha costado ya muchos muertos como para que ahora un grupito de oportunistas, afectados por la enfermedad infantil del izquierdismo, deshaga en diez minutos lo que costó decenas de años construir. Estoy cansado de quienes se olvidan de los ideales de Sandino, de Javier Heraud, de Sendic. Estoy dolorido de esos revolucionarios de cháchara fácil que no recuerdan a Primo Levi, a Hanna Arendt, a Bertolt Brecht, a Julios Fucik. Y me resulta bochornoso para la especie humana que una persona considere un insulto o una acusación llamar a otra “pro judía”, como ha ocurrido muy recientemente. Si ese fuera el caso, no considero un agravio que me llamen pro judío, o judío sin más. Soy católico, soy bautizado y como hombre de fe digo: ¡Bendita sea la tierra de Israel!
Creo que los palestinos merecen su tierra y su paz, y que también merecen su tierra y su paz los judíos. Y que todos merecen el respeto que tanto les debemos nosotros, los que desde el confort de Occidente observamos impávidos durante décadas la discriminación y el odio que se ha practicado y estimulado de forma sistemática contra judíos y musulmanes. Por cierto que no es negando el Holocausto como vamos a pagar esa deuda, ni azuzando el conflicto, ni aplaudiendo cada vez que cae un cohete en tierra judía, o cada vez que un tanque israelí bombardea Gaza. El gobierno de Israel hace poco y nada por la paz, al igual que la Autoridad Nacional Palestina, pero no creo que maldecir a un pueblo o a una nación sea un aporte a la convivencia entre vecinos. Estoy convencido que el mejor aporte a la paz que podemos hacer es contribuir a la reflexión, sin oportunismo ni bajezas.
 Por último, también creo que las obras artísticas dicen por sí solas, y que algunas pueden ser buenas y otras malas. Pero me parece que la práctica de repudiar expresiones culturales legítimas y exhortar al poder de los Estados a ello es un método fascista. Ya sabemos cómo es esa historia: se empieza quemando un libro y se termina incendiando el Reichstag.

Fernando Butazzoni (Montevideo, 1953). Narrador, ensayista, poeta, guionista y periodista.  Entre 1972 y 1985, vivió en Chile, Cuba, Nicaragua y Suecia. Luego del proceso electoral puede retornar al Uruguay, donde desarrollaría una intensa actividad periodística y literaria. Fue encargado de páginas culturales del semanario Brecha, director de la Revista de la Universidad de la República, secretario de redacción del matutino La República, corresponsal del diario Clarín de Buenos Aires y director y conductor de programas de radio y TV.
En narrativa ha publicado: Los días de nuestra sangre (cuentos, Cuba, 1979); La noche abierta (novela, Costa Rica, 1982); El tigre y la nieve (novela, Montevideo, 1986); La danza de los perdidos (novela, Montevideo, 1988); La noche en que Gardel lloró en mi alcoba (novela, Montevideo, 1996); Príncipe de la muerte (novela, Montevideo 1997); Mendoza miente (nouvelle, Montevideo, 1998); Libro de brujas novela, (novela, Montevideo, 2002); El tigre y la nieve (novela, Montevideo, 2006); El profeta imperfecto (novela, Montevideo,2007); Un lugar lejano (novela, Montevideo, 2009).
Asimismo ha dado a conocer en crónica  y ensayo Nicaragua: noticias de la guerra (Montevideo, 1986); el volumen de reportajes Seregni-Rosencof Mano a mano (Montevideo, 2002); Los ensayos del Orobon (Montevideo, 1998) y Alabanza de los reinos imaginarios, un recorrido por el castillo del conde de Lautréamont (Montevideo 2004).
Su obra ha recibido diversas distinciones, entre ellas,  los premios Casa de las Américas (Cuba, 1979), EDUCA de narrativa (Costa Rica, 1981),  Bartolomé Hidalgo (Uruguay, 2008) y fue finalista del Planeta-Casa de América (2007) y del Rómulo Gallegos(2009).





lunes, 1 de julio de 2013

Festival Internacional de Poesía de Lima, 4-7 Julio, 2013


Esteban Moore: 3 poemas.



 

 

 

 

 

 

 






La canción construye sus imágenes 


En la habitación desordenada
la radio repite una canción de otra época

Es la música o la letra
la que te devuelve el cuerpo de esa mujer 
     - sus ojos encendidos en la  media luz
      la boca y  las manos
                                     /dispuestas-

Y  las palabras
el ir y venir de su creciente -inflamada marea 

Aquellas palabras del momento
y aquellas otras que no supieron salir de tus labios 

Han transcurrido los días
                    y en su multiplicada noche 
comprenderás que siempre ha sido demasiado tarde

Los amantes


Se han reunido después de varios  años
y conversan y  continuarán haciéndolo sentados a esa mesa
   que aún los separa como un océano o un continente
         o un desierto

La mesa lustrosa, gastada,
de un viejo bar en la esquina de un barrio perdido
sobre la cual flotan las palabras que registran el pasado dolor 
                        /las pequeñas traiciones de la carne

Palabras repetidas, una y otra vez,
                                pegajosas, lentas
como pesados trenes de carga que se cruzan en la oscura planicie
                        hacia y desde lugares lejanos

Palabras que con el correr de las horas rescatarán del olvido
la dulzura de aquellos tiempos en que ambos eran jóvenes
             /y la belleza de sus actos -una de sus muchas virtudes


 A rumbo abierto

Anduve la tendida llanura de la cuenca del Salado
sus rutas -sus caminos -sus canales hinchados de agua
Dormí bajo estrellas y lunas envueltas en bruma
En el valle del  Río Negro me obsequiaron manzanas 
                                    /del tamaño de una calabaza
Apagué mi sed en las heladas aguas del Ñiriguau
Todo esto recuerdo hoy aquí a la ribera del Paraná
y también
los gemidos de un moribundo en un hospital de campaña
la furia del viento en los grandes eucaliptos
el brillo ardiente de aquellos ojos claros
Todo esto recuerdo mientras observo los buques
                       /que navegan lentos contra la corriente
y celebro en silencio:
el buen sol - la brisa suave -el vino fresco
                                                            -la palabra mar


Esteban Moore (Buenos Aires, 1952) Sus últimos títulos en poesía son: Antología poética (Colección Poetas Argentinos Contemporáneos, Fondo Nacional de las Artes, 2004); Partes Mínimas-uno/dos- ( Córdoba, 2006); El avión negro y otros poemas (Fondo Metropolitano de las Artes y las Ciencias de la Ciudad de Buenos Aires, 2007); Veinte años no son nada (Córdoba,  2010) y  Pruebas al canto (Córdoba, 2012).


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jueves, 27 de junio de 2013

Roberto D. Malatesta: LA NADA QUE NOS VISTE.



Roberto D. Malatesta.






















 

UN HOMBRE ESCRIBE LA PALABRA RÍO

Un hombre escribe la palabra río.
En ella está implicado el curso de sus días,
mucho de lo que sabe, mucho de lo que ignora,
como sólo sucede con las grandes palabras.
Escribe esa palabra y su infancia transcurre,
mientras pesca su padre él vaga otras riberas,
sueña el río real y lo duplica,
mientras unos se quedan él se va.
Cuando mucho se aleje el río irá a buscarlo,
invadirá los cuartos de su casa
y tendrá más preguntas y respuestas del río.
Un hombre escribe la palabra río,
le dice casi todo y aún no sabe
cuánto puede abarcar de sí esa gran palabra.


UN HOMBRE ESCRIBE LA PALABRA LLANO

Un hombre escribe la palabra llano.
La sabe poderosa, capaz de transmutar
el nudo de su sangre en viento arisco:
un hombre escribe inmensidad.
Escribe el silencio y la música,
la lentitud del río, el vuelo de los pájaros,
la rama oscilante, la cosecha
y todo lo que oculta la distancia.
Como suele acaecer con las grandes palabras
no sabe dónde nace tanto amor,
si en la mirada o en el cerrar los ojos.
Un hombre escribe y multiplica su alma,
escribe y se desmadra su razón.
Un hombre se asemeja al infinito.


UN HOMBRE ESCRIBE LA PALABRA GRAMILLA

La sabe una palabra a punto de extinción,
una palabra  dulce, “i” entre dos “a”:  sonora.
Pero el mundo es punzante, eléctrico y opaco,
expulsa los vocablos de escaso pragmatismo.
En un mundo que apuesta al cemento y al plástico,
a la asepsia del césped, al espacio virtual,
quién dejará crecer esta palabra inútil,
desnudará su pie en su mullida especie.
Un hombre escribe y a sí mismo se consuela,
reúne la mañana en su palabra agreste,
consciente de que nace y muere en su cuaderno.
Sabe que cuida un mínimo jardín significante.
En el centro de un orbe que avanza y se devora,
cultiva los catorce versos de su palabra.




Roberto D. Malatesta (Santa Fe, 1961) Poeta. Ha publicado: “Las Vacas y otros Poemas” (1994, Premio Municipal de Santa. Fe),  “Por encima de los techos”( 2003,2004, 2011, 2012, Premio José Pedroni de Poesía),  “Cuaderno del no hacer nada” (2009).
En el año 2010 obtiene el premio  José Pedroni de Poesía en obra inédita con “La nada que nos viste”, posteriormente editado conjuntamente por la Universidad Nacional del Litoral y el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia  de Santa Fe. En 2011 publica una antología  “El silencio iluminado” que reúne una selección de sus  poemas del período 1987-2011.  Textos suyos han sido incluidos en las antologías: “Señales de la nueva poesía Argentina” Gijón, España y“Voix d´Argentine”, Le temps des Cerises- Ecrits des Forges- Leviatán,  Québec, Canadá.
Coordina el taller literario del Sindicato de Luz y Fuerza.







Marcelo Leites: POEMAS.



Marcelo Leites


















ADENTRO Y AFUERA

Afuera: los pájaros, el río, la tierra
adentro: los huesos
afuera: el día, la noche
adentro: el corazón
afuera: las miradas de los otros
adentro: la lenta letanía de la voz
afuera: la música
adentro: el silencio
afuera: las voces de los poetas
adentro: el latido de una palabra
afuera: la palabra vida
adentro: la palabra muerte
afuera: el pasado, el futuro
adentro: el presente
afuera: el movimiento
adentro: la quietud
afuera: el mundo
adentro: los ojos las manos los oídos la nariz la lengua
afuera: el camino, las huellas
adentro: las piernas, las manos
afuera: la nada
adentro: yo

MOVIMIENTO PERPETUO

Los hombres se mueven
riegan las plantas del jardín
arreglan la máquina del césped
comen con su mujer
hacen el amor con su mujer
juegan con sus hijos
van al trabajo vuelven del trabajo.
Los hombres se mueven
pagan las cuentas
hacen negocios
brindan con amigos
hacen proyectos
vuelven a casa.
Son capaces de acciones heroicas
pero bastan sus acciones cotidianas
para imponer su sello al mundo.
Los hombres se mueven
aun parados en una cuerda floja
aunque duerman su muerte nocturna
aunque se queden mirando el río
o permanezcan quietos durante horas
con un libro en la mano
y entren en una realidad paralela.
Los hombres se mueven
aun cuando estén inmóviles
se mueven sin pensar en moverse
porque sus cuerpos se mueven
convencidos de que así son libres.
Los hombres se mueven como respiran.

DEBAJO DE LOS SAUCES

Debajo de los sauces
a la sombra de los sauces
estoy yo.
Miro el cielo a través de las ramas,
azul límpido y mínimas nubes.
Respiro
y el aire llena mis pulmones
de oxígeno viciado.
Me concentro en el tronco,
en la rugosidad de la madera,
en los gorriones que atraviesan
el cielo en bandada,
en el sonido del río que corre.
Sólo miro estas cosas
y sé que es suficiente.
Sin embargo hay algo
que no funciona bien.
Una mirada demasiado estática
sobre el paisaje.
Pienso entonces en los hombres
en todos los hombres
que alguna vez se detuvieron
a mirar las cosas.
Y no hicieron nada más,
salvo describir minuciosamente
cada objeto
y se olvidaron de vivir
para escribir poemas.


Marcelo  Leites (Concordia, Entre Ríos,  1963). Poeta y crítico literario. En poesía publicó: El Margen de la aldea (1992);  Ruido de Fondo (2001, Asunción del Paraguay);Tanque Australiano (2007 y Resonancia de las cosas(2009). En ensayo entre otros títulos  ha dado a conocer: Cuatro poetas entrerrianos (2004). Asimismo ha compilado y prologado las antologías de poesía de su provincia: Las nuevas voces de Entre Ríos y  Tigre y Caramelo. Administra el blog  "La biblioteca de Marcelo Leites", donde está publicando una selección de poesía universal. Su obra ha recibido diversos premios y distinciones. Colabora con publicaciones del país y del exterior.





martes, 25 de junio de 2013

Fórnix: Antología de los poetas invitados al II Festival Internacional de Poesía de Lima.


Fórnix 12, 460 pgs.,Lima Perú, Julio 2013.







































Poetas participantes: 

Leoncio Bueno (1921)  
Eduardo Lizalde (1929)  
Jorge Ariel Madrazo (1931)  
Lasse Söderberg (1935)  
Lionel Ray (1935)  
Arturo Corcuera (1935)  
Reynaldo Naranjo (1936)  
Affonso Romano de Sant’Anna (1937)  
Emilio Coco (1940)  
Barnabé Laye (1941)  
Diana Bellessi (1946)  
Sergio Badilla (1947)  
César Toro Montalvo (1947)  
Abelardo Sánchez León (1947)  
Iván Carvajal (1948)  
Loretto Rafanelli (1948)  
Niels Hav (1949)  
Luis La Hoz (1949)  
Alberto Benavides (1949)  
Jean Portante (1950)  
Eduardo Lores (1950)  
Lucila Nogueira (1950)  
Jean-Marc Desgent (1951)  
Piedad Bonnett (1951)  
Áurea María Sotomayor (1951)  
Marcela Robles (1951)  
Luiz Silva “Cuti” (1951)  
Esteban Moore (1952)  
Giovanna Pollarolo (1952)  
José Pancorvo (1952)  
Jorge Eslava (1953)  
Mario Montalbetti (1953)  
Mercedes Roffé (1954)  
Edda Armas (1955)  
Terje Dragseth (1955)  
Alexandre Marino (1956)  
Eduardo Llanos (1956)  
Raúl Mendizábal (1956)  
Mariella Nigro (1957)  
Juan Carlos Mestre (1957)  
Ángela García (1957)  
Achour Fenni (1957)  
Nina Zivancevic (1957)  
Dalmacia Ruiz Rosas (1957)  
Juan Carlos Galeano (1958)  
Rafael Courtoisie (1958)  
Óscar Limache (1958)  
Bruno Mendizábal (1958)  
Manuel Liendo (1959)  
Alejandro Susti (1959)  
Benjamín Valdivia (1960)  
Thomas Boberg (1960)   
Boris Espezúa (1960)  
Patricia Alba (1960)  
Ana Arzoumanian (1962)  
Henrika Ringbom (1962)  
Lola Koundakjian (1962)  
Doris Moromisato (1962)  
Iacyr Anderson Freitas (1963)  
Mezouar El Idrissi (1963)  
Frido Martin (1963)  
Tatiana Berger (1963)  
León Félix Batista (1964)  
Marta López-Luaces (1964)  
Fabrício Marques (1965)  
Luis Fernando Chueca (1965)  
Julia Wong (1965)  
Roxana Crisólogo (1966)  
Nora Alarcón (1967)  
Juan Diego Tamayo (1968)  
Víctor Coral (1968)  
Luis Chaves (1969)  
Nathalie Handal (1969)  
Raúl Heraud (1970)  
Paolo de Lima (1971)  
Julia Erazo (1972)  
Aleyda Quevedo (1972)  
Paura Rodríguez (1973)  
Camila do Valle (1973)  
Angélica Freitas (1973)  
Sérgio Cohn (1974)  
Bili Sanchez (1974)  
Edgar Saavedra (1976)  
Paul Guillén (1976)  
Alberto Valdivia (1977)  
Carlos Estela (1977)  
Raúl Campoy (1978)  
Bruno Pólack (1978)  
Fabrício Corsaletti (1980)  
Diego Molina (1981)  
César Panduro (1981)  
Luis Cruz (1981)  
Cecilia Podestá (1981)  
Luis Alberto Medina (1981)  
Fadir Delgado (1982)  
Víctor Ruiz (1982)  
Andrea Cabel (1982)  
Alessandra Tenorio (1982)  
John López (1983)  
Martin Zúñiga (1983)  
César Alberto Sánchez (1985)