| Versiones Esteban Moore, Alción, 2015, 160 páginas |
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martes, 10 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
Mario Rivero: Salmo III
![]() |
| Mario Rivero |
Entra la mañana. 6 en punto. Y entonces
se
apagan las lámparas. Suavemente,
los últimos copos de sueño se alzan.
Del otro lado –lo muy cercano todavía
invisible–
las montañas como escollos de la visión,
que separan,
los que marchan con sus pasa-montañas y
sus tanquetas
que despiden un olor como de azufre, un
olor a rayo.
La muerte nos pisa los talones, con
ahínco.
Colombia tiene mares, tiene aguas, pero
se baña en sangre.
Y no es fácil vivir en compañía de la
Muerte,
su vientre es redondo, caliente, como el
vientre de una mujer preñada.
La guerra, la ira-roja brilla,
en los ojos del hombre de uniforme.
En los ojos del hombre de paz.
Brilla en los ojos de todos por igual.
Fuego en los ojos,
fuego en las bocas,
fuego en las moradas.
Soplado desde ese aliento que los
hombres
llamamos Guerra,
enorme, cierto, el Terror, en traje de
carnicero,
entra a los poblados. Al tañido de
sangre,
clamamos para que este Cáliz pase.
Aunque nunca hemos sido por nadie
escuchados.
¡Oh, la tristeza en la choza del
agricultor!
convertida en un horno, que sofoca y
abraza.
El fuego corre de prisa sobre el filo
del viento.
Modela, de continuo, desde los
oleoductos, una densa
columna funeral, por caminos de brasa.
Y ésta es la tierra que se repartirán
echando suertes,
combatientes, cada uno con su cuadrilla.
—El salario del oprobio y del martirio—.
Una y dos y tres veces, no escapará a la
zarpa
y al furor enemigo. Porque esta es la
tierra,
que nos están cortando en trizas,
descarnando hasta el hueso, un
territorio en vilo.
Marchan el uno contra el otro,
—hermanos,
sin conocerse el uno al otro, —adversarios,
donde quiera que pisan.
Ojo por ojo y diente por diente, año
tras año,
secuestran, torturan, ajustician,
a quienes esperan la llamada cabizbajos,
con férrea mano llamando a lista,
sin dar reposo al rostro del martirio.
Como aves de carroña, con ojos rojos,
alían
violencia y provecho, los Mercaderes de
la Guerra,
mientras todos los demás plañimos.
de los pequeños caseríos escapa el
suspiro fantasmal.
El pequeño “por qué” sin respuesta.
En la evidencia de los hechos más allá
de todo argumento.
—Quicio de una casa, base de un fogón,
piedra de una cerca—.
La carretilla tumbada de costado.
El zapato tenis tirado allí, en el
yermo.
Sin que a los hombres que somos en estos
tiempos nos importe.
Sin que nos importe a los hombres que
hemos llegado a ser en estos tiempos.
¿Qué importa el humo del sacrificio de
tantos oscuros Abeles?
(aunque cualquiera puede estar
comprendido en ese hombre).
¿El humo imperturbado que disuelve lo
construido con el sudor del hombre?
El salmo del esfuerzo perdido es el que
compongo.
El lamento del brevo, del granado,
el manzano y el durazno chamuscados,
de los cuerpos ardiendo como velas.
La pena de este “Ahora” desde el
“Siempre” del mundo.
El viento fratricida todo lo abate con
su enormidad.
Y la voz se tiñe de pesar por Caínes y
Abeles.
Niños- soldados, niños guerrilleros.
Solo chiquillos bajan al Mundo-de-los-muertos.
Al lugar de la muerte sólo los chiquillos vienen.
La sangre verde, manando en fuente,
afrenta cada día,
a la Casa Materna, Casa de La Contienda.
¿Lo sabes tú? ¿Te inquieta?
¿Qué está ocurriendo bajo tu pie, muy
hondo?
¿Qué está pasando ininteligible a
tu puerta?
En el adoquín de las ciudades.
En el lecho de las hojas,
el involuntario y el voluntario,
masacrados; ¿cuántos más? y ¿por qué?
El sol, con un algo de bueno, aún
despunta sobre el campo baldío.
Alumbra la desierta vereda.
Amargas mujeres, madres y viudas, con
los vestidos negros
dejan poblados. Se han ido…se han ido…
Las caras mudas vueltas hacia lo alto.
Cosechas, salud e hijos desaparecidos.
Ruinas… negro cascajo…cenizas de la
tierra. ¿No lo ves?
Bajo las manos que nos lavamos, sentimos
la compasión punzante.
Causa casi tristeza el poetizar. No
obstante,
nos sumergimos en el arte que exorciza.
O rezamos plegarias que nos purifiquen.
Lejanos y sin pecado, sobre el agua
revuelta,
al enemigo mismo pedimos auxilio.
Y al Gran Ojo Ordenador de Gentes
plañimos el perdón, por los reos del
cielo.
Aparta la mirada.
Mira cómo asciende el humo negro.
Aparta la mirada.
Mira las roja llama cómo baila.
Marte baila con corona de fuego
la danza de la muerte y la condena.
¿Pero qué en las montañas de azul
eternidad?
¿Quién y qué en los collados?
¿En los páramos llenos de llovizna?
¿Los hundidos en las neblinas, con
nuestras ovejas?
Sólo armas, fuego, y polvo y hierro
abajo de las nubes, sobre las altas
hierbas.
Y en lugar de las flores caseras —las de
la nostalgia—.
La rosa, el jazmín, el clavel
la coca y la amapola, fumigadas,
barriendo el buen ozono del cielo.
Y lejos, a miles de kilómetros no
hollados
las caras embozadas de los que ofician
como guardianes, en los turnos sin fin
sobre sus rehenes, con los semblantes
afilados,
y astrosos, como anacoretas. Emparedados
en las entrañas de las peñas. Llevados
allí
por galerías secretas.
Pertenecientes a esta generación del “Y
a mí qué”
y del “ ¿Soy acaso yo el guarda de mi
hermano?”
Nos servimos poco hoy unos a otros.
El otro muere en nuestra pupila indiferente.
Ya nadie sabe quién es su vecino
—mientras no importune—.
Ni nos incumbe quién es el prójimo.
¿Qué lejos! ¡oh Señor! de Ti. ¿Y en silencio!
Nos sostienen las palabras pronunciadas
en muy antiguos tiempos:
Sea
ahora Tu Misericordia. Para respiro.
Para consuelo.
Porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria
Venga a Nosotros Tu Reino. No escondas
el Oído.
Restáuranos, ¡Restaña!
Señor de vivos y de muertos.
(de V
Salmos Penitenciales -1999)
Mario
Rivero (Envigado,
Antioquia, Colombia, 1935- Bogotá, Colombia, 2009) Poeta y crítico de arte. Fundó en 1972 junto
a Aurelio Arturo, Fernando Charry Lara, Giovanni Quessep y Jaime García Maffla, Golpe de dados, revista de poesía que marcaría un cambio definitivo en la poesía
colombiana del siglo XX.
Labels:
Colombia,
Mario Rivero. Poesía
Luis Benítez: poemas inéditos
![]() |
| Luis Benítez |
nadie
sabe dónde estuvimos
toda la tarde llovió
y nadie sabe dónde estuvimos
de
ahora en más
me quedaré en tu sombra
me quedaré en tu sombra
viviré el
fin de las estaciones cuando
el
insecto retorna a su estado de larva
listo
para creer que cada uno que anda
por la
calle es uno que yo conozco
pero yo
me quedaré en mi cuarto
hecho de
tu sombra
en una
habitación oscura
donde la
muerte es una desorientada mensajera
donde
entro en esa pobre tan mínima luz
sea como
eso sea
a un
árbol incendiado en ezeiza
en el
suelo ya flores
y hojas
son los días
como el
amor descuidado
por un
alma salvaje
las
llamas son pájaros que susurran en sus ramas
y
mariposas hambrientas volando cada chispa
el mundo
con ser tan grande
entero
cabe en el incendio
se
disuelve en el aire
se
convierte en lo acre del perfume
mientras
que un rostro se enciende
en lo
encendido
abre sus
ojos y nos mira
no
entrará en la noche
sin
llevarse algo de nosotros
y como en
un sacrificio antiguo
el que enciende
el fuego por la tarde
es lo que
humea al alba todavía
qué veloz
es su bala que nos atraviesa
hasta
llegar a la primera juventud y sigue
para
matar al niño que se nos parecía
fruta
de los charlatanes
sus ojos
son ventanas a la noche
un fuego que
no cesa de girar
sobre
unas caries que hacen intolerable este mundo y los demás
dan ganas
de preguntar qué tan preparado está usted
para
hacer uso pronto del evangelio la guía michelin del espíritu
en esta
tarde seca como los huesos de un perro
una
explosión sinfónica que gusta de introducirse en sus criaturas
seguramente
le brindaría una porción de la calma que tienen los ángeles
como
salida del vientre de una máquina
dispensada
por el aparato que todas las estaciones de servicio
tienen en
su patio de atrás
no fue
acaso antes fernando p. treinta y cinco
y contando
el
primero en desdibujarse hasta transformarse en esa sola moneda
que lleva
usted en su bolsillo
inclusive
cuántos
asesinatos hace que no brinda con soda
como
hacen todos los estúpidos de esta tierra
ajenos al
licor de caña y todas las otras buenas cosas
mientras
el empapelado cae y cae en láminas
decoradas
hasta el innumerable hartazgo con su cara
en esa
casa ambigua esa casa desierta sobre esa colina
que ya
sabemos
donde no
se puede pensar y ciertamente nadie debería hacerlo
también
nuestras madres pensaron en el futuro de sus maridos
un
garañón luminoso el pegaso de la oficina
que de un
día al otro transmutaría en enrique el grande
en jacobo
el magnífico (tantos son los nombres
de los
sultanes cotidianos) y allí los tiene
atentos
al televisor apagado la vacía lata
de cerveza
sostenida
por la artrosis comidos por el
impétigo
conversando
con su infancia en el salón literario del alzheimer
la suya
es una noche que no dispara
un
buen “capitán garfio” con hielo: última receta para ser feliz
dos medidas de vodka una de vermouth rojo media de jugo de
arándanos y allí vamos de cabeza al infortunio el cóctel que mejor combina con
el gusano que nos roe por dentro como un traje negro para un asesino serial
a perseguir a la chica de cabellos dorados por toda la
calesita con el cuchillo en la mano a entrar por la ventana mientras duerme la
viuda a colocar minuciosamente bombas en las cañerías de la escuela donde nos
aburrimos y
fuimos sancionados
a escupir tantas caras que ya perdimos la cuenta a decir
lo que nunca se debe decir sí sobre todo a decir lo que no se debe decir porque
eso daña más que todas las pistolas las heridas cierran las palabras no
taxidermia
tomar un
buen poema y quitarle cuidadosamente las tripas
que son
tan venenosas como las del pez globo
rellenarlo
de paja académica
peinarle
los pelos como está a la moda aunque
insistan
en irse para el otro lado
colocarlo
sobre un pedestal y aplicarle en la base
una placa
de bronce con su nombre imaginado en moderno latín
y la bestia inmóvil nunca más joderá
Luis Benítez (Buenos Aires,
1956) Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo. Es miembro de la Academia Iberoamericana
de Poesía, Capítulo de New York y de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets
(Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido el
título de Compagnon de la
Poèsie de la Association La Porte des Poètes. Miembro de la Asociación de Poetas
Argentinos (APOA) y de Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina
(SEA). Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra
literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París,
1991); la Mención
de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el
Segundo Premio Bienal de la
Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven
Literatura (Poesía) de la
Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el
Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el
Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Tercer Premio
Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); el Primer Premio
de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours
International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para
Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Sus 36 libros de poesía,
ensayo, narrativa y teatro han sido publicados en Argentina, Chile, España,
Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela
y Uruguay. En 2011, la editorial española Publicatuslibros.com editó en e-book,
en 3 tomos, sus “Poemas Completos (1980-2006)”, con ensayo introductorio del
Prof. Luis González Platón, de la Universidad de Madrid. La descarga gratuita de
Poemas Completos puede hacerse desde: www.publicatuslibros.com
…………………………………………………………………………………………………………..…..
Los poemas publicados serán
editados en 2015 bajo el título “Nadie sabe dónde estuvimos” por Ediciones
Llanto de Mudo, de Córdoba, Argentina, y por La Caletita Editora,
de México D.F.
……………………………………………………………………………………………………………….
Labels:
Argentina,
Luis Benítez,
Poesía
Fernando Denis: EL MUNDO SEGÚN MENANDUS CORREA
| M.C. Autoretrato |
A Amparo Correa
La pintura es tiempo congelado, es río de
Heráclito detenido en la frente, es la luz invocando el destino de los
elementos, la metáfora infinita bordeando los espejos: adentro hay un viento
dormido.
La pintura reclama su porción de miseria
y de esplendores para escribir la biografía del mundo, habita su casa de fuego
y su refugio es una pupila. A cada
instante un asombro nos acecha, un milagro. La belleza es fantasmal,
imprudente, peligrosa, y nos hace cómplices de una conspiración infinita. En su
libro Van Gogh, La Vida,
Steven Naifet y Gregory White Smith glosan en un fragmento memorable sobre la
vida del pintor:
“Nadie había vagado por senderos más
misteriosos que Vincent. Había empezado como marchante de arte con escaso
éxito, optó por el disparatado intento de hacerse sacerdote al sentir una
inconstante vocación de misionero, hizo una incursión en la ilustración de
revistas y, por último, tuvo una carrera de pintor tan brillante como
corta. En ninguna de estas actividades
se plasmaba de un modo tan espectacular el corazón volcánico y desafiante de
Vincent como en el ingente número de cuadros que se iban amontonando sin que
nadie los mirase, en los armarios, desvanes y habitaciones de sus parientes,
amigos y acreedores”.
Anocheció en el poema. Llovía el agua del
olvido, y en el sueño un duende de las cuatro estaciones templaba su arpa. A esta hora cargada de presagios, los sentidos eran taladrados por el sentido
común. La lluvia era un alma
iridiscente, salida del invierno, y que subrayaba con lápiz las frases
venidas de un paisaje donde ya los astros arrojaban sus barajas, sus monedas, sus arpones. El
aquel camino que iba hacia todos los azules de aquel invierno,
cada vez más viejo, cada vez más ajado por la escarcha y por el extravío,
junto al estanque donde naufragaron barcas e imperios, yo vi al pintor
de barba y sombrero: se llamaba Menandus Correa. Siempre se hallaba en franca discusión con su
ángel. Estaba envenenado de cosas del otro
mundo que le servían para dialogar con los colores. Era soberbio, tempestuoso, de mirada
penetrante detrás de los cristales de sus gafas, y acostumbraba a merodear por
las orillas de todas las cosas. Es más,
siempre vivió en la orilla, nunca entró de lleno en el mundo. Cojeaba
ligeramente por las aceras y miraba al cielo como quien consulta un mapa. Era
un ser prodigioso, perturbado por la belleza, acechado por el fantasma de Van
Gogh. Sus amarillos lo volvieron loco.
Cuando aún era un muchacho que estudiaba
artes en Cali, Menandus compartía un cuarto con William Ospina y vendía
alfombras en las calle. Yo lo conocí en Bogotá, donde fuimos los mejores amigos
del mundo. Fue aquí donde me presentó a William, que aún no era un escritor
importante, había publicado un poemario
que muy pocos habíamos leído, Hilo de
arena. Recuerdo esos poemas meticulosos, cargados de imágenes antiguas, de
episodios verbales bastantes memorables. Como este poema:
EL
ESPEJO
Una región del muro está
hechizada.
Sólo el ojo lo sabe.
Un cristal incansable paso a paso repite
las rectas sombras que la tarde desplaza.
Sólo el ojo lo sabe.
Un cristal incansable paso a paso repite
las rectas sombras que la tarde desplaza.
Terriblemente dócil, no desdeña
la vertical sinuosa de una hormiga extraviada
y al fondo de sus cámaras
también crecen las plantas.
la vertical sinuosa de una hormiga extraviada
y al fondo de sus cámaras
también crecen las plantas.
A veces miro ese país extraño
cuyos hombres no tienen más lenguaje que el gesto,
ese país sin música.
cuyos hombres no tienen más lenguaje que el gesto,
ese país sin música.
Sé que no puedo ser ese hombre
que me mira,
sé que a él no lo alcanzan el temor ni la idea.
sé que a él no lo alcanzan el temor ni la idea.
Cuando la noche apaga las letras
y los ángulos,
en su país de eclipses él no te ama.
en su país de eclipses él no te ama.
| M.C. Eldulce jardín encantado de Charito |
Menandus admiraba tanto a Van Gogh, que aprendió su trazo y además su
idioma. Varias veces fue Holanda, a ver
sus obras al museo, con plata que ahorraba con la venta de sus cuadros.
Menandus era un tipo que venía de una época que no era la suya, pues vivía
alucinado, tenía una capacidad de asombro impresionante, recitaba poemas de Gaitán
Durán, recitaba poemas en francés de
Rimbaud y de Baudelaire. También le gustaba escribir ideas, hacer bocetos,
dibujos, viajar, aprender idiomas, era un gran conversador. Sobre todo un
peculiar conversador de cafetín, como en París. Alguna vez en el Café
Automático me dijo: “En París decían que Truman Capote era el terror de las cinco de la tarde”. Otra
día entró al mismo Café una muchacha que
parecía sacada de un cuadro de Dante Gabriel Rossetti. Le dije: “Menandus, mira
esa muchacha tan bonita”. Me respondió. “No es que sea bonita, es que parece de
verdad”. Menandus hablaba así, como si
el remedio para la vida cotidiana fuera inventarse una frase insospechada en
cada situación. Era realmente una deidad de la sociedad post moderna hecha de
palabras asombrosas. Lo distraía mucho el ritmo de la naturaleza, sus
espejismos, y miraba todo a su alrededor con una cordial severidad, como
acentuando los detalles, los gestos, los cambios, los matices del día y de la
noche. Al igual que Van Gogh, Menandus hubiera
sido un gran escritor. Era demasiado
expresivo. Demasiado elocuente. Tanto la vida como la muerte eran para él
conceptos que tenía que ver con el arte.
La vida de Manadus Correa estaba hecha de trazos, de líneas, de
atmósferas, de figuras, de climas, de objetos que otras veces eran palabras. El
trazo de sus dibujos estaba acentuado poir una inocencia fabulosa. hSé que vivió cada minuto de su vida más
intensamente que cualquier otra persona. Sus problemas eran verdaderas
catástrofes cósmicas. Incluso hasta el color más tenue le dolía. Y casi siempre
esas especulaciones dolorosas que conmovían su espíritu creativo, era borradas momentáneamente por la simple
sonrisa de una muchacha. Los gestos de una mujer los convertía en un mito.
Menandus perteneció a una civilización antigua, anterior a nuestro siglo XX, y
su alma era recorrida por el escalofrío de una selva oscura como la de Dante.
Amanecía en sus cuadros, en ellos dormía durante la noche. Aprendió a pintar
para albergar en su obra, para abrir su carpa en cada uno de sus trazos y allí
ponerse a leer sus libros, escribir sus cartas, corregir su diario. Su universo
personal era inagotable como impredecible.
Sus pasos recorrían pasadizos distintos al nuestro aunque lo viéramos
bajo el mismo sol. Laberintos,
escaleras, círculos, los trazos que se apaciguaban en su mente, o que la
confundían, pertenecían a una dimensión más exacta para el arte que para la
vida. Por eso su arte era superior a su vida, por eso vivía para la sed de los
colores, para llenar de sueños esas figuran que danzaban en sus lienzos, que
vivían en sus cuadros como una civilización de criaturas que vinieran de lejos
a visitarnos de vez en cuando. Lo movía la creación, la búsqueda de esa
originalidad que caracterizaba su esencia. Jugaba a la vida real pero no vivía
en ella. Sabía que en la historia del arte los actos no son gratuitos, y que
ocasionalmente era visitado para recibir la revelación. La musa, el ángel, los
fantasmas, el duende, los presagios, la demasiada lucidez. Cuando se reía yo sentía que se reía en el
siglo XIX de algún chiste contado por Gauguin.
Menandus era un visitante que vino a vernos desde un país donde los
colores son criaturas amables, vistosas y demasiado inteligentes. Y siempre
tuvo la misma edad, la edad del color. Su tiempo no se media por la cronología
de los seres humanos, se media por los cambios emocionales del color. La
biografía de Menandus Correa empieza y termina en la mirada. Ahora recuerdo las
palabras de Octavio Paz: “La perspectiva es un artificio destinado a darnos la
ilusión de la tercera dimensión. Euclides estableció el principio básico: el
campo de la visión es una pirámide cuyo cúspide es el ojos del
espectador”. El ojo de Menadus estaba en
su corazón hambriento, en esa sed interior que lo trabajó durante tantos años y
que lo empujó a esa incesante búsqueda de sí mismo a través de los misterios de
la imagen. Su genio, su lucha, la tenaz incomprensión que le tocó sufrir, y
pero también el legado de su obra serán testimonio para las generaciones
futuras, será la fantasía de mucha gente que no lo vio, será la metáfora de una
aparición que anduvo por estas calles dando tumbos hhentre los trazos
narrativos de su pintura y la
desesperada historia que ahora tiene voz entre sus amigos y sus colegas.
Menandus perdurará en nosotros como una gran marea, como un huracán impetuoso
que pasó por aquí cargado con colores imposibles.
Aquí está el poema que publiqué en mi libro La geometría del agua:
| M.C. Autoretrato con sombrero |
MENANDUS
Hay un
recuerdo entregado a la fiebre, a la noche
entre sus negros
arbustos, y una bella arqueología de barro
emergiendo de tus
manos diáfanas.
Despacio, debajo del
siglo de Van Gogh, arde
el último girasol, el
más estimado color amarillo
sangrando junto a los
rotos zapatos de un campesino de Arles.
Y poco a poco,
emergiendo del aire enfermo,
una oxidada luna va
devorando las orillas del autorretrato,
y él murmura en la
sombra
que entre el lápiz y
el papel
hay un sendero que
conduce al pozo donde el azul piensa
en el violeta,
donde la que dibuja
en los espejos
esconde sus bodegones
y sus fantasmas.
| Menandus Correa |
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Artes Plásticas,
Colombia,
Fernando Denis,
Menandus Correa
jueves, 15 de enero de 2015
José Manuel Arango: De este mundo
![]() |
| José Manuel Arango |
Hay gentes que llegan pisando duro
Hay gentes que llegan
pisando duro
que gritan y ordenan
que se sienten en este
mundo como en su casa
Gentes que todo lo
consideran suyo
que quiebran y arrancan
que ni siquiera
agradecen el aire
Y no les duele un hueso
no dudan
ni sienten temor van
erguidos
y hasta se tutean con
la muerte
Yo no sé francamente
cómo hacen
como no entienden
Ocupaciones apacibles
Un café, un periódico,
un cigarrillo.
Y las acciones suben en
la bolsa,
los aviones salen a la
hora prevista,
los oidores oyen,
los asesinos asesinan.
Hay camiones cargados
de fruta
que hacen cola en la
calle del mercado.
Un perro orina contra
el grueso tronco de la
acacia.
En fin, las ocupaciones
apacibles
de un momento antes del
acabóse.
Una señal
para Juan José Hoyos
Una señal una flecha
tosca un pedazo de tabla clavada en un palo
Se encuentra al borde
de la carretera veredal que se anuda al riñón de la
/montaña
Antes indicaba el
camino
Ahora —torcida— apunta
al desfiladero
Yo que voy a pie que no
tengo prisa
Debo acaso detenerme y
enderezarla
Es asunto mío será útil
a alguno
Tal vez
José Manuel Arango (Carmen del Viboral, 1937-
Medellín, Colombia, 2002) Poeta y traductor. Publicó entre otros títulos: Este lugar de la noche (1973); Signos (1978); Cantiga (1987) y Montañas (1995). En la década de los 60 hace una maestría en
literatura y filosofía en la Universidad de West Virginia, Virginia Occidental,
EEUU; donde toma contacto con la obra de varios poetas norteamericanos
contemporáneos. Traduce a Walt Whitman, Emily Dickinson y
William Carlos Williams.
Labels:
Colombia,
José Manuel Arango,
Poesía
viernes, 9 de enero de 2015
Wanda Coleman : 2 poemas
![]() |
| Wanda Coleman |
el ISMO
cansada
contabilizo las maneras en que determina mi vida
infiltra
todo. está en el aire
vive
al lado en la penetrante mirada de mis vecinos
ocupa
el asiento del acompañante cuando conduzco mi automóvil.
camina
conmigo
en
los pasillos del supermercado
está
en la televisión
y
en las calles incluso cuando camino distraídamente/ indefinida
está
sobre mi cabeza en las luces relampagueantes
lo
hallo en mi boca
cuando
preferiría hablar de otras cosas
Fuerza Bruta
anoche
la rubia escupe fuego Angie Dickinson golpeó el impenetrable pecho
de
ojos de acero Lee Marvin hasta que se desplomó exhausta en el mundo del
/hampa
cayó
como si la hubieran abatido a quemarropa
tía
ora acostumbraba amenazarnos a nosotros cuando niños con el látigo
si
medio malos, ella utilizaba su mano
si
realmente malos, nos castigaba con una paleta de madera dura
si
monstruosos, ahí estaba el látigo que colgaba sobre la puerta
de
la habitación. un día mi hermano y yo fuimos medio malos
ella
me pegó con su gozosa mano y lloré
luego
le tocó a mi hermano y él se río. por lo que utilizó la paleta
y
el rió con más energía
consternada
ella dejó de castigarlo
después
de eso fue más osado
y
después estaba mi amante de Carolina del Sur
una
vez lo enfrenté con un trozo de una viga
de madera
con
todas mis fuerzas lo golpeé en el pecho. él me sonrió
dejé
caer la viga y salí corriendo
mi
primer esposo no valía mucho. yo podía soportar
su
mejor puñetazo. (Versiones Esteban Moore)
Wanda Coleman Wanda
Coleman (Los Ángeles, California, EEUU, 1946- 2013) Poeta, narradora,
periodista, ensayista, letrista, guionista de televisión y gestora
cultural. Fue definida como la “mujer del blues” o la no “reconocida poeta laureada de la ciudad”.
Trabajó como empleada administrativa, dactilógrafa y camarera. Se inscribió en varias universidades pero
nunca obtuvo un título. En una
entrevista relató que escribió poemas en la secundaria, pero que se interesó
definitivamente por la poesía y la escritura cuando comenzó a asistir a las
lecturas de Charles Bukowsky, cuyos libros leería de ojito en distintas
librerías de Los Ángeles, pues no tenía el dinero para adquirirlos. En 1965
luego de los disturbios de Watts (barrio en el que se crió) asistió a los
talleres de escritura de Frank Greenwood y Budd Schulberg. A medida que fue
forjando su voz menciona entre otras influencias las de Henry Coulette, Diane
Wakoski, John Thomas, Clayton Eshleman y Charles Bukowski.
En 1969 comenzó su
relación con varios medios gráficos, la
radio y televisión. Recibió un premio Emmy por sus guiones de la serie Days of our lives (1975-1976). Asimismo dictó
seminarios a nivel universitario, hecho que no limitó su fastidio hacia el
mundo académico y sus variados idiolectos
los que solía parodiar por su inautenticidad. En distintas ocasiones
compartió el escenario con Allen Ginsberg, Timothy Leary, Gary Snyder y Alice Coltrane. En la década de
los 80 participó en distintas presentaciones musicales con Henry Rollins, Lydia Lunch y Exene Cervenka
con quien grabó Twin Sisters. Solía repetir que su obra
en muchos aspectos era producto de una persona que “siendo del sudoeste, particularmente de la ciudad de Los Ángeles, pertenecía a una minoría dentro de una
minoría- racialmente, sexualmente, regionalmente”.
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