viernes, 30 de octubre de 2015

Lucía Rosa González: Poemas




Lucía Rosa González



















SONIDO DE ÁRBOL

Hueco cielo profundo,
¿te quedaste sin fondo relumbrante?
¿A quién cediste tu honda resonancia?
¿A este viejo castaño lapidado
por niños invisibles o verdugos?
¿A este viejo castaño
cuyas hojas descienden y se alzan
en posición de ola
sobre el barranco?

La noche alzó su lengua lamedora
hacia las crespas piedras.
Podría haberse oído el ruido del arroyo,
pero el arroyo solo discurría
como filo de viento en nuestra mente.

¿Acaso el pensamiento del castaño
trascendía la sed,
inventándose el agua inexistente
como arroyo de sueño
en nuestra mente seca?

Las piedras retumbaron
en el hondo barranco.
¿Lo que se oyó fue el cielo?
¿Su carcajada?
¿O fuiste tú, castaño?

VERSOS DE GRAJAS NEGRAS

¿Eran versos aquello que venía
del canto de las grajas?

¿Sonidos olorosos
o rumores del viento en los naranjos?
Un lenguaje desnudo como orilla
en el instante en que las olas ven
de frente el horizonte
y avanzan hacia él, si retroceden.
Qué escándalo el mugido de las hojas
de los naranjos
entre las suaves garras de las grajas.
Lo negro de las aves
ceñía como piel la savia blanca.
Savia de los naranjos.

Vibró un poste de flor,
penetró el tiempo,
¿o eso no era el tiempo?
¿Era el ofrecimiento de la tierra?

Percibí
que existía un mugido en el azahar;
como si desbordara
lo negro de la tierra y se elevara,
inscribía sonidos en la placa
del aire revoltoso.

Entonces surgió un tren de remolinos.
Sus vagones surcaban las sustancias
de aquello que nacía.
¿Pero estaba o no estaba
aquello que nacía
bajo el camino cielo?
El cielo estaba frío.
El aire tiritaba.
De pronto el tren como bandada
se encapotó.
Las nubes exhalaron un acorde.
Negras las nubes.
¿Ese era el canto?
¿Verso de grajas negras
entre naranjos?

¿O no había grajas?

 LA LLUVIA HORIZONTAL

La lluvia horizontal
engulle la montaña.
La montaña está dentro
del vientre de la lluvia.
Su organismo de lluvia
rebosa tierra oscura.
Entonces, nuestros pasos
de niña en la montaña,
¿caminan en la lluvia?
¿Resuenan con la lluvia horizontal?
¿Llegarán al océano?
¡Los pasos son tan cortos! ¿Se ahogarán?
Demasiado voraz es el océano.
Oh, lluvia engullidora,
los nidos de las grajas,
¿están en esta lluvia que es tu savia?
El orín de los perros de montaña,
¿cae desde tu nube?
¿Y el canto de los mirlos?
En la errancia de seres tan dispares
por el tiempo borroso,
¿existe concordancia?


CONCIENCIA QUE SE NUTRE DE LA INFANCIA

Yo observaba en la proa
los dos lados del agua.
Oí un zureo extraño: era un llanto
como de plumas que se desplegaban.
Vi la paloma quieta ante el halcón.

Con la mano en un remo,
si ahuyentaba al halcón,
¿el llanto cesaría?

La presa del halcón,
inaccesible a él en la distancia,
me ofrecía su voz de ave llamando.
Impasibles al llanto,
¿los otros navegaban?
¿O no había otros?

El halcón oteaba.

El agua oscura,
el puente de la tarde,
la barca a la deriva.
¿Debí de haber salvado a la paloma?
¿Ocultarla en la barca
para evitar que fuese devorada?

Todo lo que yo oía
era el miedo del ave.

¿Con cuánto de ese miedo,
que viene a mis oídos de la infancia,
extremo el nacimiento de este canto?    

PIEL DE CASTAÑO

Cerca, junto al barranco, se alza el castaño.
¿No adviertes en el viento de los tiempos
las páginas del libro mordidas por las cabras?

Son las hojas lamidas por los años.
El libro con el borde
herido por la forma de los años.
¿Engulliste a Platón,
viejo animal de fondos arenosos?

Las letras de Belleza
que bullen en la niebla,
¿se adhieren a tus piernas
fijadas como orilla a lo profundo?

Custodio ángel erguido entre las viñas,
¿qué hiciste de las hojas?
Sin esperanza, huérfanas,
volando entre las grajas que volaban.

Lo negro del granzón,
¿es eso que murmulla?
¿Destella con sonidos lo vivido
que podría no estar en su negrura?

Silbidos del océano, los pájaros,
¿o el vulnerado silbo de la arena
negra también?

Cerca, balan las olas.
Bolsillos del océano, las olas,
¿qué dentro guardarán?
¿Las voces encerradas en tu sombra?

Dije: Cuida al rebaño y a las grajas.
¿No viste a la bandada,
negra, sin esperanza
(la esperanza la hace más ligera),
roída por tus púas, los erizos:
zarpas de armas feroces en potencia?

¿Mudo por el salitre de las niebla?
Son los acantilados, no el salitre,
erguidos y soberbios, que sostienen
la encarcelada sabia de las nubes
sin cielo en que beber.
No es la lluvia que espera.
Son las nubes cortadas
que el tiempo desbocado decapita.

Y en los dientes voraces de las púas,
tan cerca del castaño,
palpitó el dios de las palabras.
Oí lejos manar un riachuelo
en el umbral del valle,
y oí en los precipicios
balidos del rebaño y de las olas.

¿Voces de riachuelo
o ruidos de barranco
lo que sonaba dentro de los ecos?

Castaño en soledad,
mudo sobre la niebla,
aquello que se oye, ¿tú lo sientes?

LA HIGUERA DE LOS ROQUES

La madre de los higos se encorvaba.

Subida sobre el tronco,
oí los capirotes, no su canto:
su vuelo hacia las hojas de la higuera,
su vuelo susurrante entre la niebla.

Los higos resbalaban y en el cesto
daban ligeros saltos como mirlos.
Pero no eran los mirlos.

Y lo que sucedía
no eran cosas del mundo que suceden.
¿Ascendía la higuera?
¿A quién asían sus ramas ya sin higos?
¿A la escamosa niebla de la cumbre
que iba y que venía
y entre sus ramas grises
se diluía?
¿Atrapaban su gris
mis talones desnudos?

El padre de las horas se encogió.
Como mirlo agitado entre las ramas
oscuro se ovilló.

Veloz el horizonte engulló el sol.

Y aquel miedo de niña, la soledad del monte,
la brevedad del día ya sin luz,
como un monstruo con alas
se personó en la niebla.

Como monstruo con alas en la noche,
posible y enigmática,
la diosa macilenta de la cumbre
de cabellera gris como de higuera.

Pero no era la higuera.

 Lucía Rosa González (1954, La Palma, Islas Canarias) ha dirigido la revista literaria Pequeños Poetas, los grupos de teatro El Roque y Ana Mª Samblás.

Ha publicado, en 1995, Casta de rosas ausentes, Premio de Poesía << Pedro García Cabrera >> (CajaCanarias). En 1998, el libro de poesía De dónde el vuelo (Ediciones La Palma, Madrid). En 2001, su libro de teatro Otro son, otra danza (Centro de la Cultura Popular Canaria). En el 2000, el libro de poesía Sueños de qué mundo (Editorial la Palma, 2003) es finalista del Premio Internacional de Poesía de S/C de La Palma. En 2005, la editorial  Interseven edita sus libros de cuentos infantiles Donde el volcán nace  y La niña de pimienta seca; en 2007, Javier es una estrella y en 2008, el libro de teatro infantil Adónde van las brujas. En 2011, publica en la editorial Idea el libro de poesía Páginas trasladadas.












martes, 27 de octubre de 2015

Guillermo Bawden: Últimas noticias del imperio




Guillermo Bawden















Ey, Allen
Yo también me emborrache en la calle Narodni
pero ya no había policías de civil
husmeando entre las mesas
Y cruce también el puente de Carlos hacia los cafés del Centrum,
camino a Malastrana
Vi tetas blanquísimas, enrojecidas por el sol
y ojos gatunos, verdes, filosos como cutters
Sentí el sol de la mañana y me refresque la cara en el Moldava
antes de persignarme por primera vez en quince años y entrar
en la Capilla del Santo Niño de Praga
Ey, Allen
Vengo de tan lejos
a tomar mi cetro de Rey de Mayo
Estoy listo para hacer el camino empedrado
desde los monasterios ortodoxos
hasta el reloj lunar
listo, para esperar la lluvia
entre las lápidas amontonadas del cementerio judío
listo para poner el papel bajo mi lengua,
sabiendo que hay ventanas donde un ángel espía el occidente
Estoy listo para las cucarachas y para el oro
¿Cómo iba yo a saber cuándo me echaron del Partido
que en realidad era un ojo astronómico
que era alquimia y kabala
más que revolución y arte a favor de
Vengo de tan lejos
estoy en Praga 
Ya me han puesto la capa de terciopelo rojo
soy el Rey de mayo
Kraj Majales gritan los músicos al costado del puente
Kraj Majales gritan los mozos de los cafés eslavos
y los actores del teatro negro
Mi primera noche allí, perseguí a una actriz de pelo rojo
solo para olvidar mi ciudad sin tejados
para sortear las cunas de niños muertos
para lamer el rocío y ahogar el vomito del absenta
viña verde de locura
Esa misma noche, prima nocte, borracho bajo la llovizna
volví a desear todas y cada uno de las bocas
de las mujeres que tuve
de las que tendría y aún no besaba
de las que tendré y aún no conozco
Ey Allen, ya no hay interrogatorios
ni temor, sólo anonimato
silencio y televisores de plasma y habitaciones de hoteles
sobrias pero ya no socialistas
Dirán lo que quieran, Allen, pero la dictadura de lo anodino
es peor aún que la de los desfiles de misiles transatlánticos
Ey, Allen
Cómo hacemos los de la medianía,
los del pobre talento, los muchachos comunes
de barrios comunes, con rostros comunes
y ojos comunes
para salvar una frontera
para flanquear a la broma y aparecer a su espalda
Allen, seguí sin pasión de fan tu paso de pastillas,
la catarata de palabras corriendo entre el beboop
y el viejo tesoro de la insania
Pero no alcancé a visitar la locura, más que unos meses
y solo encontré tristeza, gente de rodillas, acabada,
arrastrada por la fuerza, sólo fichas fuera del tablero
No hay santidad en nuestros dedos
ni santidad en las prisiones,
No hay santidad en el eco de lo blasfemo
ni en la coda perdida de la depresión clínica
Intenté el amor Allen y me reveló mi costado
de hombre desbocado
Ey, Allen, ¿Dónde está Whitman ahora?
¿Se perdió en los supermercados? ¿te perdiste con él?
¿se hundieron ambos en esas ciudades llenas de tontos?
Los busco en el barrio de oro, en el Castillo de la ciudad,
Los busco en la judería y en el surco que dejo el tanque soviético
sobre la plaza principal
Ey, Allen, Ey, Walt
La literatura falló,
la poesía falló,
el amor falló,
yo fallé
¿En que tejado me aguarda mi barbárico alarido?
¿En que lugar pasea la mujer nacida en mayo que será última mujer?
Kraj Majales, gritan las esquinas curvas de Praga
Kraj Majales gritan los que viajan al sur porque creen que eso
simula de algún modo el acto de bajar
Yo nací en mayo, en el sur, en la certeza del barro sur, hay para mí
un signo, un símbolo, un tótem
Kraj Majales, Rey, Rey de mayo, mano muerta,
primogénito del carnaval
hijo de la máscara que esconde la oscuridad en la risa obscena
Kraj Majales me grita el mozo que deja frente a mí
el vaso repleto de verdes demonios
De eso que huyes, dice,
no se huye moviéndote ni empalagándote de tejados y cabelleras rojas
de eso que huyes, repite,
no se puede huir
Ey, Allen, yo también me perdí en la noche
pero carezco del don para decir
en que dínamo de la noche
me encuentro

Guillermo Bawden (Córdoba, 1977). Fue fundador y editor de Tinta de Negros Ediciones (2009–2012). Presentó la perfomance “Misa del búho”, basada en los poemas del libro inédito Grimorio del búho, con música de la banda cordobesa Lautréamont (2011). Organizó junto a Editorial Nudista varios ciclos de lectura. Trabajó en el equipo coordinador del Espacio Poesía de la Feria del Libro Córdoba 2012. Editó en 2012 Letra muerta (novela, Llanto de Mudo – Fan Ediciones) y Cuando mueran los peces (Textos de Cartón).

martes, 6 de octubre de 2015

Gabriel Jiménez Emán: NIHILISMO Y CRÍTICA SOCIAL EN ALLEN GINSBERG


Allen Ginsberg




 

I

Hay dos figuras referenciales en el mundo de Allen Ginsberg: Walt Whitman y Vachel Lindsay. Ambas sembraron en él nutrientes para construir una poética alimentada con las mejores fuentes de rebeldía en los Estados Unidos. A Whitman lo encuentra cien años después en los pasillos de Un supermercado en California hurgando entre frutas, duraznos, el neón, las penumbras y los corredores con maridos o bebés, donde de paso se topa a García Lorca junto a las sandías. Ginsberg puede pintarnos a Whitman, viejo solitario y crápula, hurgando entre las carnes en el refrigerador y mirando de reojo a los muchachos del almacén. En este poema en prosa – donde Ginsberg se identifica con la homosexualidad de su maestro--  recorre con él el supermercado probando golosinas, y después fuera del local van ambos por las calles solitarias soñando con una América perdida. En este poema hay una prefiguración de otro que no por casualidad tiene el título de América: nación inmersa en la “guerra humana” que usa la bomba atómica y sobre la que el poeta se pregunta: “América, ¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas? / Me disgustan tus locas exigencias (…) Tu maquinaria es demasiado para mí / tú me hiciste querer ser un santo”.
            En Vachel Lindsay se inspiró Ginsberg para recorrer Estados Unidos leyendo sus poemas ante grandes auditorios, e intentando recuperar la condición de bardo de multitudes, de trovador acompañado de música y gestos teatrales, como lo hacía Lindsay yendo de casa en casa y diciendo sus poemas a cambio de comida o alojamiento. A Vachel le dedicó un poema “A Lindsay”, donde al final le ve sentado con sus tirantes en una cama: “la sombra de tu mano levanta una pistola sobre tu cabeza / tu sombra cae sobre el piso”, dice de modo conmovedor.
            Ginsberg y sus amigos del grupo Beatnik, (Ferlinghetti, Kerouac, Burroughs, Kesey y Corso, entre otros, no todos necesariamente escritores) emularon esta actitud de bardos públicos que combinaban su nihilismo con la crítica social en un momento tan decisivo para la cultura del siglo XX como la década de los años 60 en el siglo XX, en que la política bélica de las potencias y las megacorporaciones de Estados Unidos estaban causando estragos en el mundo (lo cual no cesa hoy, y es por ello, entre otras cosas, que están tan vigentes), los beatniks coparon entonces la escena con sus actitudes contestatarias, rebeldes y bohemias que motivaron y movilizaron no sólo a numerosos jóvenes de su país, sino de varios países americanos y europeos donde su radio de influencia se dejó sentir, especialmente en Francia y en América Latina. Venían los beatniks de admirar a los músicos de jazz (negros que habían logrado una expresión a contracorriente de la cultura blanca) y luego pasarían a formar parte de una serie de movimientos donde se destacan los hippies, el underground, los happenings, el camp, el action painting, la experimentación con drogas (que dio origen al arte psicodélico y al pop, y no a una mera drogadicción), el rock ácido y el cine francés de la nouvelle vague irían todos ellos a constituir un movimiento contracultural donde participaban movimientos filosóficos o psicológicos como el marxismo, el existencialismo, el budismo oriental y el psicoanálisis en autores como Jean Paul Sartre, Albert Camus, Theodore Rozack, Herbert Marcuse, Norman Brown, Alan Watts o Susan  Sontag. Tales experiencias atentaban contra la cultura institucional (rígida, heredada, diseñada y difundida por los mass media para que nada cambiara) y a la postre vendría a definir el mercantilismo aupado por el capitalismo, la dominación ideológica llevada cabo por el cine de Hollywood (al cual los beats llamaban disneynisación) y el uso de una tecnología desenfrenada, propiciadora del consumismo.
Justamente, Allen Ginsberg se convierte en uno de los adalides de esta nueva actitud, expresada  a través de sus desenfadados versos torrenciales, enumeraciones delirantes y un brillante coloquialismo, imperfecciones deliberadas que llevan implícitas una crítica al arte “hecho” o “equilibrado” que ostentan los perfeccionismos formales europeos como el clasicismo, el simbolismo y luego el modernismo hispanoamericano. En 1955, Ginsberg publicó su Aullido en Inglaterra y al año siguiente en San Francisco, donde se deja llevar por una marea de asociaciones libres de la mente, por un caudal que puede ser violento o estridente (aunque diferenciado del surrealismo) pero también musical y encantatorio, poblado de prosaísmos vigorosos que implican todos ellos una tensión. “Estoy contigo en Rockland / donde las facultades del cráneo ya no admiten los gusanos de los sentidos (…) Estoy contigo en Rockland / donde golpeas en el piano catatónico que el alma es inocente e inmortal y no debería morir impíamente en un manicomio armado.”
Asimismo, Ginsberg deja ver lo más desnudo de su condición judía en Kaddish y otros poemas (1960),  libro donde a partir del lamento por la muerte de su madre, hace una descarnada autocrítica donde predomina una visión caleidoscópica de la realidad que incluye descripción de calles, establecimientos, estaciones, oficinas, carreteras, bahías y paisajes de todo tipo; recurso que le permite la identificación plena de lugares determinados, y con ello la precisión de un topos muy suyo (Ginsberg nació en New Jersey en 1926) pero también una condición mental interior: “Polvosos sacos de correo llenándose / 1948 N.Y. octava avenida fue / o cuando Peter conducía el camión / de corres 1955 / desde el anexo rincón / resplandor de luces brillantes en el parabrisas / temblor de adrenalina en los hombros (…) No será ocioso anotar que Ginsberg, antes de estudiar en Columbia, fue portero, cafetero, marino y reseñador de libros en la revista Newsweek. También un activo fotógrafo y memorialista de su generación, con varios libros de fotografías editados. Muchas de éstas fueron expuestas en el Museo Whitney de Nueva York en 1995, dentro de una gran exposición que se dedicaría al revolucionario grupo. Otros libros suyos que debemos mencionar son Espejo vacío (1960), Sándwiches de realidad (1963) y Noticias del planeta (1969). El poeta dejaría de existir en 1997.
Creo que le debemos a este poeta el haber realizado una crónica alucinante de la realidad, una lectura transfiguradora que es a su vez una mirada lúcida y crítica de su país, con todo lo que ésta logra cuando desnuda desde conflagraciones bélicas hasta la vida en tugurios, burdeles y aventuras amorosas y existenciales, experiencias con drogas en textos que pueden parecer letanías, evocaciones o constituir en si mismos imágenes abigarradas de ciudades que revientan en su paradoja de lujo y miseria, de placer y muerte, de amor y de horror.

II

En el año 1985 estuve en Roma, Italia, asistiendo a un Festival Mundial de Poesía en Villa Borghese, junto a los poetas venezolanos Carlos Contramaestre, Ramón Palomares y Enrique Hernández D’ Jesús. Había escritores de diferentes nacionalidades. Entre los muy conocidos que recuerdo estaban Juan Gelman, Alberto Moravia, Allen Ginsberg, Gregory Corso (a quien Ginsberg salvó de la locura por medio de la catarsis poética) y Leroy Jones (Amiri Baraka) a quienes me acerqué un rato para charlar con ellos. Saludé a Ginsberg y a Corso; recuerdo que Corso libaba frenético de una botella de whisky y me ofreció un trago, que inmediatamente acepté. En cambio Ginsberg aspiraba extasiado un cigarrillo de marihuana; al rato subió al escenario pero no a leer sus poemas, sino a tocar el banjo. Acompañó con el instrumento a un grupo de jazzistas y cantantes country, y lo hizo muy bien.
En el fondo, los beatniks fueron unos trovadores que decían a la gente sus poemas o canciones, como lo habían hecho Whitman o Lindsay, y como luego lo harían Bob Dylan, John Lennon o Tom Waits; en América Latina serían Víctor Jara, Violeta Parra, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Alí Primera, Ismael Rivera, Juan Luis Guerra o Rubén Blades; en España Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina; en Francia Georges Moustaki y en Canadá Leonard Cohen. En fin, cantautores, trovadores y jazzistas influirían en un buen número de escritores y músicos en varios países; en Venezuela los ecos de Ginsberg y los poetas beat se hacen notar en la poesía de Víctor Valera Mora, Caupolicán Ovalles, William Osuna, Jorge Nunes, Julio Valderrey, Gabriel Jiménez Emán, Benito Mieses y Antonio Robles, entre otros. En el fondo, a quienes hacemos caso omiso de los convencionalismos cívicos y de las poses de poetas “exitosos” laureados o premiados por academias (incluyendo al aburrido Premio Nobel, al que Jean Paul Sartre rechazó con toda razón) le debemos algo a Ginsberg, principalmente por haber tuteado a nuestro abuelo Whitman e invocado al entrañable García Lorca, pero también por incluir en su lista nada menos que a Mahoma y a Cristo: los acercó a todos ellos a nosotros y con ello nos aproximó también a una actitud más fresca y sincera de apreciar la literatura; a ser más humanos y auténticos en el momento de asumir nuestras responsabilidades personales,  sino con el objeto asumir un compromiso social como agentes históricos que somos,  renunciando a los clisés e imposiciones del poder, y poder despojarnos de prejuicios para vislumbrar, con mayor ecuanimidad, caminos más libres de transitar la condición humana.


G.J.E, E.M., Caracas 2015
Gabriel Jiménez Emán (Caracas, 1950), escritor venezolano destacado por su obra narrativa y poética.Los dientes de Raquel (La Draga y el Dragón, 1973), Saltos sobre la soga (Monte Ávila, 1975), Los 1001 cuentos de 1 línea (Fundarte, 1980), Relatos de otro mundo (1988) Tramas imaginarias (Monte Ávila, 1990), Biografías grotescas (Memorias de Altagracia, 1997), La gran jaqueca y otros cuentos crueles (Imaginaria, 2002), El hombre de los pies perdidos (Thule, España, 2005) y La taberna de Vermeer y otras ficciones (Alfaguara, Caracas, 2005) Había una vez…101 fábulas posmodernas (Alfaguara, 2009) y Divertimentos mínimos. 100 textos escogidos con pinza (La parada literaria, Barquisimeto, 2011), Consuelo para moribundos y otros microrrelatos (Ediciones Rótulo, San Felipe, Estado Yaracuy, 212), Cuentos y microrrelatos (Monte Ávila Editores Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, Caracas, 2013), Gabriel Jiménez Emán. Literatura y Existencia. Valoración Múltiple de su obra Varios autores (Imaginaria, San Felipe, estado Yaracuy, 2013).
En el campo novelístico es autor de La isla del otro (Monte Ávila, 1979), Una fiesta memorable (Planeta, 1991), Mercurial (Planeta, 1994), Sueños y guerras del Mariscal (Tres ediciones: Sueños y guerras del Mariscal, Ediciones B, Bruguera, Caracas, 2007; Sueños y guerras, Fondo Editorial Eugenio Espejo, Quito, Ecuador, 2010; Sueños y guerras, Alba Bicentenario, Narrativa, Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2012)), Paisaje con ángel caído (Imaginaria, 2004) y Averno (El Perro y la Rana, 2007).
Sus libros de ensayos literarios son Diálogos con la página (Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1984), Provincias de la palabra (Planeta, Caracas, 1995), Espectros del cine (Cinemateca Nacional, Caracas, 1998), El espejo de tinta (Fondo Editorial Ambrosía, Caracas, 2007), Una luz en el camino. Fundamentos de ética para adolescentes (Biblioteca Básica Temática, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2004), El contraescritor (Editorial El perro y la rana, Caracas, 2008) e Impreso en la retina. Crónicas de un adicto fílmico (Universidad Experimental de Yaracuy, San Felipe, Estado Yaracuy, Venezuela, 2010).
Es autor de los libros de poesía Materias de sombra (Premio Monte Ávila de Poesía, 1983), Narración del doble (Fundarte, Caracas, 1978), Baladas profanas (La oruga luminosa, San Felipe, Estado Yaracuy, 1993) y Proso estos versos (Círculo de Escritores de Cojedes, 1998), Historias de Nairamá (Fondo Editorial del Caribe, 2007), Balada del bohemio místico. Obra poética 1973-2006 (Monte Ávila Editores, Caracas, 2010).
Ha realizado una amplia labor como investigador y antologista, entre cuyas obras se encuentran: Relatos venezolanos del siglo XX (Biblioteca Ayacucho, 1989), El ensayo literario en Venezuela (La Casa de Bello, Caracas, 1988), Mares. El mar como tema en la poesía venezolana (Banco Unión- Ateneo de Caracas, Premio ANDA, 1990), Ficción Mínima. Muestra del cuento breve en América, (Fundarte, Caracas, 1996), Noticias del futuro. Clásicos literarios de la ciencia ficción (Fundación Editorial El perro y La rana, 2010), En Micro. Antología del microrrelato venezolano (Alfaguara, Caracas, 2010). Es traductor de poesía de lengua inglesa y editor independiente. Dirige la revista y las ediciones Imaginaria, dedicadas a lo inquietante y lo fantástico. Dirige Imagen. Revista latinoamericana de Cultura, publicación del Ministerio del Poder Popular para la Cultura (Caracas, Venezuela, 2013).
Vivió cinco años en Barcelona y ha representado a Venezuela en eventos internacionales en Atenas, París, Nueva York, México, Sevilla, Salamanca, Oporto, Buenos Aires, Santo Domingo, Ginebra y Quito. En el terreno cuentístico es autor de






Café La Poesía:Muestra poesía Ilustrada


sábado, 3 de octubre de 2015

Novedad Editorial: Ernesto Simón






Argentinos por nada es un libro donde los fantasmas del pasado vuelven a gravitar en una suerte de historia cíclica que se va colando en cada una de las tramas. Tal como dice en la contratapa el humorista gráfico Sergio Langer: “un grupo de argentinos exiliados en París, arrojados a la soledad y al resentimiento, y un final pesadillesco con Sui Generis de fondo marcan el ritmo de Argentinos por nada, uno de los cuentos que da título al nuevo libro de Ernesto Simón”. Y agrega: “La historia argentina de los últimos 50 años pasada a través de una minipimer monstruosa que en apenas segundos nos tritura y nos teletransporta al desastre”. Allí aparecen personajes que parecían olvidados pero que de un modo inexplicable recobran vida en estas páginas, tal el caso de Vandor, López Rega, Firmenich, Perón, Alfonsín, Menem, De La Rúa, Duhalde, Néstor y Cristina.
“El asado y el vino barato, a granel, convocan a los fantasmas del pasado”, explica Langer, y remata: “la frustración y la rabia harán el resto. Argentinos por nada es un viaje al todo, un viaje al corazón de nosotros mismos”.

Este es el segundo libro de Ernesto Simón, quien en 2013 publicó las microficciones 77 historias, periodista nacido en San Juan donde actualmente reside y ejerce. Escribe además para diario Perfil, para el diario mendocino MDZ y para diferentes revistas de rock del país.