sábado, 11 de septiembre de 2010

María Granata: esencia, palabra, emoción poética.






















En 1942 María Granata da a conocer su primer libro de poemas, Umbral de tierra. La edición fue auspiciada por la revista Conducta, una publicación del Teatro del Pueblo, fundado en 1930 por Leónidas Barletta, institución que llevaba a cabo un amplio programa de extensión cultural. Este libro inicial de la autora no pasaría desapercibido en el panorama poético de la época; obtuvo dos destacados reconocimientos: el segundo premio de poesía de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, y el Martín Fierro, otorgado éste por la Sociedad Argentina de Escritores, distinciones que situaron a María Granata en un lugar de referencia entre los poetas de la denominada Generación del cuarenta.
El momento histórico, no está de más recordar, estaba atravesado por un profundo escepticismo, producto de la Segunda Guerra Mundial. Occidente y Oriente se hallaban entregados a la guerra y la destrucción, asistidos por el progreso industrial y el desarrollo tecnológico que pusieron a disposición de las partes en conflicto armas con la capacidad de multiplicar la muerte en proporciones hasta entonces nunca imaginadas. La blitzkrieg (guerra relámpago) germana, ensayada en Polonia en septiembre de 1939, fue el primer paso de una larga serie, que transformaría una parte substancial del mundo en un gigantesco campo de batalla. La guerra culminaría pocos años después en Japón, donde la humanidad pudo testimoniar los alcances del perfeccionamiento científico y su aplicación fáctica en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. 
Las opiniones de Percy B. Shelley, incomprendidas en su tiempo, consideradas una exageración de su parte, un exceso de la imaginación, resultaban ahora a la luz de los acontecimientos, reales, y adoptaban definitivamente las vestiduras de la profecía cumplida. En su Defensa de la poesía (1821, publicada por primera  vez en 1840) el poeta sostenía: “El cultivo de las ciencias que han ensanchado los límites del imperio del hombre sobre el mundo exterior ha estrechado, en la misma proporción, debido a la carencia de la facultad poética, los lindes del mundo interior; y el hombre, luego de haber reducido a esclavitud los elementos, sigue siendo un esclavo él mismo  [...] ¿De qué otra causa procede el hecho de que los descubrimientos que deberían haberla aligerado han añadido un peso más a la maldición de Adán?” 1
En este contexto surgen varias voces en el panorama poético argentino que procuran un regreso a lo que ellos de diversas maneras se refieren como la esencia de la poesía. Aquello a lo cual alude Heidegger en su trabajo sobre Hölderlin: “La poesía es el acto de establecer por la palabra y en la palabra. ¿Qué es lo que se establece de este modo? Lo permanente. ¿Pero, entonces puede lo permanente ser establecido? ¿Acaso no es eso que ha estado siempre presente? ¡No! Incluso lo permanente debe ser fijado para que no nos sea arrebatado, lo simple debe ser separado de la confusión, la proporción debe ser establecida frente a aquello que carece de la misma.”2
Estas voces se nuclearían en principio en las revistas Canto (1940); Huella (1941); Verde memoria (1942); Ángel, alas de poesía (1943-1950);  Ínsula (1943-1946);  Perfil (1943); Cosmorama (1943-1945);  Papeles de  Buenos Aires (1943-1945);  Contrapunto ( 1944-1945) y Disco (1945-47); e integrarían el conjunto de poetas conocido como neorrománticos. Ellos serían los continuadores del antiguo enfrentamiento entablado por el poeta con el racionalismo moderno, reponiendo en escena “una tradición tan antigua como el hombre mismo [...]  me refiero a  la analogía, a la visión del universo como un sistema de correspondencias y a la visión del lenguaje como el doble del universo.”3  
Esta sería uno de las cuestiones centrales de sus poéticas. Los poetas de la generación del cuarenta también se caracterizarían, como algunos de sus poetas de referencia, entre los cuales se cuentan Rainer María Rilke y O.W. de Lubicz Milosz, por ostentar una fe desesperada en la palabra y, en la creencia, que ésta poseía el poder de reconstituir el mundo. Adhieren a la libertad creativa, la espontaneidad, la sinceridad, y el compromiso emocional. Apelan al juego de la imaginación, a una imaginería funcional y la escenificación de lo oscuro y lo difuso. Las respectivas obras de estos poetas están asimismo cruzadas en cada uno de los casos y, de diversa manera, por la religión, las ciencias ocultas, la metafísica y la mitología.
En la obra de María Granata, será el propio lenguaje el que se constituirá en su máscara; el conflicto entre la identidad empírica y la poética está allí representado en el cuidadoso, certero y preciso entramado de las palabras, en el ritmo que producen, el que recrea una música en la que resuenan los ecos de Góngora, Quevedo, San Juan de la Cruz; es decir, de la lengua castellana en todo su esplendor. Asimismo, y deliberadamente utiliza en su vocabulario ciertos términos que por su arcaismo benefician al poema con un cierto extrañamiento, el que tiene por misión expandir el efecto poético del mismo.
La mirada de ese yo que se escuda en la lengua es amplia, desde el aquí y ahora, desde el territorio habitado, se extiende abarcadora hacia otras dimensiones, hacia el mundo en su totalidad: “Apoyada en el muro de la huerta./O en el muro del mundo. Bien atados / los brazos a la espalda. Sin llamados. / Sin amor. Sin umbrales. Viva y muerta.”
La doliente realidad de ese mundo halla en el exaltado lirismo, en la forma, en el metro y la rima, no su negación, sino todo su contrario, la confirmación del hecho, del cual la belleza dará testimonio ineludible con el único fin de transformar esa experiencia en un bien durable. Afirmaciones acerca del transcurrir de la historia que resistan los embates del tiempo, en tanto éstas se constituyen en una expresión perdurable. Ejemplo de ello es su  poema El soldado muerto: Desde tu mano sube / el fusil como un lirio congelado./¡Qué diferente de las otras muertes / tu muerte de soldado! // Por tus ojos abiertos / pasa el aire, y el cielo se detiene…/ ¿Quién cerrará tus ojos /¡ay! antes que esta hierba te encadene? // Nadie busca tu voz./ Solamente ese viento sin colores / que te seca la sangre, / sobre tu piel violácea arroja flores.
En 1946, publica Muerte del adolescente, al que le seguirá en 1952 su tercer volumen de poemas, Corazón cavado (1952, Premio Consagración provincia de Buenos Aires). La poética de la autora se caracteriza, como lo señala David Martínez, por los siguientes rasgos:“Angustia, transfiguración, deslumbramiento, por una parte; por otra, ardor y anhelo contemplativo,  en recoleta profusión de ensueño, trasvasados a una cósmica presencia de la luz, el  viento y el paisaje de una tierra idealizada, enumeran la calidad de su fervor expresivo y emocional.” 4
Luego de un silencio de más de una década publicará Color humano (1966) en el que sorprende incorporando a su poética una nueva perspectiva, en la que el alto grado de intimismo de su obra anterior y el ideal estetizante abrirán paso en esta nueva etapa a una decidida preocupación por el hombre, por ese hombre que no rehuye la trascendencia del espíritu y, que sin embargo, no logra abstraerse de su realidad objetiva, de lo cotidiano. El rigor formal de la autora persiste como el duro granito o el ‘acicalado acero’ del que nos habla Quevedo. Ahora lo demuestra en la cuidadosa elección de sus palabras y en una natural musicalidad que va más allá del objeto cuyo fin es introducirnos en la tradición poética de nuestra lengua, cargando de connotaciones lo significado.
Hacia finales de la década de los 40 comienza a colaborar en el diario El Mundo, donde a partir de 1950, publicará semanalmente un cuento infantil, treinta de los cuales fueron publicados bajo el título de El gallo embrujado (1956), al que le seguirían, entre otros muchos títulos, La ciudad que levantó vuelo (1980), Pico de cigüeña, trompa de elefante (1982), Cuentos azules y blancos (1983), Piupi y la casita de los invisibles (1986, Santiago de Chile), La fiesta de los lagartos (2003) y Agustín y el meteorito (2004); estableciendo a María Granata como una de las escritoras más destacadas y significativas del género, lo que le valió en 1988 el Premio Nacional de Literatura Infantil.
Paralela y simultáneamente a estas actividades María Granata  decide incursionar en otro género, sorprendiendo a sus lectores, en 1970, con  Los viernes de la eternidad, una novela de prosa cristalina y poética que obtuvo el Premio Emecé (1970) y el Premio Selección Nacional correspondiente al período 1971-1974 y, que fuera llevada  al cine en 1981, por Héctor Olivera. A esta le siguieron: Los tumultos (1974, Premio Strega 1976); El jubiloso exterminio (1979); El diluvio y La Guerra (1981); El visitante (1983); La escapada (1988, finalista del premio Rómulo Gallegos, Venezuela); El sol de los tiempos (1992) y Lucero Zarza (1999).
En 2003, pone fin a su largo silencio poético publicando Cerrada Incandescencia, volumen que se reeditó en Madrid, España (2006). En este nuevo libro de poemas, sostiene Ana Quiroga Larrieu: “... como en sus primeras obras, persiste un sujeto poético que tiende a la reflexión metafísica, abordando una temática diversa: el amor, la vida, la muerte y la eternidad...”.
En la actualidad la belleza como ideal enfrenta nuevas dificultades, es analizada desde una nueva óptica, la de los estudios culturales; un amplio campo interdisciplinario que involucra la crítica literaria, la filosofía y las ciencias sociales. Esta disciplina no se interrogará respecto de cuales son los modos en que el arte invoca lo trascendental o si un objeto en particular es bello. Se centrará, principalmente, en las circunstancias históricas en las cuales nació la idea de la belleza como valor trascendente y cuales han sido las consecuencias de las formas de pensamiento que guiaron este proceso. Este panorama podría recordarnos un título del poeta Aldo Pellegrini Para contribuir a la confusión general (1965); desorden, desconcierto cuyo único antídoto se halla en la esencia de la lengua, en sus atributos y señales: “... la palabra es nuestro rostro inmerso/ en los interrogantes / de que estamos hechos. / ¿Cómo volverla ímpetu, / respuesta para siempre...”.
En la poesía de María Granata la vida, el amor, la muerte, las lágrimas y el dolor (temática a la que están expuestos todos los mortales a su paso por esta tierra) se hallan en plena lidia, contenidas sólo por un apasionado candor, cuyo vehículo es un lenguaje depurado y sublime, destinado a transmitirnos la emoción, nacida ésta de una profunda sensibilidad. En su voz la música de la lengua cobra nuevas fuerzas reintroduciéndonos en los aspectos fundamentales de nuestra tradición poética y en los aspectos elementales de la vida humana. Y si Ezra Pound no estaba equivocado podemos repetir su consigna: “En poesía lo que ha de sobrevivir es la emoción.”

Esteban Moore, Buenos Aires.


1-      Percy  Bysshe Shelley: Defensa de la Poesía,  Cuadernos de Grandes ensayistas, colección  dirigida por Eduardo Mallea; traducción de  J. Kogan Albert; Emecé, Buenos Aires, 1946.
2-      Martin Heidegger: Hólderlin and the essence of poetry, en The Critical Tradition, ed. David H. Richter, traducción Douglas Scott,  Bedford /St. Martins, New York, 1998.
3-      Octavio Paz: Los hijos del limo, Seix-Barral, Barcelona 1974.
4-      Maria Granata, en Enciclopedia de la literatura argentina. Pedro Orgambide y Roberto Yahni ed,. Buenos Aires, 1970.

Arturo Álvarez Sosa, Poesía y Ciencia.

















Arturo Álvarez Sosa
Antología poética
Colección “ Poetas Argentinos Contemporáneos”
Fondo Nacional de las Artes
(2006)







En la pulcra y representativa selección de antologías  que integran la serie “Poetas argentinos contemporáneos”,( de ambos sexos, conviene aclarar), editadas por el Fondo Nacional de las Artes, le corresponde al poeta tucumano Arturo Álvarez Sosa el No.37,  lo que permite apreciar el carácter inclusivo de este proyecto, todavía en progreso, que cubre buena parte de la geografía de nuestro país: No resulta, sin embargo,  tan evidente el criterio cronológico que primó en la elección, atento a la imprecisión del término “ contemporáneo”.
Este libro, que hoy comentamos -en su parte más significativa- puede leerse como un libro de aventuras, de aventura poética, y su autor,  ser considerado un  poeta aventurero. A.S., nacido en 1935, se muestra deslumbrado por  las revelaciones de las distintas ramas de la ciencia actual (la física, la genética, la astronomía , etc.) y por la metamorfosis que las mismas provocan  en su cosmovisión. Ello lo lleva a una audaz innovación en su  vocabulario al incorporar a los versos una terminología que parecía  patrimonio excluyente de lenguaje científico y, en  el mejor de los casos, reservado a la divulgación periodística.  Esta innovación  la acompaña con otra más conservadora: integra fórmulas  poéticas propias de la literatura de Occidente con otra de Oriente, cual es el haiku. Todo esto confiere a sus poemas un aire diferente digno de ser tenido en cuenta, más allá de la felicidad de sus resultados. Quedaría  demostrado así que no necesariamente en poesía las buenas intenciones  conducen al infierno.

El cambio se insinúa tímidamente  en su libro “Cuerpo del Mundo”(1979) y puede apreciarse ya en forma nítida a partir de los poemas recogidos en “Campo de Creación”(1982). Pero no se crea que estamos frente a una poesía experimental; de allí en más el camino parece no tener retorno y los resultados se consolidan a lo largo de veinte años, hasta culminar en dos libros todavía inéditos : “137” y “Virtual”-rescatados  también en esta antología-con respecto a los cuales el poeta señala que intentan “consolidar  ésta operación poética basada en la física cuántica”.

En  el poema Ocho, de “Aguaviva” (1987), el poeta dice:
“Frontera abierta / del espaciotiempo / al calor de tus besos / y relámpagos / tus fuerzas / se unifican / insaciables / la singularidad desnuda viva.

 
De tanto en tanto
Los soles se derrumban
Cantan los cisnes

 
Sonando / como un gong / detrás del tiempo / en la gravitación /de los abrazos / con las galaxias arrulladas / juntas / en tus pechos / sin dejar salir la luz / eres un agujero negro / de caricias. //  Danzando / y desnudando tu victoria / bajo tus pies descansa el universo.”
El haiku no es siempre articulado en la forma que se lo hace en “ Ocho”: también  aparece  inserto entre los endecasílabos  mismos del poema como, por ejemplo, en Cima: Gloria de la mujer enmascarada / tu cuerpo siente lo que no se dice / cambiando de manera irreversible / Y no hay espacio / Fuera de nuestro abrazo / Somos el tiempo /  Y en la cima virtual de remolinos / se despliega la flor de los delirios / la plegaria silenciosa del perfume / que arde sobre la piel con las caricias / entrando en dimensiones más profundas / ignoras tu sabor en el derrumbe / pero en la música percibes siempre /  el sinsabor de las estrellas mudas.
En estos poemas lo erótico no ha sido excluido; está siempre presente como una suerte de telón de fondo que sobre el cual se proyecta, a la vez, el omnipresente proceso que rige este cambiante mundo y la vida , que no le es ajena. En las palabras liminares con que abre esta antología, Álvarez Sosa lo sintetiza así: “ una vivencia del universo, que se renueva eróticamente  en el cuerpo de la mujer” y aclara poco después: “en nosotros, como en todos los mamíferos el sexo básico es femenino. En el principio todos somos hembras. Una revelación de la biología moderna que aún no ha sido asimilada por nuestra cultura.”
Hegel se sorprendería al descubrir cuanta actualidad conservan  las palabras de Hamlet: “Hay algo más en el cielo y en la tierra, Horacio, de lo que ha soñado tu filosofía!”. Sólo la ciencia y la poesía pueden dar respuesta a los nuevos enigmas, allí donde parece no alcanzar la mirada miope -o soberbia- de los filósofos.
Desde la contratapa de la antología  Daniel Lagmanovich  señala, en el mismo sentido, que “ que esta poesía ha salido a la busca  de un saber alternativo, un nuevo humanismo del conocimiento científico; una tentativa de síntesis, a través de la poesía,  de lo que anda dolorosamente separado y dividido”, que nos asegurará, empero, que las rosas seguirán teniendo espinas.Los dos últimos versos de “ Virtual” -que lo son, a la vez, de la antología - contienen  una afirmación inquietante, que  supone también una advertencia:

 
                    “ya dependemos tanto de las máquinas
                      que apagarlas sería suicidarnos.”

Carlos Spinedi, Buenos Aires.

Julio Azzimonti, poema.

Julio Azzimonti



















LEONARDO ENMARCADO


Leonardo enmarcado observa desde la ventana:
la muchedumbre en gritos
lleva una mujer atada
a la que van a quemar

la visión detiene su conciencia
la perspectiva dispara la idea
llama y dice a sus discípulos
“De todas las soberbias de este mundo
la del ignorante es la peor
no reconoce límites
porque hasta los déspotas tienen alguno”

el anagrama de su tiempo
se agota en el escarnio
de un sueño perpetuo
en blanco y negro

Leonardo espadas en los ojos
ha entrado en el deseo despiadado
de su propia totalidad inabarcable
ha entrado en su alma
para dibujarla
entró en el tembladeral de la creación
partiendo de una estética
para construir su ética

en los ojos de Leonardo
allá en lo alto
enmarcado en la ventana
la bruja desde abajo
se mira confinada en su retina

Dice a sus discípulos:
“ De todas las soberbias de este mundo
la del ignorante es la peor
porque no tiene estética”

la muchedumbre aúlla
acercándole llamas a la pira

con la piel encendida
la bruja vitrificada
en las retinas de Leonardo grita insensible
al dolor:
“Vas a inseminar la Historia pero no a la mujer”
“Contale a tus discípulos
el horror de perder la luz”
“la ignorancia es un fresco
enorme de sombras”

Leonardo la escucha y piensa contrariado:
“el horror sigue siendo
la noche con una tela en blanco”

Llama a sus discípulos:
                        “les digo que la luz
                         es sólo un párpado abierto
                         un juego de sombras que escapan
                         dejando un hueco cálido
                         cuando hay tres lámparas encendidas
                         separadas por guiones de penumbras
                         son tres  las sombras que buscan
                         escaparse de tu vida”.




la palabra dulce o despiadada
no deberá aparecer todavía
no deberá aparecer ni el gesto
ni el movimiento
sólo el fotograma espléndido
de la escena abusando de su fuerza

paredes floradas desplegando
simulacros
permanecerán erguidas
hasta un final lejano

sobre las tablas en este lugar
sin límites
los personajes salidos del papel
se miran congelados
esperando nuestra orden del alma

voy recorriendo sus perfiles
endurecidos
tocándolos con las yemas de mis ojos
temblando de presagios
              ¿qué va a ocurrir?
estos actores con panzas y hoquedades
se mueren todas las noches
para renacer

estos actores hinchados de emociones
buscarán cuando se muevan y remuevan
empujarnos  hacia adentro de la caverna
             ¿qué va a ocurrir?
pronto se juntarán en escena
ebrios de deseos
colocando máscara sobre máscara
hasta engañar nuestros sentidos inflamados


cuando se muevan en este lugar
sin límites
brotarán cuervos y magnolias de sus rostros
para emerger en onirias
y retratos interiores sepultados

cuando hablen con silbos y guturas
desgarradas
estallarán las censuras violáceas
y el antiguo sueño del hombre
dejará de ser una sombra
en las paredes de la caverna
la vieja conciencia con su guardián de granito
abrirá sus alas de buitre utilero
y se lanzará a comernos el hígado y los plexos
            ¿qué va a ocurrir?
cuando tornes al movimiento y al gesto
en esta caverna crepuscular
aparecerá el cruel fantasma de Esquilo
con su bolsa de símbolos y escarnio
acelerando el aire y las cabezas

alguien
quizás alguno de ellos
se sentará a una mesa traída del misterio
cargando de alcoholes el silencio
y comenzará el hartazgo sensorial

hay una música enredada en las cosas
cuando tantas cosas
se yerguen formando deslices claroscuros
y barreras de luz
            ¿qué va a ocurrir?
alguien alguno de ellos todos a la vez
desencadenarán un tortuoso drama sin final
sin embargo todos morirán
ahogados en palabras de almacén

serán incestuosos parricidas?
¿o brujos malolientes y fugaces
bajo su mascarada de capas y polvos?

hay un divino río torrencial
empujándonos hacia ellos
aún antes del gesto
o la palabra timbrada

hay un furioso torrente de caballos
recorriendo este agujero de carne pulsátil

hay un estremecimiento
del pecho endurecido empujándonos
hacia esa flor carnívora
untuosa y fija en el ojo estupefacto

¿qué va a ocurrir en este escenario
de sueños perpetuos?

estos actores morirán para renacernos
para agitar el demonio energético
de la tragedia y el drama
del amor o el odio eterno

van a remover capas y capas
de dolores brutales
y alegrías destellantes
hasta llegar al sólo dolor
a la solitaria alegría
al paraíso perdido en la chatarra
al núcleo en llamas
de la vida y la sustancia
cuando tornen al movimiento y al gesto
a la palabra y al signo
en esta vieja comuna teatral
actuantes y actuados
con sus rostros de polvos y carmines
estallarán como reyes
en ruedos de caricias y golpes
en rituales y juegos
en gemidos y libertades
en laberintos y adulterios
en frutos carnales
y en una ternura piadosa
destruyendo
el cristal del pensamiento
y las voces de mando
de la razón armada

cuando las luces
dirigidas al ensueño
se aferren al escenario
en esta comuna teatral
algo
quizás un espasmo de la vida
va a ocurrir



Julio Azzimonti ( Zárate, Buenos Aires, 1943). Escultor, poeta y narrador. Dirigió las   revistas literarias: El arcón, La banana magnética, El hiperpótamo y Precisiones. Integró el grupo cultural “La Jabonería de Vieytes”. Ha publicado: Acerito, novela, (1988); Lo que vendrá, nouvelle, (1995); Literatura activa y procesos comunicacionales, (2004). Obtuvo el primer premio en el concurso nacional de Cuento “Roberto J. Payró” (1978); 2º Premio y Mención Especial del Jurado por: “A juego y vida”, Fundación ARCIEN de Rosario, (1979); primer premio en el certamen internacional de cuento “Eduardo Mallea  (1981). Desde 1999 forma parte del consejo de redacción de la revista OMERO poesía.


lunes, 6 de septiembre de 2010

Lucía Moore, Exposición Centro Cultural Recoleta.

Agenda Ñ: Exposición de Lucía Moore

Exposición de Lucía Moore

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Hacia adentro
Dónde: Centro Cultural Recoleta. Junín 1930.
Cuándo: 8 de Septiembre a las 19.
Hacia adentro
“Se pinta para ser libre” decía el genial Marcel Duchamp para diferenciarse de los artistas que siguen las tendencias de moda. Y a pesar de la incomprensión de su época, terminó siendo el artista más radical del arte contemporáneo actual. No quiero decir que la obra de Lucía Moore se parezca a los readymades del padre del arte conceptual, pero sí creo que se acerca a su actitud y al concepto de que detrás de cada pintura hay una idea que funciona como un gatillo disparador, siguiendo un poco eso de que “la pintura es cosa mental” que escribía en el siglo XV Leonardo da Vinci.
Me gusta el mundo de Moore porque es personal y único. Se puede reconocer a una persona detrás de sus cuadros y eso hoy, en la aldea mediática del mundo globalizado, es una virtud. Tal vez porque Moore en la intimidad de su taller sepa que como los pintores simbolistas declaraban, “ se puede viajar sin salir de tu casa” cuando la fantasía y la percepción alerta están conectadas de manera profunda con todo lo demás. Porque Moore no está pendiente de las ferias, la bienalización del arte, y libros como “Art Now”, fuente de inspiración de algunos artistas que piensan que afuera es mejor que pintar desde acá. Moore trabaja en la soledad de su taller desde adentro de su propia imaginación y sus intereses auténticos. Y esa honestidad se siente, se percibe en la carga de sentido que tienen las obras que nacen de una necesidad interna de pintar como un medio de comprender el mundo, de relacionarse y de insertarse en él. La diversidad es su estilo, porque cada tema requiere una técnica diferente de acuerdo a su estado emocional.
.Pintar para no olvidar, para reconstruir momentos que trasciendan el tiempo a través de la imagen. En otras obras reflexiona sobre los mandatos sociales, como en los matrimonios musulmanes obligados, es el caso de la videoinstalación “Prisión” Cuando Moore sale de su mundo, siempre desde su propia subjetividad, denuncia el abuso infantil en Casa de munecas y “La niña perdida”. Este es el mundo de Lucía Moore, un viaje interior hacia su universo de la Patria Arte. Silencioso y pausado como un mantra. Sin estridencias. Con la intensidad abismal del que construye un territorio personal, donde pintar es diseñar su manera de estar en el mundo.

Laura Batkis
Curadora

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