viernes, 30 de octubre de 2015

ALVARO MIRANDA BURANELLI: Poemas




 ALVARO MIRANDA BURANELLI



















qué letra me contiene. qué trazo da mi rasgo.
qué trozo traza mi rostro. qué signo me signa.
qué me emblema

casi nada soy y soy todo lo que es dable esperar

los átomos me conjugan. hay jugos en mí.
hay secreciones

se dice – sólo se dice – estoy vivo

qué es ser vivo. qué es ser. qué es. qué

es vida – dicen –

qué grafía me graba. qué me retiene.
qué palabra me para.

dónde me detengo. qué estación abriré.
qué hoja caerá sin que la vea.

qué pálida forma flota en el ambiente
diciéndose yo.


EL TALÓN DE AQUILES

Aquiles, sobre la arena, desafía a los mismos dioses.
“Aquí está el cuerpo de Héctor, despedazado,
  no hay en Troya guerrero que pueda conmigo.
  Sano, joven, fuerte, valiente, invencible,
  ¿quién me enfrentará ahora?”.
En su ufana, vana conquista, Aquiles no sabe
que la muerte le ronda,
en su propio talón está la emboscada,
más de mil veces ha recorrido las arenas,
otras mil el mar le acunó en su vaivén,
ha derramado mucha sangre troyana
y ha descansado sobre el lecho junto a sus compañeros
pero en la oscuridad se teje su destino
y en la cumbre de su soberbia y su hermosura
recibe la fatal sentencia del dios,
el talón ya no lo sostiene y cae vencido
acaso si hubiera elegido otra vida
el resultado hubiera sido el mismo
como en todos los humanos hay un talón oculto
en el ser, que nos espera, acechando,
para darnos el golpe que nos acabará.
Aquiles se arrastra por la arena
mientras miles de ojos lo miran
ya no será el joven sano, fuerte, valiente,
como si todos los años que no vivirá le cayeran encima
parece un anciano débil y moribundo
siempre es sólo cuestión de tiempo
y hasta nuestro sostén puede ser nuestra perdición.


FÉNIX

ahora, vuelvo desde las cenizas
para intentar de nuevo el vuelo,
el paisaje ha cambiado
hay un nuevo aeropuerto,
nuevas generaciones con nuevos olvidos,
nuevas marginaciones
y más vacíos
ninguna curiosidad.

insertarme en el acero de las vías
no es fácil,
los raíles han sido arrasados
y nadie sabe volver a construirlos
o no hay interés,
ahora se circula en una sola dirección
sin mirar atrás
sin preguntar el por qué de los trenes
sin conocer sus historias
como si nunca hubieran existido.

mientras los trenes mueren muy lentamente
en parajes solitarios.

la ciudad oscurece en un temblor incesante
los cachorros afilan sus dientes,
aquellos que fueron los que conocí
se han transformado en fantasmas.

cuando pretendo volver
nadie queda en los andenes
y ahí estoy yo
esperando escuchar un silbido conocido,
un murmullo alentador,
pero sólo queda el eco de mis pasos
en el duro pavimento gris.

                                                                      
LLANURAS DE SAL

Señora, amiga mía, dinamita
soplo repentino, escozor en el omóplato
cena fría, leche de verano
los corazones que laten inútilmente
perdidos en Tala o cualquier desierto habitado
de los mapas de América. Señora, tú
que nutres de desolación
los corazones todos, tú, vacua yunta
esqueleto semienterrado en la arena, yesca,
armada yararé, tú, que cruzas
los páramos, todos, y crujes
en los huesos, en las risas, en el asado,
en los comensales de chaleco blanco
tú, rabiosa Señora y nosotros, los débiles
con el alma picada en pedacitos, servida
en blanco plato, en saña,
se nos dio crecer como si plantas hubiera
finas o alegres en el jardín de un dios
del que me hablaron, pero esos pozos
amiga mía, ese clavileño alfiler
ésa la tu aguja, Señora
de remendar viditas, así partidas
así, juguetes rotos en la juguetería suiza,
nuestras misérrimas células, nuestras canas,
el baúl, las piedras que se nos vienen
de adentro hacia la boca,
la flor hacia la que vamos, creyéndonos,
el tubo por el que nos pasarán oxígeno
el sabor en el paladar, la tu mueca,
vómito de sangre y bolo alimenticio
mis pantuflas, lo que dejó el otro
al que no quiero resistir, amiga, tú
que comprendes el surco que deja la sal,
las arterias trituradas, las catorce enfermeras
de blanca cofia y tul delante de los ojos,
nuestras heces salpicadas, la pared
empapelada con motivos pastoriles, tus ritos, Señora,
tus ritos y la pobre carne, ardida, demolida.


UNA SONRISA TAN BELLA MANCHADA DE SANGRE

vas a salir lastimado
es imposible no salir lastimado
tu sonrisa no te servirá de nada
tu tono afable cebará a las fieras
tu amabilidad los excitará para dañarte
y si te sientas en el lado opuesto
no creas que será mejor
tu acritud levantará oleadas de odio
la fuerza de tu tono arrastrará violencia
tu severidad despertará jaurías
súmale el plus de la envidia
más el plus de la mezquindad
y la todopoderosa ignorancia
¿todavía pretendes salir indemne?
sufres de ilusiones inconsistentes
crees que te amarán
amarrado a un leño hirviente
hundido en el hielo hasta las pestañas
estacado en la tierra como un mojón
martirizar es un ejercicio
dañar es una costumbre
que la vida está hecha para vivir
una pinta de placer
contra quince mil horas de dolor
en cualquier esquina que elijas
seguro vas a perder
no hay vencedores
sólo pan
y circo.


                                                                                                                                                     

                       
ALVARO MIRANDA BURANELLI (Montevideo, Uruguay, 1948). Ha realizado publicaciones en revistas y periódicos nacionales y extranjeros desde 1976. Su poesía ha sido publicada y traducida al  portugués, francés, inglés, italiano. Integra diversas antologías poéticas nacionales y extranjeras. Poesía y Ensayo han sido recogidos en Argentina, Brasil, México, Costa Rica, Estados Unidos de América, España, Portugal, Francia, Italia, Alemania.Co-fundador de las revistas Poética y Foro Literario. Fundador y Director de Ediciones del Mirador.Director de la Serie de Literatura de Editorial Técnica. Profesor egresado del IPA en Enseñanza Secundaria y Superior. Ha participado en Congresos y Seminarios en Uruguay, Argentina, Brasil, Francia. Ha sido jurado en concursos literarios. Ha participado en jornadas, conferencias, mesas redondas, coloquios, lecturas de textos en el país y en el extranjero. Investigador en la Biblioteca Nacional. Crítico literario, teatral y cinematográfico
en diversos medios de comunicación.



















Lucía Rosa González: Poemas




Lucía Rosa González



















SONIDO DE ÁRBOL

Hueco cielo profundo,
¿te quedaste sin fondo relumbrante?
¿A quién cediste tu honda resonancia?
¿A este viejo castaño lapidado
por niños invisibles o verdugos?
¿A este viejo castaño
cuyas hojas descienden y se alzan
en posición de ola
sobre el barranco?

La noche alzó su lengua lamedora
hacia las crespas piedras.
Podría haberse oído el ruido del arroyo,
pero el arroyo solo discurría
como filo de viento en nuestra mente.

¿Acaso el pensamiento del castaño
trascendía la sed,
inventándose el agua inexistente
como arroyo de sueño
en nuestra mente seca?

Las piedras retumbaron
en el hondo barranco.
¿Lo que se oyó fue el cielo?
¿Su carcajada?
¿O fuiste tú, castaño?

VERSOS DE GRAJAS NEGRAS

¿Eran versos aquello que venía
del canto de las grajas?

¿Sonidos olorosos
o rumores del viento en los naranjos?
Un lenguaje desnudo como orilla
en el instante en que las olas ven
de frente el horizonte
y avanzan hacia él, si retroceden.
Qué escándalo el mugido de las hojas
de los naranjos
entre las suaves garras de las grajas.
Lo negro de las aves
ceñía como piel la savia blanca.
Savia de los naranjos.

Vibró un poste de flor,
penetró el tiempo,
¿o eso no era el tiempo?
¿Era el ofrecimiento de la tierra?

Percibí
que existía un mugido en el azahar;
como si desbordara
lo negro de la tierra y se elevara,
inscribía sonidos en la placa
del aire revoltoso.

Entonces surgió un tren de remolinos.
Sus vagones surcaban las sustancias
de aquello que nacía.
¿Pero estaba o no estaba
aquello que nacía
bajo el camino cielo?
El cielo estaba frío.
El aire tiritaba.
De pronto el tren como bandada
se encapotó.
Las nubes exhalaron un acorde.
Negras las nubes.
¿Ese era el canto?
¿Verso de grajas negras
entre naranjos?

¿O no había grajas?

 LA LLUVIA HORIZONTAL

La lluvia horizontal
engulle la montaña.
La montaña está dentro
del vientre de la lluvia.
Su organismo de lluvia
rebosa tierra oscura.
Entonces, nuestros pasos
de niña en la montaña,
¿caminan en la lluvia?
¿Resuenan con la lluvia horizontal?
¿Llegarán al océano?
¡Los pasos son tan cortos! ¿Se ahogarán?
Demasiado voraz es el océano.
Oh, lluvia engullidora,
los nidos de las grajas,
¿están en esta lluvia que es tu savia?
El orín de los perros de montaña,
¿cae desde tu nube?
¿Y el canto de los mirlos?
En la errancia de seres tan dispares
por el tiempo borroso,
¿existe concordancia?


CONCIENCIA QUE SE NUTRE DE LA INFANCIA

Yo observaba en la proa
los dos lados del agua.
Oí un zureo extraño: era un llanto
como de plumas que se desplegaban.
Vi la paloma quieta ante el halcón.

Con la mano en un remo,
si ahuyentaba al halcón,
¿el llanto cesaría?

La presa del halcón,
inaccesible a él en la distancia,
me ofrecía su voz de ave llamando.
Impasibles al llanto,
¿los otros navegaban?
¿O no había otros?

El halcón oteaba.

El agua oscura,
el puente de la tarde,
la barca a la deriva.
¿Debí de haber salvado a la paloma?
¿Ocultarla en la barca
para evitar que fuese devorada?

Todo lo que yo oía
era el miedo del ave.

¿Con cuánto de ese miedo,
que viene a mis oídos de la infancia,
extremo el nacimiento de este canto?    

PIEL DE CASTAÑO

Cerca, junto al barranco, se alza el castaño.
¿No adviertes en el viento de los tiempos
las páginas del libro mordidas por las cabras?

Son las hojas lamidas por los años.
El libro con el borde
herido por la forma de los años.
¿Engulliste a Platón,
viejo animal de fondos arenosos?

Las letras de Belleza
que bullen en la niebla,
¿se adhieren a tus piernas
fijadas como orilla a lo profundo?

Custodio ángel erguido entre las viñas,
¿qué hiciste de las hojas?
Sin esperanza, huérfanas,
volando entre las grajas que volaban.

Lo negro del granzón,
¿es eso que murmulla?
¿Destella con sonidos lo vivido
que podría no estar en su negrura?

Silbidos del océano, los pájaros,
¿o el vulnerado silbo de la arena
negra también?

Cerca, balan las olas.
Bolsillos del océano, las olas,
¿qué dentro guardarán?
¿Las voces encerradas en tu sombra?

Dije: Cuida al rebaño y a las grajas.
¿No viste a la bandada,
negra, sin esperanza
(la esperanza la hace más ligera),
roída por tus púas, los erizos:
zarpas de armas feroces en potencia?

¿Mudo por el salitre de las niebla?
Son los acantilados, no el salitre,
erguidos y soberbios, que sostienen
la encarcelada sabia de las nubes
sin cielo en que beber.
No es la lluvia que espera.
Son las nubes cortadas
que el tiempo desbocado decapita.

Y en los dientes voraces de las púas,
tan cerca del castaño,
palpitó el dios de las palabras.
Oí lejos manar un riachuelo
en el umbral del valle,
y oí en los precipicios
balidos del rebaño y de las olas.

¿Voces de riachuelo
o ruidos de barranco
lo que sonaba dentro de los ecos?

Castaño en soledad,
mudo sobre la niebla,
aquello que se oye, ¿tú lo sientes?

LA HIGUERA DE LOS ROQUES

La madre de los higos se encorvaba.

Subida sobre el tronco,
oí los capirotes, no su canto:
su vuelo hacia las hojas de la higuera,
su vuelo susurrante entre la niebla.

Los higos resbalaban y en el cesto
daban ligeros saltos como mirlos.
Pero no eran los mirlos.

Y lo que sucedía
no eran cosas del mundo que suceden.
¿Ascendía la higuera?
¿A quién asían sus ramas ya sin higos?
¿A la escamosa niebla de la cumbre
que iba y que venía
y entre sus ramas grises
se diluía?
¿Atrapaban su gris
mis talones desnudos?

El padre de las horas se encogió.
Como mirlo agitado entre las ramas
oscuro se ovilló.

Veloz el horizonte engulló el sol.

Y aquel miedo de niña, la soledad del monte,
la brevedad del día ya sin luz,
como un monstruo con alas
se personó en la niebla.

Como monstruo con alas en la noche,
posible y enigmática,
la diosa macilenta de la cumbre
de cabellera gris como de higuera.

Pero no era la higuera.

 Lucía Rosa González (1954, La Palma, Islas Canarias) ha dirigido la revista literaria Pequeños Poetas, los grupos de teatro El Roque y Ana Mª Samblás.

Ha publicado, en 1995, Casta de rosas ausentes, Premio de Poesía << Pedro García Cabrera >> (CajaCanarias). En 1998, el libro de poesía De dónde el vuelo (Ediciones La Palma, Madrid). En 2001, su libro de teatro Otro son, otra danza (Centro de la Cultura Popular Canaria). En el 2000, el libro de poesía Sueños de qué mundo (Editorial la Palma, 2003) es finalista del Premio Internacional de Poesía de S/C de La Palma. En 2005, la editorial  Interseven edita sus libros de cuentos infantiles Donde el volcán nace  y La niña de pimienta seca; en 2007, Javier es una estrella y en 2008, el libro de teatro infantil Adónde van las brujas. En 2011, publica en la editorial Idea el libro de poesía Páginas trasladadas.












martes, 27 de octubre de 2015

Guillermo Bawden: Últimas noticias del imperio




Guillermo Bawden















Ey, Allen
Yo también me emborrache en la calle Narodni
pero ya no había policías de civil
husmeando entre las mesas
Y cruce también el puente de Carlos hacia los cafés del Centrum,
camino a Malastrana
Vi tetas blanquísimas, enrojecidas por el sol
y ojos gatunos, verdes, filosos como cutters
Sentí el sol de la mañana y me refresque la cara en el Moldava
antes de persignarme por primera vez en quince años y entrar
en la Capilla del Santo Niño de Praga
Ey, Allen
Vengo de tan lejos
a tomar mi cetro de Rey de Mayo
Estoy listo para hacer el camino empedrado
desde los monasterios ortodoxos
hasta el reloj lunar
listo, para esperar la lluvia
entre las lápidas amontonadas del cementerio judío
listo para poner el papel bajo mi lengua,
sabiendo que hay ventanas donde un ángel espía el occidente
Estoy listo para las cucarachas y para el oro
¿Cómo iba yo a saber cuándo me echaron del Partido
que en realidad era un ojo astronómico
que era alquimia y kabala
más que revolución y arte a favor de
Vengo de tan lejos
estoy en Praga 
Ya me han puesto la capa de terciopelo rojo
soy el Rey de mayo
Kraj Majales gritan los músicos al costado del puente
Kraj Majales gritan los mozos de los cafés eslavos
y los actores del teatro negro
Mi primera noche allí, perseguí a una actriz de pelo rojo
solo para olvidar mi ciudad sin tejados
para sortear las cunas de niños muertos
para lamer el rocío y ahogar el vomito del absenta
viña verde de locura
Esa misma noche, prima nocte, borracho bajo la llovizna
volví a desear todas y cada uno de las bocas
de las mujeres que tuve
de las que tendría y aún no besaba
de las que tendré y aún no conozco
Ey Allen, ya no hay interrogatorios
ni temor, sólo anonimato
silencio y televisores de plasma y habitaciones de hoteles
sobrias pero ya no socialistas
Dirán lo que quieran, Allen, pero la dictadura de lo anodino
es peor aún que la de los desfiles de misiles transatlánticos
Ey, Allen
Cómo hacemos los de la medianía,
los del pobre talento, los muchachos comunes
de barrios comunes, con rostros comunes
y ojos comunes
para salvar una frontera
para flanquear a la broma y aparecer a su espalda
Allen, seguí sin pasión de fan tu paso de pastillas,
la catarata de palabras corriendo entre el beboop
y el viejo tesoro de la insania
Pero no alcancé a visitar la locura, más que unos meses
y solo encontré tristeza, gente de rodillas, acabada,
arrastrada por la fuerza, sólo fichas fuera del tablero
No hay santidad en nuestros dedos
ni santidad en las prisiones,
No hay santidad en el eco de lo blasfemo
ni en la coda perdida de la depresión clínica
Intenté el amor Allen y me reveló mi costado
de hombre desbocado
Ey, Allen, ¿Dónde está Whitman ahora?
¿Se perdió en los supermercados? ¿te perdiste con él?
¿se hundieron ambos en esas ciudades llenas de tontos?
Los busco en el barrio de oro, en el Castillo de la ciudad,
Los busco en la judería y en el surco que dejo el tanque soviético
sobre la plaza principal
Ey, Allen, Ey, Walt
La literatura falló,
la poesía falló,
el amor falló,
yo fallé
¿En que tejado me aguarda mi barbárico alarido?
¿En que lugar pasea la mujer nacida en mayo que será última mujer?
Kraj Majales, gritan las esquinas curvas de Praga
Kraj Majales gritan los que viajan al sur porque creen que eso
simula de algún modo el acto de bajar
Yo nací en mayo, en el sur, en la certeza del barro sur, hay para mí
un signo, un símbolo, un tótem
Kraj Majales, Rey, Rey de mayo, mano muerta,
primogénito del carnaval
hijo de la máscara que esconde la oscuridad en la risa obscena
Kraj Majales me grita el mozo que deja frente a mí
el vaso repleto de verdes demonios
De eso que huyes, dice,
no se huye moviéndote ni empalagándote de tejados y cabelleras rojas
de eso que huyes, repite,
no se puede huir
Ey, Allen, yo también me perdí en la noche
pero carezco del don para decir
en que dínamo de la noche
me encuentro

Guillermo Bawden (Córdoba, 1977). Fue fundador y editor de Tinta de Negros Ediciones (2009–2012). Presentó la perfomance “Misa del búho”, basada en los poemas del libro inédito Grimorio del búho, con música de la banda cordobesa Lautréamont (2011). Organizó junto a Editorial Nudista varios ciclos de lectura. Trabajó en el equipo coordinador del Espacio Poesía de la Feria del Libro Córdoba 2012. Editó en 2012 Letra muerta (novela, Llanto de Mudo – Fan Ediciones) y Cuando mueran los peces (Textos de Cartón).