miércoles, 4 de agosto de 2010

Germán Arens: Poemas





















Ganímedes

Una tarde
en el pueblo murió el Gordo…
desde temprano
trabajó con ahínco
reparando baterías.
(Oficio heredado de su padre).

Dicen,
en el pueblo…
que en un último y voluntarioso esfuerzo
el Gordo
doblegó a su corazón
y en medio de estertores
primó la premura.
Caminó tres pasos…
(testarudo como siempre)
se llegó a su mesa de trabajo,
y a salvo ubicó el generador
(propiedad de un cliente que después lo reclamara).

¡El Gordo se fue a Ganímedes!...
lo atestigua mi memoria.
Tres vacantes ocupamos
en uno de los viajes
por Romaniuk programados
hace ya catorce años,

el gordo
fue quien hizo las reservas…
(siempre miró las estrellas).

Fabían Benassi, rionegrino…
y el que recuerda:
Inexpresivamente reímos,
aceptamos la propuesta.

El Gordo se fue a Ganímedes…
y se olvidó de nosotros.


E.T.

El extraterrestre
se domiciliaba
en la primera casa
de la calle Alem
de un pueblo
sureño argentino
homólogo a su río,
se desempeñaba laboralmente
como instructor de pesas.
Lo caracterizaban:
La excelencia de sus músculos,
su adustez
y una incipiente miopía.

Una noche
observándome desde atrás de sus anteojos:
La cabeza rapada
en la que memoro
mi existencia,
junto al metro noventa
y tantos
que porto desde mozuelo
como dijera Manuel;
bastaron para mitigar
su sospechada sospecha.

“Mi origen estaba en el centro de la Tierra”

La escopeta
era de doble caño,
la cargué con breneke
que me diera Rancaño
(cazador de chanchos y chanchas).
disparar disiparía mis dudas,
el extraterrestre
aseguraba ser inmortal
por unos trescientos años
de los nuestros.

Lo insté a desvestirse.
Definitivamente…
en su pectoral izquierdo,
una fecha de vencimiento
violeta y disimulada
yacía inalterable.
Le apunté al corazón,
supuse que el corazón
de los extraterrestres
sería un órgano
vitalmente vital
así los nuestros.
Disparé
y en su pecho
quedó un agujerito
que me retrotrajo
a la mirilla
del baño
por la que espiaba
a las visitas
cuando era mozuelo
como dijera Manuel.

Desde entonces:

¡Quiero conocer a mis verdaderos progéneres!
…y como un sabueso obstinado…
no dejaré de cavar,
hasta llegar al centro del planeta.
Me apoyo en mis patas traseras
usando de pala las delanteras.


Administrativo

Debido

a mi trabajo administrativo,

desde hace veintidós años

concurro al banco de la nación argentina

de lunes a viernes.

Consecuente a mi rutina

he seguido con detenimiento

el proceso de los días en hombres y mujeres

subordinados a la suya en el banco de la nación.

Siempre me mostré reticente

al comentario fatuo de compañeros en espera

de ser atendidos en las largas colas

del banco de la nación.

Sin embargo

conozco hasta el detalle más ínfimo

entre los detalles que impregna el tiempo

en los empleados del banco de la nación…

así como ellos

conocerán los de este hombre

que de manera intachable

concurre

todos los días

al banco de la nación.


El baño


Desperté…

atravesé un largo pasillo.

Detrás de sus cuatro puertas duermen:

mis abuelos,

mis hermanos,

mi tío y mi padre.

El baño es grande…

casi tanto como un espacio vacío.

Desamparado entre azulejos blancos

dejo el espejo detrás de mis espaldas…

no quiero mirarlo,

tengo miedo de verme otro.


El tanque

Cuando esos dos hombres

venidos del pueblo,

instalaron el tanque australiano entregado

por la firma fabricante que lo fabricara…

que hicieran al tanque

el envío incluía

accesorios diversos:

las chapas

de un metro

de un metro

de ancho

tres metros

de largo…

y entre ellas

las juntas

las juntas

de unión,

etc. , etc. .



Dijera el abuelo:


-¡Cepillar con cepillo

de año en año debemos las paredes internas…

evitará permanezcan adherencias en tiempo!-


Nunca hubiéramos imaginado;

tan niños nosotros…

que estábamos a días

de contemplar agradecidos a Diana en bikini

mientras las vacas abrevaban cerquita.



Germán Arens. Nació en Bahía Blanca, el 8 de abril de 1967. Publicó dos libros de poesía: “Pueblada (2008) y “Versos de Gabino” (2009). Tiene en proceso de edición un nuevo libro
“Los ojos del cordero”.

domingo, 1 de agosto de 2010

Gregory Corso, poemas.










Versiones Esteban Moore.









Cuando niño

Cuando niño

vigilé las escaleras

fui monaguillo

volé los pájaros de Nueva York

Y en el campamento de verano

besé a la luna

en un barril de lluvia


Espíritu


El espíritu

es

vida

que fluye

a través

de la muerte

de mí

incesante

como un río

que no teme

transformarse

en océano


Alquimia


El pájaro de alas azules

se posa sobre la silla amarilla

­­__La primavera ha llegado


Yo obsequié


Obsequié el firmamento

junto a las estrellas los planetas las lunas

y también las nubes y los vientos del clima

las formaciones de aviones, la migración de las aves...

"De ningún modo !" aullaron los árboles,

" Los pájaros cuando no vuelan son nuestros, no los podés obsequiar ! "

Así que obsequié los árboles

y el terreno que ellos habitan

y todas aquellas cosas que crecen y se arrastran sobre él

" Un momento ! " marearon los mares,

" Las costas, las playas son nuestras, los árboles para los barcos

para los astilleros, nuestros ! " no los podés obsequiar!"

Por lo tanto obsequié los mares todas las cosas que los nadan los navegan...

" De ningún modo" tronaron los dioses,

" Todo lo que has obsequiado nos pertenece! Nosotros lo creamos!"

" Incluso creamos a aquellos como vos !"

Entonces fue cuando obsequié a los dioses.


Duda acerca de la verdad


En la Musa no existe

hogar para el descanso

El alhajero

está sobre la vereda

_su espejo roto

Observo y veo

un poeta gastado

_qué dulce-triste

objeto demolido es el hombre poeta

Mi buen corazón dice: "No,

tonto, es el espejo

que se ha roto"

A pesar de que la verdad ya no es mi guía

no haré de mentira verdad

Abandoné el alhajero de los poemas

para siempre

pero al regresar al día siguiente

vi a un chino

llorando bajo el sol





















Ventana


Te digo a vos

morir, creer que vas a morir

es una horrible

triste creencia

Las personas no son confiables

y tus padres tu sacerdote tu gurú son personas

y son ellos los que te dicen que debés morir

creerles a ellos es morir

Porque ves a otro morir

creés que tenés que morir

sin embargo sólo conocerás la muerte de otro

nunca la tuya propia

incluso en tu lecho canceroso

nunca sabrás que te despertás muerto

El cuerpo es simplemente una etapa

nacemos de nosotros mismos

del encarnado amanecer

a la noche desencarnada

al amanecer reencarnado

una continua conexión

cuyo hilo conductor es el espíritu

nuevamente te digo

no conozco la impermanencia

estoy con la permanencia

y desprecio la muerte

sólo tengo sentimientos por los vivos

no tengo sentimientos por los muertos

Te dicen que tenés que morir para llegar al cielo

mandá a la mierda a esos forros poco creíbles

que con su fe fraudulenta

matan a millones de eternas inteligencias

Les digo a Uds. Los muertos: no van a ningún lado

sólo si están vivos podrán llegar aquí, allá, a cualquier lado

El espíritu es más sabio que el cuerpo

Creer que la vida muere con el cuerpo

es estar enfermo del espíritu

El gran peligro es

pensar con el cuerpo que el espíritu es cosa efímera

La víctima de cáncer de espíritu saludable

no es una cosa terminal

y el cuerpo saludable frágil de espíritu

sí lo es

Como los peces son aguas animalizadas

nosotros somos espíritus humanizados

los peces van y vienen los humanos también

la muerte de los peces

no es la muerte de las aguas

la muerte de tu cuerpo

no es la muerte de la vida

Así es

cuando digo que nunca conoceré mi muerte, creo en ello,

conmigo el espíritu emergió con su rostro humano

logré salir de la vida vivo

Y no permitas que un cuerpo en una tumba

en cuya lápida podrás leer el nombre de Gregory Corso

te cause gracia, tiente esa risa tuya " Ja, Ja "

" Él decía que nunca moriría,

mirá, el imbécil fue enterrado bien muerto"

Sólo tenés que saber que habrá un cielo

sobre esa tumba ahí

y transportará el tamaño de mi espíritu a todas partes

y esto es una mera suposición

porque quizás nunca verás esa tumba

seguramente yo nunca la verá

Así de este modo como los peces son al agua

así soy yo respecto de la tierra, el fuego, el aire

y así seré hasta tanto todos estos elementos

no estén más allí

Habré muerto en realidad

hasta entonces todavía seré

como ahora, como mañana

como ayer;

adiós, que tengan una buena vida

recuerden

que las personas

las más de las veces

no son confiables,

y son ellas, las que te dicen, que tenés que morir;

te estaré viendo en mis ecos

la próxima vez


Ehh!!!


No hay ningún dios

parecido a María, la rubia exitosa

la mejor estudiante de su clase en Vassar

No hay ningún dios del tamaño de la boca de Joan Crawford

que en la muerte sonríe en el polvo

como una línea de blanca

No hay ningún dios

que se haya lamentado por el dinosaurio

más de lo que lo hizo el tipo más sincero

en el bar más decrépito de Baltimore

No hay ningún dios

como el de Mozambiqure Mort

excepto quizás el de Iwo Jima Jennifer

o el dios de Al el abisinio

o el dios de Sid el sumerio

o

no hay ningún dios

el día después de Milwaukee

Ningún dios

cincuenta años después de la leche derramada

ningún dios

más grande que

la arrogante reina de la belleza de América

en un accidente automovilístico

con su bmw

Sin dios

el reverendo Jerry Falwell

podría estar despachando hamburguesas con rodajas de cebolla

a los parroquianos de un bar, el White Swallow quizá

Sin dios

millones de inteligencias eternas de los creyentes muertos se joden

Con dios

millones de creyentes vivos hieden

Por qué debe existir algún dios

para aquellos como vos o como yo

cuando el hombre de las cavernas

nunca conoció al dios de Billy Graham

y nunca un cavernícola fue judío

Dame las pruebas de la existencia de un dios

parado entre los culos arrugados

de un Rex Roberts y de un Oral Humbard

Yo puedo probar que no existe un dios

de Missouri

Yo soy de la ciudad de Nueva York

como si a los testigos de Jehová les importara

Como puede haber un dios

cuando los burros prefieren la paja al oro

y las personas que algo más saben, prefieren el oro

y huyendo con él son baleados en las piernas

No puede haber Dios cuando los pollos comen huevos duros

y seguramente no puede existir un dios

cuando los Gregorios son llamados Goyos


Reconocidos por poseer cabezas duras


(Testa Dura)

la mia testa e una testa delicata

Las estupideces del martín pescador

forman una bandada en mi cerebro

donde se ha ido mi anterior

felicidad

cuando la sabiduría

solstició mi cerebro

tan propicio a la

labor de las palabras

O gran pedo del cielo

vi anticipadamente

tu luz

Las nubes son sobres de agua

hechos de aire

arrojando fuego

Eso es lo que quiero decir con

O gran pedo del cielo

Soy ese niño

lustrabotas de los dioses

después de todo fui yo

el que se sentó en el inodoro

de un viejo y olvidado dios

Con amor, por el pensamiento,

las montañas cubiertas de azul

y los cipreses en descenso

se mueven sin moverse

para mis ojos amantes

Y las tormentas

y las nubes batientes

que topan

como lo hacen los carneros

con sus cuernos grandes

a las nubes femeninas

expresan su amor

_hacen bebés

de lluvia


Poeta hablando consigo mismo frente al espejo


Sí, Soy yo

Esta caza de mí

se ha transformado en algo evidentemente absurdo

creyendo que cuando yo

era perseguido

no sólo me encontraría a mí mismo

sino también a todo un rebaño de yoes

yoes pasados, yoes futuros

una carro cargado de ellos

y todos estos años

y adónde he llegado

en este punto del tiempo

éste no es el mismo espejo

que contemplé hace años

Es el espejo que cambia

nunca el pobre Gregory

Hey !, en la vida

Donde fui, fui

Donde me detuve, me detuve

Cuando hablé, hablé

Cuando escuché, escuché

Lo que comí, comí

Lo que amé, amé

Pero que puedo decir acerca de

adonde fui, no fui

adonde me detuve, continué mi camino

cuando hablé, escuché

cuando escuché, hablé

cuando ayuné, comí

y cuando amaba ...

no deseaba odiar

Ahora veo a las personas

como las ve la policía

También veo a las monjas del mismo modo

en que veo a los hare-krishnas

No tengo representante

me disgusta la idea de un poeta con representante

sin embargo Ginsy y Ferli, tienen uno

y hacen pilas de plata con ellos

se vuelven más famosos también

Quizás debiera contratar un representante

Wow!

De ningún modo, Gregory, quedáte

en la cercanía del poema






Gregory Corso. (1930-2001) Nació en Nueva York, ciudad en la cual durante su juventud conoció el reformatorio y la cárcel. En 1956 se traslada a la Costa Oeste donde participa de las actividades culturales de la zona de la bahía de San Francisco, transformándose en una de las figuras legendarias de la emergente Generación Beat. William Burroughs ha expresado que Gregory Corso tiene un don excepcional, posee una voz, una voz que remite sus ecos a través de la precariedad de un incierto futuro .

Desde 1961 alternósu residencia en Nueva York con estadías en Europa donde fue escritor visitante en diversas instituciones educativas. En vida publicó The Vestal Lady on Brattle (1955), Gasoline (1958), The Happy Birthday of Death (1960), Long Live Man (1962), Elegiac Feelings American (1970), Herald of the Autochthocnic Spirit (1981) y M.I.N.D.F.I.E.L.D. (1989)


sábado, 31 de julio de 2010

Luis Benítez, poemas.




















Un nombre trabaja mientras cae la nieve



Entre unos cobertizos con pilas de basura en cada puerta

Armados de apuro por la fatiga del caballo y del brazo

Todavía tres días después de la derrota un ciego canta.

De pie sobre una montura que apenas lo eleva del suelo

En la pendiente entre los pinos canosos

Y el indiferente vociferar de los tendidos que piden

Su puchero y su vino y una ramera que vieron

Antes de llegar a Quíos un ciego canta

Al ritmo de su lira de madera.

Sentado en la penumbra su criado deja el ojo asustado

Volar por los rostros cuando los alumbra el fuego

No lo distrae vigilar las mulas sino el cálculo

De la moneda de bronce que el oficial cansado

Le dejará en la mano cuando el ciego calle

Y él recorra los fogones con el sombrero en la mano

Y una sola palabra en la boca: “Caballeros…”

Alguien sale de su tienda remendada absorto

Camina dos pasos y se queda mirando al ciego

Y no ve nada por el peso de una decisión

Que le concierne y no ha tomado.

Una decisión que nada tiene que ver

Con las batallas. Alguien orina y se ríe

Contra un árbol. Otro borracho se calza

El casco de bayas crines de caballo

Aúlla un juramento horrible y se desploma

entre los camaradas de corazón fraterno.

Alguien busca en la radio no sabe qué ni dónde encontrarlo.

Sólo produce una voz multicolor

Sin partes pero su afán es largo.

El ciego tiene un traje nuevo y una voz ya entonces

Ronca donde se quedó el invierno. Hace una pausa

Y bebe lo que le alcanza un interesado -el único-

En volver a escuchar cómo enloquece Ajax

O qué suerte le aguarda a Héctor como si el ciego

Fuera a cambiar el suceder ficticio

Más severo que el otro.

Aunque, ¿quién obliga a esa bella palabra caballo

A referirse a esa sombra plateada?

Entre el sonido y la bestia

Algo contento pasa.

En el derrotado y ruidoso campamento

Donde ya las brasas se consumen

Las brasas que a lo lejos semejan

El dibujo de un archipiélago

En los mares oscuros fulgurante

Mientras la nieve vuelve

Y las otras voces se apagan

En murmullos

Mientras la nieve vuelve

Un ciego canta cerca de su criado

Y de sus fardos y nadie

En la región sabe su nombre.

Un camino insuficiente será posible:

Dividir el mundo entre el ciego y alguien.

“Cantá, odiosa, la cólera de Aquiles.

Bueno, desde entonces sólo amo dos cosas:

Los enigmas, las paradojas y los juegos de palabras,

Donde la palabra cazador aguarda inmemorial

El imposible paso de la palabra ciervo

Por el laberinto de la palabra diccionario

Para manchar de repetidas palabras sangre

La palabra verde. Queda claro mortales

Que yo no me visto para los otros

Sino solamente para mí.”



Underground New York


Arriba sopla el cannabis

El viento de la ciudad entre los que hablan solos

Y aquí abajo los trenes brillan y van y vienen

Por el cribado laberinto. La mujer negra borracha sola

A medias incorporada sobre el banco de la estación Lexinton

Le explica interminablemente al prudente policía

-Oigo apenas entre el bosque de sombreros que sonríen

Las blancas manos que aprietan sus carteras

Los impávidos latinos que como yo

Son bárbaros en la farsa de Roma-

Los detalles de una muerte –es su esposo un niño o su trabajo-

Que la llevaron al abandono de la recta vertical de su cuerpo larguísimo

Al charco que bajo el banco de la culpable se derrama. Al abandono.

Entonces la pequeña japonesa

-Dónde dejó la vitrina minúscula de su caja de música

El tu-tu absurdo como la envoltura de un bombón

A mitad de camino entre los agujeros de las medias de baile

Y la cara de la loca-

Hizo un rotundo croisse

Burlando con su pelo amarillo

Las mandíbulas verticales

Clavada en puntas de pie sobre el piso en movimiento

Un lago de los cisnes a toda carrera

Bajo el piso nevado de Manhattan.

Luego el vaso blanco de su delicado y dignísimo gesto

Entre saltos y reverencias y miradas a otra parte

Sin abandonar el otro lado desde donde no nos miraba.

Dónde estaba la pequeña japonesa

En qué salón de luces y de aplausos

Cuando en medio del vagón inclinó el tronco y la cabeza

Y extendió las manos de uñas despintadas

La boca torcida por su risa demente.

En el fondo del vaso sola como su alma la moneda.



La suerte del amor en la posmodernidad


Alguien dijo que nada queda de distinguido en este mundo

Salvo el hábito de la cacería de osos polares

En el verano ártico. Aunque parezca obscena,

Es una actividad ejecutada seriamente:

Familias enteras viven de este afán de conservar

Algo distinto, inmaculado todavía.

Hay hombres serios cada primavera calculando

Que con lo que dé el verano enviarán en invierno

A sus hijos a la escuela. Sucede en tierras tristes:

Kholokohak, Furstboro, Saint Felicien

Son algunos de esos lugares donde,

A medida que se retiran los mosquitos

Y la niebla cede, tienden la vista a lo lejos

O acechan el teléfono, atentos

A la agencia que solicitará sus servicios.

Dos meses después, cuando todo haya sido concertado,

La aurora boreal hará iridiscente el paisaje cubierto

De nieve sucia mezclada con barro y ramas,

Grandes montones peligrosos por donde

Estos hombres graves fumarán sus Marlboro

Guiando pausadamente al extraño al mismo sitio,

Al mismo oso muerto el verano anterior.

Luego las fotos, los mesurados festejos,

La alegría que tiene que haber en ese momento.

La alegría es un deber como cualquier otro.

Cualquiera sabe que la ballena azul

Es el más grande animal que jamás haya existido

Y que no se conoce actualmente su número,

Aunque se estima que quedan demasiado pocas

Para el decoro del planeta.

Un animal tan enorme debe ser, asimismo, conservado.

Los sonares y electrodos de la base de estudios de la vida marina en Maryland

Han detectado un nuevo sonido emitido por las grandes azules:

Es como un aullido asqueroso, un chillido de miles de ratones

Encerrados en las bocas de estas bestias, donde pueden

estacionarse cómodamente algunos automóviles.

Achicharra los nervios escuchar ese sonido.

Hace veinte años no existía.

Pero los códigos sólo se conservan desde entonces.

Se dice que son tan pocas, que han desarrollado

Ese sonido especial para llamar al imposible otro

De su especie. Es el deseo, que busca su eficiencia.

Que a veces, pasan su vida entera recorriendo

Los siete o más mares que hay buscando, buscando.

Finalmente mueren emitiendo ese sonido,

Cada vez más débilmente, hasta que cesa del todo

Y unas decenas de toneladas de carne se depositan

En el légamo del fondo del sueño.

Una remesa nueva y silenciosa, al cabo de un tiempo

-fácilmente calculable- trocada en alguna capa más

de grano fino que engrosa la cubierta.

También están el tipo la tipa que descubren en la carroña

Que les ha tocado en suerte muy buenas cualidades:

La nobleza es una cuestión de la imaginación. Hace la vida

Más llevadera desde el desayuno hasta la cena.

Luego, lamentablemente, se sueña toda la noche con lombrices,

Grandes lombrices anilladas que te comen las articulaciones lentamente.

Tienen todo el tiempo de este mundo.

Pero ella/él son lo mejor que nos podía haber pasado.

Mirá si no todavía fresca esa gotita de sangre,

Esa gotita, que es todo lo que queda aquí, a la vuelta,

Del desgraciado/la desgraciada que se había animado

A vivir sólo consigo. Entiéndase: a solas con todo Eso.

Claveteando la puerta infatigablemente, arrimando muebles,

Poniéndole toda suerte de obstáculos, hasta comprender

Que es el monstruo mismo quien nos alcanza los clavos.

Desgraciadamente son la gente

Más romántica de este mundo: Sufren todavía más,

Dulces transformaciones del hombre y la mujer,

Obligadas a salvarse de la locura por el trasvestido salvavidas,

Adán con portaligas, eva con bigotes, representando

Incansablemente, dulcemente, áridamente,

A los últimos héroes de la sexualidad.

No son ciertamente ninguna alternativa.

Ya tampoco tienen ninguna novedad.

Hay una rutina, siempre

en lo humano hay una rutina.

¿Y qué hay de los vampiros, el don juan tirapedos,

la chica del adiós sin caspa sobre las tetas mayúsculas,

torneada a la lentejuela sobre la barra? Nadie

en su sano juicio tomaría eso en serio.

Pero bien pensando, ya no queda nadie

En su sano juicio en este fin de siglo.

Hasta esas reminiscencias son posibles.

Claro que habría antes que proyectar una película o dos,

Poner música, no sé, crear un clima que se hiciera

A sí mismo sostenible. Pocas cosas dependen

Tanto del ambiente. Habría que andar siempre

Con toda esa escenografía al hombro,

Y eso es trabajo duro, pesado alquilar tantos camiones.

Definitivamente otra cosa que no sirve.

Existe también la cuestión del presupuesto.

La hora exacta, los extras preparados, las luces, los diálogos casi,

Casi naturales, esa mesa blanca, el florerito, la curva del gabán exacta,

Exacta. Aquí el amor es cuestión de exactitud. Hay matemáticas.

Impensable el tema de los hijos que desayunan y vuelven luego

De la escuela, el pijama a rayas, esas madres contentas, los primos,

Las tías, los abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, toda la colección

De cretinos en “un largo viaje hacia el final de la noche”, oh Céline,

Confundidos en un inaudible aplauso que es el de toda la especie.

Lo de la simulación es otro tema, todo sería más fácil si fuera posible,

De alguna real, definitiva manera, someter al otro.

Si nos creyera, si no se retorciera de risa cuando lo dejamos solo,

Creyendo que creímos que creía. Porque detrás del ojo brilla

Siempre esa luz fatídica, ese jugar a los dados solamente

Porque todas sus facetas están en blanco.

El amor, esa Cosa, esa porquería que insiste.



Luis Benítez: Buenos Aires, 1956) Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo. Ha dado a

conocer 24 libros en Argentina, Chile, España, Estados Unidos,México, Uruguay y

Venezuela. Pertenece a la generación de los 80, de la cual es considerado uno de sus

exponentes más destacados.

Paul Muldoon, poema.














Versión Esteban Moore.






Puerco espín


El caracol se mueve como una
embarcación aerodeslizable, sostenido
por el gomoso colchón de si mismo,
compartiendo su secreto


con el puerco espín, el que a nadie
habrá de contarle su secreto.
Nosotros decimos, puerco espín, salí
de vos mismo y nosotros te amaremos.

No te haremos ningún daño.
Sólo deseamos escuchar aquello
que tengas que decir. Queremos
que respondas a nuestras preguntas.

El puerco espín nada comparte, se encierra
en sí mismo. Nosotros nos preguntamos
qué es aquello que se obstina en ocultar.
¿Cuál será el motivo de tanta desconfianza?

Nosotros olvidamos al dios
bajo esta corona de espinas.
Nosotros olvidamos que nunca jamás
algún dios confiará nuevamente en este mundo.


Paul Muldoon (Portadown, Irlanda del Norte, 1951). Ha dado a conocer unos 30 volúmenes de poesía. Fue distinguido con los premios Pulitzer (EEUU) y el Premio T.S. Eliot (Reino Unido-República de Irlanda). Entre1999-2004, ocupó la cátedra de poesía de la Universidad de Oxford, actualmente enseña en la Universidad de Princeton donde asimismo preside el Lewis Center for the Arts.

Bob Holman, poems.



Bob Holman, Esteban Moore, 2010.


3 Ideas
I want to put flowers all over your bed.

Then I want you to get in bed.

Then I want to put flowers all over you.

This can be opened
Cannot weld lid back
I know all about nails
Piercing the bottom comes
Out like a sieve
Life is canned, what next
Productifiers you ass turkeys
My youth on the battle lines
Now parsed as a sermon
Meet me at Ye Olde Sundial
I have been influenced
Born and reborn and
I have Death sorrow
How come all I talk
About is “fun”?
Mention my wife I’ll cry
It’s right here, the surface,
Folks. It’s a can o’ life, a
Bottle of ash, a trunk full
Of squalling heteronyms
Drop narrative tone on toes
Dig grave with light
Ease into the bucket seat
Dangle breath over heart fire
My children are my poems
Last tomorrow moon
A flimsy song’s cardboard
Spine spires, no wheel
Can’t get to the begin
Can’t even end even

This is a day for a walk
To walk me by the river
To find an outdoor laundromat
And do our clothes
To have some cereals, different
Ones, with yogurt, fruited
Some juice, strong black cafe

To walk talking of nothing
To watch our feet conversing
Children yawning, the wind
At a cafe an omelet
Remembering cigarettes

As the sun slowly goes down
Our hands find each other
Sex is stirring, but distant yet
The nudges of breath and eyes
When you are shy I like it
The way night is suddenly here
And we walk home to continue


All new emptiness drained pained insaned
I need to run to you I am running towards you there
Is towards everywhere there is “to” nowhere
I am going direct to nowhere
It is huge empty blue zoo
Everyone used to be here now they’ve all gone “to”
Not even Twilight Zone I am crying so what
Everyone walking crying
Maybe you don’t believe me grieve sieve
I am sorry I can’t hear you through constant tears

By Popo Dada/translated version by Bob Holman

Not sure what I’m doing here in a tropical forest, in this canoe,
I seem to be moving in tiny increments, all around
trees sounds and flights, rustles, screeches and blips…
The fact is I’m asleep. The truth is I’m lost.
My memory is full of last night’s poems, right here
amidst the crackles and howls and trills and banshee wails.
Like the one about the crocodiles that were living in an underwater house
where we were drinking rum, some of the guys
smoking to frighten the mosquitoes,
and believe me it’s hard to smoke underwater.
So then they started in on the poems,
poems of distant lands, countries at war, green
as Ireland, cold as Argentina, hot as Baghdada,
as Cairo, “It’s quite warm here,” the Irish poet noted.
“In fact the heat makes it impossible to move, thus
(poets actually say “thus”) I drink the day away
in this chair.” “That’s not so much,” the Cuban poet
was heard to mutter. And nobody knows what happened later,
where the poets went. All I do is sit in this canoe as it swishes
round the darkness at 3 a.m…. No one is paddling
I have no paddle. Maybe I’m a part of the poem
the Irish guy is still writing, having a beer,
trying to bear up in the tropical sun.
A poem that will be read to us very soon,
but that he does not stop writing.

I will never forget it
The photos of photos of photos of etc
A barking dog under yr uniform & brownish
Snakes with rudimentary arms flying
Spikes out of nectar (fill ‘er up, as
you would say). The editor from Prairie
Schooner drops a library by. We inhale:
Helen Adam’s ballads. It’s all ruse,
all time. The movers are here, they
want to take the sun out of the kitchen.
Real jobs, they give crust, take a minute
Here to discuss “Poetry as Prayer.”

Wallace Stevens, poemas.











Versiones Esteban Moore.









Depresión primaveral


Canta el gallo,
y la reina no despierta.


El pelo de mi rubia
reluce al sol,
como la baba del rumiante
flotando en el viento.

Oh, oh
el kikirikí
no obtiene el eco
del cocorocó.

La reina de verde brillante
vestida,
decide no hacer su aparición.


De la simple existencia


La palmera al final de la mente
detrás del último pensamiento, crece,
en la distancia de oros brillantes,

un pájaro de plumas de oro
canta en la palmera, sin significado humano,
sin sentimiento humano, una canción extranjera;

entonces comprenderás que no es la razón
la que nos asiste en la felicidad o tristeza de los días.
El pájaro canta, sus plumas resplandecen.

La palmera se yergue al borde del vacío.
El viento baila en sus ramas,
las doradas plumas del pájaro caen lentamente,
suspendidas en el aire.


Otoño inmortal


Recito este poema con voz grave y monótona
en alabanza del otoño, del lejano y sinuoso otoño
alabo los campos sin flores alabo las nubes, las altas
/ramas silenciosas
donde el viento arranca sonidos, músicas sombrías.

Alabo el otoño ésta es la estación del hombre,
ahora el extraño sol no se entromete en nuestra tierra
no vigoriza el verde ni deshiela el suelo escarchado
y el invierno todavía no agobia con su silencio las ramas del pino.

En el otoño compartimos los días con los negros cuervos
el extendido mundo del año susurrante se ha marchado
hay más espacio para vivir el una vez secreto amanecer
llega la tarde con la luz del día y la oscuridad camina indefensa.

Entre el bravo y turbulento arder de las hojas
y el invierno que cubre nuestros corazones con su nieve pesada
estamos solos y no hallarás las nubes nocturnas
la luna las estrellas mansas giran alrededor de nuestros hogares.
Ésta es la estación humana en el aire estéril
las palabras pueden transportar el aliento y el sonido se arrastra
y continúa resonando
oímos el grito de un hombre muerto
desde un otoño que se ha ido hace mucho tiempo.

Te llamo y mi súplica se extiende mucho más allá de este aire amargo.





















La muerte de un soldado


La vida se contrae,
al igual que en el otoño, se espera la muerte.
El soldado cae.

Y... no ha de ser, personaje del momento,
alimento de las comadres,
que reclaman para su memoria, pompa y homenaje.

La muerte es absoluta, desconoce ceremonias,
como en el otoño,
cuando el viento calla.

Sobre los cielos se detienen los vientos,
a pesar de todo,
las nubes siguen su camino.

El sol en marzo


El brillo extraordinario de este sol señala
la intensa oscuridad que me penetra.

Nuevamente ilumina las cosas que se embellecían
en el azul más extenso, y eran parte

de un espíritu que se transformaba en ser anterior;
también regresa desde el aire del invierno,

como una alucinación que deslumbra
la visión del ojo. Nuestro elemento;

el frío, allí estamos a gusto, el aire invernal
trae voces de leones que caen.

¡ Oh! rabino, guarda mi alma
y sé el sabio de esta confundida naturaleza.


Metamorfosis


Amarillito, amariiiilliiito,
Amariiiilliiiiiiiiito,
viejo gusano hermosas curvas
sep....tiem.......bre
en el viento.


El verano muere,
los pájaros han volado.
Oh, por favor recrea
oc... octu....octubre.

Las hojas descorteses caen,
la lluvia cae, el cielo cae,
se recuesta con los gusanos.

Los faroles de la calle
son aquellos que han sido colgados
balanceándose sin lógica
de aquí para allá
del cero al infinito, de la nada al limbo.




Wallace Stevens nació en 1879 en Reading, Pennsylvania, EEUU. Estudió leyes en la universidad de Harvard, luego de obtener su título de abogado trabajó hasta su muerte en 1955 para una compañía de seguros en Connecticut.
Sus primeros poemas fueron publicados en la revista Poetry y en 1923 dio a conocer un volumen de poemas, Harmonio, que incluyó el poema Trece maneras de observar a un mirlo.
Posteriormente publicaría, entre otros libros, Ideas de orden (1935) ; El hombre con la guitarra azul y otros poemas (1937); Las auroras del otoño (1950) y en 1954 se editó su Obra reunida.
En la actualidad sus meditaciones sobre el orden, la imaginación, la realidad y el arte; siempre enigmáticas, elegantes y conceptuales gozan de gran prestigio en la tradición poética norteamericana.