jueves, 22 de noviembre de 2012

Joaquín O. Giannuzzi: Poemas.





Joaquín Giannuzzi (1924-2004)




























Paisaje Urbano

Con mis piernas surcadas
por una especie de fracaso placentero
y una perspectiva de huesos lentos,
desde la ventana del bar contemplo esta furiosa esquina
donde los átomos se han enloquecido
y se cruzan interminables ríos de motores.
He aquí el mundo
componiendo una música tan excesivamente humana
que un accidente no modificaría la situación.
Yo bebo una cerveza y me pregunto
si valía la pena, si necesitábamos este tumulto,
si este vértigo de la materia triturada es digno de nuestra fe.
Me pregunto también
si está incubando un orden distinto, una desconocida naturaleza,
donde puedan instalarse los jardines
que giran prisioneros por mi cerebro irritado.


Por Alguna Razón

Compré café, cigarrillos, fósforos.
Fumé, bebí
y fiel a mi retórica particular
puse los pies sobre la mesa.
Cincuenta anos y una certeza de condenado.
Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido;
Bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,
escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama.
Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo
que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me
correspondía.
O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás
hubo un proyecto distinto para mí
en alguna probable lotería
y mi número no salió.
Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado.
Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos.
Me queda esto.
Una porción de vida que me cansó de antemano,
Un poema paralizado en mitad de camino
hacia una conclusión desconocida;
un resto de café en la taza
que por alguna razón
nunca me atreví a apurar hasta el fondo.


Apuntes de Época

Frecuencia de tiroteos
En las inmediaciones de nuestro cuerpo.
Las noches llegan como amenazas secretas.
Explosiones, aullidos de ambulancias y neumáticos,
pasos que se precipitan.
Espasmos de una agitación avanzada.
La vieja época
pierde el ritmo cardíaco, boquea
en el estanque seco de su propia historia.
Detrás de las puertas
cerradas a doble llave, pasador y moral sin dientes
todo el mundo conteniendo el aliento.
Timbales y música a volumen crítico.
El baile de los muchachos
del otro lado de la pared.
Desde aquí no hay mucho que explicar:
acumulo muecas, examino ideologías
pero en conjunto ignoro
si son libres o felices,
qué heroísmo reclaman, qué sueños conciben.
A veces hay un accidente en el tocadiscos
y entonces los muchachos
con puños y pies golpean las paredes
para escapar de estos tiempos difíciles y oscuros.



Joaquín Giannuzzi, (Buenos Aires, 1924- Salta, Argentina, 2004) Poeta y periodista.  Publicó "Nuestros días mortales" 1958; "Contemporáneo del mundo" 1962,   "Las condiciones de la época" 1967;  "Señales de una causa personal" 1977; "Principios de incertidumbre" 1980; "Violín obligado" 1984;  "Cabeza final" 1991 y "¿Hay alguien ahí?", 2004: entre otros títulos. Su obra fue distinguida con el premio municipal y nacional de poesía.









lunes, 12 de noviembre de 2012

Jorge García Sabal: Poemas.


























Charla del viejo

Habla de aquello que no hizo,
lo que estuvo al alcance de la mano
y no pudo tocar.
Es confuso ese parloteo que sólo él entiende,
es áspero cuando dice ¨eso sí valía la pena¨.

Habla de aquello que no hizo,
como esas tortugas al revés,
expuestas al sol, la panza blanca,
las uñas arañando el aire.

Insomnio 

Sálvate de tu madre y del padre de tu madre
y de la madre del padre. Sálvate de tus hijos
y de los hijos de tus hijos. Sálvate, de la traición
de la escoria. Sálvate por el hallazgo, por la ambición
de entrar solo por una puerta que da a un lugar solo.
Sálvate y queda mirando ese desierto : ciénagas de hambre
ciénagas de sombra:

sé un sueño solo sin voces ni gritos: tu huésped.


Pasante   

Que parezca que se ha plantado. Que parezca
que hay árboles en el jardín y flores y también
mala hierba. Que parezca que se plantó y creció
un árbol y flores, hierba. Que parezca, siempre,
porque es verdad, que hicimos lo necesario para
alcanzar, ahora, a esta hora, lo que somos:
un desvío, algún remordimiento.


Maniobras

Ahora esa mujer habla del mar.
Sorpresiva, casi sin voz, dice y mezcla
unas palabras incomprensibles, ajenas.
Dice y tartamudea que el mar, que la noche
que un día, que pájaros, que el amor
y el silencio del silencio, que la muerte.
Dice y se va, como si nada.

Que sea así. Prefiero que no esté
con sus anuncios inconsolables y emigrada,
sin respuesta -mientras la vida avanza
a grandes pasos, lejos de uno- vuelva
y mire, lúcida, un objeto material
hecho de un grupo de palabras abstractas,
de nombres propios y voces:

sólo una escritura en voz baja, hecha
de arrepentimientos, agregados, decepciones.


Poema I

Los hombres y las mujeres de este pueblo
andan descalzos, pisan desnudo.
Ni el sol ni la lluvia ni la sombra
los hace felices o tristes; ellos
pisan desnudo, sin codicia.

Los hombres y mujeres de este pueblo
afilan piedras, engendran, festejan
con vino, tienen sueños nocturnos, mueren.
En silencio miran y pisan la tierra desnuda,
la aprietan, amontonan huesos, los tapan.

La gente de este pueblo es pobre y no
piensa más allá, no habla al futuro:
sólo apisona, ni feliz ni triste y
con huesos, piedras, sueños, cubre
y descubre lo que un día ha de nombrar:

memorias, involuntarios recuerdos, épicos
asuntos.


Jorge García Sabal (Balcarce, provincia de Buenos Aires,1948- Buenos Aires, 1996) Poeta. Publicó: El Fuego de las aguas, 1979 (Premio Fondo Nacional de las Artes, 1978); Figura de baile, 1981; Mitad de la vida, 1983 (Primer premio Certamen de Poesía “Miguel Hernández”, 1982); Lugares propios, 1987; Tabla Rasa, 1991 (Premio “La Nación”, 1990; Jurado: Octavio Paz, Olga Orozco, Enrique Molina, Roberto Juarroz, Jorge Cruz); Sutura, 1994;  Antología Poética, 1996.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Víctor Redondo: Poemas.





Víctor Redondo





















Inferno

El retiro abierto, las hojas entornadas señalaban
una antigua ausencia.
Dar unos pasos por la habitación para convencerme
de la existencia del viejo olor aún sobre los muebles.
Aguardar la caída de la tarde para volver a recordar
las vulgares, estúpidas ciudades del mediodía.
Y por sobre toda la ansiedad, el manto, el manto
de olvido para borrar las horas.
La estúpida ventana de las ciudades del
mundo, la estúpida ansiedad.
El calor, la sed.
El amor como una ventana,
abriéndose, cerrándose, abriendo, cerrando, callando.
La alegría del amor desierto.
El sol, a veces, como un gran sexo en éxtasis.
Las paredes blancas como la piel de un niño,
dos árboles —uno viejo, el otro joven—
y la gran línea del horizonte encerrándonos en el mundo.
No había frutos en esos árboles, despedían por la tarde
un triste perfume de Dios,
y bebían gotas de nube de plata.
¡Cólera, cólera contra estos tiempos!

El arder de la vida
por el gran pantano de luz de aquellas islas.

 

Quijada

Quiero escribir palabras como quijada.
Destruir los complejos que se tienen al encarar cada
palabra,
como quijada.
Es decir, señor periodista,
yo escribo como un mestizo
o como tal al menos quiero llegar a escribir.
¡Las palabras tienen a veces una sangre tan confusa!
Quisiera tener un aparartito en la cabeza que
fuera moliendo
esa misma quijada que estoy usando como ejemplo
y dejara relámpagos temblando
en la palma de mi mano, sobre esa máquina que allí ve.
Usted está ahí, con ese perfecto grabador,
y yo aquí, frente a sus preguntas,
midiendo con mi otro ojo la distancia que aún me
separa del abismo.
Se reiría si le dijera lo que yo realmente pienso
de la literatura.
Apenas estómagos débiles en cuerpos enfermos.
Nada más.
Por eso busco palabras como quijada
para que bien mastiquen tanto polvo.

 (publicado en Faro Vacío)


Víctor Redondo nació en Buenos Aires, Argentina en 1953. Integró los grupos de poesía El sonido y la furia y Nosferatu. Publicó Poemas a la Maga (Ed. Sunda, 1977); Homenajes (Ed. Ultimo Reino, 1980), que obtuvo el Primer Premio de Poesía Nicolás Guillén en conmemoración del Milenario de la Lengua Castellana (España) en 1978; Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (Ed. Ultimo Reino, 1985) y Mercado de ópera (Ed. Ultimo Reino, 1989. Editó también la novela Las Familias Secretas (Ed. Catálogos, 1985). Varios de sus libros tienen re-ediciones. Dirige desde 1979 la editorial de poesía Último Reino, que ha editado 400 libros en los últimos veinte años.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Philip Larkin: Viento de Bodas.



Pilip Larkin (1922-1985)























El viento sopló con fuerza el día de mi casamiento,
y mi noche de bodas, fue la noche del viento
              de su desatada violencia;
el viento que golpeaba ruidosamente la puerta del establo,
y él tuvo que levantarse para ir a cerrarla,
dejándome, atontada, a la luz de las velas,
a solas con los sonidos de la lluvia,
observando mi rostro en el candelabro retorcido,
sin ver, a mi pesar, nada.
Cuando regresó al lecho comentó que los caballos
estaban inquietos, yo sentí tristeza al pensar
que en una noche como ésta a hombre o a bestia, cualquiera,
les faltara la felicidad que me poseía.
             Ahora a plena luz
del día bajo  el sol, todo se ve revuelto por el viento.
Él ha ido a recorrer las tierras inundadas
y  yo llevo un balde abollado al gallinero,
apoyándolo en el suelo miro a mi alrededor.
Todo es viento que penetra los árboles,  sacude  las nubes
levanta mi delantal y agita la ropa tendida.
¿Puedo soportar este viento que encarna mi felicidad,
arrastra mis actos uno tras otros, como el hilo a las cuentas de un collar?
¿Me será permitido dormir ahora que la perpetua mañana
                                                             comparte mi lecho?
¿Podrá la muerte secar estos charcos recién formados
concluir nuestra adoración, al igual que la del ganado, arrodillándose,
para beber de las aguas todo-generosas?


(Versión Esteban Moore, P. Ogan Rivadavia)


Philip Larkin (1922-1985)   Poeta, novelista y crítico musical inglés. Publicó en poesía: El engaño (1955), El barco del norte (1945), Altos ventanales (1974) y Las bodas de Pentecostés (1964).  Entre oros títulos.




    

Fracking Hell (El Infierno del Fracking) Parte2

viernes, 2 de noviembre de 2012

Ángela García: 7 poemas.


Ángela García






















Un verbo

Camino sobre la iniciada
fermentación de las hojas
con el viento frío en la punta
de la nariz.

Mi paso es un sendero
por donde el aire que entra
me esculpe,
modela en mí el verbo.

Respirar, interno tacto.


¿Cuántos somos quienes?


Una sola frase repetida durante
cinco minutos,
con el rumor de fondo de la noche

Legiones de grillos
grandes y pequeños
son voces al comando
gritando a un dios diseminado.


Los afanes de Narciso*

El periquito en su jaula tiene mucho que hacer
le han puesto para su diversión un espejo
del que cuelga una campana.

Ha descubierto al otro.

Su instinto de defensa empezó el cortejo,
con picotazos tentó la conversación,
incisivo metía la cabeza en la campana
y  se masturbaba
creyendo que también el otro le hacía la corte.

Enamorado de esa lealtad incondicional,
hoy le ha dado de sus propias reservas
semillas celosamente humedecidas en el buche.

Pronto el espejo se atiborra de amasijo,
un asqueroso depósito de escombros
sepulta vivo al intocable reflejo.

Con alarmados picotazos clama
por el que le ha vuelto la espalda.

                                  *He leído que las aves se aparean juntando sus cloacas.


Mercurial

Una burbuja henchida del instante
se descubre a sí misma en el espejo.
se reconoce cuerpo palpitante
sangre circulante
pensamientos que ruedan
ojos brillando delante de sí mismos.

Todo en el instante.

La burbuja quisiera perdurar,
tener a mano el tiempo,
más, desaparece.

Súbitamente sólo una humedad
se disipa en el espejo.


La mudez del polvo

La brisa deposita su bagaje de residuos
por doquier. 
Limadura de roca, resumidero del vuelo
de legiones de golondrinas.
En callado descenso, los minutos pasan,
las horas se asientan tras las uñas.

No alcanzamos a oír la agonía
de los insectos en la telaraña
o la huída de los que se salvan.

No tiene sonido la arquitectura de las
juiciosas tejedoras en los pliegues
o en los vértices, entre la fronda.
El viento no tributa sonoridad
a esas viejas redes desiertas que cuelgan
con su inútil provisión de vellos, pestañas,
antenitas, alas de moscas, trozos de plumas,
pelusilla de flores, esporas secas.

Oficioso fantasma remedando el color de
las cosas,
invisible cautela de la muerte.


El sello

El cuerpo avanza por calles encapotadas de espuma celeste
En las puntas de los senos flamea azul el deseo
tea atizada por los copos que caen.

El  hambre es plenitud:
la sonrisa que flamea
sella un pacto.


Agua

Me pides que hable
Pero no puedo detenerme,
Sólo sé moverme cambiar correr
ascender o caer.

A veces estoy en lo secreto
recogida en la entraña muda
debajo del desierto.

No soy historia soy siempre instante:
Bonanza.


E.M., Ángela García, Medellín, 2010.
Ángela García (Medellín, Colombia, 1957)  Poeta , traductora y periodista cultural.Co-fundadora del Festival Internacional de Poesía de Medellín y co-directora del mismo hasta 1999. Miembro de la Asociación de escritores del sur de Suecia donde trabaja promoviendo actividades poéticas. Sus poemas han sido traducidos al sueco,  alemán, serbio, árabe.Ha publicado : Entre leño y llama, poesía, Serie Hipnos, 1993; Rostro de Agua, poesía, serie Hipnos, 1997; Farallón Constelado/ Sternige Klippe.Bilingüe, traducción y cuidado por Jona y Tobías Burghardt, edición Delta, Stuttgart 2003; De la fugacidad/Om flygtigheten, bilingüe, traducción Lasse Söderberg, edición Aura Latina,Malmö (Suecia) 2005; Veinte grados de latitud en tres horas, bilingüe, traducción al serbio de Zlatko Krazni, Smederevo (Serbia) 2006, Doce poemas sobre el silencio, traducción de Ulrika Serlin, ediciones Poesía con C, Malmö 2009 yTodo lo que amo nace continuamente, serie Acanto, Ed. Universidad EAFIT, Medellín (Colombia) 2010.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Carlos O. Antognazzi: Novedad Editorial.










Se presenta en Rosario

Las estaciones
(poesía)

de Carlos O. Antognazzi


Coordina: Alejandra Méndez
Presenta: Lisandro González

Lunes 12 de noviembre, 20:00 hs.

Lennon

(Urquiza 1493, esq. Paraguay)

Carlos O. Antognazzi (Santa Fe, 1963). Reside en Santo Tomé. Ha publicado los libros Historias de hombres solos (Cuentos, 1983), Punto muerto (Cuentos, 1987), Ciudad (Novela,1988), El décimo círculo (Cuentos, 1991), Llanura azul (Novela,1992), Narradores santafesinos (Ensayo, 1994), Apuntes de literatura (Ensayos y entrevistas, Banco Bica, 1995), Cinco historias (Nouvelles, 1996), Mare nostrum (Cuentos, 1997), Zig zag (Cuentos, 1997), Road movie (Cuentos, 1998), Inside (Poesías, 1998), Al sol (Cuentos, 2002), Arte mayor (Poesías, 2003), Los puertos grises (Novela, 2003), riverrun (Poesías, 2005), Señas mortales (Novela, Castalia, Madrid, 2005), Triplex (Nouvelles, UNL, 2008), Ahab (Poesías, 2009), Interludio (Cuentos, 2010), Leve aire (haikus, UNL, 2010), Las estaciones (Poesías, 2012). Obtuvo, entre otros, los premios «Alcides Greca» 1992 y 2007; XII Premio «Ciudad de Huelva» (España, 2003); VII Premio «Tiflos» Novela (España, 2004); “José Rafael López Rosas” 2009. En 2004 fue declarado «Ciudadano Santafesino Destacado» por el HCM de Santa Fe.