miércoles, 12 de junio de 2013

Claudio Daniel: 2 Poemas.



Claudio Daniel
















Flor Occipital

Flor occipital es el nombre de la cabeza.

Líneas, volúmenes.

Una escritura de huesos, nervios,
orbes, recuerdos.

Palabras que se perderán en algún lugar
que evitas.

Escenas que surgen de repente
como lagos, cristales,
pequeñas facas
blancas.

Una cobra que no es el nombre que escurre de tus labios.

Árbol que no dice más ni menos
que
esto.

¿Tiene un aprendizaje para la locura?

Trituras un insecto entre los dedos
pero la sensación
permanece.

Es un escalofrío que no puedes explicar.

Fibras, son todas fibras de un tejido milagroso.
Un tapete oriental
en forma de riñón,
donde somos un minúsculo detalle,
hormiga que cabalga en el lomo de un dragón.

En la palma, el pulso, la piel,
pensaste haber sentido los juegos de la noche,
manos fugadas, voz enmudecida,
Ningún tablero
o peón.

Esta no es la cara de un sueño,
menos luz, ninguna membrana,
carajo, gritas
a los tuétanos del pan.

Hormigas de nadie cruzan de un lado a otro
el cantero
del jardín.

Existe una ilusión del amor y de los dientes, dientes, dientes.

Porque todo es real.

Una piedra que explota en las sienes.

Una Tierra en forma de cáliz.

La palabra que se reproduce como las aves en el Palacio de la Diosa de la Luna.

El sentido es apenas la sombra.

Soy el hambre de una claridad que nunca ocurrirá.
Porque los ritmos, los ritmos, los ritmos.
Porque la risa de la perra.

Celan y la “locura abierta de un poro"

Ninguna Salida para Lugar Alguno

Cangrejos extraviados en la lluvia, un cuadro, un nombre
que no es la cobra
que no escurre
de tus labios.

Jugarse la sombra en busca del sentido de mascar hojas de cobre.

Jugarse la sombra en busca del íntimo escarabajo
tatuado en la concha
de la Señora Lengua.

Jugarse la sombra porque la piedra es más que el grito es más que la
ardilla es más que el disturbio
aullido
de alacrán.

Escribir poesía no es un trabajo para hombres delicados.

Flor occipital es el nombre de la cabeza.

Aquí están todos los juegos, todos los mapas, todas las palabras,
incluso aquellas por inventar.

Flor occipital es el nombre de la cabeza.

Tu voz.

Tus caras.

Tus mandalas de ternura y escarnio.

La desfiguración de líneas en el cuerpo convulsivo, haciendo saltar lémures.

Esmeralda.
Todo se inicia y se acaba con el encantamiento de esmeralda.



Hormiga


Pequeño dragón
doméstico.

Cabeza embarazada
de hibisco.

Rústico abdomen-
hongo.

Excava lo incierto
de los días,

para la trilla
vertical

del salvado, furia
y hojas.

Carga sus muertos
en la espalda,

con precisa
geometría

de fábrica
fúnebre.

(de: Figuras Metálicas, 2005)
A la memoria de Rodrigo de Souza Leão, 2011.


Traducción: León Félix Batista

Claudio Daniel (São Paulo, Brasil, 1962) Poeta, ensayista, traductor y periodista. Ha publicado los libros Sutra (1992), Yumê (1999), A sombra do leopardo (2001, vencedor del premio Redescoberta da Literatura Brasileira) y Figuras Metálicas (2005), y los cuentos de Romanceiro de Dona Virgo (2004).  

lunes, 10 de junio de 2013

Pablo Seguí:Poemas.





Pablo Seguí




 





Viajó. No estoy con ella.

(Nadie viene a besarme,
torso desnudo, de
la pieza que, vacía,
sólo acumula libros.
Nadie pregunta por
los lentes, ni acaricia
a la gata, ni le habla.)

Viajó. Ya volverá.

(La sábana, caída
de la cama, y hojitas
de albahaca en la cajita
de los elefantitos:
de la pieza llegaban
palabras como naos:
amor, dulce ventura.)

Viajó. ¿Regresará?

(Esa pieza: sitial
de lujo de la acedia
siempre posible, angustia
-aliada poderosa
del insomnio-, terrible
catafalco del tedio
y el rencor: florecela.)


Ella quiere otra cosa,
a veces, que lo que
yo quiero, nada más.

Pero ¡cómo me duele,
ahora, que se muestre
indiferente, lejos!

Canción, decile que ardo,
que humeo negramente,
que mis labios se agrietan.


Yo sé que las palabras
ni las fotos podrán
tenerte nunca. Que
el beso que nos dimos
anoche se conserva
apenas, desleído
por la ingrata memoria.
Que esa risa que estalla
de repente en tus labios,
y que yo no manejo
ni aunque lo intente, surge
cuando quiere o querés;
que es inútil grabar
para los venideros
ese tacto a distancia
que sonriendo me ciñe.
Somos ese detalle
que el otro guarda, que
recuerda, del que abjura
o por el que suspira
o se alegra. Es posible
que ahora que dormís
no me tengas presente:
soñás, quizá, con una
minuciosa manada
de elefantes a punto
de entrar en un bazar;
o con esa perrita
que te daba la pata
anoche. Lo que sí
es cierto es que, callado,
y cansado, y desnudo,
escribo sobre vos.
Y lo más cierto es que
estas pobres palabras,
que leerás mañana
por la mañana, con
un mate, a las corridas,
jamás conseguirán
mostrar el modo claro
en que tu cuerpo luce
de noche al descansar.
Todavía más cierto
es que no importa. Puede
que el futuro no sepa
nada de vos, ni de
tus labios rumorosos.
Los míos guardarán
su forma, su tibieza,
su increíble dulzura.
Ya no puedo olvidarte,
señora que ha logrado,
sólo con ser, hacer
de estos días un mundo.


Te vas a levantar, querida, dentro
de un rato. Tempranito: tenés pruebas
que corregir. Dejaste
para el final hacerlas, como siempre
que un libro se te vuelve necesario:
un libro, tu perrito, el marco que
pintaste con amor.
Así es la vida: un tiempo
moroso que agotamos en hacer
lo que nos gusta; lo demás, de un saque
lo resolvemos (ya
lo señaló del porteñismo el hijo
de Baldomero). Ahora, allá en la cama,
soñás con algo que seguro no
recordarás al despertar. Iré
a la Del Plata a por
criollitos calentitos, y serás
de nuevo reina en La Babía... Casi
que voy y te despierto: ¡escribo sobre
alguien que no soy yo!
Materia inexplorada de que podría hablar
hasta el fin de los tiempos. Un besito. 



Pablo Seguí (Córdoba, 1973) Poeta. Ha publicado los libros: “Los nombres de la amada" (1999),  "Claves y armaduras" (2005) y  “Naturaleza muerta” (2011).  Administra los blogs El Bakelita, La lección de piano y Anotaciones-Tamarit.

sábado, 1 de junio de 2013

Andrew Motion: Publicar en los Muros.

What If?, poema de Andrew Motion, 2007.
Reproducido en uno de los laterales de  un edifico
de la Universidad de Sheffield Hallam, Sheffield
Inglaterra.
Esta publicación en una pared se llevó a cabo durante
el festival de poesía Off the Shelf Festival of Words.
El único festival que imprime textos en las paredes.


Shelley Hallam University, Sheffield.

jueves, 30 de mayo de 2013

Juan Liscano: América.




Juan Liscano

















Dije, maíz. Generaciones de indios fueron rescatadas
                                                                          /del olvido.

Dije, palma . Largas elaboraciones de tejidos, milenios
   de substancias fibrosas ataron al pasado con el presente.

Dije, arcilla. Se mostraron las tinajas de hinchado vientre
   de mujer encinta, los platos y cazuelas como discos solares
                                                       /arrojados hacia el porvenir.

Dije, río. Fluyeron las aguas del diluvio. Fueron ahogadas las razas.
  Sobre las primeras tierras emergidas y chorreantes, cruzó un pájaro.

Dije, selva. Torrencial follaje, explosiones de verdor, vahos zumbantes,
   tibieza de matriz. El silencio sin rostro y con cuerpo de hormigas voraces,
   aullaba entre pieles de sierpes como vainas caídas de los árboles.

Dije, llanura. Giraron embudos de vientos negros.
  Se quebró una luz de cristal o de leño seco. Un
  espejismo de mercurio relucía en  el horizonte.

Dije, luna. Brotaron fuentes e hilillos de leche,
   se abultaron humedades, proliferaron hongos,
  mohos, légamos y de escucharon grandes caídas de agua.

Dije, mujer. Un tallo de venas rotas echó flor.

Dije, hombre. Se alzaron escudos y macanas, brillaron filos
  y puntas de hueso, flotaron los plumajes, pero en alguna parte
  del combate se abrió una mano como delta.

Dije, sol. Truena el verano, un ave deslumbrante e invisible
  pasa y sólo se mira su sombra. Muestra el cielo una faz roja
  y rugiente.

Dije entonces, Dios, comiéndome las palabras, con la lengua
  volteada hacia adentro y con los ojos vaciados.

El amor era un tigre en acecho.

La muerte se acercaba lentamente bajo una nave
  de árboles estrellados.

Los negros

Avanza un negro, avanza por la orilla
de un cocodrilo, de una sierpe roja.
Viene del mar, del vientre de unos barcos,
llega sin nombre y lleno de su exilio.

Un negro doble, trino, igual al prójimo;
dos negros, mil, cien mil están llegando.
Dioses, tribus, idiomas confundidos,
muchedumbres que son tan sólo un hombre.

Puede mirarse un negro en otro negro,
mirar la misma imagen del infortunio,
reconocer el mismo viaje a ciegas,
la misma pena en lenguas diferentes.

Les cortaron los pasos, les cazaron,
les clavaron las huellas y caminos,
les echaron del sol, del pez, del búfalo,
y cayeron al suelo, al pozo, al piojo.

Rodaron hombre abajo, mundo abajo,
rodaron hasta el fondo de las naves
hasta perder sus nombres:
la identidad de planta, bestia y cosa,
la del ancestro aullante entre las máscaras.

(de Nuevo Mundo Orinoco, 1959)





Juan Liscano (Caracas, Venezuela, 1914-2001) Poeta y crítico venezolano. Director de la editorial Monte de Ávila, entre su obra poética destacan los títulos Nuevo mundo Orinoco (1959), Cármenes (1966) y Fundaciones (1981). Asimismo ha escrito los ensayos Panorama de la literatura venezolana actual (1973), Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa (1976), Los fuegos apagados (1990) y El origen sigue siendo (1991). En 1990 publicó Antología personal, un recorrido por su trayectoria poética.





lunes, 27 de mayo de 2013

Cine Documental:La Historia Invisible.










La historia invisible pone en pantalla a los que buscan descubrir un relato largo tiempo negado.
Hoy Anahí sueña con los ojos abiertos. Ella es docente y vive en la ciudad de Gral. Roca; comparte su experiencia de recuperación de la identidad y la cultura mapuche junto con los otros protagonistas del film -obreros, empleadas, artesanos-.
¿Quiénes son hoy los mapuches?, ¿en dónde viven?, ¿cómo se recupera una identidad ancestral que pueda expresarse en el presente por fuera de los estereotipos y los modelos folklóricos? Estas son preguntas que los protagonistas se plantean a lo largo del film, para contar que la historia del país todavía tiene páginas en blanco.

La historia invisible es una producción de grupo de boedo films dirigida por Claudio Remedi. Fue filmada a lo largo de dos años en las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Neuquén y Río Negro. Como se hizo con largometrajes anteriores del grupo, Fantasmas en la Patagonia y Agua de Fuego, la primera proyección se realizó para los protagonistas de la película el 12 de octubre pasado en General Roca y Neuquén, dos de las localidades en que se ha filmado. 

Selección Panorama Documentaire en el Cinélatino, 25èmes Rencontres de Toulouse, Francia

Ficha técnica:
Dirección y producción: Claudio Remedi | Dirección de Fotografía: Lucas Martelli | Diseño de producción y Montaje: Gabriela Jaime | Diseño de Sonido: Horacio Almada | Producción en rodaje: Oriana Tizziani | Música: Catriel Guerreiro y Manuel García. Duración: 80 min. Año 2012.

Claudio Remedi

viernes, 24 de mayo de 2013

Zacaria Mohammed: Poemas.



Zacaria Mohammed






















Las aves del silencio


No  todas  las aves cantan
existen  aquellas que no lo hacen

Ellas se posan sobre los cables de alta tensión
observando  en silencio

Girando sus cabezas a derecha e izquierda
a su derecha las piedras  a su izquierda las rocas

Es imposible cantar entre piedras y rocas

Ellas no cantan pues el cantar es cosa de pordioseros
y ellas no respetan a las aves mendicantes

El cantar es oficio de las aves tontas
Ellas,  las aves del silencio sólo giran sus cabezas
a su derecha las piedras  a su izquierda las rocas


El pájaro perdido


Un pájaro pequeño
más pequeño que un puño
posado sobre una rama del cerezo,
su nombre un manchón tierra
que la lluvia ha borrado de su ala.

Cuando abrí la ventana
sacudió sus alas
y huyó en vuelo
sin embargo mis ojos capturaron su color.

Ahora en vuelo arará los cielos
sin   nombre,
sin color.

Ya no existen ojos
que puedan capturar  su imagen –

Ha sido  borrado
por mí
por la lluvia.


Hogar

Cientos de pájaros vuelan veloces sobre mi cabeza
llevan en sus picos palillos, ramitas para construir sus nidos

Mi hogar aún  no ha  sido construido
vivo todavía en la tierra del sol y la lluvia

Los pájaros  pasan una y otra vez sobre mi cabeza
llevando en sus picos  palillos, ramitas
mientras mis labios
titubeantes  como los de un niñito malpronuncian:  m-i-h-o-g-ar

(Versiones Esteban Moore, en colaboración con el autor, Buenos Aires, 2012)

EM, Zacaria Mohammed, Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2012.
Zakaria Mohammed  (Nablus, Palestina, 1951) Poeta, novelista, dramaturgo, periodista y artista plástico.   Realizó estudios de la literatura árabe en la universidad de Bagdad, en Irak. Tan pronto como terminó sus estudios en 1975, comenzó a trabajar como periodista independiente en Beirut, Ammán y Damasco. En su vida profesional trabajó como editor en jefe para muchas revistas políticas, culturales y literarias. Actualmente vive en Rammallah donde trabaja como periodista y editor. También realiza cursos de escritura creativa y es miembro del comité de dirección del KhalilSakakini Cultural Center.



martes, 30 de abril de 2013

Daniel Fara:La segunda desaparición de Rodolfo Walsh.1




Rodolfo Walsh









Objeto de continuas reediciones, escenificada, filmada, adaptada para la TV, alabada por la crítica y el público en forma incondicional, unánime y sostenida, la obra de Rodolfo Walsh aparece, desde hace más de dos décadas como paradigma de producción consagrada. Y si bien es verdad que basta leerla una vez para saberla merecedora de la más alta consideración, esa primera lectura también es suficiente para advertir que algo funciona indebidamente en cuanto al reconocimiento de los críticos y lectores. Las referencias son siempre atentas y elogiosas pero apuntan a un solo aspecto de la producción y muy poco, nada válido, se dice sobre otras facetas que, justamente, debieron captar especial atención por su importancia intrínseca y su valor proyectivo.

Esta paradójica consagración nos recuerda que Pierre Bourdieu, con mucha precisión y poca anestesia, explicó hace años cómo se inventa un escritor y de qué forma se gestionan las canonizaciones en el campo intelectual. En el caso que nos ocupa reconocemos una compleja operación, desarrollada por un variado elenco y pasible de ser entendida, al mismo tiempo, como maniobra represiva, estrategia editorial y, sobre todo, como fenómeno vinculado con ciertas peculiaridades de nuestro inconciente cultural.

En tanto se habla de operación y represión respecto de una figura claramente identificada con la izquierda combativa, podría interpretarse que Walsh fue reprimido, en su vida y en su obra, del mismo modo y por la misma causa: su militancia política. Hay, en efecto, una relación, pero inversa a la imaginable y también paradójica. Fue la reivindicación, no la censura, del militante caído lo que hizo posible su segunda desaparición, como escritor.

En una entrevista realizada en 1973, Walsh se refería al testimonio y a la denuncia como a "categorías artísticas, por lo menos merecedoras de los mismos trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción" y deseaba que "en un futuro se inviertan los términos: que lo realmente apreciado en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección".

Probablemente no haya sido sólo por esta declaración ni por otras similares. Tal vez alguien se tomó, además, el trabajo de comparar las "novelas testimoniales" de Walsh con sus libros de cuentos, y, quizá, el resultado de esa comparación le desagradó en más de un sentido. Lo cierto es que ese alguien (plural, indistinguible ya) caracterizó al "corpus testimonial" como un parteaguas entre "ficción" y "no ficción" y a Walsh como a una suerte de creador de sus precursores (Sarmiento, Hernández, Arlt) en el arte, mejor dicho, en la artesanía de conferirle un aspecto atractivo a la escritura documental de denuncia. Esa caracterización obtuvo un consenso inmediato y muy amplio; escritores, críticos y profesores de literatura se abocaron a la tarea de legitimar y argentinizar la "non-fiction" como género, a profundizar la lista de sus cultores históricos, y, por supuesto, a definir el perfil de quien sobresalía como catalizador de todo el proceso. El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura; Walsh: la reconstrucción de los hechos; La literatura en el banquillo. Walsh y la fuerza del testimonio. He aquí algunos títulos que críticos de prestigio pusieron a sus estudios, todos parecidos, todos monoideativos; hasta hubo quien publicó El Facundo de Rodolfo Walsh.

Pasaron veinte años y la clasificación genérica sigue vigente aunque nadie, nunca, haya explicado exactamente qué viene a ser la "no ficción" nacional. Y, a decir verdad, no había ni hay nada que explicar porque el objetivo real de la movida no apuntaba a generar la conceptualización de una apertura importante sino, por el contrario, a ocultarla. Y para eso había que separar a Walsh de la literatura, convertirlo en un artesano de lo no artístico, congelarlo en la búsqueda interminable de un producto inexistente. El logro de ese plan nos permite ensayar una reposición de la definición ausente: dado que todo es ficción, la historia y la crónica incluidas, la no ficción es el vacío de escritura, es la no escritura, espacio en el que se hizo desaparecer a Walsh.

Hay más para decir sobre la maniobra pero, por lo pronto, volvamos a la entrevista. ¿Qué propone, concretamente, Walsh? ¿El reconocimiento honoris causa de una categoría extraliteraria? ¿Un disfraz bonito para esa categoría, que haga más efectiva y menos notoria la bajada de línea? No parece. Su deseo es que "en un futuro se inviertan los términos: que lo realmente apreciado en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección". El subrayado será nuestro pero a Walsh no le falla la sintaxis; lo que admite (en singular) un perfeccionamiento ilimitado es la elaboración, el trabajo artístico, no su objeto (testimonio, documento). Por otra parte, debe prestarse atención al modalizador y al uso del subjuntivo: "que lo realmente apreciado en cuanto a arte sea...", es decir, que no lo era, que esa valoración no tenía lugar aún, que se apreciaba otra cosa como arte. Se daba por entonces el auge de los "escritores comprometidos", sólo dispuestos a reconocer la elaboración literaria de un texto si esta servía para sostener mejor al "mensaje". Lejos de suscribir esa actitud, Walsh se distanciaba de ella y la condenaba; proponía, explícitamente, que se invirtieran los términos, que se tomara al testimonio y la denuncia como materiales básicos y se los trabajara, ilimitadamente, en el campo estético: "(...) en el montaje, en la compaginación, en la selección, en el trabajo de investigación -así cerraba la idea-  se abren inmensas posibilidades artísticas".

Pero tampoco serán dos o tres frases las que vengan a conformar una evidencia. La comparación de las novelas llamadas "documentales" (Operación masacre, Caso Satanowsky, ¿Quién mató a Rosendo?) con los cuentos de Variaciones en rojo, Los oficios terrestres y Un kilo de oro, sin olvidar Un oscuro día de justicia, Ese hombre, Cuento para tahúres, ni las obras teatrales La granada y La batalla, hace desistir de referirse a dos corpus, a dos Walsh, tan evidente resulta que el mismo, excelente, escritor dedicó los mismos trabajos y esfuerzos a todo lo que escribió y obtuvo análogos resultados literarios con los cuentos, el teatro y las novelas. Las únicas diferencias, obviamente, están dadas por el proceso de maduración del autor y por el tratamiento particular que mereció cada texto.

Si esto es tan claro, ¿por qué se digitó la categoría de "no ficción" para una parte de esa obra? ¿Por qué la importancia de mantener viva la imagen del militante reprimido? Porque el talento de Walsh y la efectividad de sus propuestas eran demasiado notorios para relativizarlos o discutirlos. Había que fracturar, entonces, esa producción y elogiar en forma desmedida, excluyente, el "corpus no ficticio" para que la literariedad de ese mismo corpus, de los cuentos y del teatro quedara eclipsada, escondida a la consideración que mereció desde el principio. La imagen del activista asesinado por la dictadura militar, que él no buscó, por supuesto, justificaría que de su producción se enfatizaran los elementos relacionables con esa gesta personal, elementos que -ahí reside el factor de la desactivación estética- no eran más que los referentes factuales, previos al trabajo de escritura de Walsh. Contra todo lo que él había propuesto y practicado, el testimonio y la denuncia en estado bruto pasarían a ser, irónicamente, sus credenciales ante el público. Que Walsh merezca ser reivindicado por su militancia política es una cosa, otra es que por haber sido un héroe de la resistencia le estuviera vedado escribir bien y haber iniciado una apertura cultural que todavía espera consecución.

A esta altura, con todo lo dicho, seguimos sin explicar por qué, concretamente, la literariedad de los escritos de Walsh molestó a muchos intelectuales y éstos debieron proceder para aliviar su fastidio.

La manipulación de la obra de Walsh registra antecedentes. Tal vez baste con mencionar uno, por su importancia intrínseca y su condición analógica con el caso que tratamos.

En su momento, Roberto Arlt vio al folletín, la crónica periodística y las "malas" traducciones como texturas básicas que podían enriquecer a la literatura. Incorporó esos materiales -desaprobados hasta entonces por el juicio académico y el arbitrio de los autores refinados- a la construcción de un discurso renovador y, a la vez, consecuente con el desarrollo de la tradición literaria (que no es más que un cruce progresivo y productivo de circuitos). No ignoraba que el folletín, la crónica y la traducción habían sido objetos, desde antiguo, de manejos editoriales, por eso los sometió al extrañamiento discursivo y los hizo rendir contra las previsiones de sus manipuladores.

Y, así, la obra de Arlt sufrió las consecuencias. No sólo había abierto el Parnaso a los parientes pobres, se había atrevido, además, a poner en riesgo redituables inversiones. Por eso Arlt (aunque muchos hayan escrito para dar vuelta esa idea y destacar que pocos autores fueron más intelectuales que él) sigue apareciendo como un antropoide o un semianalfabeto y se lo sigue elogiando por aquello que más ironizaba en sus textos: el vitalismo, la improvisación, el psicologismo, la escritura naturalista.

En ese sentido, la desactivación literaria de Walsh es el resultado de otro ajuste de cuentas. Su obra molestó y molesta porque en ella la escritura privativa de las elites se mestiza productivamente con materiales periodísticos, pero, sobre todo, resulta preocupante a ciertos sectores porque, de cumplirse y generalizarse, el proceso de apropiación y reescritura del testimonio y el documento restaría hegemonía a las redes mediáticas en cuanto al uso de esas especies. Uso que, por supuesto, no fue ni será jamás el que Walsh practicó y recomendaba.

Si aquí terminara todo podríamos quedarnos con la idea de que al menos, las sanciones aplicadas (a Walsh, a Arlt) supondrían la ejecución de una justicia que, aún mafiosa, remitiría a un código vagamente ético, pero la historia no termina así.

El tratamiento excluyente de Walsh como periodista - investigador que, opuesto a un sistema, ventila sus miserias recónditas, no sólo apuntó a los fines descriptos. En una jugada de doble efecto se estaba lanzando al mercado un modelo de alta rentabilidad que era, justamente, el que Walsh condenara. Con la aparición de las democracias virtuales, posteriores a la dictadura militar, ese modelo demostró rápidamente su efectividad. Toda una legión de oportunistas, ajenos totalmente a cualquier resignificación literaria del testimonio o la denuncia, se lanzó a producir textos de supuesta combatividad, destinados a ser vendidos como best-sellers. Baste pensar, sin retroceder más en el tiempo, en Pizza con champán, El hombre que ríe y otros opúsculos pretendidamente críticos del menemato y el posmenemato, que vendieron descaradamente miles de ejemplares y a los que una proporcional cantidad de consumidores, más que lectores, consideró como denuncias valederas y peligrosas para la estabilidad política del sistema.

Lo peligroso -y no para el sistema- es la ingenuidad del público; es la idea de que alguna forma de escritura puede afectar, directamente, al poder político-económico. Deleuze y Guattari fueron explícitos al respecto: "el capitalismo es profundamente analfabeto". Esa condición, a la vez, lo hace inmune al discurso de barricada y le permite disimular su inmunidad. Con esto convence a los crédulos de que la "escritura combativa" puede hacer tambalear a las dictaduras y obtiene una doble utilidad: desvía el descontento hacia una vía muerta y se beneficia económicamente con la publicación de los textos panfletarios, porque la industria editorial también es parte del capitalismo. La patraña de la escritura comprometida, vieja como el Yo acuso y creída por un público ansioso de reivindicaciones mesiánicas, explica tan bien como todo lo anterior la facilidad con que se anuló a Walsh.

En el 2000, Alianza publicó Textos de y sobre Rodolfo Walsh, un trabajo serio y, realmente, polifónico. A las abundantes referencias bibliográficas y a la publicación de textos de Walsh inéditos u olvidados, se unen varios estudios, debidos tanto a escritores y críticos conocidos como a investigadores menos difundidos y, aún, a estudiantes de nuestra literatura. No obstante toda la variedad mencionada, ese libro no excede la pauta restrictiva, ya mencionada, impuesta a estudios más viejos. Se habla, sí, de las influencias reconocibles en Walsh, se menciona la conexión de su escritura con formas provenientes del periodismo y hasta se intenta el análisis literario de algunos cuentos, pero las conclusiones son desalentadoras: de nuevo el tema de la militancia aparece como si su sola mención hiciera sentido, de nuevo se afirma que la literatura popular puede existir más allá de las manipulaciones editoriales, de nuevo lo que pretende ser un grupo de indagaciones estilísticas termina siendo un manual para desciframiento de claves: ¿era De Moore Köenig el Coronel de Esa mujer? ¿determinó la novela policial un acercamiento del autor a la investigación de secretos políticos? y así. Para que no queden dudas de que lo importante es sostener la idea de una escritura políticamente peligrosa, Jorge Lafforgue, compilador e iniciador del proyecto que terminó en esta publicación, refiere en la presentación que, entre los ideales sesentistas olvidados o renunciados en la posmodernidad, uno debe ser recuperado por encima de todos: "apostar al poder revulsivo de las letras y las artes, a sus gérmenes movilizadores".

Aún reafirmando que Textos... se sostiene con dignidad, entre otras especies de este tipo y reconociendo que por su textura no es una publicación destinada "al gran público" nos sigue quedando la sensación de que un hombre con la experiencia intelectual y editorial de Lafforgue no puede expresar, sinceramente, en esos términos y en 1999, su idea de la conexión entre literatura y política. Hablamos antes de ingenuidad y, en apoyo de todo lo dicho, hay que aclarar qué acepción de este término polisémico estamos usando. En los sesenta, el crítico Peter Szondi afirmó que lo ingenuo es lo sentimental; justamente, el lector es ingenuo en tanto sublima aquello que desea al punto de creérselo, de imponerse dogmáticamente la necesidad de que el deseo se convierta en anhelo y el anhelo en posibilidad.

No es este el lugar más apto para extenderse sobre el modo en que se maneja, aún, la axiología de nuestra educación sistemática, sin embargo es forzoso mencionar el tema porque, ya sea que confiemos el pasado a un puñado de seres que protagonizaron actos heroicos, ya sea que nos manifestemos por la negatividad de esos protagonistas, salimos de la escuela creyendo (queriendo creer) que la historia fue cosa de individuos y que, por lógica, el presente sigue siéndolo. La noción, inteligente, importante, de intersubjetividad nos es ajena, no nos interesa, y la razón de que así sea es bien patética: considerar que un determinado hecho de la historia equivale a una compleja y contradictoria concurrencia de intereses, personas y circunstancias, y no a un solo hombre (heroico o antiheroico), es muy poco atractivo ya que obliga a pensar, enfría las cosas y estropea cualquier intento de sublimación. Así, de la ingenuidad que nos lleva a querer ver la realidad en forma literaria pasamos a la contraria, a exigirle a la literatura que sea documental, comprometida, peligrosa para el sistema. Se trate o no de un proceso compensatorio, lo que interesa es que tanto en una postura como en la otra dejamos imponerse a la virtualidad. Y la virtualidad es el terreno en el cual somos manejados, manipulados, enajenados por quienes no reconocen otra ingenuidad que la del público, ya se trate de editores como de conductores políticos.

¿Qué se pretende con todo esto? ¿La impugnación del "lector común" y de sus posibilidades indagatorias? ¿Se está promoviendo, entonces, el análisis de los especialistas, tan lúcido y completo como inmune a las añagazas del sistema? Obviamente no, pero las respuestas a esas preguntas no son tan sencillas. En primer lugar, el lector común no existe, excepto como integrante voluntario de una comunidad que acepta acrítica e interesadamente las argumentaciones del poder. En segundo término, ya se ha dicho bastante sobre el triste papel que han jugado los "especialistas" en cuanto a rescatar lo importante de una obra literaria. Finalmente, sumando las cuestiones, debemos reconocer, nos guste o no, que no hemos estado hablando de casos puntuales ni recientes sino de una antigua patología cultural que afecta a los argentinos.

La opción sublimatoria con la que editores, críticos y lectores desactivaron a Walsh es la misma que en su momento convalidó a Echeverría y a José Mármol por su antirrosismo antes que por sus méritos estéticos y, por supuesto, sólo estamos eligiendo entre los muchos eslabones de una cadena que no ha cesado de incrementarse.

Así las cosas, hay que reconocerlo, el pesimismo resultaría una opción, al menos, tentadora, salvo por la razón de que el escepticismo, en estos casos, resulta tan ingenuo como la aceptación incondicional. La escritura no afecta directamente al poder pero existe una jerarquización de niveles en el campo intelectual que puede ser alterada cada vez que una propuesta inteligente funde los circuitos literarios o, para decirlo al modo de Bourdieu, modifica irreversiblemente la circulación y la distribución del capital simbólico. Las especies "incultas" no son marginales de por sí, la industria editorial las margina para explotarlas comercialmente, con lo cual volvemos, desde otro ángulo, a Arlt, Walsh y a todos los que no se tragaron el anzuelo de las jerarquías genéricas y trabajaron a favor de la integración productiva de circuitos; en favor de una cultura no excluyente. Lo que estos autores escribieron y dijeron sigue ahí, intacto, a pesar de que hasta ahora no se haya puesto el esfuerzo necesario para descubrirlo.

Las experiencias de integración, ya se lo dijo, restan poder de manipulación y venta a los empresarios del negocio editorial y para que esto redunde en una verdadera productividad es preciso que la visibilidad del público supere la longitud promedio de la nariz. Y también es preciso que, en otro ámbito, los escritores y críticos que actúan como colaboracionistas ad honorem (Walsh los llamó "gansos del Capitolio") se despierten y adviertan para quién o quiénes están trabajando realmente. No hay mucho más que esperar.

¿Importa que Esa mujer tenga relación con la entrevista, real, que Walsh le hizo al coronel Eugenio De Moore - Köenig? ¿Importa el cuento como uno más de los infinitos aportes a la iconografía de Evita? De cómo se contesten esas preguntas y todas las que apunten al sentido profundo de su creación, dependerá que Walsh pueda ser reconocido, finalmente, como escritor, es decir, como alguien capaz de conjugar, compaginar, elementos provenientes del imaginario popular y los mitos culturales con un proyecto de elaboración artística personal. Esa mujer (estamos recurriendo a un texto representativo) vale por sí mismo, por su presentación fantasmagórica del duelo entre dos enamorados del mismo fantasma; vale por el uso poético, puesto en abismo, de un discurso que fue periodístico y que ahora se ha vuelto lírico. Ningún lector necesita saber quién fue Evita ni quién fue Walsh como periodista para entenderlo y valorarlo. Tampoco necesita saber si los hechos que presentan Operación masacre o Caso Satanowsky coinciden con los de la historia factual: lo que atrapa e interesa es cómo está construida, en ambos casos, la historia de una investigación. Digamos que el público inglés de fines del XIX y los lectores norteamericanos de los pulp magazines aceptaron con pasión a la trama policial sin preguntarse si los casos que leían habían tenido lugar o eran inventados. Y no es casual que hablemos de relatos policiales deductivos y negros, ya que Walsh fue un lector apasionado de ambos, el autor de una antología genérica y, en Variaciones en rojo o Cuento para tahures, un productor de esos textos. Esta afición, a la cual se refirió explícitamente, muchas veces, añade otro elemento para apuntalar la idea de una obra construída artísticamente: Roberto Ferro hace notar, en un estudio, que Operación masacre fue reescrita cuatro veces hasta que su arquitectura satisfizo a Walsh como la de una novela policial.

No es curioso, entonces, que todo esto que hemos tratado constituya el tema central de Un oscuro día de justicia. Todos padecemos el complejo e irresistible poder destructivo y alienante del celador Gielty, todos recurrimos, para conjurarlo, a la sublimación del Tío Malcolm, héroe tan entrañable como inocuo a la hora de proceder. Todos comprenderemos alguna vez que estamos solos, que somos débiles y culpables, pero que de esa debilidad y esa culpa podemos obtener la fuerza y, sobre todo, la astucia que nos sirvan para defendernos.

En otras palabras, si deseamos que este país resucite culturalmente, y si no ponemos todo a cuenta de un milagro, acciones como la reconexión de Walsh al campo literario pueden ser pasos importantes, pequeños tal vez ante la longitud del recorrido, pero animados por la esencia de lo incontrovertible.  

1-Publicado en Omero,  Año V, Nº 10, Buenos Aires, junio 2003.


Daniel Fara (Buenos Aires, 1953). Ha escrito ensayos, cuentos y poemas. También ha realizado traducciones de poetas franceses del siglo XIX.  


Daniel Fara: Poemas.



Daniel Fara





















1961

Atusé mis bigotes de corcho quemado,
acomodé las plumas de mi capa
y entré al recreo largo
para ver mi eclipse de corazón
en los ojos celestes de Graciela.
Por ella saltó mi deseo
en el paracaídas de una estrella fugaz,
por ella entré a la noche del cine,
combatí con villanos en technicolor
y en el castillo de mi cumpleaños,
bajo la luz de las linternas chinas,
le ofrecí mi alazán de madera
como prueba de amor.

Un día
ella se fue del barrio.
Dejó dos de sus pasos
olvidados en una rayuela
y un sobre rosado con un sueño a mi nombre.
Más veloz que mi aliento
salí a buscarla,
pero nada supieron decirme
los durmientes ciegos
ni la primavera oculta en las campanillas.
De puro triste
crecí durante el regreso,
creyendo ver su fantasma
entre los paraguas.

Me contaron las brujas
que a su viejo patio
se le cayeron los dientes de sable,
que Sindbad
se ahogó en los siete mares de su terraza.
Ya no bailaré con ella
después del oporto y las obleas,
no habrá fiesta de fin de curso,
su ausencia es un triciclo negro.


NOCHE DE REYES

Nos conocimos una noche de reyes
compartimos seis vainillas
y tres rondas
y jugamos a la paloma blanca
hasta que en la esquina de tus ojos
se detuvieron a descansar
los tres camellos.
A vos te dejaron un espejo
que reflejaba mi rostro
y yo encontré en mis zapatos
la estrella que le faltaba a tu sonrisa.
Al día siguiente
subimos por el desván
a la Laguna Negra:
buscábamos al sumergido plesiosaurio
que te hacía reir de miedo.
Después
me abrazaste
y cuando fui a besarte
fue la voltereta,
la ráfaga rubia
que puso dieciocho años
entre tus labios y mis mejillas.

Ahora
que ya he contado hasta diecinueve
voy a abrir los ojos.
El rastro
de tus dibujos
con tiza verde
en la pared
me conducirá
hasta el refugio
donde
feliz
recién casada
y todo lo que quieras
tendrás que resolver
conmigo
el misterioso
robo
de tus pasos
en el transcurso
de una mañana de enero.


TRANSICIÓN

Ni bien enciendo la oscuridad
un lobo clandestino
la emprende contra los muebles.

De qué me sirve,
entonces,
morder el cigarrillo,
contarle las puntadas al reloj:
me resigno
y levanto la almohada
para escuchar mejor
tu corazón incesante,
para ver mis ojos
achicados
en tus ojos de aumento,
para ir empaquetando,
a la que te criaste
los estornudos del verano en fuga,
las tardes monocromas,
el rocío crispado
que enjoya las sábanas.

Si ahora pudieramos deletrear
palabras humeantes en la mesa,
sílabas de café y mermelada,
parpadeos de vajilla soñolienta
vibrada por un gallo esmaltado...

Pero ya no es hora;
la madrugada se atomiza en pregones
y crece, ofensiva, la alegría de los otros.

Ya no es más tu hora
ni la mía,
en esta irrefrenable cuesta abajo
de irnos desovillando
por la historia.


Daniel Fara (Buenos Aires, 1953). Ha escrito ensayos, cuentos y poemas. También ha realizado traducciones de poetas franceses del siglo XIX.  

viernes, 26 de abril de 2013

Editorial Color de León: Feria del Libro, firma de ejemplares








Este domingo 28 de abril a las 15.30, firman ejemplares de HADAS DISPARAT(H)ADAS sus autores Sergio Zadunaisky y Eugenia Nobati. En el stand de Calibroscopio (P. Azul 714) de la Feria del Libro.
¡Los esperamos!