miércoles, 7 de septiembre de 2011

Julio Carabelli: Acerca del minimalismo.

Julio Carabelli









Osvaldo Picardo dice -en “partes mínimas y otros poemas”, libro de Esteban Moore (Alción Editora, Córdoba, 2006): “Cuando leemos este libro, viene, una vez más, la pregunta obligada acerca de cómo se forma, en nosotros, la idea de lo mínimo o, mejor aún, qué cosa no lo es. La manifestación de lo mínimo en una época de grandezas excluyentes y arrogantes, impone una nueva mirada en que la nimiedad de la grandeza se opone a la grandeza de lo mínimo”.  Es un excelente pensamiento para comenzar a dar a conocer particularidades de este movimiento poético que se puede sintetizar, a mi entender, en seis propuestas básicas:



1. Trabaja sobre lo marginal, sobre seres o sobre la propia marginación.
2. Inserta el diálogo o el parlamento e insiste en el verso libre como principio de libertad.
3. Cuenta una historia de la que surge tanto la queja, la denuncia, como la ternura.
4. Usa el lenguaje corriente, con los ritmos del lenguaje norteamericano.
5. Se apoya en elementos domésticos aparentemente antipoéticos.
6. Se basa en lo no dicho para crear el efecto poético posterior.

 
Esta propuesta atrajo a Joyce, Pound, D. H. Lawrence, Eliot, Williams, Stevens y Marianne Moore entre otros grandes escritores de esa época, pero fue la Segunda Guerra Mundial la que movió a los jóvenes poetas norteamericanos admiradores de Williams Carlos Williams, E. E. Cummings y Ezra Pound a admitir otra concepción del Hombre y de su propia sociedad.
Me permitiré decir que el minimalismo, como estructura, existió antes que naciera el minimalismo como  movimiento o voz de una generación, es decir, antes de que los poetas neoyorquinos y los californianos, se reunieran en San Francisco, en 1956, para la primera lectura colectiva y pública de su obra.
Allí y en ese año se funda lo que luego se llamaría la “Beat Generation” (Beat como equivalente de beatífico). Kenneth Rexroth fue uno de los mentores, pero los poetas fundadores de la poesía Beat fueron, entre otros, William Burroughs, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, James Harmon, Jack Kerouac, Philip Lamantia, Michael McLure, Peter Orlovsky, Kenneth Patchen, Philip Whalen y Gary Snyder, unidos por el afán de subversión ante el sistema y ante la hipócrita decencia de las clases altas y medias de la sociedad norteamericana.
En la narrativa se pueden mencionar no pocas obras de estos poetas. “En el camino” o “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac, “El almuerzo desnudo” de Willian Burroughs y los cuentos de Raymond Carver. La poesía de los EE.UU. en el transcurso del Siglo XX se nutrió de la obra de Emily Dickinson, Edgar Allan Poe, Henry Miller, Herbert Marcuse, Federico García Lorca, Artaud, Mayacovsky  y Walt Whitman entre otros. Los poetas Beat  los reconocen como sus padres y suman a Edgar Lee Masters, autor de la Antología de Spoon River, a William Carlos Williams y al agnosticismo del budismo-Zen.
Se diferencian de la poesía contestataria ya que al modelo de vida, planificado y masificado, lo critican con los mismos argumentos de la izquierda, pero sin ofrecer panaceas, soluciones o las esperanzas que proponía la poesía social de los sesenta:
“Yo no vine aquí a resolver nada. / Vine a cantar / y para que cantéis conmigo”. Dice Ginsberg en los últimos versos de “Medianoche del 1ro de Mayo en Manhattan” y en “Protesta por la Paz” reitera:

“Flotan cúmulos a través del cielo azul
 sobre las blancas paredes de la fábrica de la Rockwel
      Corporation
                           -¿acaso yo voy a detener eso?”

 
Con seguridad son los poetas sociales y los  beatniks los poetas esperados por Whitman cuando dice:

 
¡Poetas del futuro! ¡Oradores, cantores, músicos venideros!
No es éste el día de mi justificación, ni el de explicarme ni explicar lo que represento,
pero vosotros, una nueva estirpe, atlética, continental, grandiosa como nunca.
¡Surgiréis! Porque debéis justificar lo que yo canto.

En 1961, en San Francisco, se publica el Journal For de Protection of All Beings, editado por alguno de “los vagabundos del Dharma” descriptos por Kerouac, como Lawrence Ferlinghetti, William Burroughs, Gregory Corso, Peter Orlovsky y Michael McClure. En dicha antología ya se hablaba de la interdependencia y la ecología. Los personajes de sus poemas son agudos analistas que anteponen el cuerpo de quien escribe por encima de las instituciones o espacios como la familia o la sociedad, asesinando censuras sin más autocensura que la dictada por el estilo. No reconoce ni se impone reglas, siendo puente entre el nuevo creador y su forma de decir que se proyecta y se lanza a la sociedad para denunciar la degradación de la belleza y la mentira de sueño americano.
Rodolfo Alonso, al comentar el libro “Desocupado y más poemas” de Raymond Carver ( Ediciones de la Aguja, traducción Esteban Moore, Buenos Aires, 1992) dice: “No es apenas la rebeldía encarnada en el gesto de oponerse en nombre del ocio presuntamente creador a la deletérea uniformidad masificante de la sociedad de consumo, sino el milagro de haber revelado, hecho posible desde las mismas entrañas de esa cultura básicamente a-poética y que hoy asola ya a todo el planeta, la posibilidad de un lirismo concreto, carnal, desinhibido pero tierno, a la vez tan desdichadamente moderno – por las condiciones anafrodisíacas que lo envuelven- y también tan raigalmente clásico, en el buen sentido, por cuanto vuelve y nos devuelve (desde su propio tiempo, como debe ser) a las fuentes del mejor lirismo occidental”.
La crítica que surge en nuestro país hace hincapié (sobre todo) en el lenguaje desenfadado de esta escuela que tiene en la Argentina pocos, pero buenos representantes. No tiene el movimiento intención alguna de hacer “listas negras” de palabras que con el uso (ver Cortázar) han perdido hasta el significado, pero prefieren no usarlas.
Afirma Octavio Paz: “El universo verbal del poema no está hecho de los vocablos del diccionario, sino de los de la comunidad. El poeta no es un hombre rico en palabras muertas, sino en voces vivas. Lenguaje personal quiere decir lenguaje común revelado o transfigurado por el poeta. El más alto de los  poetas herméticos definía así la misión del poema dar un sentido más puro a las palabras de la tribu”. (El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).
Casi todos los poetas Beat parecen seguir lo dicho por Michel Butor contestando a André Bretón: “el objeto de la poesía, su acto mismo, es la salvación del lenguaje corriente”, luego recuerda aquellos poemas conversaciones de Apollinaire construidos con fragmentos de charlas oídas al azar. Ambos  tienen historias breves, coloquiales, incluyen objetos cotidianos, sus temas se sumergen en la marginalidad y el lenguaje es escabroso cuando no agresivo sin perder lo estético y el lirismo que caracterizara a Williams C. Williams.
Los poetas Beats, con su diversidad estética; con la carga de adjetivos que pasaban por el nihilismo hasta desembocar en la drogadicción; con esa filosofía que Kenneth Rexroth, refiriéndose a sus obras hablaba  de El arte de la desafiliación; con toda su independencia y su furia, participaron activamente con el Movimiento por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y en defensa de la libre expresión compartiendo con el Flower Poweer, el Movimiento Hippie y con los universitarios, o sea con el público que los aplaudía, la búsqueda de otros valores en ámbitos extraliterarios, coherentes con su arte que persigue claramente la modificación de los valores que imponía la sociedad norteamericana como inmutables y sagrados. Dice Marcos Ricardo Barnatán: “Jack Kerouac fue uno de los que asumió la defensa del movimiento Beat con mayor energía: Muy errados están los que piensan que la “Beat Generation” significa crimen, amoralidad, inmoralidad y delincuencia. Pobres los que nos atacan porque no comprenden la historia y las aspiraciones del alma. Pobres los que creen en la bomba atómica…
Son los estudiantes de Harvard quienes en 1954 contribuyen a la publicación de los primeros poemas de Corso, en medio de las, a veces solapadas y en mayor medida, ácidas críticas que despertaba el movimiento que, sin proponérselo, daba otro sentido, una nueva imagen, de la que tenía entre la gente la palabra Poeta.
La historia se repite y nada nuevo sucede con los poetas de la “Beat Generation” ya que antes había sucedido con los surrealistas, para no ir muy lejos con las muestras, pero la historia del arte está plagada de ejemplos. Todos aquellos que rompen con modelos instituidos o convencionales sufren esa inercia de la historia, ese rechazo ante lo nuevo o desconocido ya que es parte de la índole humana y ese rechazo lo sufrieron, para citar algunos, Darío, Joyce, Kafka, Mozart, Picasso, Vallejo, y todos los creadores que innovaron, abriendo nuevos caminos, enriqueciendo el mensaje que la Humanidad traslada a través de la  Historia. Veamos algunos ejemplos que nos brinda Octavio Paz:
“La creación poética se enfrenta siempre a la resistencia de lo inerte y horizontal. Esquilo padeció la acusación de oscuridad. Eurípides era odiado por sus contemporáneos y fue juzgado poco claro. Garcilazo fue llamado descastado y cosmopolita. Los románticos fueron acusados de herméticos y decadentes. Los modernistas se enfrentaron a las mismas críticas. La verdad es que la dificultad de toda obra reside en su novedad”, (de El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).
“El arte no debe sujetarse a nada” escribe Lawrence Ferlinghetti y los poetas beat teorizan, hablan de filosofía, de religión y de política; se involucran en la problemática de la sociedad que rechazan con un sentimiento místico y rebelde al mismo tiempo, y es que ningún escritor puede regodearse en el floreo del lenguaje manteniéndose ajeno a una realidad que siempre reclamará de él otro “posible”. Si lo hace es un cómplice. Y tampoco se trata de circunscribir la literatura a la militancia porque es perder la condición de escritor. Sartre, en Qué es la Literatura, escribía: ”En la literatura comprometida el compromiso no debe, en modo alguno, inducir a que se olvide la literatura”
Los poetas de la “Beat Generation” no aceptan convencionalismos e, inmersos en una sociedad politizada y mercantilista, rechazan a los partidos políticos. Si bien esgrimen los argumentos de la izquierda, ven al socialismo como un movimiento más en el cual descreer. Todo parece tan efímero como el arte mismo, y “tal vez lo efímero sea lo mejor del arte” agregaría Jorge Luis Borges.
Existe en nuestro medio poético, muy influenciado por la poesía española y en menor medida por la italiana o la francesa, una absurda descalificación de los poetas de la “Beat Generation”  y de aquellos que, en nuestro medio, escriben (conscientemente o no) bajo su influencia. Es deseable pensar que tal vez las pésimas imitaciones, el uso abusivo y fuera de contexto de ciertos vocablos, contribuya en desmedro de los poetas minimalistas ya que cuando se habla de ellos se buscan subterfugios o se los “honra” con alguna justificación de por medio. Existen quienes desde el paleolítico rechazan ciertas palabras y hasta el verso libre (tal vez años ha hubieran rechazado a Baudelaire, Darío, Joyce o Vallejo) señalando que los poemas de estos creadores podrían escribirse en forma de prosa (como si ello restara mérito).
Ciertos críticos y muchos poetas deberían saber que a pesar o a causa de su marginalidad, estos poetas conocían la obra de sus antecesores y sus contemporáneos: las de Lorca, Artaud, Mayacovsky, Poe y Whitman como pocos. Ellos abrevaron de varias fuentes, rompieron y crearon, tal vez lo que no se les perdone es haber quebrado preceptos establecidos. Allen Ginsberg al hablar sobre Lamantia lo considera heredero de Poe y Whitman, por eso insisto en que hay ignorancia o suspicacia en determinadas apreciaciones. Los escritores deben estar abiertos a todas las vertientes por donde fluye el arte, las mentes amplias saldrán enriquecidas gustando de las obras o no, estando de acuerdo o no en lo conceptual. El rechazo o la excesiva prudencia ante lo nuevo es una actitud demasiado repetida, incomprensible en el campo del arte que es tan necesario como el pan; el arte libera y por lo mismo no debe sujetarse a la moda ni a la moralina reinante. Tal vez habría que hablar de Catulo o de Quevedo, pero bastante más cercanos los imaginistas decidían: emplear el lenguaje de todos los días. Charles Bukowski, (tomando al realismo sucio como una vertiente del movimiento minimalista) como otros, usa las mal llamadas “malas palabras” frase que puede servir para las escuelas primarias o como argumento a determinados/as versificadores/as amantes de tertulias en las que se multiplican la estrella, la rosa y la luna como el grano de arroz sobre el tablero de ajedrez. Todo arte es subversivo, no debe haber evasión por medio de la palabra, los escritores lo saben y luchan, intentado los caminos posibles o quiméricos, empleando o no un áspero lenguaje, para que la humanidad no tenga necesidad de usar las verdaderas “malas palabras” como lo son: Desocupación, Guerra, Hambre o Injusticia.

(publicado en Epanadiplosis)


Julio Carabelli (Buenos Aires, 1940). Ha publicado A conciencia pura (Novela, 1986), Continuación de los juegos (Cuentos, 1992), El crimen de la vecina en el presupuesto nacional  (Novela, Primer Premio Centro de Extensión Cultural Leopoldo Marechal, 1993), Jurisdicciones (Poesía, 1997), Jurisdicción de amor (Poesía,1998),  La función social del escritor (Ensayo, 2000), Nueve monedas para el barquero (Selección poética, Inglaterra,2004), El color de Harlem (2005).Colabora con diarios y revistas del país y el exterior. Dirige Letrarte (Encuentro Internacional y Congreso de Escritores que se realiza anualmente en Tucumán, Argentina.




martes, 6 de septiembre de 2011

Rami Saari: Poemas.

Raami Saari



















Identidad

Cuando todos me abandonaron
                                           /el hebreo permaneció a mi lado.
La gran fantasía de las palabras no cesó.
La persecución de las frases continuó.
No dejo de corretear por los lugares perdidos
                                           /que me señala la vida:
oscilaciones en todas partes, raíces dispersas de una existencia vagabunda.
Mi único pasaporte está en mis oídos:
soy para siempre un ciudadano de la música de mi idioma.

Yo

No soy el camino
soy el viaje
desde los balcones de la muerte
hacía el muro anónimo.

No soy el verdadero mesías
ni la maldición de los falsos profetas.
Soy la necesaria palabra, el poema inconcluso.

Soy el que grita,
el que pasa por el camino lamentádose
con el sabor del almidón en la boca
frente a la densa niebla húngara.

La gran revolución

En el sendero que atraviesa el pueblo de los sueños
yacen piedras grises
Gente aburrida pasa con el viento
mira las piedras
luego opina: “rojo” o “blanco”.

El viento pulveriza todo.
Unos poemas se escriben,
se cumplen,
se olvidan.
Lo esencial sucede muy lejos de este sitio.

Tremendos vientos pasan encima nuestro.
Nosotros dormimos.

Renacimiento

En el Museo Nacional de Albania
tuve frente a mis ojos
la imagen de Karlo Serreqi,
un católico más precioso que toda  Roma.
Durante el gobierno de Enver Hoxha
fue encarcelado, torturado y asesinado.

¿Cuántos años yació esa imagen
acompañada por un montón de papeles?

¿Cuántos años descansaste
yaciendo con los fantasmas?

En la gran corrida
el  alma se eleva
y desciende
y vuelve a elevarse.




Traducción del hebreo Javier de la Puerta.


Rami Saari  (Petaj Tikva, Israel, 1963) Poeta, traductor, y editor. Es licenciado en filología semítica y fenno-úgrica por la universidad de Helsinki y doctor en filosofía y letras de la universidad hebrea de Jerusalén. Entre 2002 y 2006 Saari trabajó como jefe de redacción de las páginas literarias sobre la poesía israelí en el sitio web de Poetry International. Ha dado a conocer siete volúmenes de poemas en hebreo y ha traducido docenas de autores de lengua albanesa, catalana, española, estonia, finlandesa, griega, húngara y portuguesa. Por su obra poética ganó en dos ocasiones el premio del Primer Ministro, en 1996 y en 2003, y por sus traducciones ganó en 2006 el premio Saul Chernikhovsky. En 2010 le fue otorgado el premio de la Academia del Idioma Hebreo por su contribución al enriquecimiento de las letras en esa lengua.






martes, 30 de agosto de 2011

Raúl Henao: Presencia del Haiku en la poesía colombiana.


Raúl Henao









Para un poeta colombiano el haiku es amor a primera vista o no es nada. Lo mismo  que nos pasa con el  poema en prosa,  estamos predestinados   a escribirlo y cultivarlo,  si no como un amor único, si como se ama en el jardín la flor que tarda años en florecer y se marchita en solo un día,  pero que por eso mismo nos parece más invaluable o preciosa.
Mi afinidad con el haiku está  ligada inicialmente al gusto por los viajes,  a las caminatas solitarias y solariegas… Es decir, a mi primera juventud  y a mis primeras lecturas, cuando por un  puro azar,  que se confunde siempre con el destino personal,  cayera en mis manos aquel  inolvidable    volumen de la colección poética “El Arco y la Lira” con una selección de los  haikus  de Bashô  y sus discípulos, que no he vuelto a hallar  en parte alguna, al punto de llevarme a pensar que su hallazgo fue sólo un sueño.
Es cierto que a ese encuentro me habían llevado  en aquel tiempo  las numerosas lecturas que hice de los poetas y novelistas norteamericanos  de la generación beatnik, donde encontré  las primeras, inquietantes  referencias   al budismo zen  y su  concepción (o mejor,  su vivencia)  del  mundo,  muy ajustada a mi temperamento contemplativo y que  en mi parecer sigue constituyendo  una de las  terapias o medicinas  más eficaces  para corregir la manera distorsionada, enrevesada  que tenemos los occidentales de concebir la realidad total y en particular la del mundo que nos rodea.
 Esa lectura de los poetas beatniks me llevaría a viajar comenzando  el año 1967 a los EE.UU. Y una vez en ese país, de New York a San Francisco…A lo ancho del continente americano,  en el auto de un mexicano un poco loco que conocí en un parque del  Greenwich village,  el barrio bohemio newyorkino  de aquel  entonces…Un viaje que en mi memoria reviste proporciones míticas.
Claro que la escritura del haiku será muy posterior. .. que recuerde,  a mediados de la década del 80 o comienzos de los 90, pero en aquellos años aventuraba ya la escritura de una poesía breve,  de tendencia aforística o epigramática  que de algún modo se le parecía. Fue un acercamiento lento  y progresivo que se materializaría literalmente durante una corta estadía en Cali, mi ciudad natal,  cuando recibí  por el correo postal –regalo de una amiga bibliotecaria de Medellín-  la antología poética LA SENDA DE BASHO/EL HAIKU JAPONES, de Gustavo  Zuluaga  “El Hamaquero”, editada  por el Departamento de Bibliotecas de la Universidad de Antioquia, compilación que incluía a la generalidad  de los poetas del haiku japonés y una significativa muestra de sus émulos en Norte y Suramérica,  incluyendo tres improvisados, novedosos  haijines  colombianos.
La lectura de esa antología me produjo una especie de satori o iluminación súbita que de una vez por todas me esclareció  la naturaleza (o el secreto, para un lector occidental)  de la escritura del haiku  que hasta ese momento me había resultado ajena  y  vedada,  porque con otros dos o tres poetas de mi generación  consideraba de manera equivocada  que dicho genero poético era privilegio solo  de los poetas japoneses y extremo-orientales.
A partir de ese momento empecé a frecuentar, de manera intermitente, es cierto,  el poemita de  tres líneas y cinco, siete y cinco  silabas (métrica inimitable  en idiomas distintos al japonés) que, me parecía en ese entonces sin antecedentes en el país…    A no ser, de lejos,  aquellas  famosas versiones de poetas chinos como Li Tai  Po,  Tu Fu  o Wang Wei,  que hiciera  en su tiempo Guillermo Valencia  y que  publicara bajo el título de CATAY.  O  la  SERIE CHINA, de trasfondo oriental y  taoísta  de Fernando Arbeláez, un poeta  que en la actualidad todavía se conoce poco en Colombia.
Ignoraba que por esos mismos años, Umberto  Senagal  (seudónimo de Humberto Jaramillo Restrepo)  poeta de Calarcá, Quindio  se me había adelantado al respecto ,  contribuyendo, quizás el primero a la difusión y escritura del haiku  en Colombia, género poético al que consagrara  las mejores páginas de la revista KANORA  y una docena de libros publicados, con títulos como  PUNDARIKA, VENTANAS AL NIRVANA  o  SUNYATA  . ..De variopinta calidad, porque aun los grandes poetas japoneses  suelen caer en el simplismo o lugar común.  A  este propósito  vale la pena recordar  lo que  Shiki  -renovador  del  haiku  japonés a  comienzos del siglo XX-  decía del mismísimo Bashô:  que “al  menos  cuatro  o  quintas  partes de la producción de Bashò  son  abiertamente  malas”  ,   lo que no deja de parecernos  un tanto sacrílego o blasfemo a los admiradores modernos del gran viajero  iluminado, maestro de este género poético.
Reproduzco a continuación dos  haikus  de  Umberto  Senegal:

Una teja rota en el techo
Y aparecen
Cien estrellas.

Refleja  esa  luna
Corazón
No la pienses.

En Colombia las regiones del Quindío  y Valle del Cauca han sido siempre proclives o propicias  a la escritura del haiku,  quiero mencionar  al respecto a Javier Tafur, un poeta de Cali,  autor de numerosos libros de poesía breve que en más de una ocasión rayan en el haiku. Para muestra un botón:

Sueño entre el sueño
La garza
En el algodonal.


En su huella
Un peso de más:  el fusil
¡Triste verlos partir así!


Tafur es por otra parte autor de  EL HAIKÚ O EL ARTE DE GUARDAR EL MOMENTO SUBLIME (Ediciones La Silaba, Cali. 1993)  ensayo breve pero medular:   ”singular e imprescindible aporte bibliográfico para cuantos conocen el haiku o se aproximan por primera vez al mismo” al decir de Senegal,  en el prólogo del libro.

Y a propósito de ensayos o estudios teóricos acerca del  haiku  o  en general sobre la poesía extremo-oriental,  publicados en Colombia no podemos pasar por alto el libro de Julián Malatesta  (Juan Julián Jiménez)  PRESENCIA DE LA POESÍA CHINA Y JAPONESA EN ALGUNOS POETASLATINOAMERICANOS  (Premios Jorge Isaacs. Ediciones Gerencia Cultural del Valle. Cali, 1997) que,  así  sea de manera epidérmica  toca temas esenciales como la escritura china y la métrica japonesa,  la filosofía y la religión y   -lo que nos importa más de cerca -  la presencia (e influencia) de los grandes poetas chinos y japoneses en la poesía latinoamericana, Colombia incluida.

Malatesta,  que  aparte  de  ensayista  también  es poeta,  incursiona en el haiku,  en la tónica brillante e ingeniosa  inaugurada en Latinoamérica por el mexicano José Juan Tablada:

Invento el camino
La costurera del campo
Con su hebra de hilo.

En diciembre de 2006, dentro de  la colección Cuadernos  de  Poesía  de Calarcá, Quindío,  dirigida por  Leidy  Bibiana  Bernal  y  Umberto  Senegal aparece VECINO DEL VIENTO Y LAS CHICHARRAS  de Fernando López  Rodríguez ,  un poeta de Cartago, Valle.  En la presentación del libro mencionado  nos dice Umberto Senegal:   “Fernando  escribe  haikus porque  los  percibe y  desgaja  del  paisaje para convertirlos en poesía. Sabe contemplar y celebrar la desnudez de un árbol y la desnudez de un cuerpo femenino, ocultándolas tras el verso pero revelándolas erótico en las evocaciones sutiles del haiku”.  Transcribo algunos de ellos  a continuación:

Estridencia o canto
Este dilema tiene sin cuidado
A las chicharras.

Después del amor
Las arrugas de tu falda
Merecen caricias.


A partir de la realización del Primer Festival de Cultura  Japonesa  “HANA MATSURI”   (Festival de las Flores)  realizado en el Parque Biblioteca de Belén, en el mes de julio de 2009…     El fervor o culto que suele inspirar la escritura del haiku en los poetas vallecaucanos,  parece trasladarse  a la ciudad Medellín. Es  de anotar que en la región antioqueña este género poético oriental considerado por varios  poetas locales  como un “exotismo”  ajeno a la idiosincrasia del pueblo antioqueño,   no despertaba el menor  interés  y que,  aparte de LA SENDA DE BASHO /EL HAIKU JAPONÉS, la antología de Gustavo Zuluaga atrás mencionada,  o de la presencia en la ciudad de  dos poetas  japonesas  invitadas al  FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA EN MEDELLÍN  - me refiero  a  Satoko Tamura y  a  Kokô  katô,  cultoras del haiku-   la opinión generalizada era que el ejercicio  de dicha escritura poética en Colombia resultaba pueril e irrelevante.
En el contexto del primer Hana Matsuri  -organizado por el zenista  Juan Felipe Jaramillo y la embajada japonesa en Bogotá-  aparece en Medellín el libro bilingüe  -español/inglés-  SELECTED HAIKU / HAIKÚS SELECTOS(Ediciones Fundación Zen,  Montaña de Silencio. Medellín, 2009)  de mi autoría y la del poeta neo zelandés  Ron Riddell, radicado por esa fecha en la ciudad,  que, modestia aparte, creo  constituye  un acontecimiento  relevante en relación con tema del  haiku  escrito durante esta última década  en el país. 

A renglón seguido transcribo dos de los haikus que figuran en el libro:

Small-talk with a star
The clouds obscure
Only a moment

Ron Riddell


Agua cantarina
 del surtidor.
Es confidente la fuente.

Raúl Henao.



Con posterioridad a esa fecha  aparecen  en Medellín varios poetas que constituyen ya  una promesa  futura respecto  al  género  poético aquí considerado (*) Traigo a colación los haikus de dos poetisas que revisten especial  interés:

 Marga López (Nacida en el oriente antioqueño.  Libros publicados: Murusamas.  Ediciones Apidama, Bogotà, 2005. Morada de Sibilas.Ediciones Apidama, Bogotà, 2009.)

 Entre el revuelo de las golondrinas
El petirrojo
Es el corazón de la tarde.

Mariposa monarca
Errante en la tormenta del océano
Cuán lejos la flor.


Y  Claudia Trujillo  (Medellín 1963, Libros publicados: Los días sagrados(2003)  Extranjera (2004):

Un árbol derribado.
Herido bosque
Silencio de pájaros.


En mi cuaderno 
gota a gota la tarde 
Azul naufragio.



Pero el evento culminante que acaba de alguna manera por concederle carta de ciudadanía colombiana al haiku, lo constituye la presencia, carismática a la par que discreta  -en el marco del XXI FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE MEDELLÍN  y en el III FESTIVAL DE CULTURA JAPONESA HANA MATSURI, 2011-  del poeta  Ban´ya Natsuishi, director de la World Haiku Associations, con sede en Saitama, Japón, cuya propia obra poética y la de los poetas agrupados en torno a la revista International  Haiku Magazine  refrenda de manera inequívoca la vigencia universal del haiku como medio poético idóneo por su versatilidad y poder de síntesis,  para reconciliar, iluminándolos desde luego,  los más disímiles aspectos del mundo oriental y occidental moderno, independientemente de que su contexto religioso continúe siendo shintoísta, taoísta  o  budista Zen… lo que por el contrario,  tiene la virtud de preservar el halo de misterio y espiritualidad faltante en la realidad contemporánea. No se puede reducir el haiku a un simple “arte verbal”  porque su esencia misma busca vivenciar y acceder a realidad pre-simbólica que subyace más allá las palabras y el lenguaje como bien lo ha sabido interpretar Francisco Villalba en el prólogo esclarecido que escribiera para la traducción española del  HAIKU DE LAS CUATRO ESTACIONES de Bashô.  Por otra parte no podemos olvidar que el ámbito religioso, por llamarlo de ese modo,  extremo-oriental se sitúa siempre  más allá de las antinomias y la lógica aristotélica…es decir más allá de las dualidades que caracterizan, limitándolo,  el pensamiento metafísico occidental… y que esta coincidencia de opuestos trasciende incluso la última de las dualidades, la de lo sagrado y  lo  profano. Como diría, resumiendo lo atrás expuesto, el maestro Zen Hakuin:


                                     “Escuchad el aplauso de una sola mano”



(*) Por razones de espacio he dejado de mencionar en este comentario que sólo pretende ser una mirada a vuelo de pájaro del  haiku escrito en Colombia a otros poetas cultores de este género poético como Eduardo Peláez y Margarita Cardona,  que figuran ya en el libro de El Hamaquero Gustavo Zuluaga. Deberían estar también presentes los poetas Oscar González y su libro Pincel de Hierba y Wilson Frank, autor de Escrito con Nubes. A todos ellos reservo un comentario futuro. 



Medellín, Colombia, 25 de agosto de 2011.

Raúl Henao ( Cali 1944) Poeta y ensayista.  Ha vivido en Venezuela, México y los EE.UU y representado a Colombia en numerosos Congresos y Festivales Internacionales. Ha publicado: Combate del Carnaval y la Cuaresma ( Medellín, Colombia, 1973); La Parte del León  (Venezuela, 1978);  El Bebedor Nocturno  ( Cúcuta, Colombia, 1978);  El Dado Virgen  (Venezuela, 1980); Sol Negro  (Medellín, Colombia, 1985);  El Partido del Diablo / Poesía y Crítica  (Medellín, Colombia, 1989);  El Virrey de los Espejos ( Medellín, Colombia, 1996); La Vida a la Carta / Life a la Carte  ( Medellín, Colombia,  1998). La Belleza del Diablo (Madrid, España, 1999) Sol Negro (Bogotá, Colombia, 2006.) La Doble estrella: El Surrealismo en Iberoamérica / Notas y Entrevistas Poéticas (Medellín, Colombia, 2008).

domingo, 21 de agosto de 2011

Raúl Gómez Jattin: Príncipe del Valle del Sinú y otros textos.



Raúl Gómez Jattin (fotografía Milcíades Arévalo)
























 

 El Dios que adora

Soy un Dios en mi pueblo y mi valle
no porque me adoren sino porque yo lo hago
porque me inclino ante quien me regala
unas granadillas o una sonrisa de su heredad.
O porque voy donde sus habitantes recios
a mendigar una moneda o una camisa y me la dan.
Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán
y lo nombro en mis versos.
Porque soy solo.
Porque dormí siete meses en una mecedora
y cinco en las aceras de una ciudad.
Porque a la riqueza miro de perfil
mas no con odio.
Porque tengo un compadre
A quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio.
Porque nací en mayo.
Porque mi madre me abandonó
Cuando precisamente más la necesitaba.
Porque cuando estoy enfermo
Voy al hospital de caridad.

 Me defiendo

Antes de devorarle su entraña pensativa
Antes de ofenderlo de gesto y palabra
Antes de derribarlo
Valorad al loco
Su indiscutible propensión a la poesía
Su árbol que le crece por la boca
con raíces enredadas en el cielo.
El nos representa ante el mundo
con su sensibilidad dolorosa como un parto.

Pájaro 2

En la clínica mental vivo
un pedazo de mi vida.
Allí me levanto con el sol
y entre tanto escribo
mi dolor y mi angustia.
Sin angustias ni dolores
ataraxia del espíritu
en que mi corazón
como una mariposa
brilla con la luz
y se opaca como un pájaro
al darse cuenta
de los barrotes que lo encierran.


Conjuro

Los habitantes de mi aldea
dicen que soy un hombre
despreciable y peligroso
Y no andan muy equivocados
Despreciable y Peligroso
Eso ha hecho de mí la poesía y el amor
Señores habitantes
Tranquilos
que sólo a mí
suelo hacer daño

 
La soledad de Gómez Jattin

No sé donde arderás ahora corazón mío
Necesito entregarte siempre como esclavo Pobre de ti
Es urgente que enfermes otra vez y otra vez
Qué voy a hacer contigo ahí desocupado
como estúpida biología Vamos deshazte
de tu pesadumbre y emprende vuelo
¿Qué te sugiere el momento? ¿Te gusta esa mirada
envejecida pero atenta de tu buena sobrina?
Ve y háblale de cuando lloró sin motivo
O cuando de la risa se orinó en los calzones
O mejor recorre el campo y siembra un árbol
suntuario O llévate cordel y navaja
y construye un barrilete y eleva con él
tu soledad hasta las nubes
No No queremos los dos amigo mío hacer nada de eso
Queremos acostarnos otra vez sobre tu vientre
Pero esos tiempos han pasado Su cuerpo y su deseo
deambulan entre cines y bares de la urbe
enfebrecidos detrás de otros cuerpos y otros deseos
Y eso está bien Es su vida sin nosotros
Tiene derecho también a un placer libre
Allí está sola la luna y no se muere Solo está el viento
Tú me tienes a mí
Y a Nuestra Señora La Soledad de Gómez Jattin


Príncipe del valle del Sinú

Sus sentimientos más leves que las alas de las garzas
pero fuertes como su vuelo Su virilidad la propia
de un príncipe masculino soñador y altivo Su talante
el del que no quería amar pero ama Su heredad
la tierra Los míticos cebúes blancos y rojizos
Un carruaje de madera y metal violeta oscuro
Como sus ojos Tiene la noche de Damasco en ellos
Su voz la del trueno diluida en el susurro de la brisa
Su elegancia la del caballero del desierto Sus maneras
la presencia de los antepasados orientales fumando
el hachís Batiendo el aire con las pestañas negrísimas
con un fondo morado de ojeras de adicto ancestral
Tendido sobre un cojín de seda verde pistacho
Sus alimentos las almendras Las aceitunas El arroz
La carne cruda con cebolla y trigo El pan ácimo
Las uvas pasas El ajonjolí El coco El yogur ácido
Sus colores el negro El azul y el magenta
Sus elementos el aire y la tierra Su presencia
la de un joven dios agrario alejando el mal invierno
Regalando su fuerza al débil del campo Su esencia
íntima la del adolescente eterno que habita
la ilusión del poeta y su locura de alcanzarlo
en su pleno tránsito fugaz hacia la madurez
familiar a los hábitos poco felices
Su sentido unánime el de la saeta y el corazón palpitante
de la agonía del éxtasis erótico Su placer el desbordamiento íntegro
del ser sobre mis sueños abandonados entre sus manos
Su eternidad en mí la del amor largamente deseado
en lo esencial de cada instante De cada poema

 



Raúl Gómez Jattin (Cartagena, Colombia, 1945-1997) Ha publicado los libros de poemas: Poemas (1980), Retratos (1986), Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986), Del Amor (1982-1987), Hijos del tiempo (1989), Esplendor de la mariposa (1993) y el volumen póstumo El libro de la locura (2000).

jueves, 18 de agosto de 2011

Esteban Moore: Lectura.


Casimiro de Brito: Poemas.

Casimiro de Brito





  




*

Un hombre
va en su cuerpo
y de repente
cae. Oigo
desmoronarse
la sílice del corazón.
Y oigo también
la tierra y el aire
que acogen los huesos
del hijo pródigo.
En sí, este acontecimiento
no es original
pero duele. El viento
de Otoño
muerde mis huesos
y duele.

*

Hubo un tiempo en que recitaba
versos esculpidos en buena piedra.
La muerte no existe. Existía.
A la sombra del polvo se acumulaba
el reflejo de los espejos
tantas veces quebrados, astillados
en el suelo de los días. Leo
el pálido fuego
en la piel de las cosas que me tocan
leves — partículas
de plomo que se van instalando
en la flor de los huesos. Hubo un tiempo
en que yo decía
lírica filosofía
que la muerte va con las aves
y llega con los ríos.
Ignoraba
que también mis ojos
parten tristes.

*

Empiezo a creer que hay dioses
pues me protegen. Tengo 66 años
Y bebo y como y amo como si tuviera
30. Empiezo a creer en esos cabrones
en los que nunca creí – o que sólo habían sido
acné adolescente. Ahora
miro las estrellas, tan pacatas
y pienso: me iluminan sin
quemarme. Miro a las mujeres
y pienso: las amo porque no hay hierba mejor
que la mierda luminosa que ellas son.
Sus nidos me acogen y no
me asfixian. Sus bocas se abren tristes
y salgo de ellas como un pájaro
en el cielo azul. Y ellas, rastro de los dioses,
sonríen.

(Traducciones de Montserrat Gibert )
  
Casimiro de Brito (Algarve, Portugal, 1938) Autor de 42 libros entre poesía, prosa, ensayos y aforismos. Incluido en más de 120 antologías y traducido a 21 lenguas. Ha editado las revistas literarias, Cadernos do Meio-Dia y Loreto 13 (Órgano de la Asociación de Escritores Portugueses). En el 2002 recibió el Premio Internacional de Poesía Leopold Sedar Senghor, por su obra poética. Algunas obras suyas: Poemas da Solidão Imperfeita, 1957; Ode & Ceia, 1984; Versilia/Itália, 1985; Labyrinthus, 1980; Duas Águas, Um Rio, 1989 (con António Ramos Rosa); Subitamente o Silêncio, 1991; Intensidades, 1995; Opus Affettuoso, 1997; Na Via do Mestre, 2000; Arte Pobre, 2000; Animal Volátil, 2001, y la antología O Amor, a Morte e Outros Vícios, 2004. Director de los festivales internacionales de poesia de Lisboa, Porto Santo (Madeira) y Faro. Presidente de la Asociación Europea para la Promoción de la Poesía y Presidente del PEN Club Portugués.
   

miércoles, 17 de agosto de 2011

Elpidio Isla: Otra estafa en nombre de la poesía.

Elpidio Isla












El filósofo Daniel Dennett ya advierte de lo peculiar que es la poesía (como lo son los microcuentos, los haikus o cualquier otra construcción escueta y rápida de crear y por tanto susceptible de reproducirse en grandes cantidades y con pocas exigencias: el hecho de que una novela tenga 200 páginas ya constituye una exigencia, porque muchos no tienen la paciencia de juntar tantas letras. Dennett cita a uno de los fundadores de la inteligencia artificial, John McCarthy, que en cierta ocasión sugirió que la red de correo electrónico revolucionaría la poesía. Ya que sólo unos cuantos poetas pueden ganarse la vida vendiendo sus poemas debido a que los libros de poesía son volúmenes de pocas páginas y caros, comprados por un número escaso de lectores, si los poetas difundieran sus poesías por Internet, por ejemplo a un precio de diez centavos el poema, entonces muchos poetas podrían ganarse la vida.
Lo que no predijo McCarthy es que ningún amante de la poesía querría leer miles de archivos electrónicos repletos de poemas. Los amantes de la poesía, acaso, exigirían filtros que cribasen la avalancha de obras: se fijarían si una editorial lo avala, si tiene críticas positivas, etcétera, y finalmente el lector acabaría adquiriendo pequeñas cápsulas de poesía, tan pequeñas como los delgados volúmenes tradicionales que antes consumía. Nada habría cambiado. Porque los filtros nacen espontáneamente. Por otra parte, este agregado es mío, “sucede que dada la cantidad excesiva y asfixiante de poetas podría calcularse que con que sólo los poetas pagaran diez centavos por poema, todos podrían vivir de esta especie de impuesto poético, aunque este cálculo falla en cuanto sabemos que ningún poeta soporta leer a otro y menos pagar, aunque sea diez centavos, por un poema que no fuera suyo”.
Así pues, la poesía se debe vender muy cara y muy selectivamente o no tiene sentido como tal, como el caviar. Con una diferencia: el caviar realmente escasea y es costoso de conseguir. La poesía, no. La poesía abunda pero la comercializan como escasa y elitista. Y ésta es la primera prueba que refrenda mi opinión de que la poesía, máxime la poesía con rima y métrica, es un artefacto especulativo fuera de las fronteras de la verdadera literatura. Un juego de feria con mucha pirotecnia que cuenta, contradictoriamente, con el aval de la elite intelectual.
Pero más que cuestionar la poesía, mi intención es cuestionar la rima, el ripio. Cierto que los recursos estilísticos de la prosa y hasta de las obras divulgativas también empañan el mensaje. Cierto que la cadencia de las oraciones puede llegar a ser muy persuasiva, como lo es la melodía de una canción, animándonos o entristecernos sin usar ni una sola palabra. En ese sentido, rima y retórica son herramientas equivalentes.
Pero siempre me ha parecido que la rima es un elemento mucho más artificioso que el resto de los recursos que se usan para reforzar la imagen de un texto. Porque la rima busca, sobre todo, disfrazar y desnaturalizar el texto recurriendo para ello a la musicalidad más obvia; siempre demasiado consciente de sí misma. Y ya no digamos cuando hablamos de sonetos y otras construcciones de alambicada métrica. Es como creerse especial porque has escrito una historia usando 30 veces la palabra “astrolabio”. O como aquel extraño poema en latín del alemán Christianus Pierus titulado Christus crucifixus, cuyos mil versos estaba compuestos por palabras que empiezan por C (Currite, castalides. Christo comitante camanae...). Para la hermenéutica puede tener algún interés, pero no para contar historias o transmitir sensaciones y/o emociones.
Muchas rimas son un alarde puramente técnico. Parece que prima encontrar la palabra que encaje en la métrica y no que encaje en lo que se quiere transmitir: puestos a elegir en igualdad de condiciones de rima, el autor escogerá la palabra que más sintonice con el mensaje del texto, claro, pero esta situación suele ser rara, así que, al haber escasez de posibilidades de palabras que rimen, el autor rechaza un mayor ratio de expresividad en aras de que técnicamente la rima se produzca. Como si entonces el poema fuera una descripción pormenorizada de las características de un motor y no la descripción del lujurioso y endiablado ruido que produce ese motor y cómo es capaz de desplazarnos a 200 kilómetros por hora. La rima, pues, se me antoja la parte aburrida, academicista, exegética, de pasatiempo de la literatura. Curiosamente la rima, en prosa, se considera cacofónica y un defecto imperdonable; curioso, ¿no?
La poesía rimada (y ya no digamos las rimas complejas) debería figurar incompleta en los periódicos, junto al autodefinido y el sudoku, para que el lector la completara. O debería formar parte de una colección de curiosidades lingüísticas, como que la cama se llame cama y la cómoda se llame cómoda, siendo más cómoda la cama que la cómoda.
Por esa razón y no otra el ripio es un recurso tan propio de la publicidad más ingenua: “del caserío, me fío; Colgate el mal aliento combate; Rexona, el desodorante que no te abandona; el frotar se va a acabar”. Y hasta es un elemento imprescindible de cualquier baño público; sin ir más lejos leí el otro día el siguiente grafito: “Amar sin ser amado es como limpiarse el culo sin haber cagado”. Precioso.
Un ejercicio donde prevalece tanto la técnica, el formato y los engranajes sobre los demás elementos literarios no es literatura sino otra cosa. Ripios publicitarios, mensajes para estampar en una camiseta, eslóganes rimados, canciones de verano, las tan en boga batallas verbales de raperos.
Para que no todo sea negativo, aportaré una visión halagüeña de la poesía. Transmitir ideas con la poesía no es una tarea fácil, y más todavía bajo las rígidas exigencias de la métrica. Como dice el filósofo Daniel Dennett a propósito de la construcción de un soneto:
Tan pronto como terminamos el primer intento de una línea, tenemos que revisar muchas de las otras líneas y esto nos obliga a abandonar algunas de las excelencias conseguidas con dificultades y así sucesivamente, dando vueltas y más vueltas, buscando una forma global correcta o tratando de hallar la mejor forma posible.
Esta artificialidad en la forma, según el matemático Sanislaw Ulam, podría ser una fuente de la creatividad en lugar de una rémora:
Cuando era niño me di cuenta de que la función de la rima en la poesía consistía en obligarnos a encontrar lo no obvio a causa de la necesidad de hallar una palabra que rimase. Esta necesidad fuerza nuevas asociaciones y casi garantiza desviaciones de cadenas de rutina o de pensamientos encadenados. Paradójicamente se convierte en una suerte de mecanismo automático de originalidad.
La poesía, pues, como catalizador de la creatividad. Pero entonces que sea una herramienta privada del autor para superar el bloqueo creativo y no un alarde de ingenio en sí mismo. Y que no sólo se alabe la métrica, sino también los textos con muchos “astrolabios” en su haber. A no ser que, ay, se pretenda cristalizar una enseñanza más fácilmente recurriendo a la musicalidad (como un mantra adormecedor, un discurso zombi, una paremiología simplificada, un dogma,), como la que oí una vez en una película de Almodóvar, cuando aún era un cachondo y un costroso: “Hagas lo que hagas, ponte bragas”. Pero Almodóvar no hablaba en serio.

Elpidio Isla (Comodoro Rivadavia, Chubut,  1948) Narrador y periodista. Ha publicado las novelas  MOGAMBO (1988); LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS TRISTES (1995) y un volumen de cuentos  LAS LLUVIAS CORTAS (1990). Integra las antologías: SUR DEL MUNDO, NARRADORES DE LA PATAGONIA (1992), DE JULIO VERNE A OSVALDO BAYER: Los mejores relatos patagónicos (1998), RELATOS PATAGÓNICOS: (1999) y RELATOS DE PATAGONIA: (2006).  Textos suyos han sido adaptados  para el teatro.
Elpidio Isla se ha desempeñado en distintas etapas de su vida como dependiente en un almacén de ramos generales, trabajador petrolero, soldador de tubos de acero, esquilador de ovejas, alambrador, vendedor de libros a crédito, empleado judicial y  agente de prensa.