martes, 10 de marzo de 2020

ROBERTO MASCARÓ: Tango del Apocaliptus Oriental



Roberto Mascaró






















                                           Para los lobos del Cabo Polonio


I                                                                                                              

Como a hermana bastarda te prestaré mi odio
y entraremos a saco en la negra ciudad;
patearemos las ratas y encenderemos fuegos
en todas las esquinas.
                                  
                                     Iremos esposados.

Detenida de mí. Cuerpo mismo del crimen.
Escena del delito. Ramera idolatrada.

A tu disposición.

Unidos para siempre, por siempre y como siempre.

Para que no te alejes de mi vera,
darling, tesoro, beib, mami, rubia
de Niu Shor.

Correrá el Miguelete con todos sus cadáveres
y de esa agua viscosa se engomará algún ángel
ahogado por el plástico, envenenado en miasmas,
negro como azabache, repicando en la mierda,
chas-chas al tamboril.

Reina de Nuevo París: esposados iremos.

Pasando el Pantanoso, como pa’  la Tablada,
por ashá, atrás del Cerro, más bien por Pajas Blancas,
allá suben fogatas que franelean las nubes
y cubren de hollín puro todo Pocitos Nuevo.
Son los recicladores empastados de restos,
en la mente los cascos delgados de un caballo
que algunos se comieron p´al casorio e´ la Juana.

Las gasas de hospital y la infección y el cáncer
tapizan las aceras de Carrasco y Malvín.

“¡Qué cuadro, compañero!”, Negro Wilson uil sei.

Una guiñada al Cielo mentando el Manifiesto.


II

Te miraré de frente al cruzar el semáforo
de camino Corrales. Y tus ojos zancudos
se irán por algún techo, levitando en la brisa,
repitiendo en la tripa tu mente alucinada.

Y de los basurales se escuchará un embrujo,
un poste o eco lúgubre, como un grupo de esparto
o bien coro aterrado de agudos querubines
tragados por las grietas, resbalando en la pátina,
pegados en la grasa, aullando por el humo
acre de los suburbios.

Con un crujido de John Cage.

¿Te abrirás al paisaje?

El arrabal amargo
irá aprendiendo cosas.

La ausencia de veredas hará el paso liviano.

Nuestra facha será negroide o no será.

Y la mesa de truco, y  los gauchos y chinas
persignándose atónitos nos cederán el paso
por hoteles de mala muerte del Interior, pulgosos,
con hojas raídas de la Declaración de la Habana en sus piezas
y los piones caerán enredados en bombacha o bombacho rural paquistaní
y sombrero portugo de ala ancha.

Se despertará el áspero Chiripá de Acá,
El Culero Oriental, meid in Taiguán.

¿Te haré los calzones de lana pero te los terminaré de cuero?
¿O venderé productos de entreport, látex, uñas, diademas, pasamontañas?
¿Sangre de vaca en polvo?

Brillará el diente de oro en la noche de ciénaga.

Olímpicos bailaremos “El Pericón Nacional”
y comeremos mejillones provenzal
mirando un cielo de Mar de Bering, saboreando
guampa molida afrodisíaca,
sentados en bellas alforjas marroquíes del París del Sha,
en el Hotel Argentino de Piriápolis, ¡qué no ni no!
Rodeados de travestis, de melómanos, de yanquis, de
cabezas bien rapadas.

“Somos versátiles”, dirán.
“Más te vale, rapaz”, bramaremos
por las avenidas del Parque de los Aliados,
cubierto por las sombras de negros bujarrones
aliados del Imperio Genocida Occidental.

Defensor de menores, juzgado de otro turno,
legajos y vaginas, crótalos y azoteas
hacen la muerte un paso.

Todo terminará en una pelea a botellazos, as iusual.
Como un pastoso Peñarol que se embarra,
se empantana, se retrotrae, avanza reculando
y ataca defendiendo, vuelve loco al contrario,
lo calienta, lo alaba, lo deja llegar y
sobre la hora, gana.

Tendré que sacarte por la trastienda, drogada y borracha.
Dormiremos en una amueblada de mala muerte,
con yacuzi, cama redonda de agua y olor a lavandina.


III

Como te digo una cosa
te digo la otra.
                   Ahora, pará la oreja:

Soñarás con Verlaine y con la Pompa Yira.
Y un traveco morado zurcido en terciopelo.
Bello como una estampa de Changó.
(Palidez de vampiro en tierna juventud).
Cándido como un adolescente de Padua.

Como la Virgen de Guadalupe, protectora nuestra.

Y láminas de goma acariciando el heno.
Y un repique que llega agitando estandartes.
Y los gritos de fútbol que vienen por las calles.
Y los fuegos artificiales del gol.
Y la sordera del que
grita en el colmado Centenario.

Mentime que me gusta.

Levantaremos el Monumento a la Vaca, esa heroína única,
Animal Nacional Orgánico (ANO),
único amor de mis amores,
dama galante, meditativo agente,
dechado de humildad, paciencia soberana,
(“Stupid cow! es una expresión machista corriente
en territorios del Imperio Británico Genocida)
desjarretada siempre, siempre de ojos en blanco,
sacrificada al fin, le da el rojo a la Patria,
que cantó Zitarrosa, el delicado y triste
trovador oriental.

Junto a la Oveja térmica y estática, indigesta,
Madre del Cordero sagrado, no del Año Nuevo,
sino del Fin del Año.

¡Tánta vaca y oveja vendimos a las Guerras!
Morfaba Johnny cornebif uruguayo en Guadalcanal,
y tal vez también Jimmy come hoy asado en Kandahar.

Restauraremos la Melodía Nacional.
A cuerpeada limpia, a taco y punta, a rompe y raja,
a montonera y entrevero,
a pollerazo limpio y a taquito alfiler.

Y viviremos gracias al Ritmo Nacional.

Y moriremos a la sombra de la Tumba Nacional.

Bailando la cumbia nacional nacional.

Aunque la gloria sea con Peñarol Peñarol.

Sin chistar.

Zapatearemos sobre el Capital.

Alquilaremos un auto de ocasión.
Alguna lata eventual que transporte.
Un robot que haga lo que ordenemos
y agregue algo de banda ancha oriental.

Y enfilaremos por la Rambla, una y otra vez.
Los Accesos-Carrasco, Carrasco-Los Accesos.
75 km p/h.

Esto te gusta, ¿eh?
Le llaman la Paja Húngara:
se hiende sin anexos
por el vector que va cediendo
y por la tramontina que ocasiona
dentro mas dependiendo de la carcasa.

Pero, el cosquilleo es el paso final,
como decía el Gordo
en tanto la agarraba.

Sacarás tu pelo rojo por la escotilla
y gritarás como alelada y veré
una vez más las pecas de tu cuello,
oleré tu perfume de puta universal,
santa mía bendita, ardiente meretriz de mis noches charrúas,
ignorando a los curiosos de peluca
aunque repiquen con sus bastones por las veredas
regadas de tu ropa interior sin estrenar.

Mientras tanto devoraremos viandas locales,
jugosas y sangrientas como muslos de adonis
-húngaras, chimichurris, mollejitas, buñuelos, pan
con chicharrones, torturadores, muzarela, figaza,
asado ´e tira, corvina a la plancha, pascualina, asesinos, pastel de carne,
berberechos, almejas, pejerreyes, colchón de arvejas, violadores,
vino con gaseosa, pez espada, buseca, muzarela con orégano,
milanesa a caballo, mejillones, Patricia, medio y medio, flan con dulce,
budín de pan, Martín Fierro, pirón, buñuelos, tumba, patria, milicos,
pastaflora, cobardes, fainá: bajo el hollín eterno del Mercado Etílico.


 IV

En el verano rumbearemos al mar.
A ese mar  mentiroso que es un río,
el río camaleón que nos da nombre,
el que trae toninas, noctilucas;
ese río de pájaros con sabor a oceano,
que igual viene mojando nuestra mejor arena.

Todo será sencillo y tan charrúa,
tan chaná masacrado,
tan guaraní, arachán, tan Frutos genocidas,
aniquilado por aquel cruel Imperio
que difundiese la cocina española
hasta el Río de la Plata, edén muy bravo,
especialista en platos de la casa:
Restaurante Juan Díaz de Solís,
menú del día, menú de medianoche,
perdidos en la nieve y la ventisca
años después, y orgullosos
de ser parte de nuestra especie humana.

El país natural depredador,
el tigre en el flotante camalote
hace un guiño a la pastera Botnia,
entonces el fulano se distrae
y un golazo de Edinson Roberto
Cavani.

Ah pajas de la hora de la siesta,
el delicioso río tan ancho como mar
y las arenas blancas quemando nuestras plantas.
Ah, el Séptimo Círculo, ah las aventuras
de encantadores cowboys, de Marcial
Lafuente Estefanía.
Ah el clásico más célebre del mundo
que se llama Memorias de una princesa rusa
(y que se encuentra gratuitamente online).

Nos vamos para afuera esta semana.
(Todo aquello que no es Montevideo
es para nosotros el afuera).

Tu serás simplemente mi querida
novia, mi dulce prometida.
Yo seré un chico sano, izquierdoso y valiente.
Nuestro lecho será de sol y playa.
Siempre, siempre a tu lado. Chic to chic.

Olvidaremos todos los golpes de estado impunes.

¡Olvidaremos la maldita Ley de Caducidad, vergüenza planetaria!

¡Arena, arena, arena!
Nuestra arena es la más esplendorosa:
del color del cabello de la reina de las rubias taradas: Paris
Hilton, esta pobre muchacha, que es tan burra que olvida
que el oro es veneno: recuerden lo que le pasó a la chica
de Godfinger...

Merluza a la plancha comeremos,
empanadas de algas,
berberechos cogidos en la arena
y fainá de la orilla en el boliche
con velas y faroles a mantilla.

Jim Morrison va a estar rugiendo siempre
en las radios Espica de los goles.

Descalzos, naturales, espontáneos.

Ese rumor de océano, ese ritmo de oleaje
nos mecerá en el sueño
dulcísimo del sexo y del canabis.

¡Oh el inocente porro inmaculado!

Ya nunca más aquella falda blanca, “túnica”
con pajarita azul (la llaman moña:
al comenzar las clases es azul de bandera
y en el final del año violeta funeraria)
que me obligaban a llevar en la escuela
me harán sentir un bobo reverendo.
¡Niños del Uruguay, a quemar moña y túnica!

Oh la papa o la tumba, oh los asados.
¡Oh todos aferrados a la ubre!
¡Oh aroma de eucaliptus de Ramón Anador!
¡Oh gran cabeceador Alberto Spencer!
¡Oh el sagrado Inversor, oh el Capital!
¡Ay mi Punta del Este guerrillera!

Oh sol de Peñarol que se ha extraviado.
Oh bandera, oh bruma que la cubre.
(Mama, ganarle al cuadro afrancesado
que se esconde en la calle 8 de octubre).

Ganaremos de atrás con gol soñado.

Por eso nos llamamos los Campeones del Siglo.


V

Aunque te arrepientas de todo el horrible
Industrialismo y las vías férreas inútiles y las hortalizas y esos
señorones encopetados que en las fotos ésas marrones,
con trajes arrugados mas ensombrerados,
como escapados por la escotilla trasera, intactos, iluminados,
rodeados de zapallos en una chacra de Casupá:
ahora estamos en la era de Gaga o de Gagá
chupándole las tetas a George Sand.

Pero por ahí nomás nuestro elixir se truncará a costurones,
hélo aquí empercudido por la intemperie,
acicalado de ébano lujoso -esforzados atletas
que vienen de triunfar-
machacado en bengalas por un techo pasmado,
las cabezas colgando fuera del convertible,
con más vales de nafta (esos vales castrenses, carajo,
carne, verdura, arroz de chacras militares
entregado en la puerta de nuestros oficiales
por la tropa, esa anaconda muda,
aquí no hay corrución, señó)
y el humo de los porros que va hacia el Paccha Cielo.

No importa, nuestros hijos portarán la antorcha,
y también la alforja gitana sin duda,
se frotarán la mota por la noche,
tomando helados en costaneras antisépticas
con ventilador incorporado al bies
y  deslizadores áureos mas vibrátiles.

Nuestros hijos serán chinos,
chinos de La Teja o chinos de Bella Unión,
chinos de mierda,
de América y del mundo y de la Santa Impunidad,
engañados por un puñado de dólares,
por un puñado de carnes, un puñado de pelotas,
deportistas de corte continental, hinchando, hinchando,
intelectuales sin tacha, holgados
en su camisa blonda, en sus babuchas dodecafónicas.

Leerán Lolita en versión frenopática, filisteos
a mucha honra y dispuestos a todo
-shoot the lyon at the zoo-, ofídicos serán,
atrabiliarios, ¡Diantres!, hélas,
lo que el galano os demande ¿devotos?
Oh bien sure
Monsieur, é tudo bem, a fojas cero
descompaginarán los tropicalismos descalzos,
las esclavas de tobillo, las pequeñas gemas
que a mi amada engalanan, el pircin del malevo
clavado entre los huevos y el peroné.

Y además, vos y yo,
estaremos trabados para siempre.

¡Siempre andaré a tu vera!
Buscaré tu nombre en las placas sin fin
del Parque Posadas, en vano, ebrio
y rodeado de guardias armados que
Me iban a matar, como dijese Chávez.


VI

¿Habrá acaso blasón con más decoro
que el negro con el oro?

Hemos de volver al combate, en fija.
Ay, m’ hija, el combate nos llama,
siempre y siempre combate,
siempre fajar la faja y cruzar el facón.

Caras de los que te beben,
oh santo, alto licor que te ofrece la Patria,
¿combatiremos pues?

El Muñeco, la Chola, el Pardo, el Hétor,
la Patitas de Cerdo, el Zambo, el Cabecita Negra, Dienteleche,
la Tetona, el Chinchulín, la Chola, el Chongo, la Jazmina,
el Carozo, la Pocha, la Gatuperra, Batoví, el Manguera,
Catongo, Juana la China, el Querusa, el Pararí, el Chorizo,  Bujarrón,
el Macaco, la Caldera, el Corvina, el Menchaco, Pomelo, el Calato,
Frankenstein y el mambo:

¡Ellos también existen!

Hallamos un país desconchinflado
por lachos blancos y lachos colorados.
Y ahora la bandera de Otorgués, Señor,
se ha puesto en su lugar: hemos vencido.

La sangre vertida por los torturadores de la Matria
nos mira.

(Clemencia para los vencidos).

La Revolución ha empezado: ¡Vívela ya!

Todo el país charrúa avanza.

La Celeste es la gloria celestial.

Socialismo ya.

Legalais también.


VIII

¡Avanza, forajida, ramera mía, mi forra!
Toda en ropas de noche que son como un vapor.
Abrazame en las luces rosáceas de la Rambla.
Parate en las esquinas del barrio del Condón.
Que la blusa trasluzca tus pezones patente.
(De ahí el éxito de las jóvenes que lavan autos).
Besame en las arenas quemadas de Neptunia.
Llevame a la Coronilla, al Chuy.
Acelerá a fondo que quiero morir en el Este,
con un quegüis en mano, besando a una morocha
junto a la suimin pul.

Te garanto, en chancletas
iremos predicando
que todo, todo, todo se trataba de nada
y hay que empezar de nuevo por lo tanto:
bilingües, asociales,
zurdos, bien achinados,
descalzos,  retacones, vertebrados al paso,
en el pecho la brisa y en el alma la calma,
llevando picemeiquers o datos de Dou Yons,
memoriosos, anales, sublimes y pendejos,
sobre rancia llanura raspando nuevo mote,
cual si le cimentaran el coturno o palenque,
dándose unos masajes orientales
de aquellos, figurando en unas páginas arrancadas
al Contrato Social,
encontradas en el excusado de una estancia de
Ibiray (Paraguay),
-el ADN del excremento no
identificado hasta el momento-
como una piara de anormales hablando
cosas descabaladas,
una reunión de efebos compartiendo canabis
y jugando a las madres:
en doctas compañías se decidió el asunto,
“Chupando zorra”, dijese Maribel
-y de todo lo dicho estampo sello y firmo
encamado en la mejor amueblada del Universo-
sin religión, sin dogma, sin martirio,
y por si alguno entre ellos realmente
le encontrara
(como lo hiciese el gran Julian
Assange)
algún día
el goyete a la Cosa.


(Montevideo, 2001- Malmö, 2019   




Roberto Mascaró (Peñarol, Montevideo, Uruguay, 1948). Poeta y traductor. Ha publicado: estacionario (1983); Chatarra/ Campos (1984); Asombros de la Nieve (1984); Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist, Fripress, Estocolmo, 1986); Mar, escobas (1987),  Cruz del Sur (1987); Gueto (1991); Campo Abierto-Öppet fält (1998); Campo de Fuego (2000); Montevideo cruel – tangos (2003), Un río de pájaros (Colombia, 2004); Asombros de la nieve, antología (Caracas, 2005), Viendo caer la lluvia de una ventana azul (Tegucigalpa, 2012), Nómade Apátrida (Catapulta, Bogotá, 2012). Ha publicado más de treinta volúmenes de traducciones, entre ellas obras de  Tomas Tranströmer, August Strindberg,  Öyvind Fahlström, Ulf Eriksson, Tomas Ekström, Jan Erik Vold, Edith Södergran, Henry Parland. Su poesía ha sido traducida al sueco.








Beatriz Arias: Poemas






Beatriz Arias



















Porque solo el amor salvará el retazo del día
incalculable, no hay signos, ni cifras, ni señales.
Solo la vibración desde su lámina tibia, desde
su espuma impecable que sube por el cuello de plata
de todos los relojes. Y se pronuncia, se inflama,
se establece. Se ordena en las sillas, se anuda
en la cintura de la luz, respira con el nombre
del mar, porque se sabe eterno.

*

La noche se alarga en el insomnio
mientras palpita el cuerpo del reloj y gira.
No hay más que un libro en la desierta mesa
y sigue su curso la ruta de la vida.

El hombre carga su mortal designio.
No sabremos nunca las fechas en el tiempo
del juego infinito, indescifrable,
que avanza y retrocede
en el tablero milenario.

*

Asisto al milagro de la vida
y me rodeo de las continuas voces
para herir los pasos del silencio.
Busco la mano del sol,
huyo de la nieve,
contemplo la lluvia
como a una perpetua compañera.
Me detengo en un puerto imaginario
donde parten los barcos que se alejan…
Qué tristeza los barcos que se alejan!
Pero marca las tres
el escandaloso reloj
de la profunda noche.
Regreso tímidamente a los espejos
para buscar en un gesto íntimo
una sonrisa leve,
una lágrima huérfana.




Beatriz Arias (Buenos Aires, 1951) Docente de Lengua y Literatura y de idioma Francés. Coordinadora del café literario “El Circulo” y conductora del programa radial “El Circulo”. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Pájaro en fuga (2007); Ajedrez 1 (2012); La llovizna leve (2015).








sábado, 7 de marzo de 2020

Ricardo E. Molinari: Barranca Yaco




Ricardo E. Molinari (Buenos Aires, 1898-1996)


















Entre las ramas están gritando  los cacholotes;
los árboles arañan estas secas tierras,
estos barrancones y cegados ríos,
a los que insensible llega la lumbre y desciende el aire
                                                                 /sin mover una hoja.

Desde el sol del mediodía venimos renovando la sed,
y ya bebemos el agua de las cisternas con sabor a iguana,
                                                              /a encerrada. Y llegamos,
y vuelan las cotorras en lo  alto de los espinillos y los talas.

¡Y fue frente a estos montes, donde a Facundo le huyeron
          el alma como un pájaro que se retira sobre las hierbas!

Ha parado el viento; y recogemos unos claveles del campo
           y los juntamos a una ofrenda del camino.
Acallados,  quizás recen ellos; yo; con los pies, acerco
           unas piedras brillantes a las flores.

Y sentimos atravesar el tiempo, los pájaros, en la largura
            y claridad del cielo.

¡Barranca, Barranca Yaco!

                                                                                 Jesús María, Córdoba, abril de 1953.

martes, 3 de marzo de 2020

Vera Pedrosa: Poemas


Vera Pedrosa
















Del aire

son ciudades del jaguar
selvas del puma
matas y sierras
que antes abrigaron
a la serpiente emplumada
monarca en el aire y en el inframundo

al norte son narvales sus dientes
artefactos de marfil canoas de inuits
hielos flotantes
y en el entorno
mares verdinegros
perdiéndose de vista


The Black-jack Gypsy

desviaba caballos
les susurraba palabras que sabía
y lo seguían a trote por la portería
era moreno y bello

lo observa
solamente de un lado
te descuidabas
y quedabas para siempre entre los de él
a vivir en la caravana
que se llamaba Jasper

quien hace siglos lo siguió
fue noble dama
que abandonó conde y castillo
y guantes de la más fina confección
delicados guantes de pelícano blanco


Tela

un collar de ámbar
calienta el cuello blanco
el retrato es plácido y espectacular
mangas de satín
accesorios de oro y encajes
brazo pausadamente erguido

como describir un cuadro
mundos dichos al contrario
manchas de color figuras
trazos vistos como signos
trucos oscuros
una tela un rastro de trazos

si la palabra confunde
el mirar no miente
acepta rechaza
si ve lo que se ve


Dádivas

se abre un prisma
en la mano extendida
irradia

el plano evoca voces palmas cadencias
risas palabras gratas

una ventana se abre al viento
se abre al perene día
al incendio
al desdoblamiento permanente
de la cosa continua

se abre la ventana a aguas serenas
a la vorágine
a vertederos y estuarios

la distancia se revela en la planicie
un campo ilimitado
que la aurora abre

[de A árvore aquela, San Pablo, 2015]


Edificio

Veo en la postal del puente
aquella luz blanca muy brumosa
y de repente me vi
delante del mismo edificio blanco
cuerpos separándose
en la brisa marina.

[de Eloisa Buarque de Hollanda, 26 poetas hoje, San Pablo, 1976]

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020.

Vera Pedrosa (1936) nació en Río de Janeiro. Hija del reconocido periodista, crítico e histórico militante trotskista Mário Pedrosa, pasó parte de su infancia en Estados Unidos. Se licenció en Filosofía. Fue parte de la llamada “generación mimeógrafo” de la literatura brasileña. Ejerció el periodismo, sobre artes plásticas, y la actividad diplomática.
Es autora de los siguientes libros: Poemas (1964), Perspectiva Naturalis (1978), De onde voltamos o rio desce (1979) y A árvore aquela (2015).

lunes, 24 de febrero de 2020

Adriano Eysen: Poemas





Adriano Eysen

















Instante

Tu desnudez
me corta hecho cuchillo

y tu calor
contrarresta como el mar
y avanza en mi pecho.

En la calle, sobre los tejados
algunos gatos pardos
encienden amores nocturnos.


Cicatriz de silencio

Un fósforo dentro de la noche
raspa el rostro
oscuro del hombre.

Y un murciélago
cicatriza el silencio
que se retuerce dentro del niño.

El hombre y el niño
son dos puñales
que cortan mi piel.


Paisaje visto desde la ventana

La ciudad es un puñal
que amanece rasgando
en el pecho del hombre
huellas de automóviles.

Y filetes de sol
rasuran los párpados de los transeúntes
que vomitan
sus primeras angustias.

La ciudad es una navaja
que sangra al hombre
donde moran dioses
y antiguos demonios.


El obrero malabarista

El obrero se balancea de un lado a otro
entre caños y andamios
y sus herramientas
borran el silencio del fin de la tarde.

De lo alto, la voz se choca
con los automóviles que pasan
bajo un mirar desatento
que viene a posarse en frías columnas.

El obrero escenifica la caída
en los escombros de los pensamientos
en cuanto sus manos ásperas
levantan ladrillos para proteger a otros hombres.


Paso del tren

Me recojo en el silencio
para tantear mis angustias
y un tren prosigue en mí
dejando de lado los breves años
que saltan de los engranajes.

Me acuesto, y la máquina sigue.
Tren que pasa y ya en la plaza
los adioses sin avisos
tardan sobre los caminos
y se funden los herrajes.

Tren sin carga, lento tiempo
y algún lamento
de antiguas mañanas
que arden en este cuarto.

[de Cicatriz do silêncio, Bahía, 2007]

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020.


Adriano Eysen (1976), nacido en Bahía, es poeta, crítico y profesor universitario. Entre otros
proyectos, participó de una Colección de Cuentos de Machado de Assis, y otra de Poesías de Carlos Drummond de Andrade.
Publicó, entre otros títulos, Imagens de Sertão na poética de Castro Alves , Cicatriz do silêncio, Assombros solares y A lírica da ausência na poética de Álvaro de Campos e Mário de Sá-Carneiro.



-->

sábado, 15 de febrero de 2020

Damário Dacruz: Poemas



Damário Dacruz






















Caja negra

Soy un hombre.
Por lo tanto,
más que palabra.

No pronuncio
el sentimiento
sólo como palabra.

Lo que fue dicho
al atardecer
no se confirma
en la madrugada.
Lo que fue visto
en el sueño
no se confronta
con la realidad.

Soy un hombre.
Por lo tanto,
una sorpresa.


Vuelo certero

Cada
pájaro
sabe
la ruta
de retorno.

Cada
pájaro
sabe
la ruta
de sí.

Cada
pájaro
en la ruta
se sabe
pájaro.


Olé

Cuando en la arena
un toro me mata
no me socorran,
pues nadie socorre
al toro cuando lo mato.

                                      [de Hombre revelado ]

Pronóstico del tiempo

¡Ningún
día es triste!
Somos nosotros que llovemos
a la hora errada.


Navegante

De mí
exijan poco...

Pues el tiempo
que me queda
es una loca búsqueda
de cómo atravesar
EL SOL...

                                       [de Tiempo reinscrito]

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires 2020.



Bahía, EPP, 2003
                                                                


Damário Dacruz (1953-2010), poeta y fotógrafo, nació en Salvador de Bahía. Se graduó en Periodismo y obtuvo un posgrado en Comunicación. Recorrió más de 20 países, fotografiando y escribiendo. Por ambas actividades recibió premios. Creó “Pouso da Palavra”, espacio de arte y cultura en la ciudad de Cachoeira.
Publicó, además de varios volúmenes de poesía, más de 30 pósters-poemas, con más de 100.000 ejemplares vendidos. Algunos títulos de sus libros: Todo risco, o ofício da paixão, Observatório central, Vela branca, Re(sumo), O amigo e o poeta.