miércoles, 2 de marzo de 2011

Mario Vargas Llosa: Carta al general Jorge Rafael Videla. (1)

Mario Vargas LLosa (Premio Nobel de Literatura, 2010)











                                                                                


                                                                                                          Lima, 22 de octubre de 1976.



General Jorge Rafael Videla
Presidente de la República Argentina
Casa Rosada
Buenos Aires, Argentina


Señor Presidente:

El PEN Internacional*, organización mundial de escritores que tengo el honor de presidir, ha recibido el informe titulado La persecución a artistas, intelectuales y periodistas en Argentina que me permito adjuntarle, así como un complemento documental –fotocopias de publicaciones periodísticas- en que se apoyan algunas de sus afirmaciones.

Aunque en el informe aparezcan, de cuando en cuando, expresiones que puedan atribuirse a la pasión política y algunas apreciaciones de carácter subjetivo, el grueso de su contenido, sin embargo constituye una relación de hechos de una gravedad tal que no puede dejar de consternar a cualquier persona civilizada. La lista de acciones que atentan contra los principios básicos de la cultura cubre un amplísimo registro: libros secuestrados de bibliotecas universitarias y particulares que han sido quemados públicamente, clausura temporal o definitiva de periódicos y revistas y establecimiento de una rígida censura, detención de escritores y artistas, sin especificar los cargos que pesan sobre ellos y sin transferirlos al poder judicial, hostigamiento y cierre de editoriales, allanamiento de instituciones dedicadas al arte y a la investigación sociológica.

Paralelamente a estas acciones oficiales hay las que llevan a cabo comandos armados de gentes vestidas de civil, que su gobierno hasta el momento no ha impedido ni castigado, y que han sembrado el horror en muchos hogares argentinos. El informe cita a intelectuales que han sido secuestrados de sus casas y luego asesinados, a otros que han sido torturados, a otros que han desaparecido sin que se tengan noticias de su paradero. Asimismo,  decenas de escritores, artistas y periodistas  han debido huir del país, porque habían recibido amenazas de muerte. Ni siquiera el exilio es lugar seguro para algunos, pues se ha visto, en el caso reciente del poeta Juan Gelman, como sus hijos y su nuera eran secuestrados en Buenos Aires por una de estas bandas terroristas en represalia por sus opiniones políticas.

Quiero en nombre del PEN  Internacional, hacerle llegar nuestra más enérgica protesta por estos hechos, que constituyen crímenes imperdonables contra el espíritu, y que resultan particularmente insólitos en un país con el grado de civilización de Argentina. En nombre de la rica tradición de pensamiento y creatividad que ha hecho de su país un centro cultural de primer orden, lo exhorto a poner fin a la persecución de  las ideas y los libros, a respetar el derecho de disentir, a salvaguardar la vida de los ciudadanos y a permitir que los escritores argentinos desempeñen libremente la función que les corresponde en la sociedad y contribuyan de este modo a su progreso.
Cumplo asimismo con hacerle saber que, por la gravedad de las acusaciones, voy a recomendar al PEN la publicación de este informe y su difusión internacional. Ésta no es una medida inspirada en convicciones políticas partidistas de ninguna clase, sino, dentro del espíritu de la Carta del PEN, una estricta acción de solidaridad humana y de defensa de los más elementales principios morales que hacen posible la cultura.

Mario Vargas Llosa
Presidente Internacional del PEN

*PEN: Poetas, ensayistas, narradores

(1)
Carta difundida en diversos medios periodísticos internacionales y reimpresa  en Contra viento y marea, Biblioteca Seix Barral, Sudamericana Planeta, 460 pgs., Buenos Aires, 1984.

Basilio Uribe: El Eclesiastés aggiornato.

Basilio Uribe (1916-1997)





















                                                              a Miguel Brascó


He visto que muchas cosas caen
y otras se levantan,
y hay quien dice entonces:
–Me caigo y me levanto.
Que el sol se alza
y a la tarde baja,
y cada día es ayer,
aunque antes fue mañana
pasado por el hoy.

He visto que el sol despunta
antes de las once,
y hay quien dice aún
que varias horas antes.
Y que la noche crece cuando no hay luz.
Y esto lo he visto a la intemperie,
pero no con la cortina baja.

He visto que llegué a ser grande,
entre cinco codos cortos
y cinco codos largos,
y superé por lo sabio
el onagro domesticado
que veía correr, pues viví en Palermo.
Y me fui a Tucumán,
al fondo de Mate de Luna.
Pero en el jardín hay calor,
arañas gigantes, escorpiones,
y la noche es húmeda
y pegajosa,
y no hay lugar para el reposo
ni el goce que lo sustituye.
No hay lugar,
sino para no estar.
Se cambia de aquí a allá,
y de allá para acá.
Para qué.
Para aquí.
Por qué.
Chi lo sá.
Y
así
volví.

He visto que hay tiempo de echarse unas canas,
y tiempo de no hacer macanas.
Tiempo de la carabela,
y tiempo de Colón que se cuela.
Tiempo donde el indio recela,
y tiempo de comerse la suela.
Tiempo de encender la candela,
tiempo de tu abuela, la ciruela,
y tiempo que vuela, que vuela.
Tiempo del quién es quién,
tiempo del jú is jú,
tiempo del Marabú,
con el ú;
tiempo del Avenida,
tiempo de ir por Florida,
y tiempo de ir sólo de ida.
Tiempo de entrar al Di Tella,
y tiempo de Mesejean y Cancela.
Tiempo del pop,
tiempo del nop
y tiempo de la sop
para el nen.
Y tiempo sin tiempo, también.
Tiempo del pintorqué pintor,
y tiempo sin color.
Tiempo de la aguja del cacto en estío,
y tiempo en que el hielo se amorata de frío.
Tiempo del bikini,
tiempo de la faja,
tiempo de irse a baraja,
tiempo de entrarse en la caja,
tiempo de mirar desde abajo la laja.
Y tiempo de una calor que te raja.

Vanidad de vanidades y todo vanidad:
he visto que la calor es psíquica
y el calor es somático;
que alguna chica es ríquica
y algún muchacho errático.
Y he visto el veo veo qué ves
jugar al oficio mudo entre tres
con la rosa negra del deseo del revés.

Vanidad de vanidades y todo vanidad:
he ahí que leí los libros antiguos,
y “Vi que el sabio tiene sus ojos en la frente”,
dice Cohelet;
y yo digo:
más bien equivocado.
O a la moda asiria, quién sabe.

Vanidad de vanidades:
los asirios de antes no usaban gomina.
Aceites,
pomadas,
ungüentos
y fritos del oloroso nardo,
eso entonces se estilaba.
Pero daba mucho olor a turco.
Tenían los ojos en el pelo,
bigotes en los codos,
rodillas con melena.
Cuando fallaba una guerra podían
contratarse como alfombras.
Eran mejores en eso
que los armenios y persas
y el llovido galgo afgano.

¿Y qué fue de los asirios?
Las hicieron y se asaron.
¿Y otras gentes con ojotas
que se pusieron las botas,
las mojaron
y creparon?...
( de krepieren, en germano).
Porque nada hay peor que la maldad,
sobre todo si es de buena calidad.

He visto que uno vuelve
siempre de las mismas cosas:
el baño cada día –no en Europa–
afeitarse,
sacar de la heladera la leche,
el jugo de naranja,
ejercer la gimnasia cotidiana:
encogerse antes de salir,
buscar la voz de locutor
en un armario,
inflar el pecho en público.

He visto que la caridad es calidad
(y la calidad es caridad
en nuestra industria)
pero la cantidad no es castidad.
Ningún día trae su mejora,
todos traen su peora.
No hay punta de eje que no se rompa,
ni embrague que no se gaste.
Y uno se queda en la calle
mirando las tinieblas exteriores,
las estrellas en racimo,
la banquina o el asfalto.

¿Qué vale más que el silencio?
Pero no el silencio en la ciudad,
bajo el cartel que se enciende
y se apaga
y se enciende
y se apaga
clic
en el hueco del sonido muerto
y dice
Pipí-Cola.
¿Qué vale más que la luz?, le dije a mi alma.
Pero no la luz en la ciudad,
que corroe la sombra apaciguante
y crea el delirio del relámpago
con su chirrido
luminoso.

¿Qué consuela más que el vino?
Vanidad de vanidades,
ya no tiene doce grados,
ni sombra del tenor alcohólico
que caldeaba la sangre
y exaltaba las manos.

¿Y qué son las poliamidas?
Moléculas de cadenas largas,
singularmente flexibles,
cuyos copolímeros diversos
invadieron nuestros ojos
comenzando
por las piernas de mujeres.

Así anda el pobre mundo.
Con nylon, dacron, orlon,
poliésteres y acrílicos.

Y no olvidemos el antron.
Todos monómeros importados.

Vendepatrias.

Defendamos la tejeduría doméstica.

Una generación va y otra generación viene.
Cambiaron los tiempos,
cayeron todas las hojas
del almanaque juliano.
Y el gregoriano se gasta.
Mil novecientos sesenta y siete terminó;
concluyó mil novecientos sesenta y ocho,
¿que podemos esperar
de mil novecientos sesenta y nueve?
Todos los años se acaban
menos uno.
Conozcamos los remedios:
portar la figa, tocar madera,
inaugurar la luna,
programar el veraneo
de mil novecientos setenta.

Los días son iguales a los días.
Un día, se bien se suma,
llega a las veinticuatro horas,
a mil cuatrocientos cuarenta minutos,
ochenta y seis mil cuatrocientos segundos.
La verdad, creía más.
No conviene exagerar las cuentas:
los segundos son tan chiquitos.

Consolémonos:
siempre amanece al despuntar el día,
aunque a veces más temprano;
más valen cien pájaros en manos
que uno volando;
y mejor ser rico y sano
que pobre y enfermo.
Como asegura el Hilario.

Una generación va, y otra generación viene.
Y así el mundo se mantiene.
Nada hay de nuevo bajo el sol.
Ni en nublado.
–Yo, Salomón, venido a menos
por la sílice de las edades
que muele las grandezas,
no rey de reyes,
ni Salomón de Salomones,
ni salmón de salmones,
ni pez de peces,
ni siquiera, ay de mí, Salomón Guggenheim;
Salomón, apenas, dueño de una tienda de sedas
en la calle Lima,
escribí estas cosas
mirando la ciudad que empieza con B.
¡Ay Ba, ay Ba,
ay Babilonia
que se menea!

–¡Ayayay B.A.!

–Ahí oigo a Jeremías.

5-VI-69





Basilio Uribe (Buenos Aires, 1916-1997). Poeta, docente, crítico de arte. En poesía publicó: Libro de Homenaje (1940), Año del amante (1943), Los días (1959), Corona de María (1961), Vida de Hombre (1965), Edipo etcétera (1971), Relaciones humanas (1976), La ballena ( 1981), Antología inédita (1984), Minuendo (1990), La mirada de abril 1991), Libro de sonetos (1993), La huella de su paso (1996), Antología vitae ( 1997).

lunes, 21 de febrero de 2011

Jotamario Arbeláez: MCMLXIV.

Jotamario Arbeláez.



















En 1964 había un hombre
que se llamaba Jotamario y usaba sombrero de copa.
Las gentes le decían: Señor Jotamario, ¿que hace usted con ese sombrero
         de copa?
Y él les decía: Señoras Gentes, ¿qué hacen ustedes con esa pregunta?

Era 1964 y él no se había dado cuenta
que los poetas que escribían para el futuro estaban pasados de moda.
Era 1964 y él no se había dado cuenta
que en los Estados Unidos los negros estaban matando a los blancos con
          armas blancas.
Era 1964 y él no se había dado cuenta
que si alguien le abría sus puertas era para que se estrellara más fuerte.

Pero había oído hablar de la bomba de californio
en los bailes de pascua de las embajadas;
pero había donado medio litro de sangre
para la anemia de los hospitales del trópico;
pero había leído en la revista Playboy
que Malcom X sostenía  que Jesucristo era negro;
pero había mirado hacia atrás por el espejo de su bicicleta
medio millón de muertos diseminados en una siesta horrible.

A veces caminaba por las calles bajo su canicular sombrero de copa,
paladeaba helados que eran un polo de ricura
y su mayor deseo era orinar desde la punta de la torre Eiffel.

No tenía escritorio
pero las gentes le decían que tenía madera de escritor;
no tenía máquina de escribir
pero cuando le daba la gana escribía como una máquina,
escribía maquinalmente lo que le daba la gana,
y las gentes al escucharlo le aplaudían como con guantes,
como con una sola mano.

En el colegio le enseñaron de memoria los pensamientos de Pascal
y estuvo enamorado de la amargura del filósofo.
Cambió luego a Pascal por  Pascale Petite
y la amargura por la mariguana.

Nunca tenía ideales.
Los ideales le parecían enfermedades de la idea.
Tenía en cambio ideas geniales.
Como ésa.

Comía rositas de maíz
que eran las únicas que le gustaban
y chiflaba si las películas
no satisfacían sus caprichos.

Sólo los domingos no se miraba en el espejo
sino al periódico donde publicaban su foto
y no es porque fueran de él pero le parecía
que sus poemas eran dignos de él.

Tenía un pasado judicial impecable
como un crimen perfecto.

Afortunadamente su padre
vestía la misma talla de él;
afortunadamente su amante
deseaba lo mismo que él;
afortunadamente la gente
pensaba diferente de él.

Sus padres se rasgaban las vestiduras
mirándolo por las calles recibir el caldo del cielo;
sus amigos le daban la mano dos o tres veces por semana;
apóstoles de zapatos de caucho nunca escasearon en su mesa
y en las terrazas de la ciudad pedían su plato de meteoros.

Era rebelde contra las paredes de moda
y su lecho era su único cuadrilátero para luchar.
Su lecho de patas de bailarina,
de sábanas de ordenamiento de vacas.
Su lecho de blandura de corteza terrestre
cuando la tierra era como una naranja.
Su lecho de fauna de microscopio
donde devoraba los bizcochos de la mañana.

Su mujer gemía bajo su peso pluma como una balanza,
bajo su peso y su presencia de lanzallamas en la noche de muslos
        hospitalarios,
y se reía colocando sobre su nuca su anillo de oro negro con piedras de
         diferentes colores
y su risa quebraba los cristales anaranjados de la luz.
Es un poeta inútil y se llamaba Jotamario,
como Buda.

de El profeta en su casa (1966)




Jotamario Arbeláez ( Cali, Colombia, 1940).  Poeta, periodista y  publicista,  uno de los fundadores del Nadaismo y de los renovadores de la escritura poética del continente.  En poesía ha dado a conocer:  El profeta en su casa, 1966; El libro rojo de rojas, 1970; Mi reino por este mundo, 1980; La Casa de la memoria, 1985, ; El espíritu erótico, 1990; En paños menores, 1994; La casa de memoria, 1995; El cuerpo de ella, 2000 y Paños Menores, 2009.  Nada es para siempre, las memorias de un nadaísta fue publicado en (2002).
Su obra ha sido  distinguida en Colombia  con los premios nacionales de poesía La Oveja Negra, 1980; Golpe de Dados, 1980;  Instituto Colombiano de Cultura, 1985; Instituto Distrital de Cultura, 1999 y el premio internacional Valera Mora, Caracas,  Venezuela, 2008.


Daniel Fara: Poemas.

Daniel Fara



















SOLDATI

El sol desentonaba.
La tarde nos cubría
como una sotana de ortigas.
El altavoz del aire
anunciaba el regreso del hombre lobo.
Sólo las moscas y yo
nos aventurábamos
por las veredas quebradas de locura,
cuando de pronto
se desató la noche,
y la basura tramó sordos vahos
a nuestros pies.
Había que gritar
para escapar del auto acribillado,
había que recordar constantemente
                                        los colores
a riesgo de olvidarlos para siempre.
Había que apretarse eñ corazón
al entrar a esa farmacia
donde dos manos verdes
mezclaban el azufre y el cansancio.
Había que gritar,
había que apretarse el corazón,
y, al menor descuido del enemigo,
saltar al colectivo
y repetir,
como quien se quita el polvo:
"Ya pasó, ya pasó,
no pasó nunca".


MAULLIDOS

Echabas una pezuña del diablo
en mi café
y te ibas en brisa,
riéndote del filo asesino
de mis puertas.
Eras mi clavo,
mi mordedura,
el hacha de tus uñas
me talaba día tras día.
Yo subía a un tren
con agujeros de alcohol
y le contaba a ciertos árboles
que huía de una mujer
con cabellos de horca.
Hubiera querido
dejar mensajes de plumas negras
por los asientos,
escribir socorros en las nubes,
pero tu alfiler era más fuerte
y yo volvía
a maullar mis súplicas
entre tus dientes apretados.


COSAS

Hay techos
humillados por la lluvia,
desesperadas escaleras,
patios sin triciclos.
Hay espejos miopes,
espejos efímeros
y espejos fisgones
que sudan gotas de plata
si uno se descubre en ellos.
Hay hongos que dan miedo
de puro parecerse a los paraguas,
y costumbres de madera
en las espadas más aguerridas.
Hay clavos agobiados por sus cuadros,
arados enterrados vivos
y telarañas multicolores
que se desviven
por moscas desvaídas.
Hay juguetes boca arriba,
puertas condenadas,
civiles marcapasos,
avarientos cofres,
y hay días
empedrados de huesos,
locos de huesos,
y huesos
que envolvemos en celofán
para que desde lejos
nos parezcan días.


EL ASESINO

Entra el asesino
y un signo de interrogación
engarfia los suspiros.
Los cuadros quieren
hablarle
de sus escaramuzas,
las antiguas beldades
crujen a su paso
y piden tres deseos,
pero el asesino no es de nadie
y menos de la muerte.
Sus manos de cerrajero
prefieren
los diamantes auténticos,
el oro filosofal
de nuestra sangre.
Entra el asesino,
afeitado y sonriente,
para desvelo de la conciencia
                                   barbuda,
tiemblan de gozo
arañas y cortinas,
un vampiro reticente
se disimula en la imprenta minúscula
y espera.


A RAIZ DE UN MALENTENDIDO

(sólo para vos)

Si uno quiere
escribir un poema,
lo escribe:
en la oficina,
en la ladera de un pecho
o en la cuerda de su horca.
Y no espía
por el ojo de una estrella
para ver
si conviene o no conviene:
lo escribe
en el último renglón de la conciencia,
alumbrado por el miedo y lo imposible.

Si uno quiere
escribir un poema,
lo escribe.
Pero no lo escribe:
lo dice,
lo acaricia,
lo ametralla.
Pero no lo mide,
ni se sienta,
reclinado en las ofertas,
a calcular
si lo vive o no lo vive.

Si otro pudo
escribir ese poema,
vale más taparse los oídos,
esconder la inocencia entre las plumas
o pensar
que si otro pudo
también pueden
los que creen
no entender lo que se dice.

Y si uno quiere
escribir un poema
y lo escribe,
habrá siempre palabras,
tiempo y golondrinas,
siempre el gusto de vivir la muerte
y seguir
hasta dar con las botas
y las siete leguas
y el comienzo del poema
que si uno quiere,
sigue.

Raúl Henao: Alfonso Fajardo y la poesía del delirio.

Raúl Henao



















No se si el poeta Alfonso Fajardo está loco, o tras las rejas en un  frenocomio de su país centroamericano. Y en este  caso si ha puesto en practica lo que nos recomienda André Breton al respecto: Asesinar a sangre fría al primero de los médicos, enfermeros o guardianes que se atraviese en el camino para de ese modo, tener por lo menos el privilegio de ser internado de por vida en una celda privada y exclusiva, apartada de la atmósfera abyecta y policíaca que prevalece por lo general, en dichas instituciones de salud pública.

Pero  a falta de que haya o no emprendido esa acción transgresora,  sabemos que el poeta salvadoreño se ha cuidado previamente de consignar en los poemas reunidos con el título de LOS FUSIBLE FOSFORESCENTES,  sus “palabras gemelas de las sombras”, “la luz animal de su locura” su “interpretación delirante y poética de la realidad”, haciendo caso omiso de los dictámenes que nos imponen la lógica y la razón,  para conducirnos seguidamente al reino de la libertad absoluta que, a no dudarlo, constituye la fuente perenne del arte y la poesía de todos los tiempos.

Ese lenguaje de factura incendiaria y soberbia, lo emparenta con predecesores de la talla de Roque Dalton, Alfonso Quijadurías o Carlos Martínez Rivas, sin perder por otro lado un ápice de su originalidad de poeta urbano y citadino, impronta que caracteriza a muchos de los poetas rebeldes centroamericanos actuales.

Es cierto que el curso muchas veces tortuoso de la misma vida citadina con sus altas y bajas, vientos encontrados o caminos enrevesados, se encarga a menudo de desmentir a los poetas contestatarios, que por lo regular terminan convertidos en académicos adiposos, en burócratas subordinados a los intereses de la clase política de sus  respectivos países de origen… en quienes desde luego, al final, sólo sobrevive la retórica vacía de la marginalidad y el malditísmo poético.

Pero por el momento es suficiente corroborar que Alfonso Fajardo se sitúa en esa línea negra” ya antes señalada por Henri Michaux cuando nos dice que “quien oculta su loco muere sin voz”,  línea de quienes oponen su locura personal, intensamente pasional y amorosa, a la locura colectiva de los adoradores del becerro de oro moderno, centrada en el intercambio comercial “helado y egoísta”.  Es por eso mismo que la poesía de Fajardo nos llama a vivir plenamente, aún en el dolor y la desesperación infernales: “hay una puerta al infierno y sólo yo tengo su llave” –nos dice en su poema Fuente Luminosa.  Y más adelante: “los locos caminan  de regreso al infierno”   (Ensayo sobre la Locura)

Cabe en resumen, señalar  su cercanía evidente  al poeta francés de “Una temporada en el Infierno”,  proximidad que no deja de aflorar en los más radicales e intransigentes poetas del pasado y presente siglo que, como él,  buscan “cambiar la vida, transformar el mundo”… sin importar que dicha empresa prometeica o luciferina termine en un completo fracaso cotidiano:

“No renunciaré
no renunciaré al salto al vacío al lápiz bruñido al fuego de la mente esquizofrénica
a la energía que transforma a la palabra nueva al fusible fosforescente del poema
al animal posible de la imagen”   (El Animal Posible)






FUENTE LUMINOSA


Hay un surtidor de epifanías que solo yo conozco
           y en esa quintaesencia
mis ojos beben la dulzura ardiente de sus minerales

Yo soy el árbol: ya lo dijo el poeta
cuando hacia trabajos que al mismo diablo daría lástima
Yo soy el árbol repito y en mi pecho descansan
dibujos a cuchilladas de corazones que no valen la pena
atravesados por azules vientres donde ya no corre sangre

Y aquí frente a la nocturna fuente luminosa
me digo: sos el mas grande de todos los magos
el mas indestructible de todos los mortales y
- como el cordero rabioso que reclama su porción de carne-
el mas feliz de todos los idiotas

Hay una puerta al infierno y sólo yo tengo su llave
Permítanme rugir la brumosa lengua del desarreglo
          comer los sesos de la palabra
y embarrarme los ojos con la luz animal de la locura

Yo soy el sacerdote
a mis pies se arrodílla
un zoológico de mascaras grotescas
un museo de lagartos osos hormigueros y payasos de cenizas
Soy el sacerdote
vivo del orgasmo y la sangre y el cuerpo que crucifico
no es mas que una flor venenosa
donde cabe la insanidad de mi sed
el demonio azul enclaustrado en mi pecho
y toda el agua gris de vida que su boca y sus poros recibieron
como el enfermero que lava las heridas en medio de la guerra de las calles
Hay una noche y en ella siembro mis aquelarres

Yo soy la fuerza la contradicción la energía
en mi convergen las hijas pervertidas de la esquizofrenia
las hijas de la paranoia las hijas del teatrero
de las imágenes y semejanzas tatuadas de lepra

Yo soy la energía y mi palabra nace del exceso
y del exceso brotan como pirañas los sueños
los engendros del dolor los ojos de la anarquía
los ríos los incendios los fusibles fosforescentes del poema




EL ANIMAL POSIBLE

                                                                         A César Moro

No renuncio a las quimeras humeantes que se desatan en el suburbio de la mente


Hogueras de mares de sangre de milenios entre venas vacías pueblan
el frió acostumbrado a sembrar cipreses en los laberintos donde defecan
setenta y siete presidentes de la república del mal que amanece
bajo la lluvia del napalm en la edad de las placentas como horcas

Anémonas de mar pasean sus perfumes por las macilentas calles del parnaso
sus tronos de niebla son lenguas de azúcar
y sus trajes cartilaginosos guardan gases como adjetivos cuando el infierno
es este reloj nuevo que cuelga del bahareque donde se acumulan los estómagos

No renuncio a los fútiles inventos que patento en esta página
Niños exploradores se sumergen en el bestiario del bosque
         hablan dos idiomas
una el español y otro torre de babel habitada por moscas
         sus crímenes ecológicos
nunca serán perdonados por el polvo de los estantes


Mi mirada de largo infrarrojo adentro del fuego de tu falda
          lúdica niña
mi mirada infrarroja de lagarto en la mirada de necrofilia de tus ojos
          muerta de tiempo
mi mirada de animal de piedra de ángel de venas de sombras de árboles fosforescentes
          mi mirada de ventana astillada
de animal llameante tras el monitor y el multimedia de la música negra que cae
          en la mirada de esta palabra que me mira


 No renunciare
no renunciare al salto al vació al lápiz bruñido al fuego de la mente esquizofrénica
a la energía que transforma a la palabra nueva al fusible fosforescente del poema
al animal posible de la imagen


(Los fusibles fosforescentes)

Raúl Henao ( Cali 1944) Poeta y ensayista.  Ha vivido en Venezuela, México y los EE.UU y representado a Colombia en numerosos Congresos y Festivales Internacionales. Ha publicado: Combate del Carnaval y la Cuaresma ( Medellín, Colombia, 1973); La Parte del León  (Venezuela, 1978);  El Bebedor Nocturno  ( Cúcuta, Colombia, 1978);  El Dado Virgen  (Venezuela, 1980); Sol Negro  (Medellín, Colombia, 1985);  El Partido del Diablo / Poesía y Crítica  (Medellín, Colombia, 1989);  El Virrey de los Espejos ( Medellín, Colombia, 1996); La Vida a la Carta / Life a la Carte  ( Medellín, Colombia,  1998). La Belleza del Diablo (Madrid, España, 1999) Sol Negro (Bogotá, Colombia, 2006.) La Doble estrella: El Surrealismo en Iberoamérica / Notas y Entrevistas Poéticas (Medellín, Colombia, 2008).