domingo, 23 de febrero de 2014

Fernando Denis: LA CIUDAD DE LAS AGUAS.










Esta ciudad no tiene límites, su caos permanece, vibra al son de las olas, refulge como un oro al atardecer y al llegar la noche es un fantasma arquitectónico bajo la luna de alabastro.
El viajero se detiene en sus orillas, atisba sus faros, sus puentes elevados, la aguda simetría de las aguas batiéndose contra el infinito, el viajero anota en su cuaderno otro nuevo paisaje, otra música que rebota en los aceros y en los cristales, mientras los astros arriba echan sus barajas y se llenan de presagios,  e inmediatamente piensa en Zbigniew Herbert, en sus versos calcados en un jardín de Polonia:
“ la ciudad se levanta sobre el agua
lisa como el recuerdo de un espejo
Se refleja en el agua desde el fondo
y vuela hacia una estrella sublime
donde el olor a incendio queda tan lejos
como un pliego de la Ilíada”.


     Hay quienes han intentado trazar el mapa de esta ciudad hecha para barcos y nadadores, una ciudad hecha de fragmentos de muchas ciudades  y que se ha ido perdiendo en los colores, en unos óleos que sufren la embestida de las tormentas, los huracanes, los tsunamis. 
      Es una ciudad para ser narrada por Conrad, por Stevenson, por Melville, perdida ya entre sus azules inenarrables,  asediada por el mito, por el llamado de las sirenas, asediada por aves y por astros, por la voz del relámpago que llega vertical sobre sus rascacielos y sus relieves, y paso a paso, verso a verso, sus líneas se apagan en un horizonte brumoso, impredecible, impresionista, urdidor de tantos recuerdos viajeros. Ahí se detienen las sílabas, en esa pincelada del cuadro amanece.
       La pintura de Oskar Larrañaga es un viaje hacia el caos del color, hacia la inmersión del pensamiento, y futuriza ese caos a través de una sutil denuncia ambiental.
Estos azules diabólicos, enredados en una terrible soberbia, envuelven la conciencia, la agudizan, moldean el destino humano. A cada instante, en cada pincelada, en cada gesto del milagro del color, del trazo rotundo que da  suerte a esta inmensa catástrofe atmosférica que pretende corregir de algún modo la belleza del mundo, sobre el mar inmenso se ven los pavorosos reflejos, la turbadora soledad y el insistente arremeter del viento que acerca a las torres con noticias del poniente de oro.
      Anochece, y en el tiempo hay una niebla quemada  donde abre sus ojos el empinado cuerpo de un fantasma de piedra, una mole de incesantes parpadeos en sus ventanas. Alguien se asoma. ¿Es Ulises? ¿Maqroll el Gaviero?  ¿Es acaso el capitán Ahab? 
      Hay una experiencia de torrentes y de arrecifes, y una disciplina arquitectónica moldeada por el brillo y el espeluznante color que baja del cielo.  El nadador no concibe tanta inmensidad sobre la tierra, esta inenarrable agua que inunda el taller de Larrañaga y nos entrega una poderosa imagen, una visión desbordante, platónica, donde los colores son fantasmas  y el trazo un mapa de la incertidumbre donde cae sigiloso el horizonte, donde cada gesto del paisaje espera su minuto de sombra, su porción de noche, y estos retazos de poesía se ahogan en un mar enfermo, un mar torturado por la belleza, cada frase del tiempo que lo nombra se detiene en sus ventanales como una ave de mal agüero, como una síntesis del presagio del fin del mundo. 
       Me detengo después de un  largo viejo en esta margen del sueño, y sé que más allá del coro de estas aguas, la conciencia del pintor  se recoge en la memoria y se diluye en el lienzo, en sus cadenciosos ritmos, a su trepidante emoción que es la emoción histórica y su derrota ente el azul abismo.         Gira el norte, un albatros crea una línea en la pupila y se pierde en un verso de Derek Walcott. 
Pienso en el libro de agua, en la mujer de agua, en el concepto mágico de esta alucinante forma de vida. Camino a la hora del crepúsculo por los líquidos corredores en un espejo que a ratos presientes la presencia de los Humeantes, esos apestosos forajidos que pueblan el mar de la película de Kevin Kostner, Mundo acuático.
       Esta alegoría pictórica le confiere  Oscar Larrañaga una idea distinta de acercarse a mundo y cortejarlo, de bajar al mundo con una lámpara encendida para iluminarlo de otro modo, incluso estas llamas que podrían arder al borde de su lienzo debido al recalentamiento global,  eternizarían su obra en un afán regresar al origen, de volver a las cenizas del alba.


        Y es probable que detrás de la muralla, en algunos de sus callejones de arenas amarillas, te encuentres con estos versos clavados en un portón de hierro viejo:


I
he visto al centinela de las aguas que va y viene
dibujando centauros en las murallas
y en los patios, en los portones,
en los campanarios donde duermen los silencios
de bronce;
en la venecia de sus ojos habita la verde madrugada
con sus cirios envenenados de la edad y el asombro,
las ocres tormentas que agitan sus mapas
y sus barcos de papel,
la embriaguez de la primera palabra de la aurora
en los callejones empedrados del poema
cuando se han apagado los faroles

II
el centinela de las aguas deambula con los brazos
llenos de libros que pone a leer a las fuentes,
a los ríos, a las cascadas,
y  recoge en el barro de la ciénaga los diamantes,
los zafiros, las monedas de oro
para dar de comer a los centauros
y a sus lebreles de piedra; 
trae de la Sierra Nevada cántaros llenos de trinos
y colmenas de miel  para endulzar las gargantas  de las sirenas




OSKAR LARRAÑAGA  



Nació en Bogotá. Es arquitecto, pintor y promotor cultural. Desde el año 1999, es Director de Exposiciones y Eventos Culturales de la Casa Cultural Arte Klan Destino. Actualmente, es Presidente de la Fundación Bogotá Arte Conexión – BAC- En BAC, ha sido director y fundador de los proyectos “Los 100 de Noviembre en la Plaza, 2006” “Los 100 en Simultanea, 2007”, “Con Arte y Con Parte, 2008-2009”, “Buscando Talentos, el arte en los colegios, 2010”, “Buscando Talentos, juntos y revuelos el arte en los colegios, 2011”. Con los cuales ha promovido el acercamiento del arte a mas de un millón de personas de las comunidades educativas del Distrito Capital, en al menos 300 colegios distritales y en otros espacios no concebidos para el arte como centros comerciales, plazas publicas y bibliotecas publicas, entre las que se encuentran: Virgilio Barco, El Tintal Manuel Zapara Olivella, Parque El Tunal, Julio Mario Santo Domingo.










sábado, 15 de febrero de 2014

Juan Diego Tamayo:Poemas de Rocío de Mayo.


Juan Diego Tamayo


























Construyo una casa para mis sueños
Las banderas blancas del amor ondean
En la colina del  alba las veo
Y veo una ciudad que sangra
Su miedo profundo y terrible
Me hablas con vocablos de luz
Con sílabas de agua
Con palabras de semillas
Nado en tus ojos de libertad
Las estrellas bordan la pureza del silencio

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Hablaré de ti
diré tu nombre
me sabes a estrellas
sólo se esperarte entre arcoiris
esta música es tu aurora
te veo colgando de mis labios
cada ola respira tu silencio
y todas las flores brotan de tus poros
mi grito despierta las piedras
sigo mudo al légamo de tu vino
tu sombra de violín me adormece
digo tu nombre como los huesos idos
algo se calcina en mis labios
el sabor del día es el de tus ausencia
vuelo en pétalos de jeroglíficos
duermes como una nube profética

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Toda palabra es tuya
Todo lo habitas
Flores, bosques, océanos
Todo fulgor es tu sueño
Todo el rocío son tus manos
Todas las ofrendas fluyen
Por tus ríos de miel
¡Beben tus ojos jardines de alegría!
Todo cuanto hablas puebla el mundo
Toda palabra: semilla que cultivas
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Los huesos son también semillas
Brotan y florecen de ellos un jardín de recuerdos
Pétalos que son palabras gastadas
Raíces hundiéndose en el día y la noche
Ramas por las que nos vamos

En los huesos canta y anida la tierra y el viento
En los huesos la ceniza del destino
nuevamente mezclada
Y todos los cuerpos que florecen
Unida está la vida a los huesos
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::.
El cielo ya no es de ceniza
Sigo el canto de tus vigilias
Y sigo tus gritos de líquenes y helechos
Ya no hay más mundo que nuestros cuerpos
Grande es el verano como el silencio
Beso el alba de tus labios
Y saboreo la miel
No hay oscuridad en tus catedrales
Llama es la sangre
Y llama es la flor sembrada en la tormenta

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El mundo está afuera
En el canto del pájaro
En el lago y sus alas de niebla
Sobre las hojas del níspero
El rocío suaviza otra tarde
Afuera el mundo canta
Con sus leños de fuego
Con sus sombras de ramas
Con sus relieves en el lago
De nuevo
¡estos ojos vuelven a nacer!
Y te pierdes en la primera mirada
En el primer aleteo
En la primera línea
Que dibuja el gorrión en el lago

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Como tu recuerdo
Del copo de los árboles se desprende la niebla
Y se va sutil por los ramajes
Que se confunden con el cielo
Asciendes la espiral de la palabra y la unidad
Como tu recuerdo brilla el follaje
Y una hoja cae
Junto a la sombra del mirlo solitario

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Olvidadas palabras
Hablan el silencio del sueño
Vuelven en cifras luminosas
Abandonadas por la tristeza del eclipse
Palabras que buscas para encontrarte
Olvidadas en el silencio de la noche
En la luz que canta el día
En el liquen de las aguas
Junto a la sed del grito
Olvidadas palabras surcan el rio
Y en su sombra profunda
De nuevo se pierden
De nuevo se pierden

::::::::::::::::::::::
Tus palabras saben a néctar
Tus palabras atan mis huesos
Tus palabras empujan al abismo
Tus palabras
Lágrimas del sol
Venas de la tierra, aves del insomnio
Tus palabras son serpientes
Herida piel de pureza ondulante
Tus palabras
Una luz enferma
Sin tregua entre la noche y el día
Fría sílaba del amanecer
Tus palabras donde te inclinas
En las turbias fuentes del recuerdo
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Estrella de tu claridad
Tu destino
Relámpago de tu visión
Tu furia
Mar de tu oleaje
Serenidad
Sobre las piedras de tu destino
Vuelves a construir
Las alas de la alegría
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Era una estrella tu ojo de pureza
Tú hablas para silenciar el fuego
Para que la sangre llegue a su luz
Tú miras la rosa húmeda y lejana
Era un oleaje de humos secreto
Tú acaricias para descifrar el rocío
Para que la noche llegue a su día
Era una sílaba sin diamante
Tú hablabas del agua profunda
Para que tu palabra limpiara los ojos
Lejanos y austeros

Juan Diego Tamayo Ochoa ( Medellín, Colombia,1968) Poeta y docente. Licenciado en Lingüística y Literatura (U. P. B). Magíster en Filología Hispánica. (Instituto de la Lengua Española de Madrid)Ha publicado el libro de poemas: “Los Elementos Perdidos” (Poemas 1986- 1998). Cofundador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha sido invitado a diferentes Festivales Internacionales de Poesía. Ha realizado diversos talleres de Poesía y apreciación Poética. Poemas suyos han aparecido en las revistas especializadas de poesía: Prometeo, Misterio Eleusino, Imago, Punto Seguido. Tiene inéditos los libros de poesía: Palabra Espejo. Trazas del Bosque. A una Ciudad.


Fernando Denis: Farid Méndez Lozano; LA VOZ QUE MURMURA DESDE LOS ACANTILADOS.









La voz de Farid Méndez está hecha de piedra, de mármol, de granito, en sus carcajadas bajan los arenales  ensimismados que forman el laberinto, la sed del que murmura, de aquel que  llama a la vendedora de sombras, la misma  que corrige su soledad los patios de la Alhambra.
         Amanece, y un viento de las colinas dibuja símbolos en las pupilas. Oímos la voz: “No hay ruido en la caída, sólo la caricia del viento”.  Es el retrato hablado de un sueño. Farid enmarca esos rostros para llamarlos después desde la otra orilla. Su poesía es la búsqueda incesante de su propio yo en cada cosa que toca, en cada gesto del mundo,  en la soledad del viaje y su regreso, en el imaginario trasegar de una palabra donde se esconden muchos secretos, la sonoridad de su vida entera y el cansancio  perentorio de llevarla a cuesta como un peregrino  anónimo, y más allá de su infatigable lucha por sobrevivir a sus obsesiones, Farid Méndez su torre de marfil en Piedecuesta, sus murmullos llegan a todas partes, las pareces del tiempo le devuelven su eco, cada palabra que ha guardado el cielo y que no llega hasta el papel en blanco.
         Este libro es una búsqueda a través de diversas intuiciones del poeta, donde sin ambages se permite dilucidar sobre su experiencia personal a través de emociones e impresiones diversas sobre distintos paisajes, soberano de su propia época y testigo de sí mismo, y así  va recorriendo los linderos de una intrincada y visceral melodía que lo empuja a conquistar cada porción de infinito que el universo le regala, cada promesa,  cada pedazo de tierra santa donde dejar su huella como sentencia clara de un día estuvo ahí. Farid Méndez se reconoce en menos en su vida personal que en trabajo poético, pues es ahí donde realmente trabaja como arquitecto del lenguaje, trazando los planos de una estructura para alcanzar a los dioses, para no  limitar sus deseos y esa sed ingrávida de poseer la sílaba salvadora, el tesoro que brille más allá de sus palabras y su anécdotas como hombre y como guerrero. La voz que bordea la piedra cae desde lo alto:
       
           “¿Puedes ver que ese desierto se cae de tus manos
             como la arena de un reloj quebrado
           que cae sobre el viaje del tiempo…?”
        
 Antes que el verso aniquile su soledad, ya lo espera en un recodo de sus paraísos artificiales esa primera imagen que añora, su verdadera esencia dentro del paisaje que lo habita, sus ríos interiores y sus valles, y mucho antes de que caiga la lluvia, la lectora transparente, o que aterrice el relámpago, el mensajero, con noticias de otros mundos, con metáforas nuevas.

Fernando Denis


Farid Méndez Lozano: 5 Poemas.

LA NOCHE CUANDO MURIÓ ESTEBANA CARRASCAL

A Nancy Lozano Carrascal.

Huye de la choza donde ella expira
y déjale su agonía a los viejos.
Eres  todavía una niña…respira,
corre y que tu carrera asombre a los conejos.
Escapa de la tragedia
y para despistar el dolor,
hunde tu mirada en el Caribe; todavía la muerte asedia,
corre por la playa, corta la flor
nocturna que nace en la boca del volcán
y permite a tus recuerdos aliarse con la brisa.
Allá, en el falso zaguán
se extiende el cuerpo yerto de tu madre, no hay prisa
por regresar a la choza,
ya no tiene sentido,
ella hace parte del vacío rotundo de la muerte, solloza
y mejor piensa que no se ha ido,
que camina contigo
por esta playa, por esta noche fría
y larga. El recuerdo de su abrazo te traerá
                                                                  [el abrigo
en los inviernos venideros. La medallita de la
                                                                  [Virgen María
que te regaló en Navidad será tu escudo,
el golpe de las olas con la arena será su voz…
Mira la mano de tu madre diciéndote adiós -el nudo
que las une no se desatará jamás-. Su veloz
silueta de mujer se aleja
por las colinas nocturnas de la sabana…
En sus ojos se refleja
la angustia de dejarte sola… dile que estarás bien,
             [que con la mañana
llegará la luz .

LA  NOCHE ESTRELLADA  EN PIEDECUESTA

¿Puede ser esta noche luminosa
la señal de una astuta eternidad
que empieza a caer sobre la tediosa
silueta del pueblo?  La austeridad
de las estrellas entre la marchita
jerarquía del templo divide el cielo
para que la media luna  permita
la llegada del silencio. Aquel velo
invisible de blancos y amarillos
ha caído en las lomas del macizo
y no puede herirlas con su cobrizo
secreto, ni ocultarlas en su brillo
fugaz. El árbol crece hasta tocar
las estrellas que no cesan de girar.


LLUVIA

No sé qué trata de decirme la lluvia,
sólo sé que su golpe llena de paz
mi alma; humilde, la música fugaz
de su sinfonía, mientras todo se nubla,
me devuelve a la vida, al sueño desdeñado
del niño que fui. A lo lejos se desprende
la tormenta... el patio juega con los duendes
y las fábulas retornan temblando
a la piel de las hojas. Veo las gotas,
sus quebradizos cristales reflejando
el espíritu del monte. Sé que azotas
el verano... sé que acaricias el cultivo,
 sé que me has recordado que aún estoy vivo.


OBRA NEGRA

Tus caballos se cansaron de correr
por esas  tierras enloquecidas de soberbia y vastedad.
Tierra de águilas, de fantasmas, de soledad
y de ausencia… muchacha: la nostalgia te está dando de beber
su dulce veneno…
¿Puedes ver que ese desierto se cae de tus manos
como la arena de un reloj quebrado
que cae sobre el viaje del tiempo…  de tu tiempo alterado,
y  vulnerable,  sobre los lejanos
techos de tu hogar,
sobre el rostro de tu madre envejecido y mudo?
Cierra los ojos, el viento te dirá el camino,
la promesa no se ha roto, lo que el olvido no pudo
tragarse está puesto sobre la mesa;  relájate, la muerte no vino
a nuestro bazar…
paso de largo sin darse cuenta de que aquí la vida sobra
y se escurre por  los brazos  de los distraídos.
Cuando llegues, si quieres buscar mi casa… es la que está en obra
negra (no te estaba esperando) , casi no hay nada construido…
mi cama es de heno,
mis techos de cartón y mi paredes de tela;
pero creo que pueden protegernos
de toda vorágine, de vetustos y siniestros gobiernos.
Pasa, siéntate en la terraza imaginaria, descansa… siente como tu recuerdo
[vuela.


PARQUE DE LAS HERMANAS

A la gallada del parque y a los colibríes que no volvieron.

Caminábamos por un sitio que ya no era nuestro,
tal vez nunca lo fue, quizás solo era un bello préstamo,
un truco leve y siniestro
de nuestros parientes nómadas… Caminábamos  por cortos tramos
temiendo caer en alguna trampa, o ser arrollados
por algún evento furtivo.
Cuando se iba la tarde,  nos vimos raptados
por la fuerza de un compulsivo
delirio: Ahí estaba  el parque, el Parque de las Hermanas,
el teatro de nuestra divina infancia
carcomido por la desidia de los invasores.  La plana geografía
de ese mundo de colibríes y ceibas y fragancias
suaves de inocencia y lluvia moría con nosotros
como un apéndice de nuestra efímera vida.
Miramos hacia adentro, hacia el bosque donde pastaron  los potros
imaginarios del juego, donde se dispersaba la huida
de los venados, donde asechaba el cazador y se escondía
de mi la muñeca morena de profundos silencios que eras tú…
y vimos una legión de fantasmas que volvía
de esa guerra eterna que se tragó a Mambrú
y vimos cerrada la ventana de la furia de Gárgamel
y el árbol que todavía  lloraba lagrimas rosadas
de tanto extrañar a los pericos, y la nube de rímel
que venía a ennegrecer  las flores desmayadas.


Farid Méndez Lozano (Barranquilla, Colombia, 1977). Poeta y narrador. Arquitecto de profesión, ha vivido la mayor parte de su vida en Piedecusta y por algunas temporadas en Montreal, Canadá, Miami, EEUU  y Barranquilla, Colombia. Inédito. 


















viernes, 7 de febrero de 2014

Sam Hamill cruza la General Paz.




Sam Hamill (Estados Unidos, 1943) Poeta, ensayista y traductor del griego, latín, estonio, japonés y chino. Es autor de más de quince libros de poesía, ensayos y de unos cuarenta volúmenes en traducción.
Ha enseñado en prisiones durante catorce años, en programas de artistas en residencia por veinte y trabajado ampliamente en favor de las mujeres y los niños desprotegidos. En enero del 2003 fundó Poets Against the War (Poetas contra la Guerra). Su obra ha sido traducida a más de una docena de lenguas.

Sam Hamill es un hombre de fuertes  pasos, de sonrisa fácil e inglés sonoramente firme. Su pronunciación alberga una pasión casi impulsiva. Se trata de un poeta norteamericano que no cree en las políticas de su país. Se trata de un poeta cuestionador,  que canta sus experiencias desde la dureza de la realidad y desde un espíritu afectivo que tiene raíz en su condición de budista. Se trata de un poeta  profundamente humano tocado  por la orfandad, por el dromómano  afán de ser universal,  mundano y enemigo del odio y la muerte, ocasionados por la guerra.
Sam Hamill se aproxima desde el reflejo de sus anteojos, con los párpados casi cerrados para evitar el relámpago del trópico o la luz criminal de una bomba en el corazón de una ciudad indefensa.  Y digo del trópico por mi experiencia con él en Valencia durante el X Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo (2012) en el que coincidimos y nos conocimos brevemente. Y digo de las bombas por su rechazo absoluto a las guerras, escrito en sus poemas y en la piel de sus palabras, por sus críticas rotundas contra la administración Bush y contra todo lo que huela a pólvora y metralla. De modo que es un poeta militante, un poeta vigoroso, un hombre entregado a la vida, a las letras, a la disidencia, al mundo. Después de oírlo y mirarlo, queda el sonido, el estruendo de su pronunciación, el verbo encendido de sus versos, algunos reunidos en el libro Ojos abiertos y otros poemas, publicado por la Colección El Cuervo del Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo, en 2006, con traducción del también poeta, el argentino Esteban Moore.
2.-
El primer poema de este libro -suerte de anzuelo-  pesca a quien lo lee. El lector es un pez invisible. “Las redes” anima la imagen de un pescador que recoge y desenreda las cabuyas de una atarraya. La metáfora aproxima nuestra lectura al deseo, al espejismo del agua y a la sangre que brota de los dedos del hombre de mar. Es un poema donde el tiempo y la distancia elaboran la presencia de un ser humano frente al universo, frente al océano. Las pesadas redes del deseo…, instancia que encierra el pensamiento y también los sonidos que contiene el mundo. Un hombre solo desenreda las horas de su silencio.
Una página más adelante nos aborda con “Viejos huesos”, un texto dividido en tres partes en los que Hamill recuerda a algunos poetas cercanos a él: Snyder, Pound y Lu Chi aparecen mientras el poeta que habla modela el mango de un hacha. Luego, Hui Neng protagoniza el segundo texto desde el polvo de sus huesos. El tercero recuerda a Basho y la fábula del agua y la rana. Es decir, Hamill resume la paz del mundo en pocas líneas: tiempo y memoria, espacio y sonidos retraídos hacen posible este hermoso instante verbal.  
3.-
“Un dragón en las nubes”, “El don de lenguas”, “El ganado de Dresden”,  “Dos pinos”, “Montañas y ríos sin fin”, “Lo que sabe el agua”, “Perdido en la traducción”, “La flor de la orquídea”, “Discurso inaugural ante la asamblea legislativa, 2003” y “El poema de Nueva York” abren la puerta de acceso al extenso texto “Un canto pisano”, donde Hamill se pasea por diferentes instancias de su vida, su ideología, sus gustos por las culturas clásicas, la griega y la latina, y su paso por la china y japonesa, sus viajes bajo la luz de los Cantos Pisanos de Ezra Pound. Pisa es la escenografía por donde ocurren las palabras del autor. Un poema de largo aliento que le hace decir: Yo no soy Odiseo, sólo un monje en una orden de poetas, /un viajero hacia la Toscana, un turista en Venecia…. Nombra y dice de los poetas maltratados Akhmatova, Hikmet, Tu Fu, presos y exiliados. Un canto dolido que también tiene en el tao, un camino a seguir. / Mis colegas poetas lo sostienen, / he apuntalado mis muros/ he invitado a mis barricadas/ a aquellos que abrazan la tradición.
En otro lugar del poema asiste y canta: Kannon, Kannon, / perdonar es una cosa, / olvidar otra. Se pasea por los campos de concentración, por los bombardeos contemporáneos, por el acento de Confucio…hasta llegar al poema, a la pulpa del poema como músculo y aire, como humano proceder: El templo de las palabras, / el poema es el amo./ El poema. Únicamente. / El poema”.// Es el sendero a la iluminación (…) allí donde todo es música, / todo es luz. Largo viaje por el cuerpo sonoro de este hombre que ha sabido sobrevivir.
“La flor de la orquídea” se queda flotando en la memoria. Un poema donde Sam Hamill ha dejado parte de su vida: una flor que pasa por la vida, una flor que muere. Este poema tiene que ver con el fallecimiento de su esposa. La lectura nos obliga a citar: En el instante en que me pregunto/ si la orquídea va a morir/ ella florece//…abriéndose en el apogeo del verano/ pequeña, perfecta en su plenitud// Incluso para un poeta/ de cabellos blancos y rostro curtido, / ella es en su pureza, erótica, //…Ella es erótica/ porque en el corazón del nacimiento/ la muerte afirma su existencia. Un poco más adelante, remata: quien a cada momento se vuelve más bella/ simplemente porque uno de nosotros ha de morir.  Un poema en el que Hamill aguanta la respiración un rato y mira alrededor del mundo que lo estrecha.
4.-
El poema que le da título al libro, “Ojos bien abiertos”, insiste en el mismo viaje, en el mismo tema: un canto desde una joven mujer para entrar en su historia japonesa en Okinawa, donde fue marine norteamericano. Y habla de su niñez, de su llanto nocturno, de Homero y los muertos, de El arte de la guerra de Sun Tzu. Todo dicho “con tus ojos bien abiertos”. Y así, agudo en la denuncia, escribe “Sobre la muerte de James Oscco Anamaría”, en el que desnuda la aventura de un crimen cometido por la mano de un poder desconocido, aunque se presume de una sigla que siempre ha metido las suyas en ámbitos ajenos.
Cuando hallaron su cuerpo/ en el basural/ cerca del puente Pachachaca/ en Abancay, // nadie pudo decir/ quien fue el que/ le arrancó/ las uñas de los dedos,// quién le rompió las piernas/ quien le extirpó el ojo/ o quién finalmente lo degolló…. Es un poema desnudo, duro, amargo, pero también amoroso. Oscco Anamaria era un poeta joven quien sabía/ que la poesía es amor, / y en este mundo/ el amor es cosa peligrosa.
En “A partir de Borges”, el poeta Hamill descarga toda su batería crítica contra el poder, contra el abuso del pasado, contra quienes se creen  que son “la madre patria”. Y escribe: No, no hay héroes, excepto aquellos/ que despiertan para saludar al amanecer con las manos vacías/ y el corazón agobiado en un tiempo brutal. Más adelante: Ésta no podrá ser hallada en la grandilocuencia/ de los pomposos imbéciles del pueblo que aspiran a cargos públicos/ sólo porque desean el poder. Muy claro para advertir que estamos en un presente parecido.
Al final, “Paseando por la calle Florida”, Sam Hamill lee los árboles, la cara de la gente, los pasos que Neruda y García Lorca dieron por Buenos Aires, por la rúa donde Alfonsina se encontró/ con su antiguo amante. Calle-mercado de paquetes e ilusiones, de nombres, de Borges y sus Obras Completas, de Perón, de la Plaza de Mayo, de la bienvenida a todos aquellos que la visitan.
Este libro de Hamill, el poeta de la orfandad, el poeta viajero y traductor, nos encuentra con los “ojos bien abiertos” mientras otros poemas van y vienen en la imaginación de un hombre que sabe que el  mundo seguirá siendo redondo pese a las pestes que la habitan.  
Alberto Hernández
 

Raúl Henao: Nueva Edición.





martes, 28 de enero de 2014

Samuel Vásquez: RAQUEL, HISTORIA DE UN GRITO SILENCIOSO.






 


El día en que decido escribir sobre Raquel, la pieza de teatro de Samuel Vásquez, tropiezo con la huella de nuestra desgracia cotidiana. Llevo el libro en la mano. Es liviano. Casi un opúsculo frágil. Pero es tanto el peso del drama de Raquel que se siente uno como un atlas cuya carga es invisible. Desciendo en la estación Parque de Berrío. Voy a las librerías del sector tras libros o revistas que me ayuden a delinear mejor las palabras de este texto. Hay un diálogo en Raquel que recuerdo cuando atravieso el parque: "-¿No oyes nada? -No. -Algo está pasando. -Sí, algo pasa. -Hay que actuar. -Sí. Hay que hacer algo." Entonces los veo. Construyen una especie de cerco que cualquier brazo fuerte desintegraría sin mayor problema. Me detengo para saber este silencioso mitin por qué protesta. Son todos ellos, o ellas más bien, personas mayores, ancianas para mejor decirlo. Sostienen fotografías de secuestrados y desaparecidos. Son sus esposos, sus hijas, sus hermanos, sus nietas, sus primos, sus amigas. ¿Dónde están?, pregunta esa escueta muchedumbre de muchos años. Devuélvanoslos, los queremos en casa, con nosotros, siguen diciendo. Y no gritan. No tienen altoparlantes. Y son demasiado viejos como para que sus voces se escuchen más allá del atrio donde están. Es una manifestación lábil. Pero la impresión es falsa. Hay algo en las miradas, en sus dolientes frases de murmullo que podría resistir la más fuerte represión, los alegatos más ruidosos o la indiferencia y el silencio más desalentador. Están ahí, al frente de la iglesia de La candelaria. Acaso porque es el sitio más central de Medellín. O porque Dios podría escucharlos mejor que las instituciones democráticas. Protestan cada semana. Piden que la pesadilla de ellos y de Colombia cese. Que la esperanza por fin llegue y su luz defina el rostro de Raquel y de todos los secuestrados y desaparecidos.


Raquel, historia de un grito silencioso no supera las 50 páginas. Es el relato conmovedor, y no la espectacular noticia, de un secuestro. Pero Raquel no está hecho de un discurso narrativo aunque haya en él unos eventos a los cuales el espectador asiste. Y no podría decir tampoco, con la débil confianza que esta expresión genera, que es una obra de teatro. Raquel es, por encima del andamiaje de las escenas con sus diálogos y monólogos, un poema. Su esencia se enraíza en la escritura poética. Los desgarramientos y los hallazgos íntimos de Raquel están forjados con esa sustancia imprecisa y vasta con que se hacen los sueños donde amor y odio, opresión y libertad, muerte y nacimiento se abrazan.
"Es difícil cantar entre los muertos", dice Vásquez en una de las entrevistas que se le han hecho. Pero acaso es más difícil hacerlo entre miles de secuestrados y desaparecidos que, en realidad, son muertos en vida. Por esto Raquel obedece a la más genuina necesidad del artista que intenta crear en tiempos oscuros. Raquel, que es una obra cimentada en el silencio, habla en un país donde lo esencial de su historia y sus dramas permanece callado.
La voz de Raquel es silenciosa. Es un grito interno. Un reclamo hecho desde el encierro. La dimensión de su protesta conduce a ese grito que persiste cada día y sale de todos los calabozos que podríamos señalar y de aquellos otros que la conciencia atormentada del escritor sitúa en cualquier coordenada física y espiritual de Colombia. Es un grito que, por su misma condición, remite al grito de Munch. Ese grito emblema de una época que apenas presentía el horror de  guerras que nosotros ya hemos bebido hasta la desolación y la impotencia. Raquel padece la agresión física. Padece otro martirio tal vez más atroz, el de saberse sola y completamente cercenada de su medio afectivo. Raquel es víctima de un conflicto político que le parece absurdo por el modo en que se manipula y sigue culminando en la intolerancia y en el uso de más violencia. Pero Raquel no sabe si será asesinada. No sabe si su familia pagará el dinero exigido. No sabe si tras su secuestro hay un engaño vil. Sospecha que su muerte no hará parte de ninguna causa honorable. Y que sus justicieros son resentidos muchachos, equívocos y opacos. Y, sin embargo, Raquel es capaz de decir en los instantes de más dolor: "La fe es una vieja leprosa que insiste en besarme".

La fe de Raquel evidentemente no es la patria. Para todos los secuestrados civiles que hay en Colombia, la patria es un sin sentido. Un campamento en el desierto, así define la patria un texto tibetano. La patria es la infancia siguen diciendo los viejos poetas. Ella habita, para Vásquez, la lengua. En "Calcado del silencio", una lúcida reflexión sobre el papel de la poesía en tiempos de guerra, Vásquez considera el castellano como el único sitio donde los colombianos no nos sentimos extranjeros. Una soberanía maravillosa, la lengua, dentro de un Estado criminal y una concepción de la nación que arrastramos como jirones vergonzosos desde que ella existe. Raquel, encerrada, reconoce en la palabra su mejor escudo. Ella es ese hogar que se edifica al borde de los abismos. Con ella Raquel se despoja de todos sus miedos para cubrirse de pronto con el velo de sus sueños.
"¿Mi palabra recobrará su voz algún día?", escribe Raquel al inicio de su diario. Y su última frase es: "He perdido mi sombra". Una pregunta que surge como esperanza. Una confirmación que mide la oscuridad donde habitan los secuestrados y la vigilia de quienes aún los esperan. Pero Raquel así pierda su sombra, ésta se engrandece con su palabra representada. El grito de Raquel es un resplandor de penumbra. Una dolorosa luminiscencia útil para quienes viven en geografías de horror.

Un teatro poético. Raquel lo es desde su puesta en escena, que está concebida como una pieza musical, hasta el diario de su protagonista cuyos fragmentos se nos leen. Un teatro poético. La expresión se convierte en un fantasma si quisiéramos rastrearla en el horizonte del teatro colombiano. Se podría decir, si separamos Los hampones de Jorge Gaitán Durán, que no existe entre nosotros. El nuestro ha sido, en su corta historia, un teatro adormecido por el costumbrismo, estremecido pero imaginativamente paralizado por los credos políticos de izquierda, caóticamente fragmentado por lo experimental. Un teatro, en fin, que ha ignorado uno de los principios poéticos sobre los que trabaja Samuel Vásquez: hacer un teatro que muestre lo invisible y haga posible su percepción.
Hacer poesía a partir de un acto insensato. La propuesta, sin duda, no es nueva. Es tan antigua como Homero, quien hace de la absurda guerra canto memorioso. Pero el logro de Raquel, por supuesto, no reside sólo en este rasgo. Su pálpito poético se presenta de manera dual. Por un lado penetra en un mundo donde todo está inmerso en el presagio, en la intuición, en el sueño, en el  temor, en la evocación; y, por otro, acude a un montaje en el que el director debe responder a las difíciles exigencias poéticas que supone la obra.
Acaso la principal sea la representación del silencio. Éste y no otro es el eje que sostiene a Raquel. Es la razón de ser de su atmósfera. Siete de sus escenas exigen del silencio toda su desnudez. Desde el inicio la obra, como experiencia leída y experiencia representada, se incrusta en el espectador desde esa otra cualidad del lenguaje que aquí realza la protesta y la acusación. Susan Sontag dice que entre las varias aplicaciones del silencio en el arte, existe la de ayudar al lenguaje para que logre su máxima integridad. Las palabras, los ambientes, los dramas se ponderan más cuando se entrometen en ellos largos silencios. En Raquel se sigue esta circunstancia señalada por Sontag: "A medida que disminuye el prestigio del lenguaje, aumenta el del silencio." Pero Vásquez también nos remite a Mallarmé. Como el poeta francés, piensa que es necesario que la poesía desbloquee con palabras una realidad atestada de ellas mediante la creación de silencios en torno a las cosas y a los hombres.
Por tal razón representar esta obra es tan difícil como tocar uno de esos movimientos lentos de Mozart, Schumann, Satie o Pärt donde es menester, para expresar toda la carga emotiva contenida en pocas notas, la mayor técnica posible. Pienso, por ejemplo, en la escena en que Raquel y plagiario se recelan. Pienso en esas cosas triviales que Raquel hace en la soledad de su encierro. Pienso en los diálogos minimalistas de los plagiarios: palabras de una sencillez aparentemente inofensiva, pero dueñas de una perplejidad que profundiza el drama no sólo de la secuestrada sino de quienes secuestran.
El de Raquel es un silencio que, al existir en escena, se palpa y se vuelve lacerante huésped del espectador. Raquel no sólo está a nuestro lado -en el auditorio es tomada por los plagiarios-, sino que puede ser cualquiera de nosotros. Somos nosotros quienes podemos vivir esa agria posibilidad de no saber, durante días, nada del cielo, nada de ese tiempo donde hay sol y luna. Raquel además habita, y tal es su logro más exasperante, la realidad del espectador desde una particular circunstancia: sugerir que el director del montaje es quien idea el secuestro. Un director que, por el juego del teatro mismo, espejo espantoso y magnánimo, puede ser también cualquiera de los espectadores.
Y es aquí en donde reside otro de los atributos de la obra. Mediante la intervención de actores y el director en escena, Raquel cumple un doble objetivo. Representa un secuestro y, al mismo tiempo, plantea una reflexión desgarradora sobre qué es hacer teatro en un país asediado por la locura de los hombres.

¿A qué quiere conducir Vásquez con este sagaz e incómodo artificio? Sin duda a que la pieza de teatro transcurre en escena y en el auditorio. A esa convicción estética de que el espectador debe ser el activo centro ineludible. Sin duda a que los desgarramientos, por accidentales que sean, son siempre de nuestra incumbencia. Sin duda a que el drama de los desaparecidos y secuestrados en Colombia es responsabilidad finalmente de todos nosotros.
Raquel no es una obra que se actúa para el silencio y el olvido, como cree uno de los plagiarios. Raquel sucede, se hace tiempo visible en la escena, para dar testimonio de algo irreversible que nos marca marcando así la historia. No es difícil concluir en qué consiste ese algo. Pero es el espectador quién habrá de definirlo en medio del estupor silencioso.

Raquel propone un doble silencio. Ese que hace del infortunio del otro una íntima realidad compartida por el espectador. Y no del todo secretamente, pero tampoco de manera escandalosa. Y está ese silencio ejemplar que a veces es necesario mantener cuando se pretende escribir sobre una de las grandes heridas que tajan a Colombia. En este sentido obras como Raquel apuntan a otra estética, a otro modo de observar, de nombrar lo que se llama periodísticamente la realidad nacional.
La presencia de Raquel es de una importancia suprema en la literatura colombiana. Frente a la fascinación espectacular que la violencia ejerce sobre nuestros actuales escritores, ante esa narrativa trivial en que se mezclan sicaresca y novela negra, al lado de esos planos personajes -el sicario, la miliciana, el paramilitar, el guerrillero, el mafioso, los altos mandos del ejército y la policia, los políticos, etc- que representan los males del país, Raquel airea y señala un camino. Y no sólo porque aquí se reclama la voz de la víctima, aquella que, como dice Claudio Magris, encarna la verdad pereciendo y desapareciendo de la historia, sino porque en la obra se plantea una problemática -la del secuestro- de un modo más complejo y más sugerente, más hondo y doloroso.

Pablo Montoya Campuzano


Samuel Vásquez

Samuel Vásquez: Poeta, dramaturgo, ensayista, músico y artista plástico.

Fue curador de la Bienal de Arte de Medellín, y Comisario de la Bienal de Pintura de Montevideo. Invitado a inaugurar el Museo de Arte Moderno de Cartagena con teatro, y el Museo de Arte Moderno de Medellín con pintura. Exposiciones en Colombia y el exterior en los años 60s y 70s. Incluido en la exposición Cincuenta Años de Pintura y Escultura en Antioquia, Suramericana de Seguros, Museo de Arte Moderno. Fundador y director del Taller de Artes de Medellín que congrega Teatro, Música y Artes Plásticas. Autor de seis obras de teatro, tres de ellas han sido puestas en escena en Venezuela, España y Cuba. Ha dirigido 17 obras de teatro. En 1992 le fue conferido el Premio Nacional de Dramaturgia por su obra EL SOL NEGRO, y una Beca Nacional de Creación del Ministerio de Cultura por su obra EL PLAGIO. Le fue otorgada Mención en el Concurso Internacional de dramaturgia Ciudad de Bogotá, por su obra RAQUEL, HISTORIA DE UN GRITO SILENCIOSO, producida por el Festival Iberoamericano de Bogotá, y editada por la Universidad de Antioquia. En 2005 le fue concedido el Premio de Ensayo Ciudad de Medellín, por su obra EL ABRAZO DE LA MIRADA. En 2007 le otorgaron Beca de Creación Ciudad de Medellín por su libro de ensayo PARA NO LLEGAR A ÍTACA. En 2010 le fue concedida la Beca de Poesía Ciudad de Medellín por su libro DIARIO DE LA ERRANCIA. En 2007 Museo de Antioquia le otorgó una distinción especial “por su labor para el desarrollo del Arte Contemporáneo en la Ciudad”. En 2011 la Universidad de Antioquia le concede el Premio Nacional de Cultura por Reconocimiento. La Revista Arcadia distingue su Antología de Poetas Colombianos “20 DEL XX” como el mejor libro de Poesía publicado en el Colombia en el año 2013.  Es Cofundador de la revista de poesía Prometeo y diseñador y coeditor de la misma durante algunos años. Miembro del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía, durante cinco años. Colaborador de Magazín Dominical (Bogotá), revista del CELCIT (Buenos Aires). Poemas y ensayos suyos han aparecido en libros y revistas de Colombia y el exterior, y fueron incluidos en las antologías de Poesía GOLPE DE DADOS,  VENGO A GOLPEAR A TU PUERTA,   MUESTRA ANTOLÓGICA DEL CONGRESO DE POESÍA EN LENGUA ESPAÑOLA, LA CASA SIN SOSIEGO,  BOCA QUE BUSCA LA BOCA, y Magazín Dominical -MEMORIA IMPRESA. Poemas suyos han sido traducidos al rumano, portugués, francés e inglés. Otras obras suyas: LAS PALABRAS SON PUENTES      QUE NOS SEPARAN (poesía); GESTOS PARA HABITAR EL SILENCIO (poesía); TÉCNICA MIXTA (teatro); EL BAR DE LA CALLE LUNA (teatro); NEGRET O LA IMAQUINACIÓN (ensayo); TRAZAS EN EL VIENTO (ensayo), MOORE, CHILLIDA, PICASSO (ensayo), LAS TAPIAS DE TÀPIES (ensayo), EL OLVIDO NOS DEFIENDE DE LA BELLEZA (testimonio), ECHAR LAS CARTAS (correspondencia), ERRATAS DE FE (ensayo), ANTONIO SAMUDIO (con Juan Manuel Roca – ensayo).