martes, 18 de noviembre de 2014

Horacio Cavallo: Poemas



Horacio Cavallo


















Ritual

Buscar la claraboya –raro cielo–,
andar casi sin ropa, atardeciendo
por los muros crecidos de la casa,
entre juguetes rotos y alaridos
que sobrevuelan sobre toda infancia.
Andar, y andando así, entristecido
oír en los tablones de madera
el paso del abuelo hacia la nada,
la radio borroneada en la cocina.
Oír al heladero en las veredas
de todos los domingos que retengo.

El estirón, el rostro demacrado,
el miedo de crecer sin evitarlo, 
los carros vibrando en los adoquines.

No hay cómo rescatar esos veranos
con la ventana abierta y las revistas:
las muchachas perdidas en las ramas
de los árboles altos y frondosos,
y nosotros –soy yo, y los que me habitan–
perdidos en las nubes, en los charcos,
sonando una guitarra en solitario,
queriendo retener y sin remedio
la verdadera vida, que se pierde
irremediablemente con las horas.

Y llegan los disfraces, las costumbres
que deben repetir los hombrecitos,
el fingido ritual, la mansedumbre
que se empoza en la boca, amargamente.


Rezar

Vuelto de trabajar, anocheciendo,
miope don nadie entre la muchedumbre
apuro el  paso.
Busco tu desmemoria, tu pereza,
la curva de tu espalda acucharada
donde hincarme a rezar en buen lunfardo.


Claustro

Hay noches que quisiera
cerrar puertas, portones, ventanales,
oírme respirar,
creerme un poco.


Alberto

El padre de mi padre está sentado
en un sillón de mimbre, un mediodía,
inmerso entre la luz que da el pasado,
bajo una claraboya que llovía.

Mira la nada, bebe adormilado,
hojea el diario, tose en su manía
de descifrar las letras. Cualquier lado
donde olvidar los lentes le servía.

Abre un álbum y busca entre las fotos
a su madre muriendo calcinada
–un primus que revienta, ya no hay modo–

o al hijo, a las mujeres, nada, todo
lo que recuerda olvida, en la gastada
mesa del bar con sus compinches rotos.


María Isabel

La madre de mi padre balbucea
atada a la baranda de la cama.
Reclama sus zapatos, gruñe, llama
al dios que alguna vez la volvió atea.

Evoca Sangineto, la marea,
il papo, il fratello, la sua mamma.
Después todo se vuelve melodrama:
Jura que cada uno la apedrea

Una abeja se posa en un anillo.
Se casa, se descasa. Rencorosa
se mira en el reflejo de un cuchillo.

Sus perras enterradas y sus nietos,
el hijo, los apuntes, la borrosa
sombra que cae sobre sus ojos quietos


Espuma

Quiero traer un niño de diez años
debajo de esta ducha.
No mirará a su padre que lo enfrenta
mientras oye caer el chorro de agua.
Nadie más andará por los vestuarios.
Acaso alguna voz llegue de lejos
a confirmar que nadie está soñando.

Es sábado después del mediodía.

Siento que la felicidad va a parecerse
a la espuma en el pecho de mi padre.


Sigo siendo ese niño bajo el chorro de agua.
Los dedos arrugados en las puntas
y una pregunta clara que no suelto.

Durazno abierto

Estoy temblando, madre,
como me sacudía una tarde
con un durazno abierto
en medio de las manos.

Estoy temblando, madre,
parado sobre el charco,
con los ojos abiertos, madre, padre,
y una palabra oscura al borde de la lengua.

Madre que estoy temblando,
bajando la escalera con pasos de reloj.

Te estoy pidiendo agua, madre.
Agua.

Alto en la noche

Alto en la noche busco sus dos ojos
y hay un espejo y una cama prestada
en donde el movimiento del plexo,
de las manos, como si soñara
con perros que no encuentran acomodo,
o con una Meharí en la que viajaban
el viejo y Dorotea y sus silencios.
El plexo y sus dos manos, le decía,
encierran una forma de la dicha.
Hay otras entre medio:
La ventana y el carro entre las sombras,
el agua en la botella del ciervo y de la cruz,
la forma en que se hamaca mientras fuma,
o cuando vuelve rugosa la curva de su espalda
y dibuja con su boca una O como una invitación
a descender  al maelström.
Esas cosas que cuando todo tenga su límite preciso
-todo se va a algún lado con el tiempo-
flotarán en lo alto de la noche.


Horacio Cavallo: Narrador y poeta uruguayo nacido en Montevideo el 31 de diciembre de 1977.
Ha publicado El revés asombrado de la ocarina, poesía, Ediciones de la Crítica, 2006, (Premio Anual de Literatura MEC, Ministerio de Educación y Cultura 2006); Oso de trapo, novela, Trilce, 2008, Premio Municipal de narrativa 2007; Sonetos a dos (en coautoría con Francisco Tomsich), poesía, Trilce, 2010,Premio Fondos Concursables para la Cultura 2009 (MEC); Fabril, novela, Trilce, 2010, Premio Fondos Concursables para la Cultura 2009 (MEC); Piano solo, relato, Trópico Sur, 2011; Clementina y Godofredo (con ilustraciones de Daniela Beracochea), infantil, Topito Ediciones, 2012, Premio Fondos Concursables para la Cultura 2012 (MEC); Cenizas, relatos, La Propia Cartonera, 2012; El jorobado de las alas enormes (con ilustraciones de Pantana), infantil, Trilce, 2012, Descendencia, poesía, Ediciones del Estómago Agujereado, 2012, El silencio de los pájaros, Alter ediciones, 2013, relatos, y Figurichos, junto al Ilustrador Sebastián Santana, Ediciones de la Banda Oriental, 2014, Premio Bartolomé Hidalgo en Libro Álbum. Integra varias antologías tanto en poesía como en narrativa. 

Sonali Datta: Poemas

























LA LLUVIA

y por fin se vino .

Esperábamos con ojos secos,
con hojas arrugadas,
con la sed enorme,
con un montón de las  palabras tácitas,
con un gran ardor en el corazón,
con las nubes pálidas y cansadas en el cielo,
con noches insomnes y días sin sueños

 y por fin se vino.

Su bata gigante había cubierto el cielo…
bailando con sus flechas vidriosas.
Estaba sonriendo con destellos,
riendo con los truenos,
estirando su mano para abrazar el mundo.
La hierba consiguió el regalo del cielo
y prometió dar un campo más verde.
El río consiguió el regalo también ,
aseguró a luchar contra la sequía.
Nos empapamos y reunimos la fuerza
para aguantar la vida

y  se sonrió  y dijo—
vacié yo mismo para haceros fresco.
He derramado muchas gotas ;
¿ derramaréis  una o dos para mí ,
mis amigos?

 UNA TARDE

Alguien apagó todas las lámparas de la ciudad.
En la acera los zapatos tropezaron,
en el camino
todos los coches perdieron sus direcciones.
Los cuerpos altos, cortos, delgados, gordos
comenzaron a moverse como fantasmas
pero no podían ir adelante.
La luna fue detrás de la nube,
los perros de la calle comenzaron a gritar;
Era un lugar perfecto del terror.

De repente vino la luz;
¿ la lámpara? No.
Vino Ud.
Dos ojos brillantes,
algunas uñas afiladas…
¿Quién es usted?
 Yo no lo sé.
Los hombres y mujeres,
ahogados en la oscuridad densa,
vieron un espíritu ardiente …
adelanta por el camino
con pasos duros.


EN UNA CIUDAD SOLITARIA

El edificio ha tocado el cielo,
estoy parado aquí
tocando el edificio
pero nadie me toca.


HE

Escribe desde el otro extremo del mundo
Me envía el mensaje de la vida
Sonríe con los rayos del sol
Asegura con la gran confianza
Estira su mano con una rosa
Nunca dice—no
Viene sólo en sueño
pero lo encontré en mi corazón cada momento.
¿Quién es? ¿Sabes?


EL REGALO

Quería darle algo ;
fui a la tienda a comprar.
¿Qué debo comprar?
Yo estaba confundido.
¿Qué puede ser tan precioso como un regalo
 que más le convenga?
 Salí y regresó a la casa ;
 Abrí mi guardarropa-- ¿Hay algo?
 ¡No!
 Vacié mi bolso-- ¿Hay algo?
 ¡No!
 Ah -- ¿qué te daré ahora?
 Estaba cansado y deprimido;
 me senté en mi cama y empezó a llorar.
 Entonces alguien susurró en mi oído---Gracias.
 Este es el regalo, lo que quería.


Sonali Datta (Bengala, India, 1974) Poeta y docente en lengua inglesa y española. Ha traducido a diferentes autores al bengalí y al inglés.

Robert Edward Gurney: Escupiendo sangre




Robert Edward Gurney
























Escupí sangre     
en la noche     
y me encontré esperando   
una radiografía    
leyendo el poema de Carver   
sobre el perro de su hija   
que fue atropellado.    
       
Y luego escribió un poema   
contando cómo le escribió ese poema. 
       
Luego leí algo de su padre,   
cómo murió,
y pensé en mi padre,    
muerto      
y lloré.

Robert Edward Gurney vive en St Albans, Inglaterra. Libros: La poesía de Juan Larrea, Poemas a la Patagonia, Luton Poems, Nueve monedas para el barquero, El cuarto oscuro y otros poemas, La libélula y otros poemas / The Dragonfly and Other Poems (bilingüe), La casa de empeño y otros poemas / The Pawn Shop and Other Poems (bilingüe), A Night in Buganda: Tales from Post-Colonial Africa. Traducción: The River and Other Poems (El río y otros poemas, Andrés Bohoslavsky, Argentina). Sus tributos a Dylan Thomas, To Dylan (2014) y Dylan’s Gower, se publican con motivo del Centenario del poeta galés.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Washington Benavides: 2 Inéditos




Washington Benavides






 Manzanas….
           

Allí estaban rebosando la cesta
                                      amarilla
sobre la mesa del comedor
con su mantel roído de hule azul.
                        Estaban
como náyades esperando un dios
                        lascivo
que llegara echando fuego
por sus ijares divinos
y deslumbrado por la cesta
                                   de manzanas.
Que digo: por las náyades de carnes
                        infrecuentes.
Allí estaba la cesta amarilla y la selva
donde Nijinski aprendía
el mediodía del fauno y los loqueros
 preparaban sus lazos para internarlo.
Las manzanas rojas…
                         solamente en casa ajena
descubrí ese alimento expuesto en una cesta
y fuera del alcance de mis manos
                                   mugrosas
de jugar a las canicas y perderlas
con los camaradas del barrio.
Allí estaban
no las canicas perdidas. Aquella,
que movía satélites dentro de su esfera
                        de cristal.
Aquella otra azul y con un dragón
                        que vomitaba fuegos
                        del Walhalla.
Hablo de las manzanas –qué diablos!-
Pero la mente se me dispersa como ejércitos en derrota y por más que les reclamo que regresen, que la batalla no está perdida
                        -todavía-.
¿Quién me robó
                         se me llevó
las manzanas?
                                               Las que esperaban
al sátiro –no a Nijinski- como las bellas huríes del “Baño turco”
                                                             que pintó el viejo Ingres
o la tormentosa Santa Rosa de Lima
                        creada por Beardsley.
                        Las manzanas que estaban
en la cesta amarilla en aquel comedor
                        oscuro y fresco del verano.
Comedor que no era de mi casa,
                        y tampoco era como la Prima Águeda de López Velarde.
                        Me conformaría
                        -vean que situación deficitaria
                        les presenta su Servidor-:
con las manzanitas criollas, pequeñas
 y apenas con unas pálidas mejillas
                        sonrosadas,
de la quinta paterna.
                        Tan expuesto reclamo
que sólo aspiraría –y ese es el verbo exacto- de aquellas manzanas del Río Negro
que cubrían (tan pudorosamente)
con papel-manteca azul, en el mercado;
como las huríes de Ingres , como las levantiscas Lisistratas,
                                                           parte de su belleza.
Porque la insinuación de lo bello pesa más que la belleza abiertamente nuda.
            Reclamo las manzanas que me deben
                        desde la infancia hasta ahora
 en que la “perniciosa vejez” –según Homero-
exige el tercer pie. Si es posible de roble
repulido por los años y con mango de plata
tallado por los sufridos indios del Potosí.
            Reclamo las manzanas, las huríes,
                        las canicas, la pelirrojeña
                                   judía, la inmensidad
                        morena de la moza de Bage,
las castañas del fuego, las hespérides,
el cíngulo de los atardeceres y el poncho
                        constelado de la noche.


DE LA CARRINDANGA DEL S.XIX (20 kms por Hora) pasando por el Blue Bird de Sir Malcom Campbell
Hasta el automóvil -misil del 1997
traspasando la barrera del sonido,
                            Qué?

Sí, sabemos lo que le pasó a Ícaro.
Leonardo anduvo jugando con prototipos
de aviones ( y de paso alguna Cena. O alguna dama sonriente, pero también armas
mortales). Antonio Machado dijo
en un poema Las Moscas:
“perseguidas,
por amor de lo que vuela.”
El hombre sueña (y despierta) con lo lejano,
y el traslado rápido. El Cosmos
con Laika y Gagarin, la Luna hollada por las patas de astronautas.
El Futurismo de Filipo Tomasso Marinetti
(1876-1944), despertó de una patada en el trasero
la siesta de una civilización falsamente greco-latina, adhieren los pintores
Boccioni, Carrá, Russolo, Severino, Balla;
escritores se suman: Papini, Soffici,
las revistas con nombres alusivos: Hélices, Proa, Telégrafo, Teléfono del alma, Aeropoema del golfo de Nápoles.
Ni qué decir de los “aviones-poemas y bombardeos” cuando Marinetti apoya la guerra mussoliniana.
Hoy nos admiramos de Usain Bolt el hombre
más veloz del mundo.
Las centellas siguen cruzando el firmamento. El hombre no duerme.
Está metido
entre planos y máquinas, entre trilobites
de sus ensueños, y realizadores de los mismos.
Pero quiere más. La Luna, ya… dejémosela
a los poetas…Pero el Planeta Rojo,
ese sigue toreándonos fuera de nuestros proyectos.
A él, a él…
Y las Galaxias. Y Las Constelaciones, tan cargadas de mitos y nombres deslumbrantes:
                        Orión, Centauro,
                                               Géminis…
Te revuelves en el lecho. Prendes la luz. Algo se te ha ocurrido. El mundo cuántico
y los sofistas griegos tan inquietantes…
Si modificas las válvulas…si el cálculo no fue perfecto o no se ajustaba a…
¡Cómo volver a dormirte!
En un Hipódromo del Río de la Plata se dio como atracción
 una carrera entre un pur-sang
sobresaliente y una Bugatti de carrera…
(No averigüé el resultado).
Pasa una uve de ánades en el cielo
rotundo de azul.
La liebre y la tortuga insisten en definir
la contienda personal de velocidades…
Uno sale, con las botas diarias, pisando la hojarasca que dejó el otoño, recibiendo los primeros embates de la primavera
que a veces llega semisalvaje.
Cruza en la noche –incendiado-un cocuyo
verde.
Y andrajos de la noche, los murciélagos salen a cazar sus mosquitos…
Y uno pisando con lentos y pesados pasos
la tierra. “Blue Bird” escribiendo en la página de las salinas una nueva marca, un lenguaje distinto. Altamira.



Washington Benavides (Tacuarembó, Uruguay, 1930) Poeta, traductor y músico. Ha publicado, entre otros títulos: Tata Vizcacha (1955); El poeta (1959); Poesía (1963); Las milongas (1965); Los sueños de la razón (1967); Poemas de la ciega (1968); Historias (1970); Hokusai (1975); Fontefrida (1979); Murciélagos (1981); Finisterre (1985); Fotos (1986); Tía Cloniche (1990); Lección de exorcista (1991); El molino y el agua (1993); La luna negra y el profesor (1994); Los restos del mamut (1995); Moscas de provincia (cuentos, 1995); Canciones de Doña Venus (1998); El mirlo y la misa y Los pies clavados (2000).
Entre  los autores que ha traducido se cuentan: Guimarães Rosa, Oswald de Andrade, Carlos Drummond de Andrade y Affonso Romano de Sant’Anna.
Sus poemas y canciones han sido musicalizados y grabadas por: Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Eduardo Darnauchans, Héctor Numa Moraes, Carlos Benavídez, Los Olimareños y Los Zucará.


 

Poesía Argentina Contemporánea


Antología poética de Luis Benítez publicada en Francia













A comienzos de noviembre del corriente el sello Éditions La Résonance, con sede en Pau, Francia, distribuyó en ese país el volumen Brève Anthologie Poétique (ISBN 978-2-908015-05-8), que incluye en sus 112 páginas una selección de los primeros 9 poemarios del poeta argentino Luis Benítez. La selección de los poemas estuvo a cargo de la investigadora Elizabeth Auster, quien además es autora de la introducción a la obra. Inicialmente publicada por Auster en 2008 bajo el sello Juglaría, de Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, la antología de la poesía de Benítez fue editada en 2013 en Inglaterra bajo el título Luis Benítez: Short Poetic Anthology, por la casa editorial británica The Litoral Press, en traducción de B. Alocatti. La flamante edición francesa fue traducida por el poeta Jean Dif, diseñada por Jéremy Lakhlef e incluye ilustraciones del artista plástico Sebastien de Neymet. Entre las primeras repercusiones del lanzamiento de la obra, se cuenta lo manifestado por el célebre poeta, narrador y ensayista escocés -radicado en Francia- Kenneth White*, al recibir el volumen recién editado: “Me he sentido inmediatamente en mi casa, al leer los poemas de Luis Benítez. No solo porque sus múltiples referencias a la poesía inglesa; antes que nada porque posee un campo de referencias universal. En lengua inglesa, se pasea de John Donne a Ezra Pound, pasando por John Keats y Dylan Thomas: es un buen linaje que aporta y transporta. En cuanto al campo universal, encontramos en su poesía a Ovidio, Catón, Lao-Tsé, Rimbaud, César Vallejo y me detengo allí. En una frase llena de humor y temperamento, Dylan Thomas ha dicho, en la costa galesa, que el ideal para una vida humana feliz era un útero con vista al mar (a womb with a view). He ahí, me parece, el punto de partida de Benítez. 'Del útero a la tumba', dice en uno de sus primeros poemas aún impregnados de existencialismo freudiano. Pero se dirige, cada vez más, hacia orillas lejanas y un océano, 'el país de la distancia', por medio de animales, desde el uro de una Europa arcaica hasta un gato de Buenos Aires, aparentemente domesticado, y seres humanos solitarios, inmigrantes, exploradores, que se esfuerzan, deambulando por el sendero de las sombras, por leer 'el oscuro latín de la realidad'”. Según informan los editores del poeta argentino, la obra será presentada formalmente en París en fecha próxima.

* Premio Médicis para los escritores extranjeros por su libro La Route Bleu, Gran Premio de la difusión en francés de L'Académie Française por el conjunto de su obra. Fundador del Institut International de Géopoétique y de la revista Cahiers de Géopoétique. Doctor honoris causa por la University of Glasgow, la University of Edinburgh y la Open University. Miembro de Honor de la Royal Scottish Academy.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Rafael Felipe Oteriño: Ars Poetica



Rafael Felipe Oteriño



















Acude cuando nadie la llama. Le gusta mostrarse en
la corteza de un árbol, en los ojos de un perro, en
la escama de un pez.

Adora los espacios abiertos, las aguas agitadas y  la
arena donde nada se posó. Le conmueven la foto
trucada de los periódicos y la herradura floja.

Se mueve a sus anchas, sorprendida de mí. Con
alas, como una burbuja que no termina de caer.

El humo en que se disuelve no es adiós. Es la lenta
gramínea de la tierra que reverdece para otros.

No es necesario retenerla: está. Presta su voz para
que el mar y los hombres silenciosos se sirvan de ella.

La siento en el pecho, en los labios, en el mentón.
Quiero aislarla, cercarla, descubrir las puertas por
donde suele entrar.

Que sea, otra vez, lo limpio; que sea, otra vez, lo claro.

Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945) Poeta, docente universitario y miembro de la Academia Argentina de Letras. En poesía ha dado a  conocer: Altas lluvias (1966), Campo visual (1976), Rara materia (1980), El príncipe de la fiesta (1983), El invierno lúcido (1987), La colina (1992), Lengua madre (1995), El orden de las olas (2000), Cármenes (2003), Ágora (2005), Todas las mañanas (2010) y Viento extranjero (2014).  El Fondo Nacional de las Artes en su Colección de Poetas Contemporáneos  publicó  Antología poética (1997).
Su obra ha recibido diversas distinciones:  Premio Fondo Nacional de las Artes (1966), Faja de Honor de la SADE (1967), Premio Sixto Pondal Ríos,  Fundación Odol (1979), Premio Coca-Cola en las Artes y en las Ciencias (1983), Primer Premio Regional de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (período 1985-1988), “Premio Konex” de Poesía (período 1989-1993), Premio Consagración de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires (1996), Premio Esteban Echeverría (2007) y Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía (2009).




viernes, 17 de octubre de 2014

Presentación: Poesía de América Latina para el Mundo

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DE LA MUESTRA POÉTICA (CASTELLANO-INGLÉS)
"POESÍA DE AMÉRICA LATINA PARA EL MUNDO".

LUNES 10 DE NOVIEMBRE, 19 HS., EN EL CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN - SALA JACOBO LAKS, 3ER. PISO - AV. CORRIENTES 1543, CABA. 

SE ENCUENTRA EN BUENOS AIRES EL DESTACADO POETA MEXICANO ROBERTO ARIZMENDI (MÉXICO, 1945), COMPILADOR DE ESTA IMPORTANTE OBRA, QUE INCLUYE POEMAS EN EDICIÓN BILINGüE - CASTELLANO / INGLÉS- DE 43 POETAS DE 19 PAÍSES DE AMÉRICA LATINA,

jueves, 16 de octubre de 2014

Fredy Yezzed: EL DIARIO INÉDITO DEL FILÓSOFO VIENÉS LUDWIG WITTGENSTEIN


















 

1

1.         La realidad está limitada por la totalidad de la poesía. La poesía no tiene límites.

1.1       La poesía es un jardín: un jardín que habla de otros jardines.

1.11     Poesía, en una palabra, señor entrevistador, es requiem.

1.12     Pero la mejor definición de poesía es la siguiente proposición: Poesía no es ni lo uno ni lo otro; quizá tampoco lo tercero.

1.13     El lenguaje es la flor, dijo Mallarmé. Si esto es así, entonces, la poesía es la floración: encantamiento de la flor.

1.2       Under the Winter: quizá su madriguera más cálida, más productiva.

1.21     El único enemigo de la poesía es el poeta: allí, es él contra él mismo.

1.22     & ese silencio… (                        ) Es el lenguaje que reclama su propia poesía.

1.4       Lo meta-poético son las arañas que se comen a su madre.
2

2.         (Siempre me alegro de poder comenzar una nueva página).

2.01     Todos llevamos una manzana podrida en la carne. Eso comprueba que todos tenemos una poética negra. Una forma oscura que se oculta detrás del día.

2.011   Por consiguiente, todo el mundo tiene una poética: la amante tiene la poética de excitar mejor al infiel; el infiel tiene la poética de ser más hombre en la intimidad con la amante & de no hablar de la esposa; & la esposa tiene la poética de ser la misma esposa… todos los días.

2.0123 Cuando un hombre se dirige a sus aguas finales, no muere su poética. Sus hijos heredan su forma de caminar, sus dientes caídos, una voz ronca, su nombre. Otro, su esposa & su cama. En las cosas se queda su mirada para el estudio de la psicología.

2.0124 Las cosas por sí solas descubren al hombre. La cuchilla de afeitar oxidada, el aire quieto pudriéndose en su fruta, el poema lamido mil veces, la pintura que se cae del techo.

2.013   La cosa en sí misma habla íntimamente de su sexo sin forma. El hombre en sí mismo se pellizca la carne & sólo habla del dolor que causa una mañana oscura, un lenguaje gris.

2.0131 No te esforcéis, poeta, en la posibilidad de entretejer & transformar las palabras en poesía; ellas son, en sí mismas, vocal x vocal: poesía.

2.014   Nadie, por experto que sea en la semiótica, podrá hablar de la humedad que causa a nuestra alma la palabra agua.

2.0141 Dar a cada emoción una personalidad, a cada estado del alma, un alma.

3
 
3          Si existes, Dios, es porque te nombro. Si existes, amor, es porque te callo.

3.001   En mi gramática de la existencia: soy, no por el hecho de estar, sino porque ella es, aunque no esté.

3.01     Todo lo que amamos, si no se puede decir, se habrá perdido para siempre.

3.02     Mi último pensamiento, allá, lejos, acostado (obscenamente) junto a Marguerite.

3.022   Para M. es poco el idioma alemán; desea conocer cómo se mueve la lengua en todas las lenguas.

3.023   ¡Ah, cómo gusta de mi carne mi Ternera! Me avergüenza ese pensamiento vulgar; pero más me avergüenza que no sea cierto.

3.024   Detrás de “M” hay sólo una presencia con los brazos abiertos, un ángel con las alas ensangrentadas: algo que no existe & rehúso a soltar de la mano.

3.025   Me voy para Cambridge…, pero te quedas con mi tarde en tu sostén.

3.026   Si no sé qué es el amor, No te amo, Marguerite, No te amo.

4

4          Señor, si existes, sálvame. & si no existes, invéntate; & vuélveme a inventar.

4.001   Solo un fruto puesto sobre una mesa de madera. Es la única nota de color en esta alcoba altamente vacía, donde Dios duda, desde la ventana, si entrar o no.

4.002   Como un ciego que busca a Dios entre las sombras, creo ver un día luminoso, la luz en la piel de una manzana, mi rostro en una pared blanca.

4.003   Camino en dirección contraria a la del otoño & le doy la cara a cada doloroso rayo del verano; de esa forma, con el rostro herido, es más fácil enfrentar a Dios.

4.0031 Un W. adentro & otro W. afuera. Uno que pronuncia la palabra campo & otro que aspira la palabra abismo. Uno que siente la ternura de un niño & otro que piensa en las flaquezas de una mujer sola.
Como la flor que resiste el peso del cielo, uno & otro arquean sus tallos… para no dejar caer a Dios.

4.01     Un W. busca con afán la salida de la casa mientras otro W., con parsimonia, busca la dirección de la misma casa. Cuando, por fin, los dos W. se encuentran en el jardín, en la estación del tren o haciendo fila en un banco, indescriptiblemente han de hallar a un tercer W. que camina hermosamente hacia el interior de los dos.

4.011   El alma es carne, porque también se puede pudrir.

4.012   El alma, como el cuerpo, debería tener una cisterna: para halar la cuerda cuando algo nos aflija.


5


5.2       A un poco de alcohol & abismo huele esta época.

5.21     La tragedia de nuestras equivocaciones tiene que ver con el hueso del verbo amar (& su mala conjugación).

5.211   Lo diré. No me avergüenza. La primera vez que escribí un poema fue para odiar a mis compatriotas. Lo escribí después de ver un muerto sobre una calle de mi hermoso país.

5.22     Solo el que ha estado en la guerra lo ha intuido: el que mata a un hombre atenta contra el lenguaje. Borra del mapa a alguien que dijo antes de partir a la misma guerra: “Mi Sol, espérame para la próxima cosecha”.

5.232   ¿Dónde, en qué lejanas calles en ruinas de Salzburgo, en qué abandonados patíbulos de Auschwitz, en qué pestilentes orinales de Viena: la ecuación perfecta para tumbar estos muros de Sal, esta Sal de los ojos?


6

6          ¿Acaso existe un animal más fiel que la vejez?

6.001   Es mejor la joroba en la espalda, pegada a la carne, que la joroba del alma, pegada a Dios.

6.002   Acumulo mi soledad en ese Hijo de carne que no se baja de mi espalda.

6.01     Como un suministro de agua negra, me acompaña esta joroba de Londres a Berlín, de la cama a la sala del baño, del dolor del cuerpo a la agonía del alma.

6.02     Creo recordarlo: después de la guerra, a mis veinticuatro años, llevé mi joroba negra que la miseria me cosió con miedo… Iba a casa… a mostrársela a Mining, la más querida de mis hermanas.

6.021   La joroba solo aterroriza cuando uno se mira al espejo & no ve por allí ningún rostro conocido.

6.022   La joroba de las ancianas es todo ese amor no dicho de los 15 a los 18 años.

6.03     A veces deseo la joroba en la lengua, para que se canse & deje de decir tantas cosas que la gente nunca llegará a comprender. Que tal vez nunca quiera entender.


7

7                    De lo que no se puede hablar, hay que callar la boca.


Fredy Yezzed. (Bogotá, Colombia, 1979). Poeta e investigador literario. Preparó el estudio Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano que publicó la Editorial de la Universidad de Antioquia (Medellín, 2010). Tiene publicado los libros de poesía: La sal de la locura, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández, Buenos Aires, 2010) y El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2012). Actualmente está radicado en Buenos Aires, donde estudia el género del poema en prosa argentino.