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jueves, 18 de agosto de 2016
Notables de la plástica en la Boca
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La Boca,
Notables de la plástica
miércoles, 17 de agosto de 2016
Esteban Moore: Declan Kiberd, Inventando a Irlanda, La literatura de la nación moderna.[1]
En un breve ensayo, 'Nueva York: sonidos
y voces',[2] dedicado al escritor norteamericano Louis Wolfson,
Paul Auster nos recuerda que en el prólogo a su novela Le bleu du ciel, Georges Bataille realiza una importante distinción
entre los libros escritos por el placer de la experimentación y, aquellos, cuya
génesis está determinada por una profunda
necesidad. Si la comparación de Bataille respecto de la creación fuera
trasladada al campo de la lectura, se podría establecer dos categorías de
textos, aquellos cuya función no excede el entretenimiento (o las pulsiones de
la industria editorial) y los que nos son verdaderamente imprescindibles.
En el caso de Inventando a Irlanda: la literatura de la nación moderna de Declan
Kiberd, muchos comparten la opinión de Edward Said: “este estudio crítico de la cultura irlandesa durante el siglo XX
resulta indispensable para comprender el creciente desarrollo social y
económico alcanzado por la joven República en las últimas décadas del siglo XX”.
Es
este un libro que puede ser considerado de necesaria lectura para nosotros y,
en particular, para aquellos que han olvidado la ley de la causa y el efecto. Aristóteles,
algo más sabio que el viejo Vizcacha,
afirma "que todo lo que
sucede tiene lugar a partir de algo". En los últimos tiempos,
políticos, empresarios, intelectuales y
periodistas sorprendidos por el crecimiento económico de Irlanda, se han
referido a ella como un ejemplo a seguir o, al menos, un modelo para tener en
cuenta. Su entusiasmo por las estadísticas parece apartarlos de cuestiones
fundamentales: la construcción cultural que realizó Irlanda en los siglos XVIII
y XIX, cuyos resultados están a la vista.
Este trabajo de Kiberd, documentado
hasta la obsesión, propone una serie de
nuevas lecturas, y nos será de suma utilidad para corregir lo distorsivo de
ciertos puntos de vista sostenidos por algunos sectores de nuestra sociedad que
se sienten atraídos por diversos aspectos y arquetipos de la cultura irlandesa.
En ocasiones guiados por un espíritu folklórico-turístico y mitos de factura
casera, en otras, por razones
equivocadas.
La moda celta que hizo pie en la Argentina en década de
los 80 del siglo pasado, produjo una conducta imitativa entre los más jóvenes,
quienes los 17 de marzo, como viene sucediendo hace años,
fecha en que se celebra el día de San Patricio, santo patrono de la isla
esmeralda, se congregan masivamente en el barrio de Retiro. Allí, en las
inmediaciones de varias tabernas -pubs-
de dudosa procedencia irlandesa, beben cerveza y escuchan música celta hasta
altas horas de la madrugada. Una mayoría luce distintivos y prendedores con el
trébol -la flor nacional de Irlanda-, otros, cubren sus cabezas con
grandes sombreros verdes, similares a
los que la leyenda les adjudica a los duendes. Este fenómeno de índole festiva
no es relevante. Lo que sí debería llamarnos a la reflexión son algunos
preconceptos acerca de la cultura irlandesa que se originan en una interpretación
autoritaria de la vida.
Debemos recordar que durante el
transcurso de la
Segunda Guerra Mundial, las facciones del nacionalismo
argentino que deseaban y creían en la victoria de Hitler, la conquista de
Europa y el establecimiento de un nuevo orden en Occidente, vieron en la República de Irlanda,
enfrentada históricamente con Inglaterra, una posible aliada. Rápidamente la
pusieron en la lista de sus simpatías. Los nazis criollos infirieron que la
neutralidad asumida en el conflicto significaba que Irlanda tomaba partido por
Alemania. No se puede negar en aquella época la existencia de nazis en Irlanda,
como tampoco en Inglaterra, sin embargo, Éamonn de Valera, cuyo espíritu
democrático no puede ser obviado, tomó esta decisión debido a una compleja situación
política y económica interna. No obstante los irlandeses colaboraron
efectivamente con los aliados, proveyeron a Inglaterra de alimentos, esenciales para el esfuerzo bélico, y muchos de sus jóvenes se alistaron voluntariamente en
el ejército británico. Asimismo, los incendios provocados por los bombardeos de
la fuerza aérea alemana en Belfast, ciudad ubicada en el norte y, bajo control
británico, eran combatidos por los bomberos neutrales del sur. En esos días los
irlandeses hicieron popular la frase: ¿Neutrales? ¿Contra quién?
En el campo institucional, la iglesia
católica argentina, que entre sus seguidores cuenta con un importante núcleo de
descendientes de irlandeses, tiene grandes responsabilidades en la difusión de
una imagen distorsionada del caso irlandés. No pocos sacerdotes y fieles se
empeñan en considerar los problemas de aquel país y el proceso de descolonización
como una cuestión religiosa: el enfrentamiento entre católicos y protestantes,
entre los seguidores de Roma y aquellos que niegan la autoridad papal. Esta
visión nunca se ha ajustado a la realidad. Irlanda fue una colonia y el
parlamento británico ejerció, a partir de 1719, el derecho de legislar en todo
su territorio. No conformes con esta
situación una minoría de irlandeses y anglo-irlandeses, católicos y no
católicos, comenzaron una larga lucha por sus derechos y libertad. En 1938,
amparado en la constitución de 1937, que reconoció a las iglesias anglicana,
presbiteriana, metodista y a la comunidad judía, Éamonn de Valera, hizo uso de sus
influencias para que Douglas Hyde, un ardiente nacionalista de confesión
protestante, fuera elegido el primer presidente de la nueva República.
En Inventando
a Irlanda: la literatura de la nación moderna, el autor nos introducirá en
la complejidad cultural de este pueblo, proporcionándonos nuevos elementos que
nos permitirán, si así lo decidimos, admirar a ese país por las razones
adecuadas y a su vez poner en contexto su éxito económico, más allá de las
crisis circunstanciales, que está estrechamente ligado al proceso
cultural.
La lenta conquista de Irlanda, a partir
del desembarco de Enrique II de Inglaterra en 1171, extendió los significados
de 'cruel' y 'ruin'. La ocupación militar
del territorio fue acompañada por la
destrucción del orden gaélico y culmina en 1607 con el exilio de los nobles de
origen celta en el continente. A partir
de entonces fueron despojados a sangre y fuego de su lengua.
Los invasores no previeron la
resistencia cultural de este pueblo abnegado y decidido. En el siglo
XVIII, las ondas expansivas del
iluminismo y la
Revolución Francesa llegarían a estas tierras, entonces un
grupo de presbiterianos y protestantes crearon un movimiento dedicado a unir a
todos los ciudadanos de diferentes credos religiosos en la causa de la
libertad. El movimiento por la independencia nacional que se generaría más
tarde, influenciado por el ideal republicano,
imaginaba al pueblo irlandés como
una comunidad histórica, cuya imagen se constituyó mucho antes de la era del nacionalismo moderno y de la
concepción del estado-nación. Esto fue posible, pues el pueblo irlandés ha demostrado a través del
tiempo, una capacidad fuera de lo común para asimilar nuevos elementos, étnicos
y culturales. Asimismo, sienten cierto placer en pensar la identidad como una cualidad que
rara vez es inmutable. Ésta, según Kiberd, no se recibe o hereda, es una cuestión de negociación e
intercambio constante que admite la integración del otro, rechazando las doctrinas
de pureza racial.
Hacia mediados del siglo XIX se
perdieron varias cosechas de papa, el alimento principal de la isla, debido a la Phytophthora
Infestans: tizón tardío. Se produjo entonces la
denominada Gran Hambruna que afectó a una de cada cuatro familias, casi el 30%
por ciento de la población se vió obligada a emigrar. En ese período la mente
irlandesa estaba confundida, habían perdido su lengua nacional y aún no podían
expresarse cómodamente en la lengua inglesa.
Hacia fines del siglo algunos
protestantes, entre ellos, Standish James O' Grady y Douglas Hyde, inician lo
que posteriormente se denominó el Renacimiento Gaélico, que se caracterizó por el intento de recuperar la vieja lengua y
en traducir el conjunto de los mitos y
leyendas de origen gaélico a la lengua inglesa. La primera de estas
proposiciones fracasó, en la actualidad, la mayoría de los irlandeses habla la
lengua inglesa. Pero, se lograron salvar la memoria y las tradiciones de
la antigua cultura celta, las que
trasladadas a la nueva lengua alcanzaron una difusión nunca imaginada.
Walter Benjamin pensaba que la falla de la mayoría de las traducciones del siglo
XIX, se debía al excesivo respeto del traductor por las convenciones de la
lengua de destino y, el temor, de que la
lengua de origen perturbara su sintaxis. En el caso de los traductores
irlandeses no existió ni respeto, mucho menos temor en el proceso de
traslación. De esta manera no solo renovaron el inglés sino que ejercieron
sobre él, al convertirlo en un mediador con su propia cultura, un claro ejercicio de apropiación. No
obstante, durante mucho tiempo persistieron ciertas dudas acerca de la
efectividad de la lengua adquirida para expresar a la mente irlandesa.
Stephen Dedallus en A Portrait of the Artist as a
Young Man (Retrato del artista
adolescente) de James Joyce, luego de entrevistarse con el director del
colegio jesuita en Dublín, un inglés converso, dice: “El lenguaje que hablamos le pertenece antes a él que a nosotros. Qué
diferentes suenan las palabras, hogar, Cristo, cerveza, amo, en sus labios y en
los míos. Su lengua, tan familiar y tan extranjera, es siempre para mí una
lengua adquirida. Yo no he fabricado ni aceptado sus palabras. Mi voz las
mantiene a distancia. Mi alma se inquieta en la sombra de su lenguaje.”
Esto quizás se debe en buena medida al
temor que produce la actitud, tan extendida en la metrópoli, de considerar
simplemente a la nación emergente y su cultura como un efecto de sus propios
deseos. Los países centrales se constituyen en
guardianes celosos de su tradición y vigilan los usos que se les da.
Ante cualquier atisbo de insurrección lingüística, están preparados a lanzarle a la mente del
rebelde la biblioteca de sus clásicos,
junto con las instrucciones acerca de cómo éstos deben ser interpretados.
Durante siglos Londres se burló del modo de hablar de los irlandeses. Su
dicción, su vocabulario extravagante y una sintaxis no apropiada, decían, les
causaba gracia. A pesar de ello, los irlandeses continuaban ensimismados en su
propia vida cotidiana, dados a la tarea de recuperar sus propias raíces,
haciendo de la lengua inglesa algo propio. Este esfuerzo titánico, el de darse
una nueva lengua y, al mismo tiempo, transferir a ella su herencia cultural,
renovó el espíritu nacional. La reescritura
de las hazañas de los héroes épicos del lejano universo gaélico encendió
la imaginación dormida y produjo una poderosa tradición literaria que ha sido
reconocida con cuatro premios Nobel de literatura: W.B. Yeats, George B. Shaw,
Samuel Beckett y Seamus Heaney.
Uno de los aspectos relevantes del
trabajo de Kiberd es que analiza, un hecho poco frecuente, el modo en que los
líderes políticos de la independencia, entre ellos, Pearse, Connolly, de Valera
y Collins, se inspiraron en las ideas de poetas y dramaturgos. El renacimiento
cultural irlandés es fascinante en este aspecto, pues a partir de él, se produce la revolución
política posterior que culmina en la república democrática independiente del
presente. Éste podría caracterizarse como la búsqueda y reinstalación de las tradiciones
ancestrales que los conquistadores pretendieron borrar de su memoria. La reapropiación de una visión de la vida y
las cosas, de un conjunto de bienes simbólicos que a partir de ese momento serían compartidos por todos, sin distinción
de clases.
Este es un punto de inflexión en sus
vidas, no sólo habían recuperado su orgullo nacional, sino que a partir de esta instancia, la recreación de
"lo irlandés", los validaría internacionalmente, ya estaban en condiciones
de exportar su cultura.
La década de los 60 trajo profundos
cambios en la sociedad irlandesa. En 1962, la televisión nacional inició sus
transmisiones, las imágenes del mundo exterior, llegaban por primera vez a los
hogares de una población influenciada en
gran medida por una cultura rural. Los sectores más conservadores vieron en
esta apertura una amenaza, la que sería neutralizada con la creación de
agencias gubernamentales, cuyo fin era promocionar la cultura irlandesa en el
extranjero. Simultáneamente, las nuevas reformas fiscales establecían
exenciones de impuestos a todos los artistas extranjeros (escritores,
pensadores, artistas plásticos, actores,
directores de cine y teatro) que se domiciliaran en la isla y pasaran, al
menos, sus vacaciones en ella. Esta
decisión pretendía abrir la mente irlandesa a las ideas que circulaban en el
mundo. La apertura iniciada en los 60 fue el paso inicial del desarrollo
científico e industrial de este país de escasos 70.273 km2, con alrededor de cuatro millones y medio de
habitantes, cuyas exportaciones superan
ampliamente a las de nuestro país.
Los escritores irlandeses que dieron
comienzo a este proceso, estaban motivados por el deseo de que sus
conciudadanos pudieran verse a sí mismos. Ellos comparten el mismo sentimiento
que atormentó a Sarmiento respecto de nuestro continente, expuesto con claridad
en su introducción al Facundo:
“En la Enciclopedia Nueva,
he leído un brillante trabajo sobre el general Bolívar, en que se hace a aquel
caudillo americano toda la justicia que merece por sus talentos, por su genio;
pero en esta biografía, como en todas las otras que de él se han escrito, he
visto al general europeo, los mariscales del Imperio, un Napoleón menos
colosal; pero no he visto al caudillo americano, al jefe de un levantamiento de
las masas; veo el remedo de la
Europa y nada que me revele
la América.”
Es la inversión de la mirada a la que
nos insta H.A. Murena, observar la
periferia desde la periferia misma, anular el centro imaginado. Mirarnos en nuestro propio espejo y no a
través de uno ajeno, en apariencia más elaborado, que invariablemente nos
devolverá una imagen doblemente deformada de nuestra realidad. Pero, nos hace la advertencia de
que esta no puede ser protagonizada por una mente dividida. Una cuyos
hemisferios se enfrentan constantemente en una danza macabra, autodestructiva, augurando la cíclica reinstalación del fracaso.
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Literatura irlandesa
viernes, 12 de agosto de 2016
Pere Gimferrer: Poemas
![]() |
| Pere Gimferrer |
La muerte en Beverly Hills
En
las cabinas telefónicas
hay
misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son
las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que
con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.
Última
noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol
alucinante,
calles
recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media,
cuando salgas del cine — y a
esta hora está muerta en el Depósito
aquella cuyo cuerpo
era
un ramo de orquídeas.
Herida
en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
por los reflectores, abofeteada en los
night-clubs,
mi
verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una
última claridad, la más delgada y nítida,
parece
deslizarse de los locales cerrados:
esta
luz que detiene a los transeúntes
y
les habla suavemente de su infancia.
Músicas
de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que
besamos
una
vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
muy
baja —se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas
en la noche
plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
y
era como si oliera muy despacio
un perfume.
Canción
para Billie Holiday
Y la muerte
nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono
Con careta antigás daba un beso a los niños
Lady Day las gaviotas heridas vuelven a la luz del
puerto
Extraña fruta en el aire el crepúsculo se ausenta
Con una espada con un guante con una bola de
cristal
la pecera magnética la cueva del pasado el
submarino bajo
las
mareas que fulgen
Lady Day cuánto amor en una juventud cuántos
errores
cuántas tardes hablando qué deseo qué eléctricos jazmines
cuántos cow-boys muertos como trovadores la sonrisa
en los
labios
que se tiñen de sangre
los gritos en las calles las manifestaciones
disueltas bajo el
arco
voltaico del poniente y los lóbregos edificios irreales
Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas
Lady Day qué despacio nos viene la experiencia todo
cobra
un
sentido se ordena como el paisaje en los ojos cuando
recién despiertos corremos las
persianas
o intentamos ordenar las palabras de un
poema
Lady Day
Animales heridos en el bosque nuestros ojos qué
piden qué desean
qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel
o su presa
disueltos en la fría oscuridad del tiempo
escamoteados
como naipes de una baraja los años de nuestra juventud
Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un
sabor ácido
Pere
Gimferrer
(Barcelona, España, 1945) Poeta, ensayista y
editor.
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España,
Pere Gimferrer,
Poesía
jueves, 11 de agosto de 2016
Horacio Verzi presenta novela en Montevideo
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Horacio Verzi,
Montevideo,
Novela,
presentación
Juan Luis Panero: 2 Poemas
![]() | |
| Juan Luis Panero (1942-2013) |
Constantinopla. Año 1453
Olor
acre de axilas depiladas, de perfume pasado de rosas,
de
estiércol pisoteado de caballos.
Sé,
me lo han contado, que las murallas de la ciudad ya no
pueden
resistir al infiel. Todas las defensas han fracasado.
El
pobre emperador, nuestro bien amado Constantino XI,
intenta
inútilmente salvar la ciudad de su nombre, pactar
con
el enemigo, firmar desesperados tratados de paz. Pero
todo,
lo sé, es completamente inútil.
Escucho
griterío de mujeres, carreras enloquecidas, golpes
de
puertas, aullidos de la soldadesca, mandobles y agonías,
eructos
de borrachos.
Aún
podría escapar, ocultarme en el húmedo sótano
disimulado,
como aquella otra vez. Pero ahora todo
está
perdido. Sé bien que esto es el fin.
Salgo
a la calle, maldiciones, estruendo sollozos, humo
pestilente.
En
la hoja, con gotas de sangre, de un alfanje afilado, miro,
tercamente,
por última vez, el rostro de este pobre pecador
abandonado.
El poeta y la muerte
Y aunque la vida murió,
nos dejo harto consuelo
su memoria.
Jorge
Manrique
Si
como afirma Borges todos los hombres
son
el mismo hombre, aurora y agonía,
y
poco importan sus nombres y sus rasgos,
yo
quisiera —olvidando la anécdota banal de mi destino—
buscar
en otro rostro a ese único hombre,
otra
sombra, otro sueño mejor, igualmente perdido.
Un
caballero dispone sus armas,
sus
escuderos ajustan la armadura,
se
coloca el yelmo, sujeta con firmeza el escudo,
la
luz de la mañana es un reflejo metálico del sol,
el
tiempo se ha detenido en las gualdrapas del caballo.
Todo
esto ocurre en 1479 y aún sigue ocurriendo
frente
a las almenas del castillo de Garci-Muñoz.
El
caballero blande su espada
en
defensa de su lealtad y su reina,
aún
no sabe que su destino termina allí,
en
el campo de Calatrava, que no verá otro día.
Entre
rasgar de flechas y cascos de caballos,
oliendo
a tierra seca y sangre sucia,
quizá
recuerde el nombre de Guiomar de Castañeda
y
piense, con justicia o con odio, en su enemigo,
el
marqués de Villena que le aguarda.
Estruendo
de hierro, crujido de huesos, carne desgarrada,
las huestes innumerables, pendones
y estandartes y banderas,
los castillos impunables, los
muros, baluartes y barreras.
Ha
caído la noche sobre el campo arrasado,
la
mano que sujetó una lanza, una pluma, un cuerpo de mujer,
está
quieta, su mundo se ha borrado,
mientras
se escuchan maldiciones y lamentos.
Ahora
la muerte le atierra y le deshace.
Si
todos los hombres somos el mismo,
elijo,
pues es igual uno que otro,
aquel
rostro en un campo de batalla,
la
máscara del último rictus de su agonía,
el
eco de sus palabras que aún se escucha,
un
reflejo más digno de la tierra y la nada.
Juan Luis Panero (Madrid, 1942- Gerona,
2013) Poeta. En 1997, Tusquets publico su Poesía
Completa 1968-1996.
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Juan Luis Panero,
Poesía
jueves, 4 de agosto de 2016
jueves, 28 de julio de 2016
José Emilio Tallarico: Reductos
| José Emilio Tallarico |
a Vladimir Nabokov
I
Bien sabe el ajedrecista
del riesgo material de su intuición,
eso que para el poeta implica moneda de cambio.
(En el ajedrez se puede perder
con las ráfagas que necesitaba el poema.)
No obstante, el trozo de universo que ambos arrojan
sobre el paño no obstruye, no perturba:
administra razones (o indicios de que hubo allí
algo exultante).
Socios en las mudanzas del fuego y el cansancio,
los poetas y los ajedrecistas desvarían
por un amor inexplicable.
II
Poetas y ajedrecistas se yerguen en la noche
de
la memoria.
Saco la testa del pantano y toco el fuego.
Un buey resopla tras una tranquera imaginaria.
La tristeza que nunca abandonó su musa
deambula por mí.
III
Hasta el patio de la memoria
(una cuadrícula infinita, una palabra despejada)
llegan Lolitas, Adas, Mariposas, Arlequines.
La repetición será confusa e infinita.
La muchedumbre se repite,
las aflicciones también se repiten.
Recuerdo el “índex”:
aquella lista de libros prohibidos
se exhibía en la vitrina del patio de la parroquia:
1°-“Lolita”
2°- “Trópico de Cáncer”
3°- “El Capital”
Las tías, las catequistas, los finados se repiten.
Giran purretes en torno a la higuera parroquial.
(Poesía: amor de mi vida; ajedrez: fetiche santo.)
Vuelan tus mariposas, Nabokov.
Yo las persigo para que queden atascadas
en las jaulas del sueño.
IV
Por aquel entonces Nabokov escribía:
“Las palabras reflejadas sólo pueden tiritar/
como alargadas luces que se contorsionan/
en el espejo negro de un río/ entre la ciudad y la bruma”.
VI
(Descubrí un corredor
entre el papel en blanco y el tablero.
Un pasadizo: ahí estuvo mi mano.)
VII
Nabokov escribía:
“Un destino envidiable he ansiado conocer:
/Durante mucho tiempo anhelé,
cansado esclavo, volar hacia/
Un lugar remoto de trabajo y puro júbilo.”
VIII
(Hay un cruce entre lo posible y la derrota.
Eso me informa el cuerpo.)
IX
Temeroso, ahora voy con blancas.
Mi
juego: 1P4R-…
José Emilio Tallarico (Bs.As.1950).
Publicó Huésped y testigo, 1986; Siglonía,
1988; Ese espacio
que tiembla, 1993; El arreo y la fuga, 2000; Andariveles, 2006 y Creés mirar lejos y otros poemas,
2011. Actualmente -y desde el año 2009-
forma parte del grupo de videoconferen-cias de poesía Agentina-Francia: Travesías poéticas, y codirige el ciclo de lecturas y
entrevistas: El Orate y la Musa. Publicó artículos y poemas en varias revistas literarias del
país. Fue traducido parcialmente al portugués, al catalán, al italiano, al
francés y al neerlandés.
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José Emilio Tallarico,
Poesía
Tone Hødnebø: Poemas
| Tone Hødnebø |
El cielo es una central energética
que estalla atravesando todo el día,
el cielo construye un sistema
que atrapa el más pequeño movimiento
de hojas, insectos y humanos
Una industria se expande, década
tras década, copiándose a sí misma
*
A través de la pared de luz ves
una pared de luz una pared gris con dibujos
de rosas a través de una pared gris
ves una pared blanca y un dibujo blanco
y uno nuevo y uno nuevo
que se dibuja en el cielo nocturno
*
Una ciruela cae del árbol
y las hojas del árbol
se insinúan a través de los rayos del sol
Se pudre desde la mitad hacia abajo,
se devora a sí mismo
En el aire gira el polvo hacia arriba,
ya es sombra en una extraña oscuridad
Las rosas se abren, sin embargo,
parecen vidrio, todo se agranda,
pero la luz y el brillo de alrededor
obliga a todo a volver sobre sí mismo
*
Traducción del
noruego de Roberto Mascaró
TONE HØDNEBØ (Tønsberg,
Noruega, en1962). Vive en Oslo. Ha publicado
seis libros de poesía y un volumen
con traducciones de la obra de Emily Dickinson.
Ediciones encuentros imaginarios. Publicó en 2010 su
poemario RUIDO(LARM)
en 2010.
“Son perspectivas fantásticas las que Hødnebø nos presenta,
con sus
excursiones en lo cósmico y con la tierra vista desde el
aire. Como la
arquitectura más experimental, a menudo irrealizable, esta
es una poesía
especulativa. Ella es como un absurdo Leonardo da Vinci. Es
la ruptura
inclinada, es lo no planificado, es la lógica del
sentimiento, la de la
investigación, la del experimento. Así como el niño crea
todo el tiempo nuevas
cosas, libremente y sin censura, creo que esta poeta se
ocupa de construir o
crear algo para comprobar que es posible, para comprobar que
aquello puede
ser creado. El “¡Aire feliz!” de Dickinson se vuelve aquí un
credo.
Janike Kampevold Larsen
Roberto Mascaró (Montevideo
Uruguay, 1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.
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GÖRAN SONNEVI: Ormöga; segundo poema
| GÖRAN SONNEVI |
Aquí es Ormöga
Pasan las nubes grises por encima
del plano paisaje
del páramo El horizonte gris marino
con una banda
luminosa justo sobre la tierra
Llama el cuclillo
Vuelan las becadas junto a la cantera de cal
Brillan las
antorchas lilas de las orquídeas encarnadas La hierba es
gris verde ocre,
cambiante Alrededor está el abismo
Está junto a la
cama en la que duermo Noche
cayendo a pico
Flotamos sobre la oscuridad, como sobre
el universo, en su
abstracción Por la mañana estamos jun-
tos Escuchamos la
música También oigo el sonido de la
Nada
A lo lejos se ven
las cabañas de pescadores, la capilla en ruinas
Entre ellos está la
cruz celta, de piedra ca-
liza, como si fuese
el propio crucificado con
los brazos
extendidos Las manos La cabeza Pie
Crecido en lavas
grises y amarillas Ahora cubre
la lluvia el
paisaje Voló el halcón azul
frente al soto
hacia el mar No tendré defensa alguna
Estoy en la
vertiente oscuridá también en la noche clara
Dispuse como un
signo
la pluma que recogí
junto al mar del Oeste
Mi padre y mi madre
están en el mar del Oeste, que también
toqué, con la mano
Aquí hay otros muertos, otros
vivos Tocamos los
rostros deformados el uno al otro
Conozco su
geometría Veo los arcos del vuelo de las alondras
también aquí,
cambiando el vuelo rápido, una adaptación constante
El halcón azul
tiene su geometría, en su huída Es lo que
creemos que es,
allá lejos, en lo remoto
El plumaje es en el
interior gris, luego ocre, en el exterior casi blanco
También en el
interior, junto en la raíz es blanco, velloso
Las alondras
construyen aún su nido, en el exterior la arcilla es húmeda
¡Ay! ¡Ay! El rostro
oscuro descansa bajo todo esto
El paisaje aquí se
mueve en una aparente
economía antigua
Las mismas granjas con cercos de piedra, los mismos campos
como de otro tiempo
Los pájaros Las orquídeas Ayer
fuimos al mar;
dentro del bosquecillo de pinos ha crecido
un ejemplar muy
grande de Orquídea Soldado,
Orchis
militaris, lila claro Fuerte espiga, tallo grueso
Bajando al mar fui
hasta el puesto de la
Orquídea Colorada,
hojas manchadas,
pétalos de diseño enérgico, junto
a los Lirios del
Valle, de lila más oscuro La aguja colinegra ascendió
Las vacas, terneras
jóvenes, se formaron en línea a lo lejos
La agricultura se
mantiene El olor del guano en la lluvia, bajo
las nieblas Por el
mar van barcos con su carga En el tallo de la
armeria brilló la
larva de la Oruga
de Librea al sol nocturno, ocre rojiza
peluda, en las
estrías celestes y ocres a lo largo del cuerpo
Estamos en la red
de dependencias ¿Quién es asesinado?
¿A quién asesinó?
Todo depende del modo en que nos tocamos
En Ormöga vive el
ciego, solo, después de la muerte de su madre
hace un par de años
Cuando recojo la correspondencia en su casa
él vuelve la vista
de su oído hacia mí cuando hablamos
En su cara hay una
especie de paz La granja está ahora en decadencia
Alquilamos a una de
sus hermanas, en una de las casas de los
aledaños hacia el
mar Casi todo está ahora arrendado Le conté a ella
sobre Gunnar y
Verner en Färgaryd, de cómo se quedaron con un ternero
El idioma toca mi
infancia Me pongo más y más infantil
Hoy es el último
día del año después de la muerte de mi madre Encenderemos velas
Todos duermen Todos
están como despiertos
en el alba ulterior
El paisaje totalmente en calma
Mi madre está
muerta hace un año Ahora estoy completamente solo
Mi niño duerme Tú duermes,
querida Todos dormirán
Por la mañana
encendemos velas en las ventanas y el sol
entre nosotros y el
mar Aquí es Ormöga, donde deberíamos haber estado
hace un año Estamos
aquí por la segunda vez
Qué veo con mirada
de serpiente hacia el mar En mi
autosuficiencia, en
mi falta de interés por la vida
ajena La geometría
de lo indiferente Aquí está mi torre
enfrentada al mar,
después que la anfitriona cerró las otras habitaciones
No invadiré
habitaciones ajenas Solamente las mías
Nada puede
repetirse La geometría de las alondras es continuamente nueva
Tal vez vayamos a
mutuas habitaciones ¿Como en una cámara del Hades?
Estaremos en la
indefensión mutua Allí nos encuentra el amor
Mi madre ha entrado
en mi silencio, ahora es parte
de él Allí ya no
puede molestarme Tampoco es
necesario ahora
Ella me toca a través de todas las hojas
En la tarde gris
camino hasta el mar
Las agujas
colinegras ascienden, vuelan en círculos en torno a mí, llaman
También el zarapito
real asciende Hasta el bosquecillo de pinos hacia
el mar una vaca
ocre y roja se ha saltado la cerca de piedra Ella
me sigue con la
mirada Yo la sigo Frente al mar toco el agua, sigo la costa Busco
manchas de
alquitrán en el cabo hacia Kapelludden, mas no encuentro ninguna
El silencio de mi
madre respira Estoy en mi aliento La voz
profunda se oye,
dentro de mí, en silencio ¿De quién es el turno ahora?
¡Ay! ¡Ay! Los
pichones de vencejo vuelan, ya soberbios Respiro
Sexos, animales,
seres, sociedades, gentes Así respiran
también dentro de
mí No aniquilo a nadie Las voces están en sus
reparticiones,
infinitamente sutil No es para aplastar a nadie
Espero el oscuro
dolor Que llegará
y penetrará como mi
madre Ella llega también como
mujer, y yo
descanso en su transparencia
Ella está furiosa
de celos, no tolera que yo esté
con ningún otro No
hay sueño Estoy con mi amada
Descansamos dentro
de las alas desplegadas del sofá de madera
Sobre el prado y el
bosque está la luna, algo mayor que una hoz,
creciente Ilumina
con luz oro y plata en la noche clara
Todavía junio Más
tarde en la noche oigo el canto de la aguja colinegra
Julio A través de
la ventana abierta llega el aire del mar
Oigo las alondras,
sus pequeños sonidos chillantes Lejos
se oye el zarapito
real El duelo por mi madre llegó, sin tiempo, no le importa
al tiempo Vi el
tamaño de su sonrisa, cuando no estaba ya
triste La enormidad
sin reservas, sólo en existencia
Aquí es Ormöga El
dolor no tiene tiempo Tampoco la alegría
El mar brilla a lo
lejos En la línea costera se ve la abertura del arroyo
Espero aún la
entrada del dolor en lo inmediato, en sus
formas oscuras Veo
al ángel de la anunciación en la pila bautismal de Egby
piedra arenosa de
Gotlandia, siglo XII Vuela como los pájaros de la muerte
en las imágenes de
piedra algunos siglos antes Pero con aureola en torno
a la cabeza, sobre
los animales salvajes que protegen a María
Ella descansa en
otra escena vendada, a medias sentada
en una cama. José
le da algo de beber Nos dirigimos hacia
la pequeña planicie
rocosa más allá de Bockberget al Oeste Allí vemos ascender
las grullas
Florece el
pampajarillo, blanco, a medias marchito Un pequeño
brote de tomillo
lila brilla Sobre una laja de cal oscura una piedra blanca,
una especie de
piedra arenosa, cubierta de musgo, hendida Un cráneo
Te estiras en la
caliente laja, descansas allí A la distancia
te veo como un
animal, verde-y-con-manchas-negras, que no existe
Por la noche
volaron los vencejos frente a la luna, casi media llena Una
sola estrella
apareció, apenas divisable, en la noche clara
El sonido de lluvia
contra el techo También aquí en la torre de la Nada
Gösta Skyle Desde
aquí nos iremos directamente a su entierro
Él es el último de
los seres de mi infancia Hay en él la misma luminosidad, la misma amabilidad
que en mi padre No su dolor
Así no lo había
visto nunca antes, en el contraste, en la muerte
Entiendo que mi
padre no deseaba ser el que era En Gösta vi
otra sociedad
dibujarse En la que nada se vendía Nada se compraba
Veo que mi padre
huía del dolor de su madre, su dureza, tiranía
Helgue contó cómo
tenía que correr por las noches con la escupidera llena de sangre
Ella prohibió a
Gunnar que se casase, luego de su fracaso en Norteamérica
cuando quebró el
banco con su dinero ahorrado, y tuvo que volver
a sufrir como peón
en su tierra El abuelo le escribió, cuando lo llamaron a servicio
en el verano de
1941, para la cosecha, y él esperaba poder eludir
la guerra Veo
frente a mí a los padres de Gösta, August y Selma, Gösta se
parecía a ella,
recuerdo el alboroto que armé cuando dije siendo niño:
el tío Svensson es
un nazi ¿Quién ha dicho eso? ¿Dónde has oído eso?
Los adultos
rodeándome, inquietos Yo no entendía nada de esto
No sé, pero no
tengo ninguna razón para creer que era cierto
Era comerciante en
especias en Vattugatan, Halmstad, una pequeña tienda
en el sótano de la
gran casa de apartamentos, techo de lata curvo sobre la escalera
Sus hijos, Gösta y Helfrid,
querían ser artistas; el uno fue profesor
de dibujo,
ella telefonista El
otro hijo, Sture, se hizo químico; cuando tenía
nueve o diez años,
tal vez once, lo visité en Chemicum en Lund
Todo esto vi ¡Ay!
¡Ay! Nada de todo Todo de nada
La torre de la Nada se vacía Allí está el
halcón blanco
sacudiendo las alas
sobre el arenal Salgo al sol
miro los
heliantemos en la hierba, el tulostoma niveum y la
listera
ovata Escucho las alondras, y lejos la aguja
colinegra
Anoche, de visita
en casa de amigos, escuché al chotacabras
Anduvimos sobre la Caliza bajo la luna Luego
hacia el norte, bajo
nubes oscuras, en
la lluvia Aquí duermen todos los pájaros
Los vencejos
duermen bajo los aleros, con sus largos,
delgados cuerpos
Nosotros dormimos el uno junto al otro He bebido vino
Tú no, porque
conducías Se vacía esta torre Otras vendrán
Más finas, con sus
raíces penetrando profundamente la tierra
El agua penetra las
lajas de cal Allí encuentro la lluvia
Oí al chotacabras
hace 16 años en el mismo lugar Somos más viejos
Veo un sexo de
mujer, luminoso, erguido, un delgado mandala
Yo paso por él
Penetro su oscuridad En violento vaciado
Veo el rostro de la Historia Los lobos se
metían en París, por
la brecha en el
muro ¡Ay! ¡Ay! Allí estaremos juntos
El mar me ve, con
su mirada horizontal A la altura de los ojos
Ayer fui al mar
maternal, también aquí Allí están ahora todos los seres
Todos los que se
miran El zorro, el gato Las vacas a lo lejos
Al amanecer fluye
la mosca como una gota de sudor sobre la frente No
duerme Los vencejos
han pasado destellando Todos duermen
Aquí es Ormöga Aquí
todo es extraño Aquí casi
no estamos Aquí
está el horizonte marino verde oscuro Todas las plantas
Todos los pájaros
Ayer vi el pichón de alondra en el nido justo encima
de la ventana del
comedor En el prado costero está el pichón de zarapito real,
mientras el padre
volaba en círculos
sobre él; más pequeño, pico más tierno, el mismo chillido, aunque
más tenue,
Caminé por última
vez hasta el mar, solo Agua por todos lados, luego
de la lluvia El mar
estaba en calma; oí su voz, calma
También esto es
ahora el mar de mi madre Aunque ella no pudo nunca llegar hasta
aquí
Lo escuché Este es
un regreso Aquí todo es extraño
Aquí está el halcón
azul La agachona despierta
Por la noche veo la
luna bajar, naranja entre las nubes Total
soledad; total
silencio Mientras todos duermen Al alba nos despierta la mosca
¡Ay! ¡Ay! El dolor
ausente por todos lados, en su más extrema presencia
Se oyó el cuclillo,
lejano Los vencejos están en su geometría, dinámica
Nos despedimos de
los amigos, hablamos en la penumbra, luego de una visita al
cabo Los primeros
pájaros migratorios se reúnen, playeros dorso rojo, dice el
ornitólogo recién
instalado en la casa de al lado
Mañana entierran a
Gösta Skyle en Söndrum en las afueras de Halmstad Allí estaremos
(Tomado
de DISPARATES, selección de OCEANEN (EL OCÉANO), poemas de Göran Sonnevi en
versión española de Roberto Mascaró, Editorial del Gabo, El Salvador, 2014).
El océano de los DISPARATES según Göran
Sonnevi
DISPARATES -con una clara referencia a la obra de
Goya- es el subtítulo, en español y en mayúsculas en el original, de este
voluminoso libro de poemas de más de 400 páginas, OCEANEN, editado en Estocolmo
en lengua sueca. De él hemos extraído
la siguiente selección.
Göran
Sonnevi (Lund, Suecia, 1939) vuelve en este libro a sus viejos temas y presenta
otros nuevos, a manera de un noticiero global actualizado en el S XXI, pero que
también incluye poemas de la década de los 70.
El
destino humano en la sociedad sueca postindustrial, la Revolución socialista
tantas veces frustrada y postergada, la búsqueda de la convivencia pacífica
entre humanos, animales, minerales y plantas, todo ello frente all poder
avasallador de un imperio ultracapitalista que ya resulta ubicuo e imprevisible
y del que ha pasado a formar parte también Suecia, país que una vez fuera
“neutral” y “pacífico” y que hoy ya es colaborador silencioso y voluntario de la OTAN y otros cuerpos
policiales del mundo globalizado, cooperando activamente con el espionaje
mundial que el ubicuo imperio ejerce sobre las personas y las cosas y enviando
tropas mercenarias a ocupar distintos países.
He
aquí
el OCÉANO (el título del original sueco es OCEANEN), el mismo que cantasen
Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé,Vicente Huidobro, St John-Perse, Michelet,
Tranströmer e infinidad de poetas de nuestros Archipiélagos.
Todo esto pasa por la cabeza y se expresa en la
pluma de Sonnevi, y en el trasfondo se suceden las visitas al archipiélago de
Gotemburgo, donde el escritor plasma su diario veraniego. Él mismo, siempre
escribiendo en primera persona, es uno de los personajes del drama. Allí brota
el texto, poemas breves y poemas largos, poesía amorosa y poesía política,
acompañada de un exquisito catálogo de la flora y la fauna de esa región. Allí
Göran se presenta de cuerpo entero y cara a cara con la Aldea Global. Con lo
fragmentario, con las esquirlas de los siglos, el poeta renueva su discurso.
Y el amor, siempre vivo en el texto de Sonnevi, que
homenajea la presencia de sus amigos vivos y muertos. Ese amor que Karl Marx
señalara como el protagonista del comunismo (primitivo) es para Sonnevi la
misma clave de la solidaridad humana.
Esta selección, que reúne algunos poemas OCEANEN/
DISPARATES, pretende acercar al lector español y latinoamericano a esta
poesía hasta hoy desconocida por nuestras latitudes.
Si algo del espíritu poético de Sonnevi se refleja
en estas versiones, la misión del traductor/intérprete, que no es otra que la
de recuperar y transmitir en nuestra lengua lo que ha sido escrito en otra, esa
misión estará cumplida. (R.M.)
Roberto Mascaró (Montevideo, Uruguay,
1948) Poeta y traductor. Reside en Suecia.
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Poesía,
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Suecia
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