viernes, 26 de agosto de 2022

Santiago Sylvester: (Museo del Hombre)

 

Santiago Sylvester



















¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?
Con estas palabras se construyó el Museo:
           piraguas, vasijas, túmulos mortuorios, maneras
           de hacer fuego;
y las respuestas están a la vista:
                                                  esa mujer
que exhibe un gran escote, aros, zapatos color
       mostaza, y nos cuenta involuntariamente su 
       vida;
              ese hombre
que va llegando trabajosamente a la vejez como un
           tren al que sacan de servicio, como un
           carguero que se despide del Cabo de Hornos,
           como cualquier cosa sólida y oxidada.

Mire alrededor, todas son respuestas:
ese joven absorto en su onanismo cibernético,
su amiga en idéntica tarea, tan lejos que le cuesta
            volver;
esa belleza malhumorada de la gran ciudad,
el juez que dicta sentencia y después sale a buscar las
            pruebas;
el que blasfema y no sabe  la cantidad de fe que se
            necesita para blasfemar:
el que ha vivido mucho y termina estando en
            muchos sitios;
el que toma su trago fuerte, el que ojea una revista.

Mire la tramoya humana
Y verá respuestas en todas partes.
Todos somos explicaciones de museo.

-Antología Personal (1974-2022),
Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2022-

Santiago Sylvester nació en Salta en 1942, se recibió de abogado en Buenos Aires, donde vive

actualmente. Publicó más de veinticinco libros: de poesía, cuento y ensayo, en Argentina y España; antologías de Poesía del Noroeste Argentino; de Manuel J. Castilla, Néstor Groppa, Juan Carlos Dávalos, Poetas de las Provincias y Los que se fueron (poetas argentinos en el exterior). Ediciones de Juana Manuela Gorriti y Federico Gauffin. Sus últimos libros: de poesía, La conversación, en Colección Visor; Ciudad en Pre-Textos, ambos de España; y Sobre la forma poética, ensayo, en EUDEBA.
Algunos premios: Provincial de Salta, Fondo Nacional de las Artes, 3º Nacional de Poesía, Internacional Jorge Luis Borges, Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, Fundación Argentina para la Poesía. En España, Ignacio Aldecoa y Jaime Gil de Biedma. Dirigió veinte años la colección de poesía de Ediciones del Dock. Es miembro de número de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española.


  





jueves, 25 de agosto de 2022

Esteban Moore: Gregory Corso -El ángel de las musas-

 


Gregory Corso (1930-20019



Gregory Corso nació el 26 de marzo de 1930, en el Hospital San Vicente en Greenwich Village, en la ciudad de Nueva York.  Fue bautizado  Nunzio, posteriormente en su confirmación adoptaría el Gregory definitivo. Su madre,  Michelina Colonna, antes que cumpliera el año, lo abandonó en un orfanato católico. Su padre, Fortunato ‘Sam’ Corso, quien no  quiso hacerse cargo de él, autorizó que lo entregaran en custodia  a un hogar sustituto. 
Los próximos once años viviría en varios hogares distintos. En ellos, muchas veces sería severamente castigado, al respecto recuerda “si volcaba el dulce, mis padres sustitutos me daban una paliza, y si esto coincidía con una de las ocasionales visitas de mi padre, él también me daba un paliza, cobraba doble.”   

Las escuelas católicas a las que asistió, donde se destacaría como un excelente alumno y la iglesia parroquial, en la que fue un atento y solícito monaguillo, dejarían marcas indelebles en su personalidad.  En este período desarrollaría su afecto y admiración por santos y religiosos,  a los que se referiría como: “Mis únicos héroes.” 

Luego  de que la aviación del imperio del sol naciente bombardeara  Pearl Harbor (1941), los Estados Unidos le declaran la guerra a las fuerzas del Eje. El padre de Corso, para evitar ser reclutado, se declara único  sostén de su hijo y  lo lleva a vivir con él. Sin embargo, su ardid fracasa y es enviado al frente de combate.  Gregory, abandonado nuevamente, no tiene donde vivir, se decide entonces a hacerlo en las calles de la Pequeña Italia Little Italy, el barrio italiano en Nueva York.

Durante el invierno dormía en las estaciones del subterráneo y en el verano lo hacía sobre las terrazas  y techos de los edificios. Continuó asistiendo a la escuela parroquial, ocultando el hecho de que estaba viviendo en las calles. Su supervivencia  dependió de la generosidad de los empleados de la panadería Vesubio, los que según Corso le permitían hurtar pan y facturas para su desayuno y de los comerciantes y los encargados de los distintos puestos de comida del barrio, quienes le pagaban los mandados que le encomendaban con alimentos. Cierta vez le pidieron  que llevara una tostadora a un vecino, en el camino se la vendió a un transeúnte. Fue arrestado y condenado a cuatro meses de detención en The Tombs, entonces la cárcel más violenta de la ciudad, allí recibió tantas golpizas que desesperado atravesó con sus manos los cristales de una ventana para que lo enviaran al hospital, donde estuvo bajo observación  varios meses en el pabellón psiquiátrico.

En 1946, participó de un robo a una dependencia de una  institución de crédito, su parte del botín  fue de U$S 7.000, para la época una pequeña fortuna. Al ser denunciado por uno de sus cómplices es arrestado, juzgado y condenado a tres años de encierro en la Prisión Estatal, en Dannemora, Nueva york, aún era menor de edad, sólo tenía 16 años. En la cárcel habría de compartir sus días con peligrosos delincuentes, asesinos y violadores, sin embargo su buena estrella no habría de abandonarlo, pues debido a su ascendencia italiana recibiría la protección de varios integrantes de las familias mafiosas de Nueva York que cumplían condena en ese penal, entre ellos el temible  Richard ‘Richie’  Biello. Por ser Corso el preso más joven de la población carcelaria lo adoptaron como su mascota, mandadero  y bufón.  Allí comenzó su educación literaria. Guiado por un preso que colaboraba en la biblioteca leyó palabra a palabra un viejo diccionario, luego vinieron Los Hermanos Karamazov, Los miserables, los volúmenes del historiador Will Durant; Christopher Marlowe, Thomas Chattterton   y fundamentalmente la obra de los integrantes de la segunda generación de románticos ingleses, Byron, Shelley y Keats, entre quienes Shelley sería su favorito. 

Habiendo cumplido su condena se instala en Greenwich Village, trabaja para un confeccionista de vestimenta y por las noches asiste regularmente al Pony Stable, un bar de lesbianas. Su carácter, humor y payasadas lo convierten rápidamente en el personaje del lugar. Las parroquianas que se divertían con sus ocurrencias lo dejaban ocupar, noche tras noche, una mesa donde escribía febrilmente sus poemas. Una noche visitó el bar Allen Ginsberg quien al verlo allí sentado, se sintió atraído por su buena presencia y el  magnetismo  y energía que emanaba de su cuerpo. Ginsberg quizás se acerco a él con intenciones sexuales, sin embargo, Corso, un manifiesto heterosexual, supo sacar beneficio de la situación y le hizo pagar las cervezas. Y, no dejó  de aprovechar la circunstancia para leerle algunos de sus poemas que impresionaron a Ginsberg profundamente. 

Allen Ginsberg posteriormente le presentará a otros escritores que unos años más tarde constituirían el núcleo central de los Beats: Jack kerouac y William S. Burroughs. Ellos vieron en él a un poeta educado en las calles que tenía el potencial necesario para expresar su pensamiento poético, que si bien estaba anclado en la tradición clásica, proponía una mirada diferenciada de aquella de la generación que los antecedió. El encuentro de estos escritores no sólo es  un punto de inflexión en sus propias vidas, sino también en la literatura norteamericana. 

La necesidad de profundizar sus conocimientos lo inducen a trasladarse  en 1954 a Cambridge, Massachusetts, donde los poetas Edward Marshall y John Wieners de la llamada Escuela de Boston, estaban experimentando con las poéticas de la voz.  Allí concentra sus actividades en la biblioteca de la universidad de Harvard donde pasa sus días leyendo; y asistiendo furtivamente a clases dedicadas a los clásicos griegos y latinos. En Harvard rápidamente hizo amigos, entre ellos, Peter Sourian, Bobby Sedwick y Paul Grand, quienes lo dejaban dormir  sobre el piso en sus habitaciones y le prestaban ropa elegante para que pasara desapercibido en el comedor universitario. Todo parecía marchar sobre ruedas, hasta que los integrantes de una de las  hermandades universitarias, The Porcellian Club,  quizás la más elitista de todas, descubrieron su presencia y le solicitaron al rector que expulsara al intruso. Pero, ante la sorpresa de los denunciantes el rector, el poeta Archibald MacLeish, entrevistó a Corso, leyó sus poemas y  decidió darle la autorización para asistir a clase como alumno oyente, otorgándole el status  de poeta residente.   

Ese año publicó sus primeros poemas en el Harvard Advocate,  la revista literaria de la universidad y el reconocido teatro de los poetas estrenó su obra This Hung-Up Age simultáneamente  con Asesinato en la catedral de T.S. Eliot. Sus amigos de Harvard  al año siguiente reunieron el dinero para imprimir su primer libro: The Vestal Lady on Brattle, and Other Poems (1955).

Ginsberg y Kerouac se habían trasladado a  San Francisco. Corso  que se hallaba temporariamente  en Los Ángeles decide seguir sus  pasos. Llega allí el día después de la histórica lectura  de poesía en la Six Gallery (7 de octubre 1955) en la que participaron Michael McClure, Gary Snyder, Philip Whalen, Philip Lamantia y Allen Ginsberg quien leyó  Aullido, produciendo conmoción en los medios poéticos de la ciudad.  A partir de esta lectura, Ginsberg y Corso realizaron varias lecturas en San Francisco, luego partieron hacia Big Sur a visitar a Henry Miller y a Los Ángeles invitados por Anaïs Nin y Lawrence Lipton. Antes de regresar a Nueva York  visitaron a Jack Kerouac  en ciudad de México. 

En 1957, viaja Europa, instalándose en una pensión en París. Desde allí se trasladaría a otras ciudades donde residiría durante extensos períodos, estudiando idiomas e interiorizándose en las diversas poéticas contemporáneas europeas. Allí recibiría la visita de Ginsberg y Burroughs. Cuando sus finanzas se lo permitían regresaba a los Estados Unidos, donde publicaría Gasoline (1958, prologado por Allen Ginsberg y dedicado a “los ángeles de la prisión quienes a mis diecisiete años me entregaron desde las celdas que rodeaban la mía, libros que me iluminaron.”) 

Sus  estadías en París fueron  provechosas, allí terminó The Happy Birthday of Death (1960), al que le siguieron Minutes to Go (1960, poesía visual en colaboración con William S. Burroughs, Sinclair Beiles y  Brion Gysin), The American Express (1961, su única novela) y  Long Live Man (1962). 

A comienzos de los 60 ingresa en el departamento de inglés de la Universidad de Nueva York en Buffalo,  será despedido en 1965,  pues se niega a firmar una declaración jurada estableciendo (aunque no estaba afiliado) que no era miembro del partido comunista.  En los años siguientes enseñó en distintas universidades, siempre por poco tiempo, pues invariablemente entraba en conflicto con las autoridades, debido en la mayoría de los casos a  las quejas elevadas por los sectores académicos de las mismas. 

 Junto a Allen Ginsberg y Peter Orlovsky recorrerá su país y Europa leyendo su trabajo y residirá  varios años en Italia y Grecia. En una visita a su país declara que su destino es la poesía y ésta su única salvación y da a conocer en 1970 Elegiac Feelings American  al que le seguirán:   The Night Last Night was at its Nightest (1972) Earth Egg (1974) Herald of the Autochthonic Spirit (1981), Mind Field (1989),  Mindfield: New and Selected Poems (1989, poetry).  Sin embargo, ya a partir de mediados de los 70 su producción poética disminuirá, debido a su alcoholismo y el abuso de heroína que en muchas oportunidades financiará con  la venta de sus libretas de notas, apuntes y poemas, muchos aún inéditos, a las bibliotecas de universidades norteamericanas. 

Gregory Corso fue un auténtico bohemio, sobrevivió realizando tareas diversas, dependiente en una florería, vendedor de biblias,  dando ocasionales cursos de escritura creativa, recitando sus poemas, sus derechos de autor y  fundamentalmente la generosidad de sus amigos, entre ellos Francis Ford Coppola que le pidió que hiciera un cameo en el Padrino III.  En  “Llegando al poema” declara: “He vivido por la benevolencia de judíos y muchachas/ no tengo posesiones /y nada me ha de  faltar…” (por judíos léase Allen Ginsberg).

En la última etapa de su vida le irritaba sobremanera aparecer en público, ya sea en una lectura de poesía o una entrevista, en la mayoría de los casos las rechazaba. Pero, más que nada le molestaba su fama como una celebridad del movimiento beat. Nunca autorizó que se escribiera sobre su vida, sólo póstumamente habría de aparecer una selección de sus cartas titulada artificiosamente  Una biografía accidental.

No obstante, en los 90 a instancias de Allen Ginsberg se reunió con el director cinematográfico Gustave Reininger con quien tuvo largas conversaciones,   en las que lo sometió a un extenso cuestionario que incluyó preguntas sobre el poema de Gilgamesh, Heráclito y San Clemente de Alejandría.  Sólo después de que el cineasta aprobara el exámen, acordaron realizar un documental sobre su vida: Corso: el último de los beats; en el que participaron, entre otros,  Ethan Hawke, Bob Dylan, Patti Smith, Lawrence Ferlinghetti, William Burroughs, Deborah Harry y Allen Ginsberg. El plan consistía en realizar un viaje con el poeta por  Francia, Italia y Grecia para reconstruir los inicios del movimiento beat. En Venecia frente a la cámara habría de lamentarse por no haber tenido una madre y haber vivido una dolorosa infancia. 

Se propuso entonces averiguar en qué cementerio estaría enterrada Michelina Colonna, ya que su padre le había dicho que luego de abandonarlo ella había regresado  a Italia. Discretamente Reininger inició la búsqueda y sorprendentemente ella apareció viva y no en Italia, sino en Trenton, Nueva Jersey. Corso rápidamente desarrolló entonces una estrecha relación con ella y en varias ocasiones vacacionaron en Atlantic City para jugar al blackjack en los casinos de esta ciudad, donde él regularmente perdía, hecho que  lo  obligaba a  aceptar que su madre siempre compartiera con él sus ganancias.  

El reencuentro sostuvo Corso, cicatrizó viejas heridas espirituales y le devolvió la energía  para retomar la escritura,  convenciéndolo además que su vida había dado un giro completo.  Pero, como él dijo en distintas oportunidades, la musa  como “la vida nos brinda sorpresas inesperadas”, intensos dolores lo obligan a ir a un hospital, donde se le diagnostica un cáncer de próstata que debido a su descuido ya se había ramificado. Fallece el 17 de enero de 2001 en la casa de una de sus  hijas Sheri, en la ciudad de Robbinsdale, Minnesota. Además de Sheri, Gregory Corso en sus tres matrimonios fue padre de otras dos hijas, dos hijos, quienes le dieron siete nietos y un biznieto.   

Un grupo de sus amigos, en los Estados Unidos, entre ellos, Robert Richards y su abogado Roger Yarra decidieron cumplir con su último deseo: “Ser enterrado en Roma en el mismo lugar donde fueron sepultados  "mis amados Percy Shelley y John Keats.”  

La tarea no sería fácil, pues las autoridades romanas,  sólo en ocasiones fuera de lo ordinario, otorgaban  la autorización necesaria para realizar entierros en el cementerio para no católicos, “Cimitero Acattolico”, conocido también como el de “los ingleses”, patrimonio histórico de la ciudad, donde descansaban los restos de sus admirados poetas. No obstante, Hannelore Messner, quién residía en Roma luego de varias negociaciones y agotadores trámites obtuvo el permiso pertinente.  Entonces su hija Sheri acompañada por una docena de amigos de su padre trasladó  desde los Estados Unidos las cenizas de Corso a Roma. 

Unas doscientas personas  se reunieron el domingo 5 de mayo de 2001 en el “Cimetero Acattolico” para  brindarle la despedida final, entre ellos, Massimo De Feo y Corine Young. La urna conteniendo sus cenizas fue colocada en un foso frente a la tumba de Shelley y no muy lejos de la de Keats.  Roger Yarra y Penny Arcade leyeron algunos de sus poemas con música de fondo de Mozart, luego   los asistentes  lanzaron una lluvia de pétalos de rosa sobre la urna, flor que el poeta amaba. Cuando llegó el momento de cubrirla con tierra un clarinete rompió el silencio tocando viejas canciones revolucionarias españolas.


Post Mortem

 El tardío estreno oficial de Corso: el último de los beats en 2009, obtuvo para su director distinciones y premios en los festivales internacionales  en los que compitió, no solamente por ser un significativo ejemplo del cinema verité, sino en buena medida por el sujeto de la narración.  A pesar de su relativo éxito de público, tuvo un interesante impacto en ciertos medios especializados, los que despertaron un nuevo interés por la obra de Corso. Sin embargo, de mayor relevancia que aquello que se denominó el ‘redescubrimiento’  o ‘nueva puesta en escena’ del poeta, son las preguntas  que a partir de este documental quedan flotando en el aire.  

Si a Gregory Corso se lo consideraba ‘un poeta para poetas’ (Ginsberg, Kerouac, Burroughs), ‘que poseía una  voz propia’ (Creeley), ‘uno que en términos lingüísticos transfiere toda la potencia de la sintaxis y la retórica a su verso sosteniendo una actitud antiacadémica’(Carruth), cuyos poemas despiertan nuevas posibilidades para la palabra escrita (Bob Dylan); y, que además, a partir de Gasolina (1958) tuvo en los 60 y 70  una amplia audiencia que lo valoraba como uno de los renovadores de la poesía norteamericana contemporánea: ¿Cuáles serían entonces los motivos que relegan, al poseedor de una de las voces centrales  del movimiento beat, a un segundo plano? 

Los poetas y lectores que no rechazaron su trabajo, aquellos fieles que lo acompañaron a través de su marcha por el desierto, no tienen ninguna duda al respecto,  su marginación se debió en gran parte a su personalidad. Corso era un bromista irreverente, no tenía pelos en la  lengua y  nunca se privó de burlarse de las instituciones. En no pocas ocasiones la universidad, los académicos y los poetas inclinados hacia procedimientos formales habrían de sufrir, muchas veces en carne propia, sus desplantes y, en alguna medida, su desprecio. La respuesta de aquellos que controlaban entonces el panorama poético norteamericano varió entre el silencio, la negación o el repudio de su obra, encarnado, entre otros críticos, por Diana Trilling, Norman Podhoretz y John Hollander. 

 En 1960, Robert Lowell, entonces integrante de la tribu del metro y la rima, dividió la poesía norteamericana en  ‘cocida y cruda’ (cooked & raw),  las nuevas tendencias, entre ellas las divergentes poéticas de los Beats que tanta influencia tuvieron con la transformación de la poesía norteamericana en el siglo XX, pertenecían según él,  a la segunda categoría. Años más tarde, cuando parecía que el fenómeno del movimiento Beat se apagaba, Lowell en una carta a Elisabeth Bishop  escribió convencido: ‘una vez que los Beats desaparezcan será el tiempo de los profesionales’. Lo que definitivamente no comprendió es que la rebeldía poética de los Beats no estaba dirigida hacia él o hacia aquellos que él denominaba ‘los  profesionales’, sino hacia la medida. Enfrentamiento definido por Annie Finch  como: “la provechosa disputa con el metro, especialmente el pentámetro yámbico”; anteriormente  T.S. Eliot se había referido a este procedimiento en la poesía moderna perceptible ya  en las primeras décadas del siglo, considerándolo un “ataque contra el pentámetro yámbico”. Los Beats lo entendieron tempranamente, eran conscientes de que para expresarse,  el vehículo de dicha operación  -el verso,  en sus palabras, ‘the line’- , debía consolidar formas abiertas y que para ello debían revisarse  las convenciones prosódicas.   

 Las ácidas opiniones de Corso sobre el medio poético, su incorrección política y su exacerbado autodidactismo, la obsesión de leerlo todo -producto de un escritor que no tuvo una educación formal- y su rotundo antiacademicismo, fueron en gran parte los motivos  por los cuales los profesores poetas que administran la industria de los programas de escritura en las universidades norteamericanas, excluyeran su obra de la currícula. Esto no sólo le restaría lectores sino que dificultó la reedición de su obra  y lo que es más importante indujo a los antólogos a prescindir de su nombre y  a los jurados de los distintos premios literarios,  a convertirlo como sostuvo Allen Ginsberg, en el  poeta “menos premiado de nuestro tiempo”. 

No obstante, esto no pareció incomodarlo. Su consuelo, pasar largas temporadas en Europa,  aguardando la visita de las hijas de Zeus, particularmente las de  Erato y Calíope, a las que se refería, dependiendo de la ocasión,  invariablemente en singular —su constante alusión a la Musa también perturbó  a ciertos  poetas profesores, quienes sostuvieron  que Corso la utilizaba como un escudo pues era un poeta sin mayor relevancia quien sólo había tenido en su escritura escasos y contados momentos de lucidez—   y releyendo vorazmente a su amigo Henri Michaux, los mitos griegos y egipcios, el Libro de los muertos y a distintos poetas, entre ellos, Mayakovsky, Artaud, Lorca, Shelley, Rimbaud, Crane y  O’Hara.   

A pesar de la oposición a su trabajo a partir de 1989 varios autores se interesan por su poética y comienzan un lento proceso de reivindicación  de su nombre entre los autores que protagonizaron la renovación de la poesía en habla inglesa: Gregory Stephenson publica Exiled Angel, al que le seguirán entre otros trabajos sobre su obra y persona:  A Clown in the Grave, Michael Skau (1999); Gregory Corso: Doubting Thomist , Kirby Olson (2002);  Against Oblivion, Ian Hamilton (2002); Accidental Biography, (2003, prólogado por Patti Smith); Beat Poetry, Larry Beckett (2012); Three Radical Poets: Allen Ginsberg, Gregory Corso, Adrienne Rich, Eliot Katz (2013).  La noción de que Corso, muy difundida en el medio literario, era un poeta desprolijo (sloppy), que no contaba con los instrumentos para definir su propia poética, comienza a diluirse.

 Allen Ginsberg en la primavera de 1994, lo invita a participar en un seminario en la Universidad de Nueva York e incluye su obra entre los autores de lectura obligatoria .  Le dedica una jornada,  una clase dedicada exclusivamente a Corso, evaluó su poética destacando su complejidad; una que en sus palabras traslada las abstracciones  al lenguaje del hombre de la calle, transformándolas en lengua viviente.  Un poeta que recurre a su conocimiento de la calle, la sabiduría popular que es balanceada cuidadosamente con su lectura de los clásicos. Corso, destaca posee una habilidad extrema para destilar la esencia de conceptos arquetípicos, reciclándolos con humor, renovándolos. Asimismo, examina, contrasta y transmuta con agudeza e ingenio distintos  aspectos de la cultura popular y es un crítico severo de las convenciones. 

Gregory Corso solía repetir: “Nunca moriré, porque cuando esté muerto no lo sabré.”   Aunque no lo sepa no ha muerto pues nos ha dejado su obra cuya lectura nos lo devuelve tan vivo como siempre. 

En la actualidad ya nadie pone en duda que ha sido una de las figuras más influyentes del movimiento Beat en el imaginario poético de su país y que su voz, como dijo William Burroughs: “resuena a través de un futuro precario.” 
 




 

                                                                                                    
 
 



 


 




  
 

 
 



 


miércoles, 24 de agosto de 2022

Allen Ginsgerg: Proclama

 


Allen Ginsberg (1926-1993)























                                   para Carlos Edmundo de Ory


Yo soy el Rey del Universo
Yo soy el Mesías con una nueva dispensa
Discúlpenme he pisado un clavo.
Un error
Quizás no sea el Capitalista del Cielo.
Quizás sea un portero roncando
            al lado de las  Columnas de Madreperla-
No, esto no es verdad, Yo realmente soy Dios mismo.
Ni un poco humano. No me asocien 
                  con ellos.
En todo caso puedes creer en cada palabra 
         que  yo digo.


Octubre 31, 1987.
Gasolinera, N. Y.

Versión Esteban Moore
 

martes, 23 de agosto de 2022

Vicente Gallego: Poesía

 



Vicente Gallego













Septiembre, 30

No ha sido fácil comprender el mar,
el mar que se resiste al adjetivo,
las rocas, su volumen,
la concreción del tiempo en la materia
más real, la verdad del mundo en el vaivén
del viento y la marea, en la quietud
que el arrecife opone al oleaje,
en el fragor eterno del silencio,
que es una voz antigua e innumerable.

Aquí todo esta dicho,
no hay a quién.


La custodia

                     A Pedro García Montalvo

Bajo el sol de su fe, de su quietud,
el lagarto es verdad, es certidumbre
con la piedra y el cielo esta mañana.

Permanece consigo en su custodia,
Y vela así la plenitud del día.

Que a nosotros nos prenda
lo que tiene el lagarto tan cumplido,
que nos saque a la luz,
aunque sea muriendo.


Vicente Gallego (Valencia, España, 1963) Poeta y narrador. En poesía entre otros títulos ha publicado: Santuario, Valencia (1986),  La luz, de otra manera (1987), Cantar de ciego (2005), Mundo dentro del claro (2012), A pájaros y migas (2019)  y Un gramo menos (2020).
Su obra ha sido distinguida con diversos premios: Rey Juan Carlos (1987), Loewe Joven (1990), Emilio Alarcos (2015), Generación del 27 (2016), Poesía Fundación Loewe y el Nacional de la Crítica (2002)
 

María Rosa Mó: Poesía

 

María Rosa Mó


















/Los hombres no dan puntada sin hilo decía mi madre. El hilo tira, atrás. Desanda. Cruza el campo y lo veo. Vas a ser mía, acá, en la orilla del camino. Ni muerta digo como si la muerte se pudiese poseer. Ni muerta. Escapo puntada que aferra. El hilo se corta por lo más delgado./

El vestido se pliega y despliega. Lo blanco envuelve. Es tan pequeño el ojal donde atraviesan sus humores. Religión de una métrica implacable tras el hilván para cerrar la hilera de ojales. Ojitos que la miran llorar de tanto en tanto.

Oscilan los ojos tic tac. Las manos tensan. La tela corre bajo el hilo, aguja aprieta, cabalgadura que no cesa el galope quiere escapar la tela siente que puede ir más allá. La mujer sostiene ojos que oscilan tic tac. La lámpara fija. Hay que forzar la vista y el destino. Ella tensa. Lo suficiente.

Una vez vio a su madre llorar. En la cocina se cuecen habas. El padre dice basta voy murió mi madre, no podés venir dejar las hijas el campo lo que queda. Tengo que ir y duele el alma. Ella llora. El delantal en los ojos. La niña, tiesa, detrás de la puerta.

/Murió la abuela y en el pecho un dolor escarba. No es por ella. Mi padre ha llorado. Nunca llora mi padre. La muerte pasó cerca. Atravesó los ojos de mi madre. Una mujer de la familia ha muerto. He dejado de ser inmortal./

De Alba, Alción Editora. 


Sus manos tocan con suavidad
el tallo donde estoy 
anclada roza uno a uno 
los pétalos que sostienen
toma mi olor como un regalo.

Quiero darte de comer
preparar con sal con agua con tomillo
lo que sabe a mi cuerpo
Brindar con una cucharada de sopa
esto de tenerte
Volverme hogaza
partirme en dos
regar con vino el olor que nos consuma
fundir mi cintura en una olla
Que un chasquido de fuego
ilumine esta ofrenda.

De Eso que fluye, Ediciones del Cronopio Azul


Dice la ciega 
llevo la luna pegada
en el iris
luz en la memoria
la poso entre la sombra
que nos une
intuís
esa luz
que puedo ofrecer. 

La ciega como una china
pinta 
en los ojos 
                       la línea
rasga 
un horizonte 
ella se sabe
vista
origami
que despliega
el fragor 
de esas pupilas. 

En la línea la ciega
busca
el equilibrio
esboza
el hombre titubea
al ver 
la mano que pinta 

una raya
que divide.

La ciega se desviste 
como si viera llover 
el ojal un guiño    
donde el botón 
traspasa 
desaparece detrás de 
la tela 
ella descubre 
su cuerpo 
el hombre 
ojos como ojales 
la miran llover. 

El hombre mira 
los ojos de no ver 
y dice 

ciega 

ella levanta la palma 
para que pose

guarda en un cajón 
la piedad 
que no siente.


De Ciega, Alción Editora. 

María Rosa Mó nació el 9 de Julio de 1960 en Buenos Aires, Argentina. En poesía ha publicado Tristes historias resucitadas, la plaqueta Blusera del alma, Ardores en puntillas, Eso que fluye, con dibujos de Nora Patrich en Ediciones del Cronopio Azul. El guerrero, Alba y Ciega en Alción Editora. Transparencia en El Suri Porfiado. 
Participó en la antología Entre la utopía y el compromiso de editorial Catálogos. 
Para chicos ha publicado entre otros La escalera de Pascual y Los pájaros de Joaquín seleccionado para la Mostra Internazionale d’Ilustrazione per l’Infanzia de Sàrmede, Italia, Premio Alija Colección y Animal enamorado en Ediciones del Cronopio Azul. Julieta en sueños en Kalandraka, España, libro que fue traducido al gallego, musicalizado por la Sinfónica de Galicia y presentado en el Palacio de la Opera de La Coruña. Las manos en la masa, Editorial en e.d.b. Perlas de bruja, Editorial SM, Premio Alija Poesía.  Miradas de vaca, España, Editorial Anaya. 
Es directora de Ediciones del Cronopio Azul, editorial que en el rubro infantil fue avalada por importantes premios nacionales e internacionales, como el Premio Octogonal de Francia, la Mostra Internazionale d’Ilustrazione per l’Infanzia de Sàrmede, Italia, Premio Alija (Asociación del Libro Infantil y Juvenil Argentina).
Junto a la artista plástica Nora Patrich también ha editado el libro Sexo, Feng Shui y Horóscopo chino, de Postales Eróticas.
Ha coordinado el Ciclo de Poesía en el Tuñón, y Poesía y Música en la Biblioteca, en la Biblioteca Nacional.



lunes, 22 de agosto de 2022

Alejandro Carrizo: Poesía

 

Alejandro Carrizo























1.

johann sebastian me da un empujón  (no
encuentro los anteojos.  alguien que huye
quiere voltear la puerta  (lo invito a la cocina
le ofrezco un vino empezado y le pido que se calme:
el perro del vecino sigue sin alcanzar la luna.
su saco echa humo aún  (por favor, los vecinos
parece balbucear el nombre de un amor antiguo
por sus ojos desesperados camina una palabra muda
corro, pero la pierdo en la multitud
otra vez el hígado  –pienso–  aunque la mesa ya
ha comenzado a tomar su forma natural
debo volver a mis huesos antes de que empiece
a llover en los espejos  (marcela, la violonchelista
no da señales de vida y eso puede confundir a
cualquiera.  a esta altura bach se ha llevado al
desesperado a buscar un barcito abierto en
la terminal  (la ventana sigue fiel y
      empecinada
la ciudad es un rinoceronte dormido
que puedo acariciar con toda mi desnudez


22.

lo conozco
lo veo llegar con una pedrada en el pecho
una golondrina mojada se acomoda en su
ojo izquierdo cuando va a decir
una jauría le quema la garganta esa mano
que brota de su saco arrastrada por cadenas
voltea calles iracundias posibles
alegrías decepcionadas y
en descuidado pas de deux con garrik
firma el aire
cruza las piernas
sus zapatos delatan haber abusado sexualmente
de la cáscara del mundo.  la bala que
está llegando no lo intimida    (la suite
del viejo amor de bach le ha colgado enanos
en la ínfima sonrisa.    su silencio es
como la luna atravesada por un puño
pide un café, saca un libro
lee

(de “Tocata y fuga”, 2010)


35.

adentro de la botella navega la fragata carolina y
adentro de la fragata estoy yo y adentro de mí un
corsario negro cuyo interior está poblado de iguanas
y en sus lenguas ladra la soledad hace fintas un poeta
asesino que en el lomo de los perros vagabundos se
bebe las próximas lluvias y en la cabeza de un alfiler
lee los documentos apócrifos de tu sonrisa que se
perdió en el mar negro los rabdomantes atizan sus
varas los dragones sus fuegos interiores alguien
murmura en el figón una cantaleta como flagelo 
andrajos andrajos de tu ausencia y
los perros van a cruzar la lluvia

(de “Perros locos llenos de lluvia”, 2022)

Alejandro Carrizo (Ledesma, Jujuy, 1959) Poeta, narrador dramaturgo y editor. Ha publicado: -poesía-  “Pena por Manuel J. Castilla” (1982). “Vencedor de mariposas” (1985), “Elementos” (1987) - Premio Fondo Nacional de las Artes, “Fosa común” (1990), “La marca” (1999), “Rabdomancia” (2002), “Tren al ocaso” (2005)“Modulación” (2007), “Tocata y fuga” (2010). “El vuelo del rabdomante” (2018)“, Perros locos llenos de lluvia” (2022) -narrativa- “El embudo” (novela, 2012), “El desalmadero” (historias de vida, 2019) -teatro- “Por la gorra” (Primer premio provincial dramaturgia, Jujuy, 2017), “Micaela, un continente” (primer premio Teatro Nacional Cervantes 2019), “Oniricidio” (premio Dramaturgias del NOA, INT 2020), -radio-“Vientos del monte” (radioteatro, Premio ARUNA 2017), “El romance del Éxodo” (radio novela)  (Premio Nacional ARGENTORES 2018) y “¡Viva la Matria! (la verdadera historia de la Parda María” (radionovela en escena).




Libertad Demitrópulos: Ediciones Cuadernos del Duende, Jujuy

 









Cuadernos del Duende, Jujuy, colección dirigida por Alejandro Carrizo



jueves, 18 de agosto de 2022

Rogelio Ramos Signes: Poemas

 

Rogelio Ramos Signes 













De nuevo en la carretera

52 años tarde me enteré de la muerte de Alan Wilson.
Él venía cantándome desde antes en un viejo disco
que siempre imaginé diferente y nuevo.
Dicen que nunca es tarde para enterarse de las buenas noticias.
¿Y de las malas? pregunto.

Ahora mi discurso tiene que cambiar, debo hablar en pretérito
aunque deseo seguir escuchándolo en estricto presente
con su voz de eterno muchachito que amaba la naturaleza,
que sufría pensando en la desaparición de los bosques de secuoyas,
en los desastres costeros y en la contaminación de la luna.
Era muy inocente, creía que el hombre ya había empezado
a pisotearla y a tirar envases de plástico en cualquier parte,
tal vez porque vivía en el cañón de Topanga
(California)
a 256 kilómetros del desierto de Mojave
(California también),
escenario del alunizaje televisado,
muchachito conservacionista de Massachusetts
46 horas de carretera a velocidad constante,
pero ¡quién no se detiene en una gasolinera
a cargar combustible, tomar un café, ir al baño!

¡Qué malas eran las comunicaciones décadas atrás!
Lo seres bienqueridos se morían y ni siquiera te enterabas.

Y ahora, creo que es inevitable preguntarme
qué hace un búho ciego con una lata de calor envasado.
¡Cómo que es una pregunta poco usual!
¡Desde cuándo la poesía necesitó ser coherente
para retratar la angustia de alguien que ingresa en la tristeza
52 años tarde.


Simulacro de destierro

Creía que pasar una noche fuera de su casa
sería como fundarse nuevamente, como ser distinta.
Una simple noche de hotel, otras sábanas, otro baño,
otro ruido en las calles, las sirenas ululando diferente
mucho más cerca entre tanto edificio, ningún ladrido.

Sólo fue diferente el ángulo del sol entrando por la ventana
a la mañana siguiente, sobre esas otras sábanas,
sobre sus propias pertenencias compradas en oferta,
de muchacha desnuda, sola, en una habitación impersonal
necesitada de llorar sin freno, sin bozal, sin espejo
como en un desolado cuadro de Hopper, igual que antes.

Y volver a su casa de todos los días, donde el sol
también entra por la ventana, pero a la tarde;
las sirenas también aúllan, pero a lo lejos,
y mirar a todos como diciendo “yo sé lo que es estar en el exilio”
aunque allá no ladraban los perros todo el tiempo
ni había olor a pan tostado ni una madre esperándola en la cocina.


Otros modos, otras lecturas

Cuando los viejos decían que cambiaría el viento
sí  /  cambiaba el viento.
Después del Zonda viene el Sur
repetían como un mantra
que sólo practicaban cuando el tiempo y el paisaje
quedaban detenidos en el espacio,
cuando el calor parecía no tener límite
y los poros dejaban de respirar.
Esta noche, seguro, cambia el viento
y el viento, por supuesto, cambiaba.
Todos pensábamos ¡Qué lindo!
¿Cómo saben cuándo termina el Zonda y se viene el Sur?
¿En qué momento empezaré a ser viejo como ellos
o en qué momento empezaré a saber?
que es lo mismo en definitiva.
Por eso ellos sabían que el Zonda
era el único fuego sin color
pero con arena y a veces un remolino
(una bruja, decían ellos, no un remolino)
y el viento Zonda no era un viento
sino un estado imprudente del alma sin sosiego
y más allá, en su origen, en el Oeste, la cordillera
con la nieve tan blanca y por siempre fría.
¿Y el Sur, entonces, qué era el Sur?
No tuve tiempo de preguntarles.
Se me murieron antes.


Tiempo de replanteos

Cierta vez, año 90 más o menos,
en una vieja chatarrería en Banda del Río Salí
vi dos chanchos comiendo la puerta de un auto,
seguramente era por el óxido.
Años después lo recordé en una conversación
y mis amigos de entonces se rieron suspicaces;
tal vez creyeron que esa historia era una andaluzada
propia de mis ancestros malagueños.
Esa noche no logré dormir
y no porque hubiese luna llena, que es lo usual en mí,
sino porque a mi relato
le había faltado la segunda parte
la que no pude contar por la risa de ellos;
la parte que refrenda; la que da identidad.
Es que en “Gato negro, gato blanco”,
una película de Kusturica del año 98
aparece un cerdo comiendo la puerta de un auto;
seguramente lo hacía por el óxido también.

Conclusión: en lo curioso de la vida
al igual que en las cátedras universitarias
de nada valen tus conclusiones
sin una bibliografía que las acredite.


La palabra placer es pequeña con relación a su significado

Dice la borra del café que la vida que me espera es pelirroja.
La valija que cruza la cordillera en la bodega es pelirroja.
La que colecciona miradas, como si fuesen almanaques.
La muerte no deseada, que nos aguarda en la esquina.
La que habla con Jehová cuando Jehová está en silencio
es pelirroja, y es pelirroja la llave que lleva a la cocina.
Es pelirroja la centinela que ya no me pide documentos.
La mamífera siempre atenta y solidaria es pelirroja.
La que dice buenos días y es parte invisible del bosque.
La que cuenta sus canas pero no las arranca
porque dicen que dicen que en su lugar crecen siete más.
La noche que cierra un día agitado es pelirroja.
La blusa que se llevó el agua del río es pelirroja.
Es pelirroja la cuchara de madera que bate la crema
y la papa que cruje en la sartén, y una tecla del piano
y la Gioconda que llora y la letra R que mira hacia el Oeste.
Es pelirroja la última palabra de la última página
del último libro que habré de leer, o de escribir.
Es pelirroja la campana que anuncia la medianoche
y la puerta que te tiene en clausura también es pelirroja.


La “guerra necesaria” de la que hablaba José Martí

Igual que León Felipe
yo tampoco tuve un abuelo
que ganara una batalla.
Mi abuelo la perdió en 1895
en heroica tierra cubana,
y la realeza española
le regaló su propio rifle
para que recordara su derrota,
y le asignó una pensión
de no sé cuántas pesetas
que nunca llegó a cobrar
y su esposa tampoco
y mucho menos sus hijos.

La vida es así,
como el revés de un cuadro
que nadie se atreve a descolgar
por temor a las arañas.



Rogelio Ramos Signes nació en La Rioja a fines de 1949, pasó su infancia en San Juan, su adolescencia en Rosario, y reside en Tucumán desde 1972.
Es poeta, narrador, ensayista, periodista y difusor cultural.
Ha publicado 15 libros (5 novelas, 5 de poesía, 3 de ensayos, uno de cuentos y uno de microrrelatos); los dos últimos son “La sobrina de Úrsula” (novela) y “Hotel Carballido” (poesía).
Dirige desde 1982 la revista “A y C” (Arquitectura y Construcción). Ha sido traducido parcialmente a varios idiomas y colabora con publicaciones de distintos países. Figura en un centenar de antologías de diferentes géneros literarios.
Coordina un taller de escritura sólo par amigos.


Florencia Lo Celso: 3 Poemas

 



Florencia Lo Celso









































junto al polvo

los huéspedes

se levantan

 invitan

 mi sombra


camino

el olvido

como quien camina

un sendero


me detengo

en cada esquina

las descubro

en ellas

quedaron adheridos

fragmentos

voces 

y encuentros

el cada día

las edades



el ayer

traspasado

por el aquí y ahora

que se deshoja 

con ansiedad

en cada paso

buscando algún signo


Florencia Lo Celso-  Poeta, docente, gestora cultural, como tal fue cofundadora y coordinadora, representando a la  provincia de Santa Fe, del Festival Latinoamericano de Poesía, actualmente Festival Internacional de Poesía de Rosario. 
Ha  publicado: El color de nosotros (junto al poeta Rubén Plaza, 1986), La vuelta del instante (1997), La palabra que nombra (2008) e Íntimo duelo (2021). Su obra ha sido reconocida con premios provinciales y nacionales . El Concejo Municipal de la Ciudad de Rosario la declaró Poeta y Docente Distinguida de la Ciudad.







miércoles, 17 de agosto de 2022

César Cantoni: Poemas

 

César Cantoni











EL POETA DE LA REVOLUCIÓN

Una vez, siendo joven, 
me propuse pegarme
un balazo en el pecho.

Ese tributo a Maiakovski
–yo era, entonces, marxista–
y algunos versos entusiastas que había escrito
me auguraban, en mi fuero
más íntimo, un sitial memorable.

No sé si por cobardía o pura comodidad,
durante un tiempo largo, 
esperé que el balazo anhelado me lo pegara otro.

Al final, la Revolución fracasó,
nadie colaboró dándome muerte
y aquí estoy, poéticamente destronado,
escribiendo estas líneas.


NUNCA CREÍ EN PROFECÍAS

Nunca creí en profecías. Incluidas 
aquéllas que anuncian el final del mundo.
El mundo jamás desaparecerá.
No puede materialmente desaparecer. 
Lo más probable es que sea la humanidad 
la que desaparezca. (¿No desaparecieron ya, 
entre otras especies, los colosales dinosaurios?)
Quizá, la hecatombe no tenga prolegómenos
y todos muramos de repente,
como murieron, cuando el Vesubio  
estalló en cólera, los hijos de Pompeya.        
O, quizá, padezcamos un terror prolongado,
como los habitantes de Buenos Aires
mientras la fiebre amarilla se ensañó con ellos.  
En cualquier caso, cerrado el ciclo antropológico, 
la Tierra dejará de sufrir por nuestra causa
y el daño ambiental se retraerá:
el aire volverá a ser puro, 
los ríos desaguarán en cuencas cristalinas
y los bosques lucirán sin mella su verdor primitivo.
–¿Y las bestias...? –preguntarán los menos avisados.
Las bestias tomarán por asalto las ciudades,
se adueñarán de los ministerios, 
construirán madrigueras en templos y cuarteles,
se aparearán delante de las estatuas
y serán sus propios dictados los que ordenen la vida.
–¿Y entonces...? –querrán saber los más inquisidores.
Entonces, el bien y el mal habrán concluido su querella, 
no existirá el discernimiento para abonar la culpa, 
ni infierno ni cielo prometido,
y un viento inocente surcará, per secula seculorum,
los feudos del Señor. He profetizado.


LIBRO DE POESÍA

Leo el primer poema 
y no hallo una muchacha
dispuesta a seducirme.

Leo el segundo poema 
y no hallo un taxi que me lleve
hasta el Paseo del Bosque.

Leo el tercer poema 
y no hallo una pistola     
para apuntarle al autor a la cabeza. 

De manera que cierro el libro
y me pongo a mirar por la ventana:
afuera, la poesía de la calle
escribe su espléndida página diurna.




César Cantoni nació en La Plata el 23 de febrero de 1951. Publicó once libros de poesía: Confluencias (1978), Los días habitados (1982), Linaje humano (1984), La experiencia concreta (1990), Continuidad de la noche (1993), Cuaderno de fin de siglo (1996), Triunfo de lo real (2001), La salud de los condenados (2004), Diario de paso (2008), El fin ya tuvo lugar (2012) y Un arte invisible (2016). Su obra publicada incluye, además, el libro de aforismos Pensar no cuesta nada (2020) y dos cuadernillos: Intemperie y otros poemas (2006) y Latencia: poesía y dictadura (crónica literaria, 2013). Figura en numerosas antologías poéticas argentinas e hispanoamericanas. Algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, catalán, griego, ruso y albanés. Colabora con diarios, revistas y páginas virtuales de Argentina y del exterior. Administra el blog de poesía platense Los poetas no van al cielo. Reside en su ciudad natal.






Alberto Hernández: Adhely Rivero, La soledad como encuentro en Gente Íngrima

 

Alberto Hernández


 

1.-

Don Elieche Manro y Dionisio Pinzón podrían ser los mismos. Uno, desvelado por sus gallos, y el otro, de la ruina a la riqueza hasta que la vuelta a la miseria lo obligó a darse un tiro en la cabeza. Los dos personajes, el primero habitante del poema que Adhely Rivero ha desplegado desde la cresta de unos gallos, y el otro, devanado por Juan Rulfo en una novela corta que luego se convirtió en película. Ambos, atados a los cuerpos calientes de sus gallos vivos, de sus gallos tibios, heridos, agónicos de muerte o eternizados en un palenque imaginario, porque a fin de cuenta los gallos son recursos verbales, literarios: son la justificación para que la soledad describa la ingrimitud de un paisaje, de un interior desarraigado del alma, tan distraída como cualquier despropósito altanero que albergue una pelea entre dos emplumados y varias puñaladas entre los apostadores.

La historia de esos personajes, reales o recreados en este poemario de Rivero, son los protagonistas de un relato que se hizo poema por la manera de trazar las palabras como versos, pero que contiene la experiencia de quien escribe desde la mirada de la infancia campesina, desde su adolescencia bordeada por el viaje hacia las grandes avenidas y desde la madurez en la ciudad universitaria. 

El hombre viene del monte cargado de nombres y apellidos. Debatido entre el ir y venir de sus recuerdos. El hombre que es Adhely Rivero destaca desde ese instante en que nombra al primer personaje, desde el mismo instante en que más allá de su libro el lector puede alertar la memoria y traer a Dionisio Pinzón, el de El gallo de oro, que Rulfo inventó para congraciarse con la muerte y con la soledad de los vivos. Los muertos, tanto los gallos como los humanos, son un recuerdo desvaído, un páramo llanero donde el griterío de una gallera es un aviso, porque la Gente íngrima es la que ocupa el espacio de ese gran palenque donde la ambición y la desventura hacen su oficio.

Y así como el viaje torna quebradizo el ánimo de don Elieche, se confirmó la regla de que quedarse solo con un gallo revisa la vida de ambos. Una sola vida para toda la soledad. Y como con el personaje de El coronel no tiene quien le escriba, el de este libro de Rivero habla con su animal o lo anima a sobrevivir, a pelear con él mismo, a sacarlo del abismo de su silencio, a moverlo desde el ojo vaciado de un recuerdo en un palenque del pueblo. 

2.-

Con el sello de LetraGrande/ Colección Poesía Vicente Gerbasi, en Valencia, Venezuela, este volumen poético del autor nacido en Guadarrama,  Arismendi, estado Barinas, es un recorrido por la memoria de la soledad, por la intemperie que consiste en estar solo con la mirada de un animal al acecho, el que espuelea y picotea costados y cabeza de su adversario, mientras él también recibe puñaladas en el cuello hasta caer muerto, el uno o el otro y también sus dueños.

“Soy un viejo íngrimo y la soledad no me la repara el tiempo, / cada día me ausenta”,
es también la muerte, el no estar después del tiempo “donde los esqueletos de los animales/ rechinan del calor en los lamederos”, dice el que habla en plena pampa, en plena sabana, la misma de Pedro Páramo o la muy cercana de Doña Bárbara, pero en el tiempo de hoy, el de los actantes que usan celular y viajan en autobuses con aire acondicionado.

Ese viejo “íngrimo y solo”, como suele decirse por aquellos andurriales, suscita en el poema la idea de que es también “el gallo inocente” de Vallejo, o el de Enrique Lihn, el satírico de Quevedo, el de las palabras de Octavio Paz o los gallos de Tablada en plena gallera. Tantos son los autores que han hecho poesía con los gallos que le han aportado a la soledad patente para resistir la muerte, el olvido o la ausencia, mientras su ejemplar tiembla en sus manos o en la tierra con los últimos estertores. O triunfante con un canto en la garganta y ciego de ambos ojos. 

Y cuando se retira del oficio o cierren las galleras o por aquello de “Si prohíben las peleas de gallos, / sigo criando gallos de raza y los atiendo, / sólo para oírlos cantar”, porque la soledad no deja de tener compañía. 

3.-

“La eternidad es un silencio largo”, dice la voz y queda colgada del palenque donde alguien o algo perdió la vida, tanto humano como bestia, tanto paisaje como objeto.

“No quiero que te quedes detrás de la herencia/ aquí no crece el pensamiento”, pareciera decir el personaje al joven que veía la pelea de los gallos y era aconsejado a irse a la ciudad. 

Y entonces se oye la misma u otra voz, como una advertencia:
“La ciudad no necesita cuarteles, / si de allí vienes no entres a la ciudad, / todos los que portan armas son unos cobardes”.

El tema es una variación de la misma lucha a muerte en el palenque campesino. Ahora es la ciudad, la armada, la cuartelaría, donde los gallos usan uniformes, pero no son nada inocentes, como sí lo fue el gallo de César Vallejo. O el Gallo de la Pasión que anunció la muerte o la eternidad del crucificado.    

Y mientras todo esto se dice, esta confirmación: 
“Aquí en el pueblo lo único grande es la soledad”.

4.-

Hay muchos poemas para celebrar este libro. El titulado “Vicente está loco” forma parte de otra consagración: la de la festividad, la de perseverancia en el juego con la vida mientras la muerte es sólo un atisbo juvenil. 

He aquí estos poemas que hacen un libro para volver a todos los pasados mientras el presente nos abruma o nos alivia con la mirada bifronte de un fantasma y las espuelas invisibles de un emplumado cuya cabeza acaba de ser rociada con saliva y aguardiente.


Novedad Editorial


 

martes, 16 de agosto de 2022

ADHELY RIVERO: LA VIDA Y LOS GALLOS

 

Adhely Rivero






















COLORADO COMO LA PIEL DE UN GALLO

Atendía veintisiete gallos de pelea todas las mañanas, 
antes de irse al trabajo a desempeñar su cargo de juez. 
Se decía que apestaba a excremento de ave 
o aguardiente de caña que rociaba con su boca 
para refrescar el cuerpo del animal. 
Era de rostro colorado como la piel de un gallo. 
Vivía solo en su casa grande en la calle Rómulo Gallegos, 
frente a mi casa. 
Su patio tenía un inmenso árbol de merecure sombrío, 
apostaba las veintisiete jaulas en tres filas 
separadas por un amplio pasadizo.
Era ensordecedor oírlos cantar. 

II

Elieche Manro era misterioso, parco en el hablar, muy solitario.
Mi madre le mandaba dos tazas de café negro muy fuerte durante el día. 
Cuando me correspondía el mandado entraba silencioso 
para oírlo hablar con algún gallo. 
Le decía: ¿qué te pasa hoy quieres gallina o quieres gallera? 
El sábado hay peleas, comunícamelo. 
Se apartaba de esta jaula y se acercaba en otra hilera a otro gladiador: 
y tú tienes buen semblante, 
eres un zambo apureño regalo de mi hermano.
Cantaba el gallo al que le había ofrecido gallera. 
Lo sabía, estás listo. 
Voy a jugarme unos reales contigo. 
Esa noche se acostaba en el suelo entre las jaulas con las luces apagadas 
 y cuando el silencio era de un sueño profundo, 
encendía una linterna de abajo hacia arriba 
y la apagaba rápido para probar la atención de los animales. 
Su ligereza en el canto mostraba salud. 
Podía pelear. 

Esta rutina era de por vida, un abnegado gallero.
 
III

Pompilio, hijo de Heriberto, tendría diez años 
y sentía interés por lo que ocurría en la casa de don Elieche. 
Decidió entrar una mañana cuando quedó la casa sola 
y se dispuso a ver unas peleas colectivas, 
les levantó la jaula a doce gallos 
y se sentó sobre la pared en posición de fuga, 
se retiró cuando el patio parecía un campo de guerra, 
ensangrentado.
Por la tarde cuando don Elieche vio aquello dijo: 
todos eran buenos, no quedó ninguno vivo.


IV 

Cuando se jubiló de juez, 
su familia vino a buscarlo 
para llevárselo a la ciudad de Barquisimeto. 
Recogió dos gallos, un zambo regalo de su hermano apureño
y un pinto cola larga.
En un balconcito en el conjunto residencial Bararida
pasó el resto de la vida, 
sentado entre los dos gallos enjaulados, 
oyéndolos cantar y hablando con ellos. 
Cuando le conté al poeta José Adán Castelar, me dijo: 
Donde cante un gallo, allí viven el hombre y el amor.

(Gente Íngrima, Editorial LetraGrandeAmérica, Valencia, Venezuela)


ADHELY RIVERO (Guadarrama, Arismendi, estado Barinas, 1954, Venezuela). Está residenciado en Valencia desde 1970. 

    Lic. en Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Cursó estudios en la Maestría de Literatura Venezolana en la Universidad de Carabobo. Venezuela.

    Poeta, editor, fue jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, ex- director de la Revista Poesía, ex- coordinador del Encuentro Internacional Poesía de la Universidad de Carabobo, ex - director de las Ediciones Poesía de la Universidad de Carabobo, Ex- coordinador de las Ediciones El Cuervo, traducciones, de la Universidad de Carabobo.

    Condecoración en su Única Clase Alejo Zuloaga Egusquiza por la Universidad de Carabobo. Homenaje en la Revista Poesía No. 156.

    Ha recibido varios premios: Premio Nacional de Poesía Universidad de Carabobo. Premio Nacional de Poesía Universidad Rómulo Gallegos. Premio Nacional de Poesía “Cecilio Chío Zubillaga. Premio Nacional de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo.  

    PUBLICACIONES: 15 Poemas, 1984; En sol de sed, 1990; Los poemas de Arismendi, 1996; Tierras de Gadín, 1999; Los Poemas del Viejo, 2002; Antología Poética, 2003; Medio Siglo, La Vida Entera, 2005; Half a Century, The Entire Life, 2009, versión al inglés de Sam Hamill y Esteban Moore.  Poemas (Antología editada en Costa Rica) 2009.Compañera, 2012. Poesíe Caré, Poemas queridos, 2016, Versión al italiano de Emilio Coco, publicado en Colombia. Está representado en varias antologías nacionales y en la antología italiana La Flor de la Poesía Latinoamericana de hoy, tomo I, II, editada en Italia, 2016. La vida entera. Antología. Ediciones el Taller Blanco. 2021. Colombia. Fronteras Invisible, 2022. (En Imprenta). Gente Íngrima. Editorial Letra Grande América, 2022.
    Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, en 2007 y 2016. Festival Internacional de Poesía Al-Mutanabi en Suiza.2008. Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Colombia. Festival Internacional de Poesía del Mundo Latino, México. Feria Internacional del Libro de Caracas, Venezuela. Festival Internacional de Poesía de Venezuela. Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo, Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. Bienal Internacional de Literatura “Mariano Picón Salas”, Mérida, Venezuela
Traducido al inglés, portugués, italiano, alemán, francés y árabe.


viernes, 12 de agosto de 2022

Esteban Moore: Luis Pereira Severo, una lengua que nos dice

     
Yaugurú, Montevideo, 114 pags., 2022

 

En Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar), Luis Pereira Severo, desde el título y el subtítulo correspondiente, nos brinda las coordenadas para ingresar en el territorio, el universo de su poética. La suciedad, a la que se refiere no es otra que el  efecto que le imprimen los hablantes a nuestro instrumento de comunicación: el lenguaje cotidiano. Juan de Valdéz, en su Diálogo de la lengua (ca.1535) refiere: “…he aprendido la lengua latina por arte y libros y la castellana por uso, de manera que de la latina podría dar cuenta por el arte y los libros en que aprendí, y de la castellana no, sino por el uso común de hablar…”.   

Lo “estándar”, alternativa elegida como modelo o criterio de referencia lingüística, signa de alguna manera el proceso, el desarrollo de nuestro idioma en esta zona periférica del planeta, desde aquellos días lejanos en que arribaron a América las carabelas tripuladas por españoles de toda laya y condición, comandadas por un italiano.

El Río de La Plata, la mar dulce de Solís, cuenta con dos capitales, Montevideo y Buenos Aires, cuyos puertos fueron la puerta de entrada de cientos de miles de inmigrantes de diverso origen. Extranjeros que debieron someterse a una nueva realidad y que conjuntamente con los nativos y criollos configuraron la lengua que, con las particularidades propias de ambas ciudades, sus respectivas marcas en el orillo nos define. Y, que además, comparten un género literario propio, La Gauchesca, que se origina con los Cielitos combativos y batalladores de Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788, Morón, Buenos Aires, 1822). Poeta y patriota que con osadía y claridad no sólo persigue la independencia política de estas tierras, sino también la de la lengua, diferenciarse del tono asertivo que impone el imperio a las provincias desde la metrópoli. 

En su poema, “LA MARCA DEL CASTELLANO POLUÍDO” que lleva una nota al pie (ejercicio/arte poética), Pereira Severo señala acertadamente la contaminación de nuestra lengua como “la raspa de lo hablado”, lo extraño a ella que incorpora el uso popular, la mezcla que el interpreta como “mélange”; los cruces verbales: “El lenguaje de la fonda la herrería […] almacenes / despensas /el espesor de lo vulgar / tasajos”. 

Los rasgos, cualidades de su poética; desde Pabellón Patrio (2009), subtitulado en aquella ocasión “Serie de relatos íntimos”, no se relacionan meramente con una poesía ‘confesional’, ‘autoreferencial’. Todo lo contrario su propuesta apuesta a una dicción, un modo de enunciar, la inclusión del otro. El desarrollo progresivo, de un tono distintivo; la búsqueda de una voz.

Esta voz se distingue de mucha poesía contemporánea, aquella que en La poesía moderna es prosa (1978) Lawrence Ferlinghetti sostiene: “…cualquiera puede mirar hacia el pasado y maravillarse ante esta época extraña que le permitió a la poesía caminar en los ritmos de la prosa y aún denominarla poesía. La poesía moderna es prosa porque suena  tan apagada, sumisa,  como cualquier mujer  u hombre en las ciudades cuya fuerza vital está sumergida en la vida urbana.”
Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar)  se divide en tres partes: ‘Cuaderno viajero I’, ‘Garuada’ y ‘Cuaderno Viajero II’. 

En un poema de la primera parte, que podemos considerar un sucedáneo de aquel que él define como (ejercicio/ arte poética) escribe:

SE LE OCURRE algo muy 
gráfico
«Llueve sobre el camposanto«
¿Poesía civil como Raimondi?
Cuaderno viajero, es el nombre
de
Eso que escribe
El corte del verso determinado
por la pantalla del Nokia
finlandés
¿Se oye la lluvia desde el tercer 
piso? ¿Cómo desde Emilia 
Grassi, las barreras? ¿Pasa con
retraso el motorcar de las cinco?
Es gráfica la expresión
«llueve sobre el camposanto«
¿Un tipo de santuario la
Poética?
El corte del verso determinado
por lecturas de Levertov.
Lo que respira en la superficie
El goteo primoroso sin
apresuramiento
sobre el campo
santo

Desde el primer verso, no podemos eludir la pregunta ¿Quién es la persona del discurso? Indudablemente la tercera del singular, ya sea masculina o femenina, poco importa ante el resultado buscado: la elisión del yo.

 El poeta se enmascara en otro, realiza una transferencia de su experiencia, de su mirada personal. Este alejamiento del yo emisor, produce en la lectura un efecto que, en tanto lectores, nos transforma en sus cómplices, produce un acercamiento con el objeto. Nos allana el camino para que internalicemos el poema con mayor intensidad; hacerlo carne propia. John Keats (carta a Benjamin Bailey, Nov. 22, 1817), reflexiona al respecto: “Si un gorrión viene a mi ventana, participo de su existencia y picoteo la grava…”

Asimismo, en este poema pone en escena, sus preocupaciones en la construcción del poema, destacando la relevancia del corte del verso. Elemento central en la poética de todo poeta contemporáneo que presta atención al habla de su comunidad, entre ellos, los Imagistas, Pound, Louis Zukofsky y William Carlos Williams y que Denise Levertov (citada en el poema) considera el instrumento esencial, fundamental, en la caja de herramientas del poeta. El que determina que un texto en prosa, verticalizado, dividido simplemente en líneas, siguiendo una elemental sucesión de orden sintáctico, práctica generalizada en la actualidad, en la mayoría de los casos no reunirá las características de un poema. Fruto, quizás de no comprender, que el ‘verso libre’, no lo es tanto (Eliot dixit) tiene sus propias leyes: la variación rítmica, la irregularidad, la extensión variable, la ruptura en el sangrado de los versos y su disposición espacial en la página. 

Pereira Severo logra como el corredor de larga distancia, picar en punta, acelerar, regular sus zancadas, afianzar su propio ritmo. Modular su voz con desenvoltura, anotar en el pentagrama notas disonantes, una musicalidad diversa, atrapante, innovadora, en el ámbito que él mismo denomina como: “el desorden del lenguaje / incierto”. Aunque debo agregar; inferir,  que no solo persigue certezas sino su contrario; quizás como nos advierte Wallace Stevens en El Ángel necesario (1951) su búsqueda se cifra en: “la poesía en sí misma, el poema desnudo, la imaginación manifestándose en su dominio de la palabra.” 

La estructura de Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar), se sostiene en una amplia temática; que le abre las puertas a tópicos e intereses variados y multiplicados; y los objetos  que habitan los textos (útiles de cocina, ollas sartenes, jarras, baúles, viejas indumentarias, azadas, las furgonetas del hospicio y arados, entre otros) enriquecen, le ofrecen nuevos argumentos a nuestra noción de la realidad. 

Asimismo esta temática despliega un movimiento abarcador que integra varios aspectos tanto históricos como actuales. La ironía que da cuenta de una visita al centro comercial, “todo tiene remedio en el centro comercial”; o en “Trabajo precario / Marcador de pobreza / Lo negro lo pichi […] Pobres contra pobres mi amor / Lucen satisfechos en las / selfies”; hechos que iluminan ciertas singularidades de la época, carnada y anestesia frente a lo circundante, la felicidad del instante.

 Otro de los aciertos que recorren estas páginas es la economía de recursos utilizados para brindar instantáneas del terror y la violencia. Y, que no obstante tienen un efecto potenciador en la recreación de momentos históricos; poblados de degollados y desaparecidos, como lo demuestra en EQUIDISTANCIA: “Guerra del Paraguay / Tatuceras / Leandro Gómez // Todo cabe en la pantalla / Nibia / Miguel Mato / Tassino y / Y varios más // De cuando  tocaron a / Degüello / Son las fotos.” El horror, pareciera decirnos, no necesita de detalles.

    En Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar) Pereira Severo reafirma su tono y voz (estilo) e hilvana con oficio una serie de poemas en los cuales la unidad es su característica principal. Cada uno de ellos, en su individualidad, constituyen las distintas partes de un todo, un único poema. Sin embargo, no hay que desconocer otras cualidades del conjunto, los poemas más personales, en primera persona, no interfieren con aquellos en los que el Yo se oculta tras bambalinas, colocando en escena otras personas del verbo. 

Finalmente, hay que destacar la operación de proporciones que realiza, inédita en estos tiempos, la simbiosis, de dos maneras de interpretar el paisaje, el tiempo, la vida. Aquellas que definen el ethos  de la urbe y el de la campaña. Dos miradas culturales que a pesar de desarrollarse en una  lengua compartida presentan diversos antagonismos, que el poeta, en un delicado, complejo zurcido de las diferencias, disolverá, exitosamente, en una visión renovada del mundo y las cosas.   

 Luis Pereira Severo (Tacuarembó, Uruguay, 1956) Poeta, periodista, gestor cultural y editor. Es autor
Luis Pereira Severo

de Murallas (Libros de Granaldea, 1980), Señales para una mujer (Programa, 1985 y La Tinta del Alcatraz, Toluca, México, 1993), Memoria del mar (Destabanda, 1988), Poemas de acción y mujeres delgadísimas (Ediciones de Uno, 1992), Retrato de mujer azul (civiles iletrados, 1998), Manual para seducir poetisas (civiles iletrados, 2004), Pabellón patrio (Yaugurú, 2009), Poemas para mi novia extranjera (VOX, Bahía Blanca, Argentina, 2015) y Poemas para leer en una pantalla de 5’’ (IMM, 2019). Poemas para mi novia extranjera  -poesía- obtuvo en 2017 el Premio Nacional de Literatura otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura. Es coeditor de la editorial Civiles Iletrados.


 
 

martes, 9 de agosto de 2022

Novedad Editorial: Nubes con Cuervos, Horacio Verzi. Yaugurú, Montevideo, 737 pags.


 Horacio Verzi. Nació en Montevideo en 1946 y desde hace algunos años reparte su vida entre Roma y La Barra de Maldonado. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, fue editor de noticias y corresponsal en Nicaragua durante la revolución del Frente Sandinista, docente e investigador literario en Casa de las Américas, fundador y director de la revista cultural Graffiti. Publicó dos libros de cuentos y siete novelas. 
En 2013 recibió el Premio Nacional de Literatura, otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, por su novela El infinito es solo una forma de hablar.También recibió el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar (Casa de las Américas, 2004 )por Reliquia familiar; y la Mención Ministerio Educación y Cultura  en 1999 por su novela  Toda la muerte y el Primer Premio de Narrativa del Certamen Anual Latinoamericano. EDUCA ,Costa Rica, (1983) por la novela El mismo invisible pecho del cielo.

 

Fragmento:

…Vagamente recuerda que fue considerado como el ave que entregó el conocimiento al hombre, y que por lo tanto es portador de ingenio, inteligencia y sabiduría, salvo que el conocimiento necesariamente conlleve en su esencia el mal augurio. Y entiende lógico recordar que es el primer pájaro nombrado en la Biblia, el que suelta Noé para saber si las aguas han bajado, y también que los cuervos llevaron carne y pan a Elías el profeta mientras estuvo escondido al este del Jordán, y que Jesús los puso como ejemplo “porque el alma vale más que el alimento, y el cuerpo que la ropa”, y les dijo a gentes cubiertas de polvo y tierra y encallecidas que se fijaran en los cuervos, “que ni siembran ni siegan, y no tienen bodega ni granero, y sin embargo Dios los alimenta”. Y si aparecen en la Biblia y si Jesús entendió que el cotejo con el cuervo advierte el peso y el paso del secreto destino, Jesús también le habló a ella, le habló entonces y le sigue hablando aunque las voces se le pierdan, aunque la palabra se hunda como un pez en las fuentes del mar interior, y no sabe cómo ni cuándo, pero le seguirá hablando en el trazo impreciso de una letra, en un verso, en una estatua sin cabeza o en la invisible red que hila el cuervo en el vuelo.
Pero ¿qué recriminación les puede caber a los cuervos? Este, en suma, ¿no es acaso el mundo concebido por un creador? ¿No fue Averroes el que dijo que al artesano se le conoce por su obra? Con estas mismas palabras se lo preguntó hace años. Galaxias reventándose contra otras galaxias, planetas calcinados por soles que les dieron luz por un tiempo, caos a velocidades inimaginables, y la ferocidad, la de la carne y la ferocidad del todo, porque el todo fue en esta tierra concebido devorador (salvo en aquel sueño de una tierra virginal y prístina, donde los leones no matan, los lobos no se llevan a los corderos y los cerdos no saben que los granos son para comer, dijo una vez a la sombra de un ligustro), porque no hay sustancia ni figura que para su sobrevivencia no se vea obligada a destruir y devorar: animales comiendo animales (la mayoría de las veces antes de que mueran), animales comiendo plantas, plantas también devorándose entre sí, hombres devorando hombres (siempre antes de que mueran), absolutamente todo lo animado tiene que romper para existir, deshacer para volver a ser, aunque esa lógica sea indescifrable para los humanos, una lógica intrínseca del enigma y la química loca; así, más o menos así lo expresó en un pasado no muy lejano, que ninguno de los dos puede olvidar. Y todo ello sin considerar que también entra en la lógica de la sobrevivencia azotar o ser azotado, le oyeron decir, elevando la vista hacia el fondo del palmeral, donde se vislumbraba un viejo zaino colorado:
─No es más que un caballo, y los caballos nos los ha dado Dios para azotarlos. Y observen ─añadió, para estupor del hombre que hoy duerme con ella─ que del otro lado no está el mar, ni miden sus pasos las grandes olas inflexibles.