martes, 23 de abril de 2013

Raúl Gustavo Aguirre: Notas .


Raúl Gustavo Aguirre








El sonido, sin precedentes internos, es hábito de la nada. Abusar de la esfinge sin acudir a su necesidad, divulgar noticias gimnásticos, es silencio. Ese ruido estará siempre al servicio de los amos de la tierra: los grandes rebeldes han ejercitado hasta la perfección un rechazo tal que  en ellos no se mata más que un abismo, una mirada enorme hacia la poesía.

*

La magia de la existencia es enorme. La tarea del lenguaje es revelarla, no sustituirla.

*

La poesía no es un encuentro inesperado y amable al retorno de una paz que la ignora. No puede contar, para existir, con la distracción de la buena voluntad de sus adversarios: ley de gravedad en estado puro, le es preciso regir sobre una conciencia que para equilibrarla debe oponerle de continuo la totalidad de su poder de concreción. Y aún esa lucidez inmóvil y segura de su proeza no acredita nada, todavía, en la cuenta del poeta posible.

*

El poeta debe tener el don de poder atravesar esos falsos resplandores donde gira inútilmente toda suerte de iluminados. No es posible pasarse la vida tratando de dejar un barbijo sobre la cara de este lado de la muerte.

*

Una extensa familia de obsesos, actores y extravagantes, deambula y se exhibe por cuenta de la poesía: ignoran que ella no existe y que sólo conocen su espectro monstruoso y extorsivo.

*

El estado de alarma y el estado de gracia son uno en el poeta.

*

La poesía tiene sus parásitos, sus chambelanes, sus grandes sacerdotes, sus ayudas de cámara, etc. Es necesario aclarar que en nada le afectan los orgasmos de estos fabulosos posesos.

*

Tiempo sin eufemismos donde cada mirada es un desafío, cada movimiento una liberación. El poeta, ausente del orden público, echa a perder sin cesar, combatiente anónimo en la terrible sesión secreta, las pruebas del fracaso del hombre.

*

La silla puede girar, pero el mundo es todavía inmenso.


(Cuaderno de Notas 1952-1956)



Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983) Poeta, ensayista, traductor y crítico. En poesía ha dado a conocer entre otros títulos: El tiempo de la rosa, 1945; Cuerpo del horizonte, 1951; La danza nupcial, 1954; Cuaderno de notas, 1957; Redes y violencias, 1958; Alguna memoria, 1960; Señales de vida, 1962 y La estrella fugaz (1984). Fue el motor y el emblema de Poesía Buenos Aires, una de las revistas culturales más representativas en la Argentina durante la segunda mitad del siglo XX.




Rocío Nigrelli: Poemas.




Rocío Nigrelli

















Quiero una instantánea
reemplazada por otra
cada vez que un gesto cambie
cada vez que reprimas una caricia
y tus cejas se arqueen
y vuelvas sal el aliento
y me quemes
sin querer
reprimiendo una carcajada.
Inocencia infantil:
haber cometido el crimen
para ganar el juego.

* * *

Algo se acurruca
en la palma
de su mano derecha,
la izquierda celosa
desgarra la piel
con uñas travestidas en dientes.

* * *
Me como las uñas
y ellas me escupen.
Rujo hasta que mi voz
ya no es más voz.
Asesino al tiempo,
incubo pájaros
que mueren cuervos:
se arrancarán las plumas
sobre mi tumba.
Entonces vendarán mi boca.
Me atreveré a contar tus pasos
que se alejan
sólo con palabras.

* * *

Suponés que no es tarde,
me tachás con una sonrisa.
Empiezo a arder
y el humo fugitivo
se escapa de tu boca.

* * *

Junto a las difuntas.
Las que lloran por el otoño.
Las que frías están calientes.
Calientes de muerte y despedida.
Cetrino el trono, busca envejecer sus raíces
se ha vuelto ajeno nuevamente,
pero el tiempo encierra su eternidad.
Enana jaula moldeada de vientos.

* * *

Sólo las puertas con picaporte son puertas.
Las demás, sólo invenciones.
Las demás, sólo invitaciones.

* * *




Rocío Belén Nigrelli (Buenos Aires, 1993) Poeta. Inédita.



lunes, 22 de abril de 2013

Ramiro Sanchiz: Horacio Verzi, El monstruo erudito.






En su reseña de Las teorías salvajes (puede leerse en el blog de la autora, Pola Oloixarac), Beatriz Sarlo llama la atención sobre cómo “la intertextualidad pertenece a la época de las bibliotecas reales y las enciclopedias. Las citas, alusiones y ficciones teóricas de esta novela [Las teorías…] son de la era Google, que ha vuelto casi inútil el trabajo de hundir citas cifradas porque nada permanece cifrado más de cinco minutos”. Más allá de que podamos discutir el alcance de las afirmaciones de Sarlo, está claro que el significado -incluso diría el “valor”- de una referencia enigmática en una novela ya no es el mismo que en épocas de Borges. Por ejemplo, si posteo en mi muro de Facebook la pregunta: “¿Quién fue Protesilao?”, cualquiera que no recuerde el nombre del primer griego en morir ante Troya podría dar con la respuesta en cuestión de segundos buscando en Google o Wikipedia. En el caso de referencias como ésta, parte de su significado, su valor, está indudablemente ligado a la “dificultad” implicada en hacerse con la clave, que ahora, gracias a Google, es digamos mínima. Según Sarlo, entonces, la novela de Pola Oloixarac se construye desde esa mutación de lo que podríamos llamar la “novela enciclopédica” y, siguiendo esa línea, cabría preguntarse si El infinito es sólo una forma de hablar, la reciente novela de Horacio Verzi, resulta precisamente lo contrario: una novela enciclopédica y erudita a la antigua.
Indudablemente hay mucho que decir de la novela de Verzi. La literatura uruguaya parece producir monstruos más o menos terribles una vez cada tanto, y en ese sentido los antecedentes de El infinito… podrían rastrearse a las recientes El señor Fischer (2011), de Ana Solari, y Dodecamerón (2008), de Carlos Rehermann, y, más atrás todavía, a Troya blanda (1996) y Artigas Blues Band (1994), de Amir Hamed, y, por qué no, a La puerta de la misericordia (2004), de Tomás de Mattos. Las 500 páginas de El infinito… llaman la atención, sí, en la escena contemporánea, pero difícilmente se trate de un libro tan inusual o extraño como han sugerido algunos reseñistas: es cierto que se trata de una novela ambiciosa como pocas, tramada con rigor y sumamente erudita, pero, por otro lado, sus referentes, sus temas, su lenguaje y sus procedimientos son, sin lugar a dudas, demasiado canónicos para considerarla una obra arriesgada.
En cualquier caso, todos los reseñistas rastreables (Pedro Peña para El País Cultural, el ya mencionado Fernández de Palleja para el blog Club de catadores y Fernando Butazzoni en el blog alpialdelapalabra y en la contraportada del libro) se detienen a valorar la “profundidad documental y conceptual” de la novela y su “serie de exigencias, que van desde lo sintáctico hasta lo filosófico” (Fernández de Palleja), así como también su “bien lograda muestra de erudición” (Peña) y su “erudición monumental” (Butazzoni). Ante un libro del que tanto podría decirse, el hecho de que tres reseñistas privilegien ese aspecto “erudito” sin duda nos permite indagar un poco más en ese sentido y regresar entonces a la propuesta de lectura en relación a lo escrito por Beatriz Sarlo. ¿Es El infinito es sólo una forma de hablar -excelente como indudablemente es- una suerte de fósil viviente literario, un anacronismo?

El campeón eterno

Para buscar una respuesta se puede partir de visibilizar la condición evidentemente “tramposa” del libro. El infinito… es la narración de un hombre llamado Aldyr (o al menos así nos es presentado en las últimas páginas) que evoca sucesos acontecidos en 1942, cuando su mujer, una joven psicóloga, trabaja con un paciente aquejado de un extraño caso de amnesia. Este hombre, apodado “el Maluquinho”, parece haber olvidado su identidad y las pautas más elementales del mundo en que vive; bajo hipnosis se abandona a un copioso torrente de palabras en el que es posible distinguir las narraciones de otras personas que vivieron siglos atrás: un contemporáneo de Giordano Bruno, un pariente de Arrio, un griego que marchó con Jenofonte en su retirada y un hombre cercano a Alejandro Magno. Cada una de esas voces narra su vida, con lujo de detalles “de época”, que ayudan a tramar ese carácter “erudito” de la novela. Y allí aparecen las trampas, en tanto los relatos incluyen algunos anacronismos que llaman la atención sobre la posible “impostura” del paciente amnésico o de Aldyr al narrar aquellas sesiones desde el presente. En cualquier caso, las sospechas del lector van creciendo poco a poco y, pasada la mitad de la novela, invaden la narración: la psicóloga, Monique, se pregunta si no habrá que entender los “trances” del Maluquinho como una gran mentira, las invenciones de un mitómano o, por qué no, de un genio.
La novela, en rigor, no concluye nada claro al respecto, pero mantiene esa interrogante como un eje posible. En lo que podríamos pensar como un “grado cero” de El infinito… todo lo que leemos es la invención contemporánea de un narrador que se hace llamar Aldyr, quien, evidentemente, ha tenido acceso a exhaustivas bibliografías sobre la Antigüedad, la Edad Media y el Renacimiento, que le permiten armar una serie de ficciones plausibles, incluyendo el relato del paciente de su mujer.

Las bibliotecas invisibles

Ahora bien, si seguimos orbitando alrededor de la idea de erudición tenemos que volver a la propuesta de Beatriz Sarlo. En cierto modo, los detalles enciclopédicos (los “reales” y los espurios) de Verzi ingresan perfectamente en la lógica de comprobación de Google, por llamarla de alguna manera, pero, a la vez, ya retomada la lectura de la novela, descubrirá en sus propias páginas los datos que había buscado por fuera. De hecho, hay al final del libro una suerte de glosario que nos explica términos como órexis y nos señala la procedencia de citas como la célebre “She walks in beauty like the night” byroniano (y de otros más difíciles). De este glosario se dice (en su título) que es “innecesario” y efectivamente lo es si se asume el acceso a Google, pero Verzi -y aquí hay uno de los pliegues más interesantes de la novela- le da una vuelta de tuerca incorporándolo a la ficción. El glosario, entonces, es presentado como una guía escrita por Aldyr con propósitos didácticos, pensando en unos amigos -que aparecen en la última escena- no tan eruditos como él o, en todo caso, ajenos al estudio de la historia y la literatura. El gesto podría leerse como “en realidad, lector, no precisás Google: acá tenés todo lo que hace falta saber”, pero, evidentemente, y como la misma novela, el glosario abunda en pequeños enigmas y trampas. Por ejemplo, en la entrada “Atys de Panfilia” leemos: “Nada se encontrará en libros de historia sobre este personaje, ya que pertenece a la imaginación de un novelista”. Ese novelista es el uruguayo-cubano Daniel Chavarría y el personaje aparece en El ojo de Cibeles, novela de 1993. Por cierto, una manera de averiguar esto, que el glosario no explica claramente, es consultar Google.
Por otra parte, la incorporación de un glosario funciona en la dirección de construir al autor (o, en este caso, al personaje-narrador) como la cumbre de la pirámide de información (con poder de iluminar u oscurecer), lo cual parece resonar con una manera más “clásica” de pararse ante la novela erudita o enciclopédica.
En cualquier caso, está claro que el trabajo de Verzi asume ese diálogo con Google y Wikipedia y lo traslada a una perspectiva más clásica, cómoda (para el autor) o “libresca” en el sentido clásico, analógico, en tanto buena parte del proceso de citas enigmáticas y a veces espurias puede leerse como un guiño a un texto tan canónico como “El inmortal”, de Borges, en el que también son denunciadas (en el presunto texto escrito por un inmortal) interpolaciones anacrónicas y citas enmascaradas (casi todas ellas canónicas, pero también alguna que otra referencia a HP Lovecraft). Es verdad que Borges no tenía Google -tenía la Enciclopedia Británica- y que, por tanto, en su obra el “valor” de las citas misteriosas, oscuras o difíciles de rastrear era mucho más grande que sus equivalentes en una novela publicada en 2011, pero también está claro que el juego con la cita apócrifa (o aparentemente apócrifa) tan común en Borges es una manera (irónica, como mínimo) de pararse ante la erudición. Ese juego, de todas formas, se mantiene del lado conservador: Verzi no socava del todo el valor de las referencias y el saber enciclopédico que parecen implicar, sino que apenas lo señala como un elemento más en la compleja red de significados de su novela (cuya última página puede leerse como un elogio a la mentira, a la invención, a la ficción). En ese sentido, su monstruo -para regresar a la idea de lo extraño, lo inusual de las novelas largas en la literatura uruguaya reciente- no desafía al templo de la literatura, y ante la erosión del valor de las citas eruditas su manera de hacerse cargo del hecho es asumir una práctica consagrada, aceptada en el seno del canon.

Publicado en La Diaria 21-3-13, Montevideo, Uruguay.

jueves, 11 de abril de 2013

Heather McHugh: La máquina de escribir es de la variedad...


Heather McHugh




















La máquina de escribir es de la variedad
de gris pesado poco común en estos días,
y buena para apoyarse en ella. Me siento
 frente a ella, con desgarrados

agujeros en mis significados, o un corazón
repleto de complicaciones que incluso no puedo
comenzar a comenzar. En
la radio un solo de violoncelo, y al dar la hora
las noticias son comprendidas. Cruzo mis brazos
sobre la máquina de escribir, apoyo mi cabeza
sobre mis brazos, y respiro y
respiro y respiro, y allí

está toda la fresca
inmutabilidad  que un afiebrado
humano necesita, su flujo murmurando constante

como la velocidad de la luz o la realidad
del agua (hay muerte
en la tierra en este momento, hay

muerte en la tierra en este momento… Siempre

es ya está sucediendo). Entonces
puedo pararme, y dedicarme
a mi trabajo, que es amar el ver

la interminable imposibilidad de salvación del mundo.




Heather McHugh (San Diego, California, EEUU, 1948) Poeta, traductora, ensayista. Ha publicado entre otros títulos: A World of Difference )1981;To the Quick (1987); Eyeshot (2003) y  Upgraded to serious (2009).  Ha traducido a Paul Celan.





domingo, 7 de abril de 2013

Néstor Tellechea: Tierras lejanas en la boca.


Néstor Tellechea









 
Locura. Manotazo de ahogado. Argentinismo. Júbilo fácil. Salto abismal hacia la adultez. Terror. Búsqueda de preguntas. ¿Fuma? ¿Se pega taco contra taco? ¿Se acuerda de cuando lo llamaron? ¿Se siente ya como un blanco permanente, aunque tenga hambre? ¿Le presta atención a los ruiditos del arma mientras la mueve pensando? ¿Gotas de miedo interno? ¿Se toca el casco? ¿Puede dormir o adormecerse para salir un poco de su realidad? Y si lo hace ¿para qué? ¿Está parado, o parapetado en sí mismo? ¿Y el espacio y el metal y los pasos? ¿Los puede pensar? ¿Y cuando haya que actuar? ¿Tratará de convencerse de que tiene que ir fluyendo contra el mundo a pesar de todo, para con todo lo que por ahora es angustia y temblor y frío mientras está llegando la noche para colmo? ¿Perder la conciencia como resistencia a lo incierto? ¿Tendrá la pretensión de ser su propia calma? ¿Apacigua algo vivir la verdadera intensidad del cielo mientras tanto? La oscuridad ¿hace sentirse más íntimo con la respiración? ¿Mirarse las manos dice o provoca muchas cosas? ¿El ruido áspero de la marea, ahoga la incertidumbre? ¿Alguno puede ver en el romperse del oleaje, alguna que otra muerte falsa de sí mismo? ¿Y la vida sola? ¿Y la soledad indiscutible de lo que se recrea solo? ¿Y los armados de situaciones que envuelven y desenvuelven la espera? ¿Los pastos arqueados dejan entender la propia fragilidad o la elasticidad como búsqueda de supervivencia? ¿Una guerra suspende más al pasado que a la conciencia entera de estar en la vida? Lluvia. Temblores. Órdenes. Entregar la tensión del cuerpo al pozo de refugio, espiando la contundencia del silencio en la distancia. El sol. Un pájaro que parece que humedeciera el resplandor del aire con su raya de viaje. Los ojos están sensibles hasta para mirarse una muñeca o un bolsillo. Hasta para sentir al viento como un ataque del olvido que se hace trizas con el infinito renacimiento de la familia en la cabeza. Nada. Nadie. ¿Quién soy? ¿Cuándo van a llegar? Setenta y cuatro días mojados por las dudas y el horror. Sos una vergüenza de la historia. No te puedo ayudar. Patria. Parta pronto. Vaya a defender nuestra estrategia para defendernos y perpetuarnos. Salida y paso de las luces veloces de las balas. Barro. Tierra. Sangre. Gritos. Ropa insuficiente y revuelta. Carajo. Pendejo. Estacas. Desde cuándo lo de ustedes va a ser de ustedes. Dios nos ha hecho la elocuencia más contundente de todas las aguas. Tenemos una sola palabra. Somos los dueños de cualquier circunstancia que nos interese. Hablando y matando todas las razones enemigas por más lejanas que estén de todas nuestras imposiciones. Bocinas triunfantes. Puños valerosos. Qué hacés que no vas. Te están llamando las banderitas. Donaciones. Crucecitas blancas. Nombres. Vidas que recién empezaban, puestas debajo de la indiferencia. Sos un gusto angustiante en la memoria. Una fecha desesperante que no quiero perder. Un dolor. Una emoción. Una necesidad en la conciencia.



Néstor Tellechea (Quilmes, Buenos Aires, 1962) Poeta. Ha publicado:
“Poemas”, (1995, libro artesanal); “El Emperador de la Oscuridad ”(1997,plaqueta); “La Brisa” (1998, plaqueta);“Las incorporaciones del ya"( 2001,plaqueta); “La luz y la rima”( 2001, plaqueta); “Hospital versus hospital”,  (2001,plaqueta); “Olga” ( 2004, plaqueta); “Montale, esquina Ungaretti”(2005, edición postal); “Cerca. Lejos” (2005, plaqueta (diseño e impresión: Hilda Paz); “Pasaje Molinari”(2006  edición postal); "Balance"( 2009, edición postal) y"Cuatro Momentos", 2012.






 
                                                                                               
                                                          

jueves, 4 de abril de 2013

Elaine Equi: Puritanos.






Elaine Equi





















No los hay pequeños.
Todos tienen huesos grandes

hombres y mujeres
rostros rígidos, severos.

Crujen
al caminar

como puertas que han sido dejadas abiertas
para golpear al viento.

Uno imagina por su modo de caminar
que en algunos años a partir de ahora

se convertirán en hábiles jugadores de bolos.
Mientras tanto, los puritanos susurran

cuidadosamente para no sonar rítmicos.
El gris torcaza, el lavanda, el blanco huevo

son sus únicos colores, e incluso
éstos deben ser apagados, esfumados

para que sus perfiles
emerjan sobre el frío dinero

como si estuvieran garabateados
con tinta invisible.

Si bien no son optimistas
son eternamente democráticos

y pueden ser manejados
sin temor a la contaminación.

Esa palabra, para ellos,
no tiene significado alguno.

Podés tocarlos
todo lo que quieras,

y donde más te plazca.
Los puritanos nunca han sentido

el deseo de corresponder
y por ello son muy agradecidos.




Elaine Equi (Chicago, Illinois, EEUU, 1953) Poeta y gestora cultural. Ha publicado entre otros títulos:   Rose of Lima (1978); The Corners of the Mouth (1986); Surface Tension (1989);New & Selected Poems (2007).  








lunes, 1 de abril de 2013

Luis Antonio de Villena: Iconoclasta/ Iconódulo.






       
Luis Antonio de Villena
Enfermo y en casa, esta noche, estoy solo. Siempre supe que lo estaba. Conocía la soledad y sé que le debo óptimos momentos y la mejor (acaso la única) pureza. Pero la soledad es distinta a estar solo. Y yo lo estoy, nuevamente. Y leo sobre el Imperio bizantino, mientras intento –solo- que baje la fiebre. ¿Qué mejor tarea para un viejo que aprender de Bizancio y la fascinante historia de la emperatriz (“basilissa”) Irene, la ateniense, restauradora del culto a las imágenes? Tuve amigos, conocidos, colegas, algunas personas que me quisieron mucho, y a quienes quizá correspondí con egoísmo, porque fui egoísta. Ahora casi todos han muerto, y si llamase a alguno de los restantes (digo, es un decir) se sorprenderían al oír mi voz, y como yo –quizá me ocurriera al revés lo mismo- sólo sabría decir gratas, vanas y alentadoras palabras desde lejos, desde muy lejos. La vida es eso, caminos y caminos que te alejan…Los afortunados se engañan –y no es pequeño premio- pero es máscara a secas… “Homo viator”. Claro, caminante es el hombre. ¡Qué dulce que alguien lo dijera antaño! Pero ¿por qué? ¿Y hacia dónde? Estar solo acentúa los murmullos de la noche. No el sonido del silencio, no. La vaciedad nocturna, que la púrpura de Bizancio ilumina apenas. Podría morir esta noche, y siento que sería apenas un corto paso más allá. Estoy en la cama y entresueño mi cadáver, pero los fármacos (dosis muy altas de paracetamol) están bajando la fiebre. Porfirogénetas bajo la cúpula de la Santa Sabiduría. Como al remoto rey de Persia, la “proskynesis” –prosternación- ante el trono entre el canto de los ángeles y las voces eunucas. Llamar al teléfono ¿quién vendría? ¿Otro médico de urgencia? ¿Una dama nocturna en pro de catequesis? No. Tampoco sexo. No puedo ahora. Casi voló de mi cabeza. Sólo un bello recuerdo de perfiles bellos, lejos, también muy lejos. Como mamá. Como la bondadosa y remota tía Amelia. Como los veranos que amé (hace mucho), como el fuego que todo era o parecía. Nada queda o nada es lo mismo. Será hermoso descansar, me digo. ¿Equivocado? Muchas veces, pero no tiene arreglo. Te equivocas tú –es verdad- y también se equivocan tu azar, tu suerte, tu carácter, tu vida. ¿Cómo rehacerlo? No hay vuelta. Recuerdo al poeta gordo y retórico: ¿Para qué habré venido? Es un verso suyo. Casi estoy seguro. Puedo apagar la luz y es posible que duerma. Con menos fiebre  serán las hipnóticos más efectivos. Estaré mejor mañana, igual de solo. Querida y cruel Irene, que por poder dejaste ciego a tu solo hijo. ¿La vida? Es tan mutante, tan insegura, inestable y frágil. Divina Theotokos, en la que no creo. La vida es asimismo dura, cruel, innecesaria, áspera. Espléndida y sanguinaria, como ella. ¿Relámpago? Algo más enjundioso. La inmensa puerta de Calké, en Constantinopla, rara y soberbia entrada a un gran palacio, riesgo todo y dorados mosaicos. Pero nada cierto. Difícil llegar. Difícil marcharse.
                            Madrid, 10- Septiembre- 2006.   


Luis Antonio de Villena ( Madrid, España, 1951) Poeta, ensayista, crítico, narrador. Licenciado en Filología Románica. Realizó estudios de lenguas clásicas y orientales, pero se dedicó nada más concluir la Universidad, a la literatura y al periodismo gráfico y después al radiofónico. Además ha dirigido cursos de humanidades en universidades de verano y ha sido profesor invitado y conferenciante en distintas universidades nacionales y extranjeras.
Ha sido traducido a muchas lenguas, entre ellas, alemán, japonés, italiano, francés, inglés, portugués o húngaro. Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica (1981) -poesía- el Premio Azorín de novela (1995), el Premio Internacional Ciudad de Melilla de poesía (1997), el Premio Sonrisa Vertical de narrativa erótica (1999) y el Premio Internacional de poesía Generación del 27 (2004). En octubre de 2007 recibió el II Premio Internacional de Poesía "Viaje del Parnaso". Desde noviembre de 2004 es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lille (Francia).
Ha escrito y escribe artículos de opinión y crítica literaria en varios periódicos españoles desde 1973. Ha colaborado en numerosos programas televisivos y sobre todo radiofónicos. Actualmente colabora en El Mundo y en Radio Nacional de España. Ha hecho distintas traducciones, antologías de poesía joven, y ediciones críticas.

domingo, 31 de marzo de 2013

Rubén Darío: Año Nuevo.


Rubén Darío



















A las doce de la noche por las puertas de  la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria
        San silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes  Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para
          Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
          Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente ¿va a encontrar el áureo barco,
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey de Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
           del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío polo, lo corona el blanco Invierno,
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas, cada año, para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
           del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
          inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
         y el arquero.
                       

Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 1867- León, Nicaragua, 1916).

lunes, 25 de marzo de 2013

Curso Escritura Femenina




Lawrence Ferlinghetti: Allen Ginsberg se está muriendo.









Allen Ginsberg se está muriendo
Lo dicen todos los diarios
Está en los noticieros de la tarde
Un gran poeta se está muriendo
Pero su voz
                       no morirá
Su voz está sobre la tierra
En el Lower Manhattan
en su propia cama
se está muriendo
No hay nada
que podamos hacer
Él muere la muerte que todos
Morimos
Él muere la muerte del poeta
Él tiene un teléfono en la mano
Y llama a todos
Desde su cama en el Lower Manhattan
En todo el mundo
tarde  en la noche
el teléfono está sonando
‘Es  Allen’
                 dice la voz
‘Habla Allen Ginsberg’
Cuántas veces lo han oído
a través de los largos grandes años
No es necesario que él diga Ginsberg
En todo el mundo
en el mundo de los poetas
hay un solo Allen
‘Quería contarte’ dice
Les cuenta lo que le está pasando
lo que está cayendo
sobre él
La Muerte esa amante oscura
cayendo sobre él
Su voz va por satélite
sobre la tierra
sobre el Mar de Japón
donde una vez estuvo parado desnudo
tridente en mano
como un joven  Neptuno
un hombre joven con barba negra
parado en una playa de piedras

Hay marea alta y las gaviotas graznan
Las olas rompen sobre él
                                  Ahora
y las gaviotas graznan
sobre las costas de San Francisco
Hay un viento fuerte
Hay grandes olas blancas
azotando el Embarcadero
Allen está en el teléfono
Su voz está sobre las olas
Yo estoy leyendo poesía griega
El mar está en ella
Los caballos lloran ella
Los caballos de Aquiles
lloran en ella
aquí junto  al mar
en San Francisco
donde las olas lloran
Ellas hacen un sonido sibilante
Un sonido sibilino

                             Allen

Ellas susurran
                             Allen

Lawrence Ferlinghetti




Nicanor Parra: Poema y Versiones (Ginsberg, Trejo, Moore).




Conversación Galante

-Hace una hora que estamos aquí
Pero siempre contestas con lo mismo;
Quieres volverme loca con tus Chistes
Pero tus chistes me los sé de memoria
¿No te gusta la boca ni los ojos?
-Claro que sí me gustan me gustan los ojos.
-¿Pero por qué no los besas, entonces?
-Claro que sí que los voy a besar.
-¿No te gustan los senos ni los muslos?
-¡Cómo no van a gustarme los senos!
-Pero entonces ¿por qué no reaccionas?
Tócalos, aprovecha la ocasión.
-No me gusta tocarlos a la fuerza.
-¿Y para que me hiciste desnudarme?
-Yo no te  dije que te desnudaras.
Fuiste tú misma quien se desnudó:
Vístase, antes que llegue su marido.
En vez de discutir.
Vístase, antes que llegue su marido.

(de Versos de Salón, 1962)


Gallant Conversation

We’ve been together a whole hour
but all you give me is the same old answer.
You want to drive me nutty with your follies
but I know your jokes by heart long ago.
Don’t you like the mouth or these eyes?
Certainly true that I like eyes.
So why don’t you kiss them after all.
Certainly true I’ll get to kiss them.
Don’t you like these breasts or thighs?
Why not, why wouldn’t I like breast.
Well the OK but where’s the action?
Well go and touch then, it’s about time.
I don’t like to touch them when I’m forced to.
And why did you make me get undressed ?
I didn’t  say to get yourself undressed
you took all you clothes off by yourself.
Get your clothes off by yourself.
Get your clothes back on  before your husband  comes
quit arguing (and)
get you clothes back on before your husband comes.

(translation Mario Trejo, Allen Ginsberg, Esteban Moore;
Naropa  Work shop; 15 -7-1990.)*
 
Naropa Institute, Boulder, Colorado.

Texto borrador yla versión final, ambos de puño y letra de Allen Ginsberg.
M.W. (Miller Williams)










*En Julio de 1990, por recomendación de Alejandro Manara, fui invitado a la escuela de poesía del  Naropa Institute,  en Boulder Colorado. Allí compartí un departamento durante dos semanas con Mario Trejo  (Varsity Townhouse Apartments, Ap.219)., un dúplex muy cómodo. Por las mañanas colaboraba  con Jack Collom en su taller de Mistranslations, en el que con los asistentes devolvimos al inglés desde el castellano una serie de traducciones que yo había hecho de Raymond Carver; divirtiéndonos y maravillándonos con los resultados.
 Al mediodía me iba solo a un puesto de comidas en un callejón detrás del instituto, Daddy Bruce´s, una prefabricada de madera con un gran mostrador y algunos bancos. El menú era simple hamburguesas caseras y chuletas de cerdo con fritas y cerveza o gaseosas.  Luego  regresaba al departamento me hacía una siesta corta o leía los poemas de Ginsberg y Ferlinghetti a quienes tenía a mi disposición paraaclarar mis dudas. A partir de la media tarde iba al instituto donde  revisaba el programa y salía  a caminar por un magnifico parque, o me dirigía a una librería de viejo, Aion Books.
Las noches eran repetidas lecturas de poemas, conferencias y mesas redondas, que terminaban a las 8.30 pasado meridiano. Después  podía cenar con Trejo en un restaurante tejano, donde servían unos bifes de chorizo, ensalada, papas hervidas y un tazón de sopa por $ 9.50 americanos, cerveza aparte o ir con los estudiantes a algún otro sitio.
Ide Hintze, el poeta austríaco, llegó cuando yo ya estaba instalado y descubrió una licorería donde vendían los productos de Trapiche.  Habiendo descubierto vino a buen precio organizamos entonces unos tallarinadas, noches de Spaghetti, en nuestro departamento.  Asistían los alumnos del taller de Ginsberg, Collom, a los que se les unían más tarde  Ginsberg y Ferlinghetti.  El departamento vecino estaba ocupado por el trompetista Don Cherry que luego de cenar se daba una vuelta con su novia hollywoodense.
Una mañana cerca de las 8.30 alguien golpeó la puerta, me desperté y fui a abrir, era Ginsberg que venía con una carpeta bajo el brazo. Me preguntó si no le daría una mano con una traducción de un poema de Nicanor Parra. Le pedí unos minutos, calenté un poco de café, me lavé la cara y nos pusimos a trabajar. Nuestra animada conversación despertó a Trejo, que desde su habitación murmuraba en voz audible!!!!quién carajo hace tanto ruido!!!!
Cuando bajó y lo vió a Ginsberg se tranquilizo y trabajó con nosotros. Terminada la traducción del poema de Parra, Ginsberg se fue a dar su taller, dejándome una copia manuscrita de nuestro trabajo.
Otro sí digo: Un domingo por la mañana fuimos con Trejo a caminar por la calle Pearl, en lo que podríamos llamar el centro comercial de Boulder. Las construcciones en esta calle eran todas de planta baja. Caminábamos tranquilamente cuando sucedió lo impredecible. Desde lo alto algo cayó,  golpeo suavemente en la frente de Trejo  y se depositó sobre mi pecho. Era una carta, el 9 de diamantes. Trejo, siempre lo recordaré miró para arriba, pero como ya lo dije era una calle de edificios bajos.  Se preguntaba como llegó esa carta desde lo alto, desde “el cielo”, dijo. Yo, todavía no me lo explico.
Esa noche Trejo me dió un sobre. Dentro venía la carta, el 9 de Diamantes pegada sobre una hoja de papel en el la que había escrito un breve saludo de despedida (qué aún guardo), pues el Lunes yo debía ir a Denver y tomarme un vuelo a San Francisco para encontrarme con Ferlinghetti.


Las Flores del Mall

Nueve diamantes sobre mi cabeza
rebotan sobre tu corazón
 Compagnons de vagabondage
The Rocky Mountains se abren como un decorado
El Pacífico nos espera
con sus olas abiertas
Punto y Banca
gana el nueve
Nosotros somos el diamante

Firmado Mario the Trexus,
para Esteban the More Moore.

Boulder, Julio23 , 1990.