martes, 27 de septiembre de 2022

Catalina Boccardo: selección poética

 

Catalina Boccardo












 

de vaca luminosa
carne la noche 

tus imágenes revolvían mi cerebro de ternera
el cordón untado en la pesadilla

dentuda me defendía
del meridiano rojo
a mordiscos

después lavábamos la sangre 

5

tus cuentos
como la vaca exigida por su leche
me empujaban


pueblos de cañas 
la doña que habitaba el humo 
y un calor interminable de los grillos
por el sembradío


alguien ordeñaba 
temía a las ubres
su leche grasienta 


el día bravo empezaba con la aguja del sol
pero se derrumbaba con el agua


ácida de frutas

palpando la humedad
ser imaginario del bananal
                                        
                                        vivía al fondo
                                        la que predecía el futuro de las nietas


¿sabés que una vez las escuché a ella y a la abuela

hablando de mí?
¿sabés que entre los trastos vacíos y las botellas extrañas

supe quién iba a ser?

¿sabés? los pueblos son oscuros porque esconden palabras en otro idioma


¿y quién no conoce sus ánimas? después de muchas vidas todavía los pedidos de auxilio 
algunos podemos abducir los becerros de sus madres 
llevarlos al día seco y amarillo
de antes de ayer
del pasado


yo atisbé el camino de regreso en tus relatos que anunciaban la lluvia
lo aprendía de memoria
cada detalle debajo de las sábanas


sssshhhhhh estoy allí


36

no ves que digo “alma”
“agua bendita”
en lengua mestiza
cal viva despellejándote

comulgación de hormigas 
las cabezas al ras 
(que a la india le coman el cuerpo abajo de la tierra)

“se fue al cielo con dios” me enseñaron
pero seca no creo 
sino el nado azul de mis mujeres 
pájaros de insurrección

las tujujú y sus cuellos manchados de sangre
reencarnadas

a campo abierto  
la lengua oculta 
puede gritar
                       
(De Formosa,  2015)
 

kusama y bacon

he visto a kusama en orgías 
pintar el falo
una etapa de su arte
corriendo desnuda dentro de una multitud 

(luego atraparon a la artista
que deseaba alguna vez ser atrapada)

nunca entendí lo suficiente 
ir al extremo
otorgar un salvoconducto al cuerpo
esa guarnición no termina de romperse 
frente a los ataques

no es matar o violar de manera directa

el material de la fotografía sobrevive
hasta que alguien logra su captura
como la pintura
o los golpes de la escultura

bacon sabía mucho de esto
se llevaba los pedazos y sus obras parecen frigoríficos
                                                                                                   
De (Collage (2015)



4
perdí la noción de mi lugar
del que salieron engendros

vos continuás en la cama extenuado
mientras nos rodean 
imágenes 
lentas y ciegas
de la memoria
o el sueño nos respira encima

el templo de la serpiente_ digo_
toquemos de una vez su cabeza
el transcurso sinuoso de las hechos
para que comprenda
comenzás por morderme los pies

6

donde estemos los desaparecidos nos persiguen
cargamos sus mochilas hasta el próximo pueblo

7

la avenida de los muertos
el vendedor-chamán pasa la piedra oscura por mi espalda
percibe que no soy quien digo

otro nombre con mi sombra
otros músculos se tensan

(De El viaje y el ombligo (Uruguay,2018)

 

diálogo con kazuo onho 

travestido:
tus mujeres lucen sombreros
y a esas flores les falta seguridad 
máscaras blancas que nunca había visto arder 
lloran y ríen
mórbidas
me tocan la nuca si intento bailar

y otro physique du rôle
sobre puntillas 
del músculo 
medias de nylon
chis-chis al tocar
(nosotras calzamos 
nuestra propia vida)

tarso metatarso
contracciones 
paren
los huesos

forma de flor 
calcáreo jazmín


(De Bailar, 2022)
 

Acá no hay palabras que hablen de los pájaros,
hay pájaros.
El ronquido,
piar,
en medio de lastimeros fracasos 
del vuelo,

nido primigenio
romperse un ala
o una pata,
caer, 
este mundo no dará reparo alguno,
aves trastornadas,
mismo aire,
desfallecen en verano sobre el pavimento.

Yo encontré la salvación, un pájaro herido.
Pía, siempre pía de felicidad.
Alegre y profundo, ni siquiera encoge sus plumones ante la lluvia.

Y ella se habrá creído muerta pero tenía dos vidas: 
la de la melancolía
y la hondura
de este repentino hogar.

(De El pico de los pájaros, 2021)


CATALINA BOCCARDO, (Buenos Aires,1961) Sus poemas aparecen en diversas antologías y revistas de poesía. Colabora con blogs de difusión literaria y realiza reseñas de libros. Tiene varios proyectos literarios en preparación. Ha publicado en poesía los siguientes libros:
El jardín santo (2011),Territorios (2012), Elementos y otros títulos en formato de Cuadernos (2013-2014), Collage (2015), Formosa 2015), 
El viaje y el ombligo (Uruguay, 2017), Punto Ciego en formato de E-book, compilación de poemas y fotografías de propia autoría (País Vasco, 2017), El Pico de los Pájaros (2021), Bailar  (2021),


 

martes, 20 de septiembre de 2022

Weslley Almeida: poemas de ‘Memórias fósseis’


Weslley Almeida



























OBSERVACIÓN

Es en el amanecer
que se desnuda la luna
para el ingreso del día.

Es al finalizar la tarde
que se espera la noche

se despiertan estrellas
en el sueño del sol.


SEMPITERNO

Y siempre y siempre la vida es suntuosa
argumento de la espina
aparecida de flor
penumbra de lumbre varia
alborada de arrebol.

conocedora de proposiciones de minería
lagarto trepando rocas de amor
una losa por medida infinita
que no-sé desde cuándo vino

bastando sólo apenas
el elucubrar
junto a la breve flor.


TEMP(L)O

El tiempo es un templo
culto de todos los días
de gritos y silencios;
oraciones, rezos y mantras.

En el canto de la lavandera
en la sonrisa de la criatura
en el hambre de los ojos de quien baila
la ronda tejida en el celo.
En el gemir de los gallos,
en el cri-cri de los grillos.

Se cumple el rito
en plegarias
de cigarras nocturnas.


TRAVESÍA

Ayer
vi la puesta de sol
en mis retinas

Por cuanto hoy
me encuentro anochecido
de estrellas.

Mañana
seré todo recomienzo
de amanecer.


POCOS SEGUNDOS

En pocos segundos
muere
una persona de hambre.

Una persona
de hambre
muere

una persona.


URBES OPERANDI

Los acordes de la ciudad:
disonantes
altisonantes.

La simetría de los edificios
la cronometría de los pasos
el monólogo monótono maquinal

el clic de enter
el ruido del acero

obreros danzan sin melodía
repetitivos los brazos
y el día a día
(como rueda de polea)

Es el mis
mo-tor
nado.


BORRADOR

Tachar, tachar
tachar las líneas de los versos
y sentir palpitar
en los dedos
el corazón.
Tachar, tachar,
hasta progresar a lo poético.

En el garabato errante de lo bello
tachar, tachar.
Cual niño que avanza
y confunde el eslabón

de la sintaxis, semántica
de la gramática al léxico

y borra
todo
junto
en lo impreso.

Tachar, tachar
hasta progresar a lo poético.


QUIJOTE

El poeta es un quijote de las palabras
comulga en poiesis
su caballo y escudero
en métodos de locura
en el ritmo ágil de las cabalgatas

interfiere
en el intervalo de los silencios
en la marca acústica de las huellas

su poesía
surge del susto
en el desencanto como lo sórdido endulzado
en el canto de lo ínfimo enaltecido

en su lenguaje de crin alada
nos presenta relámpagos de novedades
de lo alto del lomo y la brida
en visiones
de molinos de viento enloquecidos.


BÚSQUEDA

En las idas y venidas infinitas
en el fin del fondo profundo
buscándome
siempre buscando
el mar que orilla mi mundo.


* Todas las piezas fueron seleccionadas de Memórias fósseis (Ilhéus, Bahia, Editora da UESC, 2016). 

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2022.

Weslley Almeida es poeta, académico e investigador de literatura, y compositor musical bahiano. Publicó Pétalas, talos e espinhos y Decalque, entre otros títulos. Memórias fósseis fue el libro ganador del Premio Sosígenes Costa de Poesía – 2016, de la Academia de Letras de Ilhéus. Tiene un blog, “Lê-Tranças”: www.letrancas.blogspot.com


 

martes, 13 de septiembre de 2022

Lucía Estrada: Poesía

 

Lucía Estrada























Del laberinto de Ariadna I

Toma este delgado hilo de sombra y envuélvelo en torno a ti. Ténsalo hasta el límite. Comprueba su resistencia. El roce oscuro pronto ganará la carne, el hueso, la médula feroz de tu memoria. 
Insiste en el corte que aguzará tu oído, tu lengua. Insiste hasta que seas de la herida su cerco de palabras afiladas.
De un extremo a otro de la sangre, allí donde la luna marchita alimenta a sus perros, extiende su línea sedienta. Pero no lo rompas. No rompas la noche ni la palabra espejo. No rompas lo que has escuchado ni la voluntad de seguir en pie sobre el hielo que cruje, bajo el ardor de tantas lámparas contradictorias.
Toma entre los dedos este delgado instante; púlsalo como a la sola cuerda del piano en la torre de Tübingen.
Esta es la última posibilidad de aferrarte. Ténsalo en torno a ti. No lo pierdas.
***

Mar de Barents

Hemos llegado a este punto. El menos posible, pero también el más cierto. Una montaña que escalamos en sentido contrario, pacientemente, desde nuestros mejores días. Nos esforzamos en ello, sin norte, como si alguien más guiara nuestro destino. Una mano perversa y obstinada, al fin. Ahora lo vemos. Se advierte su trazo impecable en esta página sin margen, en este sordo descenso que aprieta la garganta y obstruye la luz. Pero aún queda algo de nosotros. Un poco de aire reservado, una imagen, una palabra dura como piedra. Una palabra que atraviese el metal o sirva como ancla. Una palabra que encierre todo, que lo libere todo.
De algo estaremos a salvo. Aquí adentro nada que no esté desde antes con nosotros puede herirnos. Todo riesgo evita molestias menores. No hay intemperie. Ni siquiera un cielo cerrado. Las voces ahogadas de la memoria ya nada recuerdan. Un amargo sabor de musgo donde antes hubo lenguaje. Sensaciones como abismos. Un silencio que nadie comprende. Un silencio que no es ausencia de otros. Un golpe seco que ofusca el oído. Una sílaba ciega. Escribo en la oscuridad…


De luna y tenebrario

“Tú duermes. Y tu aureola se enciende como nunca y me incluye como si yo también tuviese aureola”. 
Marosa Di Giorgio

A mi madre

Toda la noche lidiamos con las aguas. Yo sostenía de este lado las paredes y los techos, tú preservabas el oro de los tigres. Ningún abismo se interponía entre nosotras, envueltas como estábamos en la misma crisálida de invierno. Pero tú parecías más fuerte. Al tiempo en que restablecías el rostro deshecho de tus hijos, tejías gasas y delicados mantos de seda que cubrían todo el paisaje. Más allá del sueño, más allá de mi propio y estrecho laberinto. Al menor soplo del viento, oficiabas pequeñas ceremonias para alejar la tormenta. Yo te miraba desde mi estatua de sal, incapaz de mover los labios, devorada por la sombra desde el vientre hasta los ojos, enferma, como el destino que no acaba de cumplirse. Atenta a los designios de un dios tan solitario como las aguas que empiezan a retirarse, conjuras una vez más el árbol que se extiende desde tu corazón hasta mi boca y aguarda otro día, otra noche en el jardín ¿Acaso las viejas canciones de cuna conducían a este momento? ¿Acaso eran fórmulas para acercar la vida, envueltas en la misma crisálida, tú y yo, absortas en lo que vendría después, como dos hermanas unidas tibiamente por el silencio?

(Poemas de Katábasis)  



Lucía Estrada (Medellín – Colombia, 1980) Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos Maiastra, Las Hijas del Espino, El Ojo de Circe (Antología), La Noche en el Espejo, Cuaderno del Ángel, Continuidad del jardín (Selección personal) y Katábasis. Con su libro Las Hijas del Espino obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Medellín (2005), y la Beca de Creación en Poesía, otorgada por el Municipio de Medellín en 2008 con Cuaderno del ángel. En 2009 y 2017 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá con sus libros La noche en el espejo (2010) y Katábasis (2018) respectivamente. Con este último libro fue finalista del Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura de Colombia en 2019. Textos suyos han aparecido también en varias antologías y publicaciones del país y del exterior. Así mismo sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Invitada a diversos encuentros literarios en el país y en el exterior. En 2020 la Editorial Eulalia Books (Estados Unidos) publicó una edición bilingüe de Katábasis en traducción de Olivia Lott (Finalista en el PEN America Literary Awards, 2021 . Próximamente la editorial L’ Harmattan de París (Francia), publicará una edición bilingüe de Katábasis en traducción de Dominique Delpirou.


jueves, 8 de septiembre de 2022

Márcio Catunda: poemas de ‘Emoção Atlântica’

 


Márcio Catunda
















NOCTURNOS

Copacabana, andar en tus noches
sólo tiene sentido en nombre de aquella bohemia.
No son los coches de la avenida,
ni los carteles luminosos de los restoranes,
ni tampoco las bellas mujeres.
¡Es mi ideal de adoración de la Luna!
Que permanezca este espejo en mi autoveneración.
Esta arena blanca sea mi refugio contemplativo.
Me alegro de ver las olas dibujadas en la vereda
y el murmullo de las palmeras al viento.
¡Copacabana de los bares y los paseos,
floto en pasos de éxtasis,
cuando reverencio la ciudad de los poetas!
Más que prostitutas bonitas, tenés la brisa marina.
Aún te quedan momentos románticos.

En la avenida, el prosaico zig-zag de los coches.
Las abstracciones me liberan del estancamiento.
Disfrutar el instante es un valor permanente.
Es fluir absorto, sin percibir el peso de la vida.
Mi única habilidad.
Toda idiosincrasia que quiero volver predominante.
Mi estética anticonsumista.
Reflexiones de las que se nutre el poema.
La velocidad de la palabra en sus tres dimensiones.
Mi introspección incomunicable.
Mi meditación oriental.
Estoy perplejo delante de todo.
Atravieso túneles ideales.
No hay serenidad sino en la visión del litoral.
Nací para contemplar horizontes abiertos.
La noche me hizo pensativo.
Los edificios son paredes perforadas de luz.
Paseo con los amigos, en demanda de libros,
por las calles iluminadas.
Me deleito en los alivios.
Me ilumino de utopías.

Doce son las horas, porque no concurro a ningún puesto.
No me preocupo con insignificancias.
El Altísimo me llenó la taza de néctar.
Bebo alientos en la noche lánguida.
Subo a la torre iluminada, y escribo.
La burguesía me mira sin entender.
No ambiciono los beneficios de los opulentos.
Tengo el lúdico paseo
y el plenilunio me es propicio.
Descanso en la expectativa serena.
No necesito del beneplácito de autoridad alguna.
Tengo mi cuota de paz.
Mi momento de ígnea trascendencia.
No me dijo hipnotizar,
sino por los faros intermitentes en el océano.
Permanezco contemplando la extensión de las luces litorales.
Sublimo las melodías desesperadas.
El festín nocturno es mi fortuna.

Bebo la clarividencia del litoral.
Llego al portal de la reflexión.
Mar diáfano, islas claras.
El espejo mítico de la planicie azul.
Púrpura en la tela celestial.
Celebro las luces vitales del Planeta.
A lo lejos, entre los montes,
Niterói es una pirámide centellante.
En la ensenada de Ipanema,
un collar de luces se refleja en las espumas.
La noche viste el escudo de las estrellas.
Además de la curva de Leblon,
en la pendiente, el Vidigal radiante.
Los efluvios en mí como estigmas.
Respiro la dádiva lúdica del viento.

Sepan todos que mi remedio hierve en las olas.
Son piedras de sal en el mar,
flores en la arena.
Matices de colores, filtrando la niebla.
Cuando veo la claridad,
cruzando el Elevado de Joá...
Cuando voy a una librería, en un domingo,
con el sueño místico de mi realismo.
Cuando brota el indomable clamor de las aguas...
Camino embrujado por la noche.
Todo fluctúa en la estera mágica.
El viento limpia el tendedero de la incerteza.
Atravieso todas las estaciones de Ipanema.


EMOCIÓN ATLÁNTICA

No soy de ver la vida por la ventana.
El ocaso tiene suavizaciones.
Huyo de los vehículos,
atravieso la avenida, en dirección al mar.
Serenas olas, idílicas montañas.
Hay navíos en el horizonte,
pero es en mi memoria que ellos están fijos.
Celebro la virtud mística de este momento.
Soy el que persiste en encantarse delante del poniente.
Contemplo el cielo en el remolino de las aves.
La ciudad es todavía paradisíaca.
De un lado están las fachadas prosaicas de los edificios;
pero, del otro, la luminosidad líquida,
el efluvio irisado, el esmalte efervescente.
Camino por la arena.

Me tragan guartaná y catuaba,
en un vaso desbordante de miel.
El sábado es el burdel de la santa egipcia.
Me quiero vigilar sin castigarme.
Golpear la puerta del hedonismo.
Confieso que la belleza me alucina.
El silencio de ella es más agudo que la música de las esferas.
Quiero la condición dionisíaca,
la estridencia de los días solares,
la vida pulsátil del bullicio.
Rio de Janeiro continúa en un espasmo de éxtasis.
Ansío saborear el néctar de la luz.

¿Adónde voy, con mi ansia de futuro?
Voy al Pan de Azúcar, a beber en las altas esferas.
Me someto a las sacudidas del ómnibus
y a la exorbitancia del ingreso.
En la redoma fluctuante, la grandeza translúcida emerge.
La visión se abisma en la infinitud.
Desde el cráter empinado, el encanto es transcendental.
La eternidad es una expansión azul más allá de las islas.

Gusto de escribir al aire libre,
delante de los árboles.
En los jardines, entre pájaros y bellas mujeres.
En lugares desde donde yo vea la inmensidad.
De preferencia, cercano a algún palacio
iluminado por el sol vespertino.
Sin desasosiego, mirando los matices de los colores
y la proyección de las sombras.
Más que placentero,
es terapéutico este ejercicio de quietud.
Allá fuera, ruge el tumulto de los motores.
En mí, todo es silencio.
Hago versos como quien distribuye delicadeza.
Hecho el arado que es toda ternura.
Hecho quien bebe aromas de delicias.

Gusto de escribir caminando,
alabando las energías del Planeta.
Me siento en una piedra, a la orilla de las olas,
y comprendo la esencia del universo.
Mi lucidez registra la fascinación de la hora.
Sé que mi destino es el agua que el viento agita.
Sé lo que se aprende con las metáforas del mar:
la noción de distancia
y la inquietud del movimiento.
Movimiento de introspección; no, de dispersión.
De amor por la vida; por lo tanto, por las personas.
Será este el enigma que descubriremos.
Contemplar y crear formas.
Tener como luz interior la concentración del arte.
Cantar la maravilla del litoral y la fluidez del tiempo.
No revivo los idilios de la infancia,
pero en la visión marina prevalece un devaneo antiguo.
El soplo de la tarde me transporta aquella paz romántica.
Luz que viene de la comunión con la naturaleza.

No cambio un paseo en la playa
por tres años de un cargo público.
Es gratis. Es cuando yo quiero,
nadie me saca de quicio.
¿Qué importancia tiene vestir un traje,
cuando se puede andar sin camisa?
Capto toda forma de energía lúdica.
Debajo del Trópico de Capricornio,
la cosa más excelente es celebrar la vida.
Que el tiempo me sea esa quietud rumorosa.
No hay riqueza sino en ese desbordamiento.
En los momentos sublimes, el estremecimiento de los mejores días.
Ya no pierdo el apetito por causa de la emoción.
Tengo el perfuma de las rosas en el alma:
me entrego a la belleza.
Con pétalos en las manos,
paseo el pensamiento por las sierras,
alrededor de la Laguna.
No quiero voltear la página de la vida.
Sólo quiero saber de las nubes sobre el luminoso océano.
Converso conmigo mismo
en la brisa que es pura caricia.
No habrá instante
en el que yo no esté pleno de lirismo.
Idolatro el silencio y dejo que pasen los minutos.
Ando escuchando las olas.
Playa mansa en mi sortilegio.

La vida es el grito del espíritu en el ventarrón.
Es remar en el pantano, rumbo al puerto de nada.
Celebro las virtudes carnales,
los aromas que emanan de la piel que brilla,
la energía vital de las cosas permeables.

Estoy a los pies del mar,
delante del cortejo de las espumas.
Todo se rehace en las suaves calderas tremulantes.

El mar es un dios en la ciudad encantada.
Contemplo este coloso etéreo.
Más allá de los ángeles que pasan hambre,
más allá de todos los infortunios,
el poderío de los destellos:
todos los dones de mi entusiasmo,
la tecnología del sentimiento.

La brisa de la tarde se desliza en los tejados
y en los dedos de los árboles.
Viene la fragancia del instante.
Penetra por la ventana, nutriendo la vida, entre máquinas.
La calle contrasta con la Luna,
que, alta, me impone su influencia.
Al margen de los techos oscuros,
sobre el viaducto, los coches van,
en los vanos de la inquietud.
El Sol es una corona de fuego,
horizontalmente, en la hora de la suavización.
Las lejanías consuelan la audición disoluta.
Necesito asilarme en la plataforma visual.
Hay más placer en este refugio,
del que hay en las discusiones teológicas.
El pulsar de un corazón vigilante
vale trescientos premios literarios.
En la contemplación de las musas, estoy sólo y absoluto.
De un trago, bebo la belleza de todo.


PERFIL LÍRICO DE AFFONSO ROMANO DE SANT’ANNA

Un poeta opuesto a la santidad protocolada,
rebelde a toda represión,
perplejo ante la muerte colectiva.
Un poeta que ve constelaciones en el cuerpo de las mujeres,
y cultiva el vicio de la belleza.
Un poeta que siente la luz que hay dentro de la piel.
A quien le repugna ver batallas en plena calle.
Que rechaza el veneno omnipresente.
Que no sabe beber la vida indiferente.
Y vive iluminado por el prisma de las catedrales.
Trastornado por el desencuentro de las almas,
en vez de inspirarse, como Rilke, en castillos,
se asusta con los tiroteos.
En vez de contemplar cisnes,
recoge el título de las noticias de asaltos y guerras.
Pleno de expectativas, escribe como si le ardiese el ser.
Al mismo tiempo, íntimo de las estrellas
y expectante de lo cotidiano;
espantado con la singularidad de las cosas.


CAPITAL DE LOS PLACERES VISUALES

Respiro los meandros de floresta y mar.
El Sol oracular escribe esencias,
la ondulación explota en curvas,
se desliza en la piedra resbaladiza.
Capital de los placeres visuales:
velas como insignias en un manto líquido.
Órbita de la belleza, de Flamengo hasta Urca.
Proyectado a la distancia,
brumoso relieve con matices:
edificios y palos borrachos,
cascadas sobre la Laguna,
sierras sobre túneles;
pasillos, goteras de peligrosidad.
Más allá del carrillón del puente sobre la Bahía,
de Itacoatiara a Paquetá,
todo claro:
pulsación vital, en los caminos de Linha Vermelha
o en las pistas de la Zona Sur;
madrugada, en el aroma de los árboles de Aterro do Flamengo.
Luz densificada en la superficie del mar,
misterio abierto a la navegación de la memoria.
Configuración de tierra y cielo,
repositorio de dádivas.
Canto la visión que me enciende la vida.

Rio de Janeiro, noviembre de 1998.

[* de la sección final “Dos canciones”]


GRUMARI

El Sol despejó una ofrenda de nácar sobre la floresta,
y la flora cubrió de turmalimas el dorso de los peñascos.
Islas de paz afloran en la planicie azul.
Paraísos emergen bajo la forma de peñascos,
ornamentando el templo abierto del horizonte.
El mar adorna de guirnaldas blancas
la arena de Grumari.



* Todas las piezas fueron seleccionadas pertenecen a Emoção Atlântica (Rio de Janeiro, 2010).

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2022.

Márcio Catunda (Fortaleza, Ceará, 1957) es escritor y diplomático brasileño, autor de una treintena de volúmenes de prosa y poesía. Entre otras instituciones, es miembro del PEN Club de Brasil. En 1977 publicó su primer libro, en colaboración con Natalício Barroso Filoho, Poemas de hoje, al que le siguió Navio espacial, en 1981. Como compositor musical, algunos de sus poemas fueron grabados en disco.
Media docena de sus libros fueron traducidos y publicados en España: Luz sobre la historia, Autobiografía en Madrid, Días insólitos, y Jardín de ortigas (Antología poética), entre otros.


viernes, 2 de septiembre de 2022

SANTIAGO ESPEL: Poesía

 

Santiago Espel


















La campana de Gauss

Tras un efímero brillo, el país ha vuelto 
a hundirse en sus hábitos malsanos.
Los achaques del cuerpo se multiplican.
El precio de la remolacha se fue a las nubes.
Los servicios meteorológicos no saben
qué hacer con el dislate climático.
Las viudas ya no son mayoría absoluta.
El poema sigue huérfano de inspiración.

Y como si esto fuera poco, nosotros
los de entonces, no damos pie con bola.

Apostemos a que las estimaciones
científicas pongan cierto orden
en este circo de malentendidos recurrentes.


Réquiem para un símbolo de nobleza

Vamos a darle descanso
finalmente a la abeja
que transitó ya tantos poemas
buenos y malos
éditos e inéditos

con su vestido de bourbon
su escafandra de verano
su danza circular 
                  de pequeño cóndor.

Descanso perentorio a la abeja

por la espiga de filo fatal
por el zumbido ritual de torero
y por su honorable labranza de polen.

Seamos justos con la abeja
que supo darle al poema
su muerte última 
y su resurrección primera.


En un abrir y cerrar de ojos
Lo prenatal
el primer vagido
el último suspiro.

Y en el medio
el sufrimiento
y también el amor.


Cena

Una copa de bohemia
en sus relieves de cristal.
A través del vino dorado
pasa una cinta de luz.

Como animales 
asustadizos y frágiles
las manos se acercan
y arrugan el mantel de lino.

Se dicen poco:
Lo necesario para el olvido.
Lo indispensable para el reencuentro.


Bosón de Higgs

O (h) la partícula de Dios
capaz de destruir el universo:

descalabro de la materia
y arreo en la gramática del tiempo.

O (h) el impulso arrepentido
luego de siete fatigosos días.


El acorde místico de Scriabin

La vibración rebota en los gruesos 
paños de la sala: aros perforando
las paredes de agua del sonido.

Es la meditación del instante 
hecha coágulo en la eternidad.

A miles de kilómetros de distancia
entre serpientes y carnavalitos
canta el arroyo y rezonga el carancho.


La semilla negra

Esa pequeña gloria que sucede
en los latidos de la tierra
y empuja en su tallo
la certidumbre del nuevo día
o el molino asmático de la noche.

El agua hace nudos
en los filamentos del riego.
La araña teje rizomas de discordia.


La logia de los venenos

Como extensión de las parcelas
diseñadas por el Dante,
en un desvío impreciso del camino
la recámara bulle y regurgita 
placentas y ancianos insomnes.

De esa feria de obscenidades
reguladas por el asombro y los temblores,
nacen los unos y se calcinan los otros.

Si hubiera un Dios, su alegato 
bastaría para agotar nuestro pavor
bastaría para apagar el coro infame de risas.

Pero no hay tregua ni razón que alcance.
No hay redención exenta de plazos ni precio.


Busco trabajo en el faro más solitario del mundo

Si saben de algo
por favor comunicarse 
urgentemente con la mensajería.

Sobrada experiencia en soledades
y adaptación plena a los climas más cruentos.

Disponibilidad horaria ilimitada.
Necesidades higiénicas esporádicas.
Dos idiomas y excelencia en el silencio.

Avistaje y clasificación de utopías.
Rescate de náufragos y soñadores compulsivos.

Se ruega confidencialidad absoluta.


El largo día del poncho de hilo amarillo

Eso que algunos poetas llaman jornada y otros día,
no es más que una débil tregua o cese imaginario
del fuego en la batalla, la pausa descarada de la vigilia.
Abrirá la puerta de la casa, traspasará el límite oscuro
como quien sale del sofoco del agua o del lejano
e inenarrable útero, y dejará inerte sobre la silla el saco
gastado por el rayo del sol o por la caricia de la lluvia.
Se dirá que los aspectos frívolos de su vida han alcanzado
ya un punto intolerable, un punto sin retorno, y cerrará 
y abrirá instintivamente la mano como un corazón abierto
y anhelante de sacarse un peso de encima.
En el patio cuadrado y de reflejos presentirá el perfume
dulzón y esperanzado de los brotes nuevos, y cuando
el pájaro cante en la antena, como es costumbre,
el perro del vecino ladrará su encierro de todo el día.
Pensará en el paso del tiempo, y lo verá en los lunares
de los brazos, y en la humedad que sube decidida 
por la pared del sur, la más angosta del patio cerrado.
Se sentará finalmente a la mesa y dejará caer unos pocos
y balbuceantes versos que reprobará con una mueca.
En ese momento, como un gesto indeclinable 
del destino, sonará el timbre: una, dos y tres veces.
Abrirá y verá que está empezando a llover, y que la gente
corre a sus casas con las últimas y perentorias compras,
como quien busca refugio y sosiego, después de un
largo y tedioso día, apenas antes de la indolencia fatal 
y socarrona del próximo, disciplinado, e inminente minuto.




 Santiago Espel, nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, en 1960. Publicó en poesía rapé, 1988 (Faja de Honor de la S.A.D.E); Pavesas & Muelles, 1990; Misas en Harlem, 1993 (1er Premio de Poesía Nacional Ramón Plaza); Cantos Bizarros, 1998; La clari¬dad meridiana, 2001; La víspera sí, 2002; Isoca, 2004; Vulgata, 2006; 100 haikus, 2008, Cuaderno acústico, 2010; La penitencia, 2012; Notas sobre poesía, 2013 (Ensayo); Mesa de entradas, 2015; Breviario exótico de accidentes poéticos, 2016, Photo Carné 2018, y El Pan de la rabia & El Vals, 2019, Su señoría, 2020, y Nuevas notas sobre poesía, 2021.En 1995 publicó la novela La Santa Mugre o El País de Cucaña, en Grupo Editor Latinoamericano.

Su poesía fue traducida al inglés, alemán y portugués. Tradujo a Philip Larkin, Paul Blackburn, Kenneth Patchen, Patrick Kavanagh, Alice Oswald, Robert Graves, John Ashbery, Patti Smith, Don Parterson, Peter Hammill, Gary Snyder, Mario Quintana, Wilson Bueno y Mario de Sà Carneiro, entre otros. 

Coordina talleres de escritura en Vicente López, lugar donde reside.
Su poesía fue musicalizada, documentalizada, y puesta en escena teatral y artística en más de una ocasión.

Egresado de la Escuela de Periodistas del Círculo de la Prensa.
Es editor del sello de poesía, narrativa y ensayo, La Carta de Oliver, desde 1990, en el que lleva editados de manera independiente alrededor de 100 títulos.




 















ELISA MOLINA: POESÍA

 

Elisa Molina




















MIRÁ


“Mirá” -me dijiste en el sueño-
y por supuesto no recuerdo
qué apuntabas en el paisaje.

Firme aún el lazo entre aquí
y allá, te agradecí despertando:
“Siempre atento conmigo, muerto.

No sé bien quién sos ni por qué, 
como abeja desorientada,
zumbás en este encierro mío.

¿Será -ahora que lo pienso 
y la mañana es una ola
mansa de luz que se aproxima-

que quisiera dejarte ir:
vos a libar tus raras flores
y yo las mías de este mundo?”

 
CÓMO SE FORMAN LAS TORMENTAS

La trama de los buenos argumentos
--cómo se va inflamando el horizonte;
cómo de norte a sur una delgada
hebra de patos lo cruza y se pierde
y la tensa expectativa del día—
te convence, por más que hayas pasado
tanto tiempo de tu vida creyendo
que la tormenta estalla de repente.

No. Es que estos y otros tantos golpes
de efecto te pasmaron, y además
en eso consiste tu humanidad,
en recortar, parcelar, definir
realidad para poder vivir: este
maravilloso aroma anuncia lluvia
a raudales; este otro, más acre,
la creciente, fragor entre las piedras.

Pero nada advertías en la nube
derivando rumbo al sur ni en los gallos
que cantan a deshoras ni en el raro
color de la madrugada. Ahora
en tu pequeño Larousse aparece
que escándalo del agua se origina en
hiato en el aire, cuarzo que se raja
y mudanzas apenas susurrantes.


EL ASCENSO DE ATÓN

Desenterraron collares y un pez
fosilizado en un bloque de piedra
negra, basalto de más de tres mil
años. El alma del pez no está allí.
Transmigra seca también a través
de las fotogalerías de los diarios
del mundo, una semana o dos.
Después, no se sabe. Se olvidará.

La ciudad está en el desierto. Vemos,
al fondo, el Nilo. Atrás, palmeras
al viento y en primer plano al arqueólogo
español. Todo es internacional
y dura menos de cuatro minutos.
Luego nos hundimos hacia lo hondo
y oscuro del sueño, donde a lo lejos
reverberan ¿las escamas de un pez?

La vida que está en otro lado en mi
paisaje interno – juncos amarillos
entre las piedras de las Altas Cumbres,
hay viento y a la vez silencio; frío
y, en el agua, peces que son grises
sombras sin miedo – la vida o ese
rincón que ahora mismo es sin mí, 
sabe que la muerte está en otro lado.


RESUELLO CORTO

Tiene el resuello corto y de a poco
quiere aumentar la resistencia. Pero
el músculo de la impaciencia se hace
fuerte, domina y para el limitado
nadador hay un consejo difícil:
dejar entrar el mundo, flotar boca
arriba, desasido como hoja
o reflejo de nubes en el agua.


CONSEJOS
        A Elvira

De seda, solo queda el papel del cigarrillo.
De todo lo que pienso mientras voy por el día
haciendo cosas, una maraña que no sirve.
De lo que a veces brilla por su ausencia, el aura
de una voz que suena igual que el agua y agradezco.
Mientras fumo y bebo el vino tinto de la noche
la escucho: amando se aprende a saltar en arco
como un pez. Amando se debe volver al sueño.


NADADOR

Puse una vela en el fanal la última
noche del año: un mínimo faro.
Los que mueren en hospitales, solos,
¿cómo se orientan? ¿O es que solo mueren?
No sé. O sí, pero lo mismo dejo
esta lucecita que parpadea
para el arco preciso de tus brazos,
¿en qué aguas, desnudo nadador?


Elisa Molina (Córdoba, 1961) ha publicado los libros de poesía Escrito en el Agua (Editorial del Copista, Córdoba, 2003), En la lengua de tu padre (Editorial del Copista, Córdoba, 2012), Por más que en la noche la luna (Ed. Nueva Alción, Córdoba, 2016), Cormorán (Ed. Nueva Alción, Córdoba 2018) Una línea simple (Ed. Nueva Alción, Córdoba, 2020) y Cómo se forman las tormentas (Ed. Buena Vista, Córdoba 2022) Integra las antologías Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, 2004), Órbita, veintiuna poetas cordobesas (Postales Japonesas, Córdoba, 2017) y Nosotras (Nueva Alción, 2020). Autora de estudios críticos, prólogos y reseñas sobre la obra poetas argentinos contemporáneos (Rodolfo Godino, Ricardo Molinari, César Cantoni, Eduardo D´Ànna, Juan Carlos Moisés, Diego Muzzio, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Alberto Girri, Alejandro Nicotra, Circe Maia, Roberto Malatesta, Pablo Seguí, Daniel Vera, Inés Araoz, María Teresa Andruetto, Laura García del Castaño, Leticia Ressia etc.), que han aparecido en diversas revistas del país y del extranjero, entre ellas: Revista Fénix - poesía y crítica, Hablar de Poesía, Palabras de poetas, Variaciones Borges, Analecta Literaria, Revista Ardea, Op. cit., La guacha. Poemas y algunos trabajos críticos pueden encontrarse en el blog personal: https://segunda-voz.blogspot.com 
 
 


TIBISAY VARGAS ROJAS: Poemas

 

TIBISAY VARGAS ROJAS


















                                          A Fabiola

No quiero llorar más
sobre esta manzana
desteñida de gusto
en destierro
toda fruta es tasada
huérfana de paraíso
deambulo desnuda
por calles angostas de afecto
mi oído de lengua trabada
no comprenderá el lenguaje
de algún dios que me requiera
no temeré castigo
harta de abrojos
si me encuentra
ya que polvo soy
sin regreso.


TIRADA

No hace falta barajar
ajustar la forma correcta
para distribuir
las cartas ya están abiertas
sobre la mesa de este no país
salvados los escollos
del arrepentimiento
la lectura cifró a los descartados
uno a uno aparecieron
colmados de los atributos
de sus miserias
no hay salida
posibilidad de escape
para todos estos arcanos
mayores en el abismo
de la resignación.


LAMENTO DE SIBILA ENTRE CALIMA

                                           Ciego de las sombras terrestres
                                           morirás con los ojos abiertos.
                                                                                  Paul Eluard

Me han sido esquivas las nubes
el vuelo de los pájaros
la hoja desprendida que parte en dos
el verde y el ahora
de cenizo y triste desvarío
mi voz se colma de lastimaduras
mi lengua cede al lamento
queda confusa ante el sol de cielo trasmutado
en oro falso, irrespirables vahos
no me sirven tampoco los oídos
caracolas vaciadas de mar esquivo
¿qué he de hacer, Señor
con estos días
de cuenta larga que suma sobre resta
qué he de hacer con tanto
de tan poco?


LABERINTO DE FAUNOS

Agarra la tiza
traza todas las puertas
que te quepan
en el modo de abrirlas
está la clave
para salir del laberinto
no hacen falta llaves
siempre fue asunto de vuelos
termina el sueño
porque el monstruo despierta
y cerrar tras de ti
no te libra.


*

Voy a ritmo de cincel
trozo a trozo
emerge un brazo
y asirme es el primer desacierto
tras la mano
empeñosa herramienta
del destino
sabe contar los días
pide
niega
empuña
y tiembla
si deshoja margaritas
nada más frágil
cuando el último pétalo
no me quiere.


*

Oh Señor, que pase
este cáliz
que me escuece las horas
lo poco de día festivo
que a bien tenga
y me deja el pecho y la garganta
llenos de viejas
amarillentas estampillas
sin sello, sin viaje
sin poderlas pegar
siquiera a sobres
de buenas nuevas
porque me la paso arrodillada
en este jardín sin olivos
temerosa de judas, soldados
y juicios
que terminan en pena de muerte
para niños
que se juegan el todo en las calles
por su derecho
a sentarse una vez más a la mesa
y a dormir
como Tú mandas.


*

                                                Que mañana habrá guerra, ¿es cierto,
                                                y ya nunca jamás seré grande?
                                                                                        Robert Rozhdéstvenski

Mira bien el cielo
mira bien la tierra
toca la hoja
deja a la hormiga
recorrer tu brazo
el que lanza la pelota
y empuña victorioso las canicas
muerde la galleta, ensalívala
que su dulce corazón invada tu boca
por todos los besos nunca dados
cuenta los creyones
sácales punta
dibuja la casa árbol sol
y nube como siempre
la haces tuya y nadie
podrá discutirte su color
es tu amparo
tu castillo
pequeño rey de naipes
allí renaces
como un dios.


Tibisay Vargas Rojas. Escritora venezolana (Caracas, 1961). Licenciada en Educación, Mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Especialista en Docencia Universitaria. Facilitadora de Talleres Literarios: CONAC, CENAMEC, Casa Nacional de Las Letras “Andrés Bello”, entre otros. Sus publicaciones han aparecido en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha publicado los poemarios Llana palabra (1993), Pasollano (1993), De humo y sal (1998), Tachaduras (2000), Tema de miseria (2002-2019), Poemas Patacaliente, selección de poemas (2003), De un patio a otro (2005), Tercera Persona (2008) y Poemas (2009). Premios nacionales en poesía: Ipasme (1992); “Rafael Rivero Oramas”, (1997); Tercer lugar del I Concurso Nacional Interuniversitario de Poesía (1998); I Premio del Concurso Interuniversitario de Poesía Cuam (2001) y calificación en el IX Concurso Nacional de Literatura Infantil “Miguel Vicente Patacaliente” de la Fundación Cultural Barinas (2003).


martes, 30 de agosto de 2022

Sandra Cornejo: TRES POEMAS

 

Sandra Cornejo






















Dolores 

                 “You'll always be 
                    special to me”
                  No Need to Argue, 
                   The Cranberries. 

Sus huesos 
cargaban el hambre
de su clan.
Sin arpa, sin amparo.

Dorada Dolores, rapsoda.

Peñasco tus pies,
sones tu caída.
Armadillo herido,
pastora de lobos
con esa tristeza temprana.
Tus ojos de octubre, 
tu marea negra,
tu final de enero.
Tan frágil
tan ruda
corazón de orfebre, 
Limerick, brumosa, 
te reza,
te llora.

Que tu brisa dance
tonadas,
que tu voz abrace
este cielo Zombie
sin vos.
Risa centelleante
respiro,
arándano rojo.

Te fuiste
You'll always be 
special to me, 
special to me, to me.
Dolores. 

Castor sin abrigo.

Dolores.

(A Dolores O'Riordan) 

(De Corteza, Prueba de Galera, 2019)


Isla de los manzanos
Qué es la vida sino detalles.
Cerrar las ventanas por la noche.
Aguardar que las manzanas asadas
te cobijen.
Observar en el verde
lo frondoso que ha crecido el ficus.
Comprobarle a la casa sus sueños.
Leer en su texto indeleble
la certeza tallada con el corazón.
Como si de pronto un druida
se hubiera hecho cargo
del mundo y su peso
sentirse
de tanto en tanto
a salvo.

(De Bajo los ríos del cielo, Ediciones al Margen, 2014)


Un abedul 
cuando llueve, 
una arboleda que aclara
al arañar la pista
y desciende el avión en un aeropuerto 
donde las mujeres beben vodka
a las seis de la mañana hora local
               
Era acogedor el frío 
aunque temible
Cantabas en mi idioma
pero con otro acento
Afuera la hilera de abedules
los aviones solos sobre el cemento mojado
Detrás de las cabinas
los soldados
te miraban cantar
Algunas veces, por un instante
la historia debería sentir compasión
y alertarnos

(De Sin suelo, Ediciones Vox, 2001)



Sandra Cornejo nació en La Plata en 1962. Creció entre Catamarca, Chubut y Mendoza. Reside en La Plata. Es Licenciada en Comunicación Social por la UNLP, gestora cultural y poeta. Publicó Borradores (Cuadernos de Sudestada, 1989), Ildikó (Último Reino, 1998), Sin suelo (Ediciones Vox, 2001), Partes del mundo (Alción Editora, 2005), Bajo los ríos del cielo (Ediciones Al Margen, 2014) y Corteza (Prueba de Galera, 2019). En 2012, la colección de poesía Cuadernos orquestados, dio a conocer una selección de sus textos con el título Todo lo perdido reaparece. Poemas suyos fueron incluidos, asimismo, en varias antologías; entre ellas: Poetas argentinas, 1961-1980 (Ediciones del Dock, 2007), Poesía de Pensamiento. Una antología de poesía argentina (Endymion, España, 2015); Antología Federal de Poesía. Provincia de Buenos Aires (CFI, 2019) y Fundación Argentina para la Poesía (Vinciguerra hechos de cultura, 2021). Representó a su país en el Festival ISLA (Dublín, Irlanda, 2017), entre otros. 

Simonny Azul Urdaneta: Poesía

 


Simonny Azul Urdaneta














Festivo

Sácale las tripas al toro
déjalo colgado desangrarse lentamente
nadie lo mandó a creer en ti
en quien sujeta el puñal de lejos
las mujeres sentadas observan la faena 
y el agua roja llega a los crisantemos
y aun así miramos al cielo
luego bajar la montaña
luego las aves de rapiña
tragando duro en la costilla
no bastará el próximo día festivo
para el encuentro
échame la sal aquí en la herida abierta
y ya y ya ni una palabra escrita
ni una dicha.


Eucalipto

Se llamaba eucalipto esa rama verde blancuzca
se llamaba tordo esa sombra picoteando mi cabeza
temprano supe de fantasmas y canciones de años
de celajes y de espantos 
temprano supe leer libros y oráculos distintos
esta bandera blanca en la puerta
esta cruz de palma, este palo santo
este grano de sal bajo la lengua par estar vivos
y la neblina acaso
las visiones que vuelven a contarme de ti.


Halo

Y en esta hora pura en que el sol y su halo
mandan sus señales encriptadas
de seguro estás allí, hermano mío
mirándome
desde el otro lado del ojo del cielo.


Quédate

Quédate
con lo que sobra
las heridas de la espalda
su olor a sequedad
las mordidas de la boca
que ayer comió de mi
hay espacio en el desván
para la ropa raída
la lengua de las bestias
en este círculo me fundo
mis dedos ya tocaron
la orilla clara
de las palabras
son el destello
la incandescencia
de haber perdido
la avidez de lo continuo
como el humo de las piedras
sueno distinto
cada vez
cuando te quedas 
con lo poco
fragmentos
de lo que nunca te di


Lengua

Escribiré un poema
Con mi lengua
en la línea
de tu espalda
alargo
las vocales
como gemidos
en dirección
a tu flanco
mi lengua es ésta
la del cuerpo
la que te circunda
apenas ésta
que nombra
para alcanzarte.


Piedra de Rayo

Si algún día vez olvida las palabras
inventará otra forma de invocarte
rayo que suena siempre distinto
para qué cuerpo o memoria  
qué temor ni sombra
qué neblina
si tu sonido aparece 
veloz y es sin esfuerzo 
cada cosa en el camino
oscura piedra de rayo
el río la sal también la sed
la arena piel de lo que es nuestro 
y no nos deja
entonces aún en el descuido
en la omisión en el olvido caes
fragmento de noche
poema
oscura piedra de rayo
que me salvas


Poema allanado

Intento escribir 
un poema claro 
ausente 
de metáforas 
que puedan 
comprometerme 
un poema 
huella digital 
que diga 
tu nombre 
de manera 
única 
que se sepa 
allanado 
y bajo 
vigilancia 
intento 
escribir 
un poema 
aunque sé 
que tengo derecho 
a guardar silencio.


Somos de esta calle
lo sabes

hay una grieta en
la frente y un hueco
que te recuerda
su nombre

sus muertos nos llevaron
a vernos en silencio

el cuerpo en la sala
y nosotros
pasando en aguardiente
las ganas de decirnos

lo siento.               
                                                                 

He dicho tantas mentiras

mamá me enseñó 
y lo hago siempre
mirando a los ojos

las digo a mí misma
en voz queda
sin parpadear

he dicho tantas que 
no sé si pueda encontrar 
ese pedazo de cuerpo 
donde me escondo 

también de una mentira 
nació la hija.




 Simonny Azul Urdaneta  (Valencia, Venezuela, 1978)  Poeta, investigadora, Jefa del Departamento de Pedagogía Infantil FaCE-UC, Profesora e investigadora en la Universidad de Carabobo. Actriz, dramaturgo, productora radial y teatral. Fue Directora de la Escuela de Teatro “Ramón Zapata”. Ha publicado: Los cuentos de hadas no hablan de sexo (1997, 2002), Mi calle de una acera (2002) Líbrame (2005) Como una costumbre (2010), Piedra de Rayo (2015). Halo y otros poemas (2022), Cómo hacer de un bebé un lector (2022). Premio Concurso de Poesía Liceísta CELARG, 1994. Premio Mención Poesía en el Concurso de Literatura FACE-UC 1997, Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras, 2004, Premio Bienal José Rafael Pocaterra 2009, Premio Concurso de Poesía Festival Mundial de Poesía, 2014. Fue condecorada con la Orden “José Félix Ribas” en su tercera clase, área artística. Orden "Arturo Michelena" por su trayectoria artística. Participó en Festivales Internacionales en Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Dictó su taller: Voces femeninas en la poesía contemporánea en Saint Vincent, 2011 y Lima, Perú, 2019. Su trabajo literario e investigativo ha aparecido en antologías como En Obra, de Gina Saraceni, Editorial Equinoccio; Antología de Poesía Venezolana, Embajada de Venezuela en Siria; Antología “El vuelo más largo, Poesía Hispanoamericana”, Ángeles de Papel Editores, entre otras; también en periódicos y revistas de circulación nacional e internacional. Su poesía ha sido parcialmente traducida al inglés, portugués, italiano y árabe. 

Ezequiel Villarroel: Poesía

 


Ezequiel Villarroel
















tripulación


un barco se instalaba en un poeta
cada día
lo habitaba por completo.

en la cubierta del barco trabajaban pescadores que 
también eran poetas.
en su mástil se posaban las gaviotas que 
se alimentaban de los peces que pescaban los poetas.
en la proa se encontraba el capitán que
jamás fue capitán 
pero conocía la lluvia como si fuese un poeta.

a veces sus tripulantes cansados del mismo mar 
de sus mareas
emprendían un motín pero
nunca se podía zarpar de aquel poeta
o el poeta no podía abandonar su sitio.

siempre estaba haciendo de ese barco la poesía
o la poesía era su ancla cuando se arrojaba al mar.

                                          (de “Al menos no está lloviendo”, 2013)


viento


no es por mí 
que vienen los inviernos 
a demostrarnos su frialdad 
a decir que no te digo 
y no te escucho.

esos arbolitos que se aclaran 
y se ven más tristes 
no son en realidad más tristes
son más tristes nuestros ojos (de ver) 
el espíritu que sembró el ayer. 

y se desnuda hoy.

y le hace frío.

                                          (de “Libro de lluvia”, 2015)


 escritura


cómo podrías no existir
si existen tantas cosas.

existe la poesía que 
(ahora mismo)
tiene forma de vos

y tiene ausencia de vos

y sólo mi mano de mí.

                                          (de “Libro de lluvia”, 2015)


(reniego de mi dios y su gramática)


con un cuaderno a la deriva
intento atravesar un pueblo que 
me espera desde niño.

las luces, más hermosas que el ensueño 
también saben esperar
un horno de barro de donde se sale pan 
un maizal, un perro, una leyenda.

yo amo todo eso, lo amo y lo vuelvo a amar
y no me importa que venga un académico estúpido 
y me diga que el presente ya pasó
que antes amábamos y que ahora amé
o que había amado.

me importa tu voz y la mía.


(de “Mi perro y yo estamos renegando”, 2017)


eufemismos


si querés sexo 
decime sexo
no digás café
película en la noche
cadáver exquisito.

todos los días
desde que nos levantamos
queremos café.

(de “Mi perro y yo estamos renegando", 2017)


Like


A lo mejor no lo sabemos, pero 
usamos nuestras fotos de perfil para 
no olvidarnos de nosotros mismos. 

Aquí en mi país (sobre todo) 
se vive del oxígeno,
todos sus habitantes no respiran otra cosa. 

¿Es esto una adicción?
¿Es que acaso tenemos una relación complicada, todos? 

Repito: 
A lo mejor no lo sabemos, pero 
escribimos para no olvidarnos de nosotros mismos.

                                         (de “Aguantá!”, 2018)


escrito en la trasnoche


es la 1:45 a.m.
pienso en el laburo que perdí
en los que duermen solos
con su acompañante de turno
o simplemente con su gato
pienso que estamos vivos de pura suerte, pero
podríamos estar muertos
y nosotros sin cruzarnos por las calles de
ninguna manifestación
a veces sin salir
y aun así podríamos habernos muerto, sin besarnos
y vos sin publicar
eso pienso
a las 1:55
en distintos lugares
algunos cuerpos
están siendo despedidos
en un velorio sin café
un par de minutos después
supongamos a las 1:59
pienso que no estás soñando todavía, sino que
estás reconstruyendo tu historia
con gatos de mascotas
con muertos en democracia
con libros
conmigo
aunque no sepas bien qué hacer.

                                          (de “Casa rodante”, 2019)


epidermis


a través de tu piel
se podía entrar a muchos sitios
menos a vos.

era como si no hubiera quedado espacio 
en tu costado izquierdo
y terminabas huyendo 
de tu propio cuerpo
y de tu propio corazón.

                                         (de “Usagi”, 2020)


Ezequiel Villarroel nació en San Salvador de Jujuy en 1983. Es docente y escritor. 
Publicó los libros de poesía: “La hora de la siesta” (2006), “NAND. No alcanzó el nivel deseado” (2009), “Al menos no está lloviendo (2013), “Libro de lluvia” - Premio provincial de poesía Néstor Groppa (2015), “Poemas de la independencia” (2016), “Mi perro y yo estamos renegando” (2017), “Aguantá!” (2018), “Casa rodante” - Segundo premio en el Certamen de poesía de la provincia de Jujuy (2019) y “Usagi” (2020).

 





JEROH JUAN MONTILLA: Poemas

 


JEROH JUAN MONTILLA


















Cuánto tardan este año
en regresar los corazones
al mango
un neblí anida en su alma
ningún ala osa beber el sol
en su copa
la primavera pasada
fue profusa mi desobediencia
hay miedo en las calles
y hasta los perros
le ladran al amor
¿cuántos frutos necesita
el color de la misericordia?
dime Señor
 si eres apenas la flor.
-------------------------------------


La corteza es mi territorio
floto en el agua salada del mundo
mi ancla, las huellas en el desierto
superficie sin rostro
la quemadura del placer
el corazón siempre nada en lo profundo
lejos de la luz
él y yo somos distintos
una línea acostada en la otra
o un río que pasa de largo
pero sigo aquí redundante
sin ninguna hondura
peregrino en toda la piel
necio como el viento.
-----------------------------------


No hay tiempo en el infinito
mucho menos amor
en estos parajes
ni una pizca 
en la hoja del mango
o en la corteza del rosal
la mosca acumula instantes
yo cuento años
con las manchas de mis uñas
los arañazos de la muerte
las diferencias son ventajas
perdonables herejías
de alguien en la red
de la angustia
para Dios no hay pronombre
la imagen y semejanza
son deudas
que tenemos con otros
los dueños
de la ira y la piedad.
----------------------------------------


Cierro los ojos para huir de las palabras
amagos inútiles de un acorralado
¿cuándo vendrá el carro de fuego?
el canto de la cacaita
percute contra lo grisáceo
un cuajo de lluvia madura
bajo los párpados del sol
es como sacar punta al lápiz
cada pensamiento
una viruta que imita la belleza
no puedo evitar mi lujuria
toda derrota es otro deleite
la estocada de Dios
dejarme inútilmente desnudo
en el morbo de escribir
El, Ella o Ellos nunca se muestran
apenas revelan mi nada
la pulcritud de la arena en los tachones
por tanto abro los ojos
boceteo su perfil entre las dudas
la cacaita ha logrado conmover al silencio
la paraulata lo ocupa totalmente
que una doble porción
de tu Espíritu sea sobre mí
viene el torbellino inagotable
me entrego al vicio del lirismo
invento escorias para el amor.
-----------------------------------------


Se mojan los cien corazones del mango
la negra transparencia en ese delgado cauce
esa delgada transparencia en el negro cauce
gracias a Dios el amor no conoce piedad

pedazo tras pedazo es el tópico del invierno
no se quede en la frialdad de lo que escribo
abra el poema y podrá desdecirse

llueve llueve llueve en tres negaciones
aquí no hay ningún niño
que conste en acta abril se retira
diástole y sístole para entumecer la palabra

siempre me llevo la contraria
una y otra vez usted pisará el mismo charco
la pulpa amarilla lo insuficiente del azar

cien corazones en este amanecer
tachones de ternura para abrigarme. 
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La paraulata en oración
es también su voluntad
el cierra su puño
en tanto derroche de luz
un dulce canto
sobre la copa del mango
puede llamarse estío
lo que se ve es lo que se ve
siempre culpables
de leerlo
en tanta inocencia
esta humareda
como lo indiscutible
la última carta
un diez de trébol
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La última mentira es el dolor
para él hay cuerpos e infiernos
celebran los pájaros el amanecer
 el ardor de vivir es insuperable
un beso y una caricia
pueden ser un disfraz
se aprende tanto del límite
esta piel es verdadera
como cierta es una taza de café
o el gusano del tormento
en el amor
cuánto abrigo
en las edificaciones del reloj
sufre y goza
la imagen del bien y el mal
que día y noche son otro engaño
el placer tiene receta y medida
repudio y aplausos
también allí sucumbiremos
irremediablemente humanos
adoloridos en los señuelos
una sola mano puede calmar estas raíces
sosegar los embates
de la dicha y el desconsuelo
dolor dolor siempre invencible
eres como el sol
la postrera oscuridad.     
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Anoche cayeron
los tres últimos corazones
del mango
este año fue mezquina
la alegría del amor
en su vieja paciencia
el árbol permanece
en medio de la casa
una bandada de canarios
desborda la copa
es toda su ofrenda
para el crepúsculo
sobre el tejado
se amontonan las hojas
pudriendo los frutos
de mi vigilia y razones
yo también estoy
a la intemperie
con las raíces prisioneras
hundidas en la única
voluntad
Dios mío
que desmedido es el disfraz
de la belleza.




JEROH JUAN MONTILLA (Valle de La Pascua, Edo. Guárico, 1960). Poeta. Profesor en Educación Integral, Magister en Historia de Venezuela. Docente de educación universitaria en la UPEL y en el postgrado de Historia de Venezuela de la UNERG. Facilitador de Talleres Literarios: CONAC, Casa Nacional de Las Letras “Andrés Bello”. Sus publicaciones han figurado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha publicado los poemarios Humano de manchas (1988); Pasollano (1993), antología poética en coautoría con Tibisay Vargas Rojas; Lides de amor (1995); y el texto de ensayos Articulaciones (2005). Galardonado con el primer premio en el Concurso Regional de Poesía “Francisco Lazo Martí” (1989), con el poemario Naranja del cinco de Marzo.