domingo, 11 de febrero de 2024

Matías Carnevale: Esteban Moore | Poeta de las pequeñas (y las otras) cosas

 







La antología poética Al margen de la noche, publicada por HC Editores, recoge la fibra identitaria del poeta argentino a través de versos que fortalecen el poder de la palabra, el diálogo, la cultura popular, y las sensibilidades más propias de la condición humana.
Por Matías Carnevale.
La obra de Esteban Moore (1952) es amplia, variada y se ha sostenido en el tiempo, corriendo por aguas subterráneas, con ocasionales reconocimientos de la crítica en los medios del mainstream. Su primer poemario apareció en 1982, en el crepúsculo de la última dictadura. Sus libros de los ochenta y los noventa fueron publicados por pequeñas editoriales ya extintas, con la consiguiente dificultad para encontrarlos, pero podemos hallar sus poemas y traducciones de obras ajenas en revistas como Buenos Aires Poetry, Hablar de poesía y Diario de poesía, entre otras tantas del país y el extranjero. Por fortuna, Alción editora, de Córdoba, ha publicado sus poemas y traducciones más recientes.
En 2023 el escritor y periodista Demian Paredes realizó, para HC Editores, una selección titulada al margen de la noche. Del prólogo de Paredes bien vale destacar un fragmento: “Ante tanta ‘memización’ audiovisual, like/’me gusta’ y emojis, ante tanto ruido y grito hueco, narcisismos y aislacionismos, la poesía no renuncia a sus polifacéticas capacidades y poderes. Se constituye, toma la palabra, y se ofrece a la lectura, al intercambio y al diálogo, base y fundamento para una verdadera cultura”. Escribo estas notas saliendo de un estado de convalecencia, de manera que concuerdo con cada letra.
Los versos de Moore son deleitables: van de lo minuciosamente cotidiano a las reflexiones sobre la amistad, la naturaleza, el campo y la ciudad. El repertorio de temas no se agota aquí, no obstante. Ha dedicado poemas (y un libro de artículos, Reunión de extraños, de 2020) a los cafés y bares de Buenos Aires, como por ejemplo “El café”, calles silenciosas/conducen al café/del solo última casa en luces//allí el solitario/en compañía de sus recuerdos/y copa y humo y música y humo/se envuelve de nostalgia/para dibujar en el aire días posibles… o “Los amantes”: Se han reunido después de varios años/y conversan y continuarán haciéndolo sentados a esa mesa/que aún los separa como un océano o un continente/o un desierto//La mesa lustrosa, gastada/de un viejo bar en la esquina de un barrio perdido/sobre la cual flotan las palabras que registran el pasado dolor/las pequeñas traiciones de la carne//.
Bien podrían trasladarse estos versos como letra de un blues argentino, en una digna continuación del estadounidense. Pienso que a La Mississippi o al fallecido Adrián Otero, de Memphis, le hubieran encantado.

“Los versos de Moore son deleitables: van de lo minuciosamente cotidiano a las reflexiones sobre la amistad, la naturaleza, el campo y la ciudad”.
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Hay una cualidad anfibia en la obra de Moore que tal vez refleje la condición de descendiente de angloparlantes: nacido en Buenos Aires pero criado en Lobos, tierra de Juan Moreira y Perón. Navega entre las aguas del sur argentino y la poesía beat y norteamericana en general. Se perciben ecos de E.E. Cummings, especialmente en el uso idiosincrático de la puntuación; Raymond Carver, por una tendencia al minimalismo y al uso de sustantivos concretos; o el propio Jack Kerouac, por una celebración vitalista de la existencia, como podemos ver en “Asado en la Barra de Maldonado”. Recordemos que Moore fue invitado a la Universidad Naropa en 1990, donde conoció a Allen Ginsberg y lo ayudó a traducir a Nicanor Parra al inglés.
Echando mano a una operación alquímica, Moore ha sabido combinar lo excelso—el arriba—con lo abyecto—el abajo—, algo ya sugerido en el título de su poemario Providencia terrenal (1983). En “A rumbo abierto” (2019), leemos: todo esto recuerdo mientras observo los buques/que navegan lentos contra la corriente/y celebro en silencio:/el buen sol—la brisa suave—el vino fresco/–la palabra mar, mientras que en “Las promesas del día” (del poemario homónimo del mismo año) nos encontramos que La ciudad ya se entrega a la soledad de la multitud, /en las calles—restos de comida/–botellas/–basura/ el penetrante olor de la orina, de la mierda/tan humanas.
Por otra parte, Moore se vale, al igual que el mejor Eliot, de alusiones a la religión de la India, en “in vitro” (1994) con ramakrishna y krishna, o en “Instantáneas de fin de siglo” (1999), donde nos encontramos con bhutas—fantasmas.

“Hay una cualidad anfibia en la obra de Moore que tal vez refleje la condición de descendiente de angloparlantes, nacido en Buenos Aires pero criado en Lobos, tierra de Juan Moreira y Perón. Navega entre las aguas del sur argentino y la poesía beat y norteamericana en general.”
La cuestión identitaria también está en la obra de Moore. Es notable la presencia de figuras representativas de la cultura argentina como Borges y Gardel, por ejemplo “crónica” (1987), “en buenos aires borges inaugura su ceguera/recorriendo los desvastados anaqueles de una biblioteca pública”, “in vitro”, o “Tarde a la americana” (2019). Ser un escritor argentino y no invocar a Borges es como escribir las Mil y una noches y omitir al camello. De las citas sobre el zorzal criollo, bien vale leer “Pruebas al canto” (2019), que relata un debate espontáneo entre argentinos y uruguayos por la nacionalidad del cantor que, como todos sabemos, era francés.
Al poeta lo ocupan las referencias cinéfilas: en “Los cines” leemos que por la acción de un cura “que nunca ocultó sus inclinaciones por el cine clase B” un joven crece al ritmo de las películas y la realidad argentina, mientras que en “Tarde americana” nombra a Peter Coyote, actor con una voz discernible—aparece en varios documentales dirigidos por Ken Burns—y anarquista fundador de la comunidad contracultural de los Diggers en la San Francisco de mediados de los sesenta. Como Moore, Coyote también ha sido un gran lector de los beats.
Quisiera cerrar este texto con la recomendación de tres poemas de la antología que, a mi parecer, el lector no debería pasar por alto: “Del mundo”, “‘Mirá eso, pronto no lo volverás a ver’”, un punto altísimo de la selección, y “Extensión”, un haiku campero de impecable factura.

Publicado en:

https://revistaruda.com/2024/02/01/esteban-moore-poeta-de-las-pequenas-y-las-otras-cosas/


Matías Carnevale (Tandil, 1980) es licenciado en lengua inglesa por la Universidad de San Martín y

maestrando en literaturas comparadas por la Universidad de La Plata. Ha publicado los libros Los parasicólogos y otros relatos (2018, ficción), En la tierra como en el cielo: cine estadounidense de ciencia ficción (2019, ensayo), Ray Bradbury, el hombre centenario (2020, compilación de ensayos), Exploraciones, ensayos en torno a Pablo Capanna (2022, compilación) y Pull my Daisy y otras experimentaciones: la Generación Beat y el cine (2022). Desde 2020 da talleres de lectura online de clásicos de la ciencia ficción. Colabora habitualmente en medios periodísticos de Argentina y el exterior.

domingo, 28 de enero de 2024

Fabián O. Iriarte: Poemas

 



Fabián O. Iriarte












abandonado a mi suerte

he aprendido tuve que aprender
a convivir temprano con
con todo aquello que no tuvo ni
explicación ni sentido

ni desde
la primera vez ni desde entonces
cuesta un esfuerzo enorme

renovar cada vez ese durable
temor y sobre todo esa 
esquiva fe


persigue su propia sombra

pero nunca la alcanza qué te puedo decir
parece loco

y hasta le habla oscura
su mente

donde se pierden todas todas
sus palabras


se me quiebran las formas

porque ciertamente al contrario
de lo que afirma el clásico hay

formas en el mundo que no
aceptan / qué / ¿acaso el sin
el orden

la esperanza / el hechizo?


se dejan las inscripciones

un poco por todos lados
para recordar que uno estuvo por ahí
forzar las venganzas de la memoria
ir en contra / de la traición de la debilidad
para gritarles que uno vino uno pasó
que uno pisó / que si acaso
no hubo vencidos / al menos se acudió
a la batalla


Fabián Iriarte (Laprida, Buenos Aires 1963) Poeta, Traductor, docente universitario. Una voz clara y propia en nuestra  poesía contemporánea.



Tânia Lima: poemas de ‘Ponta Negra’ (2023)

 




 











Ponta Negra
Cascadas de arena
descienden de las dunas verdes
morro de Careca
hace dreads



La playa estaba limpia
veo una garza
y sucio todo
de papel blanco



Mi papá era negro
me dio el mar de regalo
me enseñó a pescar
en las islas de Maranhão
organizó una huelga
después los fierros…
A lo largo de la existencia
me ofreció veinte palabras
alrededor de la sal
Murió tempranamente
escribo poesía



No balanceen
demás el planeta
que él puede

c
 a
 e
   r



Junto al mar
cualquier salud
ya es un poco
de poesía



Amanezco vestida de agua
me siento libre para oír
el viento bordear el mar...
Con líneas brillantes
veo un gran huerto de orquídeas azules
El mar vive recostado sobre el fuego
Alrededor del mar, no hay vencedor
ni vencidos...
Lo que hay es
polvo y sombra...
vida plena de poesía



Placa madre
memoria RAM
los hombres croan:
–Habrá tecnología
sin destrucción “¿?”



En la antigua villa de los pescadores
los hippies hacen de guías-pulseras-collares
para Iemanjá y Oxum
Té de cannabis cura
ansiedad y mal de ojo...
Urdida de memoria
Literacura nuestro tiempo.



Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2024.

Tânia Lima es es graduada en Letras y posgraduada en Filosofía de la Educación por la Universidad Estadual de Ceará. Ensayista de O Povo, Tribuna do Ceará y Folha de Assine. Integró el Grupo Literário Academia da Incerteza. Investigadora de la obra de Fernando Pessoa. Publicó, entre otros títulos, Pedra do sol (1996, con varias piezas traducidas al castellano para el blog Alpialdelapalabra, publicadas en enero de 2022), O livro do abrigo (1999), A bela estrãgeira (2001), Nus mangues (2003), O meu despertar (2014, libro infantojuvenil) y Berimbau de lata (2016). Editó la revista de arte Mangues&Letras.


domingo, 21 de enero de 2024

Juan Sánchez Peláez: Mi animal de costumbre



Juan Sánchez Peláez
















Mi animal de costumbre me observa y vigila.
Mueve su larga cola. Viene hasta mí,
a una hora imprecisa.

Me devora todos los días, a cada segundo.

Cuando voy a la oficina, me pregunta:
¿ Por qué trabajas
Justamente aquí ?

Y yo le respondo muy bajo, casi al oído:
por nada, por nada.
Y como soy supersticioso, toco madera
de repente,

para que desaparezca.

Estoy ilógicamente desamparado:
de las rodillas para arriba,
a lo largo de esta primavera que se inicia,
mi animal de costumbre me roba el sol
y la claridad fugaz de los transeúntes.

Yo nunca he sido fiel a l a luna ni a la lluvia ni a los guijarros de la playa.

Mi animal de costumbre me toma por las muñecas, me seca las lágrimas.

A una hora imprecisa
baja del cielo.

A una hora imprecisa
sorbe el humo de mi pobre sopa.

A una hora imprecisa
en que expío mi sed,
pasa con jarras de vino.

A una hora imprecisa
me matará, recogerá mis huesos.
Y ya mis huesos metidos en un gran saco, hará de mi
un pequeño barco,
una diminuta burbuja sobre la playa.

Entonces
sí
seré fiel
a la luna
la lluvia
el sol y los guijarros en la playa.

Entonces,
persistirá un extraño rumor
en torno al árbol y la víctima.

Persistirá…
barriendo para siempre
las rosas,
las hojas dúctiles
y el viento.


Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, Estado Guarico, 1922 - Caracas, Venezuela, 2003) Poeta , docente, diplomático. Premio Nacional, 1975. 




jueves, 11 de enero de 2024

Vicente Gerbasi: Altura del Sufrimiento y Comienzo del Goce

 


Vicente Gerbasi
















Las torres eran de una ciudad caída y doliente, 
cansada de amarse en sus mármoles desnudos.
Torres que no tuvieron lago donde mirarse,
por las que el tiempo pasaba llorando golondrinas.

Eran torres antiguas y a sus pies se cantaba.

Siguiendo el lirio que hace frágil luz  en el rumbo de la noche,
descubrí en mi la rosa que arde eternamente,
desde viejos jardines que aun me quieren y me donan a la tierra,
bajo  el aliento de Dios en las estrellas,
más profundas que las de lumbre regalada a nuestros ojos.

En los aires que  al amor vienen transidos de virginales palomas,
siendo ya en mi la rosa que alcanza sus finas llamas,
subí con pasos descalzos a las torres vetustas,
y eran bajo el cielo las torres del silencio.

A sus peldaños últimos subí perdido en los destinos del día
junto a mi paso el viento llorando sus andanzas.

Eran torres antiguas y a sus pies se cantaba.

Antiguas torres en que me sentí  dolido de goce inalcanzable,
en que me vi el estigma de una edad que aún no había vivido.
Traspasadas las sienes jardines vi en lo remoto,
y escuché la voz de los que amaban,
y de los que jamás yo supe amar,
y a dolerme empecé de lo que nunca había dolido,
y el llanto de las madres me alcanzó  en su rumbo innumerable,
y en el sufrimiento caí de los árboles en su senda de nieve,
y en mi propio sufrimiento de pastor que canta y canta en las colinas,
y moribundos se fueron quedando mis sentidos,
junto al rocío sereno de círculos eternos,
junto a las aguas de Dios,
junto a mí, al que buscaba,
y vi que el mundo era viejo de erguirse en sus escombros.

Vicente Gerbasi (Canoabo, Carabobo, 1913, - Caracas, Venezuela, 1992) Poeta, escritor, político y diplomático. Premio Nacional de Literatura
 












viernes, 29 de diciembre de 2023

Mariano Rolando Andrade: La Caída de Kabul

 

Mariano Rolando Andrade





                                                                             














                                                                                Al Gordo


Jugaron a ser Burton, Connolly y tantos otros enterrados
detrás de esa pared color tierra y las puertas de madera 
del cementerio británico que cuidaba Rahimullah,
el viejo que venció a los talibanes recostado en una lápida.

Travestidos, con barba y un trabajado andar cansino
vagaban  por el bazar enclavado en edificios en ruinas
mordiendo la kufiya para que no los ahogase el polvo
de las carretillas, los mutilados, las cabezas de cordero.

En cada esquina casi cruzaban soldados sin ánimo
sentados horas en unas sillas de plástico con la Kalashnikov,
o impotentes en los blindados, mientras en las mezquitas
la gente votaba y dejaba su indefenso dedo lleno de tinta.

Terminaban el día en L’Atmosphère o uno de esos lugares
que los afganos desconocían y donde los extranjeros 
volvían a sus vicios, las armas bajo llave en la entrada,
como si Kabul tuviera algún resplandor de Texas.

Al despertar, nuevamente sastres, tintoreros y carniceros
en sus artes al aire libre; las mujeres celestes o invisibles.
Y el cielo azul que se podía tocar, como las mañanas
en los jardines de otoño tardíamente florecidos.

Así había sido, contaban bebiendo sus vinos infames. Así.
Pero ahora la gente corría desesperada hacia el aeropuerto
y ellos miraban la televisión, traidores quizás, quizás 
hombres que tuvieron una juventud épica… traidores, sí.

Ahora, en la noche desfasada de París y Buenos Aires
recordaban a tipos  como Mustafá, Khalil y Rabani,
porque era posible verlos en la pista desquiciada
o encerrados en sus casas sin mañana a la vista.

Sobre todo a Hazis, el actor barrido por la guerra,
soldado en Kandahar, prófugo, exiliado en Peshawar,
que volvió a Kabul cuando cayeron los talibanes
y montó un teatro itinerante para hablar de democracia.

A Fuyadin, que los llevó una tarde justo antes de ramadán
a la mansión de su primo el comandante de Shakarbara
en la ruta a Mazar, y los muyahidines armados fumaban
en la llanura sembrada de carcazas de tanques soviéticos.

Kassem y otros habían salvado los archivos de Afghan Films
quemando bobinas y cintas sin valor en un pastizal 
ante la mirada aprobatoria de talibanes que ignoraban
el muro falso donde escondían los tesoros del cine afgano.

Pero eso fue antes. Ahora la gente luchaba para treparse
a un ala, una rueda, zambullirse en la bodega de un avión.
Kabul había caído sin balas y aquellos mismos hombres
de fajina y chancletas volvían a ser los señores del lugar.

La gente corría. Gente tal vez de los caseríos paupérrimos 
que colgaban de las colinas en los suburbios y que vieron
un día de sol encamino al impenetrable valle de Panshir,
cuando conocieron el mausoleo del comandante Masud.

Gente quizás del barrio pudiente de Qalla-e-Fatullah
que había trabajado con ellos y creído que el pasado
no podía repetirse y esas tierras olvidadas y deseadas
tenían derecho al ímpetu civilizador de los invasores.

Gente como Estefan, el periodista que los cuidó en la Herat
de las mil tumbas de santos, profetas y poetas.
Como Abdulá, el hazara que los llevó a la ciudad roja
en lo alto de la ruta prohibida que conduce a Bamiyán.

Porque jugaron a ser Burton, Connolly y tantos otros
por los lagos vírgenes  de la remota Band-e-Amir.
En noches en puestos de comida en la ruta a Bagram.
En Ka Taroshi, la calle más vieja y esquiva del bazar.

Jugaron o quizás no tanto. Tal vez en verdad creyeron,
y ahora en la noche desfasada de Paris y Buenos Aires
la caída de Kabul, esperada e inevitable, los obligó
a callar para drenar la confusa tristeza del traidor.

Porque no eran afganos y estaban a salvo lejos.
Porque esos rostros eran los mismos que sin pedir nada
los habían arrancado alguna vez de la suerte
de cavar su tumba ante una multitud en un país extraño.


Mariano Rolando Andrade (Buenos Aires, 1973). Escritor, poeta, traductor y periodista. Actualmente reside en París.
Ha publicado la novela Los viajes de Rimbaud (Editorial Vinciguerra, Buenos Aires,1996), la antología bilingüe Poesía Beat (Editorial Buenos Aires Poetry, 2017) y el poemario Canciones de los Mares del Sur (Editorial Buenos Aires Poetry, 2018). Acaba de editar y prologar Luisa Futoransky: Los años argentinos (Editorial Leviatán, Buenos Aires, 2019).
Fue seleccionado en la antología de poesía Buenos Aires no duerme (Eudeba, Buenos Aires, 1998) y ganó el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional (RFI) a mejor cuento en lengua francesa (2001). Su obra ha sido incluida en la antología Atlas de la Poesía Argentina (Editorial de la Universidad de La Plata, Argentina, 2018) y Poetas en el Cosmovitral (Ayuntamiento de Toluca, México, 2018).
Ha sido invitado a festivales de poesía y lecturas en Argentina, México, Perú y Marruecos. Colabora en revistas literarias de América Latina y sus poemas han sido publicados en Argentina, México, Colombia, Chile, Venezuela, España, Francia y Marruecos, y traducidos al francés, el italiano y el árabe.










lunes, 18 de diciembre de 2023

Ricardo Ruiz: Poemas

 

Ricardo Ruiz



“No” es la palabra más salvaje que consignamos al lenguaje.
Emily Dickinson


i

no
es el inicio

al borde 
de lo real 
su lente 
orienta 
la mano 
en su pensar
en su hacer luz
de la sombra

cuerpo
de la palabra
ardiente 
pan 
de la duda
resplandece
de incertidumbre

pulso
del cambio
no
es la libertad
de sostenerlo

piedra
en el aire
grito

no
de nos
canta
y así
sucesivamente
al infinito
de su enunciación
el ángel 
abre sus alas


ii

no
es el medio

en tanto río
en su deriva
cauce
del universo
que en su materia 
oscura
sostiene

su infinito

hacerse 
lengua
de ser 
nos
camino: abra

del silencio
luz

rota 
sobre sí
estalla 
el tiempo

ruina 
sobre ruina
construye

lo que no es


ii

no
es el fin 

su nuestra 
memoria
anticipada

no es no

hasta que 
la verdad
sea dicha


***


¿Cómo es posible afirmar la propia identidad,
sin resolverla en lo otro de sí?
Massimo Cacciari

i


es sabido
descendemos 
de los barcos

repletos de sangre

de negros 
esclavos 
de europeos 
de criollos 
de indios 
de inmigrantes

descendemos

de criollos de sangre de europeos 
de negros de sangre de esclavos
de inmigrantes de sangre de indios

no 
es sabido 
de los barcos 
de sangre repletos
descendemos


ii

de los cerros 
de la selva de los ríos 
destos otros continentes
de sus villas ciudades

es sabido 
descendemos

de sus libros

sus oscuras
lenguas
nuestras


iii

de la tierra 
del mar de huesos 

de fantasmas

sus canciones
sus semillas

indias inmigrantes
esclavas criollas
negras europeas 

de sus cuerpos

descendemos

de tristezas 
de lo que se repite
de alegrías 
de lo que podamos 
hacer venir
de lo que fuimos
somos

es sabido


Ricardo Ruiz (Buenos Aires,1953) Poeta. Ha publicado: “Racimo”, Ediciones Kairós, 1980; “peces del aire”, inédito, 1980; “Poemas”, edición del autor 1982; “otros cantos gallan”, Libros de Navegación, 1989; “tristes rüidos furias”, Libros de Tierra Firme, 1990 y “huesos de otros vientos”, Ediciones en Danza, 2015. Formó parte del grupo literario Kairós y coordinó talleres de poesía. Participó en la antología “65 poetas por la vida y la libertad”, Abuelas de Plaza de Mayo, 1983; colaboró en las revistas “Xul” y “Casa de las Américas”. Administra la página de poesía en Facebook “Presente Griego”. Su último libro “husos del no” fue editado en 2022 por la editorial Barnacle.









sábado, 2 de diciembre de 2023

Sailing to Byzantium - W. B. Yeats (Powerful Life Poetry)

Lugares con Genio - Irlanda de William Butler Yeats

Mariano Rolando Andrade: Presentación

 

Edmond Jabès: Preguntas a la luz

 


Edmond Jabés

















Exterior es el límite. Interior, lo ilimitado.

Para preparar mejor al hombre a morir del hombre, ¿creó Dios el tiempo?
Para dejar a Dios el tiempo de morir de Dios, ¿concibió la eternidad el hombre?

El instante muerde en la duración, nunca sobre la eternidad, que es duración incontrolable.

¿Y si el ayer –oh noche clavada, todo mi pasado- se rehusara a abdicar?
No hay palabra que no esté, desde ya, envuelta de porvenir.
El dolor, la desgracia, acceden, ellos también, a la mañana.

Uno se pregunta en la noche; pero movida por una comprensible necesidad de mirar y, 
para nosotros, de mirarnos en ella, la pregunta está siempre vuelta hacia la luz.

La luz de la pregunta nunca es sino la pregunta a la luz.

Hay que haber llorado mucho para apreciar una sonrisa: arco-labios. Arco-iris.

-No puedo conocer a otro sino a través de mí. ¿Pero quién soy?
-¿El fuego conoce el fuego?
-¿El bosque conoce el bosque?

Es a la madera que consume que el fuego le debe el ser fuego; como el bosque, 
al fuego que lo reduce a las cenizas, le debe el haber dejado de ser un bosque.


Edmond Jabés: (El Cairo, Egipto, 1912- Paris, Francia, 1991). Poeta de formación y lengua francesa.

Demian Paredes: México en el corazón de dos literaturas: Tununa Mercado y Noé Jitrik

 

Demian Paredes durante su exposición 


Recordar y homenajear a Noé Jitrik y a Tununa Mercado, dos vidas dedicadas a la literatura, implica, obligatoriamente, asomarse –así sea someramente– a un período de tiempo que el primero denominó, en su libro de relatos autobiográficos La nopalera (y que aquí será citado varias veces), como un “trozo de vida mexicana”.
Porque, en efecto, Noé y Tununa son parte de lo que se conoció como “argenmex”, una denominación surgida durante la década de 1970, ante la cantidad de argentinos exiliados por la violencia política y la dictadura que se instaura en el país, y que escapan como pueden –ante amenazas o ataques–, y se refugian en un país de hospitalaria tradición: México.
En su libro Ráfagas de un exilio, Pablo Yankelevich así lo cuenta: “Los primeros exiliados argentinos comenzaron a llegar a México a mediados de 1974. Una parte de ese contingente estuvo conformado por los asilados diplomáticos y a ellos se unió un grupo de políticos, intelectuales, profesionales y artistas que por haber sido amenazados o haber sufrido atentados fueron arribando a la capital mexicana”. Y da una pequeña lista: “Ricardo Obregón Cano, exgobernador de la provincia de Córdoba; la pedagoga Adriana Puiggrós, exdirectora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; el científico Enrico Stefani y su esposa la psicóloga Mara La Madrid; la cantante Nacha Guevara; el escritor Pedro Orgambide; el psicólogo Ignacio Maldonado y su familia, junto a la reconocida psicoanalista Marie Mimi Langer; la historiadora Ana Lía Payró; el literato Noé Jitrik y su esposa la periodista y escritora Tununa Mercado; los actores Luis Brandoni y Marta Bianchi; el periodista Carlos Ulanovsky; el músico Alberto Favero, y los diputados Héctor Bruno y Héctor Sandler.”
Además, en ese libro se da cuenta del rol destacadísimo de Noé impulsando, desde el mismo año 1976, una institución con el objetivo de organizar y actuar ante la llegada constante, e inminente y seguramente creciente, de exiliados desde Argentina, tras el golpe militar. Surge entonces la Comisión Argentina de Solidaridad (la CAS), que tiene múltiples roles y se ocupa de distintas tareas y asuntos: legales y jurídicos, laborales e intelectuales, políticos y culturales, y hasta de la vida cotidiana y familiar. Junto a esto, Yankelevich destaca la publicación en julio de 1976, a tan solo unos meses de instaurada la dictadura, de un Informe sobre la situación argentina, elaboración de la CAS, que aún no tenía sede, realizada en base a datos de la prensa argentina y muchas otras fuentes, como informes de abogados de presos políticos, cartas de los detenidos, etc.
Y, como suele o puede ocurrir, de esta primera organización surgiría otra, comandada en este caso por Rodolfo Puiggrós, otra destacada figura del exilio. La Cospa: Comisión de Solidaridad con el Pueblo Argentino, de orientación política mayoritariamente montonera. Esto dice Yankelevich: “A comienzos de los ochenta, para la colectividad argentina cada organismo era fácilmente reconocible: una era ‘la casa de Puiggrós’ y otra ‘la casa de Jitrik’.”
Sin embargo, haciendo a un lado el camino particular y las características de cada organización, lo que me interesa destacar es lo que este autor, un estudioso del exilio en nuestra región, llama “la apuesta cultural de la CAS”, lo que incluyó su propio centro de estudios. Así lo explica y describe: “Noé Jitrik, Osvaldo Pedroso y Gregorio Kaminsky, entre otros, fueron sus promotores iniciales. La idea que los animó era la de crear un espacio donde reflexionar sobre problemas más generales, alejados de la inmediatez de la coyuntura argentina. En realidad, el Centro de Estudios Argentino-Mexicano fue pensado como un mirador desde el cual acercarse a temas derivados de intercambios y entrecruzamientos culturales, bregando, como lo señaló Jitrik, por ‘vivir la experiencia mexicana’.
Se detallan luego las conferencias que se hicieron (de feminismo, literatura contemporánea, psicoanálisis y “crisis del marxismo”), y los intelectuales latinoamericanos, europeos y norteamericanos que participaron de distintas instancias de reflexión y debate.
Quiero quedarme con la expresión de Noé recién mencionada, “vivir la experiencia mexicana”, y entenderla como un bregar, aun en la adversidad y ante la catástrofe, por lo que podría ser virtuoso, por un abrirse para conocer la riqueza de una nueva cultura, en un nuevo terreno. Una apertura que, seguramente, ya venía motivada, como el propio Noé lo ilustra en La nopalera, por viajes previos a otros países: Francia, Cuba e incluso ya México poco antes, en 1972. Un “cosmopolitismo literario”, podríamos decir, en aquella época de “boom” y “posboom” literarios, y proliferación –ya que no sé si decir “auges”– de  críticas y teorías.
A modo de muestra de esos lazos culturales, que sobrepasan y superan cualquier frontera, sean geográficas o dictatoriales, podemos leer en La nopalera que Noé recuerda varios libros suyos que, por entonces, se publican en Argentina y en otros países de América Latina, incluso ya estando él y su familia en México: el poemario Comer y comer, los ensayos Producción literaria y producción social. También, un cuento ilustrado, “Del otro lado de la puerta”, y un volumen de cuentos titulado Llamar antes de entrar. Y en México se publican muy pronto Las contradicciones del modernismo, de ensayos, y Viajes. Objetos Reconstruidos, bello volumen de prosas y breves poemas, surgido de notas de una experiencia de viaje a Europa, de Noé junto a su hijo Oliverio.

Noé se desarrolla, crece cultural y teóricamente, en los ámbitos literarios y académicos, manteniendo la actividad mencionada anteriormente, de dirección y funcionamiento de la CAS, que insumía muchísimas horas. Cuenta en La nopalera: “Terminábamos agotados, a altas horas de la noche y luego, por la mañana, los trabajos personales y nuestra propia y personal vida con sus exigencias cotidianas, más el deseo de seguir comprendiendo quiénes podíamos ser nosotros en el complejo mundo mexicano, todo eso era vivido como fascinante, de una intensidad que el hecho del exilio no menoscababa, acaso era una oportunidad que se nos brindaba para convertir una situación no deseada en una luminosa experiencia”.

Así era la dimensión del “día a día” de la familia Jitrik, contada sumariamente en La nopalera:
“En los primeros años habíamos organizado nuestra vida de la siguiente manera: en casa quedaba Vicenta Martínez, que nos esperaba con la comida hecha y siempre mexicanamente diversa aunque con matices argentinos que había aprendido con absoluta facilidad. En El Colegio Madrid los niños desde la mañana, Tununa, en el Taller Nacional del Tapiz y luego, cuando empezó a trabajar, recomendada por su antiguo compañero de La Opinión, en la redacción de la consolidada revista Tiempo, fundada por Martín Luis Guzmán [...], y yo en El Colegio de México, todavía en la calle Guanajuato. [...] daba mis clases, conversaba con Raúl Ávila o con Margit Frenk e iniciaba relaciones, sobre todo con los estudiantes del doctorado, iba conociendo a las tropas y al volver a casa recogía a los niños, en esas horas afiebradas de la salida de la escuela en México, en el pandemonio de la calle Revolución y en medio de su tumulto y el siempre tentador mercado de Mixcoac. Tununa volvía por su cuenta contando lo que había visto, leído y escrito en una sección de la revista subtitulada ‘Otros continentes’, o sea el mundo salvo las Américas. Increíble lo que llegaba a saber sobre los rincones más ignotos del universo incluido el espacio estelar.”
Habrá entonces conciencia de la imposibilidad de regresar pronto al país, lo que multiplica viajes y relaciones por México, y a otros destinos, como los dos años seguidos que Noé y Tununa se dirigen a Caracas, en una oportunidad nada menos que para lanzar la “Biblioteca Ayacucho”, con una decena de escritores e intelectuales de América Latina (como Juan Gustavo Cobo Borda, Tulio Halperin Donghi y Augusto Roa Bastos), convocados por Ángel Rama.
Por su parte, Margit Frenk le abrirá las puertas a las universidades estadounidenses. Noé hará algunos viajes cortos –en La nopalera habla de uno junto a su hija Magdalena–, pero no más.
Y hay más libros en ese período: Fin del ritual, de cuentos, premiado con el “Xavier Villaurrutia”,  Los dos ejes de la cruz, ensayos que proponen una mirada sobre la mirada de Colón, a partir de una lectura e interpretación de sus diarios, y El callejón, compilación de artículos periodísticos y poemas publicados en un suplemento literario.

Tan larga sería la lista de libros como mencionar las amistades literarias de ese período, desde Tomás Segovia a Fabio Morábito, pasando por José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes.
Al respecto, un párrafo más de La nopalera:
“Margo Glantz [...] nos acogió casi de inmediato y lo que se estableció tuvo un carácter muy especial. [...] empezamos a frecuentar su casa en el corazón de Coyoacán, llena de bellos objetos y cuadros de su padre, el mítico Jacobo Glantz, y sobre todo refugio de escritores a cuya amistad entramos muy naturalmente.” Allí estaban Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Elena Poniatowska y muchas y muchos más.
Las listas de amistades y relaciones, revistas y proyectos, actividades y experiencias serían interminables. Sólo a modo de ejemplo, durante y después del exilio no dejaron de aparecer libros de Noé en México: El melódico perplejo, Díscola cruz del sur ¡guíame! (un poemario con arte de tapa de Magdalena), Lectura y cultura, Limbo (novela pesadillesca sobre la dictadura argentina, recuperada y publicada en Argentina en 2017), una Antología poética, parte de la serie “Material de lectura” de la UNAM, La lectura como actividad, El ojo de jade, Evaluador, Delicados trazos (ensayos, publicados por la Universidad de Veracruz), y Lámpara diurna, un volumen publicado como parte del Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, otorgado por la Academia Mexicana de la Lengua, en 2018.

***

Hay una serie de TV titulada “Los Argenmex”, coproducción entre Canal 22 de México y el Canal Encuentro de Argentina. La primera (y creo que única) temporada comienza con el primer episodio dedicado a Néstor García Canclini (otro argentino exiliado, quien comienza diciendo “Ser argenmex... ¡es complicado!”). El tercer capítulo está dedicado a Juan Gelman, y el segundo, por supuesto, es sobre nuestra dupla infaltable: “Tununa Mercado y Noé Jitrik”. Allí, junto con el recuerdo ya comentado de sus relaciones con las colonias y grupos de exiliados de Argentina y América Latina, Noé reafirma su actitud de apertura y búsqueda de productividad (crítica) en esa situación tan adversa. Dice: “no podía atarme a la exaltación de lo perdido, en materia cultural”. Y brinda su visión: “Creo que el argenmex se define por una memoria. No es un desagradecido ni un olvidadizo. Es alguien que recogió una experiencia, que la incorporó, y que la quiso validar o que la valida, ya sea por la pasiva, ya sea por la activa.”
Por su parte, Tununa Mercado, en ese mismo programa, cuenta sus primeros acercamientos, las primeras apariciones en su vida del país que, en un futuro –no tan lejano–, le daría asilo. Cuenta ella que, en una estadía en Francia, trabajando, tuvo que dar en clases, además de Juan Rulfo, a la novela de la revolución mexicana Los de abajo, y que ahí descubrió por primera vez, “desde el lenguaje”, a México. Y da una intensa definición: “México me entró por los ojos, por el oído, por el olfato… como un enamoramiento, como una excitación, un eros que se despertó, viniendo de un territorio de muerte…”. (Y son esos los momentos en que se gesta Canon de alcoba: textos de diversas e intensas temperaturas.)
También en “Los Argenmex”, cuenta Tununa otro aspecto de la tradición histórica y política, y del vivir de los exiliados: “Creo que hay cosas medulares de México que pude captar. Como la medular relación de los exiliados argentinos con León Trotsky. Cuando nosotros llegamos, fuimos pioneros entre los exiliados en empezar a ir a la Casa de León Trotsky. [La expresión] ‘Empezamos a ir’ habla de un continuo. En mi caso, cada vez que llegaba un argentino íbamos de visita a la Casa de Trotsky y, por añadidura, a la Casa de Frida, que quedaba en la Casa Azul –a la que todo el mundo visita–.”
Los trabajos de traducción del francés de Tununa, ligados a las ciencias sociales, la historia y la política, incluyeron también un volumen de memorias del secretario de Trotsky, Jean van Heijenoort, llamado Con Trotsky, de Prinkipo a Coyoacán, y otro volumen de cartas personales entre Trotsky y su esposa, Natalia Sedova. Todo un mundo ideológico proveniente de la primera mitad del siglo XX, hasta los comienzos de la Guerra Fría; acontecimientos y personalidades de la historia que también tienen su aparición, como trasfondo, en el volumen de corte autobiográfico que escribiría Tununa años después: La madriguera.
Otro trabajo emprendido en México por Tununa, para destacar, muy valioso y renovador, fue el de la revista fem, publicación donde se combinó con alta calidad periodismo y literatura, ciencias sociales y arte, crónicas, libros y la agenda de denuncias y reclamos de los feminismos de la década de 1970. Son textos que, en gran parte, se pueden leer en una antología reciente cuyo título es El vuelo de la pluma.
En su libro En estado de memoria, Tununa detalla y habla de dos exilios. Un “primer exilio”, cuando contaba con 27 años, en 1966, con el golpe de Estado de Onganía, que duró hasta el año 1970, cuando ella tenía 31 años. Y otro, el “segundo exilio”, que va de 1974 a 1986. Tununa se fue cuando tenía 34 años, y volvió con 47. En ese libro se encuentra el relato “Visita guiada”, donde Tununa da por primera vez noticia de la historia de su maestro de telar, Pedro Preux, hijo de milicianos combatientes antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial. De ese relato –que transcurre en una encrucijada histórica, entre Europa y América– emergerá su gran novela, que le llevó años de investigación, viajes y traducciones: Yo nunca te prometí la eternidad. Novela que, a la postre, recibiría –en México nuevamente: en la FIL de Guadalajara– el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
¡Y cuánto más habría para recordar de México en Tununa! Como su bello escrito “El arte de lo mínimo en México”, publicado en la antología La letra de lo mínimo (1994). O el recuerdo acerca de su primer libro, publicado en Buenos Aires en 1967, Celebrar a la mujer como a una pascua, en el prólogo que hizo para la reedición, 40 años después, sobre su premonitorio “color mexicano”.
Y entre las amistades literarias, la ya mencionada Margo Glantz tiene su correspondiente lugar en otra antología de Tununa, Narrar después (2003). En “Leer el rastro con Nora”, cuenta: “He leído varios libros de Margo Glantz a lo largo de estos últimos veinticinco años: Las mil y una calorías, novela dietética en el 78; y después, sucesivamente, entre otros, Doscientas ballenas azules; No pronunciarás; [Las] Genealogías; El día de tu boda; Síndrome de naufragios; De la amorosa inclinación a enredarse [en] los cabellos, La lengua en la mano, Erosiones, Apariciones en el 96, Zona de derrumbe, en el 2001, y algunos ensayos críticos que sería excesivo citar.” Agrega: es “una obra profusa que va de lo académico a lo literario, e incluso mentes disciplinadas y especulativas [...] a partir de la escritura misma de Glantz, habrán logrado ver el registro complejo y abigarrado de saber y sentir, de inteligir e imaginar que sustenta sus trabajos críticos, filológicos o históricos, y su narrativa, y advertir cómo se rompen las divisorias, cómo estallan esos presuntos antagonismos formales y de género.” Son “textos aparentemente indisciplinados e insumisos, dotados de un poder de condensar los estados de esa anomalía del espíritu que consiste en escribir.” Recuerda Tununa: “en el momento en que empecé a leer a Margo Glantz, a finales de los setenta, [sus libros] pasaron a ser primeros en la lista de mis preferencias cada vez que me interrogaban sobre la literatura mexicana de esos años.”
Al mismo tiempo, Margo Glantz, en De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos (libro reeditado varias veces con un nuevo título: La cabellera andante), en la sección final titulada “A cada quien su pelo”, agradece a sus fuentes literarias y amistades lectoras, colaboradoras para su trabajo. Y por supuesto, los nombres de Noé y de Tununa aparecen allí.

En otro libro, Tierra que anda. Los escritores en el exilio (1999), de Jorge Boccanera ¡también argenmex!, tenemos este testimonio y reflexión de Tununa, sobre su propia literatura, mencionando una serie de obras de colegas, constituidas sobre el mismo horizonte histórico y experiencial: “El exilio no fue viaje, ni aventura extravagante, y la perspectiva de distancia que tal vez se ofreció para una mirada literaria se constituyó sobre una pérdida. Sin intención de generalizar, podría decirse que los textos que se escribieron en el exilio, aún los más separados de las referencias estrictamente nacionales, tuvieron un horizonte de escritura en el que la muerte acechaba o francamente reinaba. Desde novelas de experiencia política como Recuerdo de la muerte de Miguel Bonasso; Cuerpo a cuerpo de David Viñas, o Qué solos están los muertos de Mempo Giardinelli, hasta textos como Limbo de Noé Jitrik, o Lugar común la muerte, de Tomás Eloy Martínez, libros que me fueron cercanos en México, o, entre otros, Nada, nadie, nunca, de Juan José Saer; No velas a tus muertos, de Martín Caparrós, o La rompiente, de Reina Roffé [...], lo que se escribió durante o inmediatamente después de la dictadura militar tuvo esa marca de sustracción y violencia que anida en cualquier nostalgia. El país segregaba muerte cotidiana, aislaba en un no lugar [...], escribir pudo ser un gesto de supervivencia”.

***

Tenemos un país, entonces, que dio asilo y cobijo, que ofreció su historia, cultura y política, su exuberancia natural y mural, su excelsa gastronomía, su inabarcable literatura, y su rico, delicado y variado minimalismo de lo artesanal. Un país que, así como dio, también recibió, por parte de Noé y Tununa, admiración, trabajo y dedicación: una experiencia de crecimiento literario, con cruces y enriquecimientos culturales mutuos, con la sombra ominosa de la larga noche dictatorial en la Argentina. (Una dictadura que, aún desde la distancia, nunca dejaron de denunciar y de combatir.)

Hablamos de México, de un país que se encuentra en el corazón de estas dos –intensas, vitales, vibrantes e incesantes– escrituras.



* Texto leído por Demian Paredes, escritor, traductor y periodista, en el marco de las “Jornadas Tununa Mercado-Noé Jitrik”, organizadas por el Instituto de Literatura Hispanoamericana y el MALBA, realizadas los días 8 y 9 de noviembre de 2023.

 




martes, 14 de noviembre de 2023

José María Fonollosa: Plaça Reial 1

 

José María Fonollosa
























El jazz se está muriendo. Agonizante
aún de lecciones, mientras los siniestros
grupos de blancos buitres le rodean
y hunden su pico en una carne aún viva.

Los negros le abandonan. Tienen prisa
en llegar al despacho, profesiones,
cargos ejecutivos o al senado.
Se sienten importantes en su empleo
Pues pisan un terreno antes prohibido.

Y el jazz está muriendo sin su ayuda.
Y los blancos aguardan el relevo.

Os quitarán el Jazz. Y sin “swing”, preso
en el papel pautado, asomará
su esquelético cuerpo entre las rejas.

Le integrarán, como a vosotros, negros,
en su sólida cárcel de sonidos.

Habría que hacer algo. Debería
alguien romper el vidrio de la alarma
y alertar a la gente. La elección
entre el dolor de un pueblo y la obra de arte
excepcional, no ofrece duda alguna.

Se nos está muriendo el jazz, la música 
despreciada y amada. Humana. Mágica.
El oscuro milagro de este siglo.
La gran creación del negro en Norteamérica


José María Fonollosa (Barcelona 1922-1991) Poeta de la generación de posguerra.  Publicó: La sombra de tu luz (1945); Umbral de silencio (1948); Blues y Cantos espirituales negros (1951); Romancero de Martí (1951-1961; poema de 4000 octosílabos publicado por entregas en el diario El país de la Habana, Cuba); Ciudad del Hombre (1997)Albert Pla y Joan Manuel Serrat musicalizaron algunos de sus poemas.
 


Stela Fonseca: poemas

 

















LEVE POESÍA

Existe un poema
preso en la palabra
que no tiene miedo
de hacerse cursi.
Disculpá Fernando:
ridículas son las palabras
de no amor.

Y el verso inquieto
no se sosiega...
“yo sé que te voy a amar”

“There’s a place for us...
There’s a time for us...”
Voy a oír a Renato Russo
y a Leonard Bernstein.


APELACIÓN

Que se derrame sobre mí
el brillo de esta mañana
de esperanza azul.

La noche sólo fue
ausencia de luz lunar.


COMO EN UN BOLERO

Manos tomadas
pies descalzos
arena de mar.
Mirarnos directo a los ojos
decir yo te amo
verte escalofriar.

En voz alta,
entre besos y mimos
nuevos poemas crear.

Ver la puesta de sol
besar en la boca
rodar en la arena, en el mar.

Danzar blues,
beber champán
y entre besos, brindar.

Noche: abrazos, luz de luna,
brisa marina
nosotros dos, a amar.

¿Por qué necesitamos
de las tragedias de Shakespeare?


CAMPESTRE

Visito tu boca
dulzura,
y me la unto
de felicidad.
Me dejo llevar
por el ritmo de
tu cuerpo
y soy hierba
acariciada
por el viento leve

en la mañana de
sol y primavera.


POESÍA III

Poesía
en los
versos
de
todos los
días
y
en el
silencio
contemplativo
que
gesta
la
poesía.



* Todas las piezas fueron tomadas del sitio web “Jornal de Poesia” (http://www.jornaldepoesia.jor.br).

** Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2023.

Stela Fonseca es artista y poeta. Autora del volumen De poeta e de louco (1999, reeditado en e-book en 2019).

martes, 24 de octubre de 2023

Juan Calzadilla: Poemas

 

Juan Calzadilla















El AUTORRETRATO  


                            El que fui y lo que 
                            hice no son el 
                            mismo. En lo que fui está mi sufrimiento.
                            En lo que hice, mi 
                            placer.  
 
Lo que el autorretrato dice de 
mí no crean que me reconforta.
 Cuando me miro en él me veo 
perdido como si, más que 
plasmar mi figura, lo que hice 
fue cavar mi propia fosa. Ya
quisiera yo verme de cuerpo 
entero en mi retrato, libre de 
edad y de los estragos del 
tiempo sin recibir amenazas de
una superficie extraña y lisa 
que tomándose atribuciones 
sobre mi persona y hablando en 
mi nombre se empeña en 
demostrar que ese al que yo 
miraba fijamente en el espejo 
mientras el azar guiaba 
locamente mis trazos, no era yo
sino mi doble. Por más empeño 
que puse en construirme paso a
paso, obediente a las líneas del 
gesto automático agarrado al 
pincel y abusando de las tintas 
sobre la virgen tela, sólo 
alcancé a arrojar brochazos que 
no paraban de decirme:  
“_Ese que sale de tus trazos locos 
no eres tú, es tu otro   
          
  
INJUSTO CON SUS EMOCIONES 

Yo no creo que el poeta sea injusto con
las emociones porque las explote. Más 
bien procede con miedo y pudor frente 
a éstas, receloso, aunque confiado en 
que las palabras harán el resto. 
Sabiendo que más allá del limitado
poder del lenguaje querer expresar 
lo insondable es entrega y derrota. Pues 
fuera de las palabras no hay más
mundo que el que ellas mismas 
convocan. 
Y así pasa con la experiencia que, al
afirmarse, solicita más y más
contención para corregir en el poema 
todo defecto producido por abundancia 
o repetición. o por la inmodestia de
 quien, por haberlo escrito, se siente 
poseído por la vanidad de considerarse 
su autor. 

     
ESTRATEGIAS

Al fin y al cabo, todo plan que uno en vida 
se trace, se reduce a una estrategia para sobrevivir. 
En cuyo caso la estrategia montada tiene 
como fin ponerse en buenos términos con un 
deseable y efímero porvenir.
Hay también los que trazan estrategias 
con su pasado dando como un hecho que éste
no volverá a ocurrir y que no se está dispuesto
a pactar con la muerte a menos que sea 
por una causa ejemplar o por un accidente 
que no entraba en los cálculos del azar.
Aparte de que, en todos los casos citados, 
se comience o no a partir de cero, 
lo difícil es que se cumpla el plan.


EL DESENLACE

Se hubiera podido evitar el desenlace 
de no haber estado presente la víctima.
O si ésta hubiese muerto mucho antes, 
con más seguridad, si no hubiera nacido.
¡Impidamos que nuevos crímenes se cometan!  
Borremos inmediatamente el mapa para que
 no haya sitio donde perpetrarlos.
El remedio debe comenzar por la geografía.
Es así como razona el gendarme. O también: 
si el hecho no ha sido registrado, no es historia. 
O sea que no ocurrió.

JUAN CALZADILLA (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1930 Poeta, artista plástico, editor, crítico de arte. Estudió literatura en el Instituto Pedagógico Nacional, Caracas. Fue cofundador e integrante del grupo de vanguardia «El techo de la ballena» y director de la Galería de Arte Nacional. Fundador y coordinador de talleres de expresión literaria en diferentes instituciones del país. En 1996 se le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas, por mérito de toda su obra, la cual incluye la realización de exposiciones individuales en Venezuela y el exterior. En 2016 recibió el Premio León de Greiff al mérito literario, en Colombia, y en 2017 el Premio Nacional de Literatura de Venezuela. En 2017 asistió por Venezuela a la Bienal Internacional de Venecia. La Escuela de poesía para la edad escolar en Venezuela lleva su nombre .  En Argentina ha sido publicado en tres oportunidades por Elosía Cartonera en 1995 y  2021, y por Diario de poesía. 
 

martes, 17 de octubre de 2023

Cida Sepulveda: poemas

 

Cida Sepulveda















MISERIAS

Ella se partió
En tantos

No dejó evidencias
De existencia

Una fisura en el viento
Revirtió la tempestad inminente

Los campos minados del alma
Reflejaron miserias temporales

De los labios hambrientos
El beso arrancado de raíz
Quebró el sentido del mundo


RITUAL

sol sol sol
en el silencio en lo vago del movimiento
bocas se cierran se abren se comen
rostros se hartan se escupen se atraen

rosas rosas rosas
en el otoño en la luz del sufrimiento
colores florecen se dan desvanecen
manos se amarran se tuercen se pierden

sangre sangre sangre
bebida ofertada a los hombres
de las fuentes imberbes del alma


SENTIMIENTO

Todo lo que me alegra me entristece
En esta telaraña de conversaciones y dispersiones

El rostro del amigo es inconstante
La herida del tiempo me consume

Sume el mirar por donde pasa
No deja marca ni abrazo

Rastro de saudade
Cualquier lazo

Hiere el sueño tal retrato
Cae la lluvia el pétalo la tez

Son hipos del otoño
Carmines nativos violados


SINUOSIDADES

Se mueven los barcos
En direcciones variadas

Mis ojos los siguen
Ora unos ora otros

Pero no los veo de veras
Sino sus sinuosidades

Se mueven los barcos
Intentos suaves

Y mi mirar
Presiente caminos

Tan seguros y listos
Que me colman las horas


DEFINICIÓN

No le doy una mano a la palmeta
Para obtener trozos de perdón

Mi amor
Es un impulso incontrolable
De libertad

Libertino
Alocado

Quien sabe un poco
Loco


* Todos los poemas fueron tomados del sitio web Jornal de poesía (http://www.jornaldepoesia.jor.br/csepulveda.html).

** Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2023.


Cida Sepulveda es poeta y cuentista. Vive actualmente en Campinas. Su primer libro fue elogiado, y ella apadrinada, por Manoel de Barros. Sangue de Romã (2004) es uno de sus libros de poemas. Además, publicó cuentos en distintos suplementos culturales, y más de cincuenta en el volumen Coração Marginal (2007), y otros tantos en Todo Amor Tem Seu Dia de Punhal (2011). Fue editora de la revista de arte y literatura Vagalume.


lunes, 9 de octubre de 2023

Alfredo Veiravé: Poemas

 

Alfredo Veiravé











POEMA CON COLOR LOCAL
                                                                      “Pinta tu aldea y serás universal”
                                                                       Tolstoi (citado de oído)

Vivo en el Chaco en la ciudad de Resistencia y conozco
         el quebracho, el algodonal y el viento norte
         en las siestas del verano
sus templos sacramentales y las lluvias interminables
no obstante eso ojeo la enciclopedia que en fascículos
                          llega a los kioscos
y leo sobre “La infancia de la humanidad”
         “La estructura de las máquinas”
Soy de la primera generación de Tarzán y el
           Tit-Bits fui sobrino del Capitán y ahijado de Fantomas
                        Y no veré seguramente 
la colonización del planeta Marte
         no obstante eso miro los lapachos florecidos
con cierta nostalgia becqueriana


ESPECIES VEGETALES

La palmera pindó es una envidiable introvertida
como un ejecutante de jazz que improvisa sus temas bajo el vuelo
                        de  los loros,
        el jacarandá en cambio es un árbol femenino
sin inhibiciones y más bien con un orgullo legitimo por su belleza;
el palo borracho aún pálido y anémico por el problema de sus 
                                                               glándulas
jamás puede disimular ese complejo de su apariencia que lo hace
desconfiar de  todas las conversaciones en las cuales cree
     oír alusiones a sus formas.
Solamente el gomero, suave y refinado, silencioso y y seguro de sí
                                                                                                            Mismo
Cultiva el arte de la percepción frente a los más severos críticos
Y con buenos modales en las fiestas mundanas
Sonríe para adentro sabiéndose dueño de unmsecreto poderoso.


LOS RELOJES INTERNOS

En Munich han descubierto que las aves en sus largas
                      migraciones a través de los continentes,
tienen clara c conciencia del día y las distancias, y que ese ritmo
(llamado “circadiano”)
es habilitado por relojes internos que funcionan según la luz.
Me detendría un poco en otras explicaciones científicas:
en la glándula pineal —lo dicen ellos— hay un reloj central
conectado con el ojo que funciona como un fotómetro, y que
las glándulas de las hormonas producen melatonina que
a su vez sirve para sincronizar los diversos relojes internos de las aves.
No aclaran todavía cómo estos mecanismos fracasan totalmente
cuando  las aves emigran por la fuerza hacia el destierro.



Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928- Resistencia, Chaco, 1991) Poeta,  ensayista y docente universitario. Publicó: El alba, el río y tu presencia ( 1951); Después del alba el ángel (1955); El ángel y las redes (1960); Destrucciones y un jardín de la memoria (1965); Puntos luminosos (1970); El imperio milenario (1973); La máquina del tiempo (1976); Historia natural (1980); Radar en la tormenta (1985); Laboratorio central (1990).En 1968 asistió al Iowa International Writing Program, Universidad de Iowa, Iowa EEUU). Esta experiencia, según el propio Veiravé, fue fundamental para su propia escritura, pues en aquel ámbito  tomó contacto con otros poetas y poéticas; con una  nueva sensibilidad y concepción de la belleza que se estaba expandiendo en el mundo. Desde entonces dedicó sus esfuerzos, sin renegar de la emoción,  a combatir el espíritu provinciano de la poesía argentina y a diluir la retórica de origen español. Actitud que lo transformó en uno de los grandes renovadores de la poesía argentina.





viernes, 29 de septiembre de 2023

Elder Silva: Poemas

 

Elder Silva














FOTOCOPIA

No hay más ruidos 
que el de lanchita con motor fuera de borda
que agita el lago,
con olas que se repiten en la orilla como una fotocopia.

La hilera de bandurrias vuelve al bosque
soñando con la luz indecisa del sol.

Mi corazón es algo parecido al paraíso
acá en Palmar.


UNA  MARIPOSA BLANCA

La mariposa vino a morir en la vereda.
En las baldosas rotas de la calle Cabrera
la mariposa blanca “plegó sus alas”
(para homenajear a los poetas del barrio)
y vino aquí a abandonar su vuelo.

En un mundo tremendo:
hoy cayó la bolsa en Irlanda
y toda Europa corre a socorrerla,
Haití se muere en cólera
y aquí en mi barrio muere una mariposa blanca.

Con alas extendidas
(justo aquí)
en la vereda por la que van los niños a  la escuela,
donde pasan los linyeras solos,
donde repasa el viento el polvo solitario
y los evangelistas tratan de abrir sus biblias
para mostrar el cielo.


OPCIÓN GORRIONES

Como advertía mi amigo Juan Carlos
en un país sin grullas
no tiene sentido salir a defender su supervivencia
entre las especies del planeta.
Ni cantar a ruiseñores, ni cornejas
ni a aquellos famosos estorninos
que han poblado otras poéticas.

Tampoco vienen cigüeñas a nuestros campanarios.

Suerte estos gorriones picoteando
migas de mi mesa en el verano.

Se toman el trabajo
de bajar de los aleros de las casa del barrio
y venir a recordarnos, una vez más,
que el amor y la poesía
también tienen patitas frágiles como escarbadientes. 


Elder Silva  (Colonia Lavalleja,1955-Montevideo, 2019). Poeta, periodista, docente y gestor cultural.
(Póstumo, Civiles Iletrados, Montevideo, 2022)

Desde 1997 hasta 2015 se desempeñó como coordinador del Centro Cultural "Florencio Sánchez" de la Villa del Cerro. Desde 2005, también trabajó como responsable del Programa Esquinas de la Cultura de la Intendencia de Montevideo. Se desempeñó como docente de la asignatura Gestión Cultural Comunitaria en la Licenciatura y Tecnicatura en Gestión Cultural del Centro Latinoamericano de Economía Humana. Su obra poética: Líneas de fuego (1982), Cuadernos agrarios (1985), Un viejo asunto con el sol (1987), Fotonovela - Canción de perdedores (1996), La cajera del Oxford y otros poemas de amor (1999), Mal de ausencias (2002), La frontera será como un tenue campo de manzanillas (España, 2005), Sachet  (2009), Bar Bukowski (2012), Agua enjabonada (2013), El reloj mide las horas donde tu boca falta  (2014), Pájaro que tiembla (2022).


jueves, 21 de septiembre de 2023

Gerardo Ciancio: Tríptico Trance

 













 

                                                                   “saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
                                                                     saca tu cuerpo de la muerte”
                                                                     Jaime Sabines

I

Si ese aroma a pinares llegare de esta infancia si anduviese el recuerdo más cauto de puntillas como si la memoria no caducara como si la huesa silencio sin entrañas como si tendría cenizas y sentidos / salvada así la contradicción

de hallar a mi padre sin su enjutez enferma sin su osario un padre mío atesorado en el tiempo común de nosotros / Rota ya la flagrante infancia y rotos ya sus albores /  padre padre en la redundancia mejor de su regreso

Parece ser que sólo el verso regresa versura sólo a él la inmovilidad de lo hecho / una vana constatación / si los pinos y toda su fragancia / claro que sí:

allá mi padre padreando en su arboladura pinar

A este lado del muro el jueguito escandido del poema.

 

II

“La muerte es el comienzo de una guerra donde jamás otro hombre podrá ver mi esqueleto.”

Héctor Viel Temperley

¿Cuál es la infancia mejor?  ¿Do la hallares, palafrenero? ¿Aqueste mar es tu mar de marear / tu aguja? ¿Luce así el tiempo tan campante sin su niño?

Los huesitos paternales: ¿dónde fueron a heder?

¿O es sólo tuyo el pater canto al pie de la muralla, Don Jorge?

¿Debiere volver a tu villa de Paredes de Navas tras tu muro en Castilla tan castellana?

¿Funge mi padre guerrero encastillado / me obligas /?

Un tiempo el suyo sin su adarga sin su albarda sin su fasto / apenas

te concedo el ronroneo de un tango sin quebrar aprisa la madrugada

Los albores no es recordarse al gallo pues su alba labor va puerta al puerto

proa a su triste edificio de su fugaz Montevideo ya ni cruel

¿Y si suda mi padre su sudario?

 

III

Una pequeña gota de ese mar río marrón que entorna mi conciencia

muy fina a su intangibilidad porque la gota de agua escasa ya es idea

Una traza sin huella casi osada de sí  / entrada en los años desde su nacencia quebrada / Una minúscula canción engotada nocturna aún sin componer

si fuere certero una gota gárgola que suministra la muerte

Porque no fueras a creer que cualquier dribiling elude la insistencia de su porfía funesta / es decir sin temor a descubrir su desembocadura sin mayores mohines que sólo pueden empeorar las cosas

Uno puede pasársela mejor agotado en su luz reflejada mejor en términos comparativos / no creas / Que de vivir bajo la pendencia de un cabello

tu gota mi gota la gota / incluso / que vertiera mi padre (y  que aún fulge en sus ojos ya no vistos entre nuestros pinos) trocarían en espadas, Damocles. 

 

Gerardo Ciancio (Montevideo,1962). Poeta, crítico, ensayista y docente. Ha publicado los libros de ensayo La crítica literaria integral (1998); La ciudad inventada (1998); Entretextos (1999); La cultura en el periodismo y el periodismo en la cultura. De Mario Benedetti a Maldoror: miradas sobre la prensa cultural (2007, junto a Jorge Olivera); Soñar la palabra. La canción de Mario: Benedetti musicalizado (2012); las antologías Nada es igual después de la poesía: cincuenta poetas uruguayos del medio siglo (1955-2005) (2005); El amplio jardín. Poesía joven de Uruguay y Colombia (2006); y Los hijos del fuego: novísima poesía uruguaya (2010, junto a Ariel Silva); los libros de poesía Arquitrabe (2010); Cieno (2011); Haikus de Kiushu (2017);  Los ojos críos (2021) y Linaje (2021).