viernes, 26 de febrero de 2021

Lawrence Ferlinghetti: Los blues de la procreación

 

L.F (1919-2021) Técnica mixta del Maestro Spinetto














Oh sí tengo la tristeza de los blues de la procreación

porque eternamente estamos procreando procreando procreando

y no es ninguna novedad

no podrás detener

no podrás bloquear

no podrás frenar

la procreación

Simplemente seguiremos haciéndolo

ellos seguirán haciéndolo

como si no hubiera otro objetivo 

en la vida

No hay nada más que hacer en el zoo

ni en el último refugio

Es la última opción

en lugar de la adopción

Reproducite en vivos colores

y no morirás

Fotocópiate una y otra vez

y nunca morirás

Hacé copias de vos mismo

perpetúate

y viví para siempre

Tu inmortalidad

es la única oportunidad

de vivir para siempre

desde el vamos extiende tu ego

reconstuíte de inmediato

remodelate recrecete rehacete

clonate

hacia la eternidad

y tendrás muchas vidas

para entregarle a Dios y la patria

Así que hacélo una y otra vez

amante sobre amante

los otros sobre los otros

hermana o hermano

hombre o mujer

uno sobre el otro

juntos

acoplados eternamente

una y muchas veces

bajo el sol

sobre los pastizales

Hacélo

volvé a hacerlo

coger y coger

madre y padre

padre sobre madre

amante y amante

todavía lo están haciendo

rehaciéndolo

con su ciega urgencia

su ciega impaciencia

jugando siempre

el ciego instinto jugando

el ciego deseo en llamas

procreando procreando procreando

incluso si te estuvieras desangrando

Procrear procrear procrear

Eso es

es todo lo que necesitamos

Es lo único que poseemos

en esta choza de barro

Lo único que podemos hacer

es sembrar la semilla

es el único lujo que podemos darnos

O aburridos en el palacio

recostarnos junto a Alicia

quitarnos todas las pieles

el encaje parisino

llenos de hastío

desnudarnos

y procrear procrear procrear

sembrar la semilla

plantar la semilla

¿ Y quién nos detendrá

quién dirá que no lo hagas ?

¿Quién tiene  el derecho de decir

que es un pecado 

que el amor es nuestra desgracia en la noche?

Es algo natural

la cosa más natural

la más celestial

la más bendita

Así que hacélo y cantá

Cantá los cuerpos eléctricos

los cuerpos eclécticos

y cualquier  cuerpo servirá

para hacerlo

una y muchas  veces

bajo el sol

sobre  los pastizales

Entonces ¿cómo detener la procreación

cómo prohibirla

sin dictadores

sin castradores

sin mandatos dictatoriales

en la estación Finlandia

en cada nación

en cada noche de vacilación ?


II


¿ Qué es ese esperma

que inunda  el mundo

qué es ese esperma

que llena el vacío

serpenteando serpenteando?

Sólo son los humanos cogiendo querida

Sólo los humanos cogiendo

¿ Y qué sucederá después mi querida

cuando existan diez por cada uno

y la humanidad esté en peligro ?

¿ Qué está diciendo ese Papa?

Sólo repite lo que ha dicho siempre

Lo que dijo en el año mil

Cuando solo había un millón

De    almas sobre la tierra

Mi querida

Pero ¿ es que el   Papa

no lee las noticias?

¿ O es que ha dejado de contar ?

El sólo piensa en las almas mi querida

El sólo cuenta las almas mi querida

que nunca deben ser asesinadas mi querida

y que ahora son un billón de billones

y sumando

¿ Cómo solucionaremos este problema querida

cómo podremos solucionarlo alguna vez

si nuestro instinto básico

es procrear procrear procrear

con aquellos más queridos ?

¿ Y una mujer que no tiene niños

no es una fracasada ?

(¿Para qué te casás

si no deseas tener niños ?

Apurate por favor ya es tiempo )

¿ Y un hombre no es un fracaso querida

no deja de ser hombre un macho querida

si no puede tener niños ?

Y dime  ¿ No es todo nuestro deber todavía

mantener la raza humana en funcionamiento

mantenerla en crecimiento crecimiento crecimiento ?


pero nosotros crecimos  en los sesentas querida

crecimos en los sesentas querida

y “Haz el  amor no la guerra”

fue nuestra consigna

Así que hacé el amor y hacé menos la guerra

Hacé más el amor pero no cojas no cojas no cojas

Hacé más el amor a la Kundalini

Con toda tu contenida pasión


Y recóstate conmigo

vení recóstate conmigo

toda la noche  conmigo

bajo el castaño

en la tierra del halcón y la paloma

Vení recóstate conmigo

toda la noche conmigo

bajo el castaño

toda la noche bajo el castaño

sin hacer el amor


9-97


(en Los blues de la procreación y otros poemas, Alción Editora, Córdoba, 2005)

Unesco/Graffiti, Montevideo, edición al cuidado de Horacio Verzi



miércoles, 24 de febrero de 2021

JUAN CALZADILLA: POEMAS




Juan Calzadilla






 





33


entre el vinil y la silicona,

marcharé avaro forrado de ropas

bamboleándome como un astronauta,

calzado con zapatos de a kilo

descenderé por las dunas de vidrios rotos

y el corcho de los desiertos.

Avanzaré a buscar lo que de ningún

modo encuentro, buscaré

lo que no se me ha perdido

entre resortes cuyos espirales

a mi paso hacen befa de mis pantalones

inflados como globos por el viento.

Subiré a los altares donde

el cobre y la porcelana

al paisaje montan guardia

y en la rosa del orín

dan a beber la gota de agua

que ya no sale por los caños.

Aquí donde el fuego no anda con rodeos

y va rápidamente al grano

como la luz en la punta del rayo.


En: Oh smog, 1977



¿POR QUE TENGO QUE IR MÁS APRISA?


A través de la ventanilla del automóvil

observo yo los muros, las casas, las calles,

los árboles, los pastos, los cultivos, los baldíos

que ante mí también pasan raudos a la misma velocidad a que

yo paso, pero en dirección contraria, como si entre la naturaleza

y yo se estableciera una pugna para decidir quién se despide y

quien se queda.

¡Oh, de ningún modo pretendo ni quiero

permanecer fijo! Mi movilidad es lo que hace que viva.

Es, así pues, mi carta de triunfo.

Pero, ¿por qué tengo yo que ir más a prisa

y dar cuenta de los frutos de mi rápida incursión

por esta vida, de las ganancias y pérdidas

que en el trayecto hice?

En realidad, yo adonde quiero ir es

hasta donde mi viaje termine

No hasta donde ustedes quieren

que yo rápidamente vaya haciéndome creer

que con eso me ahorran más dolores y penas y que la partida y

el final son igualmente fatales. En realidad, como les digo, yo lo

que quiero es que me dejen llegar a donde mi meta se acabe,

tranquilo, sin que sienta pena por no haberme ocupado de hacer

el balance de ganancias y pérdidas,

subido a mí mismo, sí, Y apenas tan rápido

como me lo permitan mis cuatro extremidades.


En: Diario sin sujeto, 1999



ITACA


Es más fácil llegar para el que está dentro

que para el que viene de afuera.

No es necesario que avance andando lentamente

o a la carrera, que sepa la dirección

o que la investigue.

Ni que dé muestras de estar llegando,

liviano o exhausto, a campo traviesa, 

por avenidas, bosques

o encrucijadas.

No importa el medio de transporte, 

lento o acelerado,

ni la velocidad a que hace

el camino ni el paso de las horas.

Bien enterado del sitio, no necesitará cruzar 

el umbral 

ni abrir la puerta para informar,

como Ulises, que ha llegado.

Y para que, adentro, en el hogar, estén junto a él

convocados, al calor del fuego, unos brazos,

unos labios, unas miradas.

Bastará que sienta que está en su casa

para saber en ese mismo momento

que, sin necesidad de venir de afuera,

ya ha llegado, ya ha llegado.


En: Diario sin sujeto, 1999



IDENTIDAD DEL TIEMPO


Siempre este empeño bien arraigado en la carne

de hacernos creer que el tiempo es una forma 

prostituida del

acontecer y que,

por tanto, puede hacerse

el uso que nos venga en gana de él.

Siempre la jodida noción de que el tiempo gira gris

en una órbita ociosa

y de que el presentimiento de su pérdida

es lo que se estira y encoge en uno con el peso

de un remordimiento

que nunca terminamos de soportar.

Cuando en verdad de lo que se trata

es de comprobar que uno es al tiempo

lo que el tiempo a uno

en razón de que somos la misma

vaina que él.


En: Paisaje sin lugar, 2020



EL ESPECTADOR


He aquí un individuo bien informado.

Tiene por cabeza un televisor.

En los ratos de ocio, cuando su ojo no se vierte sobre sí para

formar una pantalla virtual,

suele usarlo como asiento con el que se permite buscar sitio

entre las ideas del espectador.

Acostumbra desprenderse del aparato para colocarlo entre sus

posaderas y el suelo

siguiendo la costumbre de las aguadoras.

El cuello le sirve de enchufe: es la conexión suprema. Pero si no

fuese por el televisor no tendría cabeza más que para mostrar el

lugar de donde le fue arrancada.

Su naturaleza es el nudo firme de la información.

En: Tácticas de vigía, 1982


En: Oh smog, 1977



LA CIUDAD LE VA SORBIENDO LOS SESOS


1


Todo está dispuesto en la ciudad

para que se entienda que es uno el que está de sobra.

El orden urbano puede pasárselas sin uno.

Y he aquí lo que la ciudad argumenta¨

_Bueno ¿y qué? ¿Por qué no se muda

usted a otra parte? Es usted el que está demás.

No me eche a mí todas las culpas.


2  


_Buitre infame, le grito a la ciudad, con lo cual,

creyendo exorcizarla lo que hago es conjurarla.

Y entonces ella tuerce de rumbo desde los osarios,

se devuelve y hace acto de presencia, como

si hubiese sido llamada. Ahora no para devolvernos

la calma, sino para devorarnos las entrañas.

3

No tenemos cómo echar a estos animales

que se han metido en la casa. Es difícil

si se da a entender que la casa es nuestro cuerpo

y los animales los males que se han cebado en él.

_No querrías hacerte daño cayéndoles a palos.

Al final se sabe que la tolerancia

se paga con la muerte.


En: Oh smog, 1977



VENTANA DE NEÓFITO


Estoy poniendo en limpio mi autobiografía

efectuando una especie de balance de ingresos

y egresos morales de mi necesidad expresiva.

desanudando a ésta del enrevesado

mapa de mi cobardía. Confieso que antes había ocupado mucho

tiempo en escuchar a los otros

y en sacar conclusiones serias

acerca de cosas que tenían por eje

todo lo que yo no había sido

Ahora yo sólo trato de oírme a mí mismo

ayudado por una máscara y el perverso

espejo de mi memoria.


Me defino como un sujeto elusivo y, como si fuera poco,

tan escurridizo y ajeno a todos que cuando

por fin hago acto de presencia y levanto la vista

pareciera sólo estar rozado

de lejos, ah interlocutor, por tu mirada.

Me defino como un sujeto que aparece desenfocado

en un primer plano de su ventana de neófito.

O que aún no ha entrado en el marco de ella

O que entró y nunca ha salido.


En: Principios de urbanidad, 1997



BUITRE URBANO


El problema del individuo consiste

en no poder adaptar su vida, en términos físicos,

a un espacio verificable, sino en sobrevivir de alguna manera,

incluso abriéndose paso a

dentelladas, en el que le fue escamoteado.

La ciudad, entretanto, se le aparece como ella misma.

Extraño cómplice que, no obstante, su aparente neutralidad, le

va sorbiendo y sorbiendo los sesos.

_Buitre infame, hubiera podido gritarle en plena plaza, si no

hubiese sido porque tal género de monstruo

no aparece registrado en los libros.


En: Principios de Urbanidad, 1997



Juan Calzadilla (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1931) Poeta, artista plástico, y crítico de arte. Irrumpe en el espacio literario venezolano a mediados de 1950 Primeros poemas (1954), alcanzando con Noticias del alud (2009) —su última publicación— veinticinco poemarios. Integrante de El Techo de la Ballena, Calzadilla realizó junto a importantes figuras de las letras y del arte en Venezuela (Adriano González León, Salvador Garmendia, Jacobo Borges, Ramón Palomares, y Caupolicán Ovalles, realizó una labor que unía al mismo tiempo una iniciativa para impulsar visiones vanguardistas, enfocadas en el surrealismo, con una militancia activa y contestataria, producto de la efervescencia política y social de entonces.



miércoles, 17 de febrero de 2021

Lucas Margarit: elis o teoría de la distancia

 

Lucas Margarit











Un sistema de la distancia


                                            un mapa que sea la sombra del espacio


I


elis dibujará en un mapa de tierra

dos puntos alejados como

la lejanía y el exilio


trazará los límites de un osario

y de un río oscuro que aclare la distancia

entre los arbustos


rezará en el sacrificio para un dios cansado



II


alguien envuelve tu cuerpo

con lino azul y cobre

el viento que sigue soplando

para alcanzar

el camino cerrado en la montaña


¿quién puede morir sin aislar

a los vivos y reconocer la distancia exacta entre el origen  y el ahora?



V


te ahogaste

como quien recurre al agua

para celebrar un nuevo bautismo


entre dos orillas

con los ojos cerrados

los peces

comían lo que abandonabas


(elis o teoría de la distancia, Suri Porfiado, Buenos Aires, 2020)


Inédito


sin rocas ni aceites blancos para la unción

en el pozo de tus muertos aislaste la noche y las proclamas

los huesos expuestos eluden el espacio y el tiempo

donde el progreso se hunde

ciudad con la cara erguida frente al lodo

nunca otra cosa


sino un tierno arrabal recordado por un cristo

que llora hambriento entre la basura

la ciudad encadenada

como un oso encerrado en las ramas muertas de su memoria:


aquello que veo

no lo integro a mi

lo mantengo en la distancia irrisoria

de la muerte


Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966) es Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires, su tesis de doctorado trató acerca de la poesía de Samuel Beckett. Ha realizado su post-doctorado sobre la traducción y la autotraducción en la poesía de este mismo autor. Es poeta y profesor e investigador en la Universidad de Buenos Aires. Ha colaborado con numerosas publicaciones y dictó cursos, seminarios y conferencias tanto en Argentina como en el exterior (México, España, Polonia, Eslovaquia, etc.) Publicó los libros de poesía, Círculos y piedras, Lazlo y Alvis, El libro de los elementos, Bernat Metge,  y acaba de salir elis o teoría de la distancia. Entre sus títulos de ensayos, Samuel Beckett. Las huellas en el vacío, Leer a Shakespeare: notas sobre la ambigüedad. Asimismo, ha publicado y editado con el grupo de investigación que dirige tres tomos de textos utópicos ingleses (dos volúmenes con textos del siglo XVII y un tercer volumen con Utopías del siglo XVIII). En este momento está terminando de editar una compilación de Poéticas Inglesas del Renacimiento. Es director de la revista Beckettiana (UBA) y miembro del comité académico de las revistas, Inter Litteras (UBA), Buenos Aires Poetry, Estudio Teatro (Lima), Escenológicas (Polonia), entre otras. Es miembro de la Samuel Beckett Society y de la Asociación Argentina de Teatro Comparado. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al portugués, al catalán y al italiano. Está preparando dos libros de poemas que serán uno: Brevissimo tratado sobre el asombro y Telesio y uno de ensayos sobre Samuel Beckett.



miércoles, 10 de febrero de 2021

Santiago Espel: Poemas

 

Santiago Espel










 





Naturaleza muerta con ciervo embalsamado


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.


 

Un agnóstico prueba suerte con el tarot


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.

 

 

Tarántula


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.

 


Estudio sobre el fortalecimiento de los parásitos


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.



21 gramos: materiales descartables


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.



De la tolerancia como principio iniciático


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía



La purga


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.



El gesticulador


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.


     

La liebre aprende la lección


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.


  

Hipnosis


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.


 

La risa puede terminar en llanto


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.


  

Res non verba


Hijo del impulso y del verbo

exprime el gotero de cicuta 

sobre los cálices del nervio:


de estas cacerías nace el hambre.


A la hora de las alabanzas

repite de puerta en puerta

el protocolo de las cenizas:


apenas el ayuno de su siembra.


De nudos la lengua presa

hueso a hueso tira la suerte

sobre el enjambre de hilos:


los lados bisiestos de la carne.


La noche viene a pastar

en los labios de la profecía.



Santiago Espel (Ciudad de Buenos Aires, 1960) Publicó en poesía rapé, 1988 (Faja de Honor de la S.A.D.E); Pavesas & Muelles, 1990, Misas en Harlem, 1993 (1er. Premio de Poesía Nacional Ramón Plaza); Cantos Bizarros, 1998; La claridad meridiana, 2001; La víspera sí, 2002; Isoca, 2004; Vulgata, 2006; 100 haikus, 2008; Cuaderno acústico, 2010; La penitencia, 2012; Notas sobre Poesía, 2013 (Ensayo, con versión completa al inglés por Carlos Altschul); Mesa de entradas, 2015; Breviario exótico de accidentes poéticos, 2016; Photo Carné, 2018 (Premiado en el Concurso Internacional de Poesía Raúl González Tuñón y traducción al inglés por Carlos Altschul);  El Pan de la rabia & El Vals, 2019, y Su Señoría, 2020. También recibió una Mención Especial en el Primer Concurso Provincial de Poesía “Francisco López Merino”, por su breve poemario El Margen.

En 1995 publicó la novela La Santa Mugre o El País de Cucaña, en Grupo Editor Latinoamericano.

Su poesía fue traducida al inglés, alemán y portugués. Tradujo a Philip Larkin, Paul Blackburn, Kenneth Patchen, Alice Oswald, Vachel Lindsay, Patrick Kavanagh, Patti Smith, John Ashbery, Don Paterson, Gary Snyder, Peter Hammill, Denise Levertov, Adrienne Rich, Sylvia Plath, Sam Savage, Dylan Thomas, Irving Layton, Mario Quintana, Mario de Sá Carneiro, Jorge de Sena, Carlos de Oliveira, Joao Cabral de Melo Neto y Wilson Bueno, entre otros.

Participó en antologías nacionales e internacionales.

Integró junto a Jorge Rivelli, Javier Adúriz, Roberto Malatesta y Griselda García, la revista de poesía Omero. Y con Fernando Kofman codirigió la revista de pensamiento y poesía FranKBaires. Es miembro de la Sociedad de los poetas vivos.

Es egresado de la Escuela de Periodistas del Círculo de la Prensa, Casa Matriz de Latinoamérica.

Coordina talleres de escritura en Vicente López, lugar donde reside.

Su poesía fue musicalizada, documentalizada, y puesta en escena teatral y artística en más de una ocasión.

Es editor del sello de poesía, narrativa y ensayo, La Carta de Oliver, desde 1990, en el que lleva editados de manera independiente alrededor de 100 títulos. 



 



 


martes, 9 de febrero de 2021

Giuseppe Ungaretti: Apocalipsis

 

Giuseppe Ungaretti (1888-1970)











1.


De una ventana, filtrándose, luz:

La cúspide del árbol señala

Privado de hojas.


2.


Si único súbitamente el grito desgarra 

El alba, resurgido nuestro espejo habitual,

¿Será porque de la vida transcurrió

Otra noche para el hombre 

Que ignorarlo ruega

Aunque de saberlo lo muerda el ansia? 


3.


Continuamente pensamientos te mueven,

Pálpito, que, consumiéndolos, das impulso.


4.


La verdad: cuando crece la sombra,

Más cerca de ella a volar se eleva el hombre,

Más se va haciendo profunda la fractura.   


                                                                  Roma, 3 de enero / 23 de junio, 1961


Extraído de: Giuseppe Ungaretti, Vita di un uomo, Tutte le poesie, Mondadori, 2005. Versión de Adrián Bollini.

Giuseppe Ungaretti (Alejandría, Egipto, 10 de febrero de 1888 - Milán, 1 de junio de 1970),  poeta,

G.Ungaretti-Rodolfo Alonso(Buenos Aires ca 1962)

traductor y ensayista. Una de las figuras fundamentales de la poesía italiana del siglo XX. Entre sus obras destacan L'allegria (1923), Sentimento del tempo (1933), Il dolore (1947) y La terra promessa (1950). Tradujo a Racine, Shakespeare, Mallarmé, Góngora y William Blake, entre otros. En 1969 Mondadori reunió bajo el título de Vita di un uomo la totalidad de su obra poética.

Adrián Bollini (Bragado, Buenos Aires, 1988). Poeta y traductor. Publicó por Alción editora (Córdoba) los libros de poesía Escritos de Dédalo, Sísifo y Pandora (2009) y Ascética de Heuzek (2015).




viernes, 5 de febrero de 2021

Rubén Tizziani: Tanguera

 


Rubén Tizziani (1937-2020)











Quizá fue el aire a fondín de Riachuelo que tenía ese salón, la triste soledad que allí se respiraba, la mujer de cabello renegrido y cutis empolvado, su olor a cama y perfume barato, el largo tajo de la pollera; por lo que fuera, va a buscarla animado por la religiosidad que los tangueros de su juventud le habían enseñado cuando le decían que, más que una danza, el tango era una ceremonia donde  se ponían en juego cuestiones trascendentes de la vida, conceptos ambiguos y confusos que ninguno quiso o pudo explicar porque eran cosas que se sentían o no y que tenían que ver con una particular concepción de la hombría, con la persistencia de una tradición de malevos y cuchilleros, de duelos a muerte en los arrabales, de amores imposibles en los prostíbulos de las orillas de un río interminable.

(Un tiburón de ojos tristes, Catálogos, Buenos Aires, 2001)

Rubén Tizziani (Vera, Provincia de Santa Fe, 1937-Buenos Aires, 2020). Escritor, guionista y periodista. Publicó las novelas Las Galerías (Editorial Sudamericana); Los borrachos en el cementerio (Siglo XXI),Noches sin lunas ni soles (Siglo XXI), El Desquite (Emecé), Todo es triste al volver (Poniente), Mar de olvido (Emecé), que acaba de traducirse al italiano, y Un tiburón de ojos tristes (Catálogo) y una biografía de Alberto Olmedo, Un poco menos tristes (Beas). Dos de las novelas fueron llevadas al cine: El desquite, dirigida por Juan Carlos Desanzo, con Rodolfo Ranni, Ricardo Darín, Claudia Motanari y Héctor Bidonde, y Noches sin lunas ni soles, dirigida por José Martínez Suárez, con Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murua, Guillermo Bataglia y Boy Olmi. Es autor de una adaptación para televisión de El túnel, de Ernesto Sábato, que dirigió Mario Sábato. Además escribió el guión de la película Seguridad Personal, dirigida por Aníbal de Salvo. 

Rubén Tizziani está considerado uno de los pioneros de la Literatura Negra en la Argentina. El semiólogo argentino Héctor Toto Schmucler escribió: «Noches sin lunas ni soles, es la primera novela de tono policial que recupera el ambiente de Buenos Aires: pistoleros porteños, policía argentina (…) El autor de  Las Galerías, que ya había mostrado un notable uso del lenguaje en Los borrachos en el cementerio, logra en esta novela que lo policial surja como una necesidad del relato. En ese sentido, podría afirmarse que no es lo ‘policial’ lo que caracteriza a Noches sin lunas ni soles, sino la calidad de una escritura que desemboca en el género adecuado».







lunes, 1 de febrero de 2021

Hilda Hilst: poemas

 

Hilda Hilst









III


Si tu vida se extendiese

Más que la mía

Recuerda, mi odio-amor,

Los colores que vivíamos

Cuando el tiempo del amor nos envolvía.

De oro. Del rojo de las caricias

De las tintas de un celo antiguo

Derramado

Sobre mi cuerpo sospechoso de conquistas.

Del castaño claro de tu mirada

Sobre la espalda de las aves.  De aquellos árboles:

Estrías de un verde-ceniza que tocábamos.


Y hojas del color de tempestades

Contorneando el espacio

De dolor y alejamiento


Tiempo turquesa y plata

Mi odio-amor, señor de mi vida.

Acuérdate de nosotros. En azul. En la luz de la caridad.



XIII


Y batallamos.

Dos tigres

Pegados a un solo deleite

Destrozando sus armaduras

Amor y furia

Caricia, garra


Tu luz


Y la chispa rara

De un cuerpo y dos batallas.



XV  


Para poder morir

Guardo insultos y agujas

Entre las sedas del luto.


Para poder morir

Desarmo las trampas

Me extiendo entre las paredes

Derruidas.


Para poder morir

Visto la batista

Y apacento los ojos

Para nuevas vidas.


Para poder morir apetecida

Me cubro de promesas

De la memoria.


Porque esto es lo necesario

Para que tú vivas.



XXX


El tiempo y su hambre.

Voluptuosidad y olvido

Sobre los arcos de la vida.

Rigor sobre nuestro momento.


El Tiempo y su mandíbula.

Musgo y furor

Sobre nuestros altares.

Un día, geometrías de luz.

Pero un día nada somos.


Tiempo y humildad.

Nuestros nombres. Carne.

Devórame, mi odio-amor,

Bajo la luz cruel de las despedidas.



XXXI


Barcas

Cargando la vida

Bajando las aguas.

Pasan pesadas

Distantes del poeta y de su caminata.


Barcas

Inundadas de abrazos

En las aguas de la dulzura

El fulgor de los cascos

Ilumina la espalda de los ahogados:

Yo soterrada

En aguaduras oscuras de la vejez.


Barca es tu nombre.

Y pasas.

Candente, clara.

Navegas tu último viaje

Sobre mi cuerpo mojado de palabras.



XXXIII


Si te pronuncio

Retomo un Paraíso

Donde la luz se hace dolor

Y hielo la claridad.

Si te pronuncio

Hay esplendor en la oscuridad

Y las sombras de alrededor

Son turquesas y soles

Después de un mar de pérdidas.


Vigilo

Esta sonoridad de los reveses.

Que se deshaga lo que fascina del poema

Que yo sea Olvido

Y enmudezca.



XLIV


Recuerda que moriremos

Mi odio-amor.

De carne y de miseria

Esta casa breve de materia

Cuerpo-campo de lucha y de sudor.


Recuerda el anónimo de la Tierra

Que meditando a solas con sus botones

Grabó en el reloj de las quimeras:

“Es más tarde de lo que supones”.


Por eso

Mátame solamente en sueños.

Puedes dormir en furia por la eternidad

Pero despierto, ama. Porque a mi lado

Todo se hace tarde: amor, gozo, ventura.



LIII


Cadenciadas

Van muriendo las palabras

En mi boca.

Un sudario de alas

Ha de ser agasajo

Y patria para el cuerpo.

Anónimo, callado

El poeta contempla

Espejo y tristeza


Fragmentos de un hilo

Guardián de palabras.


Unas leyendas se voltean

El poeta vacío de sus miedos:

Escombro, escaleras

Amado de amor oscuro

Y huía de sí mismo

De su propia celada.


El poeta. Mudo.

Aceptable ahora para el mundo

En su sudario de alas.



LVIII


El bisturí y el verso

Dos instrumentos

Entre mis manos.

Uno de ellos rasga el Tiempo

El otro eterniza

Aquel tiempo-otro sin medida.


Se rompen sílabas y fonemas

Detengo mis proyectos.

Es lo que se ve

Es un sólo común-complejo

Corazón abierto.


Y nunca más

En la dimensión de la Tierra

He de revisar las casas, los techos

Los paraísos soberbios de la pasión.



De Cantares de perda e predileção (1983), en Cantares (Editora Globo, [6ta. ed.], 2012).


Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020.


Hilda Hilst (1930-2004) nació en San Pablo, y desde 1965 hasta su muerte habitó, en Campinas, la Casa do Sol, en la Fazenda San José. Poeta, narradora y dramaturga, entre decenas de títulos se encuentran: Presságio (1950), Roteiro do Silêncio (1959), Júbilo, memória, noviciado da paixão (1974), Poemas malditos, gozosos e devotos (1984), Alcoólicas (1990), Bufólicas (1992), Do desejo (1992), Do amor (1999), Fluxo (1970), Rútilo Nada (1993), Aves da Noite (1968) y O verdugo (1969). La obscena señora D (1982) y Cartas de un seductor (1991) tuvieron traducción y publicación en Argentina por El cuenco de plata.


martes, 15 de diciembre de 2020

Gonzalo Rojas: Jorge Luis Borges

 

Gonzalo Rojas (Lebu, 1916-Santiago, Chile, 2011)






Absurdo, inmerecido, que este viejo aprendiz venga a decir lo suyo en la ocasión habiendo para ello tantos poetas, sin excluir letrados tantos que siempre sabrán más. Ni alabanza −entonces− a Borges para qué, ni menos uno de esos juegos de hermenéutica pobre para hablar de lo inhablable. Borges es uno único y su sistema imaginario es uno, y leyó el Hado por nosotros. Son tan pocos los que lo hicieron antes en el español de nuestro siglo. De repente Darío, Vallejo, Huidobro –por qué no−, Neruda el de Residencia, y Paz últimamente, que también tuvo pacto fundador, y, claro otros que no figuran en el canon inmediato. Nunca habrá habido en nuestra América otro escritor que muriera de resurrección.


Con arrimo y sin arrimo, como diría Juan de Yepes, quiérase ver en el caso un parco balbuceo en el centenario del incesante resurrecto, y nada más. Aunque sí, algo: el registro compartido del caos progenitor en las dos primeras vertientes visionarias: Fervor de Buenos Aires el 23 y La miseria del hombre el 46. Dos canteras distintas naturalmente. Novalis lo dijo limpio: “al fondo de todo poema se vislumbra el caos”. Lo que pasa es que Borges no hace sino crecer, como los alerces, y además no está muerto, ¿qué va a estar muerto Borges?


Alguna vez habré leído que el tobe hamletiano se amarra etimológicamente con el vocablo bhou, del germánico antiguo que significa por su parte crecer. De modo que, cuando somos, más bien crecemos.


Todo crece con el ritmo. El alerce, por ejemplo; ese árbol previo al diluvio que únicamente germina en  los austral del Nuevo Extremo, y no muere. Casi no muere. ¿Saben cuánto es, en tiempo de reloj, lo que se demora este moroso hasta llegar a ser en plenitud de árbol? ¡Dos miul quinientos años! Vivacidad como la suya, perseverancia en su ser, spinozamente hablando. A menudo hablo con ellos allá abajo en esos bosques del Reloncaví. Lo muy curioso, ¿sabían ustedes?, es que el alerce resiste todo como el poeta: las tormentas, el hambre. Y, aún bajo el cataclismo, algo perdura de él: non omnis moriar, como dijo el viejo Horacio. No me moriré del todo.


Caso  concreto, con la prueba científica que corresponde: hay un islote recién nacido que parece un gigantesco antifaz y que está situado en Bahía Foster al sur del sur de Chile. Emergió con la erupción de un volcán el 4 de diciembre de 1967 y vino al mundo, al cabo de no sé cuántos milenios de hundimiento, con un solo vestigio arbóreo impresionantemente intacto. El peritaje de Alemania dijo: alerce. Los poetas no mueren: quedan encantados. Eso lo dijo Guimaraes Rosa.


La palabra poética es, por esencia, un athanaton sperma, una semilla perdurable, el más peligroso de los bienes que le fue dado al hombre para que dé testimonio de lo que él es, y encarna como por azar en una obra abierta a múltiples lecturas, inabarcable e infinita.


Concentrémonos de una vez en nuestro Borges poeta. Lo leí tarde en las cuerdas estrictas dela lira pero lo que entreleí temprano en Sur y otras revistas que llegaban difíciles por el correo andino: artículos, versiones del inglés, del alemán, notas fílmicas, reseñas deslumbrantes. Algo de aquella prosa me fascinaba: la concentración expresiva, el humor. Estoy hablando del 38, año de mis 20 años. Ya Fervor de Buenos Aires, Luna de Enfrente, Cuaderno San Martín iban y venían, y nosotros ajenos a esos grandes ejercicios. Andábamos en otros que nos eran más próximos: en Huidobro, el más ventilado del país, en Mistral, la posesa de las materias, y entre uno y otro Pablo andábamos: el pedregoso de Licantén y el de Temuco en plena Residencia, y — claro — en nuestro Vallejo por  lo trílcico y balbuceante del misterio. Y todavía en Eguren y Ramón López Velarde. Y en Pound y en Eliot, eso sí. Y —lástima — además en las ortodoxias vanguarderas: dadaísmo demodé, surrealismo libresco. De mirón fui a parar al grupo Mandrágora de la que se ha hecho un mito, pero lo cierto es que el Mapocho no daba para Sena. El que faltó fue Matta, el único de genio que cambió Santiago por París desde el 34. Aquí en la Urbe de Buenos Aires, la imantación surrealista tuvo luz propia con Aldo Pellegrini y poetas-poetas de verdad: asimismo en el Perú con César Moro, Emilio Adolfo von Westphalen, Jorge Eduardo Eielson. (Ah, y otra cosa: del 27 español, apenas nada: Lorca, Alberti, átomos de Cernuda.)


La primera que nos dijo que había Borges en el mundo fue una mujer: María Luisa Bombal, que escribió La última Niebla y La Amortajada en el fulgor de Buenos Aires. Después entró su nombre junto con el de Alfonso Reyas y Pedro Henríquez Ureña y ya no pudo nada el desconocimiento y la ignorancia de mis paisanos.


Aún recuerdo la versión de su obra al francés por Roger Caillois en 1952, quien fue mi lúcido maestro en la UNESCO cuando fui escritor becario allí, pero sólo en 1960 se me dio su palabra poética en El Hacedor: y de ahí en adelante  con adhesión creciente. Leyéndolo y releyéndolo llegué a la identidad del tres en uno de su portento imaginario y me atuve al juicio de que todo se cumple en él en una misma trama enigmática: sus ensayos se leen como cuentos, sus cuentos son poemas y sus poemas nos hacen pensar, como si fueran ensayos.


Cuando el fatídico 73 de los chilenos fui a parar a Rostock que fue mi primera estación de exilio, puerto del Báltico en cuya universidad intenté dictar un seminario  sobre el pensamiento de Borges. Se me preguntó qué método emplearía, instándome a que sólo me atuviera al dialéctico marxista de aquellas ortodoxias, a lo que naturalmente me negué. La Volkspolizei pudo más, como en todos esos institutos académicos más totalitarios que científicos. “Borges es la figura mayor del idealismo”, fue el dictamen. También yo pasé a ser un enemigo y nunca tuve alumnos, lo que llevó a la doble asfixia: el exilio y la destitución, como quien dice dos tiros cruzados contra el mismo pellejo por anarca y partidario de la intemperie. La libertad se paga pero también la sumisión. Nunca fui el hombre de la adhesión total y mi apuesta incluye la perdida. Eso lo supo Borges el airoso.


La pregunta se impone, ¿quién que es no es borgesiano en la medida que fuere? Yo lo vengo siendo desde niño como tantos y he inventado a mi Borges insólito y perplejo, imaginación y coraje desde los primeros papeles, ese olfato escéptico, la conciencia del límite. ¡Será cosa de tono o de talante, lo alemanes dicen stimmung! Por eso cuando empecé a dialogar con su palabra creí recobrar otro diálogo más hondo conmigo mismo. Raro el contagio  de un alumbrado a otro, en cuanto a uno —a mí, en este caso— le parece haber venido con el influjo antes de leerlo. ¿O el pacto viene de más lejos? Lo que quiero decir es que yo también tuve —mala o buena — la intralectura de mi Borges poeta y llegué tarde al trato con su ejercicio genial aunque reconozco que a lo mejor fui un bórgico avant la lettre en cuanto estuve desde mis primeros papeles por el fervor y el desapego a la vez desde una óptica del distanciamiento, y la gloriola se me dio siempre menesterosa. Aunque por cierto amé hondo  las vocales, las sílabas de las que está hecho el mundo, y el ritmo, el frescor del ritmo del que algo supo Darío, padre y maestro mágico al que Borges veneró, más allá de las naturales diferencias. Al paso, excusen la mención del gran mestizo que jamás fue forastero aquí en Buenos Aires. Que lo digan si no dos grandes libros suyos del otro 96, quiero decir del otro siglo: Prosas Profanas y Los Raros. ¿Qué pasa hoy con él, a dos metros del 2000, en este plazo obsceno de consumismo y fanfarrias? Lo leen, no lo leen, pero la pregunta es otra: ¿a quién se lee? Vocales: ¿qué será eso? Sílabas ¿qué será? Lo acusan de todo al fundador: de viejo-retro  y fuera de uso ¡y eso que apenas llegó a los 49!: de silvestre. De elocuente lo acusan, de enfático y sonoro, ¡los afónicos míseros! De sobredosis de cántico. Oiga el que tenga orejas, pienso yo. Pero es tal el estruendo publicitario y vergonzante que ya nadie oye a nadie en el carrusel. No es que la palabra misma esté en tela de juicio, como dijo Vallejo: “¡Y si, después de tantas palabras, no sobrevive la Palabra!”: lo que pasa es desidia y liviandad ante el oficio, y literalmente no hay oficio. Borges lo tuvo como nadie.


Se me dirá por qué tanta disipación en la efeméride que parece exigir pauta más prolija. Es que prefiero la ventilación para honrar a quien nos diera tanto aire en este mundo. Y, ya en el orden de lo efímero, lo irrisorio son las efemérides. Esta misma, por ejemplo. ¿Quién no cumple cien años a cada instante? Porque el juego es ése: de repente estamos aquí, de repente no estamos. Él lo dijo una vez con alta conjetura: “¿Qué habrá soñado el Tiempo hasta ahora que es —como todos los ahoras, el ápice?” ¡El instante, el instante! La intuición del instante que hiciera a Goethe estremecer: “Detente: eres tan bello”. No es reparo a la lucidez de algunos críticos, pero no siempre funciona la metódica; menos en un caso como éste. Está escrito que los poetas entran limpiamente en los poetas, y no por servidumbre; antes bien por natural desafío, pasando por encima de los padres. Los leen mal —como afirma Harold Bloom— para repristinar el juego. Todo eso en el vaivén de la tradición y la invención. De ahí que las claves y los atisbos de los poetas sean más de fiar que los informes clínicos de  los expertos llamados críticos. Habré leído cien estudios sistemáticos sobre la popesía de Borges, pero los memorables son pocos: “El arquero, la flecha y el blanco” de Octavio Paz; “Borges el poeta” de Guillermo Sucre; los estudios mayores de Ana María Barrenechea, los de Rafael Gutiérrez, Emir Rodríguez Monegal, Saúl Yurkievich, Jaime Alazraki, Fernando Charry Lara y últimamente, un enfoque singular de Beatriz Sarlo sobre el Borges de la primera hora. Uno que nombro entre los objetantes y los disidentes es Enrique Lihn que también dijo que Darío es un poeta de segunda clase y Borges un gran poeta y un pésimo versificador. Desabrido y todo siempre habrá el movimiento pendular de las adhesiones y rechazos, pero —como la poesía se defiende sola y se explica desde su propio ejercicio— dejemos que suba y baje, o que se retire como las mareas para volver a la vivacidad de su equilibrio. Leamos una líneas de Harold Bloom en el recuento caudaloso de El canon Occidental (¿no será un abuso ese designio enorme?); allí dice “De todos los autores latinoamericanos de este siglo, es el más universal. Exceptuando a los escritores modernos más poderosos —Freud, Proust y Joyce—, Borges tiene más poder de contaminación que casi ningún otro, aunque aquellos tengan más talento y su obra sea de mayor alcance. Si lees a Borges a menudo y con atención, te vuelves un tanto borgiano pues leerle es activar una conciencia de la literatura en la que  él ha ido más l ejos que ningún otro”. Esta conciencia a la vez visionaria e irónica es difícil de describir, y es seguro la que más me atrajo en el maestro, por consonancia espontánea. Claro que también soy huidobriano, rokhiano, mistraliano y —por encima de eso— vallejiano, y —¿por qué no?—  dariano. Y es que todos venimos de todos y no hay originalidad sino concierto. La originalidad es improbable. Fue lo que me hizo escribir hace algún tiempo estas líneas que me atrevo a leer como un saludo a Borges. [Gonzalo Rojas lee aquí el poema ‘Concierto’].


Excusen el desvío hacia el ejercicio personal  y hacia esta especie de metamorfosis de lo mismo. Soy larvario y me demoro, y además me repito, y me hartan, más allá del hartazgo, las impaciencias de la escritura y por lo visto las del éxito. Es que todo es nuevo. Para el oficio de poetizar desde el asombro, todo es nuevo.


Otra cosa que habré dicho otras veces en cuanto al registro de influencias por demás necesario en mis interminables mocedades es ésta: Vallejo me dio rl despojo y cierto balbuceo en dialogo con mi asma y mi tartamudez y desde ahí el descubrimiento del tono; Huidobro acaso el desenfado; Neruda cierto ritmo respiratorio que él aprendió en Whitman (tan caro a Borges) y en Baudelaire, pero yo gané el mio desde la asfixia. ¿Y Borges? El rigor, l’ostinato rigore que dijo Leonardo. Y el desvelo. Un desvelo al que se llega sin prisa, por incesante crecimiento.


Casi todo es otra cosa y Borges atizó rn mí la perplejidad y el desapego, que iban conmigo desde las infancias. No era nada, no quería ser nada, pero quería ser. Igual que ahora a los 80 y más, en esta suerte de reniñez. Octogenario y finalista, aunque no terminal, hago mía su frase que escribiera el 61 al ordenar su Antología Personal: “Me atengo a mi pobreza pero no me abate ya que me da una ilusión de continuidad”. Y es que a lo absoluto se llega por la desposesión, por el ascetismo, y hay que ir dejando quereres, como dijo Juan de Yepes, el rey de la poesía del idioma.


Además tuve una formación estricta como la suya y atendí por las dos orejas simultáneas el ejercicio de leer y especialmente de releer: 1) por la izquierda l’esprit nouveau y las vanguardias, y 2) por la derecha las clasicidades áureas. Así en la punta de mi cabeza de muchacho se me dio otra ventilación, otra síntesis. 


Fui asimismo memorioso invulnerable y el Nadie de la Odisea fue un encantamiento para mí. “Por culpa de nadie habrá llorado esa piedra.” Tendría, todo lo más, unos 12 años cuando mi profesor alemán Guillermo Jünemann copió en el pizarrón la entrada de la Ilíada traducida por él la noche anterior. Repetiré esa primera estrofa que me tocó las médulas como dice Quevedo: 


Las iras canta del Pélida Aquiles,

oh dea, iras fatales que arrojaron

al pueblo aquivo en cuitas mil, y al orco

mil almas de capeones poderosos,

sus cuerpos a los canes por despojo

y por festín a carniceras aves.

¡Tal se cumplió de Jove la sentencia

desde el momento que en contienda fuerte

lucharon, de los hombres el caudillo,

Agamenón, y el esplendente Aquiles!


Pienso que he sido fiel a esa ritmicidad y por añadidura a la palabra de Borges. Se entenderá que mi trato con él discurre largo desde e l zumbido hondo de  los griegos inmortales —lo parmenídeo y lo heraclíteo— a este hoy que se atreve con las galaxias, es decir de unos físicos a otros físicos que apuestan como aquellos que parecen remotos a la imaginación más allá de las necesarias exactitudes. ¿Quién no sabe que la física nueva está transida de poesía. 


Cosas que me impactaron además:

la preocupación por el tiempo eternidad en Borges. ¿De qué nos disfrazamos cuando escribimos que no sea de tiempo?

el frescor de una sintaxis liberada, con eje en la oralidad. También en Rulfo, ese otro genio del continente, la oralida es clave;

la dispersión y al mismo tiempo  la urdimbre; de donde el empleo reiterado de la enumeración caótica, y Whitman, Whitman, Whitman;

su desdén ´por las vanguardias y las modas que se arrugan;

la fascinación del laberinto;

su insistencia en Quevedo, “homme de lettres”;

su pudor en la celebración del amor, tan ajeno al descaro;

la conciencia crítica del lenguaje y el encantamiento de lo insólito: “El tiempo es la sustancia de que estoy hecho”.



Acepto el contagio y reconozco la presencia necesaria de este “miglior fabbro”  que vino y no se ha ido, al que le debemos otro milenio de diamante.


¿Y el libro? Pienso en él pero también en ese otro libro que vamos escribiendo entre todos: el del instante y el de las galaxias que excede a toda imaginación; a la de los poetas y de los físicos, que es la misma.


Lo que he amado al  libro, lo he respirado, y lo he vivido en ejercicio desigual; unas veces como naciendo página a página, línea a línea, sobre todo en el caso de la poesía visionaria, del pensamiento jónico o de la física de hoy, y otras también como desnaciendo. El tiempo fluye en ellos —en los libros— como ese río incesantemente resurrecto de que nos habla Heráclito. Me gusta el ruido del papel cuando rasgo esas hojas donde alcanzo a oír todavía el arcángel de papiro, pero me consta que mucha lectura envejece la imaginación del ojo, y nunca he confundido información con sabiduría.


Volviendo a lo del ojo, lo que me importa es ver, transver, intraver, hasta la videncia. Así, desde niño, fui un comelibros insaciable hasta el amanecer, pero no se me secó el “celebro” como dicen nuestros paisanos —que son de suyo cervantinos—, antes bien la poesía se me hizo conducta y —mucho más  genealógico que lárico— asumí el desafío fundacional que me enseñó Sarmiento. El hombre es hijo de sus obras y uno mismo va hilando su propio libro, de la contemplación a la acción.


Cuando pensamos con pensamiento sobre el libro en nuestra América, senos aparece Borges como de golpe, ese animal mitológico de nuestras letras que ni por un momento se nos ha muerto. Él creía hasta en la evidencia en el paraíso-biblioteca y así lo dijo tantas veces. Lo vio todo, lo leyó todo por dentro, y la biblioteca del padre fue su gran juego desde niño. Después —ciego y todo—  lo siguió viendo todo. Porque no fue un bibliófilo, ni ese letrado memorioso que tanto admira el Mundo , sino algo más, un vidente. “Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres”, apuntó esa vez el 24 de mayo de 1978. Y agregó: “Le debemos tanto a las letras. Yo he tratado más de releer que de leer. Creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Se habla de la desaparición real del libro. Yo creo que es imposible, aseguraba. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué son esos símbolos muertos? Nada absolutamente. ¿Qué es un libro si lo abrimos? ¿Un cubo de papel y cuero, con hojas? Pero si lo leemos ocurre algo raro: creo que cambia toda vez”.


Y nosotros cambiamos, si somos. Eso lo agrego yo.


Sí. Leamos el Mundo. Releámoslo de Homero a Borges. Esos dos ciegos saben más.


Conferencia Buenos Aires, 1996.

Publicado en Todavía, reunión de textos en prosa, FCE, México, 2015.



 




lunes, 14 de diciembre de 2020

Eucanaã Ferraz: poemas

 

Eucanaã Ferraz










En aquel instante


Amor sólo viene más tarde, amar

sólo viene después, amor es cuando

todo se fue, vendrá en el próximo

tren, tal vez el año que viene;


todo será, por ahora, presentimiento,

presagio, cheque en blanco del bien

gratuito para después de pagos abultados 

tributos de desamor y de nada.


¿Amarnos comienza en el fin? ¿Amor

se escribe al revés? Roma,

sin embargo, no abrirá palacios sino,

quién sabe, el próximo feriado.


Moroso, es después de todo pronto

el amor, cuando, tardíamente,

ya no damos por nada o

damos sólo tiempo al tiempo.



Se va a llamar alegría


La alquimia la química la fábula la sílaba:


cualquier mendigo transformado en Midas

hiciese al pan volver al grano el grano a la espiga

la espiga a la plantación la cabellera al viento

a la garganta retornar o no en un vómito invertido

convertido entonces en la quintaescencia de la aquiescencia

en signo que se exhibiese como insignia de la simetría

entre el amor y el disgusto a la manera de hermanos

siameses en armonía de hermanos-alegoría y de ellos

la fácil traducción fue eso: uno cualquiera de nosotros

transformado en Midas, imagine, todas las heridas

transmutadas en orquídeas y en los escombros

y en los ranchos y sobre los viaductos patrias

surgiesen bañadas en el oro de las antiguas iglesias

ahora sin Dios sólo química la alquimia de la fábula


transformada en alegría.


[de Sentimental (Companhia das Letras, 2012)]



Cualquier otro nombre


Horror de este cielo azul por descuido azul

porque siempre azul porque lo hicieron así

y lo largaron allá azul porque lo olvidaron

por desamparo azul-nudez que nadie vio

el voto protege de la ausencia de Dios

bajo el nombre de Dios –nombre que no cesa–

en nombre del cual todo nombre es ultraje desorden

vagando por calles bombardeadas nubes

de polvo bajo un cielo sin mancha.



Y de la tierra abandonada


Graznan en bandada soldados

marchando por las calles.


Sus botas funestas

aplastan la luz y el agua.

En sus pasos pesa la sombra

de las alianzas rotas.


Graznan en bandada soldados

pisando en vano las palabras.


Las casas huyen de miedo

mordiendo el polvo de las fronteras,

y de la tierra abandonada

brotan solamente soldados.


El suelo es los uniformes, y piedras

donde afilar sus armas.



Escalera


De transformarse el amante en la cosa amada

se transforma el pescador en pez o capitán

en arma en piano o pianista en desastre

quién sabe se convirtió en luz en lo libre

alto van de la escalera

y como ella en espiral

se transforma en madrugada la novia

en ácido el químico en magia lo mágico en libro

el bibliotecario en poeta el poema el poema en agua

y por virtud de mucho imaginar hoy sólo vos

gracia – de ver en mí la parte deseada.



Gracia


Millones de palabras derramadas inútiles

pero tu rostro no; árboles tumbados libros

partidos todo se vende pero tu rostro no;

sangre de ciudades y niños pero tu rostro

sigue limpio; en cada canto un enemigo;

en tu rostro no; rostro donde no cabe

la guerra; rostro sin hermano; tu rostro

tu nombre lo dice.



Te


Desobedeciendo al viejo destino, gusté de ti

sin que me lo pidieses. Y dancé soñé canté

reí. La eternidad duró varios días, pero

de lo que imaginábamos, menos

de lo que yo pediría.


Ahora, es necesario que me mates. Yo te lo digo

una vez: quiero que me mates. Y pido más,

que sobre el difunto dances sueñes cantes

rías para que sobre el suelo no revolotee nada

menos que tu alegría.



1

Al instante de cortar

el vuelo de la esperanza; instante-espanto

así haya sido previsto; decir la despedida

hiela la garganta; sólo nos resta oír

como si no fuese insoportable doler.


En el instante siguiente cortar el teléfono y agarrar

con la mano trémula el corazón que se nos cayó a los pies.


[de Escuta (Companhia das Letras, 2015)]



Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020.


Eucanaã Ferraz (1961) es profesor de literatura brasileña. Es autor de los poemarios Dessasombro (2002), Rua do Mundo (2004), Cinemateca (2008) y Retratos com erro (2019), entre otros, y de libros infantojuveniles. Editó libros de Vinicius de Moraes (Poesia completa e prosa de Vinicius de Moraes, 2004, Livro de sonetos, 2020), Sophia de Mello Breyner Andresen (Coral e o utros poemas, 2018), y de Caetano Veloso (Letra só, 2003).

Desde 2010 es Consultor de literatura del Instituto Moreira Salles, donde elabora publicaciones, exposiciones, debates, cursos y espectáculos. Edita, con André Vallias, la revista on line “Errática” (www.erratica.com.br).

En Argentina, Marea Editorial publicó la antología realizada por Ferraz El mundo no es chato. Antología textual, de Caetano Veloso.


Horacio Spinetto: Patrimonio Porteño

 


jueves, 10 de diciembre de 2020

Alberto Hernández: LOS POEMAS CIEGOS // BORGEANAS

 

Alberto Hernández



 



 







 

LA BIBLIOTECA


En algún sueño habita la destreza de quien ha abierto un libro

Y ha fijado los ojos en todos los que abundan en la memoria

Y hacen del silencio una antigua casa abandonada.


Los libros solos 

Empujados por las sombras

Se abren al dolor y dejan que el mundo los fecunde

Con las historias y los nombres de los olvidados.



LA PRIMERA METÁFORA ES EL RÍO 


Un ojo secunda la constante del río. Quien lo mira

Alisa el agua y sumerge en su vigor toda la fuerza de la orilla.


El río piensa mientras corre

Y el hombre que intenta atajarlo se rebaja al baño

Al mismo que Heráclito intentó en dos ocasiones:


Decir río es desviar su curso, activar el milagro de saberlo vivo.



UN JARDÍN POLVORIENTO


Una ciudad sin cielo y sin pájaros aéreos

Una ciudad perversa y desteñida

Antigua o rugosa como un sapo

Una ciudad perversa bruja abandonada

Y un rosal reseco cubierto por el polvo

La mirada de una anciana sobre una taza humeante.





EL CADENCIOSO TIGRE


Sobre el lomo vibrante de la fiera, el horizonte.

Desde sus garras o en ellas se cifra el miedo

Que habrá de llegar con su mirada.


El mito

Y la arrogancia de su sonrisa 

En el poema que habrá de devorarnos.


 

LA DEBIDA VENGANZA


Un hombre cruza el desierto y lo extravía.

Mira su rostro en un oasis y se desconoce.


El desierto lo embarga lo estremece 

Y  una daga de acero brilla en las vísceras

De quien intentó saberse el horizonte. 


 

NI SIQUIERA SOY POLVO


Yo era quien no

Y arena de los Llanos

De los ríos


Dejo de ser

Frente al cielo encumbrado


Aquél que era

Ya es mucho

En la piel polvorienta

Del insomnio.


 

UN GRAN CABALLO BLANCO DE OJOS DORMIDOS

PARECE LLENAR LA MIRADA


El símil sobre el lomo de la bestia, como luna hambrienta sobre la noche corva. Los cascos disimulan el temblor del miedo, la pezuña que hurga en las entrañas. La imagen del poema se adentra en la pupila ciega y recrea una maldición, un libro abierto bajo la panza arterial del animal, que no es blanco.

Es bruma.



 EL DELICIOSO TIEMPO DEL ESPEJO


¿Encubre sabores o aromas

El azogue que habla y nos reclama?


Ciego de algún ojo o de los huesos

El espejo secunda la agonía

Del que sabe de muertes y de ascensos

Del que ignora la razón de ser de los olores.



LAS VOCES DE LA LENGUA CASTELLANA


El legado. La herencia. La tarea de saberse en apellidos. La genealogía y las palabras. El diccionario enterrado en el yo de quien sublima la fábula y el mito.

Y no era él, así lo dice y concita una historia, el recuento a veces excesivo de sus genes y sangre.


Una biografía desde los versos y hasta en Silesius no saberse parte del consuelo por no haber sido sino de un eco, de un sonido vibrante, de un sueño interrumpido.



LA BRÚJULA INCESANTE


No sabe el viento de puntos cardinales.

Pero sí del horario de los árboles

Del giro recurrente de los frutos

Cuando las ramas hablan.


Y no descansa la aguja

Que intenta mencionar

Un lago

Un río o el universo

Extraviado en los ojos de algún gato.



UN HOMBRE MUERTO


Cuántas puñaladas para caer al suelo

La mano que asesina dice una palabra

Quien muere desangrado

Con los ojos puestos en un muro

Encuentra los símbolos del miedo


Y así

La historia   un relato tan violento


Un puñal abandonado entre las rocas.



EL DIÁLOGO Y LA DUDA


Un sabio habla con una piedra

Las ruinas del Partenón

Encubren las respuestas

Las que el sabio no entiende


La piedra circunstancia del cielo

Inicia el diálogo y el fin.



UN INCESANTE ESPEJO QUE SE MIRA


Un espejo agobiado por los años

Emerge del rincón más oscuro de la casa

Se aproxima al río

Tiznada la corriente

Voraces habitantes en el fondo

El espejo se arriesga

A mirarse en el agua


Una vez más el río se detiene

Y dos rostros descubren el silencio



EN EL ALBA DUDOSA


Se cree que amanece:

Una palabra detiene el fluir de la luz



EL QUE ACARICIA A UN ANIMAL DORMIDO


Todos

Los que hemos sido perros

Gatos o alacranes

Ansiamos

La mano sobre el lomo



EN EL DESIERTO / ACONTECE LA AURORA


Ávido el ojo ciego

Inventa el día imposible


 

DREAMTIGERS


El terrible rugido de la bestia

En la delicada arcilla de los sueños.



EL CUERPO ESTRICTO


Bajo todos los astros advertidos

La mujer que miro

Arrima sus carnes al deseo


Sideral es su sencillez

Peligrosa su estirpe



EL TESTIGO


Ya estás muerto

Sobre la grama seca

La historia no tiene nada que decirte


En su lengua fría

En sus ojos apagados

No hay evidencia alguna



EVERYTHING AND NOTHING

Nunca he existido

Las veces que he sido imaginado

Ha sido para robustecer la idea

De que nunca he estado aquí



BORGES Y YO 


El ciego viene hacia mí. De su tumba en Ginebra los huesos escaldados, la mirada opaca como el cielo invernal cegado por un lago

El poeta se aproxima y me mira con todos los ojos que trae de la muerte


Somos él, yo invisible,

Él porfiado como una nube


Sordos ambos

Ciegos ambos


Nos deshacemos de los últimos ratos de la realidad


Borges me conmina a detenerme

Entonces su cuerpo

Se devuelve en medio de la niebla

Y sin mucho esfuerzo,

Se hace humo



EL TRÁGICO UNIVERSO


El país 

El arrugado mapa

Sus ríos y lagos agotados

El cielo sin avisos

Sin presencia

Sin cielo

El país que no ha sido

El pequeño país

Enceguecido


Y una tumba

Solitaria y muerta

Como el aire


  

EL AGUA CIRCULAR


Un río sin destino

Un lago mudable

Y el agua

Siempre renovándose



LA DUDOSA RUINA


Quienes la habitaron

Ya no tienen nombre ni recuerdos

Un patio central

Un reloj desgastado

Pero siempre hay un pájaro

Y a veces llueve

 


TWO ENGLISH POEMS


Se olvidan palabras   las palabras

Amargas muy amargas las palabras

Se recuerdan heridas

 “Words, any words, your laughter…”

Voces o gritos  sonidos y susurros

Que nos nombran o nos borran


Una palabra es suficiente

Para alejar la luna


Es frecuente que la soledad

Se nombre y se desligue

De las tantas certezas olvidadas.



LAS CRUELES HOJAS


Ese íntimo cuchillo poeta Borges

Es íngrima y esdrújula masacre


Esas páginas duras  peligrosas

Se anulan con la sangre

Cicatrices heridas puñaladas

Tinta y poema

Degradación y muerte


 

EL OTRO


Ese que pasea entre brumas

Soy yo

El que lo sigue para matarlo

También soy yo

A ambos  miro

A ambos  calumnio


(Selección de Los Poemas Ciegos: Borgeanas; prólogo José Pulido Ediciones Pavilo, España, 2020)



Alberto Hernández (Calabozo, estado Guárico, 1952) Poeta, narrador, ensayista y periodista. En poesía ha publicado, entre otros títulos: La mofa del musgo,  Maracay, (1980); Amazonía (1981); Última instancia (1985);  Párpado de insolación  (1989); Ojos de afuera  (1989); Nortes (1991); Intentos y el exilio (1996); Bestias de superficie (1998, traducido al árabe por Abdul Zagbour); Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (2001); Tierra de la que soy (2002,  Latin American Writers Institute Eugenio María de Hostos Community College of CUNY,Universidad de Nueva York); Nortes/ Norths (2002,  Latin American Writers Institute Eugenio María Hostos Community College of CUNY, Universidad de Nueva York);  Poesía en tránsito (2008); Puertas de Galina (2010); 70 poemas burgueses ( 2014); Objetos poemados/ Poemas sin objeto ( 2019). 

Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. 

 

 

 




Pintura Porteña

 


viernes, 4 de diciembre de 2020

Sebastián Jorgi: Poemas Porteños






                 











 VUELTA AL HOGAR


Recuerdos acusadores y una proximidad de angustias

Lo que pude hacer por…lo mucho que quedó en el tintero

La visita de Madre en la noche   fijate como está la casa

y  tras el sueño crucé una estación Lanús rara y extraña

 largo viaje en sepia por las vías muertas que no terminan

infancias asesinadas a mansalva por decretos sin lógica

El deseo de volver a viajar en tranvía duro me atraviesa

A pasos  de mi casa, doña Bertina me saluda menos mal

la esquina luce el farol sucio…el cielo es gris

Y está  la parra de uva chinche con  el piletón

 el patio quieto es  fotograma neorrealista

Ha llovido y en el jardín un niño de ocho años

junta caracoles…un olor a salsa invita a pasar

la  tía italiana conversa con el abuelo Sebastián

Hablan de la guerra de Abisinia y de partisanos

Mamá ceba un mate mientras Papá dele y dele

con el trepié media suela y taco…lo que no hice

Cómo remendar  tantas culpas… otra tía llega

Con un paquete bonito lleno de masas finas

Estoy en la vereda…no me reconocen…no no no

Siempre resultan tardíos los pedidos de perdón

Estoy cada vez más cerca …una tarantela suena

Hola hola pasá Negrito …estoy cerquita     sí si sí

Sin embargo….mi casa está lejos…tan lejos…



OH, BAYLEY


Lungo  Bayley, aquellas  horas un café amargo

---Estatura de Poesía que casi toca el  cielo---

en el Ouro Preto, pibe ojo, hace muchos marzos

se ejercitaba ya la rojiza progresión geométrica

salíamos de lo de Pampín con Squeo asombrado

fue una tarde revuelta que se disolvía en sangre

un día veinticuatro de almanaque escamoteado

A casa muchachos dijo Manolo, mucho cuidado

Hace tanto y   ayer en marzo  igual  como  duele

bastante… mucho como duele el colmo del olvido

todavía ….y siempre  te pregunto maestro Bayley 

 cómo sostener lo mejor  de cada uno yo tan tímido

sigo de  ahora en más, la incierta travesía del poeta

contame De la Vigilia y el Viaje,  dale…contame

cómo es la torre más alta de la infancia



  IVONTANGO


Ah…Ivonne

No te he buscado y ahí te encuentro

De cualquier manera me llevaba tu poesía

Pero

     No es lo mismo

     Qué digo

     Si es lo mismo

     

Yo también te aguardo como un amante fiel



Ah…Ivonne

Eres mi tango predilecto

Y apenas te he tocado

Eres un  directo al corazón

Nazco de ti

Ah…Ivonne

Viólame como a un adolescente

Casi macho pampa Gardel

Hazme sentir

Como prefieras tangoivonne

Papa papusa       

         Sinosexo

         Palmera

         Trópico

         Adentro


Ah…Ivonne

Tú sabes…

Salsa adentro

Tierraborinquenherida

inolvidablemente


No importa

Si loco de contento

Voy

Perdóname 

Ya no estaré el 5 de abril

Junto a don Paco e Isabelita

Y junto a ti….

Ivonne….ah…

Miel o nunca

Sexoaméricaivonne

                   Desde

El fin y hasta el fin mismo


¿Y ahora Ivonne?


Salsa tango pebeta

Viólame

Para que yo logre nacer

Otra vez

              Otra vez

                            Otra vez

(Puerto Rico, 1990)



SEBASTIÁN JORGI (Lanús, Buenos Aires, 1942. Es Perito Mercantil,(1960) Licenciado en Periodismo(1963) , Profesor de Castellano, Literatura y Latín(1974) Animador Vicarial y Experto en Doctrina Social de la Iglesia, (2003). En 1957 obtuvo el premio literario de Canal 7, en 1981 el Premio Pen Club de Cuentos, la Faja de Honor de la SADE en 1985. Ingresó en el Instituto Literario y Cultural Hispánico en 1983. Periodista en varios medios, La Nación, La Razón, Radio Municipal y actualmente en LU6 Atlántica de Mar del Plata. Ha publicado  novelas, cuentos, crónicas poemáticas, ensayos y entrevistas. Su obra ha sido distinguida en México, Chile, Italia y España. Ha brindado cursos y conferencias en la Universidad Interamericana de Puerto Rico y en centros culturales de nuestro país. Ejerció la docencia en institutos terciarios y en colegios secundarios.