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miércoles, 16 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
Jorge Guillén: Tiempo de espera.
![]() |
| Jorge Guillén |
‘Dios te salve, te guié y te dé alas,
padre polvo que vas al futuro.’
César Vallejo
1
Aquella
antigua patria
debió
afrontar la gran edad moderna,
que
es un “un antiguo error”. Y no lo quiso.
Y
emprendió un retroceso violento.
Años
atroces, años de fracaso,
de fracaso esencial: una cruzada.
Tiranía. Bienestar.
Tantos coches por la calle
justifican que no hable
la
voz libre de la gente,
el espíritu viviente.
Tiranía. Corrupción.
2
Nos
sonroja nuestra Historia:
la
época del secuestro.
Esa
confusión de ideas
alcanza
un grado siniestro.
Los
criminales se crecen
inspirados
por el estro
de
la gran Revolución:
“el
sumo derecho nuestro.”
Monstruo
al fin el asesino,
que
es ya fantasma de espectro.
3
‘On murder considered as one of the fine arts’
De Quincey
Españoles
castizos,
absolutistas,
quieren
llenar de muertos
sus
grandes listas.
Todo
muy serio.
Ya
no hay lugar más grato
que
el cementerio.
4
Muchísimos asesinatos fueron
imprescindibles
para
crear y mantener la base
del
poder absoluto: el terror colectivo.
pero
el asesinato no es negocio.
El
hambre, siempre el hambre.
Tecnócratas
al cabo de los años,
ingeniosos
tecnócratas
inventaron
remedios.
Y
ante Dios y los hombres pudo justificarse
todo
lo criminal y el poder absoluto.
Razón,
la Economía.
¿Lo esencial será eso?
5
La
vida avanza plural.
no
según rigor de clave.
Inextinto
el material.
Tiempo
de espera. ¡Quién sabe!
6
¿El
vivir de tumbo en tumbo?
“Soñemos,
alma, soñemos.”
Inventemos
vida y rumbo.
7
Un
fondo inquisitorial
-Disparate-
Y
un autócrata moderno
-No hay debate-
Forman
un solo caudal,
río Orate
que
aspira a ser río Eterno.
8
Y
lúcido, pérfido, cáustico,
sin
saber de miel ni laurel,
escoge
la tabla de piedra
para
inscribir: “Me soy muy fiel.”
Nadie
más libre. Dictador.
¡Alabado
sea el peor!
9
Una
agonía muy larga.
En
sus concéntricos círculos
una
atención general
mezcla
iracundias y cálculos,
augurios
quizás de paz.
Otra
vez asoma el alba.
Los
gallos quieren cantar.
10
Muere
el tirano, muere el tiranismo.
Los
cómplices en duelo se lamentan
y
se yerguen, tonantes, militantes,
y
cada diez minutos
estalla
un cañonazo
con
fragor clamoroso,
que
resume el terror de aquella historia.
Fragor,
terror, final apoteosis
a
la desesperada…
11
Manuel Azaña
In memoriam
Sucedió.
La paz victoriosa
con un rigor
de tiranía
se impuso a los vencidos —siempre.
La tiranía, sí, se acaba.
No hay régimen sin Vencedores.
Aquella guerra, sí, se pierde.
12
Estalló entonces el acontecimiento
después de cuarenta años implacables,
a los cuarenta en punto de la Historia.
Y se irguieron los más pisoteados.
Víctimas respiraron en las cárceles
a los cuarenta en punto de la Historia.
Se estremecieron cómplices solemnes,
crujieron uniformes con sus cruces
a los cuarenta en punto de la Historia.
Sonrieron al
sol los perseguidos,
sus lares restauraron los dispersos
a los cuarenta en punto de la Historia.
Se sintieron felices las palabras,
volaron por el aire más que pájaros
a los cuarenta en punto de la Historia.
Bajo la omnipotencia del Poder,
entre ritos y prósperos negocios
a los cuarenta en punto de la Historia.
¿O eran las cinco en punto de la tarde?
Eran años –cuarenta- fugitivos,
a los cuarenta en punto, punto, punto.
13
a Víctor Navarro
—¿Qué es una guerra civil?
—Matanza entre discrepantes.
Atención: cada viviente
podría ser fusilado
bajo el mismo crimen, único.
Pude yo también morir.
El pueblo español en
pie de guerra
contra sí
mismo.
Juan
Gil-Albert
14
Época de gran mudanza.
Por fin se avanza.
Hay grillos en una olla.
Todo se embrolla.
De nuevo como otra vez.
Qué pesadez.
La Historia de esa Península.
Ínsula, ínsula.
Se ahoga en el agua el pez.
15
El bien y el mal siempre ju8ntos
ofrece el vivir humano.
Distinción capitalísima:
muchos son los incapaces
de asesinar a los hombres.
lector: no has matado a nadie.
Ni yo. Seremos amigos.
16
“Ce mot espagnol me plaît à plusieurs visages:
‘Defiéndame
Dios de mí.’”
Montaigne, Essais, 3 XIII.
Lleguemos al momento por fin equilibrado.
Atrévete a decirte, español tan patriota:
defiéndame Dios de mí.
Ese eterno proceso en retroceso,
mientras se esperan músicas divinas,
no impide a un corazón lanzarse ileso
tras ti, oh Paz, y lo que tu combinas.
17
Después de tantos años de poder absoluto
fundado en el terror —mata, miente, corrompe—
y tan honda la crisis general de la época,
degradación confusa de todo lo supremo,
desesperados hay con rabia, con desánimo
sin una perspectiva que implique actividad.
Nunca simplifiquemos: nula visión abstracta
sin contacto preciso con las siempre complejas,
distintas realidades y sus contradicciones,
que admiten una ayuda de esfuerzo esperanzado,
hostil a ese abandono del cobarde suicidio.
¿Quién va creando la historia?
Retroceso no habrá.
Su extensa obra reunida bajo el título de Aire nuestro es una intensa reflexión sobre la naturaleza, la historia y el destino del hombre. Su obra podría considerarse un único poema, preciso, sencillo y despojado, en el que se destaca una variada intertextualidad, la sátira política y la condena moral. La primera versión de una de las secciones de Aire nuestro, Cántico, quizás la más conocida y emblemática de su producción fue publicada por la Revista de Occidente en 1928 y constaba de 75 poemas; la final que incluyó 334 poemas fue publicada en Buenos Aires (1950).
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Jorge Guillén,
Poesía
Manuel Vázquez Montalbán: El Tres.
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| Manuel Vázquez Montalbán |
Sordas sibilas
de saber tan triste
pusísteis plazo
de muerte a la evidencia
y condenásteis
la vida a no ser geométrica
si acaso una
limosna de compasión
nadie sabe tu
nombre ni pronuncia tu muerte
ni responden
los nombres que musitas culpable
ni rezas
palabras que te adueñen del tiempo
sólo cantas
perplejo el desordenado horizonte
desorientado
fuera de límites
perdida azotea
entre el sur y el mar
entre el norte
y la tierra
laberintos de hierro
lunes de
guardar cementerios de pan
duro como el
agua blanda la sal
si acaso
remeros de piedra y afán
tienden estelas
que no hay que seguir
buscar una
muerte que deja vivir
perdida azotea
entre el sur y el mar
entre el norte
y la tierra
laberintos de hierro
lunes de
guardar cementerios de pan
el siete no fue
una fiesta
el
siete es dolor
Canta el
petirrojo en diciembre
como en tiempo
primaveral
florecen las
violetas
aunque está
temblando
¿sabes por qué
mi amor?
siete los
planetas siete
las
perfecciones las esferas los niveles
celestes
los pétalos de
la rosa las ramas
del árbol cósmico
siete las
moradas celestiales
cuatro los
puntos cardinales
tres los ángulos celestes
siete las
virtudes teologales
los colores
del arco iris
siete los rayos de sol
seis son los horizontes y uno el centro
siete iglesias
siete estrellas siete dioses
siete sillas
siete trompetas siete truenos
siete cabezas
siete plagas siete copas
siete reyes
siete los
agujeros del cuerpo siete
los caminos que
salen del corazón
el siete es
macho y es hembra
el cuerpo la
emoción la inteligencia
la intuición
del espíritu la voluntad
el riesgo
eternidad
siete
los grados de
la conciencia
el siete es dolor
(de Ciudad,
Colección Visor de Poesía, 1997)
| Esteban Moore-M. Vázquez Montalbán |
Manuel Vázquez Montalbán ( Barcelona, España, 1939- Bangkok,
Tailandia, 2003 )
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Manuel Vázquez Montalbán,
Poesía
viernes, 11 de abril de 2014
Carlos Aldazábal: Poemas.
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| Carlos Aldazábal |
Eso que fuimos, que seremos
Empiezo por los ravioles:
entonces se hacían los pactos de familia,
los acertijos de mortero
que luego sazonarían las salsas.
La pimienta significaba un estornudo,
y estornudar una plataforma de lanzamiento.
Pero no hace falta llegar a la estratósfera
para saber cuándo empieza otra esperanza,
parecida al ayer pero en futuro.
Es que evoco de nuevo esa molienda,
aquel acto de fe, aquel almuerzo,
cuando los pactos cruzaban Orinocos
ríos de salsa.
Pronto volverás, abuela,
a preparar los ravioles,
moliendo el mismo trigo
en el mortero.
Ahí estaré, carne de tus huesos,
cayendo en tobogán al precipicio
donde estarán tus manos para arroparme:
harina entre tus dedos,
satisfecho y feliz de ser servido
en la mesa final donde todo es memoria.
Kandinsky
La cuestión aquí es la
despedida:
un pañuelito que se agita
despacio
y una acequia por las
mejillas.
Toda despedida es un
pequeño luto,
como el negro de tu falda
o aquella tarde de domingo
a la luz de la lluvia.
Algo de nostalgia también
hay:
no por el pasado, sino por
el futuro,
camino perdido entre
malezas,
profecía que nunca ha de
cumplirse.
Luego está la canción,
sea grillo, vals o chacarera,
candombe, acordeón o
pajarito:
ruido impertinente que
suena en el cerebro
sin que nadie lo llame,
justo cuando el pañuelo se
agita
y las acequias desbordan
la lluvia, tu falda y el
domingo.
La canción:
línea de fuga a lo
Kandinsky
que pretende elaborar sus
teorías
trazando una espiral:
punto en expansión por
donde escapa el tiempo.
Guacamayo
Tu máscara está pintada
como un guacamayo:
eso te hace hablar más de
la cuenta, y ese murmullo,
atrapado en la máscara,
suele ser encantador.
A veces tu máscara alucina
en la noche
como una balada
irresistible entonada por hadas.
Otras veces, la presión del
rojo la lleva a irradiar
un aire de vergüenza: es
cuando yo acepto taparme la cara
con una bolsita de cartón,
de ojos pintados y boca sonriente,
ideal para andar por una
avenida transitada
sin ser percibido.
Sé que querés, pero yo no
me atrevo a prestarte un espejo.
La ilusión es tan buena que
aterra lo real,
como bien lo señala el verde
de tu máscara.
Lo único que podría alterar
tu escondite
es que tu máscara deje de
ser máscara
para ser guacamayo. Y ahí
te quiero ver:
vos sin máscara con una
bolsita de cartón tapándote la cara,
paseando por la avenida con
un guacamayo al hombro:
un aterrador efecto de
realidad.
Pero por ahora tu guacamayo
sigue siendo máscara
y te protege, incluso
cuando caminás con ojos enamorados
y todas las bolsitas de
cartón de la avenida
se dan vuelta para señalarte.
Esto es cosa sabida:
no basta un arco iris para
tapar las nubes
ni una bolsita de cartón
para morir
con la sonrisa en la
boca.
Por ahora tu guacamayo es
tu máscara,
y basta esa
certeza.
Escuchando a Lou Reed
La canción de las cenizas
desgarra el aire con sus lamentos:
prédica de lo que será, de lo que fuimos.
Afino la sintonía
y la cortina que disimula la nitidez
se desvanece para sacarnos una foto:
vos con tu manía de lo verdadero,
yo con la imaginación de una vejez perfecta.
Cuando la canción de las cenizas se calle
todo volverá a su anestesia,
ilusión de eternidad, espejismo de lo durable.
Pero la canción de las cenizas volverá a sonar
para acunarnos.
Confundidos en sus notas,
esparcidos en un mar a cuya orilla
arderá la hoguera de unos huesos
parecidos a
nosotros.
Hamaca
Es que el misterio empieza con una sacudida,
un shock de sombra que estremece la escandalosa iluminación de la
escena.
Otra probabilidad es que se sostenga en un zarpazo,
pero para eso el animal interior no debe estar amaestrado.
Al menos, algo de rugido debe conservar,
algo de toro enfurecido por la sangre.
Cuando digo “misterio” no me refiero solamente a tus ojos
o a la obvia pregunta sobre lo invisible,
salvo que lo invisible sea yo para tus ojos,
y ahí no hablamos de misterio, sino de olvido.
No: por misterio me refiero al estremecimiento, al vaivén,
eso que puede ser vals, aunque no solamente,
eso que puede ser sueño para despertar abrupto,
despertar de sirena, por ejemplo,
pero más de Odiseo que de ambulancia,
aunque para Ulises también hubieran sido misteriosos
esos colores rápidos, desatados al vaivén de la marcha,
al ulular de la luz contra la sombra, de la sombra contra la luz
y viceversa.
¿Y si el misterio no empieza?
Eso es lo inexplicable.
Ni sombra, ni luz, ni animal interior, ni esperanza, ni sangre.
Sólo una calma chicha, sobradamente conocida por otros navegantes,
los que anhelaron el misterio antes que el olvido,
pero recibieron el
olvido,
los que esperaron la gotita de sombra en la luz centelleante,
pero fueron
encandilados por el sol:
atados a su mástil, aguardando sus sirenas sin la suerte del griego,
mientras el mar los ahogaba, sin hamacarlos nunca.
| Pablo Queralt, Esteban Moore, Carlos Aldazábal |
Carlos
J. Aldazábal (Salta, Argentina,1974). Publicó los
poemarios La soberbia del monje (1996), Por qué queremos ser Quevedo (1999), Nadie enduela su voz como plegaria (2003), El caserío (2007), Heredarás
la tierra (2007), El banco está
cerrado (2010), Hain, el mundo selknam en poesía e historieta (con
ilustraciones de Eleonora Kortsarz, 2012) y Piedra
al pecho (2013). Su poesía ha sido reconocida con numerosos premios,
incluida en diversas antologías, y traducida parcialmente al inglés y al
italiano.
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Argentina,
Carlos Aldazábal,
Poesía
jueves, 10 de abril de 2014
Mario Pera: El emisario de Dyaus Pitar.
| Mario Pera |
¿Qué harás, Señor, cuando yo muera?
Soy tu cántaro (¿y cuando me quiebre?)
Soy tu bebida (¿y cuando me agrie?)
Soy tu traje y tu oficio;
conmigo pierdes el sentido.
Rainer María Rilke
Cada mañana,
cada Octubre de feria y
procesión
rezos y símbolos sagrados
evidencian que
el hambre y la sed no se
marchan con una alabanza,
no te liberan
nunca,
del abrazo desnudo de la
muerte.
Allí donde la ira de Dios
duerme ahíta
y oscila
como una barcaza que muerde
las aguas con frenesí,
dejo reposar tímidamente mi
cabeza
deseando pausar tanto dolor,
tanta desolación
que con cada crepúsculo
camina a rastras,
encadenada
bajo el dintel de mi pecho.
¡Oh Padre!, tú lo sabes bien
he sido la oveja más obediente
del rebaño,
tu hijo predilecto,
el ángel más pulcro y eficiente;
el canto que arrullaba a los cadáveres
cuando éstos despertaban hambrientos
picoteados por los buitres.
Incluso creé para ti
un paraíso guarecido
al interior de un duro roble,
lavé la sangre que tú esparciste
sobre las baldosas del edén,
¿y qué obtuve?,
¿cuál es mi recompensa?
Una retahíla de nonatos a quienes debo ahorcar
con una cuerda oxidada,
que tensa y estéril
azota las yemas de mis dedos.
Por ello, con cada sol cuento miles de cuerpos
que yacen tendidos en mi patio trasero
clamando venganza,
anhelando ser
la gota de ponzoña que me paralice;
el sable que
me fragmente y esconda
del amor de tus labios.
Es ahora que a ti acudo mi creador,
habiendo rendido mi entereza
permitiéndole descansar
a mi ego de ángel,
¿y cómo te encuentro?,
¿cómo es que me agradeces?
Observándome displicente sobre tu hombro
dándome la espalda y besando
a tu nuevo hijo querido:
Mashit;
y soy yo quien nuevamente
debe decidir la manera de ultimar
a aquellas ánimas sin carne,
y debe ejecutar fielmente
aquello para lo que tú usas finos guantes.
¿Qué he de utilizar entonces?
¿La espada?,
¿la seda?
Tras tantas muertes, ¡Oh Padre!,
puedo decir que por ti soy
hermano de la muerte.
Auto
de fe
Qué soy que no puedo
separarme de mis huellas
ni despojarme de mi piel
para empezar a vivir en carne viva
este abismo que crece tan ciego
raíz
de un arbusto
que
se entierra en su muerte
sin saber que fluye
por los otros caminos del planeta
hundiendo su tiempo
en el tiempo de lo divino.
Extraño la vida.
El Pensativo dirá que me escondo tras la sombra
de un caracol hambriento
o tras el andamio ampliamente
cansado
que mantiene en pie mi cuerpo
y avanza hacia atrás
con el corazón infartado de dolor, pero
toda flama arde por mi fuego
por mi ausencia
y besa conmigo este mundo
que ha nombrado con horror
¡mujeres de alegría tan distinta!
Como aquella que terminó por parirme
sin aceptar el consejo de su propia voz.
[sin
título]*
(…)
Impedir que la hoja caiga
no como una hoja
sino como un puñal,
no como un dolor
sino como un grito,
descolgarse como
sangre que brota de los huesos
imagen herrumbrada de un árbol que se hunde hacia sí mismo
que resbala desde su alma y arde,
bosque sin raíz,
caja de lápices que tras el verano
sigue la ruta de los charcos y se ensancha
ensancha
en
san cha
en un viaje
vertical,
ardor que serpentea en el vacío y no se aleja
como el gemido de un diapasón que en el invierno
endurece la tinta y la
palabra en nuestros dedos
Está todo perdido
Incluso este poema
en boca de los hombres
(…)
Y qué decir ahora,
qué dejamos al sendero
que nuestras huellas no evidencian
Qué ocultamos tan necesitados de perdón
entre burdeles, casonas e iglesias,
siempre con el gesto más agrio, más pulcro
y el placer del infiel
arrodillado en su cuerpo
como la verdad que corre
y avanza devastadora
montada sobre la negra voz de los hábitos
Mayor es aquí el dolor que en el mar
por cada cosa que abandoné a mi huida,
por todo lo que dejé caer de mi cabeza
siguiendo mis propias leyes
callado
en el desagüe
(…)
poesía
tierra en la tierra
llaga en la lengua
¿qué busco allí abajo?,
más abajo
¿qué busco?
¿La patria? ¿El cuerpo?
¿qué nombres vienen de ti con ese hálito asesino?
Padre César
Padre Adán
Padre Westphalen
todos en el vacío del otro
en la humedad del único grito que late en su centro
me atraviesa y,
sin embargo,
el mismo barro imposible que se seca sin final
como el hedor de un sol eterno
que cava su calor apretado en mi frente
(…)
un grito que fue,
que será,
que se encostra en mi garganta y crece
como una estría que se desgarra en el silencio.
Lo diré otra vez,
hierve la tarde en mi ojo de esclavo y cuervo,
pues Lima es un cuervo
y nos desholla
Así se ha hundido esta enfermedad en mi cuerpo
amarrada a mis huesos como una cáscara en salmuera
quilla curva que abre los años y otros tantos días
de estar y no ser
como el aire espeso en el aliento
del orate
y las infinitas voces
que armaron este laberinto de edificios jardines plazas
y gente que se atropella, nace y muere entre niebla
nace y crece como raíz que se expande
y nunca se acaba
(…)
* Estos fragmentos
pertenecen a un poema río inédito y aún sin título.
MARIO
PERA (Lima, Perú, 1981). Escritor, diseñador gráfico y
abogado. Ha publicado en poesía Preparaciones
anatómicas (2009) y Ruido Blanco
(2011) y, en ensayo, Fare l’America or
learn to live in it? Italian immigration in Peru (2012). Ha sido editor del
sello Magreb.
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Poesía
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