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martes, 25 de octubre de 2016
martes, 18 de octubre de 2016
lunes, 17 de octubre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
Correo Argentino: Reclamo
Sr.
Presidente del Correo Argentino
Jorge
Irigoin
S
/ D.
De
mi mayor consideración:
En
el día de la fecha, como lo hago
semanalmente, he visitado la sucursal 1428 de esta ciudad, para retirar la
correspondencia que me llega a mi casilla de correo Nº 16.
Para
mi sorpresa he recibido 2 notificaciones del Correo Argentino respecto de un
envío del exterior. Envío Internacional Entrante XGR030992724AR (código de origen
Estados Unidos de Norteamérica). El mismo ha sido clasificado dentro del régimen “Puerta a Puerta”.
Deseo
comunicarle por este medio al Sr. Presidente del Correo Argentino que no he
realizado ninguna compra en el exterior y que seguramente el envío de
referencia sea un libro o libros enviado por colegas norteamericanos que me
asisten en una investigación que realizo sobre literatura norteamericana contemporánea
y que me son de extrema necesidad. Los mismos no tienen valor comercial y
solicito me los envíen a mi casilla de
correo.
Hoy
desde las 15 horas he pretendido comunicarme con “Atención al Cliente” y luego
de las largas instrucciones de una voz grabada y largas esperas no he podido
comunicarme con ningún operador, con ninguna voz humana.
Le
ruego cristianamente al Sr. Presidente que me empolle este huevo, un pequeño
paso para terminar con el Gulag Burocrático en el que vivimos.
Esteban
Moore
DNI
10555212
edmundokirk58@gmail.com
Buenos
Aires, 13, octubre, 2016.
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Jorge Irigoin,
Reclamo
miércoles, 12 de octubre de 2016
Lawrence Ferlinghetti: La poesía moderna es prosa
![]() |
| Lawrence Ferlinghetti |
Estoy hojeando
una gran antología de poesía contemporánea, y pareciera ser que “la voz que es
grandiosa en nuestro interior” suena en nosotros mayormente como una voz en
prosa, sin embargo se halla dispuesta en la tipografía de la poesía. Esto no
quiere decir que sea prosaica o no tenga
profundidad, esto no quiere decir que
esté muerta o muriéndose, o que no sea
agradable o que no sea bella o que no
esté bien escrita o que no sea ingeniosa o valiente. Está muy viva, muy bien
escrita, bonita, “vivaz prosa —prosa que se mantiene de pie sin las muletas de
la puntuación, prosa cuya sintaxis es tan clara que puede ser escrita sobre toda la página, en formas abiertas y campos
abiertos, y ser todavía, transparente, prosa muy apreciada. Y en la tipografía,
el intelecto poético y prosaico se enmascaran en el ropaje de uno y otro.
Caminando
a través de nuestros edificios en prosa en el siglo XXI, cualquiera puede mirar
hacia el pasado y maravillarse ante esta época extraña que le permitió a la poesía caminar en los
ritmos de la prosa y aún denominarla poesía. La poesía moderna es prosa porque
suena tan apagada, sumisa, como cualquier mujer u hombre en las ciudades cuya fuerza vital
está sumergida en la vida urbana. La poesía moderna es prosa pues no tiene
demasiado duende, oscuro
espíritu de tierra y sangre, no
tiene el alma del canto oscuro, ni pasión por la
música. Al igual que la escultura moderna, ama lo concreto. Como el arte
minimalista, minimiza la emoción, se inclina por una ironía implícita, discreta, y una insinuada intensidad. Como tal es la
poesía perfecta para el hombre tecnocrático. ¿Pero en cuántas ocasiones esta
poesía se eleva sobre el mezquino nivel del mar de su burbujeante chatura? Ezra Pound en una ocasión decantó su opinión
que sólo en tiempos de decadencia la poesía se separa de la música. Y es así
como termina el mundo, no con un canto
sino con un lloriqueo.
Hace
ochenta o noventa años, cuando todas las
máquinas comenzaron a zumbar, casi (como parecía) al unísono, ciertamente el
lenguaje del hombre comenzó a ser afectado por el absoluto staccato de las máquinas. Y
la poesía de las ciudades amplificó
esto. Whitman era un remanente del pasado, entonando el Canto a mí
mismo. Y Sandburg, otro, cantando sus sagas. Y Vachel Lindsay acompañando el canto con ritmos de tambor. Y
más adelante estaba Wallace Stevens con su armoniosa “música ficta”. Y estaban Langston
Hughes y Allen Ginsberg, salmodiando sus mantras, cantando a Blake. Hay otros
todavía en todos lados, poetas del jazz y poetas acompañándose con instrumentos
de cuerda y plañideros llorones en las
calles del mundo, haciendo poesía de lo urgente insurgente. Ahora, poesía del
inmediato yo del instante, el encarnado carnal
yo (como D.H. Lawrence lo llamó).
Pero la
mayor parte de la poesía fue atrapada en el tipo caliente del linotipo y ahora
en el tipo tan frío de la computadora. No hay canto entre
los tipiadores, no existe el canto en nuestra arquitectura concreta, nuestra música concreta. Y los ruiseñores todavía pueden
estar cantando en las cercanías del convento del Sagrado Corazón, pero apenas
podemos oírlos en las tierras baldías de T.S. Eliot, ni en sus Cuatro cuartetos (que no pueden ser
ejecutados con ningún instrumento y aun así son la prosa más bella de nuestro
tiempo). Tampoco hay canción en la baldía prosa de los Cantos de Ezra Pound,
pues ya que no son cantos pues es
imposible cantarlos. Ni en la prosa pangolín de Marianne Moore (que
definió su escritura como poesías a falta de un nombre mejor).
Tampoco en la gran prosa en verso blanco de Karl Shapiro hallaremos el canto,
ni en el lenguaje más allá de los límites de la urbe de William Carlos Williams
, no lo encontraremos en el plano
lenguaje de su Paterson. Todo esto es
aplaudido por lo aplauden los profesores de poesía y los reseñadores en todos
los mejores lugares, ninguno de los cuales cometerá el pecado original de decir
que la poesía de algunos poetas es prosa en la tipografía de la poesía
—tampoco los amigos del poeta nunca se
lo dirán, tampoco los editores del poeta
jamás se lo dirán—es la más estúpida conspiración del silencio en la historia
de las letras.
La mayor
parte de la poesía contemporánea es prosa poética pero está diciéndonos
bastante, es un ejemplo de la muerte del
espíritu a la que nos está sometiendo la civilización tecnocrática, enredada en
máquinas y nacionalismos machos, mientras algunos continúan anhelando la
presencia de algún ruiseñor entre los pinares de Respighi. Es el pájaro
cantando lo que nos brinda felicidad.
(en Poetry as Insurgent Art)
Versión Esteban Moore
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Poesía
miércoles, 5 de octubre de 2016
Nicolás Olivari: Antiguo almacén “A la ciudad de Génova”
![]() |
| Nicolás Olivari |
Antiguo
almacén “A la ciudad de Génova”
de
Cangallo y Ombú.
Tu
recuerdo se viene en pareja
con
el recuerdo de mi lejana infancia
mientras
un cuarteador criollo
—malevo
y picaflor—
cuarteaba
la cucaracha que
iba hasta Boedo y Europa
o
sea: el fin del mundo.
Y
cuando el General Don Julio Argentino Roca, en coche,
inauguró
la máxima cloaca
que
en su entraña Cangallo encierra.
Te
recuerdo en las vueltas del coperío
de
tu coro de borrachos,
apilados
al estaño de tus mostradores
donde,
en una losa, triste como mi infancia,
—verdinegra
de codos y de malas palabras—
había
esta cuarteta:
“Si
las Casas introductoras
Me
fiaran las cuentitas
yo
también a mis amigos
les
fiaría las copitas”.
(¿Dónde
estás, François Villon, linyera o atorrante
que
a tu inspiración libraste un alcohólico instante?)
Te
recuerdo, Cangallo y Ombú,
esponjada
mi memoria en la fiebre de mis muchos males,
porque
yo estaba siempre enfermo
—los
umbrales de Cangallo han recogido todas mis fiebres—
mis
ardores de lagarto acurrucado al buen sol del 905,
sol
que fue mejor que el del Centenario para mis raquíticos huesos…
Te
recuerdo Cangallo y Ombú:
¡Mi
madre era entonces tan joven y tan bella!
—La
más hermosa de todas las mujeres—
Me
acunaba con La Morocha.
Fue
la primer palabra argentina que escuché en el dulce dialecto
de su boca:
“Yo soy la morocha,
la más agraciada…”
¡Cangallo
y Ombú!
Si
sos toda la urbe del recuerdo,
si
estás reventando de nostalgia,
como
reventaban los claveles detrás de la
oreja del malevo Julio,
el
que mató al cabito Ibañez. Como reventaban
los
balazos en el atrio de Balvanera en las bravas elecciones nacionalistas,
cuando los Vásquez, con su botín elástico
y el bolsillo hinchado de patacones
remataban
libretas en el comité de la vuelta,
donde
yo acudía con los ojos agrandados por el espanto electoral,
llevado
de la mano por mi tío,
el
dueño del “Antiguo almacén de Génova”,
que,
imperturbable y gubernista,
vendía
la caña de durazno al comité.
El
entierro del General Mitre
preludió
las primeras manifestaciones socialistas,
y el coro de “La Internacional”
—exótica, cosmopolita y bárbara
como una gárgara de
grapa.
Cangallo y Ombú
yo he visto que por tu
esquina desfilan las sombras desfondadas
a puñaladas
con un boquete en el
pecho y en la frente una greña aceitada…
Los malevos, los
italianos
buenos y borrachos
de mis recuerdos.
Miquelín, grande como
una estatua,
que se iba a la cosecha
y volvía rico dos semanas
—apenas para pagar la
vuelta a todo el barrio—.
Mientras le duraba la
plata cantaba,
cantaba las lejanas
canciones milanesas de su tierra
y hombreaba recuerdos
como hombreaba cereal…
Pero cuando era inútil
pedir fiado
empezaba a hablar mal.
Tenía el vino malo y
maldecía de la Virgen, Nuestra Señora,
con feroces palabras que
deglutía mi avidez porteña.
Trémolos compadrones de
cuarteadores
y cinchadas de vascos
lecheros junto al boliche.
Figuritas de cigarrillos
Vuelta Abajo
y puchos de Brasil.
En esta mezcla gateó mi
infancia
y desde allí me vino
este amor tan grande que te tengo,
¡Buenos Aires!
Buenos Aires, loma del
diablo, Buenos Aires, patria del mundo,
Buenos Aires, ancha
larga y grande,
como aquella primer
palabra en argentina que le oí a mi madre:
“Yo soy la morocha
la más agraciada…”
¡Buenos Aires morocha de
río, de hierro y de asfalto!
¡Buenos Aires! Si seguís
siendo la más agraciada de todas la poblaciones.
(En Antología Poética Argentina,
compiladores Jorge Luis Borges, Silvina
Ocampo, A. Bioy Casares, Sudamericana, Buenos Aires, 1941.)
Nicolás Olivari (Buenos Aires
1900-1966). Poeta, cuentista, letrista y guionista de radio y cine.
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Nicolás Olivari,
Poesía
Federico Spoliansky: Fragmentos de ATLÁNTOV
![]() |
| Federico Spoliansky |
Qué
sol, qué superficie puede albergar al corazón de un alcaucil. Atrapado en un
remolino de Aceite, como si disfrutara chupado, como si le hubieran dicho que
Aceite, Disney y el Chavo son del mismo palo, el alcaucil muere, no de un
síncope.
Presente:
el brillo de una burbuja.
A
todos los verbos los atraviesa una luz.
A
cada verbo lo atraviesa cierta luz.
Anoche
había tres marías
Santa
Niña Pinta
por
la mañana un estuario.
El
mar hace lo suyo, indiferente hace lo suyo; tiene todo presto, agendado, no se
toma vacaciones ni pega el faltazo; permanece. Abierto todo el año.
Bach
nunca abandonaba el bajo continuo.
Bach
no se abandona en el bajo continuo.
La
vizcacha va por el monte, deslizándose, deslizándose pegada a la tierra, va
soldada, la vizcacha montesa del Sur.
El
agua inquieta mueve aguas.
El
cuerpo cantante no olvida, rescata del italiano: Vibrare.
Federico
Spoliansky (Buenos
Aires en 1970. Posee un Master in Filmmaking (London Film School & London Metropolitan
University, Inglaterra). Es Licenciado en Psicología (Universidad de Buenos
Aires). Ha publicado Duda Patrón (Editorial Alción, 2010) y El
Agujero (Ediciones de la Florida Blanca 1995). Recibió el Primer Premio
Nacional Iniciación de Poesía, Secretaria de Cultura, Ministerio de Cultura y
Educación de la Nación (Bienio 1991-1992), el Primer Premio del XVII Concurso
de Cuento de la Municipalidad de Puerto Madryn (con el Subsidio del Fondo
Nacional de las Artes, 1994).
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Federico Spoliansky,
Poesía
lunes, 26 de septiembre de 2016
viernes, 23 de septiembre de 2016
Pablo Montoya: Ginastera
![]() |
| Pablo Montoya |
La pampa es
una palabra que todo lo nombra. Un eco de confrontaciones
entre bárbaros y
civilizados. Tierras desprovistas de árboles y colinas.
Amaneceres que remiten
a la embriaguez expansiva de un dios infantil.
Sus hombres
que aman el trabajo y el valor. Y las mujeres fieles y las
nostalgias
provocadas por los atardeceres. Cuántas veces me he recostado
en esta pampa
hecha de timbales, cornos y contrabajos en crescendo.
Praderas que
se parecen al pedazo de cuchillo que un muchacho blanco,
vuelto indio
durante años, encontró en un resquicio de su casa no olvidada.
Cuántas veces
imaginé llanuras sin límites en las cuerdas del violín . Las
vacadas cruzando la distante prolongación de las gramíneas. Pero hay algo
en esto forzadamente grandioso. Los matices nacionalistas. La
rimbombancia patriótica. Esa pretensión de hallar una identidad que poco se aviene
con la
tierra cuando el hombre es apenas un esbozo sobre ella. Cómo
sería la pampa
sin los hombres. ¿Las
noches sin que los ojos de nadie puedan contemplarlas?
Prefiero acomodarme en el sillón. Aquí en esta chimenea de Envigado Y escuchar
Prefiero acomodarme en el sillón. Aquí en esta chimenea de Envigado Y escuchar
la Canción al árbol del olvido. Sentirme protegido en su
desposeimiento.
Sabiendo que la ausencia del amor es más perenne que cualquier
celebración telúrica.
Sabiendo que la ausencia del amor es más perenne que cualquier
celebración telúrica.
Pablo Montoya (Barracabermeja, 1963,
Colombia) Poeta y narrador. Ha estudiado música y luego letras. En 2015 obtuvo
el premio Rómulo Gallegos por su novela: Tríptico de la infamia. Reside en
Medellín.
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