martes, 10 de marzo de 2020

Beatriz Arias: Poemas






Beatriz Arias



















Porque solo el amor salvará el retazo del día
incalculable, no hay signos, ni cifras, ni señales.
Solo la vibración desde su lámina tibia, desde
su espuma impecable que sube por el cuello de plata
de todos los relojes. Y se pronuncia, se inflama,
se establece. Se ordena en las sillas, se anuda
en la cintura de la luz, respira con el nombre
del mar, porque se sabe eterno.

*

La noche se alarga en el insomnio
mientras palpita el cuerpo del reloj y gira.
No hay más que un libro en la desierta mesa
y sigue su curso la ruta de la vida.

El hombre carga su mortal designio.
No sabremos nunca las fechas en el tiempo
del juego infinito, indescifrable,
que avanza y retrocede
en el tablero milenario.

*

Asisto al milagro de la vida
y me rodeo de las continuas voces
para herir los pasos del silencio.
Busco la mano del sol,
huyo de la nieve,
contemplo la lluvia
como a una perpetua compañera.
Me detengo en un puerto imaginario
donde parten los barcos que se alejan…
Qué tristeza los barcos que se alejan!
Pero marca las tres
el escandaloso reloj
de la profunda noche.
Regreso tímidamente a los espejos
para buscar en un gesto íntimo
una sonrisa leve,
una lágrima huérfana.




Beatriz Arias (Buenos Aires, 1951) Docente de Lengua y Literatura y de idioma Francés. Coordinadora del café literario “El Circulo” y conductora del programa radial “El Circulo”. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Pájaro en fuga (2007); Ajedrez 1 (2012); La llovizna leve (2015).








sábado, 7 de marzo de 2020

Ricardo E. Molinari: Barranca Yaco




Ricardo E. Molinari (Buenos Aires, 1898-1996)


















Entre las ramas están gritando  los cacholotes;
los árboles arañan estas secas tierras,
estos barrancones y cegados ríos,
a los que insensible llega la lumbre y desciende el aire
                                                                 /sin mover una hoja.

Desde el sol del mediodía venimos renovando la sed,
y ya bebemos el agua de las cisternas con sabor a iguana,
                                                              /a encerrada. Y llegamos,
y vuelan las cotorras en lo  alto de los espinillos y los talas.

¡Y fue frente a estos montes, donde a Facundo le huyeron
          el alma como un pájaro que se retira sobre las hierbas!

Ha parado el viento; y recogemos unos claveles del campo
           y los juntamos a una ofrenda del camino.
Acallados,  quizás recen ellos; yo; con los pies, acerco
           unas piedras brillantes a las flores.

Y sentimos atravesar el tiempo, los pájaros, en la largura
            y claridad del cielo.

¡Barranca, Barranca Yaco!

                                                                                 Jesús María, Córdoba, abril de 1953.

martes, 3 de marzo de 2020

Vera Pedrosa: Poemas


Vera Pedrosa
















Del aire

son ciudades del jaguar
selvas del puma
matas y sierras
que antes abrigaron
a la serpiente emplumada
monarca en el aire y en el inframundo

al norte son narvales sus dientes
artefactos de marfil canoas de inuits
hielos flotantes
y en el entorno
mares verdinegros
perdiéndose de vista


The Black-jack Gypsy

desviaba caballos
les susurraba palabras que sabía
y lo seguían a trote por la portería
era moreno y bello

lo observa
solamente de un lado
te descuidabas
y quedabas para siempre entre los de él
a vivir en la caravana
que se llamaba Jasper

quien hace siglos lo siguió
fue noble dama
que abandonó conde y castillo
y guantes de la más fina confección
delicados guantes de pelícano blanco


Tela

un collar de ámbar
calienta el cuello blanco
el retrato es plácido y espectacular
mangas de satín
accesorios de oro y encajes
brazo pausadamente erguido

como describir un cuadro
mundos dichos al contrario
manchas de color figuras
trazos vistos como signos
trucos oscuros
una tela un rastro de trazos

si la palabra confunde
el mirar no miente
acepta rechaza
si ve lo que se ve


Dádivas

se abre un prisma
en la mano extendida
irradia

el plano evoca voces palmas cadencias
risas palabras gratas

una ventana se abre al viento
se abre al perene día
al incendio
al desdoblamiento permanente
de la cosa continua

se abre la ventana a aguas serenas
a la vorágine
a vertederos y estuarios

la distancia se revela en la planicie
un campo ilimitado
que la aurora abre

[de A árvore aquela, San Pablo, 2015]


Edificio

Veo en la postal del puente
aquella luz blanca muy brumosa
y de repente me vi
delante del mismo edificio blanco
cuerpos separándose
en la brisa marina.

[de Eloisa Buarque de Hollanda, 26 poetas hoje, San Pablo, 1976]

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020.

Vera Pedrosa (1936) nació en Río de Janeiro. Hija del reconocido periodista, crítico e histórico militante trotskista Mário Pedrosa, pasó parte de su infancia en Estados Unidos. Se licenció en Filosofía. Fue parte de la llamada “generación mimeógrafo” de la literatura brasileña. Ejerció el periodismo, sobre artes plásticas, y la actividad diplomática.
Es autora de los siguientes libros: Poemas (1964), Perspectiva Naturalis (1978), De onde voltamos o rio desce (1979) y A árvore aquela (2015).

lunes, 24 de febrero de 2020

Adriano Eysen: Poemas





Adriano Eysen

















Instante

Tu desnudez
me corta hecho cuchillo

y tu calor
contrarresta como el mar
y avanza en mi pecho.

En la calle, sobre los tejados
algunos gatos pardos
encienden amores nocturnos.


Cicatriz de silencio

Un fósforo dentro de la noche
raspa el rostro
oscuro del hombre.

Y un murciélago
cicatriza el silencio
que se retuerce dentro del niño.

El hombre y el niño
son dos puñales
que cortan mi piel.


Paisaje visto desde la ventana

La ciudad es un puñal
que amanece rasgando
en el pecho del hombre
huellas de automóviles.

Y filetes de sol
rasuran los párpados de los transeúntes
que vomitan
sus primeras angustias.

La ciudad es una navaja
que sangra al hombre
donde moran dioses
y antiguos demonios.


El obrero malabarista

El obrero se balancea de un lado a otro
entre caños y andamios
y sus herramientas
borran el silencio del fin de la tarde.

De lo alto, la voz se choca
con los automóviles que pasan
bajo un mirar desatento
que viene a posarse en frías columnas.

El obrero escenifica la caída
en los escombros de los pensamientos
en cuanto sus manos ásperas
levantan ladrillos para proteger a otros hombres.


Paso del tren

Me recojo en el silencio
para tantear mis angustias
y un tren prosigue en mí
dejando de lado los breves años
que saltan de los engranajes.

Me acuesto, y la máquina sigue.
Tren que pasa y ya en la plaza
los adioses sin avisos
tardan sobre los caminos
y se funden los herrajes.

Tren sin carga, lento tiempo
y algún lamento
de antiguas mañanas
que arden en este cuarto.

[de Cicatriz do silêncio, Bahía, 2007]

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020.


Adriano Eysen (1976), nacido en Bahía, es poeta, crítico y profesor universitario. Entre otros
proyectos, participó de una Colección de Cuentos de Machado de Assis, y otra de Poesías de Carlos Drummond de Andrade.
Publicó, entre otros títulos, Imagens de Sertão na poética de Castro Alves , Cicatriz do silêncio, Assombros solares y A lírica da ausência na poética de Álvaro de Campos e Mário de Sá-Carneiro.



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sábado, 15 de febrero de 2020

Damário Dacruz: Poemas



Damário Dacruz






















Caja negra

Soy un hombre.
Por lo tanto,
más que palabra.

No pronuncio
el sentimiento
sólo como palabra.

Lo que fue dicho
al atardecer
no se confirma
en la madrugada.
Lo que fue visto
en el sueño
no se confronta
con la realidad.

Soy un hombre.
Por lo tanto,
una sorpresa.


Vuelo certero

Cada
pájaro
sabe
la ruta
de retorno.

Cada
pájaro
sabe
la ruta
de sí.

Cada
pájaro
en la ruta
se sabe
pájaro.


Olé

Cuando en la arena
un toro me mata
no me socorran,
pues nadie socorre
al toro cuando lo mato.

                                      [de Hombre revelado ]

Pronóstico del tiempo

¡Ningún
día es triste!
Somos nosotros que llovemos
a la hora errada.


Navegante

De mí
exijan poco...

Pues el tiempo
que me queda
es una loca búsqueda
de cómo atravesar
EL SOL...

                                       [de Tiempo reinscrito]

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires 2020.



Bahía, EPP, 2003
                                                                


Damário Dacruz (1953-2010), poeta y fotógrafo, nació en Salvador de Bahía. Se graduó en Periodismo y obtuvo un posgrado en Comunicación. Recorrió más de 20 países, fotografiando y escribiendo. Por ambas actividades recibió premios. Creó “Pouso da Palavra”, espacio de arte y cultura en la ciudad de Cachoeira.
Publicó, además de varios volúmenes de poesía, más de 30 pósters-poemas, con más de 100.000 ejemplares vendidos. Algunos títulos de sus libros: Todo risco, o ofício da paixão, Observatório central, Vela branca, Re(sumo), O amigo e o poeta.



lunes, 10 de febrero de 2020

Yehuda Amichai: La piedra del Amén







Yehuda Amichai






















Sobre mi escritorio hay una piedra con la palabra Amén
                                                      escrita sobre ella
un fragmento triangular de piedra de una lápida de un cementerio judío
                                                     destruida hace ya muchas generaciones.
Los otros fragmentos, centenares y más centenares,
fueron esparcidos aquí y allá desordenadamente, un gran anhelo,
                                                      un deseo sin fin, los invade:
el nombre de pila en la búsqueda del apellido de la familia,
la fecha de muerte que brinde el lugar de nacimiento
                                                      del hombre muerto,
el nombre del hijo  que  desea localizar el nombre del padre,
la fecha de nacimiento que  busca reunirse con el alma que desea
                                                      descansar en paz.
Y hasta tanto no se hayan hallado una y otra
no alcanzarán el descanso perpetuo.
Únicamente lo logra esta piedra que descansa en calma sobre mi escritorio
                                                     y dice “Amen”.
Pero ahora con amorosa bondad un buen hombre, un hombre triste,
limpia cada una de las  manchas de cada fragmento, los fotografía, uno por uno,
los coloca ordenadamente sobre el piso de un gran salón,
reconstruyendo  la lápida, hace de ella nuevamente lo  que fue,
                                                     pedazo a pedazo, fragmento a fragmento,
como la resurrección de los muertos, un gran rompecabezas. Un juego de niños.
Amén. Así sea.


 Versión Esteban Moore: de la versión del hebreo al inglés de Chana Bloch.

Yehuda Amichai (Würzburg, 3 de mayo de 1924 – Jerusalén 22 de septiembre de 2000)
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