martes, 2 de noviembre de 2010

Silvia Camerotto: Poemas.

Silvia Camerotto





X

¿A qué crimen no fuerzas el corazón del hombre, maldecida sed de oro?
Virgilio


Has visto el sumidero
el altar de los manes en tu cocina
las mujeres corriendo con la voz pegada a la laringe.
En esta ciudad los cables son aéreos
y las armas victoriosas engañan.
La norma de los indomesticados, dirías.
Diez pasos antes de que la población
regrese a casa, el camión cisterna se detiene
frente al edificio.
Tenemos que llegar a tiempo
para honrar al que yace en la vereda.
Los plátanos nunca estuvieron más solos.


Inédito


De otras fuentes nos nutrimos
De las fiestas de Baco o de Babette
Bajo el encanto de una ristra de ajos
agotamos los cuerpos
Acaso no era obvio que cualquier motivo equivocado
conduce a la persona equivocada?
Ni los años ni la supresión de los años
ni el modo de apoyar sobre la mesa cada cristal inútil
La casa a duras penas
La absurda trascendencia
No fue lo mismo decir la virtud que hacerla
La aristocracia de la felicidad
debajo de las uñas.

Inédito



Música
Why should calamity be full of words?
Shakespeare, Richard III


Tocaste un subdominante en fuga
Mi pelo de mujer descansa sobre tu almohada:
el punto de reposo de la duración de las figuras
en tu espalda
en los artefactos del baño
en la pintura blanca del techo
Después de más de treinta años
la connivencia se convierte en gesto de triunfo
Vinimos de lo que somos
no del pollo que almorzamos esta tarde
no de las flores que enviaste
no de la utopía formal con que me sacás la ropa
sino de la alegoría de la rosa
de la aburrida música de Mozart
de la calamidad de los cuerpos.


Inédito



Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, Buenos Aires, 1959). Poeta, traductora y docente. Administra el blog De sibilas y Pitias (http://desibilasypitias.blogspot.com).  Publicó 420 minutos de abstinencia (2008) y participó en Argentarium, volumen que reúne versiones en castellano de los poemas breves de Ezra Pound. Realizó traducciones para el número especial de la revista Ñ que se presentó en la Feria de Frankfurt 2010.



viernes, 29 de octubre de 2010

Enrique Solinas: Magnificat y otros poemas.

Enrique Solinas



 
Magnificat

Hoy desperté y mi cuerpo
tenía olor a flores,
a perfume de orgasmo y alegría.

Los animales obedientes acompañaban
el transcurrir violento y ciudadano.
El tráfico en las calles se partía en dos
cada vez que deseaba cruzar
hacia la otra orilla.

Voces diversas escuché
y entendí todas las palabras del mundo.
Dos marcas rojas en mis manos
anunciaron la transformación.

“Soy santo”, me dije, “soy santo”.

“En el exceso de la muerte
        y la vida
está la redención.


Sparkly Darkly

Estrella negra,
luz del color del cielo.
Como quien hace el amor
hasta la muerte,
cantaré la oración
de los desesperados;
hasta que goce,
hasta que duela cantaré.

Es tiempo de palabras, de mentiras
lo suficientemente fuertes
para sobrevivir.

Es tiempo de silencio,
la otra forma de pedir perdón.
           

El Doble

Ese hombre que está sentado frente a mí
es apenas un reflejo
de lo que soy.
Tiene mi voz atrapada en su garganta
-y sé que es personal -
como si alguien lo hubiera autorizado
a dejarme mudo.
Transcurren sus días en mi contemplación.
Sabe más
de lo que yo comprendo.
Ese hombre que está sentado frente a mí
sonríe, acomoda su pelo
y espera a que me duerma de una buena vez
para ocupar mi historia.

Ahora
observo que se aleja, sin mortificaciones.
Ahora:
parte como quien regresa
  de un largo sueño.
Y es tan simple,
tan vacío de significación,
tan elegante, tranquilo y eficaz,
que da gusto verlo cada vez,
regresando hacia mí,
abriendo
          las puertas de la muerte.


Escribir

Torpe la voz, el viento
enuncia la palabra plural,
la conversación del solo.

A fracaso y verdad
se intenta
escribir sobre aquello
que no
cambiará el mundo.

A duda y obstinación.

Aquí,
los sustantivos duelen
como duelen los muertos
perdidos.

Si aquí,

al fin y al cabo,

el poema soy yo.


Darkish

Pinta, pinta, pinta,
las palabras que no
debemos decir.
Ya no hay tiempo,
sírvame
un poco de silencio
en la copa,
amigo mío,
un poco de sombra y luz;

sírvame
algo de soledad
que siempre sobra;

una casa de hierba
dentro del corazón;

un ramo de palabras
para no morir.


Bucólica

El olor de tu cuerpo, amigo mío,
me recuerda al color de la infancia.
Una pradera con demasiado sol
cuando no estoy triste,
cerca del río
en donde alguien dibuja mi ciudad.

Nada es tan importante ni inocente
como pensar en un día perfecto:
vaca y pasto,
los pájaros que nos sobrevuelan
como a San Francisco;
algunas flores,
sendero de amapolas;
el cielo quieto y azul,
como de utilería.

Sé que pronto ya no estarás aquí.
Todo es inmediato.
Sé que pronto
te ocultarás detrás del sol.

Disfrutemos ahora de este día,
que el mañana no es cierto.

Brillemos como el agua en la noche,
tan sólo para la memoria.

La patria

Triste canción, pequeña,
tan fugaz,
herida abierta a las ciudades,
pueblo,
               corazón sin rumbo.

Reina plateada de corona ausente,
sumergida en las aguas
que ocultan la razón.
La pastilla de la felicidad
es un barco que navega
el territorio mudo.

Todos los padres te golpean
y no piden perdón.
Todo tu cuerpo es un gran río
que cambia de discurso.

Y entre el asfalto y las estrellas y el desorden,
nos queda la canción:

callado sueño vacío
bajo el barro de la desesperanza.

Y nuestro rezo,
única y amordazada voz,

temblorosa,

                      desnuda.


Las tumbas

Titila la oscuridad como una lámpara
en mi cara dormida.
Pronto, pronto se abrirán las puertas para que huyan
las palomas del centro de mi cuerpo.
Tiembla todo
y en su temblor el viento negro avanza
para ocupar el bosque de la historia,
el territorio devastado de la soledad.
Tiembla todo
y en su temblor el viento negro nos muestra
el corazón vacío de la esperanza.

Pronto, pronto cerraré los frascos donde guardo
con pasión la memoria de los muertos.

Pronto, pronto:
cada cosa perderá su significado
y las palabras serán
barcos de luz
que se dirigen hacia la luz.


El Rostro de Dios

Esa mujer,
extendida hasta nunca debajo de la sábana
no muestra signos de respiración.
Apenas es el resto de una imagen,
el personaje principal en bastidores
no disponible para despedidas.
Hacia los costados,
sus brazos se alargan y tocan el infinito.
Las manos se apoyan en oriente y occidente
sin ganas ya,
          sin intención.

Descorro la sábana y al mismo tiempo
vuela una mosca como ninfa sorprendida.
He aquí la cuestión:
sus labios entreabiertos y la piel extraña
contrastan con el gesto de una sonrisa,
y el único signo de vitalidad
es la mosca
que ha bebido toda su respiración.

Si la mujer sonríe es porque sabe algo
que nunca terminó de decir.
Si la mujer sonríe
es porque nos ha engañado
y nunca sabremos el motivo.
Pasa el tiempo como la vida pasa,
como pasa lo bello y lo triste.
Luego la abrirán en dos
para saber la causa de su fallecimiento.
Luego,
su rostro cambiará y será otra,
alguien desconocido.

Ahora sé que éste es el rostro de Dios:
una mujer que se va y la mosca que sonríe,
compartiendo la misma despedida.
Tan sólo nos queda
cubrir el cuerpo de la desesperanza
y contemplar el aire de la noche,
fatal y divino.


     a mi madre, in memoriam


Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969). Poeta, narrador, periodista y crìtico.   En poesía  dio a conocer: Signos Oscuros (1995), El Gruñido (1997), El Lugar del Principio (1998), Jardín en Movimiento (2003) y Noche de San Juan (2008). En narrativa publicó el libro de cuentos La muerte y su conversación (2007). Ha obtenido diversas distinciones a su obra: Premio Nacional Iniciación Bienio 1992/1993, Secretaría de Cultura de la Nación, Premio Dirección General de Bibliotecas Municipales de Buenos Aires 1993, Mención en los Premios Municipales de la Ciudad de Buenos Aires a la Producción 1994/1995, Subsidio Nacional de Creación de la Fundación Antorchas, Concurso 1997 de Becas y Subsidios para las Artes y el  Premio Estímulo a la Creación año 2000 de la Secretaría de Cultura de la Nación. 

Lucía Borsani: Poemas.

Lucìa Borsani


MUSAS CERO

El amor está golpeándome de a poco
y yo en el suelo
a escaso margen de su sarcástica
                                    lente de aumento

es que me han dejado las musas amarrada
a su falta total de letra
a su irónica condición de musa en obra
sin casco.


MUSAS II

Puedo verlas.
Llevan la sonrisa que necesito para escribir sin sombra
clara la voz / la carcajada al viento
traen para mí sus papeles blancos
encienden la luna para que alumbre nueva
la piel para contener mi fuerza
mi nombre de poeta
la palabra.


ÚLTIMAS  MUSAS

Han pasado como turistas
por mi respiración cortada
gritando vivas
en el laberinto oscurísimo
de los versos.

Ebrias de palabras
no han podido abrir
la puerta de la mañana
la última musa que encienda la luz
eterna es la noche y se han quedado en mí
vestidas de dueña y señora las muy esclavas.


BOSQUEJO DE PUNTO

En el Universo finito o infinito
soy un bosquejo de punto
con nombre y apellidos
espero la orden de regreso
al lugar de los lugares
al Átomo Padre
mientras tanto
me preocupo en un tiempo de humo
de asuntos sin sustancia
de futuros extraños
mientras tanto
y sólo en momentos de gran lucidez
reniego de mi nombre
y me río hasta que duela.


Lucía Borsani (Paysandú, Uruguay, 1971). Ha publicado:Loca por la luna (2005) y Vestida para salir (2010) y participado de diversas antologías.



Indran Amirthanayagam: Poemas.

Indran Amirthanayagam


 
Al filo de la lectura


Anoche fumé
un pucho
acariciando

un micrófono
al lado de
un tocadiscos.

Quería dar cuerpo
a la expresión facial
del poema,

 yo, a punto
de saltar
de los cuarentas

con una actitud
de tío,
hermosos

son los niños
que creen
en el arte,

en romper
las esquemas,
poner en escena

el lenguaje,
junto con
su tío extranjero,

voceador
del camino
a Itaca,

poeta beat
con panza
en el lado oscuro

de la tierra,
anoche,
leyendo poemas.     
  

Casa Americana

No le voy a hacer caso a los abogados de la poesía del lenguaje,
no escribiré lo que ellos me autoricen, soy independiente, pequeño
productor, dueño de una micro empresa. Soy el que alimenta la retórica
de los políticos, el hombre común y corriente pero innovador, que sabe
cómo ganar la vida ofreciendo un servicio al florecer una milpa llena
de tubérculos y tomates pintados de una paleta de colores primarios, 
que sirven como alimentos para el imaginario de la patria,
unas metáforas americanas, confirmación de haber establecido casa.

                             
Declaración de migrante

Déjame presentarte mi país:
circula en mi sangre,
en los sueños de idilios
y en mis pesadillas.

Déjame decirte
algunas verdades,
sobre elefantes solitarios
y cementerios comunes

para animales masacrados,
los entierros de libertades
como el derecho de pensar
y escribir estos versos.

Déjame decirte, querido
amigo, que la migración
me ha dado un salvavidas
y nado tranquilamente

en aguas extranjeras,
entre idiomas nuevos,
la vida renovada
en esta página blanca

que me has dejado
llenar en castellano,
en América, donde sí
hay atropellos

contra la dignidad
humana que nutren
desde ahora mi nuevo
campo de batalla.

Monsivais

Monsivais ya no irá a ese café anodino y viejo con piso de parquet,
tipo años cincuenta, en la calle Hamburgo. Ya no se deslizará su lengua
para separar la semilla de la cascara durante un discurso barroco
sobre senderos de adoquines pero consciente siempre de nuestros
tiempos y sus lecturas inglesas, americanas, francesas, japonesas,

y sobre todo de sus esbozos y perforaciones de la ciudad de México
que van mas allá aún de la Zona Rosa donde solía conversar con él
en un café que nunca desparecerá y no solamente por haberlo puesto
en estos versos, el café amargo bañado en agua de la fuente o
del garrafón, el origen ahora no nos importa, ni el cigarro, ni esa tinta

de un barrio que ha visto su auge como toda obra humana pero sigue
con sus feligreses, sus devotos. ¿Qué dijo el Cristo, si uno solo se reúne
con la hostia y la sangre?  Carlos, el ateo, te invito a cenar, porque
el gurú laico tiene su lugar en mi mesa, filósofo de múltiples ciudades,
cronista emérito ahora, te doy las gracias por haber presentado

mi poemario en ese barrio cercano, la colonia Roma, y su Casa del Poeta.
¿Dónde van a construir su monumento, Carlos, su Casa del Cronista? 
Dice en Lima que la guerra peruana será recordada en un Lugar
de Memoria. Ya eres compañero de vida, circulas en la sangre
que impulsa estos dedos para escribir, llevar mi lengua a su hoja .
                        

Indran Amirthanayagam ( Colombo, Sri Lanka, 1960).Poeta, ensayista y traductor.   Hapublicado a la fecha  cinco poemarios: The Elephants of Reckoning ( premio Paterson en 1994);  El Infierno de los Pájaros ( prólogo de José Emilio Pacheco e ilustraciones de José Luis Cuevas,Mexico, 2001),  Ceylon R.I.P  (Colombo, Sri Lanka, 2001), “El Hombre que Recoge Nidos” (con prólogos de Francisco Hernández y Eduardo Espina, e ilustraciones de Gerardo Cantú, México, 2005.) y The Splintered Face: Tsunami Poems ( 2008).  Reside en los EEUU desde 1975. Es miembro desde 1993 del Servicio Exterior de los Estados Unidos desde 1993. Actualmente dirige la Oficina Regional de Medioambiente, Ciencia, Tecnología y Salud en la Embajada de Estados Unidos en Lima, Perú.