viernes, 11 de noviembre de 2022

Víktor Gómez: TERNURA SIN VOZ

 

Viktor Gómez






















la pura desilusión ¿dónde nace?
—roto el espejo ves sin devolución 
otra imagen que no es tuya —lees
en la irreconocible presencia un hoy
sin limbo y sin juicio, sin teatro —lees
la compleja y no manipulada ciudad
de sentidos y sensibilidades brotando
en un vacío que quiebra cristales.
eres contrariamente inabarcable, 
finito, finísimo hilo en la gran madeja 
y aún respiras… eres ternura y temblor.
¿amas? ¿amarías? amar te es violento
no amar es imposible —aún respiras 
entonces, el cómo relumbra polífono:
en mi boca degusto y escupo suave 
palabras que retuvieron los muertos
no son mías —pues— ¿de quién son? 
¿qué hacen entre tú y yo —ahora?
—releer no es asumir el mundo, dicen, 
releer no es llegar a una conclusión,
quienes releen están conversando 
desde las cuentas infinitas del daño
—en las viejas dependencias renovadas 
del Palacio El Hospital La Iglesia
enmudecidas cicatrices en sombra 
han sido borradas inútilmente 
olvidando que las palabras arrasadas
germinaron en labios de orfandad:
se recibe —escurridiza— la palabra 
usura, y se viste de moralidad fina,
se cruza —incordiosa— la palabra 
ética, y se embriaga con egoísmo 
—se recicla cínicamente cada idea
que iba o venía de sanar los vínculos 
y se desautoriza la retórica cotidiana 
—el poeta llega a los postres —ayuna
del dogma a la verborrea, se sacude
todas las palabras —escupe— tose,
esconde con sutiles trazas su dignidad 
en la calurosa mañana; febriles aires, 
incautas luminarias, dóciles susurros, 
vagas danzas, apuntes a escondidas:
(decía) el silencio no es sólo una herida,
una lesión, una llaga, un daño, una furia,
es y sería —en luminosa penumbra—
forma otra y sublime desde el cuerpo 
de ser atravesada (por) lo suficiente 
para desmentir y desordenarlo todo,
bajo lunar tensión y argucia creativa,
no hacia la orilla del abismo, más allá 
de la pobreza de la razón, límites y azares.
el silencio no es sólo impotencia, secreto,
poder, avaricia, arrogancia, es inconclusa 
emulsión —humilde equilibrio— una flor 
que crece despacio, acariciada, besada, 
y un día huye de su propia corona: canta sin voz.


(Paterna 30 de abril de 2022, inédito  publicado en  Kokoro)
 


Víktor Gómez (Madrid, 1967) Reside en Valencia, donde es uno de los principales agitadores culturales, activando una parte importante de la vida poética de la ciudad. Tiene publicados 5 poemarios: Huérfanos aún (Baile del Sol, 2010), Detrás de la casa en ruinas (Ed. Amargord, 2010), Incompleto (Ed. 4 de agosto, 2010), Trazas del calígrafo zurdo (Varasek Ed., 2013) y Pobreza (Ed. Calambur, 2013), y las plaquettes En un tiempo de gran orfandad (Ed. Zahorí, 2009) y Diciembre (Ed. El gato azul, 2011), plaquete que publica también en Tigres de Papel, en formato digital. En 2016 publica Otro decir por decir/Entredecir, acompañado de las ilustraciones de Nathalie Bellón, en Tigres de Papel, en la colección poeNOmas.


martes, 8 de noviembre de 2022

Ascendino Leite: poemas

 

Ascendino Leite

























AGUAVIVA

Toqué tu boca
aguaviva que me quema
toqué la espalda lisa
cóncavo inestable
de tu pecho hirviente
toqué tu lengua
gusto de sudor y de mar.
Aguviva aguaviva
que el torso envuelve
ola alga musgo
aseguran tu regazo
archipiélago de suspiros
isla de mi amor
si pudiese sólo yo ser
un abandonado despojo
de remotos mares.
Aguaviva majestuosa
entre deltas ignotos
voz de mil suicidas
saliva de ahogados
envolveme envolveme
en tus brazos letales.


LA MUELA

                 A la memoria de Tom Jobim

SOL y sal. La muela que muele.
¿Y el polvo? El polvo es pobre. Y sólo.
La piedra que muele es mala.
Sólo muele el dolor del pobre.

Molino y aldea. Piedra y Pedro.
Lago y agua. Y siete puntas.
No sólo soledad del eros. Es piedra.
Es palo. Es madre. Es padre. Es cobra.

En el vado se ahoga el eco. ¿Y el sonido?
Ajjj, allá viene el aire eólico.
Viento y sol. La sal y el viento.
El viento va. El viento viene.

¿Y el eco? ¿Y la costa? ¿Y el sol?
¡Ah, oh! Ay qué dolor. La piedra que muele
al pobre. Está sólo. ¿Y la sal que roe?
Oh, sol, tiene pena. Tiene pena. Tiene pena.


ALIANZA

                    A Apolônia Figueiredo

Haremos los dos nuestra alianza,
basta de romance y de lirismo.
Nuestro entendimiento está en nuestras manos
que se encuentran
y se despiden después de una caricia furtiva.

Dispensamos el paisaje color-de-oro.
Ignoramos la existencia de los crepúsculos
polvorientos.
Lo que importa
es que hoy a las seis cruzaremos el mismo
camino.


ELEGÍA DE LA CASUALIDAD
                                              A Adriana Feitoza Paredes

Fue una casualidad o una forma de coincidencia
entre destinos: percibir que existes;
no sólo como ser sino como sueño.

Llegando a mi mesa, me tocó
aquel hervir en la mente:
el fenómeno seductor, naciente,

del secreto amor, incapaz de acabar.
Así, para contener el impasse tan fatal,
decidí componerte esta elegía. Es tuya.


* Las piezas precedentes pertenecen a Jardim Marítimo (1995).


¿POR QUÉ?

¿Por qué
tamaño salto sobre el patio
de mis sueños, en el sonido dulce
de cierta música interior?
¿Por qué
eran ternuras y anhelos,
tu nombre como espíritu,
y sagradas voluptuosidades
en secreto?
Tenía que ser: secreto
como tu pulgar en ciertos sitios
por bravuras conocido.
De repente veo el tiempo mudo;
tu perfil esquivo
por todo el Valle enjuto
en completo silencio, deambular.

¿Por qué?
Si es por algún ladino gustoso de herir,
hiere. Entra en mi pecho.
Es dulce morir amando, como la palabra,
cesado el discurso, en la casa sin acústica.

Nuestro secreto extinto, oh hija, oh madre,
cede, por encima de todos los porqués sin revelar.
Ya no me conseguís engañar
incluso si volvés con tus astutos papeles.


ILUSIÓN 

                    A Anderson Braga Horta

Los polvos
es el polvo.
Vestigios
de dolor
y de amor
irreflexivo.
Es sólo lo que
resta:
-Ilusión.
Fácil
se va
y no vuelve.
Desaparece.
No como
fantasma
saliendo
afligido
del mar.
Ilusión,
serena
como el amor,
llega así
a su final.


VALLE III

Temprano, se levantaron y lavaron a la mañana,
con rocío y agua mineral,
y luego vieron a las mujeres, entusiasmadas.
Después, una banda de rapaces a intercambiar
placeres varios en la vastedad del Valle.
Preparado, el viejo Piancó, al fondo,
a nadie escondía su excitado asombro.
Corría manso, depurando las aguas,
aquí y allí forjando lujos, dengues,
avanzando sobre lechos de arena.

Casi en nidos, como en el suelo, el pasto
acogía a aquellos cuerpos contra la llena,
en el día en que nací, fruto del Valle.

Todo limpio ahora, el sol arriba,
consagra el río, incomparable guarda,
en la boca del sertón, viviendo lentamente
su hado, su suerte, su destino.


POESÍA EN EL CIELO

Estoy desnudo como un nombre común, pequeño y correcto,
bajo el cielo estrellado en un día de agosto;
bueno que no esté sólo, porque me divido
entre el cuerpo entero y el alma liberta.

Me puedo soltar a la hora neutra, entre la sombra
y la luz, en la dirección de los objetivos de la brisa.
Oh, sol, no tardes: trae contigo la madrugada
y algunas estrellas en un pedazo de nube.
Mi desnudez exulta: ve la vida naciente
inspirada en magias, sonidos, y nostalgias
y un mar sereno de poesía augusta.

Ahora es el espíritu del Tiempo que me viste
y en mi ser profundo reina: bendito el desnudo
que en mi cuerpo transfigura el cielo.


* Las piezas precedentes pertenecen a Visões do Vale (1997).


LOS JUECES

Miralos, ellos salen en dupla, para el reformatorio,
tristes, duros, de negro,
en este día sin luz.

En lo que se parecen, son.
Donde medra el siniestro
visor de la muerte
y la soledad de los débiles,
les agradan los bandidos y malhechores
de errancia perdida.

Sobre todo, cadáveres,
surgidos en el horror de los patios lúgubres
de las prisiones subacuáticas,
negras de limo y humo seco,
masacrados, de verdad.

Mirarlos, a los Jueces.
¿Qué fueron a hacer allá?
¿Bromas? ¿No es así
cómo, en el infierno,
se divierten los condenados?
-¡Cuenten a las víctimas! Es la voz
de un Juez a los verdugos.

Siniestro total, cercano al lodazal sangriento,
gritó, alegre, la platea togada.
-Así duritos, doctor Juez,
ocho, bien ordenados,
y el área limpia, como es habitual.

Liminarmente, llegada la noche,
duermen los Jueces con sus novias,
puros, castos, como querubines.


* La pieza precedente pertenece a Os Juízes (1998).


POLVO
                        A Celso de Paiva Leite (in memoriam)

Bajo el vasto intimismo de este silencio
se amontona algún polvo
negro; y queda, avara, una
flor cenicienta que, como el
viento, la sentimos presa a la tierra triste.
Un recuerdo, un dolor.


* La pieza precedente pertenece a O Nariz de Cíntia. Poesía Anti-épica (1998).

** La selección fue realizada de Poesia reunida (Idéia / Eda Edit, João Pessoa, 1999).

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2022.

Ascendino Leite (1915-2010) nació en Conceição do Piancó, en Paraíba. Fue funcionario público y periodista, además de redactor de “asuntos parlamentarios”. Fue jefe de redacción y editor de varios diarios y revistas de São Paulo y Rio de Janeiro. Gran autor nacional, integró la Academia Paraibana de Letras desde 2002. Publicó, desde 1936, decenas de volúmenes de poesía, novela y ensayo; entre otros: Estética do Modernismo (1936), Notas Provincianas (1942), O Salto Mortal (1958), A Prisão (1958), Durações (Diário Íntimo) (1963), O Brasileiro (novela) (1975), O Jogo das Ilusões (Jornal Literário – X) (1980), Os Dias Memoráveis (Jornal Literário – XI) (1982), O Velho Leblon (Jornal Literário – XII) (1988), Jardim Marítimo (1995), Surpresas na Partida (Jornal literário) (1999), Vulgata (poesía), As Doces Vozes do Silêncio (Jornal Literário) (2000). Falleció en plena actividad.


martes, 25 de octubre de 2022

Antonio Requeni: Poemas

 























Gratitudes

El bosque, el mar, los pájaros, la estrella,
el olor de la lluvia, los sabores,
el color y el calor de las palabras,
la mirada de un niño, el curso mágico
del río del amor, profundo y dulce;
la noche de los cuerpos, la memoria,
el silencio, la música. la frágil
perfección de la hoja y el insecto,
un violin, una rosa, un epitafio,
el zumo y el fulgor de la naranja,
Garcilaso en el último crepúsculo,
las doncellas románticas de Schubert,
Chejov y Proust, la Yourcenar, Fellini,
San Antonio Machado y Federico,
el sobrio endecasílabo de Borges
cuya cadencia imitan estos versos,
el mar mediterráneo de mi infancia,
los absortos cipreses de Florencia,
el banco de una plaza en Buenos Aires,
lo que no fue, lo que será, la incierta
razón de lo que nace y lo que muere,
en la piel el secreto escalofrío
del misterio inasible.
el ritual balbuceo del poema.


Un Pájaro

                          "podemos llamar Dios al sentido
                            dela vida, al sentido del mundo".
                                                                Wittgenstein

Desde su frágil pecho un manantial
se abre en cauces de luz por su garganta.
Es el canto de un pájaro que canta
en un parque vacío y otoñal.

No se conmueve nadie. Siempre igual
el sueño de la piedra y la  planta.
Ninguno oye el milagro que levanta
su melodía inútil e inmortal.

En Buenos Aires, la ciudad querida,
flota, y es una gracia inadvertida
la parábola ardiente de esa voz.

¿Es el canto de pájaro? Quien sabe...
Acaso no es un canto ni hay tal ave.
Quizás nos habla en este instante Dios.



Antonio Requeni (Buenos Aires, 1930) Poeta, narrador y periodista. Ha publicado: Luz de sueño (1951), Camino de canciones (1953), El alba en las manos (1954), La soledad y el canto (1956), Umbral del horizonte (1960), Manifestación de bienes (1965), Inventario (1974), Línea de sombra (1986), Poemas 1951-1991 (1992), Antología poética (1996) y El vaso de agua (1997). En 1977, Ediciones Culturales Argentinas publicó el libro Antonio Requeni, selección y prólogo de Ángel Mazzei. Todos los mencionados son libros de poemas. En prosa, ha escrito los siguientes: Los viajes y los días, crónica de viaje (1960); El pirata Malapata, cuentos para niños (1974); Cronicón de las peñas de Buenos Aires (1985), y Travesías, diálogos con Olga Orozco y Gloria Alcorta (1997). Asimismo, publicó los folletos La vida novelesca del perito Moreno, Breve crónica de la avenida de Mayo e Israel, entre lo cotidiano y lo sobrenatural.

Ha recibido, entre otros reconocimientos, el I Premio Municipal de Poesía, el I Premio Municipal de Ensayo Ricardo Rojas, el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, la distinción Laurel de Plata a la Personalidad del Año (rubro de poesía) del Rotary Club de Buenos Aires, la Pluma de Plata del Centro Argentino del PEN Club, el Premio Esteban Echeverría de Gente de Letras, el Premio Konex en dos oportunidades (en literatura testimonial y en periodismo cultural), la Faja de Honor de la SADE. Además, ha sido condecorado por la República de Italia con el título de cavaliere ufficiale.

 

domingo, 23 de octubre de 2022

Esteban Moore: Hugo Caamaño: una voz poética propia

 




En el prólogo a su obra reunida de la que existen dos ediciones   Hugo Di Florio destaca la importancia de la  poesía de Hugo Caamaño (1923-2015) en el panorama de la literatura argentina contemporánea. Hecho que me lleva a preguntarme el por qué de su ‘invisibilidad’ pasada y presente. Si bien él disfrutaba de cierto alejamiento de lo que consideraba el mundillo literario -lecturas de poemas, presentaciones de libros- ; participaba religiosamente en la mesa de café del poeta Joaquín Giannuzzi, la que  reunía a destacados poetas e intelectuales argentinos,  los viernes en La Paz, y posteriormente en La Ópera, ambos establecimientos ubicados sobre la avenida Corrientes. 

Hacia principios de los 2000 comenzó a participar en la mesa  que convocaba Jorge Rivelli,  director de la revista de poesía Omero, que en el hoy desaparecido café Argos -Federico Lacroze y Álvarez Thomas,barrio de la Chacarita- reunía  los miércoles por la mañana a  colaboradores y amigos de la publicación. La mayoría de ellos nacidos hacia fines de la década de los 40 y principios de la de los 50 quienes siendo más jóvenes  tenían un recorrido como lectores de la poesía argentina que difería del de Caamaño, quién en su biblioteca personal disponía de textos que aquellos no habían leído  o a los que no se les había brindado la atención que se merecían. Siempre tenía algo que proponer, como la relectura de la poesía gauchesca que consideraba central a nuestra tradición  y su importancia en el desarrollo del tono y la prosodia de nuestro lenguaje. En esto no difería, a pesar de sus profundas diferencias políticas, con ciertas opiniones acerca de nuestro habla realizadas por Jorge Luis Borges:

“Mejor lo hicieron nuestros mayores. El tono de su escritura fue el de su  voz; su boca no fue la contradicción de su mano. Fueron argentinos con dignidad: su decirse criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. Escribieron el dialecto usual de sus días: ni recaer en españoles ni  degenerar en malevos fue su apetencia. […] Dijeron bien en argentino: cosa en desuso. No precisaron disfrazarse de otros ni dragonear de recién   venidos.” 

Señalé aquellas actividades del poeta para apuntar que su marginalidad no respondía a las características de un ser antisocial y sus actos no estaban gobernados por el resentimiento;  su decidido rechazo a los medios masivos de comunicación, a la figuración social del poeta, respondían a una actitud ética, a una ascesis de vida. En el juego de egos, aunque tenía el suyo, él no participaba. Apelando a su vena satírica y humorística parodia el ‘mundillo’ que él rechaza en su poema «Un poeta menor de antología» 

Abrumadora circulación de nuevos libros.
            El lector de novelas,
            el novelista en boga,
           la novela. 
           En cambio está el poeta
           entre el librero y el editor
igual que la lengua maldita entre los dientes.

-Pero si no se lee poesía.
No se vende.
Es el metalenguaje.
Novela, sociología, psicoanálisis
es el asunto, viejito
               ¿Se da cuenta?
           ¿De qué grupo es usted?
¿simbolista?
                              ¿modernista?
                              ¿postmodernista?
                              ¿ultraísta?
                              ¿neoclasicista?
                              ¿creacionista?
                              ¿invencionista?
                              ¿dadaísta?
                              ¿surealista?
-Se pudren en el alma los grandes libros,
carne sin magia las palabras
se disuelven al sol.
-Vamos, vamos. No gima, no exagere.

Más importante que la inspiración
es la generación, la promoción, la distribución,
la navegación en la correntada (y el teléfono)
porque si no los barquitos de papel
             se van a pique.
Entonces sí no hay ruiseñor de Teócrito
             que valga.
Además cuando tenía tanto que decir
              no sabía escribir;
              cuando aprendió a escribir
              ya no tenía que decir.
¿Lo comentan los diarios, las revistas?

               Salude, hágase ver
camine usted,
(organismos sin música)
sombrero del mal humor
traje neurótico
zapatos ablandados
por la humedad de Buenos Aires.
Sea orgulloso, pida humildemente;
pida orgullosamente, sea humilde.

En cuanto a lo que refiere a su propia marginalidad en el campo intelectual, ésta  era relativa y optativa, -----elegía cuidadosamente con quién reunirse y conversar de autores y poemas y de las dificultades que  proponía la escritura. Entre los autores a los que sabía recurrir en sus charlas en el café Argos se hallaban, entre  otros: Joaquín Giannuzzi, Raúl González Tuñon, César Fernández Moreno (aunque no se consideraba un morenista, condición reclamada para si por Jorge Rivelli), Alberto Girri, H.A. Murena y hasta grandes olvidados como José Portogalo. Existe un caso en particular, el de Ricardo Zelarayán, pues tenía fuertes diferencias y enojos de variada índole con él, sin embargo insistió en que se publicara en la revista su poema «La gran salina» que consideraba junto a «Argentino hasta la muerte» de Fernández Moreno fundamentales en un cambio de actitud frente a nuestra lengua coloquial.  Esto pone de manifiesto  su apertura y generosidad. En una ocasión se declaró como perteneciente al “malón lingüístico” y extrajo del bolsillo de su camisa un papel en el que había anotado la siguiente frase, que fue considerada y hecha propia  por el indudable sentido humorístico que había cobrado con el  paso del tiempo,  en la actualidad solo produce risa:

                             “Los idiomólogos invocan la tutela nacional de Gutiérrez, de Alberdi, de Sarmiento; acogen el plebeyismo con un pretexto de autonomía criolla; reciben los barbarismos con generosidad cosmopolita de país de inmigración; rompen con la tradición histórica de su lengua universal en nombre de una celosa autoctonía; descoyuntan la sintaxis como si demoliesen un fortín y abren el campo al malón lingüístico para que  se reduzca a jerga de toldería el idioma que introdujo la civilización europea en nuestra América… Los dos últimos decenios del siglo fueron el cauce de esa corriente cenagosa; en 1900 se  la embotella y ofrece como elixir patriótico: Idioma Nacional de  los Argentinos.” 

Habiéndome referido a ciertos aspectos de la vida cotidiana e inclinaciones de Caamaño, regreso a la pregunta del comienzo aquella de la’ no visibilidad’ o presencia de su obra en el presente,  pongamos por caso su  ausencia de las antologías en un país donde éstas, al igual que los poetas, se multiplican. Aunque la gran mayoría de ellas alientan el debate acerca de su génesis y función, esto es los motivos u objetivos de su origen y si una antología es una colección de textos dignos de ser conservados que den cuenta de la producción de una generación o releven el contexto de una tradición  poética, sus transformaciones y rupturas o son recopilaciones  guiadas por las  modas circunstanciales y el amiguismo. No son pocas las que resultan ser nada más que el engendro de una sociedad de socorros mutuos. Hecho que manifiesta ciertas tendencias en una sociedad fragmentada en la cual los integrantes de las diversas tribus proponen periódicamente, en los suplementos y  revistas culturales, la reorganización, con sus altas y bajas, del canon literario. Operaciones funcionales a la constitución de su propia cabeza de playa en la tradición literaria, intervención que incluye la negación del otro u de lo otro. Esta estrategia proviene de cierta crítica que realiza sus propios recortes de la realidad y que indudablemente ha contagiado  el campo poético. Wilfrido H. Corral señala la existencia de una crítica domesticada que trabaja:
“con un corpus muy limitado, sin tener idea de otros corpus que han existido en el pasado relativamente reciente y con los cuales está involucrada otra crítica actual. Sus interpretaciones, por tanto, son deficitarias y los resultados de sus investigaciones no alcanzan a ser pertinentes y exhaustivos.” 

Este comportamiento se ha extendido al campo de la producción poética y deriva en posturas que niegan aspectos de nuestra tradición literaria, entendida esta como un prolongado proceso dialogal en el que participan un conjunto de voces, propias y ajenas, las que a través de la lectura y la traducción, actividades que constituyen un indudable acto de interpretación y apropiación, se amalgaman en una voz posterior; adquiriendo en la fusión nuevo sentido. Se suma a ello el hecho de que en los últimos tiempos se ha acentuado el “prejuicio antiliterario”, ya señalado por Alfredo Hlito  hacia finales de la década de los 50, que nace del hábito de considerar los aspectos visuales de nuestra cultura desvinculados de los procesos verbales del pensamiento y de la expresión estética. Esta tendencia limita los fines del discurso poético: nominar lo innominable, brindarnos renovadas miradas del mundo y las cosas.
En estas circunstancias Hugo Caamaño desarrolla en solitario su obra, la que está permeada por un  humor acido y una corrosiva ironía. Pero, quizás la particularidad distintiva de su trabajo, en estos tiempos de la autoexpresión anecdótica del ego, sea su profundo escepticismo que lo lleva incluso  a dudar de su oficio:

“La poesía —la gran poesía— la que exige respuestas    absolutas y por eso las busca, sería un modo subordinado del conocimiento, al lado o por debajo del pensamiento puro como tal y de l a ciencia. A no ser que las más afinadas especulaciones sobre el Universo y el hombre, con documentos a la vista, sea la verdadera poesía de la cual, ¡oh cruel ironía! el poeta por  lo general se sabe excluido” 

 Su escepticismo lo obliga a replantearse el procedimiento creativo, rechazar la idea de originalidad, “las ideas (originales) y yo somos cosas distintas”   coincidiendo con T.S. Eliot quien nos dice que el poema:
 
                  “que es absolutamente original es absolutamente malo; es, en   un mal sentido, ‘subjetivo’ sin ninguna relación al mundo al que apela.” 

La máscara que adopta el yo poético de Caamaño, recurre de continuo al mundo en el que nos  ha tocado vivir. Su temática, amplia y variada recorre las cuestiones que han preocupado al hombre en el siglo XX y no han perdido vigencia en el actual: la pequeñez humana ante la vastedad del universo, el enfrentamiento de la fe y la razón especulativa,  la poesía como una forma del conocimiento,  el paso del tiempo, la conciencia de la muerte, la barbarie como respuesta ante lo desconocido,  el peligro nuclear, la destrucción de los bosques y la muerte de los aves, la historia,  la transformación social, el subdesarrollo latinoamericano, los productos culturales y el consumismo, la relación causa y efecto de la imbecilidad humana.   
En el prólogo a su obra completa Hugo Di Florio nos informa que el poeta, cordobés de nacimiento, llega a de Buenos Aires procedente de San Miguel de Tucumán en la década de los 40, donde se afincará en un suburbio al norte de la ciudad. Nada nos dice del motivo de tal decisión, quizá simplemente venía en busca de un destino. Aquí se apropiaría de la ciudad, puede también que haya sido a la inversa. Lo cierto es que adoptaría su prosodia, su eufonía, su modo conversacional, elementos distintivos de su poética. 

Aquí en la gran urbe hallaría esos elementos  que le servirían para instrumentar su voz, una retórica propia que no excluye al otro. La que exhibe registros diversos, notas graves y agudas; en las dos variantes que eligió para expresarse: el verso libre y la prosa. En la primera de estas formas hace gala de un lirismo sombrío, el que no obstante arroja luz sobre  las miserias de la experiencia humana en nuestro tiempo.  En la segunda, se inclina  en su prosa por la precisión de sus enunciados lo que le brinda como a toda prosa bien escrita intensidad poética. 

Hugo Caamaño,  fue un poeta que luchó con sus propias contradicciones, las paradojas de su pensamiento, sus impulsos conflictivos , las convulsiones políticas de su país y que tuvo el valor de sostener en referencia al subdesarrollo que “nuestro complejo de inferioridad nacional brota como la mala hierba y paraliza” .  De todo ello nos deja testimonio sincero en su obra. 
Fue un poeta que tenía bien leídos a los clásicos universales y a sus queridos, Homero, Virgilio, Dante, Quevedo y Cervantes. No obstante ello, advirtió que no tendríamos lengua ni historia sin recurrir  a nuestros propios orígenes, a sus amados Hernández, Sarmiento, Martínez Estrada.

Si alguien le preguntara (en términos poéticos se entiende) si amó la rosa. Estoy convencido que él respondería: Sí, sí, la amé, no por su color y aroma, ni por la suavidad de sus pétalos, sino por sus espinas. 



 

 

 






 










 

 

domingo, 9 de octubre de 2022

Alejandro Elissagaray: Ocaso

 



Alejandro Elissagaray























  
Dylan Thomas viaja en un avión adormecido por Dios,
pero Dios ha muerto, dijo Nietzsche.
Dios no nació?No
El aullido de Ginsberg se vierte
en un huracán sin paz.
Arde el laberinto en el corazón
de Ferlinghetti
y una bella romántica 
como Mary Schelley sigue hablando de catedrales incestuosas.

El mundo está poblado de símbolos.
Por eso dios se ha vuelto pequeño
como una hormiga
y  ya nadie lo recuerda.

La Nada resplandece
en el aleteo de una luciérnaga.
El viento respira en el alma rota de Bukowski
y todo es una fugaz letanía.


Alejandro Elissagaray (Buenos Aires, 1954) Escritor, docente y periodista. Ha publicado los poemarios Poemas ígneos (1976; La piel de la hoguera (1979) y Simulacros (2017); el ensayo Los Universos de Castelpoggi (1997);las antologías de las obras de Luis Benítez (2001) y Los poetas del'80 (2002);los libros de conversaciones con escritores argentinos Itinerarios (Conversaciones con Luis Benítez, tomos 1 y 2, respectivamente 1994 y 1997, con ensayos preliminares de Pamela Nader); Diálogos con Atilio Jorge Castelpoggi (2001, con ensayo epilogal de Pamela Nader);Intramundos. Conversaciones con Elizabeth Azcona Cranwell (2004) y en colaboración con Silvia Beatriz Amarante Interstiticos. Conversaciones con Jorge Aulicino y Así pasan los años. Conversaciones con Roberto Alifano.Sus textos han sido seleccionados en la edición bilingûe Antologia della Poesía Argentina, traducida por Emilio Coco y compilada por Amarante. Ha dirigido la revista cultural Nueva Generación de 1995 a 1999. Ha colaborado, entre otras, en las revistas Ulises; Generación '83; La República; Nueva Sion;El Frontón; Locas;Proa; Prueba de galera; Soles; La escuela paso a paso y Reloj de agua y en los diarios La Prensa y El Tiempo (Azul) Entre otras distinciones ha obtenido el Tercer Premio de Poesía 1995 de la Fundación Inca y la Mención de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE.


Presentación Hugo Caamaño poeta de mundo propio, Academia Argentina de Letras


 

Presentación Otros Poemas Sucios de Luis Pereira Severo

 


jueves, 29 de septiembre de 2022

Autobiografía y ficción con Margo Glantz. Conversación con Demian Paredes

Esteban Moore: Luis Pereira Severo: una lengua que nos dice

 




 


En Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar), Luis Pereira Severo, desde el título y el subtítulo correspondiente, nos brinda las coordenadas para ingresar en el territorio, el universo de su poética. 

La suciedad, a la que se refiere no es otra que el  efecto que le imprimen los hablantes a nuestro instrumento de comunicación: el lenguaje cotidiano. Juan de Valdéz, en su Diálogo de la lengua (ca.1535) refiere: “…he aprendido la lengua latina por arte y libros y la castellana por uso, de manera que de la latina podría dar cuenta por el arte y los libros en que aprendí, y de la castellana no, sino por el uso común de hablar…”.  

Lo “estándar”, alternativa elegida como modelo o criterio de referencia lingüística, signa de alguna manera el proceso, el desarrollo de nuestro idioma en esta zona periférica del planeta, desde aquellos días lejanos en que arribaron a América las carabelas tripuladas por españoles de toda laya y condición, comandadas por un italiano.

El Río de La Plata, la mar dulce de Solís, cuenta con dos capitales, Montevideo y Buenos Aires, cuyos puertos fueron la puerta de entrada de cientos de miles de inmigrantes de diverso origen. Extranjeros que debieron someterse a una nueva realidad y que conjuntamente con los nativos y criollos configuraron la lengua que, con las particularidades propias de ambas ciudades, sus respectivas marcas en el orillo nos define. Y, que además, comparten un género literario propio, La Gauchesca, que se origina con los Cielitos combativos y batalladores de Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788, Morón, Buenos Aires, 1822). Poeta y patriota que con osadía y claridad no sólo persigue la independencia política de estas tierras, sino también la de la lengua, diferenciarse del tono asertivo que impone el imperio a las provincias desde la metrópoli. 

En su poema, “LA MARCA DEL CASTELLANO POLUÍDO” que lleva una nota al pie (ejercicio/arte poética), Pereira Severo señala acertadamente la contaminación de nuestra lengua como “la raspa de lo hablado”, lo extraño a ella que incorpora el uso popular, la mezcla que el interpreta como “mélange”; los cruces verbales: “El lenguaje de la fonda la herrería […] almacenes / despensas /el espesor de lo vulgar / tasajos”. 

Los rasgos, cualidades de su poética; desde Pabellón Patrio (2009), subtitulado en aquella ocasión “Serie de relatos íntimos”, no se relacionan meramente con una poesía ‘confesional’, ‘autoreferencial’. Todo lo contrario su propuesta apuesta a una dicción, un modo de enunciar, la inclusión del otro. El desarrollo progresivo, de un tono distintivo; la búsqueda de una voz.

Esta voz se distingue de mucha poesía contemporánea, aquella que en La poesía moderna es prosa (1978) Lawrence Ferlinghetti sostiene: “…cualquiera puede mirar hacia el pasado y maravillarse ante esta época extraña que le permitió a la poesía caminar en los ritmos de la prosa y aún denominarla poesía. La poesía moderna es prosa porque suena  tan apagada, sumisa,  como cualquier mujer  u hombre en las ciudades cuya fuerza vital está sumergida en la vida urbana.”
Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar)  se divide en tres partes: ‘Cuaderno viajero I’, ‘Garuada’ y ‘Cuaderno Viajero II’. 

En un poema de la primera parte, que podemos considerar un sucedáneo de aquel que él define como (ejercicio/ arte poética) escribe:

SE LE OCURRE algo muy 
gráfico
«Llueve sobre el camposanto«
¿Poesía civil como Raimondi?
Cuaderno viajero, es el nombre
de
Eso que escribe
El corte del verso determinado
por la pantalla del Nokia
finlandés
¿Se oye la lluvia desde el tercer 
piso? ¿Cómo desde Emilia 
Grassi, las barreras? ¿Pasa con
retraso el motorcar de las cinco?
Es gráfica la expresión
«llueve sobre el camposanto«
¿Un tipo de santuario la
Poética?
El corte del verso determinado
por lecturas de Levertov.
Lo que respira en la superficie
El goteo primoroso sin
apresuramiento
sobre el campo
santo

Desde el primer verso, no podemos eludir la pregunta ¿Quién es la persona del discurso? Indudablemente la tercera del singular, ya sea masculina o femenina, poco importa ante el resultado buscado: la elisión del yo. 

 El poeta se enmascara en otro, realiza una transferencia de su experiencia, de su mirada personal. Este alejamiento del yo emisor, produce en la lectura un efecto que, en tanto lectores, nos transforma en sus cómplices, produce un acercamiento con el objeto. Nos allana el camino para que internalicemos el poema con mayor intensidad; hacerlo carne propia. John Keats (carta a Benjamin Bailey, Nov. 22, 1817), reflexiona al respecto: “Si un gorrión viene a mi ventana, participo de su existencia y picoteo la grava…”

Asimismo, en este poema pone en escena, sus preocupaciones en la construcción del poema, destacando la relevancia del corte del verso. Elemento central en la poética de todo poeta contemporáneo que presta atención al habla de su comunidad, entre ellos, los Imagistas, Pound, Louis Zukofsky y William Carlos Williams y que Denise Levertov (citada en el poema) considera el instrumento esencial, fundamental, en la caja de herramientas del poeta. El que determina que un texto en prosa, verticalizado, dividido simplemente en líneas, siguiendo una elemental sucesión de orden sintáctico, práctica generalizada en la actualidad, en la mayoría de los casos no reunirá las características de un poema. Fruto, quizás de no comprender, que el ‘verso libre’, no lo es tanto (Eliot dixit) tiene sus propias leyes: la variación rítmica, la irregularidad, la extensión variable, la ruptura en el sangrado de los versos y su disposición espacial en la página. 

Pereira Severo logra como el corredor de larga distancia, picar en punta, acelerar, regular sus zancadas, afianzar su propio ritmo. Modular su voz con desenvoltura, anotar en el pentagrama notas disonantes, una musicalidad diversa, atrapante, innovadora, en el ámbito que él mismo denomina como: “el desorden del lenguaje / incierto”. Aunque debo agregar; inferir,  que no solo persigue certezas sino su contrario; quizás como nos advierte Wallace Stevens en El Ángel necesario (1951) su búsqueda se cifra en: “la poesía en sí misma, el poema desnudo, la imaginación manifestándose en su dominio de la palabra.” 

La estructura de Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar), se sostiene en una amplia temática; que le abre las puertas a tópicos e intereses variados y multiplicados; y los objetos  que habitan los textos (útiles de cocina, ollas sartenes, jarras, baúles, viejas indumentarias, azadas, las furgonetas del hospicio y arados, entre otros) enriquecen, le ofrecen nuevos argumentos a nuestra noción de la realidad. 

Asimismo esta temática despliega un movimiento abarcador que integra varios aspectos tanto históricos como actuales. La ironía que da cuenta de una visita al centro comercial, “todo tiene remedio en el centro comercial”; o en “Trabajo precario / Marcador de pobreza / Lo negro lo pichi […] Pobres contra pobres mi amor / Lucen satisfechos en las / selfies”; hechos que iluminan ciertas singularidades de la época, carnada y anestesia frente a lo circundante, la felicidad del instante.

 Otro de los aciertos que recorren estas páginas es la economía de recursos utilizados para brindar instantáneas del terror y la violencia. Y, que no obstante tienen un efecto potenciador en la recreación de momentos históricos; poblados de degollados y desaparecidos, como lo demuestra en EQUIDISTANCIA: “Guerra del Paraguay / Tatuceras / Leandro Gómez // Todo cabe en la pantalla / Nibia / Miguel Mato / Tassino y / Y varios más // De cuando  tocaron a / Degüello / Son las fotos.” El horror, pareciera decirnos, no necesita de detalles.

    En Otros Poemas Sucios (manual de castellano estándar) Pereira Severo reafirma su tono y voz (estilo) e hilvana con oficio una serie de poemas en los cuales la unidad es su característica principal. Cada uno de ellos, en su individualidad, constituyen las distintas partes de un todo, un único poema. Sin embargo, no hay que desconocer otras cualidades del conjunto, los poemas más personales, en primera persona, no interfieren con aquellos en los que el Yo se oculta tras bambalinas, colocando en escena otras personas del verbo. 

Finalmente, hay que destacar la operación de proporciones que realiza, inédita en estos tiempos, la simbiosis, de dos maneras de interpretar el paisaje, el tiempo, la vida. Aquellas que definen el ethos  de la urbe y el de la campaña. Dos miradas culturales que a pesar de desarrollarse en una  lengua compartida presentan diversos antagonismos, que el poeta, en un delicado, complejo zurcido de las diferencias, disolverá, exitosamente, en una visión renovada del mundo y las cosas.   
 
 

martes, 27 de septiembre de 2022

Leandro Lopez: “Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío”

 

Leandro López















                                                          I

      El 20 de febrero de 1967 nació, en Aberdeen, Washington, Kurt Cobain. Ese día una llaga se encendió en la boca del infinito; el mar abierto cantó su despojo de musgo en remolinos.
      Ignoro si su destino ya estaba grabado en su primer llanto. Ignoro la primera imagen que sus ojos claros rescataron de esta vorágine sin retorno. Ignoro si un hálito azul rozó su piel virgen. Tal vez su madre, entre sonrisas selladas, lágrimas y caricias, acunó en sus brazos su inevitable orfandad. Quizá su padre, con orgullo de arrecifes, ensayó frente a él un gesto lento de mimo inexperto.
      El 20 de febrero de 1967 corrió por las calles de Aberdeen un viento mareado que desorientó las débiles luces del invierno. Una pareja de amantes se hizo raíz y tronco. Los bares, nunca postrados, juraron eternidad en el choque de vasos llenos. La canción por siempre fugitiva insinuó en el puente su hora intacta.
      Tal vez solo los subsuelos adivinaron la presencia de su futuro mártir. Quizá una baldosa resquebrajada ofició de bautismo. Quizá un charco impasible fue demasiado naufragio para su propio vaho.
      20 de febrero de 1967. Ese día la ausencia supo de su hondura, masticó una dignidad nueva, tempestad arrebolada. Había nacido Kurt Cobain.

                                                           VI

      En 1987 Kurt Cobain y su amigo y bajista, Krist Novoselic, formaron Nirvana.
      Kurt Cobain convivió con Tracy Marander. Ella inspiraría la canción “Acerca de una chica”, del primer disco de la banda.
      Los dos amigos fueron atraídos por el nuevo movimiento cultural y musical que se estaba generando en Seattle. Sin saberlo, serían su portavoz y principal exponente. ¡El grunge en ebullición!
      Noches al amparo de una mística de la marginalidad. ¡Néctar del remolino púrpura y del ensimismamiento; aullidos en ascenso, como uñas que despedazan el sexo siempre tibio de lo instituido; calles preñadas de un fuego paralelo! Noches en serie, hipnosis de baldíos atemporales. Noches de animales sin rumbo, crisálidas de la desesperación.

                                                            IX

      En 1991, con Dave Grohl en la batería, Nirvana lanzó su segundo disco, Nevermind. En este caso, la discográfica que lo editó fue Geffen.
      Nevermind. Arquitectura pulida y, sin embargo, visceral. Cimientos convulsos; montañas con símbolos grabados que solo descifran los pájaros que arden contra el atardecer. Y habitaciones llenas de baúles abiertos, tapizadas de pétalos y guijarros. Y pasillos que desembocan en el cráneo azul pálido del reloj más exacto. Y jardines con rombos luminosos que se nutren de la cera siempre inconstante de la Duda. Y árboles que protegen entre su corteza la Palabra de la que derivan todos los idiomas. Y día, y noche, y naufragio, y tanto infinito con sabor a resina quemada, a caricia prohibida.
      Nevermind. Una guitarra desequilibrada que alterna uvas maduras con garfios en torbellinos lacerantes; que cercena raíces y libera nubes púrpura. Un bajo nunca monótono que abisma, como la llaga en el beso, como el beso en el flanco más débil de la soledad. Una batería que desestabiliza, que descarga mil tridentes de oro sobre la conciencia, vuelta mar sediento de más mar, ocaso perplejo de úteros tensos. Nevermind. Rito donde la música se perpetúa como un desgarro de la vigilia y chorrea una sangre cárdena, espesa como frustraciones, como una angustia detenida en las cervicales. Cielos frecuentados por la ausencia; ofrendas con el hechizo salvaje de precipicios nuevos.
      Nevermind. Bahía de versos. Unos terribles como de sepultado vivo, otros erráticos como fuga de chacales. Nevermind. Evocación del vacío y su olor a cipreses frescos, de eclipses encadenados, de tierra fermentada. Sismos como santuarios; pirámides de bruma.
 
                                                            XII

      Y quería más de lo que podía robar.
      Agotar la luz, penetrar el útero de las sombras y su alquimia de albatros. Beber la niebla y su presagio. Derribar los cimientos que trepan hasta el vacío.
      Si los ríos confluyen en una única tempestad, si los precipicios devuelven voces inasibles, si los árboles- túnel, alba y temblor- persisten en su fe tornasolada.
      Viciar la sangre de insectos morados- belleza en espiral, abandono, génesis del azul. Parpadear en los ojos insepultos de la noche. Bendecir el fracaso y lo fugaz, los pasos extraños y el baldío, las ramas en los charcos.
      Si en el espejo se abre una condena, si no hay protección ante los atardeceres menstruales, si de nada sirve un beso perimido por el viento.
      Agotar la luz, hasta que las sombras recuperen su contorno, su olor a frutos maduros.
                                                          
                                                            XXV

      ¿Qué otra cosa debería ser? Todas las disculpas.
      El remordimiento no deja ver más allá- distorsiona hasta el delirio, sueños perforados por la angustia, callejones que confluyen en una pared donde gime un gato crucificado.
      ¿Qué crímenes inexcusables? ¿Qué perversión como una alimaña en la tráquea? ¿Qué ofensa contra la permanencia de lo real, contra el absurdo de ser y de declinar?
      La noche se abre, horadada por una lágrima de luz. Desborda en acantilados y párpados, en magma y náuseas.
      ¿Qué jardín ocre habitar? ¿Qué tiempo, garganta insondable de espuma? ¿Qué desgarro de llovizna sobre una lápida ilegible?
      La desesperanza- culto que carcome- hace girar nuevas Tablas. Y el infinito clausurado, y la falsedad subterránea, y la pincelada borracha.
      ¿Hacia qué reino lábil? ¿Hacia qué torre de crepúsculos retenidos? ¿Hacia qué tajo, desorden último de lo inefable?
      Sentir la brisa como la bocanada de lo sagrado. Y en lo sagrado su propia negación. Sentir el temblor, la deriva y su derramar.

                                                          XXVIII

      El 4 de marzo de 1994, en Roma, Kurt Cobain sufrió una sobredosis, a raíz de la ingesta de hipnóticos y champaña.
      Oye la muerte, los pasos firmes de la muerte. Sobre las calles de tu ser, sobre las viñas de tu ser, sobre la arena leve de tu ser. Oye la muerte, la vagabunda.
      Oye la muerte, la voz perenne de la muerte. En la hierba desordenada de tu ser, en la fuente de mármol de tu ser, en las nubes en reposo de tu ser. Oye la muerte, la transparente.
      Oye la muerte, el roce profundo de la muerte. Donde confluyen las cascadas de tu ser, donde abrevan las lentas bestias de tu ser, donde vacila el dios amputado de tu ser. Oye la muerte, la furtiva.
      Oye la muerte, el desgarro infinito de la muerte. Cuando arden los pájaros cautivos de tu ser, cuando se desbordan las partituras como encías sangrantes de tu ser, cuando se escalonan hacia el magno espacio los precipicios de tu ser. Oye la muerte, la desequilibrada.
      Y sin embargo regresar, como de un bautismo pagano, entre los muros descascarados de la confusión. Regresar para decir o para ocultar. Altísimo privilegio de los incoherentes, de los que adivinan en el agua constelaciones de larvas, de los que intuyen en los astros la transgresión de toda herencia.

LEANDRO LÓPEZ  (La Plata, Buenos Aires, 1978) Es profesor de Lengua y Literatura, y corrector literario. Obtuvo la Diplomatura Internacional para Correctores de Textos. Publicó Hoja de Sudestada N°288 (2000); Caídas sobre caídas (2001); Postales anacrónicas (2007); El reino paralelo (2013); Mitología de la noche (2018). 

      

      

Catalina Boccardo: selección poética

 

Catalina Boccardo












 

de vaca luminosa
carne la noche 

tus imágenes revolvían mi cerebro de ternera
el cordón untado en la pesadilla

dentuda me defendía
del meridiano rojo
a mordiscos

después lavábamos la sangre 

5

tus cuentos
como la vaca exigida por su leche
me empujaban


pueblos de cañas 
la doña que habitaba el humo 
y un calor interminable de los grillos
por el sembradío


alguien ordeñaba 
temía a las ubres
su leche grasienta 


el día bravo empezaba con la aguja del sol
pero se derrumbaba con el agua


ácida de frutas

palpando la humedad
ser imaginario del bananal
                                        
                                        vivía al fondo
                                        la que predecía el futuro de las nietas


¿sabés que una vez las escuché a ella y a la abuela

hablando de mí?
¿sabés que entre los trastos vacíos y las botellas extrañas

supe quién iba a ser?

¿sabés? los pueblos son oscuros porque esconden palabras en otro idioma


¿y quién no conoce sus ánimas? después de muchas vidas todavía los pedidos de auxilio 
algunos podemos abducir los becerros de sus madres 
llevarlos al día seco y amarillo
de antes de ayer
del pasado


yo atisbé el camino de regreso en tus relatos que anunciaban la lluvia
lo aprendía de memoria
cada detalle debajo de las sábanas


sssshhhhhh estoy allí


36

no ves que digo “alma”
“agua bendita”
en lengua mestiza
cal viva despellejándote

comulgación de hormigas 
las cabezas al ras 
(que a la india le coman el cuerpo abajo de la tierra)

“se fue al cielo con dios” me enseñaron
pero seca no creo 
sino el nado azul de mis mujeres 
pájaros de insurrección

las tujujú y sus cuellos manchados de sangre
reencarnadas

a campo abierto  
la lengua oculta 
puede gritar
                       
(De Formosa,  2015)
 

kusama y bacon

he visto a kusama en orgías 
pintar el falo
una etapa de su arte
corriendo desnuda dentro de una multitud 

(luego atraparon a la artista
que deseaba alguna vez ser atrapada)

nunca entendí lo suficiente 
ir al extremo
otorgar un salvoconducto al cuerpo
esa guarnición no termina de romperse 
frente a los ataques

no es matar o violar de manera directa

el material de la fotografía sobrevive
hasta que alguien logra su captura
como la pintura
o los golpes de la escultura

bacon sabía mucho de esto
se llevaba los pedazos y sus obras parecen frigoríficos
                                                                                                   
De (Collage (2015)



4
perdí la noción de mi lugar
del que salieron engendros

vos continuás en la cama extenuado
mientras nos rodean 
imágenes 
lentas y ciegas
de la memoria
o el sueño nos respira encima

el templo de la serpiente_ digo_
toquemos de una vez su cabeza
el transcurso sinuoso de las hechos
para que comprenda
comenzás por morderme los pies

6

donde estemos los desaparecidos nos persiguen
cargamos sus mochilas hasta el próximo pueblo

7

la avenida de los muertos
el vendedor-chamán pasa la piedra oscura por mi espalda
percibe que no soy quien digo

otro nombre con mi sombra
otros músculos se tensan

(De El viaje y el ombligo (Uruguay,2018)

 

diálogo con kazuo onho 

travestido:
tus mujeres lucen sombreros
y a esas flores les falta seguridad 
máscaras blancas que nunca había visto arder 
lloran y ríen
mórbidas
me tocan la nuca si intento bailar

y otro physique du rôle
sobre puntillas 
del músculo 
medias de nylon
chis-chis al tocar
(nosotras calzamos 
nuestra propia vida)

tarso metatarso
contracciones 
paren
los huesos

forma de flor 
calcáreo jazmín


(De Bailar, 2022)
 

Acá no hay palabras que hablen de los pájaros,
hay pájaros.
El ronquido,
piar,
en medio de lastimeros fracasos 
del vuelo,

nido primigenio
romperse un ala
o una pata,
caer, 
este mundo no dará reparo alguno,
aves trastornadas,
mismo aire,
desfallecen en verano sobre el pavimento.

Yo encontré la salvación, un pájaro herido.
Pía, siempre pía de felicidad.
Alegre y profundo, ni siquiera encoge sus plumones ante la lluvia.

Y ella se habrá creído muerta pero tenía dos vidas: 
la de la melancolía
y la hondura
de este repentino hogar.

(De El pico de los pájaros, 2021)


CATALINA BOCCARDO, (Buenos Aires,1961) Sus poemas aparecen en diversas antologías y revistas de poesía. Colabora con blogs de difusión literaria y realiza reseñas de libros. Tiene varios proyectos literarios en preparación. Ha publicado en poesía los siguientes libros:
El jardín santo (2011),Territorios (2012), Elementos y otros títulos en formato de Cuadernos (2013-2014), Collage (2015), Formosa 2015), 
El viaje y el ombligo (Uruguay, 2017), Punto Ciego en formato de E-book, compilación de poemas y fotografías de propia autoría (País Vasco, 2017), El Pico de los Pájaros (2021), Bailar  (2021),


 

martes, 20 de septiembre de 2022

Weslley Almeida: poemas de ‘Memórias fósseis’


Weslley Almeida



























OBSERVACIÓN

Es en el amanecer
que se desnuda la luna
para el ingreso del día.

Es al finalizar la tarde
que se espera la noche

se despiertan estrellas
en el sueño del sol.


SEMPITERNO

Y siempre y siempre la vida es suntuosa
argumento de la espina
aparecida de flor
penumbra de lumbre varia
alborada de arrebol.

conocedora de proposiciones de minería
lagarto trepando rocas de amor
una losa por medida infinita
que no-sé desde cuándo vino

bastando sólo apenas
el elucubrar
junto a la breve flor.


TEMP(L)O

El tiempo es un templo
culto de todos los días
de gritos y silencios;
oraciones, rezos y mantras.

En el canto de la lavandera
en la sonrisa de la criatura
en el hambre de los ojos de quien baila
la ronda tejida en el celo.
En el gemir de los gallos,
en el cri-cri de los grillos.

Se cumple el rito
en plegarias
de cigarras nocturnas.


TRAVESÍA

Ayer
vi la puesta de sol
en mis retinas

Por cuanto hoy
me encuentro anochecido
de estrellas.

Mañana
seré todo recomienzo
de amanecer.


POCOS SEGUNDOS

En pocos segundos
muere
una persona de hambre.

Una persona
de hambre
muere

una persona.


URBES OPERANDI

Los acordes de la ciudad:
disonantes
altisonantes.

La simetría de los edificios
la cronometría de los pasos
el monólogo monótono maquinal

el clic de enter
el ruido del acero

obreros danzan sin melodía
repetitivos los brazos
y el día a día
(como rueda de polea)

Es el mis
mo-tor
nado.


BORRADOR

Tachar, tachar
tachar las líneas de los versos
y sentir palpitar
en los dedos
el corazón.
Tachar, tachar,
hasta progresar a lo poético.

En el garabato errante de lo bello
tachar, tachar.
Cual niño que avanza
y confunde el eslabón

de la sintaxis, semántica
de la gramática al léxico

y borra
todo
junto
en lo impreso.

Tachar, tachar
hasta progresar a lo poético.


QUIJOTE

El poeta es un quijote de las palabras
comulga en poiesis
su caballo y escudero
en métodos de locura
en el ritmo ágil de las cabalgatas

interfiere
en el intervalo de los silencios
en la marca acústica de las huellas

su poesía
surge del susto
en el desencanto como lo sórdido endulzado
en el canto de lo ínfimo enaltecido

en su lenguaje de crin alada
nos presenta relámpagos de novedades
de lo alto del lomo y la brida
en visiones
de molinos de viento enloquecidos.


BÚSQUEDA

En las idas y venidas infinitas
en el fin del fondo profundo
buscándome
siempre buscando
el mar que orilla mi mundo.


* Todas las piezas fueron seleccionadas de Memórias fósseis (Ilhéus, Bahia, Editora da UESC, 2016). 

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2022.

Weslley Almeida es poeta, académico e investigador de literatura, y compositor musical bahiano. Publicó Pétalas, talos e espinhos y Decalque, entre otros títulos. Memórias fósseis fue el libro ganador del Premio Sosígenes Costa de Poesía – 2016, de la Academia de Letras de Ilhéus. Tiene un blog, “Lê-Tranças”: www.letrancas.blogspot.com


 

martes, 13 de septiembre de 2022

Lucía Estrada: Poesía

 

Lucía Estrada























Del laberinto de Ariadna I

Toma este delgado hilo de sombra y envuélvelo en torno a ti. Ténsalo hasta el límite. Comprueba su resistencia. El roce oscuro pronto ganará la carne, el hueso, la médula feroz de tu memoria. 
Insiste en el corte que aguzará tu oído, tu lengua. Insiste hasta que seas de la herida su cerco de palabras afiladas.
De un extremo a otro de la sangre, allí donde la luna marchita alimenta a sus perros, extiende su línea sedienta. Pero no lo rompas. No rompas la noche ni la palabra espejo. No rompas lo que has escuchado ni la voluntad de seguir en pie sobre el hielo que cruje, bajo el ardor de tantas lámparas contradictorias.
Toma entre los dedos este delgado instante; púlsalo como a la sola cuerda del piano en la torre de Tübingen.
Esta es la última posibilidad de aferrarte. Ténsalo en torno a ti. No lo pierdas.
***

Mar de Barents

Hemos llegado a este punto. El menos posible, pero también el más cierto. Una montaña que escalamos en sentido contrario, pacientemente, desde nuestros mejores días. Nos esforzamos en ello, sin norte, como si alguien más guiara nuestro destino. Una mano perversa y obstinada, al fin. Ahora lo vemos. Se advierte su trazo impecable en esta página sin margen, en este sordo descenso que aprieta la garganta y obstruye la luz. Pero aún queda algo de nosotros. Un poco de aire reservado, una imagen, una palabra dura como piedra. Una palabra que atraviese el metal o sirva como ancla. Una palabra que encierre todo, que lo libere todo.
De algo estaremos a salvo. Aquí adentro nada que no esté desde antes con nosotros puede herirnos. Todo riesgo evita molestias menores. No hay intemperie. Ni siquiera un cielo cerrado. Las voces ahogadas de la memoria ya nada recuerdan. Un amargo sabor de musgo donde antes hubo lenguaje. Sensaciones como abismos. Un silencio que nadie comprende. Un silencio que no es ausencia de otros. Un golpe seco que ofusca el oído. Una sílaba ciega. Escribo en la oscuridad…


De luna y tenebrario

“Tú duermes. Y tu aureola se enciende como nunca y me incluye como si yo también tuviese aureola”. 
Marosa Di Giorgio

A mi madre

Toda la noche lidiamos con las aguas. Yo sostenía de este lado las paredes y los techos, tú preservabas el oro de los tigres. Ningún abismo se interponía entre nosotras, envueltas como estábamos en la misma crisálida de invierno. Pero tú parecías más fuerte. Al tiempo en que restablecías el rostro deshecho de tus hijos, tejías gasas y delicados mantos de seda que cubrían todo el paisaje. Más allá del sueño, más allá de mi propio y estrecho laberinto. Al menor soplo del viento, oficiabas pequeñas ceremonias para alejar la tormenta. Yo te miraba desde mi estatua de sal, incapaz de mover los labios, devorada por la sombra desde el vientre hasta los ojos, enferma, como el destino que no acaba de cumplirse. Atenta a los designios de un dios tan solitario como las aguas que empiezan a retirarse, conjuras una vez más el árbol que se extiende desde tu corazón hasta mi boca y aguarda otro día, otra noche en el jardín ¿Acaso las viejas canciones de cuna conducían a este momento? ¿Acaso eran fórmulas para acercar la vida, envueltas en la misma crisálida, tú y yo, absortas en lo que vendría después, como dos hermanas unidas tibiamente por el silencio?

(Poemas de Katábasis)  



Lucía Estrada (Medellín – Colombia, 1980) Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos Maiastra, Las Hijas del Espino, El Ojo de Circe (Antología), La Noche en el Espejo, Cuaderno del Ángel, Continuidad del jardín (Selección personal) y Katábasis. Con su libro Las Hijas del Espino obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Medellín (2005), y la Beca de Creación en Poesía, otorgada por el Municipio de Medellín en 2008 con Cuaderno del ángel. En 2009 y 2017 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá con sus libros La noche en el espejo (2010) y Katábasis (2018) respectivamente. Con este último libro fue finalista del Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura de Colombia en 2019. Textos suyos han aparecido también en varias antologías y publicaciones del país y del exterior. Así mismo sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Invitada a diversos encuentros literarios en el país y en el exterior. En 2020 la Editorial Eulalia Books (Estados Unidos) publicó una edición bilingüe de Katábasis en traducción de Olivia Lott (Finalista en el PEN America Literary Awards, 2021 . Próximamente la editorial L’ Harmattan de París (Francia), publicará una edición bilingüe de Katábasis en traducción de Dominique Delpirou.


jueves, 8 de septiembre de 2022

Márcio Catunda: poemas de ‘Emoção Atlântica’

 


Márcio Catunda
















NOCTURNOS

Copacabana, andar en tus noches
sólo tiene sentido en nombre de aquella bohemia.
No son los coches de la avenida,
ni los carteles luminosos de los restoranes,
ni tampoco las bellas mujeres.
¡Es mi ideal de adoración de la Luna!
Que permanezca este espejo en mi autoveneración.
Esta arena blanca sea mi refugio contemplativo.
Me alegro de ver las olas dibujadas en la vereda
y el murmullo de las palmeras al viento.
¡Copacabana de los bares y los paseos,
floto en pasos de éxtasis,
cuando reverencio la ciudad de los poetas!
Más que prostitutas bonitas, tenés la brisa marina.
Aún te quedan momentos románticos.

En la avenida, el prosaico zig-zag de los coches.
Las abstracciones me liberan del estancamiento.
Disfrutar el instante es un valor permanente.
Es fluir absorto, sin percibir el peso de la vida.
Mi única habilidad.
Toda idiosincrasia que quiero volver predominante.
Mi estética anticonsumista.
Reflexiones de las que se nutre el poema.
La velocidad de la palabra en sus tres dimensiones.
Mi introspección incomunicable.
Mi meditación oriental.
Estoy perplejo delante de todo.
Atravieso túneles ideales.
No hay serenidad sino en la visión del litoral.
Nací para contemplar horizontes abiertos.
La noche me hizo pensativo.
Los edificios son paredes perforadas de luz.
Paseo con los amigos, en demanda de libros,
por las calles iluminadas.
Me deleito en los alivios.
Me ilumino de utopías.

Doce son las horas, porque no concurro a ningún puesto.
No me preocupo con insignificancias.
El Altísimo me llenó la taza de néctar.
Bebo alientos en la noche lánguida.
Subo a la torre iluminada, y escribo.
La burguesía me mira sin entender.
No ambiciono los beneficios de los opulentos.
Tengo el lúdico paseo
y el plenilunio me es propicio.
Descanso en la expectativa serena.
No necesito del beneplácito de autoridad alguna.
Tengo mi cuota de paz.
Mi momento de ígnea trascendencia.
No me dijo hipnotizar,
sino por los faros intermitentes en el océano.
Permanezco contemplando la extensión de las luces litorales.
Sublimo las melodías desesperadas.
El festín nocturno es mi fortuna.

Bebo la clarividencia del litoral.
Llego al portal de la reflexión.
Mar diáfano, islas claras.
El espejo mítico de la planicie azul.
Púrpura en la tela celestial.
Celebro las luces vitales del Planeta.
A lo lejos, entre los montes,
Niterói es una pirámide centellante.
En la ensenada de Ipanema,
un collar de luces se refleja en las espumas.
La noche viste el escudo de las estrellas.
Además de la curva de Leblon,
en la pendiente, el Vidigal radiante.
Los efluvios en mí como estigmas.
Respiro la dádiva lúdica del viento.

Sepan todos que mi remedio hierve en las olas.
Son piedras de sal en el mar,
flores en la arena.
Matices de colores, filtrando la niebla.
Cuando veo la claridad,
cruzando el Elevado de Joá...
Cuando voy a una librería, en un domingo,
con el sueño místico de mi realismo.
Cuando brota el indomable clamor de las aguas...
Camino embrujado por la noche.
Todo fluctúa en la estera mágica.
El viento limpia el tendedero de la incerteza.
Atravieso todas las estaciones de Ipanema.


EMOCIÓN ATLÁNTICA

No soy de ver la vida por la ventana.
El ocaso tiene suavizaciones.
Huyo de los vehículos,
atravieso la avenida, en dirección al mar.
Serenas olas, idílicas montañas.
Hay navíos en el horizonte,
pero es en mi memoria que ellos están fijos.
Celebro la virtud mística de este momento.
Soy el que persiste en encantarse delante del poniente.
Contemplo el cielo en el remolino de las aves.
La ciudad es todavía paradisíaca.
De un lado están las fachadas prosaicas de los edificios;
pero, del otro, la luminosidad líquida,
el efluvio irisado, el esmalte efervescente.
Camino por la arena.

Me tragan guartaná y catuaba,
en un vaso desbordante de miel.
El sábado es el burdel de la santa egipcia.
Me quiero vigilar sin castigarme.
Golpear la puerta del hedonismo.
Confieso que la belleza me alucina.
El silencio de ella es más agudo que la música de las esferas.
Quiero la condición dionisíaca,
la estridencia de los días solares,
la vida pulsátil del bullicio.
Rio de Janeiro continúa en un espasmo de éxtasis.
Ansío saborear el néctar de la luz.

¿Adónde voy, con mi ansia de futuro?
Voy al Pan de Azúcar, a beber en las altas esferas.
Me someto a las sacudidas del ómnibus
y a la exorbitancia del ingreso.
En la redoma fluctuante, la grandeza translúcida emerge.
La visión se abisma en la infinitud.
Desde el cráter empinado, el encanto es transcendental.
La eternidad es una expansión azul más allá de las islas.

Gusto de escribir al aire libre,
delante de los árboles.
En los jardines, entre pájaros y bellas mujeres.
En lugares desde donde yo vea la inmensidad.
De preferencia, cercano a algún palacio
iluminado por el sol vespertino.
Sin desasosiego, mirando los matices de los colores
y la proyección de las sombras.
Más que placentero,
es terapéutico este ejercicio de quietud.
Allá fuera, ruge el tumulto de los motores.
En mí, todo es silencio.
Hago versos como quien distribuye delicadeza.
Hecho el arado que es toda ternura.
Hecho quien bebe aromas de delicias.

Gusto de escribir caminando,
alabando las energías del Planeta.
Me siento en una piedra, a la orilla de las olas,
y comprendo la esencia del universo.
Mi lucidez registra la fascinación de la hora.
Sé que mi destino es el agua que el viento agita.
Sé lo que se aprende con las metáforas del mar:
la noción de distancia
y la inquietud del movimiento.
Movimiento de introspección; no, de dispersión.
De amor por la vida; por lo tanto, por las personas.
Será este el enigma que descubriremos.
Contemplar y crear formas.
Tener como luz interior la concentración del arte.
Cantar la maravilla del litoral y la fluidez del tiempo.
No revivo los idilios de la infancia,
pero en la visión marina prevalece un devaneo antiguo.
El soplo de la tarde me transporta aquella paz romántica.
Luz que viene de la comunión con la naturaleza.

No cambio un paseo en la playa
por tres años de un cargo público.
Es gratis. Es cuando yo quiero,
nadie me saca de quicio.
¿Qué importancia tiene vestir un traje,
cuando se puede andar sin camisa?
Capto toda forma de energía lúdica.
Debajo del Trópico de Capricornio,
la cosa más excelente es celebrar la vida.
Que el tiempo me sea esa quietud rumorosa.
No hay riqueza sino en ese desbordamiento.
En los momentos sublimes, el estremecimiento de los mejores días.
Ya no pierdo el apetito por causa de la emoción.
Tengo el perfuma de las rosas en el alma:
me entrego a la belleza.
Con pétalos en las manos,
paseo el pensamiento por las sierras,
alrededor de la Laguna.
No quiero voltear la página de la vida.
Sólo quiero saber de las nubes sobre el luminoso océano.
Converso conmigo mismo
en la brisa que es pura caricia.
No habrá instante
en el que yo no esté pleno de lirismo.
Idolatro el silencio y dejo que pasen los minutos.
Ando escuchando las olas.
Playa mansa en mi sortilegio.

La vida es el grito del espíritu en el ventarrón.
Es remar en el pantano, rumbo al puerto de nada.
Celebro las virtudes carnales,
los aromas que emanan de la piel que brilla,
la energía vital de las cosas permeables.

Estoy a los pies del mar,
delante del cortejo de las espumas.
Todo se rehace en las suaves calderas tremulantes.

El mar es un dios en la ciudad encantada.
Contemplo este coloso etéreo.
Más allá de los ángeles que pasan hambre,
más allá de todos los infortunios,
el poderío de los destellos:
todos los dones de mi entusiasmo,
la tecnología del sentimiento.

La brisa de la tarde se desliza en los tejados
y en los dedos de los árboles.
Viene la fragancia del instante.
Penetra por la ventana, nutriendo la vida, entre máquinas.
La calle contrasta con la Luna,
que, alta, me impone su influencia.
Al margen de los techos oscuros,
sobre el viaducto, los coches van,
en los vanos de la inquietud.
El Sol es una corona de fuego,
horizontalmente, en la hora de la suavización.
Las lejanías consuelan la audición disoluta.
Necesito asilarme en la plataforma visual.
Hay más placer en este refugio,
del que hay en las discusiones teológicas.
El pulsar de un corazón vigilante
vale trescientos premios literarios.
En la contemplación de las musas, estoy sólo y absoluto.
De un trago, bebo la belleza de todo.


PERFIL LÍRICO DE AFFONSO ROMANO DE SANT’ANNA

Un poeta opuesto a la santidad protocolada,
rebelde a toda represión,
perplejo ante la muerte colectiva.
Un poeta que ve constelaciones en el cuerpo de las mujeres,
y cultiva el vicio de la belleza.
Un poeta que siente la luz que hay dentro de la piel.
A quien le repugna ver batallas en plena calle.
Que rechaza el veneno omnipresente.
Que no sabe beber la vida indiferente.
Y vive iluminado por el prisma de las catedrales.
Trastornado por el desencuentro de las almas,
en vez de inspirarse, como Rilke, en castillos,
se asusta con los tiroteos.
En vez de contemplar cisnes,
recoge el título de las noticias de asaltos y guerras.
Pleno de expectativas, escribe como si le ardiese el ser.
Al mismo tiempo, íntimo de las estrellas
y expectante de lo cotidiano;
espantado con la singularidad de las cosas.


CAPITAL DE LOS PLACERES VISUALES

Respiro los meandros de floresta y mar.
El Sol oracular escribe esencias,
la ondulación explota en curvas,
se desliza en la piedra resbaladiza.
Capital de los placeres visuales:
velas como insignias en un manto líquido.
Órbita de la belleza, de Flamengo hasta Urca.
Proyectado a la distancia,
brumoso relieve con matices:
edificios y palos borrachos,
cascadas sobre la Laguna,
sierras sobre túneles;
pasillos, goteras de peligrosidad.
Más allá del carrillón del puente sobre la Bahía,
de Itacoatiara a Paquetá,
todo claro:
pulsación vital, en los caminos de Linha Vermelha
o en las pistas de la Zona Sur;
madrugada, en el aroma de los árboles de Aterro do Flamengo.
Luz densificada en la superficie del mar,
misterio abierto a la navegación de la memoria.
Configuración de tierra y cielo,
repositorio de dádivas.
Canto la visión que me enciende la vida.

Rio de Janeiro, noviembre de 1998.

[* de la sección final “Dos canciones”]


GRUMARI

El Sol despejó una ofrenda de nácar sobre la floresta,
y la flora cubrió de turmalimas el dorso de los peñascos.
Islas de paz afloran en la planicie azul.
Paraísos emergen bajo la forma de peñascos,
ornamentando el templo abierto del horizonte.
El mar adorna de guirnaldas blancas
la arena de Grumari.



* Todas las piezas fueron seleccionadas pertenecen a Emoção Atlântica (Rio de Janeiro, 2010).

Versiones: Demian Paredes, Buenos Aires, 2022.

Márcio Catunda (Fortaleza, Ceará, 1957) es escritor y diplomático brasileño, autor de una treintena de volúmenes de prosa y poesía. Entre otras instituciones, es miembro del PEN Club de Brasil. En 1977 publicó su primer libro, en colaboración con Natalício Barroso Filoho, Poemas de hoje, al que le siguió Navio espacial, en 1981. Como compositor musical, algunos de sus poemas fueron grabados en disco.
Media docena de sus libros fueron traducidos y publicados en España: Luz sobre la historia, Autobiografía en Madrid, Días insólitos, y Jardín de ortigas (Antología poética), entre otros.